Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
  enero - julio 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
MATERIAS 
   
AUTOR  
Normas para la aceptación de originales  
Contáctenos  
Resignificaciones de la(s) juventud(es) Entrevista al investigador Rogelio Marcial 
María Carla Gárciga

Casi 30 años de su vida ha dedicado el Dr. en Antropología Social Rogelio Marcial al estudio de las juventudes. Fue precisamente en la universidad, durante la licenciatura en Sociología, cuando surgió una inquietud que mantendría a lo largo de su fecunda trayectoria profesional.

Al respecto, nos comenta el académico mexicano: “En aquel momento, siendo joven, me percaté de cómo, precisamente por ser tal, no nos tomaban mucho en cuenta. Y uno tenía sus ideales de darle un cambio positivo a la sociedad, sobre todo para la participación de los jóvenes. Comencé tratando de entender la diversidad juvenil, que en esa etapa se agotaba en dos tipos de jóvenes: los integrados, que tienen dinero, van a la escuela, visten como todos quieren, se vinculan a instituciones sociales; y por otro lado, los pandilleros o jóvenes de barrios populares que están fuera de las escuelas y los trabajos formales, y que asumen otro tipo de expresiones”.

“Conforme fui estudiando y avanzando sucedía que, de manera paralela en mi país, además de esa dualidad de los ricos fresas y los pobres pandilleros, fueron saliendo otras identidades, como los punks, el movimiento intelectual nuestro, el hip hop, etc. Empecé a identificar los grupos que existían en Guadalajara, primero mediante un estudio muy superficial de todas esas identidades para demostrar la diversidad de culturas juveniles, y luego me centré en cada una de ellas para profundizarlas”.

De esta manera, Marcial trabajó los pandilleros, la diversidad sexual en los jóvenes, las manifestaciones del rap y el hip hop y el movimiento de música electrónica, entre otros tópicos relacionados con este grupo etario.

Perfiles… conversa con el profesor-investigador del Colegio de Jalisco y la Universidad de Guadalajara, quien reúne alrededor de diez libros dedicados a la juventud: acerca de las pandillas; el análisis histórico de las políticas públicas en México desde su surgimiento en los años 20 hasta la actualidad; las transformaciones en las concepciones sobre los jóvenes; las expresiones musicales y su relación con las identidades juveniles, etc. Entre sus títulos destacan Desde la esquina se domina, Jóvenes y presencia colectiva, La banda rifa y Andamos como andamos porque somos como somos: culturas juveniles en Guadalajara.

Para comenzar, quisiera que refiriera, en el contexto actual, ¿cuáles serían los retos para la transformación social a que están abocados los jóvenes?

El principal reto para los jóvenes es lograr tener las condiciones para conocer bien la realidad que están viviendo y poder incidir en ella. Y el principal obstáculo para que los jóvenes integren, de manera participativa, un cambio social, tiene que ver precisamente con toda esta información mediatizada y ocultada. Sabemos que la información es poder, y muchas veces no permitimos que los jóvenes accedan libremente a ella porque creemos que son incapaces de decodificarla adecuadamente. Por eso creo que el principal reto es entender que los jóvenes pueden acceder y comprender la información mediática para legitimar sus ideas, sobre todo porque, según mi experiencia, tienen propuestas muy dignas.

¿Cómo se manifiestan las identidades de la juventud en la contemporaneidad, en específico, dentro del contexto que usted ha investigado?

Básicamente, a través de la reapropiación de simbolismos que vienen de otros lados y de nuestro propio país, México, pero la inmensa mayoría llega de las naciones industrializadas y eso provoca ciertas críticas de los adultos hacia los jóvenes, porque retoman cosas que no son propias del mexicano.

Pero se trata de una forma de identificarse con ciertos simbolismos y readaptarlos a las sociedades nuestras, o sea, lo que están haciendo los jóvenes es traducir esos emblemas identitarios, que normalmente provienen de culturas disidentes de jóvenes en otros países. Un ejemplo concreto es el Hip Hop, una cultura juvenil que viene de Estados Unidos, sobre todo por la reivindicación de la población afroamericana. En México no abunda ese tipo de población, pero lo retoman muchos jóvenes de escasos recursos que emigran a Estados Unidos y que se sienten igualmente discriminados allí.

¿Cuáles son, a su juicio, las mediaciones culturales de mayor impacto que intervienen en la formación y transformación de las identidades en la juventud?

Creo que tiene que ver con toda la producción de los medios de comunicación masiva. Los jóvenes están expuestos a toda la información que fluye en los medios y eso hace que la retomen según la van entendiendo, a veces de una manera adecuada y otras no. Ahora están emergiendo mucho las informaciones que suben a Internet, y hay muy buenas y muy malas, entonces el objetivo es empoderar a los jóvenes para que puedan usar y distinguir entre lo bueno y lo malo, porque en estas mediaciones a las que están expuestos hay mucha información que difícilmente pueden decodificar.

