Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
20  agosto - diciembre 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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“Nuevos colonialismos”: diálogos evanescentes en una frontera en movimiento  
Alfredo Wagner Berno de Almeida

Resumen: Con todas las condiciones propias de las ceremonias de apertura de eventos científicos, cuyo marco es un portal para el debate, les invito a una reflexión crítica sobre derechos territoriales, cultura y medio ambiente en las relaciones internacionales vinculadas con Brasil en las últimas décadas. Un factor importante, en el ámbito de estas relaciones, son los llamados"diálogos sectoriales” entre Brasil, por un lado, y la Unión Europea y Estados Unidos por el otro, centrándose en particular en los temas relacionados con la cultura y los factores ambientales. Estas relaciones cobraron fuerza a partir de la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB), promulgada durante la Cumbre de Río-92, celebrada en Río de Janeiro el 5 de junio de 1992, y la Declaración Universal sobre Diversidad Cultural, adoptada por la Unesco el 21 de mayo de 2001, ambas en concordancia con las Naciones Unidas (Onu) y acatadas por Brasil. El fortalecimiento de estas iniciativas políticas, elaboradas en dirección “norte-sur” y denominadas"diálogos”, establece líneas demarcadoras trazadas de manera rígida en un telón de fondo de aparente comprensión. Decimos aparente porque uno se enfrenta a interpretaciones y posiciones divergentes frente a los fenómenos relacionados con la biodiversidad y a conflictos socioambientales.

Abstract: Considering all the characteristics of openings in scientific gatherings, which serve as portal to the debate, I invite you critically reflect upon territorial rights, culture, and environment in the context of the international relations connected to Brazil in the last decades. An important factor, in the context of these relations, are the denominated “sectorial dialogues” between Brazil on one hand and the European Union and the US on the other, focusing, in particular, in themes related to culture and environment. These relations gained strength with the Convention on Biological Diversity (CBD), approved during the Rio-92 Convention, in Rio de Janeiro, June 5th, 1992, and with the Universal Declaration on Cultural Diversity, adopted by UNESCO, May 21st, 2001, both in agreement with the UN and embraced by Brazil. The strengthening of these political initiatives, elaborated in the North-South direction, and denominated “dialogues”, establishes limit lines brought about in a rigid way in a canvas of apparent comprehension. We say apparent because one faces divergent interpretations and positions related to biodiversity and socio-environment conflicts.

Palabras claves: Derechos territoriales, cultura, medio ambiente, conflictos socio-ambientales.

Keywords: Territorial rights, culture, environment, socio-environmental conflicts

 

 

Más recientemente nuevas formas de reflexión se han opuesto a esta "tendencia geográfica”, que fortalecen las relaciones clasificadas principalmente como "sur-sur”, es decir, principalmente entre países asiáticos, africanos y del sur y suramericanos. Tales relaciones indican, a diferencia de aquella relación mencionada anteriormente, interpretaciones aproximadas desde el punto de vista de las cuestiones ambientales. Para algunos intérpretes, más propensos al trabajo localizado y a las investigaciones de campo, la biodiversidad se entiende sin desligarse de la sociodiversidad, a través, sobre todo, de la aparición de nuevos "sujetos sociales” que se apropian de los recursos naturales dependiendo de una autoconciencia cultural acentuada. Ellos construyen sus respectivas identidades colectivas, redefiniendo los propios significados de "etnia”, de "tradicional” y otros factores de identidad, cuyos efectos aparecen conjugados con una preservación ambiental articulada con rituales de paso que jerarquizan el tiempo y los espacios físicos, delineando una acción cultural profunda. Los bosques del Amazonas y del Atlántico o los bosques húmedos de la cuenca del Congo y del sudeste asiático no podrían, de esa forma, verse si están separados de los pueblos y las comunidades que las ocupan tradicionalmente y de la que hacen un uso sostenible de los recursos naturales.

Otros intérpretes que incorporan tal disociación se muestran aún más afines con un argumento ambientalista radical, donde prevalece una preponderancia absoluta del marco natural para explicar la vida social. En este aspecto, las características del entorno físico serían determinantes para definir los principios de cualquier política ambiental y la preservación es siempre considerada como "integral”, es decir, sin la presencia de unidades sociales.

La explicación de esta doble frontera revela más que un conflicto de interpretaciones. Ella pone circunstancialmente en suspenso la utilización del modelo habitual de armonía como una técnica de "diálogo”, silenciando diferencias, y llamando la atención sobre los conflictos sociales evidentes en las transformaciones sociales y económicas en esta vuelta de siglo. Esta situación ha sido también clasificada como una ruptura profunda con las medidas autoritarias inspiradas en un proyecto neocolonialista.1 Semejante transición aún no tiene, mientras tanto, una explicación completa. Sus interpretaciones, incluso las mejores, subrayan una "pérdida de rumbo” constante, mostrando una dificultad analítica y de comprensión de la dinámica de los procesos sociales en curso. Es importante revisar, por tanto, los intérpretes y las interpretaciones que demuestran esta perplejidad, teniendo en cuenta que son un supuesto para su propia explicación.

Con apoyo en este supuesto es que pretendo exponer el tema de una manera abierta, invitándolos a pensar libremente y con precisión sobre las decisiones de política cultural y ambiental y sobre los derechos territoriales en la agenda para los pueblos y comunidades tradicionales. Para eso pretendo presentar las interpretaciones de diferentes autores, describiendo condiciones de posibilidades de acceder a los dispositivos conceptuales, a argumentos y esquemas explicativos capaces de proporcionar una triple ruptura: 1) con las autoevidencias,2 2) con los dictados evolucionistas y 3) con el sentido común de los dualismos (tradicional x moderno, primitivo x vanguardia, rural x urbano, periferia x centro, excolonias x metrópolis, atrasado x avanzado, materia prima x industria) que históricamente ha dominado las interpretaciones sobre el tema.

Una advertencia inicial es que las "historias de diferencias culturales”, siempre subrayadas, no deben ser leídas de forma apresurada como sugieren los principios evolucionistas, después de todo los conceptos de "culturas nacionales homogéneas” (Bhabha, 2010, p. 24), de identidades étnicas y de procesos de ambientalizacion, ya sea como una noción general de "poscolonialismo”, están experimentando redefiniciones que dificultan ejercicios comparativos e iniciativas de contraste. Estamos viendo la pérdida de fuerza conceptual y de capacidad de persuasión de estas nociones, hasta entonces hegemónicas, y es a partir de estas condicionantes actuales que se deben evaluar las relaciones "norte-sur” o aquellas “sur-sur” aquí subrayadas.

En el análisis de Homi Bhabha,3 en O Local da Cultura, se impone marcar una distancia crítica mediante los historicismos y las ilusiones de continuidad que fundamentan interpretaciones oficiales.

