Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Una Mirada a las Subjetividades Juveniles Cubanas. Encuentro con Jóvenes Estudiantes de Duodécimo Grado. Mayo 2016  
Lic. Tania García Fonseca y Msc. Annia Almeyda Vásquez.

Resumen.

En el presente artículo les presentamos una caracterización de las principales regularidades y tendencias generales del desarrollo psicológico y de la personalidad alcanzadas por un grupo de jóvenes estudiantes de 12 grado del municipio Playa de la Habana (García, 2013) implicados en el proceso de elección profesional. Como resultados relevantes encontramos como la crisis económica, el conflicto de valores, el consumo de medios tecnológicos alternativos entre otros factores, impacta negativamente las subjetividades juveniles cubanas en su desarrollo y potenciación hacia un adecuado nivel superior.

Palabras claves: Juventud, personalidad, configuraciones psicológicas, elección profesional, autodeterminación.

A Look at Cuban Youth Subjectivities. Meeting with Senior High School Students. May 2016.

Abstract.

In the current article, a characterization of the main regularities and general trends of the psychological and personality development reached by a group of young senior high school students of Playa Municipality in Havana involved in the professional election process is presented. As outstanding results we found that the economic crisis, the values conflict, the use of alternative technological media, among other factors, Impact negatively on the Cuban juvenile subjectivities in its development and strengthening towards an adequate superior level.

Key words: Youth, personality, psychological configurations, career choice, self-determination.

Introducción

En el año 2013, nos propusimos realizar una caracterización sobre el desarrollo de la motivación profesional en un grupo de jóvenes estudiantes de 12 grado del municipio Playa de La Habana. Abordamos además como uno de sus objetivos la influencia de la misma en el proceso de elección profesional. (García, 2013).

Este estudio fue realizado desde la metodología cualitativa, con una muestra de 30 jóvenes estudiantes, pertenecientes al Instituto Preuniversitario Rubén Martínez Villena, cuyas edades oscilaron entre los 16 y los 18 años. De ellos, 19 pertenecían al sexo femenino y 11 al sexo masculino. Cabe destacar que los mismos provenían de diferentes entornos socio–culturales.

Del procesamiento y análisis llevado a cabo durante el proceso investigativo, afloró una amplia información que nos permitió además ofrecer una mirada al desarrollo psicológico y de la personalidad alcanzado por este grupo de jóvenes estudiantes abocados a la toma de una decisión compleja y trascendental en sus vidas: elegir la futura profesión.

Este momento electivo es considerado esencial en su nueva situación social del desarrollo, por cuanto reviste especial importancia hacia el planteamiento de nuevas metas, proyectos y estrategias que demarcarán el futuro camino a transitar en su recorrido vital.

A través de este articulo conoceremos cómo se produce y se manifiesta éste desarrollo, y qué peculiaridades los caracteriza. Podremos dar respuestas a interrogantes como: ¿Estos jóvenes asumen una posición activa durante sus estudios actuales y en la estructuración de estrategias proyectadas al futuro? ¿Cuáles son sus principales motivos? ¿Emergen como un sector vulnerable al condicionamiento socioeconómico de su motivación profesional? ¿Son capaces de realizar una autovaloración adecuada de sus características personales? ¿En qué modelo se constituyen sus ideales? ¿Son influenciables a la propaganda de corte mercantilista? ¿La familia emerge como una red de apoyo importante en sus vidas? ¿Están preparados para elegir responsablemente su futura profesión? Éstas y otras importantes cuestiones serán puntualmente abordadas en esta caracterización.

Abordar el estudio de las regularidades y tendencias generales del desarrollo psicológico de estos estudiantes preuniversitarios reviste un valor teórico al tributar a la profundización en el estudio de las mismas en esta etapa juvenil. Esto nos permite un encuentro renovado con este importante grupo etario, considerando en ello el impacto que ejerce el contenido y la dinámica de estos tiempos modernos en el desarrollo, estructuración y madurez de la personalidad.

En este artículo damos cuenta de cómo se produce el desarrollo de las diferentes configuraciones psicológicas de este grupo de jóvenes en su arribo a la elección de la profesión.

Juventud: Etapa de desarrollo de la personalidad

Juventud, edad de tránsito entre la niñez y la adultez. En la Psicología del siglo XIX la misma es interpretada como un período de crisis interna, del despertar de los sentimientos, como una época romántica de “tempestad y empuje.

En Cuba, la juventud generalmente se ubica entre los 15 y 29 años de edad tanto en los entornos rurales como en los urbanos. La edad inferior del entorno etario expuesto considera la edad en que ya están desarrolladas las funciones sexuales y reproductivas, que diferencian al adolescente del niño y tienen profundas repercusiones en la conformación de su personalidad. La edad superior se asocia con el momento en que los individuos culminan el período educativo formal, asumiendo su incorporación al trabajo y la formación de la familia propia, considerándose por la sociedad como adultos (Gómez, 2011: 22-23).

Sin embargo, ser joven no solo se corresponde a una determinada edad cronológica. Unido a esto se encuentran roles que vienen aparejados con la juventud, una posición social diferente, y nuevas implicaciones en los modos de actuar y de pensar. La juventud entonces constituye, más que nada, una edad psicológica. Esto se debe al hecho de que se considera el desarrollo como un proceso continuo, determinado histórico y socialmente, tal como lo promueve el enfoque de Lev.S. Vygotsky, creador del enfoque Histórico-Cultural sobre el desarrollo de las funciones psíquicas superiores.

