Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Identidad cultural Rastafari y participación social. Reflexiones a partir de un grupo de jóvenes rastas de La Habana  
MsC. Yoannia Pulgarón Garzón

Resumen

El artículo se acerca a la identidad cultural Rastafari de un grupo de jóvenes rastas de La Habana. Tiene como objetivo el análisis de los elementos que estructuran el sentido de pertenencia a la cultura Rastafari y las formas de participar que mediante estas adscripciones tienen los sujetos estudiados. Sobresalió como resultado la importancia de la música reggae para las identidades de estos jóvenes, convirtiéndose esta en una vía efectiva para participar y defender la cultura.

Palabras clave: Identidad, sentido de pertenencia, cultura Rastafari, participación social, jóvenes

Rastafari cultural identity and social participation. Reflections from a rastas young group of Havana Summary

The article is about the Rastafari cultural identity of a rastas young group of Havana. Aims to analyze the elements that structure the sense of belonging to the Rastafarian culture and ways to participate that through these secondments are the subjects studied. He excelled as a result the importance of reggae music for the identities of these young people, making this an effective way to participate and defend culture. Keywords: Identity, sense of ownership, Rastafari culture, social participation, young

Introducción

La cultura Rastafari, en algunos casos también denominada como Movimiento Rastafari, surge y se desarrolla en Jamaica, a partir de 1930. En sus inicios, se convirtió en un movimiento de resistencia, y una respuesta cultural alternativa ante el colonialismo vivido por tantos años en esta isla caribeña. Los postulados ideológicos promovidos desde las etapas iniciales exaltaban el orgullo racial y la valorización de la cultura y la historia de África –todo esto a través de corrientes de pensamiento: el etiopianismo y el garveyismo (Furé, 2011). Esta cultura ha dejado un legado en muchas sociedades contemporáneas. El interés por estudiarla se ha debido, entre otras cuestiones, a su carácter contracultural y al funcionamiento articulado de su sistema simbólico. Muchas investigaciones la han tenido como protagonista, e indagado en los elementos culturales que ha aportado a cada contexto social, así como en su impronta como exponente y fiel defensora de tradiciones y costumbres africanas.

Los abordajes científicos sobre Rastafari datan de la segunda mitad del siglo pasado y han sido asumidos desde diferentes enfoques y disciplinas como la Antropología, la Sociología, la Musicología, etcétera. Todas han aportado para la construcción del conocimiento sobre el tema. Uno de los pioneros fue el acercamiento realizado por Simpson (1970) al sistema de creencias Rastafaris en sujetos jamaicanos desde una perspectiva antropológica. Por su parte, Leonard Barret (1977) sería el precursor en hacer referencia a la pluralidad de expresiones de lo Rastafari surgidas entre los años sesenta y setenta, representativas de diversas orientaciones como consecuencia de la expansión del rastafarismo y su proyección internacional.

Alrededor de los años sesenta del pasado siglo comenzó la descolonización gradual del Caribe y el despertar de las minorías étnicas, raciales y de género en el mundo (García, 2012). Ello, unido a los procesos de cambio y contacto cultural, condujo a los primeros virajes en el estudio del fenómeno en el área. En este avance teórico se destacó el aporte de Rex Nettleford (1978), desde las aristas de raza, resistencia e identidad y dominación /subordinación. Se rompe así el rígido esquema anterior, basado en la descripción del sistema de creencias Rastafaris, desplazándose la mirada hacia sus tendencias ideológicas y culturales. Otros referentes analizaron la contribución cultural de esta entidad simbólica al historiar el proceso de surgimiento y difusión internacional del reggae como música popular auténticamente jamaicana (Constant, 1982; Clarke, 1980 y 1987).

Ya en los años noventa, con el despertar de los análisis sobre la globalización surgidos en la tradición de los estudios culturales, se produce un vuelco definitivo. Los enfoques asumidos estudian las expresiones del rastafarismo como un fenómeno que adopta, de manera creciente, un carácter multiétnico y global (Habekost, 1994; Murrel & Taylor, 1998). Son trabajos que toman en consideración el rol de las migraciones inter-transcaribeñas y la propagación de la música reggae, fundamentalmente.

