Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Reproducción de la marginalidad en Colón y Jesús María según las percepciones de adolescentes y jóvenes  
Dra. Elaine Morales Chuco

Resumen

El artículo recoge la sistematización de autodiagnósticos grupales realizados entre el 2000 y el 2015, con jóvenes residentes en los barrios marginales capitalinos: Colón y Jesús María, acerca de sus problemáticas. Se trabajó con metodología cualitativa centrada en el análisis de contenido. Se identificaron continuidades referidas a: carencias materiales y sus complejas implicaciones, pobreza en el consumo y las prácticas culturales, presencia del delito y la violencia.

Palabras clave: juventud, comunidad, marginación.

Reproduction of the marginalidad in Colón and Jesús María according to the perceptions of adolescents and young

Summary

The article picks up the systematizing of self-diagnoses grupales carried out between the 2000 and the 2015, with young residents in the marginal neighborhoods of the capital: Columbus and Jesús María, about their problems. One worked with qualitative methodology centered in the content analysis. Continuities were identified referred to: material lacks and their complex implications, poverty in the consumption and the cultural practices, witnesses of the crime and the violence.

Words key: youth, community, marginación.

Introducción

Los estudios en torno a la marginación en la población joven cubana son escasos; más imperceptibles aun resultan aquellos dirigidos a develar y explicar la reproducción de las condicionantes y de las expresiones de este fenómeno. La demanda en el orden investigativo es creciente, pues una vez pasado el periodo de la explosiva manifestación de la marginalidad y la evidencia de sus rasgos típicos en el contexto cubano, lejos de reducirse o desaparecer, han comenzado a sedimentarse un conjunto de elementos que comprometen el desarrollo pleno y la inclusión social de los jóvenes en una sociedad socialista.

Más allá de la mendicidad, la prostitución, la drogadicción y la delincuencia reaparecidas en los pasados años noventa, en la población joven parecen naturalizarse otras expresiones en medio de las condiciones de crisis, reforma y cierto estancamiento económico, acaecidas de manera sucesiva en el país en los últimos veinte años. Si bien aquellas constituyeron las manifestaciones más nítidas del ascenso de la marginación, hoy existen otros rostros no menos preocupantes. Se trata del empobrecimiento material y espiritual acompañado de comportamientos obstaculizadores de la participación, la inserción y la cohesión a nivel grupal y social más general. Se puede hacer referencia a la devaluación de la instrucción y la cultura, la inoperancia de las redes de apoyo social, la apatía, el incremento de la inmediatez, el desempleo selectivo, la acrítica y el desinterés por lo social. Igualmente la desestructuración de los proyectos futuros, la reducción de las expectativas, la inmediatez en los patrones de pensamiento y conducta, la preponderancia del individualismo y de la ética del tener. A todo ello se unen los sentimientos de minusvalía e indefensión, percepciones de rechazo, trayectorias y anticipación de fracasos, entre otras características.

El propósito de revelar el intríngulis de esta situación implica el examen de los factores de orden macro, micro e individual, los cuales exponen, a su vez, la fuerte interrelación de aspectos objetivos y subjetivos. Se precisa de la conjugación de intereses políticos y científicos, encauzados adecuadamente por las instituciones investigativas, lo que supone desarrollar teorías y metodologías a partir de la comprensión multidisciplinaria del problema. Se requiere, por tanto, de nociones suficientemente contextualizadas y capaces de captar tanto generalidades como especificidades.

Desde las primeras investigaciones en el orden teórico, se constataron diversas posiciones explicativas de la marginalidad, provenientes de diferentes regiones geográficas y portadoras de distintas perspectivas analíticas. Se pudo reconocer la pertinencia de varias de ellas para los estudios nacionales, especialmente aquellas centradas en la problemática juvenil; no obstante, se hizo evidente la necesidad de elaborar construcciones teóricas ajustadas a las particularidades de la sociedad cubana.