Domínguez (2005) destaca que es pertinente valorar todos los factores que en el desarrollo psíquico intervienen. Esto se refiere a cómo se produce la interrelación dialéctica de los factores físicos, sociales, y psicológicos. Es necesario considerar el aporte específico de cada uno, los cuales adquieren indistintamente un papel preponderante en determinado momento del proceso de desarrollo, pero que no actúan de manera lineal, sino que lo hacen mediatizados por los restantes.

La juventud se caracteriza por ser una etapa de afianzamiento de las principales adquisiciones ya logradas en períodos anteriores, especialmente en la adolescencia; consolidación que se produce en consonancia con la tarea principal que debe enfrentar el joven: la de autodeterminarse en las diferentes esferas de su vida.

Según refiere la Dra. Laura Domínguez « (…) de un ser indefenso, sujeto a las influencias situacionales en los primeros períodos en los que van conformándose gradualmente los componentes esenciales de la personalidad, arribamos a una etapa donde el desarrollo psicológico alcanzado posibilita la regulación interna del comportamiento, es decir su autorregulación» (Domínguez, 2003:476). Desde esta lógica «La personalidad es definida como el nivel superior de integración de los contenidos y funciones de la subjetividad humana» (Domínguez, 2014:15).

Es importante destacar, según apunta la autora, que el desarrollo de la personalidad sana consiste en un proceso que se produce de manera gradual, aunque se encuentra atravesado por crisis que potencian su devenir. Igualmente refiere que, en estos períodos críticos, se operan cambios cualitativos que conducen al sujeto a una paulatina conquista de la capacidad de autodeterminación (Domínguez, 2007).

La autodeterminación, concepto clave para definir la personalidad sana y madura, constituye aquella capacidad psicológica del sujeto de regular su comportamiento de manera consciente e intencional, con relativa independencia de las influencias externas, constituyéndose ésta en una de las tareas fundamentales que debe enfrentar el joven en las diferentes esferas de su vida.

De manera que la edad juvenil constituye un período clave en el proceso de desarrollo de la personalidad, donde la nueva “posición objetiva, social, que ocupa el joven, condiciona la necesidad de determinar su futuro lugar en la sociedad. Por lo tanto se concibe como la etapa idónea para la realización personal y profesional.

Desde esta óptica nos apoyamos, entre otros, en los estudios realizados por la prestigiosa investigadora soviética L.I. Bozhovich. La psicóloga hace referencia a la posición interna del escolar superior como personas dirigidas hacia el futuro, y todo lo presente actúa para ellos a la luz de esta tendencia fundamental de su personalidad: La elección de su futuro, la autodeterminación, convirtiéndose para ellos en ese centro afectivo de la situación de la vida, alrededor del cual comienzan a girar toda su actividad y todos sus intereses (Bozhovich, 1976).

La concepción del mundo, sistema de principios, ideas, conceptos, creencias, mitos, y realidades surge en esta etapa como importante formación motivacional compleja de la personalidad, producto de las necesidades de independencia y autodeterminación propias del joven. Esta formación psicológica «es la adquisición más importante del desarrollo psicológico en esta etapa, aunque se sigue desarrollando en otras edades» (Domínguez, 2014:41). La concepción del mundo, además, integra y sistematiza otra formación psicológica compleja de inestimable importancia: Los valores.

Los valores, en tanto formaciones subjetivas de la personalidad, poseen contenidos que se corresponden con significados socialmente valiosos, como son la responsabilidad, honestidad, altruismo, justicia, dignidad, los cuales le permiten al joven valorar moralmente lo que acontece en su entorno social, de su propia persona, y de las otras personas con las cuales interactúa y se relaciona. En la juventud la formación de valores cobra especial relevancia por constituir este un período particularmente sensible al respecto (Domínguez, 2014).

En el proceso de desarrollo de la personalidad otro componente de incuestionable valor lo constituye la identidad personal o autovaloración. En la misma se expresa la capacidad de autoconocimiento y autoevaluación del sujeto, de sus capacidades físicas, psicológicas y morales, permitiendo especialmente en la juventud la posibilidad de proponerse tareas para su autoeducación. En esta etapa, esta formación subjetiva debe alcanzar un importante grado de estructuración y estabilidad, donde el principal propósito a realizar por el joven es el de determinar su futuro lugar en la sociedad.

En conexión con esto, la elección de la futura profesión o actividad laboral, y su desempeño, se apoyarán en la valoración que él mismo haga de sus capacidades, cualidades, intereses y aspiraciones, los cuales forman parte esencial en la elaboración del proyecto de vida o sentido de vida. Esta reflexión permitirá al sujeto orientar su actividad presente hacia el logro de objetivos futuros situados en una perspectiva temporal mediata. La elección de la futura profesión, o el desempeño laboral, ocupa un lugar elevado en la jerarquía motivacional.

El proceso constructivo del proyecto de vida, sistema que integra los proyectos futuros, permite al joven la elaboración de objetivos mediatos, aspiraciones y expectativas vinculadas a las principales esferas de realización del mismo como lo son la familia, la profesión, su autorrealización. Estas formaciones psicológicas de la personalidad en esta etapa juvenil deben alcanzar un alto grado de estructuración y poder de regulación, lo cual es estimulado por las exigencias que imponen a la conducta del joven su entorno social, vinculado además a la necesidad de autodeterminarse en las distintas esferas de su vida y que cobran para el mismo un sentido personal.

La Situación Social del Desarrollo (S.S.D) en este periodo, como refiere (Domínguez, 2014), conduce al proceso de autodeterminación de la personalidad, en congruencia con las tareas y exigencias que el joven deberá cumplimentar. Esto supone que la posibilidad de lograr este nivel de regulación dependerá tanto de las condiciones de vida, como las de educación en los que haya transcurrido el desarrollo personológico del sujeto.