En fechas más recientes, han cobrado auge los análisis desde escenarios latinoamericanos, a partir de la universalización que ha alcanzado el consumo de reggae y las prácticas asociadas al estilo rasta. Destacan en ese sentido investigaciones realizadas en Chile, que revelan el carácter globalizado de esta cultura y las diferentes formas en las que son asumidos sus códigos y prácticas como resultado de su contextualización. En el caso de los estudios chilenos (Lagos, 2010) y (Faúndez, 2012) se abordan dos formas diferentes de expresión de este movimiento en el país latinoamericano, matizados por la manera en que llevan o reproducen sus identidades como rastas.

En el caso del contexto cubano -aunque los estudios sobre Rastafari llegaron más tarde y no han sido del todo sistemáticos- se han realizado, en los últimos tres lustros, varios y diversos acercamientos a sus exponentes en la realidad nacional. Las investigaciones realizadas, en sentido general, permiten identificar elementos identitarios de los sujetos asumidos como rastas en el país, aunque no tengan declarado, como objetivo manifiesto, un acercamiento desde la identidad (Hasing, 2001; Larenas, 2002; Furé, 2011; García, 2012). Estos abordajes han permitido conformar un mapa conductual, simbólico, significante y establecer las principales formas de expresión de los rastas en los escenarios sociales del país.

Estas investigaciones están hechas desde valiosas perspectivas de análisis que garantizan un acercamiento al fenómeno teniendo en cuenta connotaciones sociales, raciales y culturales. Se destacan visiones como la idea de contracultura, los procesos de marginalidad, lo relativo a la racialidad y la filiación religiosa en su vínculo con la cultura dominante; todas han devenido categorías clave dentro del rastafarismo cubano.

Por otra parte, el proceso de inserción y contextualización de la cultura en el país ha estado marcado por varias condicionantes que han redefinido las identidades de los rastas en el contexto cubano actual y reconfigurado las formas en como hoy se expresan. Ello ha dado lugar a diferencias en los modos de ser rastas, en las formas de llevar la cultura y en las maneras de comunicarse con la simbología que la distingue internacionalmente. Así, unos asumen sus prácticas y símbolos desde una posición consciente y comprometida, mientras que otros asumen estas identidades desde lógicas e intereses personales con el fin de reproducir una imagen, a partir del consumo de un estereotipo de lo que puede representar el pertenecer a esta entidad simbólica.

En Cuba, los rastas jóvenes constituyen el grupo donde más se identifican estos rasgos de diversidad en sus proyecciones individuales y colectivas -resultado de estar socializados bajo el influjo de patrones globalizadores de consumo, que vacían de contenido muchos de los elementos simbólicos de esta cultura.

Estas ideas motivaron la realización de una investigación que se acercara a las particularidades identitarias de este grupo social específico y a cómo se reproducen en el contexto cubano actual. Para ello fue planteado, como objetivo central: Analizar los rasgos de la identidad cultural Rastafari en un grupo de jóvenes asumidos como rastas residentes en La Habana.

La propuesta constituyó un estudio de caso, de tipo descriptivo- analítico, y se abordó desde una perspectiva cualitativa. En el análisis del tema, la subjetividad tuvo un papel relevante, pues el acercamiento se realizó a partir de las percepciones y vivencias que tenían los sujetos como Rastafaris, que brindaron coordenadas sobre los elementos identitarios de estos jóvenes a partir de su pertenencia a una cultura específica.

La muestra estuvo compuesta por 18 sujetos asumidos como rastas, con edades comprendidas entre los 20 y 34 años de edad, residentes en la capital del país. La investigación se aproximó al conocimiento de la realidad empírica a través de la observación no participante, la entrevista semiestructurada, la encuesta, la revisión de documentos y otros materiales.

Respecto a la muestra, los rastas objetos de estudio fueron, en su totalidad, del sexo masculino. Según el color de la piel, predominaron los sujetos negros (10) y mestizos (7). Las edades también revelaron diversidad, apareciendo el grupo de 30-34 años como el más representado con un total de 12 jóvenes. Se apreció la ausencia de adolescentes Rastafaris, lo cual lleva a inferir que la pertenencia a esta cultura tiende a ser más consolidada en las edades propias de la juventud adulta; e incluso, sale de los límites del período que tradicionalmente esta es estudiada (hasta los 29 años).

