Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
MATERIAS 
   
AUTOR  
Normas para la aceptación de originales  
Contáctenos  
Centro Habana y los nombres de sus calles  
Adianys Collazo Allen

La historia de los pueblos, en tanto colectividad, así como el quehacer de los individuos que la integran, queda grabado en los atributos que cada comunidad es capaz de producir. No hay más que repasar los odónimos, o nombres de las vías, de una región, para llevar cuenta de los sujetos que han tenido alguna relación con el lugar, los hechos históricos memorables para esa comunidad, las características geográficas del área, los países con los cuales una vez se tuvo algún vínculo, así como las tradiciones religiosas, económicas y culturales de la localidad. El callejero(1) de las grandes ciudades, de la misma forma que el de asentamientos poblacionales menos conocidos así lo demuestran. Veamos qué sucede en la ciudad de La Habana.

Las modalidades odonímicas (2) de una región como nuestra capital son reflejo de las tradiciones epocales. Por ello, si en el siglo XIX se escuchaba nombrar a las calles Real de la Salud o de la Zanja como tales, un siglo más tarde los ciudadanos se referían, de manera más simplificada, a las vías centrohabaneras Salud y Zanja, respectivamente. Con el transcurso del tiempo suelen imponerse en el uso unas formas de nominación frente a otras; esto es: hay nombres que quedan, otros perecen. En ocasiones pueden, incluso, convivir varias designaciones para una misma calle; este fenómeno se conoce por alonimia, y cada uno de los nombres que recibe la vía son los alónimos.

En el municipio de Centro Habana contamos varias rúas que poseen un odónimo oficial, menos conocido, y otro no oficial, con mayor frecuencia de uso; este hecho podría verse como un enriquecimiento del universo toponímico capitalino, solo para aquellos que conozcan ambas nominaciones en cada uno de los casos. Sin embargo, para muchos individuos nativos y foráneos esta alonimia ha generado dificultades en la localización de las calles, incomprensión entre los hablantes, desorientación al efectuar trámites legales, y otros problemas que podían evitarse de existir una designación única o de conocerse ampliamente las diferentes nominaciones de estos lugares.

Al observar de manera empírica tales acontecimientos, y a petición de la Comisión Nacional de Nombres Geográficos para dar uniformidad a la odonimia cubana, el Instituto de Literatura y Lingüística "Dr. José Antonio Portuondo Valdor" se propuso llevar a cabo el proyecto de investigación "Estudio de los nombres de las calles de Centro Habana desde una perspectiva toponomástica”,(3 ) , con el objetivo de ofrecer respuestas teóricas a esta dualidad nominal de las calles. Esta investigación, esencialmente lingüística, contribuiría a enriquecer las descripciones del corpus odonímico que conforma el patrimonio cultural de la Ciudad de La Habana y de nuestro país.

A partir de las pesquisas realizadas, y con apoyo en los datos brindados por la Oficina de Planificación Física Municipal en Centro Habana, advertimos que suman trece las calles que poseen dos nombres:

    
No oficialFecha de designaciónOficialFecha de designación
Belascoaín1843-1848Padre Varela1911
Calzada de Infanta Antes de 1893Ave. Menocal1921
Cárcel Siglo XIXCapdevila1922
Carlos III1803Ave. Salvador Allende1973
EstrellaAntes de 1857Enrique Barnet1921
GalianoAntes de 1857Ave. de Italia1917
JovellarAntes de 1903Veintisiete de noviembre1903
Llinás1913Santo TomásAntes de 1913
Malecón1901Ave. Antonio Maceo1909
MarinaEtapa colonialAve. de Washington1918
Reina1844Ave. de Bolívar1918
San JoséAntes de 1857San Martín1920
SantiagoEtapa colonialFraternidad1922

En aras de comprobar científicamente la frecuencia de uso de los odónimos oficiales y no oficiales, se aplicaron encuestas a los residentes de las vías del municipio. Como resultado, obtuvimos que el 93, 7% de los encuestados, entre hombres y mujeres de diferentes edades y niveles de escolaridad, prefiere emplear la designación no oficial.