En torno a esto conoceremos como se manifestó el desarrollo y estructuración de las diferentes configuraciones subjetivas de la personalidad en estos jóvenes preuniversitarios, sus regularidades y tendencias generales, condicionadas por factores individuales y sociales, lo cual supone la consideración inexcusable del momento histórico-social por el que atraviesa nuestro país actualmente, y que no escapa de la influencia del mundo contemporáneo.

En sintonía con esto, y como acertadamente expresara la prestigiosa investigadora cubana sobre juventud Laura Domínguez:

El nuevo milenio exhibe como fatal herencia la existencia de un mundo unipolar, neoliberal y globalizado (…), un mundo en el que la especie humana corre peligro de extinción y donde acudimos al florecimiento de una ética postmoderna, portadora de concepciones que legitiman el hedonismo, el individualismo y la desmovilización (...). El progreso tecnológico (…) no ha significado necesariamente progreso social, sino más bien ha conducido al deterioro de los valores de igualdad, libertad y fraternidad, pacientemente creados por la humanidad. La crisis económica, política y social que vive el mundo de hoy afecta de distintas formas el pensamiento (…) (Domínguez, 2014: 43-44).

Desafortunadamente, nuestros jóvenes de hoy no están exentos de estas nocivas influencias.

Caracterización psicológica de un grupo de jóvenes de 12mo grado

Los principales logros del desarrollo psicológico en esta etapa (…) constituyen una manifestación de la principal dirección que sigue todo el desarrollo de la subjetividad humana saludable: la hermosa y a la vez difícil tarea de “crecer”.

Laura Domínguez García.

En la edad juvenil la concepción del mundo surge como neoformación típica de esta etapa. Veamos a continuación cómo se comportó la representación que tienen estos estudiantes de la vida, y cómo ellos regulan su comportamiento hacia el logro de su autodeterminación.

Primeramente abordaremos el área de los estudios actuales, como actividad presente reguladora de su conducta, y en su vínculo hacia la obtención de la futura profesión. En este punto consideraremos la actitud asumida por estos estudiantes en dicha actividad, la estructuración de estrategias para el logro de los objetivos que se plantean y la temporalidad de estos proyectos. Igualmente valoraremos en qué medida se manifestó la estructuración y desarrollo de los procesos autovalorativos; principalmente aquellos vinculados a la esfera estudiantil/profesional. Constataremos si estos actúan como reguladores de su comportamiento presente hacia el logro de la autodeterminación.

Se pudo constatar a través de los contenidos expresados la concepción que tienen estos estudiantes en relación a la actividad de estudio y el interés manifestado hacia la misma como vía de satisfacción de intereses cognoscitivos y profesionales. Algunos de ellos vincularon la actividad de estudio como motivación hacia la superación y como finalidad hacia la consecución de determinadas metas y propósitos en la vida: “Estudio: para superarme; para obtener una buena carrera; para lograr ser alguien en la vida”. Como apreciamos, se expresan componentes afectivos positivos en los contenidos manifiestos. Sin embargo, la frecuencia con las que emergen estos sentidos positivos se muestra en menor medida en los muchachos en comparación con las muchachas. Igualmente afloraron contenidos negativos aunque en menor medida, y se evidenciaron muy pocos ambivalentes. En sentido negativo: “quiero que se terminen porque me estresan; los odio; estudio no todo lo que debería; cuando tengo pruebas”; mientras la ambivalencia se expresa en frases como: “son necesarios pero aburridos; no me gusta estudiar, pero lo hago”.

Desde este prisma se puede apreciar cómo se manifiesta en esta edad juvenil una gran diversidad que se expresa desde una actitud responsable y positiva con una orientación hacia esta actividad en términos de motivaciones intrínsecas, a una actitud negativa e irresponsable caracterizada por un marcado desinterés.

En aquellos casos en los que a pesar de que no exista un disfrute por el estudio, y aspiren a ingresar en la universidad, constituirá esto un elemento que atente contra la calidad del acceso a la educación superior pues no existen motivaciones intrínsecas hacia el mismo. En este sentido, en los contenidos declarados, por lo general, no se aprecian intereses por la búsqueda del conocimiento, motivada desde lo interno, sino que éstos se orientan al logro de determinados fines de carácter extrínseco, que además no se fundamentan con precisión, demostrando escasa elaboración personal. Coherentemente como tendencia se expresa una actitud pasiva en la búsqueda y exploración de nuevos conocimientos, en la realización de actividades y estrategias concretas para lograr los fines o propósitos proyectados en la esfera estudiantil/profesional.

Siguiendo este mismo orden en esta etapa el estudio adquiere un carácter científico-profesional, principalmente para aquellos jóvenes que continuarán en los estudios superiores. Desde esta lógica los jóvenes deberán asimilar contenidos pertenecientes a diversas disciplinas, de elevado nivel de abstracción y generalización. En consonancia, en este período juvenil se consolida el pensamiento conceptual teórico, y donde según (Bozhovich, 1976), adquiere un carácter emocional personal. El joven se interesa por la solución de problemas cognoscitivos generales y por todo lo relacionado con los valores morales e ideológicos, dada su necesidad de autodeterminación y su aspiración a elaborar una concepción del mundo propia.