Fueron mayoría los bachilleres y técnicos medios, así como los trabajadores por cuenta propia (TPCP), representados por 10 sujetos. Ello revela cómo mayoritariamente la inserción sociolaboral de este grupo se sustenta en una economía informal, lo cual también condiciona sus dinámicas de vida. Según las entrevistas realizadas la mayoría se relacionaba con el sector informal y se desempeñaban en el entorno artístico -ya sea como músicos (cantantes de reggae) o como artistas plásticos y promotores culturales.

En sentido general, los jóvenes estudiados reprodujeron las características socio demográficas que han tipificado a los sujetos de anteriores investigaciones sobre el tema (Hastings, 2001; Larenas, 2002; García, 2012). Se reiteró la tendencia de un grupo en su mayoría masculino, joven, compuesto por negros y mestizos, con niveles educativos medios, y en cuanto a la ocupación, en su mayoría dedicados a tendencias artísticas o vinculadas con el sector informal. Todo ello permite dibujar el perfil de este grupo identitario en la sociedad cubana en sentido general, así como sus principales tendencias.

Identidad cultural Rastafari. Apuntes de un estudio

Lo relativo a la pertenencia y las identidades que se asumen resultan temas de gran actualidad e importancia, debido a que mediante estas se logra definir el lugar de un sujeto en la sociedad. En ese sentido, la identidad asociada con la pertenencia a determinado grupo implica maneras específicas de relacionarse con él. Cuestiones que, desde la psicología, apuntan hacia niveles de afectividad y compromiso con la grupalidad de la cual se forma parte.

Los nexos entre cultura e identidad resultan también muy estrechos, sobre todo cuando se concibe a la cultura como la fuente de la cual esta se nutre. Con sistema simbólico-significante y mediante un habitus compartido se generan modos comunes de hacer, así como prácticas socialmente significativas. Todos estos elementos se articulan en procesos identitarios alrededor de los cuales los individuos nuclean su existencia y los convierten en sujetos cultural e identitarimamne definidos. Esta articulación puede conducir a procesos de integración cultural, y culminar en la creación de sentidos de pertenencia a dicha colectividad.

El sentido de pertenencia hacia la cultura Rastafari resultó ser una de las variables más dinámicas y heterogéneas dentro del estudio realizado. Reveló las diversas maneras en las que los sujetos construyen sus identidades y referentes simbólicos en torno a la cultura. Mostró, además, las jerarquías que establecen en función de sus realidades y los sentidos que se comparten a partir de estas vivencias. No obstante, dentro de la heterogeneidad que la distinguió, también emergieron rasgos comunes en esa definición compartida de lo que significa ser rasta, y las maneras en las que se reproducen en el contexto cubano.

Dos elementos destacaron por estructurar los sentidos de pertenecer a la cultura Rastafari. En primer lugar, las prácticas culturales que realizan y les definen como rastas; en segundo, lo referente a las significaciones construidas en torno a esta cultura y los intereses que los definen como sus representantes. Analizar las particularidades de cada uno de estos elementos nos permitirá comprender cómo impactan en la construcción identitaria de estos sujetos.

Con respecto a las prácticas culturales, los jóvenes estudiados suelen reproducir, en su cotidianidad como rastas, el sistema simbólico Rastafari en sentido general. De esta manera, su sentido de pertenencia se estructura sobre la base del reconocimiento y defensa de la mayoría de sus prácticas y símbolos. No obstante, la adscripción identitaria cobra matices desde lo individual y lo colectivo. Al insertarse en una realidad diferente a donde se inició como movimiento, se ha readecuado a partir de las condicionantes sociales que impone el contexto cubano. En su contextualización, se revelan maneras diversas de significar su simbología. Estas diferenciaciones se expresan, sobre todo, en las jerarquías elaboradas frente a aquellas cuestiones que les definen como rastas, generando varias y válidas formas de adscripción a la cultura.

Un aspecto de particular importancia que emergió en este grupo fue la estrecha relaciòn existente entre los elementos que conforman el complejo simbólico rasta. Algunos de los sìmbolos más ponderados resultaron ser, también, pràcticas que los reproducen como sujetos de la cultura -ello revela el carácter sistémico y relacional que caracteriza a esta formación identitaria. En este caso, se encontraron las concepciones de lucha contra Babilonia y la de Paz y amor. También fueron ponderadas otras prácticas vinculadas con la estética rasta, como el uso de los dreadlocks y de prendas/accesorios, aunque en menor medida (Ver Gráfico 1).