Esta preferencia por los odónimos más antiguos, a excepción de Llinás, nos remite a uno de los procesos de retoponimización (4) más importantes en la historia de nuestra capital, que expondremos a continuación. Entre 1899 y 1936 llegaron a ciento cuatro las calles de La Habana cuyas denominaciones fueron cambiadas. Muchas de estas modificaciones se realizaron "sin previo y detenido estudio…", obedeciendo "no a clamor o demanda populares, sino… a intereses o simpatías o compromisos particulares o políticos personalistas". (Roig, 1936:11-12) Ante tal situación, Evelio Govantes, arquitecto municipal de Ciudad de La Habana, presentó en 1928 varios informes al Alcalde en los que pedía la restitución de los nombres antiguos con los que los ciudadanos seguían denominando las calles, a pesar de los mencionados cambios. Govantes expresa al Alcalde en aquel momento "[...] lo conveniente que sería no seguir cambiando los nombres de las calles de la ciudad y restituir muchas de las antiguas denominaciones pues cuantas medidas se han dictado o hecho para que los habitantes del Término [es decir, Ciudad de La Habana] se familiaricen con los nuevos nombres, han resultado completamente ineficaces". (Roig, 1928:10)

La prensa de la época recogió los pormenores de estos acontecimientos. El Heraldo de Cuba, el Diario de la Marina, La Política Cómica, El País, La Discusión, entre otras publicaciones, expusieron la buena acogida que tuvieron los argumentos de Govantes en la población capitalina. Por ejemplo, en uno de los artículos periodísticos que salieron a propósito de dichas modificaciones odonímicas, su autor expone algunos inconvenientes que debían afrontar los ciudadanos con las nuevas denominaciones:

Y no conformes con cambiar los nombres le ponen a la calle no el apellido solo del patricio o del "fiera" que se ha querido honrar o que deshonra la calle y desprestigia a sus vecinos, sino que le ponen el nombre, los dos apellidos y hasta los títulos. Así tenemos los nuevos nombres de Dr. Carlos J. Finlay, General Freyre de Andrade, Juan Clemente Zenea, General Silverio Sánchez y otros por el estilo. Supongan Vds. lo que significa poner en sobre la dirección de una casa señalando las tres calles que forman la cuadra, por ejemplo: "Sr. Antonio Fernández López. Calle del General Fernando Freyre de Andrade, entre José de Jesús Benítez y Manuel Fernández de Castro. (Roig, 1928:93)

Sin embargo, los objetivos del Arquitecto Municipal no se hicieron realidad hasta 1936, cuando Roig publica Las calles de La Habana. Bases para su denominación. Restitución de nombres antiguos, tradicionales y populares, documento que se convierte en decreto-ley. A partir de entonces queda legalmente restituido el nombre de Carlos III, que había sido cambiado por Avenida de la Independencia. El otrora historiador de la Ciudad de La Habana abogaba, además, por la conservación de los nombres Estrella e Infanta, en lo concerniente al municipio que nos ocupa.

A nuestro juicio, la alta frecuencia de uso de los nombres no oficiales examinados para esta ocasión, frente a los oficiales, puede estar sujeta a diversos factores. Entre ellos, la asociación de un nombre con su referente. Mientras el usuario del odónimo pueda establecer esta relación, el topónimo ganará más espacio entre sus hablantes. En este sentido, habría que destacar que el origen de algunas de las denominaciones actualmente no oficiales estuvo relacionado con sucesos de la vida de los ciudadanos de la época en que fueron acuñados, por lo que tales vocablos pudieran haber tenido una connotación histórica, social, psicológica o de otra índole para esas personas, suponiendo que los hablantes conocieran la motivación del nombre. De ahí, posiblemente, se favoreció desde el inicio la fijación del odónimo.

La vía Malecón, por ejemplo, recibió este nombre no oficial a partir de la construcción del muro erigido para proteger a la ciudad del mar en 1901 (5). Desde entonces, dicha vía, cuyo nombre oficial era en aquel momento Avenida del Golfo, se conocía frecuentemente como Malecón. El tramo inicial de esta avenida (desde La Punta hasta la caleta de San Lázaro), como apunta Roig, ha tenido varios nombres: Avenida de la República, Avenida del General Antonio Maceo y Avenida Antonio Maceo. Luego, a medida que se fue ampliando el malecón, se hizo necesario denominar los nuevos tramos; así tuvieron lugar los siguientes odónimos:(6) Malecón de Céspedes, Malecón de Maceo, Malecón de Washington, Malecón de Pi y Margall y Malecón de Aguilera (7). Como se observa, toda esta gran vía conservó el término "Malecón" durante algún tiempo; de manera que la alusión al muro que nos protege del mar se ha mantenido a lo largo del tiempo al hacer referencia a su avenida.

