Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Martí, Marinello y la lucha por la paz  
María Caridad Pacheco González

José Martí, quien fue un incansable luchador por la independencia nacional de su pueblo y la de Puerto Rico, y justificaba plenamente el derecho de los pueblos a conquistar, a través de la lucha armada, su libertad y su progreso, fue también, al mismo tiempo, un extraordinario combatiente por la paz y el fraternal entendimiento entre los pueblos. Es más, concebía la vida pacífica del pueblo cubano, después de alcanzada la independencia, solo como resultado de la guerra necesaria e inevitable que emprendió en 1895. La república que soñó "con todos y para el bien de todos" era uno de los objetivos fundamentales del Partido Revolucionario Cubano (PRC), expresado en el artículo segundo de sus Bases: "ordenar, de acuerdo con cuantos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la felicidad de los habitantes de la isla". (Martí, 1991a:280)

De este modo halló entre los proletarios emigrados las bases más firmes de su guerra por la paz futura, fundamentada en la justicia social, la unidad y la solidaridad con los pueblos de nuestra América. Así lo dio a entender en su discurso que se conoce con el nombre de "Oración de Tampa y Cayo Hueso", pronunciado en febrero de 1892, cuando dijo:

Fue que el alma cubana, preparada por su propia naturaleza y por la guerra y por el destierro para su libre ejercicio en la república, creía reconocerse, y asía la ocasión de publicarse, en quien no quiere para su tierra remedos de tierra ajena, ni república de antifaz, sino el orden seguro y la paz equitativa, por el pleno respeto al ejercicio legítimo de toda el alma cubana. (Martí, 1991d:296)

Su pupila anticipadora le hacía ver que el progreso y el futuro pacífico de Cuba debían surgir de un gobierno que, sin ataduras a intereses foráneos, fuera capaz de llevar a cabo su ideal republicano. Martí afirmó certeramente que "Cuba no puede satisfacerse ni vivir en paz hasta que su gobierno sea en realidad de los cubanos […]" (Martí, 1991c:77) y proclamó que:

[…] el gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones por la vía más breve posible a la condición única de paz, que es aquella en que no haya un solo derecho mermado. (Martí, 1991c:304)

Juan Marinello, uno de sus más persistentes estudiosos, nos hizo conocer y comprender a través de su obra, gran parte de ese legado que aún hoy mantiene plena vigencia. Tanto Martí como Marinello comprendieron, como genuinos revolucionarios, que el futuro pacífico de Cuba debía surgir de su completa y definitiva independencia política y económica, y a este objetivo consagraron sus vidas.

Nacido en plena ocupación norteamericana, el 2 de noviembre de 1898, Juan Marinello fue testigo de la violencia ejercida en la hacienda paterna por la Guardia Rural y la explotación casi feudal a que eran sometidos los trabajadores del campo, vivencias que le permitieron transitar de una impronta mística, alentada por el medio familiar y las escuelas religiosas donde estudió, a una clara conciencia de las raíces de los problemas sociales. En estos años fue cuando despertó su conciencia acerca de la injusticia, y supo trascender los condicionamientos de su origen social para dedicarse al servicio de las clases desposeídas del país. De este modo el poeta "quietista" -tal y como lo definió Jorge Mañach- se transformaría al cabo del tiempo en un dirigente revolucionario.

En 1923 participa activamente en el movimiento de reforma universitaria, incorporándose así a una lucha que no tardaría en tener una repercusión trascendental en la sociedad cubana. Junto a Julio Antonio Mella y a Rubén Martínez Villena, forma parte del grupo de profesores que imparte clases en la Universidad Popular José Martí, y funda varias revistas en las que refleja el avance de su pensamiento, enriquecido con las luchas sociales del momento histórico.

En la década de 1920 su obra poética -Liberación (1927)- lo consagra como escritor original y de excelentes perspectivas, pero su posición política militante lo conduce a nuevas búsquedas en las que tiene especial relevancia el develamiento de lo más raigal de la obra martiana. Había partido de los estudios realizados por Mella para descubrir en Martí sus criterios revolucionarios, y comenzó el análisis de la poesía martiana y del epistolario aún incompleto en los años treinta, para después encaminarse hacia otros estudios que lo condujeron a sustentar avances en su cosmovisión general de la política, la cultura y la ideología.