Las prácticas que responden a los conceptos de Paz y amor y de lucha contra Babilonia se consolidaron dentro del grupo como las que más les definen en su devenir como rastas. Estas, como formas interiorizadas de la cultura, reflejan posiciones diferentes de asumir sus identidades respecto a otros rastas, los que se distinguen, solo, por elementos estéticos. Los sujetos asumieron estas prácticas reproduciendo la mayoría de sus significados globales, las que, en la cotidianidad, operan como concepciones que se complementan y dialogan entre sí.

En el caso del concepto de Babilonia se asume desde la visión de lo negativo que rodea al Rastafari. Es decir existe una reproducción de los elementos religiosos que fundamentan este principio y la expresión de ser lo que afecta al rasta en su cotidianidad, vinculándolo con aquello que genera confusión, que conduce a malos procederes, a ver el bien donde está el mal; por lo que tiene una gran carga subjetiva. Por su parte la concepción paz y amor suele ser asumida como contraparte a la visión negativa que encierra Babilonia; funciona como su alternativa.

Las posturas de defensa frente a estas concepciones revelan un tipo de identidad asociada a la cultura que reproduce posiciones globales de los rastas, pero además dan muestras de cómo se han reconfigurado como importantes y significativas para una mayoría desde el escenario cubano actual. Asumir estas como esenciales para sus identidades en el contexto nacional es el resultado de varios elementos que convergen: la historia de vida de cada sujeto, su socialización en la cultura, su voluntad para verlas como vías de cambio frente a una realidad negativa, tanto a nivel personal como social. Todas confluyen en la manera en que el sujeto se posiciona frente a un ideal y lo convierte en práctica cotidiana consciente.

Se apreció también la presencia de varios rastas que se distinguieron solo por reproducir la parte estética de la cultura. Se identificaban por el uso de dreadlocks -en menor medida el uso de prendas y accesorios rastas-, así como el consumo/distribución/producción de música reggae (Ver gráfico 1). Una de las distinciones que existen entre estas prácticas y las anteriormente analizadas es que aunque formen parte también del sistema simbólico Rastafari, no suelen ser asumidas como elementales o imprescindibles para la definición de un rasta. Estas pueden llevarse a cabo, o no, según las particularidades de los sujetos. Ello no invalida que puedan compartirse los significados globales promovidos por la cultura sobre ellas, así como que no pueda defenderse su ejercicio e importancia como práctica. Para muchos, estas no constituyen formas exclusivas de identificación como sujetos rastas, razón por la cual se distancian de reproducirlas como tal.

Muchos de los entrevistados coincidieron en asumir que ninguna de estas prácticas debiera definir de forma exclusiva a un sujeto. No obstante, se les reconoce como elementos objetivos de identidad. No se puede ser absoluto en el proceso de identificación -sobre todo si tenemos en cuenta que en el momento de identificarse y reconocerse como rastas deben existir otros elementos simbólicos generadores de una práctica comprometida y de defensa hacia lo que la cultura Rastafari promueve.

Varios autores coinciden en afirmar que la existencia de rastas que actúan desde posiciones de menor compromiso con la cultura es resultado del impacto de la globalización, el mercado y las industrias culturales en los procesos simbólicos e identitarios (Furé, 2011; García, 2012). De esta manera, se han universalizado símbolos y prácticas culturales rastas, que han perdido sus significados iniciales o se han reconfigurado en nuevos imaginarios. A partir de este proceso de secularización de la cultura Rastafari ha emergido un nuevo tipo de rasta, que vive su identidad marcada por lo estético. La adscripción de estos a la cultura se sustenta a partir de intereses más alejados de las bases iniciales del movimiento. Se aprecia en ellos el consumo de un estereotipo, donde la imagen juega un peso fundamental. El sujeto estructura su identidad sobre la base de parecerse a lo que la industria cultural ha promovido qué es un rasta (reproducen una imagen sin ir más allá).

El consumo de marihuana o (ganja) emergió también como una práctica que les resulta clave y que estructura sus identidades a partir de las maneras en que la asumen y las estrategias que elaboran para ponerla en práctica. Al estar sancionada legal y socialmente en el contexto cubano, marca formas específicas de relación e identificación con ella. Para este grupo, la marihuana es reconocida como un símbolo que distingue a la cultura rasta globalmente -de ahí que construyan significados coherentes con su defensa y ejercicio en el país. Emergió en ellos la “contradicción” de resultar importante para la cultura y los rastas, pero no clave para sus identidades. Esta realidad se explica desde la influencia que ejerce el contexto en las maneras de reproducción de los procesos simbólicos, lo cual conlleva a que puedan aparecer readecuaciones y reinterpretaciones de las prácticas asumidas.