La vinculación del odónimo con un referente se observa también en la vía Salvador Allende, donde existe en la actualidad el centro comercial "Plaza Carlos III", rememorando el antiguo odónimo que homenajeaba al monarca español que puso en práctica un política beneficiosa para la colonia que era Cuba en aquel entonces (Carlos III). En dicho emplazamiento comercial existió inicialmente un mercado, de igual nombre, que luego se convirtió en un centro de acopio de productos agrícolas y en una fábrica de medios audiovisuales del Ministerio de Educación, manteniendo su nombre inicial. Aun cuando, posteriormente, se acuñara la designación Avenida Salvador Allende, a este edificio se le siguió llamando "Plaza Carlos III", y con ello pervive el nombre no oficial de la vía. Se evidencia, entonces, cómo un punto de referencia ubicado en ese vial, respalda el empleo del nombre que en la actualidad no es el oficial: Carlos III.

Además, la vía Cárcel toma ese nombre "por el edificio de la Cárcel cuyo costado [caía] en ella", afirma De la Torre. (1857:66) De ahí que durante mucho tiempo se asociara el nombre de la rúa con el aquel edificio.

Hay que agregar también la longevidad del uso; recordemos lo sucedido en 1928 con la retoponimización. Se trata de que cuando uno de los nombres (el no oficial) se ha empleado durante más tiempo que el otro (el oficial), el primero suele tener más posibilidades de fijarse entre los hablantes. Al respecto, señaló Roig que "los viejos nombres, aunque encierren una injusticia, poseen una férrea tenacidad para mantenerse en la memoria y en los labios del pueblo". (1963:111) Como muchas veces sucede en los comportamientos lingüísticos, el uso constituye un árbitro en el lenguaje. Nótense las fechas de designación de cada uno de los alónimos.

Otro elemento que pudiera favorecer el empleo de los odónimos no oficiales frente a los oficiales, es la ley del menor esfuerzo, al menos para quienes conozcan ambos nombres. Ciertamente, el hablante economiza tiempo y energía al articular Reina y no al decir Avenida de Bolívar.

Valdría la pena traer a colación que los seres humanos suelen discrepar de las normas por disímiles razones. Diversos son los ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad en que los individuos han mostrado su oposición a lo establecido por las autoridades, de ello dan cuenta los movimientos revolucionarios que han tenido lugar en el mundo. En ocasiones, lo declarado oficialmente se ha interpretado como un instrumento para ejercer autoridad sobre los que deben cumplir las reglas (en muchos casos esa ha sido la intención). Este tipo de resistencia pudiera estar subyacente en el menor uso de los nombres oficiales frente a los no oficiales, al menos en los hablantes cercanos temporalmente al establecimiento de los odónimos habaneros tratados aquí. Un ejemplo de ello lo constituyen los sucesos de 1928. La resistencia al nuevo odónimo condicionó la restitución legal del nombre Carlos III, como señalamos con anterioridad.

El nombre oficial de una calle es otorgado por las autoridades pertinentes [Ayuntamiento de La Habana durante la colonia y la neocolonia (1902-1958), y Consejo de Estado luego del triunfo revolucionario, por ejemplo]. Los nombres de las vías se acuñan con el objetivo de tratar de establecer una única denominación para un solo sitio, evitando así ambigüedad en la ubicación geográfica de tales locaciones. Al hacer oficial un nombre de lugar -entre ellos, los odónimos- se pretende que sea de conocimiento y empleo de la mayoría de sus usuarios, tanto en su forma escrita como oral. De preferencia, este tipo de denominación se utiliza en documentos oficiales, mapas, sistema de señalización de las calles, prensa plana y radial, televisión y, en general, en circunstancias que requieren algún proceder convencional. En el caso de Centro Habana, el odónimo no oficial es el que suele emplearse, incluso, en documentos oficiales. Por ejemplo, la designación de la vía Malecón se registra como tal y no como Antonio Maceo, en el carné de identidad de los vecinos del lugar, según informa la Oficina del Carné de Identidad de Centro Habana, lo que sugiere falta de uniformidad en el tratamiento de estos nombres geográficos en el orden administrativo, si se compara con la información que brinda la Oficina de Planificación Física del municipio. En la señalización vial, por otro lado, la presencia de los nombres no oficiales puede indicar un mejor reconocimiento de los hablantes hacia estos nombres al localizar sus respectivas vías, debido a la amplia difusión que tienen esas nominaciones. Citemos por caso que en la Avenida de México (Cristina) entre Matadero y Arroyo, encontramos dos señales de orientación que recogen el odónimo Belascoaín.