¿Qué opinión le merece el estado actual de los estudios de juventud en cuanto a logros alcanzados, retos y perspectivas?

En Iberoamérica se ha consolidado una línea de investigación fuerte sobre los jóvenes, la cual ha logrado llamar la atención hacia algunas circunstancias que hacen crisis en esta población por ciertas condiciones. En mi país, por ejemplo, hay muchas crisis: de pobreza, de marginalidad, de violencia, sobre todo en la población juvenil. El avance de los estudios sobre jóvenes ha sido identificarlos como grupo poblacional con ciertas características.

Las desventajas que veo en algunas investigaciones es que, al recortar los sujetos de estudio, los apartan de la sociedad y los presentan como extravagantes o extraterrestres que tienen otras ideas. Para superar este tipo de estudios, hay que entender que los jóvenes están en un contexto donde conviven con niños, adultos, adultos mayores, y comprenderlos desde esa perspectiva.

¿Cómo debieran concebirse las políticas culturales dirigidas a la juventud?

En mi país, aunque las políticas se enuncian y se hacen, se habla de políticas de juventud y hay institutos de atención a la juventud, se trata de políticas públicas que no toman en cuenta la diversidad juvenil. Se considera que joven es uno: el de clase media, que está en la escuela, que le gusta el deporte y que es varón sobre todo. No hay diferencias de género, de edad; no hay diferencias raciales ni de gustos culturales, entonces lo que se logra con estas políticas es crear un estereotipo de joven que realmente existe en México, pero que no se agota ahí porque hay jóvenes muy diversos.

Las ayudas o proyectos del gobierno hacia los jóvenes son muy focalizados. Lo primero que dan es ofertas de trabajo y acceso a la cultura, pero a un tipo de cultura hegemónica relacionada con todos los referentes del mexicano, del mariachi, y no se abren los espacios para otros gustos o preferencias. La gran falla en mi país de las políticas públicas dirigidas a la juventud es que no toman en cuenta a los jóvenes; son políticas que idean los adultos desde el escritorio.

En Guadalajara, en la Universidad de Jalisco, hemos estado luchando para involucrarlos, porque tienen mucho que proponer. Ellos padecen problemas y son quienes saben cómo les afectan y qué posibles soluciones hay. Entonces, el gran faltante de esas políticas es que en el diseño deberían participar los jóvenes organizados en colectivos, asociaciones civiles, sindicatos, donde se involucren ellos y sean tomados en cuenta como sujetos de esas políticas.

¿Cómo se conjugan e interactúan la individualidad y grupalidad en los jóvenes del presente?

Es un proceso complicado que se da con mayor fuerza en los jóvenes más que en los adultos, porque en ellos esa identidad individual y colectiva empieza a crear puentes muy directos. Hay un periodo donde el joven busca independizarse de sus padres y enfoca todo lo colectivo. Los conflictos más fuertes a nivel individual vienen en los referentes de los padres, los familiares. Tratan de desestimar esto por una búsqueda de independencia y suelen engrandecer todo lo que viene de sus amigos y de la cultura de los medios dirigida a los jóvenes. Digamos que ese puente a veces se rompe, pero en definitiva, trata de comunicar lo individual con lo grupal, que en la edad juvenil se hace más complicado.

Usted hablaba de la diversidad cultural en México desde el punto de vista étnico; de la superioridad del hombre heterosexual, blanco y con una posición económica elevada. ¿Cómo se insertan los jóvenes en estas dinámicas? ¿Cómo ven dicha problemática y cuáles son sus posiciones al respecto?

Los jóvenes se dan cuenta de que, al hablar de diversidad cultural, se agota en la diferencia étnica y racial entre los grupos originarios o indígenas, y los mestizos. Entonces reproducen o se hacen eco de estas ideas de que, por ser diversos y no ser indígenas son gente extravagante, pero también luchan por un reconocimiento de que la diversidad está igualmente en ellos desde los gustos culturales, desde las opciones sexuales, las clases sociales, y exigen respeto a esa diversidad.

De acuerdo a los estudios que ha realizado en los barrios marginales, ¿cómo se han comportado las identidades de los jóvenes en estos contextos?

Son identidades complicadas. Ellos crean una pandilla en la calle como una familia alternativa a la que le llaman familia de calle. Es una asociación muy cercana y fuerte a la cual es difícil no pertenecer, por las condiciones de los barrios violentos donde viven. Si no te integras a una pandilla, todas te van a molestar y agredir, entonces, casi por sobrevivencia cotidiana tienen que pertenecer a una. Luego es muy difícil salir de ellas, porque muchas están asociadas a hechos delictivos y no permiten que sus miembros se desprendan, ya que saben demasiado y los pueden denunciar.