Otra característica del pensamiento conceptual teórico es la de ser reflexivo. Las operaciones intelectuales propias del sujeto se convierten en objeto de su atención, análisis y evaluación, y él debe aprender a operar, de manera intencional, con ellas. En relación con esto, en dichos estudiantes se manifestó una pobre elaboración personal en sus declaratorias, sus reflexiones fueron escasas, poco profundas, se caracterizaron por ser formales, descriptivas y vacías, predominando las frases cliché. Se evidenció pobreza en el vocabulario lo cual da muestra de un limitado desarrollo de los procesos cognoscitivos que actúan como mediadores, específicamente aquellos relacionados al desarrollo del pensamiento y a la esfera intelectual.

En cuanto a los intereses cognoscitivos, se expresó la necesidad y el deseo de obtener una profesión futura, sin embargo no se mostró una actitud estudiantil activa orientada a la búsqueda y exploración del conocimiento con acciones específicas a realizar, con independencia y creatividad.

Aquí es importante precisar que, según refiere Bozhovich (1976), se encuentran entre las causas del insuficiente desarrollo intelectual y de los intereses cognoscitivos el formalismo y verbalismo propio de la enseñanza tradicional, que trae muchas veces como consecuencia que los estudiantes tiendan a memorizar contenidos que no comprenden, ni poseen un sentido personal para ellos. Este limitado desarrollo de los intereses cognoscitivos y del pensamiento conceptual teórico, influirá de forma negativa en el proceso de conformación de la concepción del mundo, de los ideales generalizados, de la autoconciencia y de la autovaloración.

Registremos en este punto algunas valoraciones vinculadas con diferentes asignaturas: “Bastante fáciles; interesantes; un poco complejas y difíciles; aburridas”. Al analizar las diferentes valoraciones, podemos inferir que las causas de las diferencias entre unos y otros estudiantes, y donde los intereses cognoscitivos se expresan de manera irregular, pudieran estar relacionadas con el contenido de la motivación y los métodos de obtención del conocimiento. En torno a esto uno de los factores que pudiera actuar como condicionante es la labor profesional del maestro(1), es decir sus competencias, destacándose entre las asignaturas preferidas y mejor entendidas aquellas en las que señalaban al profesor como eje de su motivación e interés, resaltando sus conocimientos y capacidades intelectuales, su estilo de comunicación al impartir las clases, así como sus cualidades personales.

Así por ejemplo ellos expresaron frases como: “Biología porque me gusta como dan las clases; Mis asignaturas favoritas son Biología e Historia. Las clases de Biología son muy interesantes, además que imparten buenas clases, son interesantes y te motivan. Historia de Cuba, porque el profesor imparte muy buenas clases donde todos podemos expresar nuestros criterios. Me motiva la Biología por la forma en que la profesora da la clase pues se entiende muy bien; otra sería la historia por el mismo motivo”. Como vemos queda claro que para estos estudiantes las asignaturas preferidas fueron las de Biología e Historia. Es pertinente acotar la necesidad de velar por la actuación profesional de los maestros. De esta manera queda comprometida la calidad de la enseñanza impartida, todo lo cual repercute desfavorablemente en la calidad y formación estudiantil de estos jóvenes preuniversitarios.

Llegado este momento, considerando la necesaria relación entre la actitud responsable y activa durante los estudios presentes y la aspiración de obtener una carrera universitaria, conoceremos como se manifestó dicho vinculo en estos estudiantes; esto es, en qué medida afloraron los contenidos asociados al deseo de obtener una futura carrera y como ellos han hecho posible desde su rol activo que se regule en esta dirección su conducta para el logro de este proyecto inmediato.

La elección de la futura profesión o el desempeño laboral ocupa un lugar elevado en la jerarquía motivacional en esta etapa juvenil, erigiéndose como tarea difícil y por demás compleja para estos jóvenes aspirantes a una profesión en el futuro. En la esfera profesional se expresan proyectos a alcanzar. Se confirmó que entre las diferentes expectativas de futuro en ambos sexos se manifestaron objetivos profesionales. Desde una perspectiva inmediata se encuentran: “culminar los estudios pre–universitarios; obtener buenos resultados en las pruebas de ingreso; el ingreso a la Educación Superior”, así como desde una perspectiva mediata se destacan “graduarse, ejercer profesionalmente la carrera, y continuar especializándose.”

Es preciso resaltar que la futura profesión se destaca como un contenido importante de las expectativas futuras de estos jóvenes, lo cual es coherente con su actividad fundamental en este periodo etario, donde los mismos deberán elegir responsablemente a qué actividad laboral desean dedicarse en el futuro. De esta forma la futura profesión se constituye como un motivo que se expresó en el plano consciente. Podemos referir frases asociadas a dicha esfera: “deseo: Graduarme y ser una profesional; coger la universidad en la carrera que más me gusta; ser buena en mi profesión”.

Sin embargo existe marcada incongruencia entre lo declarado por ellos como necesidad de optar y obtener una futura profesión, y un adecuado desempeño en su actividad estudiantil, ya que, según referíamos antes, como tendencia en ambos sexos se expresó una actitud mayormente pasiva e inconstante hacia la actividad de estudio, no articulándose con recurrencia acciones concretas y dinamizadoras de la misma.

Se constatan minoritariamente algunos casos que muestran una disposición activa hacia los estudios en frases como: “debo estudiar; voy a estudiar para superarme y superar todos los retos que se me presenten”; tengo que estudiar mucho”. Pero realmente los contenidos que más afloraron en este sentido fueron: “debo esforzarme; muy paciente; tengo que trabajar en base a ello”, frases que expresan determinadas acciones, pero que no explicitan a qué tipo de actividad se refieren: si es buscar información, profundizar en los conocimientos, programar tiempos de estudio, ir a bibliotecas.