El examen crítico de tales conceptualizaciones, y las experiencias empíricas, permitieron definir el proceso de marginación como la interrelación estable de condiciones políticas, históricas, sociales, económicas, culturales y psicológicas, que, en su evolución de corto, mediano o largo plazo, en un contexto determinado, otorgan a un individuo o grupo el poder para categorizar, estigmatizar y colocar a otros semejantes, o diferentes, en un estatus inferior al que estos merecen o creen merecer, por lo cual se les discrimina y rechaza, y se les limita en la participación, la inserción y la integración social, lo que tiene diverso alcance en la cotidianeidad y disímiles impactos en la subjetividad individual y colectiva; Permite estudiar la dinámica individual, grupal o contextual, identificar los elementos causales y sus posibles consecuencias, tanto desde la perspectiva del marginado como desde el que margina, así como caracterizar la situación concreta de marginalidad (Morales, 2011).

Asimismo, la situación de marginalidad se concreta en conjunto de circunstancias individuales, grupales y sociales en general; objetivas y subjetivas, que caracterizan a individuos y grupos ubicados en un estatus inferior al que deben o creen merecer. Desde esta perspectiva, se pueden estudiar los factores que intervienen y caracterizan en un momento dado la marginalidad. Es el producto del proceso de marginación (Morales, 2011).

Para el estudio del proceso de marginación y de la situación de marginalidad circunscritos a la población joven, se requiere igualmente asumir una posición teórica en torno a este grupo. Se considera entonces a la juventud como una categoría científica que designa a personas, grupos, a una etapa de la vida, pero también a un modo de significar la cotidianeidad. Así, las personas jóvenes pueden ser definidas en función de varios indicadores que se articulan, a saber: el biológico, que resulta en una determinada edad; el económico, asociado al logro de la independencia con respecto a la familia de origen; el político, que supone unas formas de participación más protagónicas y formales, según aprendizajes y oportunidades; el psicológico, que apunta a la elaboración y proyección de ciertos contenidos de la subjetividad; y el cultural, expresado en la apropiación y reconstrucción de símbolos y formas de consumo (Morales, 2014).

De lo anterior se desprende la existencia de disímiles maneras de ser joven, según los contenidos adjudicados y los contextos de realización. Por tanto, el estudio de lo juvenil en un entorno de marginación exige definir al joven marginado como aquella persona entre 15 y 30 años de edad, cuyas pertenencias grupales y trayectorias en diferentes espacios de socialización en un determinado contexto lo ubica, con respecto a otros, en una posición real o simbólica de desventaja, descalificación y discriminación, en cuanto al acceso a la participación y al consumo, lo cual limita el logro de las metas propias de su edad y se expresa en los contenidos de su subjetividad (Morales, 2014).

Para el estudio de la interrelación entre la problemática juvenil y la marginación, desde la perspectiva psicológica, se han empleado, de modo estable, las categorías de la psicología social como grupo y percepción social. Esta última se entiende como proceso pertinente a la subjetividad, que discurre en el contexto de las relaciones interpersonales e intergrupales consistente en la evaluación de los objetos, sujetos, procesos y fenómenos con los que se interactúa, activando para ello los significados y sentidos que revisten, la identificación, la interpretación y la reflexión, atribuyendo categorías y elaborando juicios de cierta complejidad, mediados por las experiencias y las condiciones histórico-concretas. Este proceso genera determinados efectos que dinamizan y pronostican el curso de las relaciones entre lo percibido y quien percibe, encauzándolas, prejuiciadamente o no, por la empatía, la aprobación y la aceptación, o la antipatía, la repulsión y el rechazo (Morales, 2011).

Cuando determinados gestos, verbalizaciones y conductas se recepcionan, evalúan e interpretan en tanto información indicativa de rechazo, estigmatización, inferiorización y discriminación, se está percibiendo expresiones de marginación. Ello genera juicios y apreciaciones útiles para orientarse en el tejido de relaciones interpersonales e intergrupales. El reconocimiento por parte de un individuo o grupo de la condición de marginado, puede generar actitudes y conductas pasivas, evasivas o de resistencia.

Siguiendo este esquema elemental, sustentado en una concepción dialéctica e histórico-social de los procesos sociales y de la subjetividad en particular, el estudio del tema, que data desde la última década del siglo XX, ha combinado la revisión de las políticas de juventud vigentes para todo el país con investigaciones empíricas nacionales y otras focalizadas en determinados territorios.