“El trabajo fronterizo de la cultura exige de un encuentro con "lo nuevo", que no sea parte del continuum del pasado y del presente. Él creía en la idea de lo nuevo como acto insurgente de traducción cultural. Ese arte no solo retoma el pasado como causa social o precedente estético; él renueva el pasado, refigurándolo como un "entrelugar" contingente, que innova e interrumpe la actuación del presente (Bhabha, ibid, 27)”.

Además, cuando se relacionan derechos territoriales de los pueblos y comunidades tradicionales, la cultura y el medio ambiente, hay diferentes enfoques en juego que no pueden ser eludidos. Para intérpretes relacionados con la investigación de campo se entiende que la biodiversidad no está separada de la sociodiversidad, sobre todo en la aparición de nuevos "sujetos sociales” que se apropian de los recursos naturales, dependiendo de una autoconciencia cultural, construyendo sus respectivas identidades colectivas (indígenas, quilombolas, ribereños, caiçaras, rompedoras de coco babasú, faxinalenses, piaçabeiros, comunidades de fondos de pastos, vazanteiros) y sus territorialidades específicas. Se trata de identidades colectivas objetivadas en movimientos sociales, con profunda conciencia ambiental y movilización expresiva en torno a derechos territoriales. La redefinición de la cultura tiene implicaciones sobre la reorganización del espacio físico y las modalidades de apropiación. Los efectos pertinentes de esta construcción apuntan a una preservación del medio ambiente combinada con ritos de paso, que jerarquizan el tiempo y los espacios físicos delineando una acción cultural intrínseca y de hecho profunda. Los bosques tropicales, los humedales no podrían entenderse en su plenitud mientras estén disociados de los pueblos y comunidades que tradicionalmente los ocupan. La reorganización del espacio en este sentido consistiría en un reconocimiento de las formas intrínsecas de uso común de los recursos naturales.

En cambio, para otros intérpretes más en sintonía con un argumento ambientalista radical, inspirados en los preceptos de las antiguas metrópolis, prevalece la preponderancia absoluta del marco natural, que sería determinante para definir los principios de una política oficial. Desde este punto de vista, como ya se mencionó, la preservación se clasifica como "integral”, divorciada de cualquier unidad o agentes sociales, que ahora son considerados como depredadores o "intrusos”. Se ha convertido en una ilegitimidad de las formas tradicionales de uso de los recursos, evidenciando conflictos sociales.

Articulada con esta ilegitimidad, se verificó que en la Unión Europea toman volumen las restricciones a la diversidad social y se agravan los estigmas hacia las antiguas colonias, con leyes de inmigración cada vez más estrictas y restricciones a las identidades étnicas y al libre desplazamiento de agentes sociales relacionados con estos. Las directrices estigmatizadoras, tributarias de las complejidades de descolonización, avizoran nociones del denominado "racismo ambiental”. Se reeditan de manera trágica los argumentos demografistas con fundamentos malthusianos. Bien se ilustra lo expresado con las tensiones y las sucesivas tragedias en la isla de Lampedusa, Italia, con más de 20 000 muertos en las últimas dos décadas entre los que tratan de entrar ilegalmente con embarcaciones precarias a Europa. Acrecienta esto las reclamaciones de los llamados "sin papeles” y las crecientes dificultades en el reconocimiento de los derechos de pueblos gitanos en Francia. En sentido contrario, en Brasil, estamos siendo testigos de la aparición simultánea de una pluralidad de identidades colectivas con el pleno reconocimiento de sus derechos territoriales4 y culturales, incluso lingüísticos5 (caso de los pueblos indígenas, pomeranos y gitanos), y se revisan leyes de inmigración más abiertas y relativamente flexibles de cara a estrictas disposiciones jurídicas ya adoptadas en Estados Unidos y la Unión Europea.

Teniendo en cuenta los llamados oficialmente "diálogos sectoriales”, nos encontramos frente a un desacierto indudable, de una profundidad abismal, pero veamos: mientras uno se abre el otro se cierra; mientras uno reconoce derechos el otro los restringe; mientras uno privilegia políticas de reconocimiento el otro insiste en una política de restricción de identidades; mientras uno aumenta la tolerancia el otro la disminuye. Además, mientras que uno mantiene una perspectiva conservacionista, el otro resalta el conservacionismo y el énfasis en "los temores ecológicos” (contaminación, cambios climáticos), propiciando una intensa comercialización de "servicios ambientales” y una mercantilización de las medidas técnicas vinculadas a las políticas de protección del medio ambiente.

La explicación de estas múltiples fronteras y sus consecuencias se traduce en situaciones sociales de contraste, que ponen circunstancialmente en espera la utilización del modelo habitual de armonía como una técnica de diálogo entre los países, silenciando las diferencias, y llama la atención sobre los antagonismos sociales evidentes en las transformaciones sociales y económicas en esta "vuelta del siglo”, que afectan de manera desigual a países y continentes, bloques económicos y "comunidades internacionales”. Con este prisma los "diálogos sectoriales” exigen un análisis crítico, disociando la pauta de reivindicaciones de los movimientos sociales de aquellos actos del Estado.

Las consecuencias de “una pérdida de rumbo”

"Nous sommes entres dans le nouveau siècle sans boussole”6

Existe un consenso en el debate entre las interpretaciones académicas acerca del paso del siglo XX al XXI, haciendo hincapié en una "pérdida de rumbo” generalizada y una "desorientación” general sobre qué direcciones tomar en la economía, la producción de conocimientos o en la vida cultural. Las decisiones políticas y los circuitos de mercado delimitan el campo de la producción de bienes simbólicos, decidiendo cuáles bienes o servicios culturales serán financiados y qué debe ser o no producido. En un marco de crisis profunda se constata una situación compleja de transición en el que se ciernen incertidumbres y dificultades en la previsión o apreciaciones confiables frente a un futuro próximo. Surgen interrogantes acerca de "¿hacia dónde vamos?” y preguntas previstas: ¿el espacio se sobrepone al tiempo? ¿Hay un acortamiento del tiempo en comparación con los espacios físicos que se tornan jerarquizados rígidamente?

Los discursos explicativos para estas incertidumbres, plagados de metáforas, no recurren a los dispositivos económicos o culturales, sino a la falta de instrumentos de exactitud, de precisión, de localización geográfica y de medición para mostrar la magnitud de las múltiples dimensiones de una "desorientación” profunda y sin el sentido usualmente dado por las direcciones indicadas en la rosa de los vientos. Territorios e identidades colectivas conocen las redefiniciones de sentido. Las fronteras del presente no son, de ningún modo, autoevidentes y hay muchos pensadores para patentar esto. El mapa ya no coincide con el territorio, como diría Baudrillard.7

Para el historiador Amin Maalouf,8 en 2009, a la entrada del nuevo siglo, no se disponía de un instrumento que sirviera de guía para una ubicación precisa, ni de una vieja brújula para indicar el camino a seguir. El pensador afirma que se entra en el nuevo siglo con un paso en falso. La "pérdida de rumbo” estaría vinculada, según el propio título de su libro, a la crisis de la "desnormalización” general o al final de la existencia de las reglas que disciplinarían las actividades comerciales y las políticas de los organismos multilaterales.

