Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Influencias teóricas y políticas que explican la postura de Juan Marinello ante la violencia  
Alina Bárbara López Hernández

Esta indagación pretende establecer algunas consideraciones sobre las influencias que recibió en su etapa formativa, no solo Juan Marinello, sino la generación intelectual a la que este perteneció, y que explican las posiciones asumidas por este revolucionario cubano ante la guerra y la violencia y, por tanto, su denodada y extensa acción en las filas del Movimiento por la Paz.

El ambiente teórico e ideológico en que transcurrió la formación intelectual de Juan Marinello propició que en su pensamiento político se evidenciara la articulación entre el positivismo, el antimperialismo de raíz martiana y el marxismo. El modo en que Marinello articuló dichas influencias condicionará la evolución de sus ideas políticas y la manera, a veces contradictoria, en que este pensador asumió la teoría marxista.

Las influencias teóricas son verdaderamente profundas cuando puede apreciarse su impronta no solo en una figura determinada, sino en una generación, a través de las polémicas, encuentros y desencuentros que unen o enfrentan a los protagonistas de una época. Entre las influencias que Marinello recibió, que contribuyeron a su formación teórica e ideológica y, en consecuencia, se manifestaron en el proceso evolutivo de sus ideas políticas, una de las más tempranas fue la del positivismo, corriente filosófica cuya influencia se manifestó en algunos países de América desde los años sesenta del siglo XIX, aunque fue en las últimas décadas de ese siglo, y durante los primeros años del XX, que su predominio fue evidente en casi todos los terrenos de la vida intelectual del continente, no solo en la Filosofía sino también en la Pedagogía, la Sociología, la Antropología, el Derecho y la Historia. (1)

El cubano Enrique José Varona, que fuera considerado uno de los máximos representantes de esta corriente a nivel continental, fue un paradigma para la juventud de los años veinte, en la que confiaba, por no haber tomado parte en la vida política de las primeras décadas. Como profesor de la Universidad de La Habana ejerció una influencia activa en la formación académica y teórica de aquellos jóvenes juristas entre los que se encontraba Juan Marinello que comenzó sus estudios de Derecho en el año 1916. (2)

El positivismo aceptaba la concepción del desarrollo, pero de modo unilateral y metafísico al no considerar los saltos cualitativos en este proceso y atender solo a las transformaciones graduales, lo que se derivaba de su aceptación de los conceptos darwinianos de “orden” y “dirección”. El progreso era relacionado siempre con la evolución gradual de la sociedad, lo que conducía a otra limitación en el hecho de que no aceptaban la revolución como ruptura violenta del orden. El concepto revolución era asumido en su acepción originaria, pues este, como otros términos de las ciencias políticas, fue un préstamo de las ciencias naturales y por ello fue más relacionado por los positivistas con la naturaleza y no con las transformaciones sociales. (3)

Esta idea se manifestó en muchos de los representantes de la generación de Marinello, por ejemplo, el historiador Elías Entralgo consideraba:

La vida es evolución; la naturaleza tiene mucho de revolución. La una avanza por medio de etapas lentas y graduales: infancia, niñez, adolescencia, juventud, edad madura, vejez, senilidad; la otra procede a veces por saltos violentos, y así un terremoto, un volcán, una tempestad marítima […] son manifestaciones evidentes de su tendencia revolucionaria […] La suprema manifestación de la vida es la inteligencia humana. Todo individuo que la posea en un grado superior tiene que orientarse en un sentido evolucionista. Aun la guerra solo la admite la conciencia cuando la precede un movimiento de doctrina y la impulsa un gran ideal. Un momento de armas que no responda a un momento de ideas es una violencia que presenta notoria afinidad con el crimen. La Revolución Francesa no tendría una tradición tan gloriosa de no haber sido necesaria secuela del pensamiento enciclopedista. A la Revolución Cubana, sin la previa labor intelectual que realizaron Varela, Saco, Luz y Caballero y Heredia, entre otros, hubiérale faltado su espíritu, su consistencia, hasta su razón de ser. (Entralgo, 1927:42)
La concepción positivista de evolución social —aun cuando reconocía la importancia de factores materiales como el comercio, el medio geográfico, el clima, entre otros— partía de la determinación del modo de pensar de los hombres, de las ideas que prevalecieran en un período o de la transformación que podían sufrir las ideas políticas, jurídicas, religiosas; de ahí la importancia que le concedían al factor educativo en el perfeccionamiento de la sociedad. Juan Marinello suscribió esta idea durante la década del veinte, en un discurso pronunciado en 1923 afirmaba:

Cada época […] se ha caracterizado en la Historia por una modalidad predominante en sus acontecimientos. Una vez esta nota distintiva se llama guerra religiosa, otra vez renacimiento artístico, otras, movimiento democrático. Pues bien, es indudable que a la edad en que nos ha tocado vivir le viene a dar tono un marcado carácter económico. (Marinello, 1923:6-7)

La aceptación del socialismo como una posibilidad necesaria, y justa, en la dirección del desarrollo social, pero sin aceptar la violencia como medio de lograrlo, fue defendida por algunas de estas figuras. Emilio Roig de Leuchsenring, también discípulo de Varona y muy relacionado con Marinello, opinaba que la organización de la humanidad —familia, matrimonio, sociedad, distribución del trabajo y la riqueza, Estado— debía ser transformada totalmente en base a la igualdad, que suprimiera todo tipo de privilegios y que cada cual llegara a ser lo que sus virtudes, inteligencia o trabajo le otorgaran. (4)
¿Cómo creo que puedan lograrse esos ideales? Con la revolución; desde luego de las ideas [...]La revolución social ha de venir, necesariamente, y extenderse por todo el mundo; aquellos pueblos que cierren sus ojos a esa gran verdad, sufrirán sus consecuencias y pasarán por días de tragedia intensa, aquellos otros que sin olvidar el pasado, estudien serenamente el presente y sepan prepararse para el porvenir, llegarán a él sin violencias ni contratiempos, por un lento y suave proceso evolutivo. (Roig, 1922:29)

El rechazo a la violencia y la concepción gradual del desarrollo fueron dos legados del positivismo —especialmente de Varona— (5) a esta generación. En Juan Marinello se aprecia esta impronta en su apelación a la necesidad de “ordenado progreso” que concebía para la sociedad cubana. (6)

La concepción en que eran formados los estudiantes de Derecho también tuvo una evidente influencia doctrinal del Positivismo Jurídico, inspirado particularmente en la obra de León Duguit. (7) Este jurista francés había desarrollado, en la rama del Derecho, una variante del positivismo que limitaba los extremismos de Augusto Comte, al introducir importantes ideas sobre la colaboración de clases y la propiedad en función social. Según el criterio de Julio Fernández Bulté fue la única corriente doctrinal que tuvo influencia directa en el texto constitucional de 1940 en Cuba. (Fernández Bulté, 2005:297)

En León Duguit influyó a su vez la sociología francesa desarrollada por Emile Durkheim, con su concepción sobre la solidaridad social y la colaboración de clases. Sobre estos presupuestos Duguit erigió sus ideas político-jurídicas. Él denominó a esa solidaridad social interdependencia social, (Fernández Bulté, 2005:166) y entendía que la colaboración entre clases podría evitar colisiones y luchas bajo el arbitrio de un Estado que dictara la regla de derecho.

El positivismo tendrá una influencia significativa en las ideas políticas de Juan Marinello en temas como: 1) la relación entre las clases y sectores sociales, 2) el Estado, sus funciones y el sistema político nacional, 3) en la concepción de Marinello sobre el avance de la humanidad que fue, durante un extenso período, ajena al análisis de las contradicciones en la base económica y 4) su concepción del desarrollo, que estuvo signada por la casi reverencial admisión de una especie de fatal e inexorable destino humano hacia el progreso que hacía innecesaria la ruptura violenta del orden.