Una de las aristas del pensamiento martiano que más interesa a Marinello entonces, y que tiene una perspectiva contradictoria aunque no antagónica, es la que entraña una dicotomía entre la voluntad de paz del artista y la necesidad de organizar y llevar a cabo una guerra, que no casualmente el Apóstol denominó como "necesaria" y "generosa".

La utilización de la violencia revolucionaria como vía para lograr la liberación de Cuba del yugo colonial español fue la materialización de una concepción muy clara en Martí, de profundo enfoque objetivo histórico-concreto, expresada en su artículo "Ciegos y desleales", publicado en Patria el 28 de enero de 1893:

Es lícito y honroso aborrecer la violencia, y predicar contra ella, mientras haya modo visible y racional de obtener sin violencia la justicia indispensable al bienestar del hombre; pero cuando se está convencido de que por la diferencia inevitable de los caracteres, por los intereses irreconciliables y distintos, por la diversidad, honda como la mar, de mente política y aspiraciones, no hay modo pacífico suficiente para obtener siquiera derechos mínimos en un pueblo donde estalla ya, en nueva plenitud, la capacidad sofocada, -o es ciego el que sostiene, contra la verdad hirviente, el modo pacífico; o es desleal a su pueblo el que no lo ve, y se empeña en proclamarlo. (Martí, 1991b:215)

No obstante la comprensión acerca de la necesidad histórica de la guerra y el significado de su urgencia, para Martí constituyó un grave conflicto asumir la responsabilidad de organizar una contienda bélica, y participar en ella, cuando en él el amor era expresión acabada de la condición humana y suprema fuerza de creación. Marinello supo darle real sentido a esta dicotomía, de la cual derivó importantes conclusiones útiles para su propia existencia como intelectual revolucionario. (Ver Marinello, 1928:XXXII-XXXV)

Existen muy válidas razones históricas en Marinello, más que literarias, para dedicar parte de sus estudios martianos a esta vertiente. La represión y la persecución políticas que había entronizado el presidente de la república Gerardo Machado desde su llegada al poder en 1925, conminó al sector más radical de los intelectuales nucleado en la Revista de Avance a tomar partido en aquella hora trágica de Cuba, y a poner en el centro de sus batallas la defensa de los valores éticos y humanos pisoteados desde el inicio de la república por quienes asumieron el poder político. Marinello es de los primeros en dar este paso, y para darlo tomó de modelo paradigmático a Martí. Ya para entonces comprende que en Martí el artista no es hombre distinto al político, y decide seguir su huella para transitar con hondura del canto místico de la paz, a la lucha militante.

Participante en La Protesta de los Trece y miembro del Grupo Minorista, Marinello arriba a la jornada de septiembre de 1930 como un revolucionario comprometido con los intereses del pueblo. Fue presidente de la Liga Antimperialista de Cuba, en cuyo órgano -la revista Masas- publicó artículos relacionados con el pensamiento de José Martí y acerca de la situación política del país.

Fue precisamente la Liga Antimperialista de Cuba, la que en 1934 celebró el I Congreso contra la Guerra, la Intervención y el Fascismo. Marinello, quien presidió el evento, exhortó en aquel medio a todos los hombres de pensamiento para que participaran en lo que llamó un trascendente acontecimiento político. Para el destacado escritor revolucionario, las tres calamidades que el congreso debía combatir tenían un origen común: la organización capitalista y, en aquella coyuntura, los intelectuales que realmente deseaban suprimir los peligros de la guerra y de las intervenciones, debían asumir su responsabilidad histórica y tomar el camino del enfrentamiento sin cuartel contra el sistema sostenedor y promotor de los crímenes contra la humanidad y contra la existencia soberana y libre de las naciones.

Ese mismo año de 1934 el Partido Comunista de Cuba y la Confederación Nacional Obrera de Cuba enfrentaron una dura batalla contra la ideas y la acción fascista del ABC, movimiento clandestino profundamente nacionalista y de tendencia fascista surgido en 1931, que imitando la famosa marcha de Mussolini sobre Roma pretendía entrar en la capital del país, tomar el Palacio Presidencial y proclamar el Estado corporativo; además, pretendió reproducir en Trinidad un ambiente de segregación racial similar al del Ku Klux Klan norteamericano y asesinó al joven estudiante y periodista negro Félix Justo Proveyer.