A partir de 2008 a 2009, la crisis financiera y el colapso de las políticas triunfalistas de inspiración neoliberal generaron una desconfianza hacia las ideas de "desregulación”, difundiendo una sospecha general de su intención de "liberar” el crecimiento de las fuerzas productivas, que "naturalmente” ocurriría con la neutralización de la acción del Estado. Con este fracaso generalizado de las políticas neoliberales de "desregulación” y con señales dramáticas de crisis económica prolongada, los cerebros pensantes del multilateralismo, tratando de evitar posibles situaciones de conflicto, están proponiendo establecer internacionalmente un "diálogo” con "nuevas” bases. En otras palabras, la iniciativa de "diálogo” se produce en un momento de transición e incertidumbre en los efectos de una descolonización tardía.

En el prefacio de Tempos Fraturados, libro póstumo de Eric Hobsbawm,9 lanzado en 2013, poco después de su muerte, el historiador inglés se muestra en sintonía con esta interpretación, elaborando una argumentación similar, pero enfocándose en lo que implicaría la ausencia del viejo instrumento y no en el instrumento mismo. "Este libro también se refiere a un período de la historia que perdió su rumbo y que, en los primeros años del nuevo milenio, con más asombro de lo que recuerdo haber visto en una ya larga vida, aguarda sin gobierno y desorientado, un futuro irreconocible” (Hobsbawm, 2013: 9.10).

Aunque la divulgada "pérdida de rumbo” aparentemente se refiere al espacio físico, se tiene una noción del tiempo y la cultura que impregna, lo que deja muestra de que la crisis tiene una triple dimensión frente a categorías fundamentales y permanentes en los sistemas de pensamiento. En el primer capítulo de O local da Cultura, Homi K. Bhabha, en sintonía con los intérpretes anteriores, describe en detalle su punto de vista: “El matiz de nuestros tiempos es colocar el tema de la cultura en la esfera del más allá. A la vista del siglo, nos preocupa menos la aniquilación-la muerte del autor-o la epifanía-o el nacimiento del "sujeto". Nuestra existencia hoy está marcada por una tenebrosa sensación de supervivencia, de vivir en las fronteras de "presente", para las cuales no parece haber nombre propio más allá del actual y polémico prefijo "pos": el posmodernismo, poscolonialismo, posfeminismo…”.

El "más allá” no es un nuevo horizonte ni un abandono del pasado…; el principio y final pueden ser los mitos de sostenimiento de los años en la mitad del siglo, pero en este fin-de-siglo nos encontramos en un momento de tránsito donde el espacio y el tiempo se cruzan para producir figuras complejas de diferencia e identidad, pasado y presente, interior y exterior, inclusión y exclusión. Eso es porque hay una sensación de desorientación, un trastorno de dirección, no "más allá”: un movimiento exploratorio incesante, el término francés au-delà capta tan bien "aquí es allá, de todos los lados, fort/da, para allá y para acá, hacia el frente y para atrás" (Bhabha, HK; 2010: 19) (g.n).

Fredric Jameson,10 pensador norteamericano con un doctorado en Yale, habla específicamente de un "cambio cultural” o de la dinámica de una cultura posmoderna a partir de los efectos de las guerras sucesivas y de un "capitalismo tardío”. Las circunstancias de la controversia sobre el "fin del arte” se remontan a Hegel y sitúan las últimas décadas del siglo pasado como una era de grandes actuaciones y un teatro trágico de operaciones de guerra, con efecto en la forma de pensar sobre las transformaciones sociales. Con el posmodernismo ocurriría una reubicación de las categorías de pensamiento, tanto en términos políticos como en términos de producción científica. La razón, la ciencia, el tiempo y el espacio saben de rematización o pasan a ser relativizadas de la misma manera que las categorías políticas: soberanía, ciudadanía y territorio, propiciando el advenimiento de nuevas categorías. Jameson11 capta incluso neologismos como "desterritorialización”, tomado de Deleuze, vinculándolo con la crisis de la especulación inmobiliaria. La situación de tránsito, como transición incierta, aquí implica el abandono de ciertas categorías en favor de otras, modificando por completo los esquemas interpretativos o el modo de percibir los fenómenos.

Por la "falta de un rumbo” los autores buscan una alternativa. Esta alternativa ha concurrido a una formación académica capaz de proporcionar las coordenadas precisas y para un tipo de profesional, cuyos criterios de competencia y conocimiento permitirán imprimir una "dirección” o incluso revertir "rumbos”. El pensador argentino Tomás Eloy Martínez12 sintetiza esta convergencia. Él considera la cartografía como una ciencia que idealmente puede descubrir "caminos” y propiciar la orientación adecuada en un momento de crisis, inclinando las "incertidumbres” y reencontrando el "rumbo”: “Un cartógrafo, si quisiera, puede invertir los rumbos del mundo” (Martínez, 2009).

Con el ritmo de las incertidumbres actuales se podría colocar una interrogación sobre esta afirmación de Martínez, señalando que al mismo tiempo que la cartografía ofrece una idea muy objetiva de las situaciones de transición, esta también está marcada por obstáculos analíticos y por dificultades interpretativas en la comprensión de las subjetividades. Para superar este impasse es que, a partir de las relaciones de investigación, comenzamos a construir los presupuestos de análisis relativos a lo que llamamos "nueva cartografía social”, en contraste con la cartografía oficial y de base geográfica, como intentaremos exponer a continuación.

Una transición incierta y de riesgo: “el nuevo aún no nació y el viejo aún no murió”

Otro grupo de pensadores expone una interpretación de la "vuelta del siglo”, en torno a los riesgos de este tipo de transición que, además de "perder el rumbo”, encontraría una situación limitante, el margen entre los rituales de separación que no se completan y se encuentran inconclusos. Tales rituales de separación están relacionados con la preparación y la espera de ceremonias de nacimiento y de muerte.

El filósofo D. Bensaid13 señala esta condición marginal de un tránsito no completado o de una secuencia ceremonial incompleta, un rito de tránsito que, contrariamente a las predicciones, no se efectuó de manera completa a la "vuelta del siglo”. Este movimiento sin terminar se describe de esta forma: "Es que embarcamos en una transición incierta, en que lo viejo agoniza sin ser abolido, lo nuevo pena por surgir, entre un pasado no superado y la revelación balbuceante de un nuevo mundo en gestación” (Bensaïd, 2008: 22).

Bajo el impacto de la globalización capitalista, las nociones de nación, territorio, pueblo, soberanía y ciudadanía fueron abolidos, como los parámetros del derecho internacional interestatal. Abolidos, pero no superados. Vivimos esa gran transición, ese gran intervalo entre dos extremos, entre el "no más” y el "todavía no”, en que lo antiguo no acabó de morir, mientras que lo nuevo pena por nacer y correr el riesgo de perecer antes de haber vivido (Bensaïd, 2008: 11).