La divisa orden y progreso, característica del positivismo, fue relacionada por Juan Marinello con el principio marxista del análisis histórico concreto de los hechos y fenómenos para propiciar una explicación de la realidad que entendía que todas las sociedades llevaban en sí mismas el germen de su evolución y debían ceder paso a formas superiores de organización.

Al apoyarse en esta percepción, Marinello consideraba que en cada época se podía hacer solo lo que el momento permitía, y que el papel de los marxistas era lograr la formación de una conciencia que fuera apropiada a esta nueva sociedad que llegaría tarde o temprano. A pesar del carácter aparentemente optimista de esta concepción, ella conduce a una especie de fatalismo, pues la excesiva confianza en que el progreso social es ascendente conduce a este pensador a la noción de que, si en definitiva se va a llegar a una sociedad socialista, entonces no hay necesidad de tomar el poder por medios violentos.

Estas influencias se manifestaron en las concepciones políticas de Juan Marinello en la apreciación que este tuvo acerca del carácter gradual del desarrollo, la que excluía la violencia en la revolución socialista y la vía fundamental que concebía hiperbolizaba el papel de la educación, como elemento que permitía organizar y concienciar al movimiento obrero a través de partidos de gran base social.

Estos aspectos encuentran elementos coincidentes, amén de sus diferencias, en ciertas aristas del pensamiento político martiano, que fue otra de las influencias evidenciadas en las ideas políticas de Juan Marinello. Un elemento coincidente en el pensamiento político de Martí y Marinello es el rechazo a la guerra, a la violencia, como medio de la política. Aunque fue uno de los principales organizadores de la guerra necesaria, el propio adjetivo indica que: “En el ideario político martiano el empleo de la guerra resulta tolerable solo en aras de la “redención radical y solemne” a que se aspiraba, y como medio para materializar “propósitos grandiosos, suficientes a reconstruir el país que nos preparamos a destruir”. (Limia, 1998:55) El uso de la violencia no lo impone el fin de la revolución promulgada por José Martí, sino al contrario, las condiciones de dominación establecidas por la metrópoli.

La guerra popular no aparece como la opción preferida o libremente asumida por los patriotas, sino en tanto una imposición del sistema colonial, como una muestra de la falta de libertad, de acceso a los medios de regulación política de la vida de la sociedad. Es un medio de defensa del pueblo para restablecer el equilibrio largamente violado del organismo social. (Limia, 1998:55)

La raíz ético-cristiana en el ideario de José Martí ha sido estudiada y algunos autores la vinculan con el rechazo a la violencia y con su profundo humanismo. (8) Aunque Miguel Limia entiende que Martí no fue un cultor del pacifismo, considera que prefirió evitar la violencia siempre que fuera posible utilizar otros medios.

Juan Marinello también rechazó los medios violentos como vía de la política. En su juventud se advierte la reiterada apelación a la “preferible revolución sin sangre del cristianismo” antes que a las discordias de los cubanos. (Marinello, 1919) Fue un admirador de San Francisco de Asís, al que consideraba un gran revolucionario y un símbolo de humanidad y de armonía entre los hombres, a pesar de que vivió a contracorriente de su época y de la iglesia de su época. (9)

Estas influencias se vinculan a las ideas marxistas con las que Juan Marinello se empieza a relacionar en el segundo lustro de la década del veinte. Para este sector de la intelectualidad al que pertenecía Juan Marinello y que no se vinculó tempranamente —como lo hicieran Julio A. Mella y Rubén Martínez Villena— con el movimiento obrero y comunista, los primeros ecos de la teoría marxista llegaron a través del enfoque de la cultura, del debate en relación a las vanguardias artísticas y no fue, como ocurrió entre el movimiento comunista, un marxismo de raíces soviéticas sino de connotaciones latinoamericanas. (10)

A mediados de las décadas del veinte y del treinta hubo una generación que vivió la relación entre vanguardismo y marxismo. Aunque su muerte fue prematura, le correspondió al marxista peruano José Carlos Mariátegui desempeñar un rol protagónico en este sentido. El análisis del pensamiento de Juan Marinello evidencia que la influencia de Mariátegui se manifiesta en una serie de similitudes entre sus respectivas concepciones políticas.