La importancia dada al consumo de esta planta se resume en los significados que le confieren por su carácter sagrado y, por ende, a su condición de natural. Sus argumentos guardan relación con los fundamentos religiosos defendidos por la cultura, lo que permite que funcionen como lógicas explicativas para su ejercicio. La mayoría de los entrevistados la asumieron a partir del aporte que brinda para la comunicación con Jah, ya que la utilizan con el fin de meditar y de vincularse con otros rastas.

Ante estas posturas de defensa emergieron también en los sujetos las posiciones críticas frente a la imposibilidad de poder ejercer libremente su consumo en el país, al estar sancionada legal y socialmente (elemento este que incide de manera directa en la no asunción como clave o trascendental para sus identidades, a raíz de que han debido reestructurar las vías para reproducirla). En ese sentido, los significados conferidos entorno a su ejercicio o no en la realidad cubana han llevado a reubicarla en niveles jerárquicos inferiores dentro de lo que ponderan para sus identidades.

El contexto ha marcado la manera como se relacionan con la práctica, y estructura también sus identidades, sentido de pertenencia y formas de relacionarse con la sociedad. Desde sus discursos revelan cómo los prejuicios en torno al consumo han condicionado las prácticas de discriminación de las que han sido objeto como rastas. Por otra parte, la ganja funciona como un elemento de articulación y de identificación para estos sujetos, a lo que se suma el hecho que permite la creación de redes entre ellos, pues en la medida que esta resulta más compleja para su ejercicio libre en la sociedad, más y diversas son las estrategias que en torno a ella se tejen para poder adquirirla y lograr su consumo (García, 2012).

El proceso de diferenciación de las prácticas culturales asumidas por los sujetos en general es resultado de una cultura que se diversifica en cada contexto donde se inserta, así como por la heterogeneidad de los sujetos que la conforman y le dan vida. Cada uno construye su reinterpretación sobre lo que representa la cultura y lo que pondera como valioso para su identidad a partir de su realidad socializadora. Entra en juego entonces el carácter activo del sujeto dentro de los procesos culturales, donde lo apropiado no es una copia mimética de algo que hereda de manera pasiva, pues este es capaz de construir y reelaborar.

Motivaciones e intereses como rastas

El sentido de pertenencia hacia la cultura Rastafari se encuentra muy ligado al plano motivacional y significativo al ser este uno de los detonantes de la acción simbólica. Desde estos referentes los sujetos logran explicarse su pertenencia y la continuidad como representantes de lo Rastafari. En este caso, la mirada a este particular se asumió mediante el análisis de lo que significaba para ellos la cultura y el ser rastas, así como las motivaciones y la percepción o no de rechazo por adscribirse identitariamente a esta entidad simbólica.

Por lo general, los significados construidos hacia la cultura por el grupo estudiado articulaban la concepción de Paz y amor con otras ideas, logrando elaborar un concepto más integral sobre esta. Desde esa perspectiva emergió la asunción como religión, la idea de la resistencia, la de identidad y la de libertad como las principales. La manera de verla, en vínculo con la religión, respondió a la importancia conferida a vivirla como creencia religiosa, con apego a la idea de la espiritualidad, a la devoción por Jah, lo cual les resulta necesario para reproducirse como practicantes comprometidos en algunos casos. Eso les permite estar conectados con los referentes religiosos fundacionales de la cultura, a los cuales atemperan según sus nuevas realidades como rastas.

Por otra parte, los significados construidos sobre la cultura Rastafari desde la idea de la resistencia, la identidad y la libertad reproducen, en sentido general, una visión de los rastas de encontrar en la cultura un asidero para expresarse social e identitariamente. Estos significados encierran respuestas identitarias marcadas por un contexto de realidades vividas, las cuales se conforman también en articulación con los elementos globales defendidos por los rastas. Así la resistencia es asumida desde sus discursos como Lucha, Revolución, como la condena a la discriminación; la identidad, por su parte, desde el orgullo de ser Rastafari y desde la igualdad; asumen la libertad con toda la fuerza semántica y simbólica que esta encierra. Todos se asumen como conceptos que nuclean actitudes ante la vida, formas de ser que, al identificarse como rastas, se solidifican; son asumidos a partir de ver la cultura como un espacio para construirse y potenciarse como sujetos, permitiendo que se refuercen -así afloraron los criterios de luchar contra el racismo y las experiencias de discriminación, al tiempo que refleja la cuestión de ser y defender lo diferente como la base para la incorporación de estos conceptos.