En los medios de comunicación masiva los odónimos no oficiales han adquirido un prestigio considerable como para ser empleados en lugar de los oficiales, probablemente a causa de la alta frecuencia de uso de los primeros; de este modo se asegura que los mensajes sean comprendidos por los receptores, ya que muchos de estos desconocen la nomenclatura oficial. Veamos los siguientes ejemplos:

  • En la prensa radial citemos a Radio Reloj, que el día 26 de julio de 2000 utiliza la unidad léxica Belascoaín. "
  • En la prensa plana tenemos al diario Granma, que el 17 de noviembre de 2004 emplea el odónimo Belascoaín, y el 28 de marzo de 2006 usa el nombre Carlos III. "
  • En el espacio televisivo Habana Noticiario se emplearon las denominaciones Belascoaín y Galiano, en la emisión del 16 de marzo de 2007.

La convivencia de varios odónimos para una misma vía no ha sido privativa de nuestra época ni aun de los tiempos de Roig; existió desde los orígenes de las rutas de La Habana. La evolución que han experimentado los alónimos centrohabaneros, entre oficiales y no oficiales, así lo demuestra.

La Avenida de Bolívar tuvo las siguientes denominaciones:

  • Camino para la Chorrera (hasta el siglo XVIII)
  • Camino de San Antonio (El Chiquito) (antes de 1735)
  • (Calzada de) San Luis Gonzaga (cerca de 1751)
  • Calle o Calzada de la Reina (1844)
  • Avenida de Simón Bolívar (1918 oficial); Reina (no oficial)
  • Avenida de Bolívar (1936 hasta hoy oficial); Reina (no oficial)

La actual Avenida Salvador Allende, por ejemplo, ha poseído diversos nombres a través de los años. Según los documentos y mapas revisados, además de fuentes orales, cronológicamente la vía se llamó:

  • Camino Militar (etapa colonial
  • Paseo de Carlos III (1803)
  • Paseo Militar (oficialmente desde 1836); más conocido Paseo de Tacón o Alameda de Tacón
  • Avenida de la Independencia (1902); popularmente Carlos III
  • Paseo de Carlos III o Avenida de Carlos III (1936)
  • Avenida Salvador Allende (oficialmente desde 1973); comúnmente Carlos III
Enrique Barnet, por su parte, recibió los nombres de:
  • Calle del Sol (colonia)
  • Calle de la Estrella (colonia)
  • Barnet (1921 oficial); Estrella (no oficial)
  • [Enrique] Barnet (1936 hasta hoy, oficial); Estrella (no oficial)
Los datos encontrados sobre la Avenida de Italia proporcionan los siguientes nombres:
  • (Calzada de) Galiano o Galeano (antes de 1841)
  • Duque de la Victoria (1841)
  • De Montesinos (fecha incierta)
  • Avenida de Italia (1917 oficial); Galiano (no oficial)
  • Avenida de Italia (1936 hasta hoy, oficial); Galiano (no oficial)

Con respecto a Belascoaín, se han obtenido los siguientes datos:

  • Calzada de Gutiérrez (ya existían en 1841)
  • Calzada de Belascoaín (ya existían en 1841)
  • Calzada de la Beneficencia
  • Calzada del Hospicio (siglo XIX)
  • Del Cocal
  • Padre Félix Varela (oficial 1911); Belascoaín (no oficial)
  • (Avenida) Padre Varela (1936 hasta hoy); Belascoaín (no oficial)

Al referirse a Malecón los textos plantean la siguiente evolución con respecto al tramo correspondiente a Centro Habana:

  • Avenida del Golfo (1901 oficial); (Paseo del) Malecón (no oficial)
  • Avenida de la República (1902); Malecón (no oficial)
  • Avenida del General Antonio Maceo (1908); Malecón (no oficial)
  • Avenida Antonio Maceo (1909); Malecón (no oficial)
  • Avenida de Maceo (1936 hasta hoy oficial); (Avenida de) Antonio Maceo; Malecón (no oficial)

En cuanto a la Calzada de Infanta, la trayectoria odonímica es la que sigue:

  • Camino del Cristo de las Ánimas (fecha incierta en la colonia)
  • Del Pontón (fecha incierta en la colonia)
  • Calzada de los Pontones (fecha incierta en la colonia)
  • De Carraguao
  • Calzada de (la ) Infanta
  • Avenida (del Presidente) Menocal (1921, 1936 hasta hoy, oficial); Calzada de Infanta (no oficial)

Luego de repasar todas estas denominaciones que han figurado en la producción odonímica de nuestra capital, afirmamos que en los alónimos oficiales de la actualidad predominan los epotopónimos, es decir, la nominación que rinde tributo a hechos o personajes históricos, lo cual da fe de las ideologías imperantes en cada momento de la historia. Mencionemos, por ejemplo, que la vía Reina tomó su nombre durante la etapa colonial en homenaje a Isabel II, quien, según indica Roig, comenzó a gobernar la monarquía española en 1843. Ya en el siglo XX las buenas relaciones entre Cuba y Chile permiten que en 1973 una calle de nuestra ciudad lleve el nombre de Salvador Allende. La figura de Félix Varela, así como el presidente Menocal y el capitán general Miguel de Tacón obtuvieron su espacio en el callejero de La Habana.

Los alónimos, además, tienen su punto de partida en hechos, individuos o características que han identificado el lugar denominado. En este punto debemos señalar que el antiguo Camino de San Antonio recuerda el ingenio de San Antonio El Chiquito, que, como apunta De la Torre, pertenecía al regidor don Blas de Pedroso y se mantuvo en pie durante la invasión inglesa. El nombre de la vía Estrella tiene su origen en un farol en forma de estrella que iluminaba la primera casa de esta calle esquina a Águila. El ministro interventor de fortificaciones Martín Galiano se convirtió en la motivación del nombre de un puente, y luego del vial que hoy se conoce extraoficialmente como Galiano.

Por otro lado, ocurren variaciones de un mismo odónimo, lo cual puede explicarse por el hecho de que las denominaciones de los viales se sitúan entre los nombres geográficos más utilizados, por tanto, están sujetas a frecuentes cambios. En este punto llamemos la atención sobre la Avenida Antonio Maceo y Padre Varela.

Como suele ocurrir en los hechos de la vida en general, cada época manifiesta sus modas. Así, también la designación de los alónimos antes referidos muestra las tendencias de nominación en cada momento de la historia. A partir de los términos genéricos(8) se advierte que los caminos y las calzadas tuvieron auge en el siglo XVIII; las calles, los paseos, las alamedas y, nuevamente las calzadas se usaron en el siglo XIX, mientras que las avenidas y, otra vez, las calles se incorporan en el siglo XX.

La alonimia, así como la mayor recurrencia de los odónimos más antiguos, como apreciamos, son comportamientos que reaparecen en la historia odonímica de nuestra capital y, en el caso de la segunda, puede tener múltiples causas resumidas en: la asociación del nombre con un punto de referencia, la antigüedad del odónimo, la economía en el lenguaje y el rechazo a la imposición arbitraria de otros nombres.

El establecimiento de las actuales designaciones oficiales en Centro Habana demostró que la renovación de los nombres no modificó, significativamente, la mentalidad de los hablantes hacia sus entrañables odónimos impuestos desde tiempos coloniales, y transmitidos de generación en generación. En la preferencia por los antiguos nombres subyace un elemento que quisiéramos subrayar para comprender el asunto: el apego de los individuos a las costumbres que conforman su identidad. Ni las disposiciones más modernas, ni el homenaje a otros próceres han desplazado esos vocablos que el pueblo y aun las autoridades han reconocido como propias de cada uno de esos espacios. La construcción de un muro o un centro penitenciario y la remembranza de algún miembro de la realeza española durante la Colonia, por ejemplo, son motivaciones odonímicas inclusive desconocidas para muchos hablantes en la actualidad. Sin embargo, ello no impide que sus respectivas denominaciones en las calles sean suplantadas por el merecido tributo que se le rinde a personalidades, locaciones y hechos más contemporáneos como Padre Varela, Avenida de Italia y 27 de noviembre.

Una de las funciones del lenguaje es la comunicativa, y para que esa comunicación sea eficaz debemos evitar todo lo que atente contra la comprensión de los mensajes que emitimos. Nuestra sugerencia, por lo tanto, es que se difundan ambos tipos de odónimos, tanto oficiales como no oficiales, para restar espacio a la confusión entre los usuarios de la lengua. No se trata de eliminar algunos nombres para dar primacía a otros, porque estaríamos suprimiendo una parte de nuestra propia historia, sino de divulgar los nombres que ya han llegado a nuestros días (9).