No se refleja vínculo emocional, ni elaboración personal, dando cuenta en ello de una posición pasiva, en la que no se plantean adecuadas estrategias para el logro de sus metas profesionales en una perspectiva futura a corto o largo plazo. Igualmente no tienen en cuenta la previsión de los obstáculos(2) que pudieran aparecer y por lo tanto enfrentar en aras de la consecución de sus fines profesionales. Los contenidos expresados quedan tan solo en la declaratoria, en un plano descriptivo y formal no regulador del comportamiento. Estos resultados concuerdan con lo referido por González & Mitjans (1989), el cual expone que el sentido personal que no expresa contenidos individualizados sobre diferentes aspectos de la vida individual del sujeto carece de valor regulador para la personalidad.

Esto nos indica que la actividad de estos estudiantes, en la situación presente, por lo general, no estará regulada hacia una elección profesional responsable y autónoma. Como se aprecia no elaboran conscientemente la importancia de los estudios actuales, y su influencia, para la obtención de la futura profesión. En conexión con esto, otro indicador importante que demostró la posición pasiva e inconsistente fue la no permanencia en la elección, lo cual se pudo reafirmar a la hora del llenado de la boleta en tiempo real. Es decir, no hubo congruencia en la intención de elección realizada en el contexto de esta investigación y la verdadera y real decisión final.(3) Esto confirma que los mismos no estaban preparados para realizar una elección profesional responsable.

Ahora nos referiremos al desarrollo de uno de los procesos psicológicos que en esta etapa adquieren mayor significación para el logro del desarrollo personal/profesional: la autovaloración o identidad personal. En la juventud la identidad personal debe consolidarse y, por tanto, la representación de sí mismo debe ser cada vez más flexible, estructurada y fundamentada, lo que indica que esta formación va ganando en estabilidad y objetividad, sirviendo de apoyo a la elaboración del sentido de la vida o proyecto de vida. Esto supone que el joven deberá estar en condiciones de realizar una valoración de sus intereses, capacidades y posibilidades, partiendo de sus aspiraciones y, en correspondencia con esta evaluación, tomar una decisión más fundamentada. (Domínguez; Fernández & Ibarra, 2003).

En este grupo de jóvenes se pudo verificar que los procesos autovalorativos asociados a la esfera estudiantil/profesional no se encuentran suficientemente estructurados. Ellos no realizan una valoración adecuada y consciente que sea coherente con su actividad presente, ni en lo referido a los estudios actuales, ni en cuanto a la autoevaluación crítica de sus cualidades y capacidades personales para el futuro desempeño de la profesión a elegir. Mostraron una especial incongruencia en los contenidos declarados. Como tendencia se autovaloraron en términos positivos: “soy estudiante modelo; estudioso; soy maravillosa; inteligente; soy muy aplicada; creo ser bueno”. Otros mostraron una autovaloración más flexible: “soy un poco relajado pero bueno; debo mejorar; soy normal; soy finalista; no soy la mejor pero tampoco la peor”. Solo dos de ellos se valoraron negativamente: “no me siento muy motivada actualmente y no doy ejemplo”.

Gran parte de la muestra expresa que consideran poseer las características personales idóneas para el estudio y futuro desempeño en la profesión de su preferencia. Sin embargo, muy pocos son los que sustentan esta valoración crítica de sus cualidades a través de criterios adecuadamente fundamentados, los cuales por lo general fueron muy concretos y con pobre elaboración personal. De esta forma es evidente que los procesos psicológicos dirigidos a la autoexploración y al autodescubrimiento del mundo interno asociado a la futura profesión se encuentran insuficientemente desarrollados.

No obstante, esto es coherente teniendo en cuenta la complejidad que estos procesos encierran en sí mismos, y, aparejado a que los dejan a su desarrollo espontáneo, no se educan. Esto contribuye desfavorablemente a que estos estudiantes no realicen un análisis autoconsciente y crítico de sus propias características potenciales y las debilidades vinculadas a la esfera estudiantil-profesional, lo cual conspirará desfavorablemente en la calidad de su elección profesional y en la posterior permanencia en los estudios superiores. En torno a esto es importante acotar que es necesario fortalecer el elemento de los procesos autovalorativos asociados a la profesión a través de un programa de orientación profesional.

Pasemos ahora a analizar la jerarquía motivacional como elemento básico para comprender con mayor profundidad la dinámica psicológica de estos jóvenes. En la jerarquía de motivos aparece la futura profesión en el primer peldaño. Sin embargo, es imprescindible resaltar que se expresó reiteradamente, en diferentes niveles de la pirámide, un predominio de las necesidades materiales:

Deseo vivir en una mansión con todas las comodidades; que mi carrera me proporcione un buen sustento económico; que el dinero me acompañe; trabajar para satisfacer cómodamente mis necesidades; ser millonario, tener un carro del año, tener muchos carros, tener una moto, tener una casa con piscina, tener un casino en Las Vegas, muchas ropas, un jet privado, una discoteca para mí.

Considerando en este punto las diferencias de género, las necesidades económicas emergieron con mayor prevalencia en los muchachos que en las muchachas. La satisfacción de este tipo de necesidades en las féminas aparece conectada no solo a su individualidad sino también a la colaboración con la familia y a la sociedad; en los muchachos éstas aparecen conectadas a la satisfacción de necesidades individuales en detrimento de las sociales.