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman14 partía de este esquema interpretativo y define bien su inspiración en A. Gramsci un artículo publicado en el periódico italiano Il Manifesto:

Verso la fine degli anni Venti o l’inizio degli anni Trenta dei secolo scorso Antonio Gramsci scriveva in uno dei moltiqua de rni che riempi durante la sua lunga prigonia nel cárceredi Turi:

La crisi consiste precisamente nel fato che il vecchio sta morendo e dil nuovo non più ancora nascere; in questo interregno appaiono molti sintomi morbosi.

(…)

Propongo di riconoscere la condizione planetária o dilerna come um caso di interregno. Davvero, próprio come postulato da Gramsci, “il vecchio sta morendo”. Il vecchio ordine fondato fino a poco tempo fasu um principio anch’esso ‘trinitario’ di território, stato e nazione come chiave a la distribuzione planetária dela sovranitá e sul pote resposato ala politica dello stato nazione territoriale come sua unica agenzia ativa, sta ormai morendo – la sovranitá non essendo più collegata ad alcuno degli elementi dele entità e del principio trinitari, o essendo comunque collegata ad essi in una parte che si riduce constantemente, mentreil matrimonio aparentemente indestruttibile di potere e politica si sta risolvendo in uma separazione e forse in um divorzio. La sovranitá è per cosi, dire, disancorata e liberamente flutuante. I critério de la sua allocazione tendono a essere fortemente contestati, mentre la sucessione di uma regola di allocazione e la sua applicazione in um gran numero di casi rovesciata (ossia, la regola è ridotta a chi osa retrospettiva di uno stato di fato già compiuto)15 (Bauman, 2010).

En sintonía con Bauman, el periodista Serge Halimi,16 director de Le Monde Diplomatique, nos invita a pensar en una misma dirección al abrir su artículo con un verso indagador de Poésie Ininterrompue, de Paul Èluard: “Quiero saber de dónde estoy partiendo / Para mantener tanta esperanza”.

La formulación más acabada de Halimi dice lo siguiente:

… en las últimas décadas, la transformación del mundo ha sido tan rápida que superó en la velocidad nuestra capacidad para analizarla. La caída del muro de Berlín, el surgimiento del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), las nuevas tecnologías, las crisis financieras, las revueltas árabes, el declive europeo: cada vez, los expertos se revisan para anunciarnos el fin de la historia o el nacimiento de un nuevo orden mundial (…). Además de estos entierros prematuros o estos partos inciertos, han surgido tres grandes tendencias principales, más o menos universales, de las que, en un principio, es importante hacer un balance: crecientes desigualdades sociales, la descomposición de la democracia política y la contracción de la soberanía nacional (Halimi, 2013: p. 20).

Las metáforas relacionadas con el tiempo biológico y su finitud funcionan una vez más como un mecanismo explicativo de las transformaciones sociales. Parece ser que en las ramificaciones de esta explicación algunos resultados convergen para figuras literarias, y una de ellas, en especial, merece ser destacada: la que hace referencia a la novela de Tomasi de Lampedusa titulada Il Gattopardo, cuya adaptación cinematográfica fue realizada por Luchino Visconti. En la novela, tal y como acontece ahora en la isla del mismo nombre, de nuevo suceden transformaciones en torno a Lampedusa, y el mecanismo explicativo de estas se puede resumir en lo que se conoció como "gatopardismo”, cuyo significado, en una traducción libre, podría resumirse así: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo se transforme o cambie”.17 O para que todo se quede como está, es necesario que todo cambie.

"Rumbo este, rumbo sur": viejas certezas deshechas

Durante siglos, y hasta las dos últimas décadas, parecía no haber duda de que el curso del mundo seguiría siendo el mismo. Occidente siempre sería el "rumbo” del proceso a la civilización. Un resumen exacto del escritor portugués Eça de Queiroz18 reafirmaba esta "verdad irrefutable” en 1878, en las Cartas de Inglaterra. Se trataba de una correspondencia enviada regularmente por Eça al diario brasileño Gazeta de Noticias y al periódico portuense A Actualidade durante los años 1878 a 1882. El autor reproduce una de las verdades de la era de la expansión imperialista, que hoy nos parece absolutamente estremecida, completamente deshecha, en aquella dinámica constante del sentido de "Occidente”: "Como la civilización se mueve hacia el occidente, esto pasaría a ser allá por el siglo XXVIII la Nueva Zelanda o la Nueva Australia, cuando nosotros, por nuestro lado, formamos las viejas razas del Oriente, y nuestras lenguas idiomas muertos, y París y Londres montones de columnas derrumbadas como hoy Palmira y Babilonia, que el neozelandés y el australiano vendrán a visitar en globo, con billete de ida y vuelta…” (Eca de Queiroz, 2000: 63).

La expectativa de ruina incluso puede ser la misma, pero las proyecciones y evaluaciones de "rumbo” cambiaron radicalmente en este inicio del siglo XXI. El problema de la representación espacial tiende a acentuarse toda vez que, desde el punto de vista económico o del centro de gravedad, el mundo estaría cambiando. Para Hobsbawm, con la depresión económica actual el mundo no se mueve hacia el oeste, más que al Oeste (América del Norte y Europa), para el sur (África y América Central y América del Sur) y para el este asiático. Tal movimiento es de un largo tiempo, ya que las antiguas regiones metropolitanas y hegemónicas tienen una acumulación de riqueza que les permite garantizar, incluso durante décadas, un estándar de vida superior al de los países emergentes, como los BRICS, por ejemplo.

Una de las deducciones podría indicar que no tendremos grandes cambios cartográficos en los mapamundis a corto plazo, aunque la tensión social en los "países centrales” (Estados Unidos y Europa) mantenga una tendencia ascendente, como el historiador inglés ha señalado. No han faltado, sin embargo, ejercicios de geógrafos, historiadores y antropólogos que colocan a África, Asia y América del Sur en la parte superior del mapamundi y los países hoy llamados "hemisferio norte” en su parte inferior.19

Crítica al eurocentrismo

Son los propios pensadores de las universidades de la Unión Europea los principales intérpretes de los efectos del eurocentrismo sobre la vida intelectual de las antiguas colonias. Para el historiador británico Jeremy Black la ruptura con el eurocentrismo es un tema prominente en este esquema intelectual de reconceptualización y política. Los resultados de la relación de la cartografía con la religión fueron históricamente recuperados por el antropólogo Jack Goody, y es un detallado levantamiento documental que pretende destruir el discurso eurocéntrico producido a partir del Renacimiento clásico.