Según la socióloga Angie Larenas, a pesar de la heterogeneidad que tienen los rastas existen ejes comunes a través de los cuales experimentan e interpretan el mundo. Tales como, "(...) el sentido de la identidad/solidaridad, representado en la identificación con el pasado africano, el reconocimiento del sufrimiento de los esclavos, el sentido compartido de lo que significa vivir marginado y la lucha por la liberación de la opresión y la injusticia" (Larenas, s/f: 5).

Estas ideas revelan los vínculos existentes entre el significado dado a la cultura Rastafari y la realidad que suelen vivir como rastas, lo cual logran conectar con la historia de la cultura que les antecede, pero que también marca sus discursos y acciones. Ser rastas para estos sujetos, así como pertenecer a la entidad simbólica, significa dialogar de manera más o menos directa con una realidad discriminatoria sufrida, ya sea por la condición de pertenencia o por las prácticas que los reproducen como tal en el contexto cubano actual. La bibliografía sobre la temática reconoce que muchos de estos sujetos culturalmente definidos asumen como un elemento inherente a sus identidades el haber vivido alguna experiencia de marginación o discriminación por el hecho de ser rastas o por las prácticas que realizan.

Los prejuicios en torno al sujeto rasta y la cultura son reconocidos por Furé (2011) como un resultado del desconocimiento que sobre la entidad simbólica, en sentido general, existe en el país. Ello ha conducido a que, desde la academia, el tema también haya llegado muy tarde y que para muchos siga aún como una temática invisibilizada, sin necesidad de profundización. Lo cierto es que esta condición de sentirse rechazados socialmente, o cuestionados, resulta una de las razones más ponderadas por los jóvenes estudiados, que les limita para vivir plenamente en Cuba; no obstante, deviene, a su vez, elemento clave para la conformación y consolidación de la identidad Rastafari, al contribuir a que se refuerce el sentido de pertenencia y las motivaciones que les llevan a ser rastas y a defender la cultura a partir de sus vivencias.

Los sujetos pesquisados identificaron como los motivos fundamentales por los que han percibido rechazo: los prejuicios sociales ante la práctica del consumo de la marihuana, por la condición de ser rastas, por tener como dios a una figura controversial como HaileSelassie y por la identificación como “jineteros”. La mayoría de estas causas constituyen prácticas y símbolos propios de la cultura que los reproducen como rastas, de ahí que al ser criticados por lo que hacen resulta también una forma de cuestionar lo que la cultura propone y promueve. Sin embargo, estas limitaciones los fortalecen en sus identidades, sobre todo cuando son asumidas desde posiciones comprometidas con la cultura.

La teoría de Behares (1989) permite comprender los mecanismos que operan en los denominados grupos de experiencias para el reforzamiento de sus identidades. El hecho de compartir determinadas experiencias de vida como ser rastas y vivir condiciones conflictuales de rechazo en su interacción con otros actores, sentirse identificados con la situación y reconocerse iguales a otros culturalmente definidos, revela los mecanismos que se articulan en los sujetos para que sus identidades se consoliden y reproduzcan. De esta manera, construyen un discurso de defensa de lo que hacen y cómo se asumen sobre la base de ser lo correcto, lo que se espera de ellos como rastas. Desde estos referentes, crean un escudo en torno a sus identidades, en estrecho vínculo con el ideal de resistencia promovido por esta cultura desde sus orígenes.

Varios autores han reconocido el carácter marginado que tuvo la expresión Rastafari desde sus orígenes en Jamaica (Hasings, 2001; Larenas, 2002; Furé, 2011; García, 2012, entre otros). En muchas realidades ha existido como una subcultura socialmente cuestionada -de ahí que en ocasiones se encuentre al margen de la corriente cultural principal. El contexto cubano reproduce esta realidad, y lo expresa desde varias instancias. Desde su inserción en el país fue muy difícil aceptar a una expresión simbólica diferente, con ideales y prácticas también conflictuales (el consumo de la marihuana). En la actualidad continúan siendo insuficientes y poco sistemáticos los espacios, medios de difusión y productos audiovisuales que reflejen otras aristas de esta cultura -en especial aquellas donde puedan visualizarse a los rastas en relación con el reggae que producen (esta práctica emerge como una de las formas de expresión identitaria más efectivas para ellos).