El surgimiento y prevalencia de estas necesidades pueden estar condicionadas socialmente por la crisis económica, dada las carencias materiales que por años nuestro país ha tenido que enfrentar. Acompañado a esto nos encontramos también con la influencia publicitaria de corte mercantilista, que no es propia de nuestros medios, pero que los jóvenes si consumen por otras vías alternativas gracias al desarrollo tecnológico. A través del consumo de películas, series y telenovelas, los jóvenes se identifican con modelos artísticos que se instituyen en un ideal para ellos, se promueven determinados estándares de vida asociados a la fama, el poder, el dinero, de gozar de una vida llena de triunfos, lujos y hasta quizás de gozar de una vida emocionalmente activa y placentera. La exposición a este tipo de contenido puede resultar nociva y los jóvenes son especialmente vulnerables.

Desde esta realidad, como vemos, la juventud cubana actual no está al margen de tales condicionamientos. El proceso de construcción de la identidad juvenil se encuentra atravesado por problemas asociados a nuevas y profundas diferenciaciones sociales, a conflictos de valores, a la identificación con determinados grupos, al predominio de la ética del “tener”, por encima de la ética del “ser”, a la tendencia de algunos jóvenes a la inmediatez, de actitud presentista para satisfacer sus necesidades materiales, en detrimento de la preparación y superación intelectual. En torno a esto se desprenden importantes cuestiones a repensarse ¿Dónde están las aspiraciones altruistas y el compromiso social que años anteriores caracterizaba a nuestra juventud? ¿A qué contradicciones se encuentran estos estudiantes abocados? ¿Cómo podemos resolverlas?

Tal pareciera que los valores altruismo, solidaridad, laboriosidad, cooperación y compromiso social han perdido posición en la escala de motivos de nuestra juventud. Existe una marcada prevalencia hacia la satisfacción de las necesidades individuales de orden económico y material en detrimento de la satisfacción de beneficios sociales y colectivos. En este punto es importante volver a retomar la elección profesional.

Una de las contradicciones y conflictos más comunes que se dan en el proceso de toma de decisión profesional se sustenta en el gusto o preferencia por una carrera que no es bien remunerada. Una pregunta que con notable recurrencia se hacen nuestros jóvenes es: “¿Cuánto voy a cobrar cuando me gradúe?”. En los contenidos por ellos manifestados expresan su disconformidad con la retribución que devengarán a través del ejercicio profesional, donde se plantean que no existe congruencia entre el empeño para convertirse en profesional y el futuro salario a recibir, considerando que el mismo no les alcanzará para satisfacer todos sus deseos y aspiraciones materiales.

Desde este supuesto unos manifiestan el deseo de encontrar un trabajo u oficio que le reporte dinero, que les permita comprar los artículos que necesiten, y poder ayudar a su familia, mientras otros prefieren emigrar a otros países en busca de otras oportunidades laborales que les permita lograr cierta posición y prosperidad económica. Es pertinente y vital reforzar la educación en valores a nuestros jóvenes, en tanto relevo indispensable de la sociedad futura.

Urge la necesidad de potenciar el valor al estudio, a la superación, al crecimiento personal y espiritual, al altruismo y al trabajo, erigiéndose este último como fuente de realización personal y satisfacción de necesidades económicas, e igualmente importante como espacio de satisfacción de necesidades sociales motivadas desde lo interno, que contribuyan al progreso y sostenibilidad de nuestro futuro social. Es de significativo valor concientizar que lo que le sucede a nuestros jóvenes es en gran parte responsabilidad de la familia, la escuela y la sociedad en general. Somos nosotros, los adultos, quienes tenemos el pertinente encargo social de educar y formar adecuadamente a las futuras generaciones.

Otra formación motivacional de significativo valor, que en este período debe lograr un mayor grado de estructuración y desarrollo consciente es la motivación profesional. En estos jóvenes se realizó un estudio profundo de su motivación profesional, el cual develó que ésta se encontraba insuficientemente desarrollada. En cuanto al desarrollo de la motivación profesional a través de la relación de sus aspectos estructurales/ funcionales y de contenido, se constató que no había alcanzado un adecuado nivel de desarrollo, en tanto no se expresó el mismo nivel en cada una de sus dimensiones.(4) Algunas aparecieron más afectadas que otras, obstaculizando de esta forma el desarrollo armónico de la motivación profesional como formación psicológica superior y compleja de la personalidad. Se evidenció que la dimensión afectiva, y la dimensión perspectiva temporal, se expresaron de manera satisfactoria, las cuales pudieran mediar como reguladores favorables en la actividad presente de estos estudiantes.

Sin embargo, la dimensión cognitiva, la dimensión autovalorativa, y la posición asumida por estos estudiantes como sujetos activos en la regulación de su actividad estudiantil, resultaron insuficientemente desarrolladas, tanto en su estructuración como en el insuficiente funcionamiento de sus indicadores funcionales. En cuanto a los contenidos de la motivación afloraron tanto motivos de carácter extrínseco como de carácter intrínseco asociadas al estudio de la futura profesión, emergiendo en ello diferencias de género.

En las muchachas, la tendencia estuvo orientada ligeramente hacia el predominio de motivaciones intrínsecas destacándose las necesidades de superación y realización personal/profesional a través del ejercicio de la profesión, de profundizar en su conocimiento. Las motivaciones extrínsecas se asocian a la satisfacción de necesidades de fama, prestigio, dinero, de aceptación, respeto, y reconocimiento social, mediadas por la influencia del imaginario social de las profesiones, así como a la satisfacción de las expectativas de los padres: “Toda mi vida he visto como en la televisión salen los periodistas, y con toda su intelectualidad debaten temas de suma importancia (…): me hubiera gustado ser una de esas chicas".