No todo está dicho con respecto a los alónimos de Centro Habana. Sería conveniente, entonces, profundizar en el estudio de esas nominaciones para desentrañar otras posibles causas que justifiquen la doble designación odonímica, con lo cual se enriquecería la descripción de este campo de estudio.

Bibliografía

De la Torre, José María 1857 Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna (La Habana: Imprenta de Spencer y Compañía).

Roig, Emilio 1963 La Habana. Apuntes Históricos (La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura) tomo 2.

------------------1936 Las calles de La Habana; bases para su denominación; restitución de nombres antiguos, tradicionales y populares (La Habana: Administración del Alcalde Dr. Guillermo Belt y Ramírez).

-------------------1928 Restitución de los nombres de las calles, numeración de fincas urbanas y otras medidas tendientes a conservar las tradiciones habaneras (La Habana: Biblioteca Evelio Govantes).

Notas

(1). Relación de nombres de las calles de un territorio.

(2). Odonímico: relativo a los odónimos.

(3). En la realización de este proyecto participaron las investigadoras Alina M. Camps Iglesias y Adianys Collazo Allen.

(4). La retoponimización consiste en la modificación de los nombres de lugar, nombres geográficos o topónimos, entre los cuales se incluyen los nombres de las vías.

(5). El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define malecón como “murallón o terraplén que se hace para defenderse de las aguas”. Y para Cuba y Ecuador como “paseo que corre paralelo a la orilla del mar o de un río”.

(6). Estos odónimos fueron el resultado de un acuerdo tomado en 1928 por la Comisión de Historia, Ornato y Urbanismo para denominar los tramos del malecón habanero. Luego, en 1936, Roig propone a la Alcaldía asumir estas denominaciones.

(7). En la actualidad Malecón se conoce con los siguientes nombres: Avenida Washington y/o Marina en el tramo comprendido entre la calle 23 y la calle Marina; Avenida Antonio Maceo, de Marina a Prado.

(8). Término genérico es el elemento que, dentro de los topónimos, describe al objeto geográfico. Ejemplo, en Mar Caribe el término genérico es mar. Luego, en nombres como Calzada de la Infanta y Paseo de Carlos III, los vocablos calzada y paseo describen el tipo de vial de que se trata.

(9). En la realización de este proyecto de investigación nos fue posible conocer áreas del comportamiento odonímico de otras regiones de la capital como La Habana Vieja y Diez de Octubre, municipios donde también se manifiesta la dualidad nominal para algunas calles. Valdría la pena, por lo tanto, explorar la alonimia en esos espacios para contribuir, por una parte, a la labor de normalización de la odonimia cubana que tiene a su cargo la Comisión Nacional de Nombres Geográficos y, por otra, para obtener un estudio más pormenorizado de lo que acontece con los nombres de las calles habaneras.

 

Adianys Collazo Allen es Licenciada en Letras. Especialista en Lingüística. Se desempeña en el área de las investigaciones toponomásticas en el Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor”.

 
 
Cátedras
Oralidad
Gramsci
Juan Marinello
Premios
Memoria
Anual
Nacional
ALBA
Textos libres
Título
Autor
La Aldaba
Directorio
Lectores
Enlaces

 
Dirección:
Elena del Carmen Socarrás de la Fuente
Coordinación del dossier:
Yisel Rivero Baxter y Elaine Morales
Jefa de Redaccion:
Yeisa Beatriz Sarduy Herrera
Diseño y realización:
Alejandro de la Torre Chávez
Programador:
David Muñoz Compte
Webmaster:
Hamlet López García
Consejo Editorial
Luis Álvarez Álvarez, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, Araceli García Carranza, Fina García Marruz, Eusebio Leal Spengler, María Teresa Linares, Rogelio Martínez Furé, Fernando Martínez Heredia, Graziella Pogolotti, Olga Portuondo, Eduardo Torres Cuevas
Consejo de Redacción
Jorge Luis Acanda, Rafael Acosta de Arriba, Ana Cairo, Jorge Fornet, Reynaldo Funes, María M. García, Tania García, Jesús Guanche, Elmo Hernández, Cecilia Linares, Mario Masvidal, Lázaro Rodríguez, Ana Vera, Yolanda Wood.