Mediante estas últimas ha sido posible la profundización en los contenidos de la subjetividad asociados a la marginación. Este análisis se ha realizado, fundamentalmente, en los municipios habaneros Centro Habana y Habana Vieja, reconocidos por la complejidad de su configuración socioeconómica, pues en ellos confluyen indicadores positivos y negativos del desarrollo social. Colón(1) y Jesús María(2) -catalogados como marginales- son dos de los barrios escenarios de las indagaciones.

Los resultados de las pesquisas, por un lado, arrojan luz sobre la plena inclusión social en determinados ámbitos, y, por otro, dan cuenta de procesos y situaciones de marginación. Incluso, al reconocer la existencia de ambientes inclusivos y de oportunidades para la juventud cubana evidentes en los barrios señalados, se aprecia la emergencia de contenidos asociados a las vivencias de rechazo en la vida cotidiana, generadas por prejuicios de distinto tipo. También se revelan elementos indicativos de exclusiones más complejas, asociadas a las modificaciones que tiene lugar hoy en Cuba. Más allá de los derechos más reconocidos –salud, educación y seguridad social-, y de otros igualmente vigentes, la subjetividad juvenil muestra el impacto de la sostenida pobreza familiar y barrial.

El valor de los resultados que se comentan radica no solo en la presentación y valoración de los contenidos anunciados; es preciso agregar también que los datos provienen del autodiagnóstico participativo, lo que concede un valor agregado, y además, están conectados con los aportes de otras investigaciones realizadas en torno a la pobreza familiar (Vogoh, 2015). Es, por tanto, un problema de tipo sistémico, multilateral y complejo.

Aspectos metodológicos fundamentales

Los resultados alcanzados, de manera independiente, con varias investigaciones realizadas desde el año 2000 hasta el 2015 en los barrios Colón y Jesús María, apuntaron hacia la coincidencia en algunos aspectos. Esto condujo a interrogarnos acerca de la existencia de semejanzas y diferencias en los problemas que han afectado a los jóvenes de los territorios en los últimos quince años. Para responder a tal cuestionamiento, se planteó como objetivo sistematizar los resultados atendiendo a: áreas mencionadas, la antigüedad de la problemática, origen y vínculo con los contenidos típicos del proceso de marginación, así como la postura asumida por los jóvenes y las instituciones al respecto. Esto permitirá identificar las continuidades y rupturas referidas a la marginación, según las percepciones juveniles.

Para realizar este trabajo se asumió, como método general, la sistematización crítica, de reconocida validez dentro de la concepción de la educación popular, por las posibilidades de comparar los resultados, y, más aún, de escudriñar los datos recopilados, las pautas teóricas y metodológicas, dando así la posibilidad de perfeccionar lo hecho y otorgar un nuevo sentido a lo investigado.

Se seleccionaron para este (re)examen las siguientes investigaciones: “El barrio de Colón. Una experiencia de participación juvenil” (2000); “Los chicos del barrio” (2007); e “Identidad, inclusión y exclusión social en jóvenes residentes en los barrios Colón y Jesús María. Un estudio exploratorio” (2015).

Son varios los elementos unificadores de las investigaciones, que hacen posible esta sistematización crítica:

  • Modelo teórico que articula las concepciones sociopsicológicas acerca de la juventud y la marginación.
  • Empleo de metodología cualitativa, particularmente la concepción metodológica dialéctica de la educación popular, que transita desde por el triple diagnóstico -incluye el autodiagnóstico-, la teorización y la vuelta a la práctica. Se realizaron talleres con varios grupos de jóvenes en los que se emplearon técnicas participativas de animación, concentración y análisis general.
  • Procedimiento: La información resultante en cada investigación, consistente en la producción grupal del autodiagnóstico participativo, fue examinada construyendo categorías y definiendo ejes analítico-descriptivos.
  • Escenarios estudiados: Colón en el 2000, Jesús María en el 2007 y ambos en el 2014.
  • Muestra: Adolescentes y jóvenes residentes en los barrios, exponentes de la diversidad de las localidades desde el punto de vista sociodemográfico, socioeconómico y cultural.

La sistematización pretende aportar en dos sentidos: primero, contribuir al perfeccionamiento teórico y metodológico del modelo de trabajo; segundo, tributar información valiosa acerca de la reproducción de las limitaciones existentes y percibidas por los jóvenes para su pleno desarrollo.