Goody20 reafirma la pérdida de información científica bajo la hegemonía del cristianismo. Analiza sus efectos negativos en el pensamiento científico y, en particular, sobre la cartografía:

Por ejemplo, respecto a la cartografía, los mapas cristianos retroceden con relación a los detallados mapas griegos y romanos -y de alguna manera, en relación con los mapas islámicos, como los de Al-Idrisi del libro de Rogério (1154) y más tarde en el siglo XVI, en el norte de Europa, los mapas de Mercator?. El mapa cristiano de principios del siglo VVII (T-O) fue clasificado como "diagrama bastante pobre”. Ptolomeo tuvo que ser redescubierto, así como la mayoría de las ciencias tuvieron que renacer. Este es otro ejemplo de la pérdida de información sobre el cristianismo (Goody 2011: 95).

La crítica del eurocentrismo se extiende al proceso de producción artística, así como de mapas y atlas que favorecen la devastación de selvas tropicales, la contaminación de ríos y mares, la desertificación y la devastación de campos naturales y sabanas, manteniendo ausentes de las representaciones cartográficas a sus pueblos y comunidades tradicionales. El mapeo en esta situación se mantendría distante de la investigación etnográfica, al contrario de lo que comienza a prevalecer actualmente en América del Sur, África y Asia. En este contexto, los ojos críticos también recurren a los "nuevos cartógrafos”, mencionados por Deleuze21 como aquellos que podrían rediseñar los mapas, de acuerdo con el sistema de representación de sus propios intereses sociales, fortaleciendo el proceso de autoconciencia cultural y reorientando los "nuevos rumbos” de la vida social.

Las artes académicas, incluso con Hobsbawm, de la misma manera que las instalaciones, el nuevo coleccionismo y las exposiciones de los museos más importantes, incluyendo aquellas de artes plásticas, más conocidas como "bienales”, siguen siendo eurocéntricas. De este modo se mantienen, incluso en un mundo globalizado en el que las cadenas de museos y las secuencias programadas de exposiciones, de "bienales” y de "grandes colecciones” transmiten normalmente una amplia idea de difusión cultural en vista de las condiciones de posibilidades mejor proporcionadas por la producción intelectual y artística. El desarrollo económico, según Hobsbawm, posibilitaría una escena cultural basada en la crítica de las "sociedades coloniales” en el que la institución de la repatriación de colecciones comenzó a funcionar como una medida "natural” de compensación.

Este tema de la repatriación de las piezas obtenidas en las guerras de conquista, que representan al colonialismo, comenzó a tomar forma en las últimas décadas, cuando los principales museos europeos ven debilitado su sentido de "nacional” y cuando los países emergentes buscan, por el contrario, consolidar "proyectos nacionalistas” en términos de política cultural. Un capítulo de tensiones se desarrolla, inaugurando una intensa polémica.

La “repatriación” de colecciones, sus dificultades

El análisis profundo de Hobsbawm plantea:

Los contenidos de estos museos (con referencia a los dos museos de Oskar Reinhardt de Wintesthrue (…) no son nacionales, a pesar de su ubicación en lugares adecuados, y no pertenecen a ningún patrimonio cultural nacional, cualquiera que haya sido su forma original de acumulación (robo, conquista, monarquía, el dinero o el patrocinio). Las colecciones de este tipo pueden o no llegar a ser la fundación de museos designados oficialmente como nacionales, pero en cualquier caso su intención es supranacional (Hobsbawm, 2013).

El Museo de Quai Branly, en París, un espectáculo de la colonización mezclado con posmodernismo, sería una ilustración extrema de esto al exponer de forma tardía las colecciones de "pueblos salvajes”, obtenidas de las grandes expediciones científicas,22 como la "misión” Dakar-Djibouti, en 1931. Este ejemplo más acabado y algo tardío simboliza los posibles y profundos efectos de coleccionismo sobre la autoconciencia cultural de los pueblos y comunidades tradicionales. Museos de este tipo se convirtieron en modelos de neocolonialismo y funcionan articulando librerías, galerías, tiendas de artesanía de los "nativos” y la producción de piezas exóticas y de consumo de masas que revelan la fuerza de los diferentes circuitos comerciales que hoy conforman el mercado de bienes simbólicos.

Se puede afirmar aun con Hobsbawm: "Sin embargo, un nuevo problema ha surgido en el mundo de la descolonización y el turismo globalizado moderno, a saber, la concentración del corpus del gran arte de aceptación universal, a menudo en museos y colecciones de antiguas potencias imperialistas occidentales (es decir, hasta el siglo XX básicamente europeas) y en la acumulación de sus gobernantes y los ricos” (Hobsbawm, 2013:176).

Uno de los efectos más relevantes de este tipo de circuito comercial climatizado y motivado, que combina la innovación tecnológica y el consumo masivo de "mercantilización” de bienes culturales, valorándolos y acentuando su valor de cambio, respecto a la reedición de una postura de inspiración nacionalista que reivindica aquellos bienes usurpados como "patrimonio nacional”.

En otras palabras, como subraya Hobsbawm: “Esto provocó una demanda para la repatriación de estas obras, como en Grecia, Turquía y África Occidental” (Hobsbawm, ibid.176).

Por las dificultades implícitas de estas "compensaciones”, que deberían ser mejor apreciadas, se tiene un ejercicio de contraste que exige una relativización del eurocentrismo, como condición previa para el inicio de estos llamados "diálogos sectoriales”. Y esto no parece sencillo, ni tampoco fácil, porque no solo dependerá de la voluntad política ni de la suma de deseos individuales. Incluso, si se lleva a cabo una distinción cuidadosa entre "cultura nacional” y "cultura universal”, es necesario considerar un ejercicio histórico reanalizando la revolución industrial, el florecimiento del "coleccionismo” y sus variantes a finales del siglo XX. El antropólogo brasileño Castro Faria23 argumenta que este fin de siglo se replanteó las calificaciones "biológicas”, "botánicas” y "geológicas” orquestadas por los naturalistas, que rescribieron la relación entre naturaleza y cultura desde finales del siglo XVIII. Ejemplifica con la lectura de Foucault sobre "clasificación”, y muestra que, de la misma manera, fueron colocados en suspenso los criterios de mecenas y coleccionistas, que llevaron museos y galerías a especializarse en "escuela de arte”, producidas por principios estéticos establecedores de periodicidades complejas: galerías de arte, museos de arte moderno, galerías y jardines botánicos.

El término de "aceptación nacional”, como etiqueta, se tornó frágil, debilitando a menudo el significado de ciertas reclamaciones de repatriaciones de bienes culturales. No hay, por ejemplo, quien reclame las colecciones de Curt Nimuendajú, encomendadas por E. Nordeskiold a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que se exhiben en el Museo de Gotemburgo (Suecia).

No hay tampoco quien reclame las colecciones de artefactos de pueblos indígenas reunidas por clérigos y misioneros de las órdenes religiosas, que hoy se encuentran en Turín, Italia; y si alguna de ellas muestra interés en repatriar las colecciones habría problemas para conservarlas.