Marinello enfrentó con gran entereza estos peligrosos brotes fascistas que trataban de detener el desarrollo de los movimientos sociales progresistas en el país y con este propósito encabezó una comisión encargada de investigar el vil asesinato del joven Proveyer y a poner fin a la bochornosa persecución. La denuncia pública de Marinello sirvió para levantar en todo el país una lucha vigorosa contra las manifestaciones de discriminación racial y las acciones de los grupos fascistoides, que pretendían imponer su orientación ideológica, en un mundo amenazado por la conflagración mundial.

En los años de la guerra antifascista en España (1936-1939), Juan Marinello se convierte en la figura central de las grandes movilizaciones populares que la solidaridad con el pueblo español genera en todo el país. Al pueblo español le había correspondido ser el primer blanco en la estrategia del fascismo internacional por la dominación del mundo. En aquel momento decisivo de la historia de la humanidad, España no estuvo sola porque millones de hombres y mujeres del planeta unieron su destino al del pueblo que, en condiciones difíciles y bastante desventajosas, enfrentaba con extraordinario valor la conjura y la agresión nazi-fascistas.

En este contexto tiene lugar, entre el 4 y el 14 de julio de 1937, el Congreso de Defensa de la Cultura, único de esa naturaleza y circunstancia en la historia en el cual intelectuales progresistas de todas partes del mundo se reunieron para intercambiar preocupaciones e ideas fundamentales en torno a la actividad de la Asociación Internacional de Escritores por la defensa de la Cultura, la relación entre nación e identidad cultural, la ayuda al pueblo español, entre otros temas.

De Cuba estuvieron presentes Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez, encabezados por Juan Marinello, en quien recayó, además, la representación de la delegación latinoamericana. En el discurso que pronuncia a nombre de nuestra América, Marinello proclama:

Hemos convenido aquí en que la literatura ha de ser parte de la vida, modo exaltado de la vida misma. Lo que más nos importa, pues, como escritores, es la vida más trascendente. Para nuestras tierras el hecho español es vida intensa, honda, vida de nuestra literatura. Porque España es nada menos que nuestro mañana […]. (Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, 1981: 2)

Y agregaba:

No se puede combatir al fascismo sin atacar a su hermano gemelo el imperialismo. Y no se puede estar con España, que es caso trágico y urgente, sin estar con América, que es caso de humanidad, de libertad. Y no se puede estar con España, y con Hispanoamérica sino con todo rendimiento útil del espíritu. (Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, 1981: 214)

Un intelectual como él, lúcido y analítico, no pudo estar de espaldas a la grave situación que la guerra planteaba a los intelectuales europeos, contra los cuales se dirigía la más persistente y cruel ofensiva de la reacción fascista. En este sentido, en 1940 Marinello denunciaba:

El arte es, en primer término, capacidad de síntesis expresiva, es decir, viva posibilidad denunciadora; en un artista acecha desvelada la facultad de expresar para todos, de un modo hondo y claro, eficaz, lo que todos han sentido difusamente, sin contornos netos ni perfiles activos. Y los usufructuarios del crimen saben que tienen en el hombre de pensamiento y sensibilidad una denuncia latente que hay que destruir de antemano.

Ningún hombre letrado tiene seguridad de la vida y de la libertad en las tierras asoladas por la guerra […]. (Marinello 1989:226)

El avance de la amenaza nazi-fascista y la nueva política del "buen vecino" entronizada por el gobierno de los Estados Unidos, condujo a la extensión de cambios democráticos en muchos países de nuestra América ante las presiones de la burguesía nacional y al interés de Washington en relegar las formas militares de intervención por otras más sutiles, pero no menos dominantes.

Tal y como enfrentó Martí en los años iniciales del PRC, la tarea de unir a todos los cubanos, tomando en consideración intereses clasistas, generacionales o de género; así también la máxima dirección del partido de los comunistas cubanos encauzó sus esfuerzos a lograr la unidad de los jóvenes, las mujeres y los campesinos, así como de otros sectores vulnerables de la sociedad.

Dos momentos medulares en la consecución de la unidad lo fueron sin dudas, en primer lugar, la labor de los comunistas, y particularmente la de Marinello, en la Asamblea Constituyente de 1940, cuyo resultado fue una Constitución nacional, no plattista, sino democrática y progresista, en cuyo texto se consagran conquistas y aspiraciones de las masas populares, y, en segundo lugar, la etapa iniciada con la Segunda Guerra Mundial y la entrada de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en el conflicto bélico.