Resultados

La información producida por la sistematización de los datos primarios permite ubicar varios niveles de análisis que posibilitan visibilizar la progresión del tema y favorecen su comprensión. Inicialmente se presenta la breve descripción de los tópicos destacados por los jóvenes de cada comunidad. Luego aparecen las tendencias de continuidad, ruptura o emergencia halladas al respecto, las que representan, respectivamente: reiteración de los problemas, variación del tipo omisión de contenidos del primero al segundo diagnóstico, y variación consistente en la aparición de nuevos elementos. Por último, son analizadas las semejanzas y diferencias entre las trayectorias de las problemáticas de las comunidades. Se trata, por tanto, de dos núcleos a considerar, uno temático y otro temporal, los que articulados aportarán la visión de la reproducción de las problemáticas que han afectado a los jóvenes.

Los jóvenes identifican sus problemas

El diagnóstico realizado por los jóvenes residentes en Colón y Jesús María muestra la compleja situación de sus comunidades, que se han ido empobreciendo de manera paulatina -ambas con un notable deterioro del fondo habitacional, lo cual ha repercutido en la situación material y espiritual de sus habitantes. Tal panorama no escapa a la vista de los más jóvenes, quienes a estos elementos añaden otros relacionados con las necesidades propias de su edad, e incluyen una peculiar lectura del estado del tejido social entre los actores que le rodean -léase, familiares, amigos, vecinos, organizaciones políticas y de masa, e instituciones de la comunidad encargadas de distintas funciones.

El autodiagnóstico en Colón

En Colón, en el año 2000, los jóvenes dibujaron su situación con los siguientes elementos:

  • Opciones recreativas reducidas y de difícil acceso: Existencia de pocos espacios dedicados a la recreación, y entre las existentes predomina la oferta en cuc.
  • Desatención de las instituciones del gobierno local y municipal a las necesidades recreativas: La comunidad sufre la pérdida de instalaciones, que tras su notable deterioro son asumidas por el Ministerio del Turismo, con la consecuente modificación de las vías de acceso, que redunda en menos probabilidades para los jóvenes de poco poder adquisitivo.
  • Escasa orientación cultural y educativa: Ausencia de servicios y espacios profesionales dirigidos a informar y aconsejar a los jóvenes en materia de continuidad de estudios, selección de empleo y relaciones sexuales.
  • Descoordinación entre los jóvenes en los procesos participativos comunitarios: la participación de los jóvenes no es sistemática y organizada; hay expresiones de apatía.
  • Desvinculación del estudio y el trabajo.
  • Proliferación de conductas sociales negativas: Presencia de violencia y de adicciones, fundamentalmente a sustancias tóxicas.
  • Descontento con las condiciones materiales de su vida actual y perspectiva: insuficientes o nulos ingresos propios asociados a la situación familiar, a la condición de estudiante o a las bajas remuneraciones de sus empleos; pobre cobertura a sus necesidades fundamentales y deterioro de las viviendas.

Estas señales se corresponden con los efectos de los años más difíciles de la crisis, cuyo impacto alcanzó la desmovilización sociopolítica, el empobrecimiento material, y la pérdida de capacidad de las instituciones para recuperar sus funciones originales. Al propio tiempo, una parte importante de esa cohorte etaria asumía como patrones de pensamiento y conducta aquellos vigentes con anterioridad a la crisis, de ahí que sus términos y percepciones de carencia apuntan, en cierta medida, a los modelos precedentes. Es visible la actitud demandante hacia las instituciones, asociada al paternalismo que predominaba en el desenvolvimiento de las instituciones del Estado, y a la vez se insinúa una dosis de auto-culpabilidad de los jóvenes ante la desmovilización social y política de sus coterráneos contemporáneos.