Sobre el temade Revolución versus Reformismo, en Mariátegui no había ambigüedades respecto a que la revolución era el único camino para superar las estructuras de dominación y explotación. Insistía, no obstante, en que en el mundo colonial y semicolonial era necesario hacer revoluciones para hacer reformas. Sin embargo, la noción de revolución en Mariátegui, como será en Marinello, no se refiere a un acontecimiento específico. Es válido en este sentido el planteamiento del sociólogo e investigador Juan Valdés Paz:

Cuando él piensa en la revolución, no se refiere a ningún acontecimiento en particular, como la Toma del Palacio de Invierno, la toma del poder, catorce combates, la guerra civil, etcétera. Se está refiriendo a un largo proceso; a veces dice civilizatorio; a veces dice revolución cultural, pero, de todas maneras, la noción de un largo proceso es lo que sería para él una revolución. (Valdés Paz, 2002:106)

Pablo Guadarrama ha estudiado la concepción de la revolución en algunas de las figuras más destacadas en la difusión del marxismo en América Latina y en algunos de ellos, como son los casos del cubano Carlos Baliño y el chileno Luis Emilio Recabarren, se manifiesta el rechazo a la violencia, siempre que fuera posible, como vía de concretar la revolución (11) de ahí su planteamiento de que “(…) los marxistas no han sido incendiarios ni terroristas por naturaleza, como la propaganda burguesa siempre se ha encargado de presentarlo […]”.(Guadarrama, 1990: 82)

La diferencia entre Mariátegui y Marinello, en este sentido, radica en que si para el primero el parlamentarismo no era una vía revolucionaria y abogaba por preparar a las masas en las calles, lejos de los recintos parlamentarios, el cubano, por el contrario, confió de manera absoluta en ese camino. (12)

Para Marinello, la educación y organización del movimiento obrero eran esenciales a fin de lograr una transformación revolucionaria y llega a valorar la revolución no como el acto de lograr el poder político, sino como las transformaciones en la conciencia de las masas revolucionarias.

La influencia de ideas marxistas en el pensamiento político de Juan Marinello, en su etapa de evolución hacia esta ideología, se manifiesta como un marxismo heterodoxo, con una presencia muy acentuada de pensadores latinoamericanos como José Carlos Mariátegui. (13) Se reconoce que la influencia inicial del marxismo que recibió Juan Marinello fue a través de la obra teórico-cultural desarrollada por este pensador peruano durante la segunda mitad de la década del veinte. (14)

Para destacar las especificidades del proceso de inserción del marxismo y el leninismo en las culturas nacionales de Cuba y América Latina, un grupo de investigadores del Instituto de Filosofía de Cuba han propuesto un concepto de articulación con sus funciones y contenido que es explicado como lo opuesto a la mezcla indiscriminada de elementos contradictorios entre sí, característicos del método ecléctico.

La relación del concepto de articulación con la forma tradicional de interrelación de las ideas en el proceso evolutivo de las corrientes progresistas y revolucionarias del pensamiento en el ámbito planetario: elección de elementos no contradictorios entre sí, en tanto método al cual no es ajena la evolución del pensamiento cubano y latinoamericano. Sin que constituya un rasgo privativo en este lado del mundo, pues tan electivos han sido Platón, Aristóteles o Marx, como Varela, Luz o Martí. (Miranda)

Los estudios sobre pensamiento cubano explican la recepción del marxismo en Cuba solamente a partir de la articulación de esta concepción con el pensamiento antimperialista de José Martí. En el caso del pensamiento político de Juan Marinello no solo se evidencia tal relación, sino que se manifiestan otras influencias que logran articular con aspectos del ideario martiano y el marxismo.