La Confederación de Trabajadores de Cuba y el Partido Unión Revolucionaria Comunista no solo insistieron en la imprescindible unidad de los obreros cubanos, sino también de toda la nación. En Cuba se habían creado condiciones formidables para la formación de una organización antifascista que aglutinara a diversos sectores de la sociedad cubana. De este modo, el 9 de julio de 1941 fue creado el Frente Nacional Antifascista (FNA), en cuyo Comité Ejecutivo figuró Marinello.

A través del FNA fueron enviadas grandes cantidades de recursos materiales y financieros a los pueblos que luchaban contra el fascismo. Esta ayuda material estuvo acompañada por la campaña contra todo comercio con las potencias del Eje, por la confiscación de los bienes de los falangistas españoles y nazis alemanes y la demanda de establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con la URSS. Este magno trabajo de solidaridad conmovió profundamente al poeta Pablo Neruda, quien a su paso por La Habana, en 1942, llegó a declarar:

El pueblo cubano es claramente antifascista, el más antifascista de América […]. Más que un movimiento antifascista organizado, lo de Cuba es una conciencia, un sentimiento unánime, una voluntad". (Magazine de Hoy, 1942:3)

Tras la Segunda Guerra Mundial comenzó un momento internacional de indiscutible gravedad y peligro de guerra. La reacción imperialista, con su política de guerra fría, creó un clima político internacional tenso que se tradujo en la represión contra las fuerzas progresistas y democráticas, el anticomunismo más furibundo, la carrera armamentista y el chantaje nuclear. Marinello toma el concepto martiano acerca de la paz en el combate que entonces libraba a nivel mundial y sobre el tema escribió:

Ante el mayor peligro que haya afrontado el Continente, debemos preguntarnos todos cómo hemos de combatirlo, cómo hemos de vencerlo […]. Si ganamos la paz todo quedará libre para la realización de las justicias que intuyó y forjó José Martí. Trabajar por la paz, conquistar la paz cristalizará su anhelo cubano, su ansiedad americana, su visión universal […]. (Marinello, 1952:14)

En 1949 representa a Cuba en el I Congreso Mundial de la Paz, celebrado en París. Su enorme prestigio le valió su designación como miembro del Consejo Mundial de la Paz -cargo que ocupaba aún en el momento de su fallecimiento, el 27 de marzo de 1977- conjuntamente con el de miembro del Presidium de ese organismo, honor conferido en junio de 1966 por haber cumplido más de treinta años, sin claudicaciones ni vacilaciones en la defensa de la causa de la paz.

Los acuerdos de ese congreso repercutieron de inmediato en nuestro país y, con el apoyo de las masas populares, se trabajó para la convocatoria de un Congreso Nacional por la Paz y la Democracia, que se celebró en el anfiteatro del hospital General Calixto García en La Habana, del 6 al 8 de agosto de 1949, con la asistencia de 2 500 delegados de diversos sectores sociales de todo el país.

El 8 de agosto se eligió el ejecutivo de la organización de luchadores cubanos por la paz, que pasó a denominarse Comité Nacional Permanente por la Defensa de la Paz y la Democracia, organismo que cumplimentó sus tareas en difíciles circunstancias históricas, tanto desde el punto de vista nacional como internacional.

Juan Marinello se integra a esta organización desde sus inicios, y es el principal artífice de las campañas que entonces se despliegan en apoyo al Primer Llamamiento de Estocolmo proscribiendo la bomba atómica, y la campaña "Manos fuera de Corea", que repudiaba la injusta guerra desatada por Estados Unidos contra el pueblo coreano.

Con el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 la ola represiva creciente que afectó a organizaciones revolucionarias y progresistas también persiguió al Movimiento por la Paz, ya que constituía, sin lugar a dudas, un poderoso factor de unión de personas de diversa ideología y posición social. Nadie mejor que Marinello podía encabezarlo, por la trascendencia de una obra dedicada por entero al servicio de su patria y de la humanidad y por la autoridad que emanaba su vida ejemplar.

Cuando el 26 de julio de 1953 ocurre el asalto al cuartel Moncada, comandado por el joven abogado Fidel Castro, Marinello se hallaba en Europa como participante en las sesiones del Consejo Mundial de la Paz, en Budapest, y a su regreso es detenido y procesado junto a otros dirigentes de partidos políticos, acusados de complicidad con aquellos sucesos.