Más de diez años después, en esa misma comunidad, otros jóvenes, pero con características semejantes, identificó como suyos problemas similares, entre los que se encuentran:

  • Carencias económicas: empleos mal remunerados; insuficiente cobertura de las necesidades de alimentación, vestuario, calzado, ingresos; y problemas constructivos y hacinamiento en las viviendas.
  • Insuficiente oferta recreativa: Carencia de instalaciones asequibles a los jóvenes.
  • Insatisfacción con las relaciones familiares, ya sea en la familia de origen o en las relaciones de pareja.
  • Afectaciones de salud.
  • Presencia de actividad delictiva y violencia: las transgresiones de las leyes y las normas de convivencia se legitiman ante la situación económica del país y de la localidad.
  • Descontento con sus condiciones de vida actual y perspectiva: imposibilidad de lograr sus aspiraciones materiales a corto y mediano plazo en Cuba.

Al contrastar las revelaciones juveniles en un momento y en otro, es posible hacer un análisis no sólo del contenido sino desde una perspectiva temporal. En tal sentido, se aprecian con claridad más elementos de continuidad que de ruptura, y esto supone la estabilidad de las afectaciones y la reproducción de las condiciones que les originan.

  • Tendencias de continuidad
    • Reducida concepción del consumo cultural y pobres opciones de prácticas culturales, en especial aquellas dedicadas a la recreación, tanto por su oferta como por los mecanismos de acceso, centrados en la disponibilidad de cuc.
    • Situación socioeconómica de carencias sostenidas en el orden personal y familiar.
    • Crecimiento mantenido de la actividad delictiva.
    • Estado de displacer permanente con su vida cotidiana.
    • Valoración desfavorable del funcionamiento y los resultados de la labor de las instituciones gubernamentales locales y de rango superior, en particular.
    • Insatisfacción con las condiciones de orientación y vínculo laboral.
  • Tendencias de ruptura
    • Orientación cultural y educativa.
    • Desvinculación del estudio y el trabajo.
    • Necesidad de participación comunitaria.
  • Tendencias emergentes
    • Disfuncionalidad familiar
    • Afectaciones de salud.
    • Incorporación explícita de la emigración a las estrategias de enfrentamiento a las insatisfacciones.
    • Naturalización y actitud justificatoria del delito.

El autodiagnóstico en Jesús María

El proceso realizado en Jesús María en el 2007 proporcionó los siguientes elementos:

  • Desvinculación del estudio y el trabajo.
  • Falta de opciones recreativas: carencia de plazas y parques, así como de espacios para bailar. Las alternativas más atractivas exigen disponibilidad de cuc y se dificulta el acceso.
  • Difícil situación económica personal: reducidos ingresos en general, y salarios en particular; bajo nivel adquisitivo; deterioro de las viviendas.
  • Difícil situación económica comunitaria: insuficiente abasto de agua, mal estado del alcantarillado y de los viales.
  • Carencia de orientación y oferta laboral.
  • Descontento con sus condiciones de vida actual y perspectiva: desempleo selectivo y empleo insatisfactorio.
  • Sentimientos de desamparo, falta de confianza en las instituciones y desesperanza en general.
  • Sobrecarga económica familiar: responsabilidad con la manutención de ancianos e infantes.
  • Falta de constancia en el cumplimiento de las normas en la comunidad: fragilidad de las normas y reducción de su alcance.
  • Incremento del delito y en particular de la violencia.

Los resultados del 2014 resultaron más escuetos, pero suficientes para la contrastación:

  • Difícil situación comunitaria: mal estado de los viales, de las edificaciones en general y de los servicios.
  • Insuficiente oferta recreativa: carencia de instalaciones deportivas y culturales.
  • Presencia de violencia.
  • Carencias materiales a nivel familiar y personal.
  • Conflictos en las relaciones con las instituciones de orden interior.

La revisión de los datos vertidos por los jóvenes, en las dos oportunidades, muestran coincidencias y reiteraciones, lo cual permite expresar las siguientes tendencias de continuidad, cambio y emergencia en la comunidad.

  • Tendencias de continuidad
    • Simplicidad del proceso de consumo cultural y reducidas opciones de las prácticas pertinentes, particularmente las centradas en la recreación, debido a su pobre contenido y a los mecanismos de acceso sustentados en cuc.
    • Situación socioeconómica de carencias sostenidas en el orden personal y familiar.
    • Inconformidad mantenida con la situación socioeconómica comunitaria.
    • Presencia del delito y la violencia.
  • Tendencias de ruptura
    • Desvinculación del estudio y el trabajo.
    • Orientación vocacional y profesional.
    • Fragilidad de las normativas comunitarias.
    • Presencia de malestares de la vida cotidiana.
    • Distanciamiento respecto a las instituciones locales y de nivel superior.
    • Problemas familiares.
  • Tendencias emergentes
    • Conflicto con las instituciones de orden interior.