Con la idea de la repatriación siendo difundida, se tiene un repertorio de relaciones, combinando pasado y presente, tratando de revertir las jerarquías entre las naciones, indicando que los conceptos habituales de "cultura nacional” se muestran en profundo proceso de redefinición (Bahbha; ibid: 24). Algunos autores hablan incluso de un nuevo tipo de "internacionalismo” con la llegada de las relaciones simétricas.

En este punto de suposición de igualdad entre naciones, la idea de "diálogo” se convierte en consultas sucesivas y movilizaciones intelectuales y políticas, que tanto llevan a una lectura crítica de "poscolonialismo” como de "neocolonialismo” y cuyo futuro próximo consiste en un factor de imprevisibilidad, que merece ser examinado con acierto y forma detenida más allá de una lectura simple que un evento de este tipo puede permitir.

Una ruptura radical del patrón de relaciones públicas

En el plano político, por otro lado, estamos en presencia de las transformaciones que redefinen la relación de la "política” con el "derecho”. Si se comprueban las crisis y amenazas a la democracia, presenciamos también la construcción social de esta misma democracia. En esta primera década del siglo XXI, el continente sudamericano, y en especial Brasil, están experimentando profundas transformaciones sociales y describiendo una ruptura radical frente a los acontecimientos de décadas anteriores. Los economistas han señalado que el crecimiento de los países del Mercosur y de los países de la Pan-Amazonía en los últimos diez años fue mucho más elevado que los que ocurrieron en el Consenso de Washington, en 1989, y principios del siglo XXI. Además, ha sido una situación de progreso social y económico con los gobiernos democráticos electos que se sensibilizan con las demandas populares, a diferencia del escenario de recesión y el desempleo de otras regiones del mundo. Una de las principales razones de estos resultados puede ser atribuida al mérito de las políticas del gobierno, que han roto con los principios neoliberales que "metódicamente destruían los colectivos”, como analiza Bourdieu,24 y están consolidando una experiencia democrática con la movilización social mediante la suscripción incluso de declaraciones, tales como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, de 2007, y ratificando convenciones internacionales que garantizan el reconocimiento de la diversidad cultural, como la Convención 169 de la OIT, fechada en 1989, pero solo fue reconocida por Brasil en 2002/2003.

En medio de estas transformaciones, algunos autores hablan, incluso en términos legales, de un "nuevo constitucionalismo suramericano”, y ejemplifican, principalmente, con las experiencias de Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil, que se están argumentando intensamente, en medio de manifestaciones callejeras y protestas que ponen en tela de juicio las mediaciones políticas usuales, instrumentos democráticos de participación directa.

Las discusiones sobre las formas generales de participación política, vinculadas a una amplia idea de "consulta”, están hoy en la agenda de la vida social brasileña, después de junio de 2013 y con semanas de manifestaciones populares en las calles y plazas de cientos de ciudades. Aunque difusas y sin colocar inmediatamente en tela de juicio el poder del estado, tales movilizaciones, en virtud de su autonomía proclamada, la heterogeneidad de su composición y la dispersión de sus reclamaciones, apuntan no solo para los nuevos significados de "política” sino, sobre todo, a los nuevos patrones de relación política.

Estas combinan las demandas económicas con las afirmaciones de identidad y los principios éticos; se combinan con "eventos culturales irreverentes”, con lemas radicales de defensa del medio ambiente, indicando la incorporación de las acciones directas y prácticas efímeras de acción colectiva no previstas en los dispositivos electorales y de partidos, ya sea como formas de representación diferenciada y colegiadas, y no previstas en la legislación electoral. En respuesta a estas reclamaciones, colocadas cada vez con mayor fuerza por la persistencia, por la fuerza y por la intensidad de las movilizaciones, el principal punto de la agenda elaborada por los poderes ejecutivo y legislativo pasó a ser la llamada "reforma política”. Dentro del ámbito judicial estaría ocurriendo una actualización de los dispositivos de una amplia participación, en el que pone de relieve la eficacia de la Convención 169 de la OIT. Hoy en día, de cierta manera, trasciende a la política nacional y comienza a fortalecer las relaciones "Sur/Sur”.

En cuanto a la Convención 169, vale la pena señalar que de los 22 países que la han ratificado hasta junio de 2013, 15 de ellos están en el continente americano, de ellos 8 en América del Sur "los demás en América Central, excepto México?. Solo Noruega, Dinamarca, España y Holanda, en Europa, la han ratificado. En África, el primer y único país que la reconoce es la República Centroafricana, y en otros países (Kenya, Mozambique y Zambia) se inicia un debate sobre la protección de los derechos territoriales de los pueblos tribales. En el caso de la Pan-Amazonía, solo dos países no son signatarios de la Convención 169: Surinam y la República de Guyana. Se puede decir que, veinticuatro años después de adoptado por la OIT, el Convenio 169 se mantiene como un instrumento actual en las reclamaciones relacionadas con los derechos humanos de los pueblos y comunidades tradicionales. Esto no quiere decir que está siendo activado tardíamente, pero sí que es el momento en que está siendo percibido por los agentes sociales como un instrumento de resistencia. La conciencia da la posibilidad de usar este dispositivo jurídico que favorece a los agentes sociales con conciencia de sí mismos, ya que se convierte en un capítulo siempre coetáneo de determinado grado de percepción política.

En el caso brasileño la propia ratificación no ha servido como una garantía para la realización de los derechos territoriales de los pueblos y comunidades tradicionales vinculadas al derecho de consulta previa, teniendo en cuenta que los sucesivos gobiernos han privilegiado un modelo de desarrollo basado en la economía agroexportadora de productos básicos, sacrificando la economía campesina de base familiar y los territorios de uso común de pueblos y comunidades tradicionales. La flexibilidad de los derechos territoriales ha sido recurrente, lo que ha dado lugar a graves situaciones de conflictos sociales. Del mismo modo, ha sido el abandono de los mecanismos de participación directa de pueblos y comunidades afectadas por la ejecución de megaproyectos de infraestructura (carreteras, puertos, aeropuertos, canales, presas), de grandes plantaciones homogéneas para fines industriales (de soya, palma de dendê, caña de azúcar, pino, eucalipto y acacia), de pastos artificiales de grandes empresas agrícolas y de extracción de madera, mineral y petrolífera. Las tierras tradicionalmente ocupadas por comunidades tradicionales (cf. artículo14 del Convenio 169), al ser mantenidas bajo régimen de uso común de los recursos naturales, en contra de la regla básica del mercado de tierras, no están sujetas a actos de compra y venta y no forman parte de los diferentes circuitos comerciales de intercambio. El uso exclusivo, en el caso de los pueblos indígenas, y el título definitivo de la tierra, como el caso de las comunidades remanentes de quilombos, están en manos de las formas de organización de la comunidad y no por los individuos, condicionando su uso a los intereses comunes de los hogares e impidiendo su "libre” adquisición o venta.