Las sucesivas detenciones que sufrió Marinello en los años siguientes lo obligaron en 1955 a pasar a la clandestinidad. Sin embargo, durante este período no cesa su actividad como dirigente político y como artista comprometido con la causa de su pueblo. El Movimiento por la Paz continuó en el cumplimiento de sus responsabilidades en la magna tarea de preservar la humanidad y en el contexto de la brutal tiranía no dejaron de aparecer lemas en los muros y paredes, ni de editarse impresos y folletos donde reclamaba con gran fuerza el derecho de hacer llegar a todas las latitudes la palabra de los partidarios de la paz.

En la década de 1950 el imperialismo, como modo más dañino y agresivo de su despliegue ideológico, se centraba en la educación y la cultura. Sus efectos más negativos se dirigían hacia la aplicación del punto cuarto del plan Truman, que bajo la apariencia de una supuesta ayuda para el desarrollo económico apuntaba hacia una más profunda y extendida penetración cultural, como medio alternativo a la violencia de las técnicas represivas y las agresiones militares directas.

Esta política diseñada para toda Hispanoamérica tiene en Cuba dos momentos de especial peligro: primero, el intento de introducir una reforma educacional bajo la asesoría de especialistas de Estados Unidos, quienes asistieron a numerosos seminarios del Ministerio de Educación e hicieron propuestas que agredían los sentimientos nacionales del pueblo cubano, y segundo, el informe Byrom, confeccionado por profesores de la Universidad de Michigan que se proponían "impulsar el desarrollo económico de Cuba", aprovechando las proyecciones de la Universidad de Las Villas, con el fin de enmascarar los verdaderos propósitos intervencionistas del imperialismo en el ámbito docente.

Ante esta ofensiva reaccionaria, Marinello no olvida el mandato terminante de Martí, quien pidió a los cubanos pelear, después de su muerte, por la segunda independencia, y expresó su convicción de que nuestra cultura y su desarrollo verdadero han de partir de nuestros valores autóctonos y han de ser expresión de nuestras tradiciones nacionales. Por ello el destacado comunista deja abiertos los cauces del intercambio con lo más lúcido y noble del pueblo norteamericano en un plano de fecunda igualdad que nos permitiera conocer nuestras mutuas realizaciones:

A ellos [maestros, investigadores y creadores dignos, de los Estados Unidos], nuestra cordial fraternidad. Y a los que con discursos amables y hechos ingratos quieran usar la universidad y el libro para quitarnos el pan y equivocarnos el canto, a esos, nuestro combate de pueblos conscientes y dignos. (Marinello, 1989:71)

En 1958, en plena clandestinidad y a pesar de la situación de violencia y terror que entonces predominaban en el país, Marinello dirige un mensaje esperanzador a los intelectuales cubanos, en el cual vislumbra el crecimiento de las fuerzas revolucionarias. Con su proverbial optimismo histórico señalaba:

La conjunción de las dos vertientes fundamentales en la lucha contra la dictadura -la insurrección y la lucha de masas- anuncian la victoria […] quien conozca la historia de nuestro pueblo, su entereza y heroísmo sabe que nada podrá impedir el cumplimiento de su voluntad […]. (Marinello, 1989:250-251)

Y al final expresa la convicción de que toda la nación combatiría, entre otros objetivos, "por la derrota del imperialismo, por la soberanía y por la paz". (Marinello, 1989:250-251)

Después de seis años de lucha insurreccional, Fidel Castro y sus compañeros revolucionarios procedieron a clausurar los campamentos militares y a convertir los cuarteles en escuelas. Un año después, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el líder de la Revolución Cubana definía de forma magistral un aspecto esencial en la batalla por el mantenimiento de la paz universal: "¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!".

A partir de entonces Marinello inicia una nueva etapa en su accionar como luchador por la paz y la soberanía de los pueblos, de la cual nos parece digno mencionar tres de sus momentos cimeros: el otorgamiento en 1959 de la medalla Joliot Curie, por sus diez años a favor de la paz; su designación como miembro del jurado que otorga los premios Lenin "por el fortalecimiento de la paz entre los pueblos"; y su participación en el Congreso Mundial por el Desarme General celebrado en Moscú en 1962, y en cuyas sesiones mostró la total congruencia de la lucha contra el imperialismo y la defensa de la paz como total requisito de soberanía y desarrollo, tan necesarios a los pueblos. Para nuestra patria amenazada y agredida aquel año por el imperialismo, tales pronunciamientos tenían un significado muy especial.