En otro nivel de análisis, es posible identificar semejanzas y diferencias entre los contextos comunitarios a partir de las tendencias halladas. Ello permite ubicar procesos más complejos en tanto condicionantes o determinantes de la reproducción de las problemáticas juveniles en escenarios con visibles indicadores de exclusión social. Al propio tiempo, las diferencias indican las peculiaridades de las comunidades y de las personas jóvenes que allí habitan.

Entre las coincidencias resalta la incidencia sostenida de insatisfacciones relacionadas a las condiciones materiales de vida a nivel comunitario, familiar y personal, lo cual tiene diferentes impactos en los jóvenes. De igual modo se precia la persistencia de displacer en torno al consumo cultural, a las prácticas y la participación en este ámbito. Por último, otra problemática que parece perpetuarse son las afectaciones producidas por el delito y la violencia.

Estas problemáticas devenidas tendencias de continuidad, y presentes en el mismo período en los dos espacios estudiados, deben ser analizadas siguiendo una matriz que logre poner de manifiesto su condición de resultado de procesos que le anteceden, y, al propio tiempo, su estado de premisa con respecto a otras situaciones. La articulación de ambas miradas permite arribar a una comprensión más completa de la reproducción de ciertos marcadores de la marginalidad y la exclusión social a nivel comunitario.

Consideraciones acerca de las tendencias de continuidad. Los marcadores de la marginalidad

Las tendencias de continuidad, ruptura o emergencia guardan correspondencia con la situación socioeconómica general del país y con las particularidades de la edad. La matriz generada por la interacción de ambos elementos, en el contexto específico de las comunidades con reconocidas desventajas socioeconómicas, no podría ser ajena en modo alguno a los jóvenes que allí residen.

Con respecto al condicionamiento macrosocial y económico, varios han sido los escrutinios y aportes realizados desde diferentes perspectivas y por distintos autores, que explican el devenir de la sociedad cubana en las dos últimas décadas(3). A tales fundamentos vale añadir algunas especificidades de la población joven en desventaja social, constatadas en estos estudios y en otros realizados paralelamente(4), y que indiscutiblemente median sus percepciones.

Desempeña un papel crucial el insuficiente aprovechamiento de las oportunidades asociadas a los mecanismos tradicionales de movilidad social: estudio y trabajo. Entre los jóvenes de esa localidad predominan los niveles medios de escolaridad, con poca presencia de calificación técnico profesional. En consecuencia, los empleos se centran en ocupaciones, ya sea en el sector estatal o en el privado, de exigencias manuales u operacionales, con pocos requerimientos de innovación, las que, salvo cadenas o círculos de producción y servicios muy específicos, no provocan mejoras económicas estables, ni enriquecimiento espiritual. Resulta común en estos jóvenes el estancamiento de su desarrollo personal.

Se reconocen avances económicos circunscritos esencialmente al ámbito individual y familiar, asociados a dispositivos generadores de beneficios a corto plazo, en oposición a los retrocesos o leves progresos comunitarios, con lo cual se afianza la brecha entre las metas individuales o de los pequeños grupos de pertenencia y las colectivas, que implican a los grandes grupos. Por tanto, se desestiman o postergan las estrategias de beneficio para amplios grupos y se privilegian las individuales.

Otra característica es la preeminencia de proyectos de vida de poca complejidad, que privilegian metas a corto plazo dirigidas a solventar los estados de carencia -material en principio-, mientras se obvian o relegan los propósitos de mayor temporalidad dirigidos a perfeccionarse e incrementar sus potencialidades. Es sabido que los procesos de movilidad social no están dados únicamente por la existencia de condiciones estructurales. Es preciso, igualmente, disponer de un conjunto herramientas psicológicas para apropiarse de las opciones favorables, según las características personales, familiares y comunitarias.