La violación de dispositivos de la Convención 169 se ha registrado en el caso de la ejecución de la central hidroeléctrica de Belo Monte, en el caso de la ejecución de la base de lanzamiento de cohetes de Alcántara y muchos otros eventos.

El reconocimiento de la diversidad social por el Decreto 6 040 se consolidó a partir del funcionamiento de la Comisión Nacional de Pueblos y Comunidades Tradicionales. En las reuniones de la Comisión entre 2007 y 2013 los representantes estrecharon sus vínculos con la firma de pactos tácitos de solidaridad. La garantía de la diversidad social está en el propio instrumento de característica plural que mueve la Comisión. A pesar de que aún no se ha desencadenado adecuadamente todo el potencial político de esta Comisión, se puede decir que ha apoyado a las Comisiones Estatales y Cámaras Técnicas (ver Proyecto Ley de 7447). La importancia de una base de datos sobre los pueblos y las comunidades tradicionales y la ampliación de la representación de la Comisión Nacional en varios Consejos consiste en productos de esta capacidad política.

No es simple o fácil combinar representaciones nacionales con la diversidad de representaciones que caracterizan a las entidades locales. El tema de la representación diferenciada y sus implicaciones está en la agenda de las discusiones de los movimientos sociales, por la dificultad de aproximar lo que se coloca bajo el signo de las diferencias. Un nuevo patrón de relaciones políticas tendría que superar este tipo de obstáculos, como sugieren las pautas reivindicadoras de los movimientos sociales.

Hay, sin embargo, obstáculos difíciles de superar. El crecimiento desproporcionado de los resultados estadísticos de exportación de los productos primarios ha llevado al triunfalismo de los agronegocios, una retórica vanidosa con críticas y condenas duras: 1) la demarcación de las tierras indígenas, 2) la titulación de los territorios quilombolas, 3) la pequeña agricultura de base familiar y 4) todas las formas de extracción que involucran a agentes sociales llamados seringueiros, castanheiros, quebradeiras de coco babaçu, faxinalenses, comunidades de fundos de pasto, piaçabeiros, peconheiros, cipozeiros, vazanteiros, caiçaras, pescadores artesanais y artesanos. La CNA (Confederación Nacional de Agricultura), artífice principal de este tipo de retórica y de este tratamiento mediático hipérbólico, movilizó a los productores intelectuales que registran de manera encomiástica el supuesto éxito, ya sea como un seudoelogio fúnebre de la agricultura familiar y la extracción. Heraldos del "fin del campesinado” y del "fin de la extracción” atan este lenguaje redentor, que elogia las grandes empresas agrícolas, la agroindustria, la "reprimarización de la economía” y la concentración de tierras, eludiendo conflictos sociales y las contradicciones que marcan la vida económica.

La tendencia concentradora con reestructuración del mercado de la tierra, a escala global, trasciende los altos precios de la tierra y guía los debates de las complejidades de un factor específico de "desarrollo sostenible”, que es la llamada "soberanía alimentaria”, que se muestra seriamente amenazada en un período histórico en el que hay siete empresas que producen el 70 % de las semillas en el mundo.25 La presión sobre las tierras tradicionalmente ocupadas, destinada a la producción de culturas alimentarias, tiene como objetivo flexibilizar los derechos territoriales de los pueblos y comunidades tradicionales, proporcionando las condiciones para una expansión del mercado de la tierra más directamente vinculado a productos básicos agrícolas.

Cultura de resistencia

La diferencia de interpretaciones evolucionistas de clara inspiración en lo primordial, las opciones teóricas hacia una “nueva cartografía social”, constituyen la crítica de cualquier esencialización de los pueblos y comunidades tradicionales, afirmando una contranarrativa dinámica en el plano de la identidad y de la construcción el territorio, en contraposición a la firmeza de la cartografía oficial y las clasificaciones que resulten de ella. Para oponerse a esta inmutabilidad, las opciones demuestran que las proclamas en defensa del reconocimiento de los derechos resaltan ciertos signos diacríticos, reafirman hechos históricos y un cierto "origen”, y no pueden entenderse como si fueran las principales opciones para los movimientos de resistencia. Según Paoliello,26 aceptar eso acríticamente significa correr el riesgo de conectar los efectos del autoritarismo de la sociedad colonial con sus divisiones raciales, religiosas y de identidades impuestas históricamente a través de dispositivos como los censos demográficos "al menos de 1872 data el primer censo de Brasil?.

Reiterando el enfoque de Paoliello, no necesariamente serían las demandas para el reconocimiento, sino las reclamaciones de títulos de propiedad de un territorio, hechas colectivamente en el tiempo presente, las que constituirían "el gatillo que dispara el proceso de etnogénesis”. Esta metáfora de "gatillo”, que aprovecha el paso de un estado a otro, se refiere a una propuesta que aparece en línea con la hipótesis de que la etnología, al conceptualizar los "nuevos grupos étnicos” y los criterios de autodefinición de los agentes sociales, abrió la puerta a un instrumento crítico de comprensión de los conflictos por los recursos naturales, con énfasis en la movilización por los territorios. Estas movilizaciones trascienden las particularidades geográficas, sobrepasan de diferentes ecosistemas y pueden referirse tanto al bioma amazónico como a la meseta sur o de la región interior semiárida. Se podría decir, añadiendo argumentos de Edward Said,27 que los criterios políticos y organizativos de las movilizaciones étnicas no dejan más el mundo político "a la metafísica de las esencias”. Las acciones colectivas se opondrían al rígido repertorio de procedimientos que congelan identidades étnicas, que cristalizan sus componentes y tendrían el poder de establecer un odio permanente entre movimientos sociales, que debilitaría cualquier intento de resistencia. Paoliello se dispone a enfrentar estos desafíos y produce una crítica de estos puntos de vista estereotipados, de estos mitos políticos y de estas animosidades, analizando las agendas de reclamaciones de los movimientos sociales, los programas de resistencia étnica, y diferenciando las estrategias de los que se autodefinen como indígena o como quilombola.

Los movimientos sociales que combinan una conciencia ambiental con profundas raíces locales y las reclamaciones por territorio e identidades colectivas, y consolidan un proceso cada vez más intenso de autoconciencia cultural a través de la movilización intensiva, describen contornos de esta frontera. Ser autoconsciente también significa autoconfianza, y el respeto a sí mismo requiere la confirmación de otros, lo que permite establecer estrechos lazos de solidaridad mediante la creación de un "arte de la resistencia”, construido cotidianamente28 con símbolos y prácticas expresas, en el caso de la situación referida de forma empírica, por una identidad colectiva y una ruptura con los criterios esencialistas impuestos por el colonialismo y sus versiones renovadas.

Notas

1Este análisis también se refiere a la reflexión de Laura Nader y Ugo Mattei en el saqueo y el Estado de Derecho. Ver: Pilhagem.Quando o Estado de Direito e ilegal, Sao Paulo, Martins Fontes, 2013.