Al ser designado en 1963 embajador y delegado permanente de Cuba ante la UNESCO, cargo que honró durante diez años, Marinello sostiene la necesidad de que esta organización cumpliera sus funciones en beneficio real de las grandes mayorías y no en calidad de sostenedor de una cultura elitista; la UNESCO -según Marinello- debía promover una ciencia y una cultura que sirvieran cabalmente a la liberación de la sociedad y del hombre.

Durante aquellos años los debates que tenían lugar en el seno del organismo de las Naciones Unidas tenían la impronta de graves acontecimientos, como la lucha heroica del pueblo vietnamita contra la agresión militar de Estados Unidos, las agresiones de Israel en los territorios palestinos y la implantación de regímenes fascistas en varios países de América Latina, por lo cual Marinello emprendió encendidas batallas desde la tribuna que su cargo diplomático le ofrecía para denunciar las acciones del imperialismo y sus acólitos en el mundo.

En 1974 Marinello fue elegido con el apoyo de ochenta países y a pesar de los obstáculos impuestos por el imperio y sus aliados, como miembro del Consejo Ejecutivo de la UNESCO, cargo desde el cual continuó representando dignamente a Cuba y a su Revolución hasta su muerte. Fue otra clara muestra de la estimación que en la arena internacional había alcanzado debido a su conducta y posición de principios.

En muchos de los trabajos publicados por Marinello después del triunfo de la Revolución cubana, la solidaridad con los pueblos y la lucha por la paz eran temas recurrentes. En todos resaltaba la concepción martiana de paz como voluntad de soberanía, mejoramiento material y superación creadora, y llamaba a la unión entre los pueblos como factor irrenunciable para asegurar la vida pacífica de las naciones.

La Revolución cubana ha puesto de manifiesto la vigencia del pensamiento martiano, e intelectuales de la talla de Juan Marinello han posibilitado que lo más primordial de sus concepciones en el ámbito de la política sea patrimonio del pueblo cubano, que ha luchado por la paz, pero ha estado dispuesto a defender la independencia y la justicia conquistadas, con las armas si fuera preciso.

En las presentes circunstancias -cuando nos quieren imponer una globalización neoliberal que amenaza con absorber nuestras culturas, se gestan actos deliberados de genocidios como los realizados contra los pueblos afgano, iraquí y palestino, y bajo el pretexto del enfrentamiento al terrorismo internacional se cometen actos de lesa humanidad contra poblaciones indefensas- tiene real sentido rescatar lo más auténtico de nuestras tradiciones culturales, entre las cuales la cultura de paz ha estado de forma permanente en el pensamiento de nuestras más insignes figuras revolucionarias.

Para Juan Marinello la paz está en manos de los pueblos, que necesitan un torrente de recursos materiales y financieros que aseguren su desarrollo y la supervivencia de un modo libre de opresiones, contaminaciones y guerras, y en consecuencia nos insta a persistir en la batalla que debemos librar por ese mundo fraterno y humano, en el cual la divisa de José Martí, que el Movimiento Cubano por la Paz muy justamente ha hecho suya, sea no solo una promesa del presente, sino una esperanza cierta para toda la humanidad en el nuevo milenio: "[…] el porvenir es de la paz". (Martí, 1991e:153)

Bibliografía

Instituto de Historia del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista de Cuba, anexo al CC del PCC 1981 Cuba y la defensa de La República Española (1936-1939) (La Habana: Editora Política).

Magazine de Hoy (La Habana) 24 de mayo de 1942.

Marinello, Juan 1989 Cuba: Cultura (La Habana: Editorial Letras Cubanas).

_____________ 1928 "Estudio preliminar" en Poesías de José Martí (La Habana: Cultural S. A.).

__________ 1952 "La idea de la paz en José Martí" en Ultima Hora (La Habana) Año II, No 21, 26 de junio.

Martí, José 1991a Obras completas (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales) Tomo 1.

_________ 1991b Obras completas (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales) Tomo 2.

Martí, José 1991c Obras completas (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales) Tomo 3.

Martí, José 1991d Obras completas (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales) Tomo 4.

Martí, José 1991e Obras completas (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales) Tomo 6.

 

María Caridad Pacheco González es Doctora en Ciencias Históricas. Investigadora Titular del Centro de Estudios Martianos. Profesora Titular de la Universidad de La Habana. caripach@yahoo.es.

 
 
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