De igual modo, se hace notar el influjo dominante de la comunidad en la formación de los jóvenes, si se compara con las influencias de otros agentes socializadores, lo cual está relacionado con la aceptación de las normas de este grupo, su contribución a la protección de sus integrantes, a la creación de un entorno confortable, de aceptación mutua en el endogrupo, y protección con respecto a la hostilidad percibida o proveniente del exogrupo. El aprendizaje en este contexto es válido para lograr un desenvolvimiento eficiente en el conjunto de redes y relaciones a las que tienen acceso. Esto supone la prevalencia y tendencia a la reproducción de esas referencias normativas.

La falta de pericia en el autoanálisis constructivo y en la reelaboración oportuna de las estrategias para solucionar conflictos y enfrentar los obstáculos de la vida cotidiana, es otro de los óbices a destacar en el plano subjetivo. Esto resulta congruente con la pasividad, la dependencia, y la postura demandante generadas por el paternalismo prevaleciente en los dispositivos de las políticas de juventud.

Insuficiente o inexistente servicios de orientación a jóvenes en situación de desventaja social, dirigidos a asesorar sus procesos de inserción y participación social, de modo que elaboren, precisen y perfeccionen sus metas, estrategias, proyectos, a partir de sus recursos personológicos y de las oportunidades u obstáculos del contexto. Esta carencia, en cierta medida, trae consigo una pobre conexión entre las proyecciones juveniles y las redes de apoyo local, por un lado, y los centros de éxito por el otro.

Con respecto a la reiteración del consumo cultural y las prácticas asociadas a él, como una problemática en general del país, vale señalar la constante polémica en torno al tema, tanto en espacios científicos y académicos como en escenarios no especializados(5). Un elemento significativo es su presencia sistemática en varias investigaciones sobre juventud desde la década del 80(6), y que se acrecentó luego de la crisis(7). Los estudios han revelado la complejidad y la diversificación de los comportamientos, en particular de aquellos concebidos dentro de las opciones de ocupación del libre y la recreación. Tal demanda se contrapone a la labor del sistema de instituciones gubernamentales, cuya programación no siempre guarda correspondencia con los intereses juveniles.

La interrelación espacio-tiempo en el análisis de este tema es esencial, pues ocupa una de las esferas de la vida cotidiana, en estrecho rejuego con las restantes: familiar, estudio-trabajo, sobrevivencia y actividad sociopolítica. Las variaciones en los contenidos, los tiempos dedicados a ellas, los ritmos de su ejecución, así como los sitios donde se concretan cada una de estas áreas de la cotidianeidad, impacta en las demás; de ahí que, la desvinculación del estudio y el trabajo, es decir, la reducción de la esfera trabajo conduce a la expansión de las otras. Dadas las regularidades psicológicas de la etapa, esta laxación recae fundamentalmente en la de tiempo libre, y en consecuencia se hace más compleja su cobertura de manera satisfactoria.

Las urgencias recreativas de los jóvenes cubanos, incluyendo los residentes en Colón y Jesús María, se concentran en un conjunto de prácticas tradicionales juveniles, donde se destacan el baile y los encuentros en torno a la música popular; las actividades al aire libre, en particular la playa y el deporte; y la interacción con los medios de comunicación masiva, fundamentalmente las tecnologías de la información. Quedan en un segundo plano las propuestas relacionadas con la lectura y el disfrute de las llamadas bellas artes.

En este tema, vale recordar la postura asumida por los jóvenes, más bien demandante de las instituciones en su condición de espectador y consumidor pasivo, en detrimento de posiciones protagónicas recuperadoras de tradiciones y valores comunitarios.

Como resultado existe una brecha recurrente, y claramente percibida por los jóvenes, entre sus intereses y la concepción prevaleciente en cuanto a consumo y las prácticas culturales en la localidad.

Junto a estas tendencias se halla asimismo la reproducción de las acciones delictivas y de la violencia en las relaciones interpersonales en el contexto comunitario, lo cual está sustentado en condiciones socioeconómicas, culturales y psicológicas que tienen una historia a lo interno de la localidad. En primer término intervienen las carencias materiales que conducen a disputas, a veces extremas, por el bienestar y el poder -tales escaseces forman parte de estos sitios desde su fundación, especialmente en Jesús María.