2Me refiero a los estudios sociológicos sobre poscolonialismo, cuya crítica se resume en Vivek Chibber- "Postcolonial Studies as ananalysis and Critique”, en: Postcolonial Theory and the Specter of Capital, Londres/ New York,Verso, 2013, pp. 1-27.

3Cf. Bhabha, Homi K. El lugar de la cultura, Belo Horizonte, Editorial UFMG, 2010.

4Cf. Decreto no. 6040, de 7 de febrero de 2007, que establece la Política Nacional para el Desarrollo Sostenible de los Pueblos y Comunidades Tradicionales.

5Cf Decreto no. 7 387, de 9 de diciembre de 2010, que crea el inventario nacional de la diversidad lingüística y de otras providencias.

6En español: “Estamos entrando en el nuevo siglo sin brújula” (Maalouf, 2009: 10).

7F. Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro, Barcelona, Editorial Kairós, 2012, pp. 9-11.

8Cf. Maalouf, Amin. Le Dérèglement du Monde, Éditions Grasset & Fasquelle, 2009.

9Cf. Hobsbawm, E. Tempos Fraturados. Cultura e Sociedade no século XXI. São Paulo. Companhia das Letras. 2013.

10Jameson, Fredric. Le postmodernisme, ou la logique culturelle du capitalismetardif. Paris. ENSBA. 2007.

11Jameson, F. “A virada cultural: reflexões sobre o pós-modernismo”. Rio de Janeiro. Civilização Brasileira. 2006, pp. 227-245.

12Cf. Martínez, Tomás Eloy. Purgatório. São Paulo. Cia. das Letras. 2009.

13Bensaid, Daniel. Os irredutíveis. Teoremas da resistência para o tempo presente. São Paulo Editorial Bontempo, 2008.

14Bauman, Z. “Non più e non ancora. Transizionedi um continente a rischiodiparalisi”. Il Manifesto. Anno XL. no. 74, 28 marzo de 2010. (Traduzione Marina Impallomeni)

15En español: “A finales de los años veinte o inicio de los treinta del siglo pasado, Antonio Gramsci escribió en uno de sus muchos escritos durante su larga prisión en la cárcel de Turi: "La crisis consiste precisamente en la constatación de que lo viejo está muriendo y lo nuevo aún no ha nacido; en este interregno aparecen muchos síntomas mórbidos. (…) Propongo reconocer la condición planetaria o dilema como un caso de interregno. Realmente, propio como postulado por Gramsci, "el viejo está muriendo". El viejo orden fundado hasta hace poco tiempo sobre la base de un principio también "trinitario" del territorio, estado y nación como una clave para la soberanía de la distribución planetaria y el estado nacional territorial, y la política del estado nación territorial como única agencia activa, ahora está muriendo "la soberanía ya no está conectada a ninguno de los elementos de la entidad y del principio trinitario, o si siempre está conectada a ellos de una parte que se reduce constantemente, mientras que el aparentemente indestructible matrimonio del poder y la política se está resolviendo en la separación o quizás un divorcio?. La soberanía es desacoplada y libremente fluctuante. El criterio de su asignación tiende a ser fuertemente impugnado, mientras que la sucesión de una regla de asignación y su aplicación en un gran número de casos invertidos (es decir, la regla se reduce a aquellos que se atreven a posteriori de un estado ya realizado)” (Bauman, 2010).

16Vide Serge Halimi. “Para preparar a reconquista”. Le Monde Diplomatique, Brasil, mayo de 2013, pp. 20-21.

17En italiano tem-se: “Se voglia moche tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.” (Tomasi de Lampedusa, pag. 50). No livro de Lampedusa, que retrata sua aristocrática família, isto é o que diz o Principe de Salinas para seu sobrinho Tancredi a respeito da luta pela República, que mostra claros sinais de vitória. Vide: Lampedusa, Tomasi di – Il Gatto pardo. Milano. Giangia como Feltrinelli. 2009. Universale Economica Feltrinelli. (Prima edizione 1963, conforme al manoscritto del 1957).

18Cf. Queiroz, Eça de. Cartas de Inglaterra e Crônicas de Londres. Lisboa. Edição “Livros do Brasil”. 2000, p. 63.

19Vide Black, Jeremy. Mapas e História. Construindo Imagens do Passado. São Paulo. Edusc. 2005.

20Cf. Goody, Jack. Renascimentos: um ou muitos? São Paulo. Editorial UNESP. 1995.

21Cf. Deleuze, Gilles. “Um novo cartógrafo” in Foucault. São Paulo. Editora Brasiliense. 2005, pp. 33-56.

22Vide Griaule, Marcel. Dieu d’eau. Entre tiens avec Ogotemmêli. Paris. Librairie Arthème Fayard. 1966.

23Castro Faria, Luiz de. Antropologia: duas ciências. Notas para uma história da antropologia no Brasil. Rio de Janeiro. CNPq/MAST.2006 (org. por Alfredo Wagner e Heloisa M.B.Domingues).

24Pierre Bourdieu fala explicitamente num “programa de destruição metódica dos coletivos”. En Contrafogos. Táticas para enfrentar a invasão neoliberal. Rio de Janeiro. J .Zahar Editor. 1998. p. 137.

25Se está frente a una tendencia al oligopolio que, en el caso brasileño, coexiste con una agravante: el país está importando arroz y frijoles en el mismo momento en el que las fuerzas conservadoras buscan flexibilizar los derechos territoriales de los pueblos indígenas, quilombolas y demás pueblos y comunidades tradicionales y debilitar a los pequeños agricultores rurales relacionados con los circuitos específicos del mercado de la tierra. Complementa esta información el factor precio: la harina ha llegado a niveles muy altos en el segundo semestre de 2013, lo que afecta la dieta básica de la población en las regiones norte y noreste.

26Paoliello, Tomas, Pacheco de Oliveira. Revitalização étnica e dinâmica territorial- alternativas contemporâneas à crise da economia sertaneja. Rio de Janeiro, Contracapa. 2012.

27Said trabaja con la expresión"cultura de resistencia”, advirtiendo que la lenta recuperación del territorio, que se encontraría en el centro del proceso de descolonización "fue precedido "como en el caso del imperialismo" del mapeo de territorio cultural”. Después del período de "resistencia primaria”, literalmente luchando contra la intromisión externa, viene el período de resistencia secundaria, es decir, la ideológica, que cuando se trata de reconstituir una "comunidad destrozada, salvar o restaurar el sentido y la concentración de la comunidad contra todas las presiones del sistema colonial”, (Said, 2011: p. 328) "como dice Brasil Davidson”. Para obtener más información, siga este enlace: Said, E. Cultura e imperialismo. San Pablo. Empresa de bolsillo. 2011.

28Vide Scott, James C. “Weapons of the Weak. Everyday forms of peasant resistance”. New Haven and London. Yale University Press, 1985.

 
 
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