Aunque algunas de estas influencias fueron superadas en el proceso de evolución de sus ideas políticas, ello fue menos evidente en el caso del positivismo. La formación intelectual y profesional de la generación a la que perteneció Juan Marinello estuvo estrechamente relacionada con las ideas positivistas que se complementaron para propiciar una visión de la sociedad que maximizaba las trasformaciones graduales y pacíficas, concebía el papel decisivo de la educación en este proceso y le daba una importancia esencial al estudio de la realidad americana para solucionar los problemas de la nación.

Se reconoce por muchos de estos estudiosos el carácter atípico del positivismo latinoamericano y sus diferencias respecto al positivismo clásico europeo, en el sentido de que el primero desempeñó un papel progresista en las condiciones de dependencia y atraso de los países latinoamericanos. Este carácter progresista permitió que, a pesar de las notables diferencias entre el marxismo y el positivismo, Juan Marinello se acercara al marxismo sin desprenderse de algunos aspectos característicos de la concepción positivista.

Si se identifica a José Martí como el elemento mediador con el marxismo, no debe olvidarse que esta figura fue un pensador electivo, cuestión aceptada por los estudiosos del tema. Ello obliga a reconocer que Martí también recibió y articuló diversas influencias de la época en que desarrolló su obra y acción. En el caso de Juan Marinello ocurre algo similar.

De acuerdo a esta concepción, el socialismo debía instaurarse como resultado del desarrollo de la sociedad capitalista —libre de obstáculos como el que representaba la dependencia económica extranjera— lo que conduciría a su establecimiento, como una fase inevitable del proceso evolutivo de la sociedad. Esta idea asumía a la sociedad socialista como un peldaño obligatorio en la evolución social, al que se llegaría indefectiblemente mediante un alto grado de organización y concienciación del proletariado.

El ideal de cambio ordenado, propio del positivismo filosófico en que se había formado esta generación, había sido asumido por Juan Marinello que no propone, como parte de su concepción revolucionaria, la toma del poder por medio de la violencia. El poder era considerado por Marinello como corruptor de la revolución.

Esta idea no sufre variaciones esenciales en su pensamiento reconocido como marxista. Continúa defendiendo la idea de la revolución como proceso inacabable. (15) Además, se mantiene la percepción de no concebir la toma del poder como un acto de la revolución, la que tampoco debería tener como fin la formación de un nuevo Estado. Como resultado de esta postura, Juan Marinello no apoya a las organizaciones que en esos años mantuvieron una línea insurreccional.

Bibliografía
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______________1990 Marxismo y antimarxismo en América Latina (Bogotá: Universidad INCCA de Colombia).
_____________ 1985 Valoraciones sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano (La Habana: Editora Política).
López Alina 2008 “Crónica de un fracaso anunciado. Los intelectuales de la República y el socialismo soviético”. Premio Ensayo de Ciencias Sociales Temas, 2007 en: Temas no. 55, julio-septiembre.
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____________ 1970 Intervención en el Seminario Internacional de homenaje a Julio Antonio Mella y José Carlos Mariátegui celebrado en Potsdam.

____________ 1940 Unión Revolucionaria Comunista y la Constitución de 1940, (La Habana: Ediciones Sociales). Archivo Instituto de Historia de Cuba, Fondo: Registro General no. 78/75.
____________ 1929 “San Francisco de Asís [Letras]”, en Revista de Avance, año 3, no. 38, septiembre.
____________ 1923 “Influencia del rotarismo en el progreso de la humanidad” (discurso pronunciado ante la Conferencia Nacional de Clubes Rotarios celebrada en Santiago de Cuba), en La Nota Rotaria, T I, no. 9, junio.
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Valdés Paz 2002 “Mariátegui desde la Sociología Política”, en Mariátegui (La Habana: Cátedra de Estudios Antonio Gramsci, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello).
Vitier 2006 Ese sol del mundo moral (La Habana: Editorial Félix Varela).