El logro de una mayor visibilidad de la cultura Rastafari y sus símbolos, mediante los roles como cantantes o productores de reggae, resultó ser uno de los aspectos motivacionales más consolidados en este grupo -sobre todo por el significado conferido a ese rol, que iba más allá de la posibilidad de ser reconocidos como músicos. Esta realidad es asumida como una fórmula efectiva para dar a conocer la cultura y defenderla mediante los mensajes que se trasmiten desde las letras de las canciones. Aunque el reggae no es exclusivo de Rastafari -así como tampoco lo es su consumo, ni su actual producción-, el contenido rasta, cuando aparece en las letras de este género, logra elementos identificativos y de pertenencia sólidos, tanto para el productor como para el receptor más pasivo.

Se asume, de manera articulada en sus acciones, la defensa de la cultura Rastafari y la del movimiento del Reggae. Predomina la visión de que los rastas suelen ser los más comprometidos con el desarrollo de este género, por lo que la lucha por levantar el movimiento asociado a esta música constituye también una manera efectiva para la consolidación de la grupalidad en el país. Se revela, desde estos fines, lo que en palabras del teórico de la identidad se expresa como un sentimiento de lealtad a la entidad de la cual se pertenece o se forma parte, materializado a través de la acción concreta que se realice.

Identidad y participación social

El reggae, por sus propias características y la gran carga de simbolismo que tiene para la cultura Rastafari, ha devenido como principal espacio y medio para canalizar estados de ánimo, denuncias sociales e intereses; por lo que en él se sintetiza todo lo que representa la cultura para el rasta que la defiende. Podría decirse que el género se ha convertido en la bandera de la cultura en el país, sobre todo para aquellos con mayor compromiso, de ahí que haya sido asumido como el símbolo más jerarquizado por los sujetos estudiados (Ver Gráfico 2). A través de este género, y mediante las redes que se establecen para su distribución y consumo, se potencia la interacción de los rastas con otros actores. Ello lo ubica también como mediador de relaciones sociales en el país.

La cultura Rastafari es asumida como un espacio o un medio para existir socialmente. Todo lo que se realice por el movimiento es asumido como un camino necesario, tanto para la realización personal como para la defensa de la cultura y del movimiento del reggae. Para los sujetos, reproducir en su práctica cotidiana, así como defender la filosofía de lucha y de resistencia que se le adjudica a esta expresión simbólica es también una forma de existir y de asumirse como sujetos culturalmente identificados. Así lo demuestran los siguientes parlamentos:

(…) Ese es mi objetivo, que el movimiento se mantenga a través de mi música (...). Toda mi música habla de bendiciones, no de maldiciones; de bendiciones que vienen del más allá. Eso para mí unifica, edifica. Ese es el propósito: construir, edificar, educar, y lo hago a través de mi música (…).” (Rasta 2, 30 años)

Yo puedo ser mañana pistolero, adventista, lo que sea, pero si al final mi misión es esa: hacer arte, hacer música, esa es la que tengo que desempeñar. (…) Por donde más me desempeñé fue a través de la música. (…) Muchos hermanos míos están comprendiendo que mi misión de guerra frente al sistema babilón, contra el sistema de confusión, por donde debo desempeñarlo es por la música. (…)Mi misión a través de Rastafari es la música.” (Rasta 3, 34 años)

Reconocen sus aportes a la cultura a través de su música. Se defiende el ideal de poder con ella transmitir un legado. La asunción de sus roles como una misión refuerza los sentidos de pertenencia hacia la misma –así queda reforzada la comprensión y la percepción de su identidad como rastas mediante el proceso de diferenciación e igualación con otros sujetos culturalmente definidos.

Aparece, de manera latente, en estos parlamentos la tendencia a reconocer la importancia de este género musical como un poderoso vehículo empleado: “(...) desde la validación de la identidad étnica hasta la expresión de disconformidad y deseos de cambio, de adscripción a una clase social” (Cetina Vargas, 1998: 20).