La pandilla es un elemento primordial casi desde que cumplen los 10 o 12 años y salen a las calles de forma más cotidiana, hasta que empiezan a adquirir los roles de adultos a los 25 o 30 años, cuando ya los compromisos de esa edad les impiden estar tanto tiempo en la calle, o se mudan de barrio y entonces se separan, pero son identidades muy necesarias en estos contextos donde todos los jóvenes participan de ellas.

Lo que tratamos con nuestra intervención es que esas pandillas dejen la asociación directa con el crimen organizado, pero no desaparecerlas, porque es un elemento cotidiano de identidad del cual no pueden prescindir.

¿Cuánto se han modificado los proyectos de vida de estos jóvenes y qué resultados han tenido a partir de esta intervención y el seguimiento que han hecho?

En los casos concretos con los que hemos trabajado han cambiado mucho. Hemos constatado que han aprendido que hay un futuro posible distinto al de la pandilla, al de la delincuencia, al de escalar en este tipo de minimafias; que hay una alternativa. Pero estamos muy limitados, porque trabajamos con muy pocos jóvenes y hay muchos más atrás. Aún así, le apostamos a que esta semilla tenga sus frutos más adelante y que ellos mismos les enseñen a sus compañeros otras puertas más allá de la violencia y la delincuencia.

Con respecto a las nuevas tecnologías, ¿cuánto median en los procesos identitarios de la juventud y cómo utilizarlas para la transformación de los proyectos de vida en el empoderamiento ciudadano?

Las tecnologías son muy importantes, aunque en estos jóvenes pandilleros no es algo muy cotidiano acceder a teléfonos celulares y tener un ciber-café en su barrio, pero en otros tipos de jóvenes el acceso a internet es básico, de hecho, los mismos jóvenes excluyen al que está fuera de estas redes sociales. No tener Facebook en México entre los jóvenes es casi estar en una silla de ruedas o verse incapacitado para tener una serie de cosas; por eso ellos, por su propia realización y para ser aceptados entre los grupos, pertenecen a estas redes sociales, usan y acceden a las nuevas tecnologías.

El problema es ver para qué acceden. Hay una minoría que lo hace para fortalecer sus identidades, para conocer más acerca de lo que quieren hacer y lo que les gusta, y para participar de movimientos sociales y asociaciones civiles, pero son los menos; en la mayoría se produce un acceso hedonista o de amistad nada más, que es necesario, pero aparte de estar ahí en las redes tienen que salir a los contactos cara a cara, porque si no estarían enajenados, y deben entender que es un complemento muy necesario en esta época, pero que la socialización no se agota ahí.

Para finalizar, ¿podría comentarme sobre sus proyectos investigativos actuales en relación con este grupo etario?

En estos momentos estoy dándole continuidad a un trabajo que empecé desde hace tiempo sobre cómo se reproducen los estereotipos de género, tanto en el noviazgo juvenil como en parejas homosexuales y heterosexuales: qué cambios hay, qué tan similares son y cómo esto siembra, de alguna manera, las condiciones en que se van a llevar, sea con esa pareja u otra; también cómo se comporta el machismo, la imposición, si la mujer está más empoderada, etc.

Además, estamos diseñando el seguimiento al proyecto de las pandillas, que ha gustado mucho, porque se nos han acercado otros ayuntamientos por municipios para empezar una labor similar con nuevos grupos.

 
 
Cátedras
Oralidad
Gramsci
Juan Marinello
Premios
Memoria
Anual
Nacional
ALBA
Textos libres
Título
Autor
La Aldaba
Directorio
Lectores
Enlaces

 
Dirección:
Elena del Carmen Socarrás de la Fuente
Coordinadores del número:
Yisel Rivero Baxter y Elaine Morales
Coordinador del dossier:
Yeisa Beatriz Sarduy Herrera
Editora:
Yohanna Castillo Wilson
Diseño:
Alejandro de la Torre Chávez
Programador:
David Muñoz Compte
Consejo Editorial
Luis Álvarez Álvarez, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, Araceli García Carranza, Fina García Marruz, Eusebio Leal Spengler, María Teresa Linares, Rogelio Martínez Furé, Graziella Pogolotti, Olga Portuondo, Eduardo Torres Cuevas
Consejo de Redacción
Jorge Luis Acanda, Ana Cairo, Jorge Fornet, Reynaldo Funes, María M. García, Jesús Guanche, Elmo Hernández, Mario Masvidal, Yolanda Wood. Denise Ocampo Álvarez