Se regeneran además, las condiciones subjetivas que acompañan a las privaciones económicas, es decir la manipulación del estatus económico y la estigmatización de las personas pobres. De igual modo, desempeñan un papel importante en este contexto la legitimidad del empleo de la violencia en cualquier tipo de conflicto supliendo las habilidades comunicativas requeridas, y la aceptación del delito en tanto vía para contrarrestar la pobreza, lo que sin dudas se vincula a débiles procesos educativos, y a la construcción de patrones identitarios en los que comportamientos violentos y delictivos son resignificados en correspondencia con las características y necesidades de la comunidad.

Una mirada conclusiva a la sistematización realizada permite apuntar varios aspectos importantes:

  • La concepción teórico-metodología empleada para el análisis de los diagnósticos de las necesidades y problemas de los jóvenes es pertinente, pues permitió construir una matriz capaz de articular contenidos y temporalidades.
  • Se ratifica la potencialidad de los jóvenes afectados por la pobreza, la marginación y la exclusión para el examen crítico de su contexto personal, familiar y comunitario.
  • Los diagnósticos aportaron informaciones válidas para la construcción de tendencias de continuidad, ruptura y emergencia, que expresan las reiteraciones en la situación de los jóvenes, así como las modificaciones, ya sea por la pérdida de sentido de algunas temáticas como por la irrupción de nuevos contenidos.
  • Las tendencias de continuidad identificadas para los jóvenes de estos barrios, ratifican y recrean los resultados de estudios cuantitativos referidos a la situación económica, educacional, laboral y familiar de los jóvenes, así como a su participación sociopolítica y percepciones de exclusión. Están asimismo en correspondencia con otros estudios cualitativos referidos a la pobreza y a la exclusión social.
  • Las tendencias de continuidad expresan el condicionamiento macrosocial y la fuerte influencia de las circunstancias sociohistóricas y culturales que han caracterizado al país y a la capital desde la crisis de los años noventa hasta el presente, y que dan cuenta además de las semejanzas y diferencias con otros espacios de la capital.

De igual modo, la reproducción de las circunstancias propias de la marginalidad y la percepción de los jóvenes al respecto se corresponden con las características constatadas y adjudicadas a los territorios estudiados, por lo que existe correspondencia entre las apreciaciones juveniles y las representaciones en el orden científico y del sentido común.

La reproducción de las contextualidades de la marginación a nivel micro y macro, incluyendo la ausencia de mecanismos explícitos, sistemáticos y sólidos que garanticen la amplitud de las oportunidades y el acceso a ellas, explican la constante reconstrucción de comportamientos marginales entre los jóvenes de las localidades estudiadas.

Notas

1 Colón: Su ubicación es muy céntrica, acoge importantes instituciones comerciales y culturales de la capital. Está situado al nordeste del municipio de Centro Habana, limita al norte con el Malecón Habanero, al Sur con el Consejo Popular de Los Sitios (calle Galiano y Reina), al Este con el Paseo del Prado, municipio Habana Vieja y al Oeste con el Consejo Popular Dragones (calle Galiano y Zanja).

2 Jesús María: Tiene una céntrica ubicación. Años atrás acogió un gran número de importantes centros comerciales, pero hoy su deterioro es notable. Se distingue por la religiosidad popular. Sus límites son las calles Egido, Monte, Matadero, Cristina, Arroyo, Línea del Ferrocarril y Avenida del Puerto hasta Egido.

3 Al respecto habría que considerar los resultados del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE), el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), el Centro de Estudios de Salud y Bienestar Humano (CESBH), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), entre otras instituciones científicas, que describen el comportamiento de los principales indicadores económicos y su nexo con las políticas sociales.

4 Ver los informes de la Segunda, Tercera y Cuarta Encuesta Nacional de Juventud, de la autoría del Centro de Estudios Sobre la Juventud y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información Nacional.

5 El consumo y la participación sociocultural ha sido abordado en las publicaciones del Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello” de los últimos veinte años, y en numerosas tesis de diploma y maestría de la Facultad de Psicología de la Universidad de a Habana.

6 Ver resultados del Programa Juventud ejecutado por un conjunto de centros, institutos y áreas de investigación en la década del 80, bajo la dirección de la Academia de Ciencias de Cuba.

7 Este análisis está recogido también en varios estudios del Centro de Estudios Sobre la Juventud.

 
 
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