La tendencia en los muchachos se orienta más hacia cuestiones ajenas a la esencia de la profesión con un predominio de motivos extrínsecos. Se detectó el ingreso a la Universidad como un mecanismo para disminuir el tiempo del servicio militar, como espacio de interacción con personas del otro sexo, así como afloró el estudio de la carrera mediado por los beneficios económicos en el ejercicio profesional futuro. Esto es coherente con lo expresado por Domínguez (2005), la cual apunta que en la práctica existe un predominio de las motivaciones no orientadas al contenido de la profesión, es decir, a sus atributos externos. Como vemos, esto se continúa reproduciendo.

Es importante enfatizar que en ambos sexos se evidenció un condicionamiento socio-económico de la motivación profesional, o sea, muchas de las motivaciones extrínsecas se identificaron por la recurrencia en la que emergieron las necesidades materiales en su jerarquía motivacional. Desde este supuesto el condicionamiento socio-económico de la motivación profesional determina una proyección hacia el futuro desempeño profesional de estos estudiantes orientado hacia otros contextos ajenos al nuestro. Ellos no identifican a nuestro país como un mercado laboral que les permita lograr bienestar económico. Se constató la aspiración de poner el desarrollo de la profesión en función de un beneficio personal de orden económico en detrimento de un beneficio social, así como la aspiración de un ejercicio privado de la profesión. En este punto es importante que los jóvenes reconozcan que entre los motivos extrínsecos y los intrínsecos debe existir un adecuado equilibrio.

Es vital para la supervivencia humana la satisfacción adecuada y real de sus necesidades económicas y materiales -entiéndase casa, comida, ropas, de recibir una remuneración a través del ejercicio profesional, de recreación y esparcimiento. Pero esto no debe hiperbolizarse en detrimento de aquellos motivos de carácter intrínseco como es la vocación por la profesión, el sentido humanitario, el deber y el compromiso social, en tanto todos somos poseedores de una naturaleza social, lo cual es vital para nuestro propio crecimiento y desarrollo. Sería un error fatal desentendernos de tan importante cuestión.

Desde otro ángulo es indispensable referir, ya que emergió de manera recurrente, la significación que para estos estudiantes tiene su familia de origen. Aparece un vínculo afectivo positivo asociado a la misma -cuestión a considerar-, en tanto se destaca cuán importante resulta la influencia de la familia para este grupo de jóvenes. En este periodo de desarrollo, los jóvenes tienden a mostrarse mucho más independientes y autodeterminados con respecto a las relaciones con sus padres, las cuales se basan en el respeto mutuo y en el juicio o valoración crítica de sus cualidades psicológicas y morales. No obstante, pueden existir confrontaciones y dificultades en la comunicación entre padres e hijos, condicionado por la complejidad de su mundo interno.

Todos estos jóvenes proyectaron sentimientos favorables hacia sus padres, con un profundo sentido personal, percibiéndose una gran implicación emocional y vivencial en sus expresiones, aún en aquellos que no cuentan con su necesaria presencia:

Que mi mamá nunca me abandone; que siempre me guíe; que mis padres estén siempre a mi lado; que mis padres estén bien; la prosperidad de mis seres queridos; no defraudar a mis padres; después de todo que no le pase nada malo a mi papá aunque no tengamos vínculo; poder brindarle a mis padres todo lo que se merecen; poder ayudar a mi familia para que no pase trabajo; siempre me apoya; es muy comprensiva; muy unida; muy especial.

Como se puede apreciar, existe un fuerte consenso relacionado a la esfera familiar como agente socializador importante en la vida de estos jóvenes.

En cuanto a la proyección futura, teniendo en cuenta otros intereses, se evidenció que muchos de ellos no poseen una adecuada estructuración de los mismos, y además en sus contenidos se denota inseguridad y dudas. Por ejemplo: Cuando pienso en el futuro:Me quedo en blanco; me deprimo; a veces la mente se me queda en blanco; me aflijo un poco; no sé lo que la vida me depara”; mientras que otros expresan como planes futuros: “Vivir mi vida minuto a minuto; vivir la vida al máximo; vivir la vida con intensidad”.

Como aquí se evidencia, la elaboración activa del sentido de la vida no se produce de igual manera en todos los jóvenes, ya que en algunos sujetos se observa una actitud pasiva y presentista, de orientación casi inmediata hacia lo que acontece a su alrededor, en “el aquí y el ahora”, ante la idea de que le futuro llegará por sí solo. Igualmente se esbozan otros contenidos relacionados con otras aspiraciones como: “Llegar a ser alguien; llegar en alto; alcanzar lo que más quiero”. Sin embargo, estos proyectos personales evocados no expresan una perspectiva temporal estructurada, ni precisan en qué esferas de interés anclan dichas metas. La no existencia de un contenido claro en estas expresiones revela que estas aspiraciones de futuro no permiten estructurar de manera consciente un proyecto de vida.

No obstante, se manifestaron necesidades asociadas a las relaciones de pareja, a la familia futura, a las relaciones con los amigos así como deseos referentes a viajar. Respectivamente se expresaron proyectos relacionados a las relaciones de pareja, en tanto la búsqueda de una mayor estabilidad en estas relaciones constituye una tendencia en esta etapa. Las necesidades en cuanto a la búsqueda de la pareja ideal se mostró con un mayor predominio en las muchachas que en los muchachos. Por ejemplo: “casarme; ser muy feliz; que me quieran como me lo merezco; estar con el chico que me gusta”. Se puede apreciar la tendencia a la búsqueda de relaciones más estables con el otro sexo, siendo más selectivos. La elección de la pareja suele ser más espiritual que física, en tanto en estas edades se controlan más los impulsos.