Notas


(1) El Positivismo tuvo un carácter sui géneris en las condiciones de América Latina donde, a diferencia de Europa, desempeñó una función progresista por las condiciones de deformación estructural de la economía continental. Se presentaba como una filosofía optimista, que confiaba en el desarrollo de las ciencias, la cultura y la sociedad. (Véase Guadarrama y Rojas, 1998; Guadarrama, 1985 y 2004).

(2)Varona se retiró un año después, pero continuó su influencia a través de la utilización de sus obras en la enseñanza, de sus publicaciones en la Revista de los Estudiantes de Derecho y en otras fuentes de la época, incluso vuelve a la impartición de docencia de manera intermitente.

(3)El origen del vocablo revolución hay que retrotraerlo a la obra del astrónomo Nicolás Copérnico (1473- 1543) De revolutionibus orbium celestium. En sus páginas se refería al movimiento rotatorio de las estrellas, sujeto a las leyes de la naturaleza; un movimiento de carácter irresistible y ajeno a la acción del hombre. Revolución equivalía en gran medida a la palabra griega anacyclosis, con origen también en la astronomía y que fue empleada por Polibio para aludir al inexorable paso de distintos ciclos políticos. Según la politóloga alemana Hannah Arendt (1906-1975) venía a significar “[…] que las pocas formas de gobierno conocidas giran entre los mortales con una ocurrencia eterna y con la misma fuerza irresistible con que las estrellas siguen su camino preordenado en el firmamento”. (Ver Arendt, 1987:4).

(4)Para profundizar en la apreciación que tenían estos intelectuales acerca de la construcción del socialismo en la URSS, ver López, 2008: 163-174.

(5)Esta actitud fue muy coherente en Varona, que, aunque se incorporó a la Guerra de los Diez Años, poco tiempo después, en 1870, asume una actitud contraria a la misma y se vincula, posteriormente al Partido Autonomista intentando otros medios. Es cierto que, decepcionado del autonomismo en 1886, se vincula con Martí al inicio de la guerra del 95 y al morir este dirige el periódico Patria, sin embargo, tales actividades no incluyeron su participación directa en acciones bélicas.

(6)Manifiesto al Pueblo de Cuba con el objetivo de recabar apoyo financiero para erigir los bustos de Varona y Sanguily. Palabras de Marinello, como secretario de la Comisión creada al efecto. Lo firmaban: Juan Marinello, Rubén Martínez Villena, Jorge Mañach, Emilio Roig, Félix Lizaso, Francisco Ichaso, Carlos Loveira, José Z. Tallet, Alberto Lamar, Mario Guiral, entre otros intelectuales. (Ver Marinello et al, 1924:9).

(7)Decano de la Facultad de Derecho de Burdeos, Francia. Culminó su vida académica como constitucionalista. Sus ideas se consideran entre los basamentos jusfilosóficos de la Constitución de 1940 en Cuba.

(8)Ver Vitier, 2006; Cepeda, 1992.

(9)Al reseñar el libro San francisco de Asís, de Luis Sarasola, Marinello comentaba: “Entonces se llega con humanísima intuición al corazón encandilado del Pobrecillo, entonces se vive plenamente su tragedia de gran revolucionario, de verdadero incomprendido, de perturbador de jugosos negocios eclesiásticos, de condenador egregio de la sociedad cobarde de su tiempo- y de los tiempos de ahora”. (Marinello, 1929:278) // En carta a Navarro Luna del 25 de enero de 1930, escribe: “He leído tu poema franciscano, nada franciscano. Me parece interesante y original aunque en definitiva no me sea simpático por mi admiración al santo asisense. Creo que como espectáculo, como símbolo, S. F [sic] es cosa admirable, aunque a veces parezca un profesional de la bondad”. (Ver Suárez, 2004:119)

(10)Ver López, 2008a.