Si la participación social es asumida no solo como presencia sino desde la arista del compromiso consciente con un proyecto, con el logro de objetivos y metas a cumplir, entonces el reggae deviene vía principal para hacer visible ese objetivo manifiesto. En sus identidades como rastas, el consumo y producción de reggae los reproduce como sujetos de la cultura, como sus defensores, y, a la vez, han encontrado en el ejercicio de esta práctica cultural formas para expresar su sentido de vida.

(…) Ahora mismo no me considero el único exponente, pero si el que más se está metiendo en eventos de empuje del género (reggae). Y voy un poquitico atrás (hacer historia), pues cuando se conoce la historia de la cultura como tal y del reggae hecho por Rastafari, es una cultura de guerra contra lo mal hecho, de resistencia. Aquí, naturalmente, hay grupos que no están para dar esa historia de batalla y de resistencia; eso es lo que hace que se entorpezca un poco el avance del movimiento reggae en Cuba. (…) En la cultura del movimiento del reggae y del rasta no son todos los que están batallando; se pueden contar con las manos. (Mi grupo) es uno de los 5 exponentes contados con las manos que están batallando por el movimiento del país; no puedo hablarte por los demás” (…) (Rasta 3, 34 años)

Se expresa, de esta manera, la articulación entre la participación y la identidad, pues desde “la participación social se desarrolla la capacidad e identidad de los actores que se autoconstruyen como sujetos de poder en este proceso” (Fleitas, Proveyer & González, 2005: 197). El ser rasta condiciona una actitud ante la vida, una proyección social y simbólica que les define. Desde sus discursos, la referencia a luchar contra Babilonia, contra lo que les perjudica como rastas, implica una postura de resistencia y de crítica ante lo que les rodea, lo cual se traduce en respuestas identitarias y formas de participación que también reproducen a esta cultura y a los elementos simbólicos e ideológicos que la conforman.

En la dinámica identitaria de los sujetos estudiados se configuraron varias cuestiones que se articulan: sus referentes motivacionales, las prácticas que les distinguen, las maneras de participar socialmente a través de la cultura y los significados conferidos a estas acciones realizadas; también la manera como se insertan e interactúan con otros sujetos (rastas y no rastas).Todo ello matiza las diferentes respuestas identitarias de los sujetos y revelan los diversos procesos participativos que se asumen al interior de la cultura, los cuales, muchas veces, trascienden las fronteras de lo Rastafari e impactan en la sociedad macro.

Por otra parte, se visibiliza el impacto de esta cultura en la dinámica sociocultural de los sujetos y el carácter estructurador de las prácticas culturales vinculadas con esta identidad, pues la manera de llevarlas a cabo y asumirlas muestran diferenciaciones entre ellos. Estas repercuten en las formas de expresar sus identidades como rastas: algunas son asumidas desde posiciones estéticas, otras sustentadas por referentes ideológicos más sólidos. Todo ello se logra explicar a partir de la dinámica socializadora por la cual se han conformado estas identidades, las características del contexto donde se expresan como rastas y las lógicas significativas que ponderen para su ejercicio como prácticas.

En sentido general, los sujetos estudiados reproducen, en su dinámica identitaria, la complejidad que distingue a la conformación de la identidad cultural Rastafari globalmente. Esta se define y consolida a través de cada uno de los actores que le dan vida e implica una pluralidad o la construcción de identidades diversas en torno a los referentes simbólicos que la distinguen. Como sujetos de la cultura, estos dialogan constantemente con un deber ser que les sirve como patrón conceptual y conductual, pero que luego reinterpretan en función de sus realidades e intereses.

La diversidad encontrada valida la pertinencia de estudiar estas adscripciones como fenómenos identitarios legítimos. Estas expresiones son el resultado de condicionamientos sociales que han impactado en las formas de reproducir la cultura en el país. Se revela desde un enfoque sociológico la articulación que existe entre los procesos simbólicos y los ámbitos sociohistóricos que los estructuran. Por otra parte, el análisis de la realidad identitaria de estos jóvenes devino una forma de apostar por el reconocimiento social de la cultura Rastafari como proyección social e identidad consolidada, en tanto se ha convertido, para sus actores, en un espacio para existir socialmente.

iReferencias bibliográficas

-Barret, L. (1977). The Rastafarians. The dreadlocks of Jamaica. Sangster’ Book Stores/ Heinemann Educational Books, London.

-Behares, L. (1989). “Subcultura homosexual en Montevideo”. Revista Relaciones (64), 20-12 (formato digital).

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