Como referíamos antes, los proyectos de vida devienen como regularidad de esta etapa, considerándose dentro de ellos la descendencia; en tanto tienden a valorar la formación de su nueva familia como aspiración a mediano o largo plazo. En conexión con esto se expresaron deseos referentes a la formación de la familia futura como proyecto de vida a realizar a largo plazo: “Ser madre; tener hijos; formar una bella familia; ser un buen padre; un hijo varón; tener una gran familia; tener muchas hijas”. En esta etapa juvenil aparece como tendencia el proyecto de creación de la familia propia, la preparación para el matrimonio y la llegada del primer hijo. Estos contenidos afloran en ambos sexos, pero con mayor recurrencia en las muchachas, lo que se corresponde con la tríada mujer-madre-esposa que aparece en el imaginario social instituido y que se perpetúa a través de los años en la cultura patriarcal. No obstante, aunque estos jóvenes evoquen estos deseos, son sus principales prioridades la futura profesión, la satisfacción de necesidades materiales, ayudar a la familia de origen y la satisfacción de otros intereses. Aquellos objetivos relacionados con la creación de familia futura, no se encuentran aun adecuadamente estructurados.

En cuanto a los amigos se constatan diversas expresiones favorables y afectivas vinculadas a las relaciones de amistad. A través de ellas se constatan como en este periodo del desarrollo los jóvenes, al ir conformando su propia concepción del mundo, realizan sus propias valoraciones y conceptos con respecto a la amistad, siendo ésta mucho más selectiva, diferenciando a los compañeros de los amigos. Estos jóvenes expresaron sus concepciones al respecto y hubo un predominio de valoraciones positivas sobre las negativas.

Por otro lado encontramos que en ambos sexos emergieron deseos vinculados a viajar en un futuro de manera reiterada, emergiendo con mayor recurrencia en las muchachas. Este dato resulta coherente con estudios realizados anteriormente donde se ha constatado que en nuestro país en las migraciones hacia el exterior de la isla, las mujeres tienen una participación más activa, en tanto el 55,4% del total de migrantes jóvenes fueron en este caso del sexo femenino (Alfonso; Rodríguez & González, 2011).

En coherencia con esto, los datos reportados dan cuenta de que muchos de los deseos de estos jóvenes se encuentran relacionados con intereses de conocer el mundo, de vivenciar nuevas experiencias, y de trabajar en otros países:“Viajar a Gran Bretaña; Vivir en Alemania; Poder conocer lugares nuevos; Viajar por todo el mundo; Viajar y conocer otros países”. Considerando la relación que ellos establecen entre viaje/ejercicio profesional vemos cómo ésta aparece condicionada por factores económicos que los llevan a proyectar su futuro desempeño en otros contextos ajenos al nuestro: “(…) un universitario en Cuba no tiene futuro, por lo que pienso graduarme e irme a ejercer a otro país”; “Viajar a otro país a desempeñar mi carrera”.

En las motivaciones de estos jóvenes no se expresa un adecuado nivel de estructuración de conciencia social; sus proyecciones están marcadas más a lo individual que a lo social. En los mismos, al referirse a su país, lo que resalta es la no identificación en Cuba de un contexto favorable para su desarrollo personal/profesional, sobre todo en lo que concierne a la satisfacción de necesidades económicas: “Irme de este país (…); no me motiva ejercer aquí”.

Apremia incuestionablemente la necesidad de trabajar en fortalecer los lazos identitarios con respecto a nuestro país y al compromiso social que de ello emana, al desarrollo de sentimientos de pertenencia, de potenciar una estructuración reflexiva y consciente en este sentido. Es preocupante la limitada expresión de motivos vinculados con su país, lo cual da cuenta del insuficiente grado de compromiso y de sentimientos de arraigo relacionados con esta esfera.

Parafraseando el popular refrán “Juventud: divino tesoro”. Hace un poco más de dos décadas, la educación cubana era altamente reconocida por su prestigio a nivel nacional e internacional. Nuestra juventud es bella y además poderosa, pues sus cimientos son sólidos. Son hijos de padres que se formaron en una Cuba que se consagró en educarlos y potenciarlos hacia altos niveles de intelectualidad y de creencias y amor patrios. La situación histórica, política y social de nuestro mundo contemporáneo es difícil y compleja. Aunemos nuestros propósitos y acciones con voluntad, conciencia y compromiso para proporcionarles a nuestros jóvenes una educación de excelencia.

Referencias bibliográficas

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-González, Fernando y Mitjáns, Albertina (1989). La personalidad. Su educación y desarrollo, 267 pp., Editorial Pueblo y Educación, La Habana. SNLC: CU 0162180.7

Notas

1 El desempeño profesional del maestro fue un elemento que afloró recurrentemente a través de la interpretación del cuestionario.

2 Por ejemplo la aparición de problemas en la vida personal del sujeto, o bien determinada situación que aparezca de forma inesperada. Igualmente en la previsión de obstáculos se considera la capacidad del sujeto para tener en cuenta otras vías alternativas de ingreso a la universidad, en caso de no alcanzar su propósito en ese momento.

3 Esta información fue proporcionada por la profesora guía del grupo encuestado.

4 Para la caracterización de la motivación profesional se analizaron como dimensiones que la integran la afectiva, cognitiva, autovalorativa, la posición del sujeto, perspectiva temporal, y los contenidos de la misma en términos de motivos intrínsecos y extrínsecos.

 
 
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