(11)Baliño sostenía en 1906: “Yo no estoy, todavía, por los procedimientos violentos en la cuestión obrera, ni lo estaré mientras tenga esperanzas de que por las vías pacíficas puedan llegar a plantearse las fórmulas redentoras del socialismo; pero dondequiera que los que estén en autoridad se opongan a la propaganda y al libre desenvolvimiento de las nuevas ideas, yo seré un rebelde contra esa autoridad”// Recabarren ponía sus mayores esperanzas en la acción revolucionaria legal pues entendía: “El socialismo será una transformación inevitable. Lo que hoy hacemos los socialistas es guiar a esa transformación para que no se desvíe del espíritu de amor y justicia que debe serle inseparable”. (Citados en Guadarrama, 1990:82, 87).

(12)En carta a Manuel Navarro Luna, del 15 de febrero de 1931, Marinello se queja de que Raúl Roa “(…) Se ha distanciado definitivamente de sus compañeros, desentendiéndose del problema estudiantil y dándose por entero a la propaganda comunista. Este es un gravísimo error. No que se sea comunista. (En el fondo ¿quién lo es más que yo?) Pero tenemos enfrente un problema cubanísimo que resolver y si ahora -por concepciones de orden general- abandonamos lo nuestro, ¿qué camino tomará? Me decía un día Fernando Ortiz que en el corazón de Wall Street le ofrecen a uno unos señores elegantemente vestidos copiosa literatura comunista. Eso se hace a la vista de capitalistas y guardianes del orden capitalista, pero a nadie se molesta por eso. ¿Y no sería lo interesante al cubano de ideas comunistas, que ese mínimum de posibilidad se diera en nuestra tierra? […]”. (Ver Suárez, 2004:231) // En un informe rendido por Marinello en calidad de jefe de la delegación del Partido Unión Revolucionaria Comunista a la Asamblea Constituyente de 1940: “[…] utilizaremos el nuevo ordenamiento congresional y las nuevas responsabilidades de los órganos del poder como vehículo para nuestro objetivo primero: transformación de la relación económica en la medida y con el impulso que cada oportunidad franquee”. (Ver Marinello, 1940:50) // En 1948, siendo vicepresidente del senado, le escribe a Salvador Massip: “[…] Lo que queremos los marxistas del PSP es organizar la vida cubana dentro de los cauces democráticos y progresistas que la realidad y la Constitución aconsejan y franquean, porque este es el verdadero entendimiento marxista de nuestro caso. Y solo el PSP puede realizar tal obra en Cuba. El tiempo se encargará de probarlo […]” Ver: Carta a S. Massip de 11 de junio de 1948, Fondo personal del Dr. José Alfredo León Méndez, Santi Spíritus.

(13)Las ideas del argentino Aníbal Ponce, de quien Marinello fuera amigo y colega en la Universidad mejicana donde ambos laboraban, en 1933, también se valoran como una influencia en el acercamiento del cubano a las concepciones marxistas. El humanismo de Ponce y sus consideraciones acerca de las etapas que debían seguir los procesos revolucionarios en las condiciones de América Latina, se manifiestan en las concepciones de Juan Marinello sobre la revolución.

(14)“Nunca vi a José Carlos Mariátegui, pero la comunicación epistolar frecuente entre la revista Amauta y la Revista de Avance —tanto como el enfrentamiento de los mismos problemas—, nos acercaron a su talento abarcador y penetrante, a su fuego polémico coronado de realidades implacables”. Intervención de Juan Marinello en el Seminario Internacional de homenaje a Julio Antonio Mella y José Carlos Mariátegui celebrado en Potsdam, 1970. (Marinello, 1998:79).

(15)Citado por Luis Pavón en Marinello, 1989:140.

 

Alina Bárbara López Hernández es Doctora en Ciencias Históricas. Universidad de Matanzas. alina.lopez@umcc.cu.

 
 
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