Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
20  agosto - diciembre 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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La cuestión racial en la política del Partido Comunista de Cuba (1925-1940)  
Caridad Massón Sena

Resumen: Este artículo pretende examinar los proyectos relacionados con la cuestión racial del primer Partido Comunista de Cuba durante la república burguesa y evaluar los resultados de los mismos en cada una de las etapas en que se pusieron en práctica entre 1925 y 1940.

Abstract: This article aims to examine the projects related to the racial question of the first Communist Party of Cuba during the bourgeois republic and evaluate the results thereof in each of the stages in which they were implemented between 1925 and 1940.

Palabras claves: Partido Comunista de Cuba, república burguesa y cuestión racial

Keywords: Communist Party of Cuba, bourgeois republic and racial issue

Introducción

Durante las Guerras de Independencia de Cuba contra España en el siglo XIX, los negros y mulatos -libres o esclavos- jugaron un rol muy significativo. En los campos de batalla fundieron su sangre con la de los blancos -ricos o pobres- y juntos se lanzaron a pelear por la construcción política de una nación y, al mismo tiempo, por la igualdad social.

Sin embargo, sus aspiraciones no se hicieron realidad. Y aunque los patriotas ganaron la guerra, los norteamericanos intervinieron e impusieron una república burguesa y neocolonial plagada de injusticias e inmoralidades, en la cual el capital extranjero restringió tanto la libre determinación en el ámbito económico como el poder político de los cubanos. En el plano racial, la injerencia también fue incuestionable. A partir de 1898 se consolidó una sociedad donde estaban bien marcados los límites para las posibilidades de los no blancos. Se aplicaron parámetros de separación y discriminación en prácticamente todas las esferas de vida: la educación, las festividades, los matrimonios, el empleo, la vivienda.

La Convención Constituyente de 1901 aprobó el sufragio universal masculino, y en las elecciones generales los partidos políticos inmediatamente reconocieron la necesidad de incluir en sus propuestas la lucha contra la discriminación racial. Como ha señalado el investigador Alejandro de la Fuente, las “tradiciones revolucionarias” del pueblo cubano permitieron que en ese momento se abrieran nuevas oportunidades para negros y mulatos; sin embargo, la maquinaria política conservadora que quedó establecida socavó dichas oportunidades.1 La situación segregacionista llegó a hacerse tan grave que un grupo de veteranos negros, procedentes del Partido Liberal -que habían sido prácticamente marginados- decidió fundar otra organización en 1908: el Partido de los Independientes de Color. Sus reivindicaciones no solo fueron políticas, sino también laborales y sociales. Acusados de ser una asociación de corte racial, sus miembros fueron hostigados por el Gobierno, y cuando en 1912 organizaron un alzamiento, fueron masacrados (Ferrer, 2002 y De la Fuente, 2002).

Simultáneamente, en las dos primeras décadas del siglo XX la mayoría de la población pobre “de color” vivió bajo los efectos de la explotación de la oligarquía que dominaba los sectores de producción agraria e industrial y se movilizaba para defenderse influenciada por dos tendencias ideológicas fundamentales: el reformismo y el anarquismo. Ya entrada la tercera década de esta centuria, los reformistas dentro del movimiento obrero no habían logrado concretar sus esfuerzos en la fundación de un partido político; sin embargo, los anarquistas, que renegaban de las contiendas electorales, habían concentrado su labor en la formación de distintos gremios y sindicatos, y obtuvieron resultados más favorables. Así surgió, en 1925, la Confederación Nacional Obrera, organización que nació de la labor conjunta de anarcosindicalistas y marxistas y en cuyas directrices se establecía que entre los trabajadores no debían existir diferencias de razas ni nacionalidades, a la vez que defendía como elemento central la identidad clasista en el enfrentamiento a sus explotadores.

Posiciones del Partido Comunista de Cuba entre 1925 y 1935

El Partido Comunista de Cuba (PCC), constituido en agosto de 1925, en sus propuestas políticas iniciales no incluyó el tema racial. Sin embargo, poco a poco sus dirigentes tomaron conciencia de que aquella cuestión era de suma importancia e, incluso, nombraron dentro de su comité central a un funcionario para que atendiera directamente estos asuntos: al sindicalista panadero de piel negra Sandalio Junco.2

Precisamente, Junco participó como delegado al Congreso Sindical Latinoamericano realizado en la ciudad de Montevideo en el mes de mayo de 1929. Allí presentó el informe “El problema negro de razas y el movimiento proletario”. El dirigente partidista, y su compatriota Alejandro Barreiro, que se encontraban exiliados en México, fueron acreditados para asistir a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana efectuada en Buenos Aires en junio de 1929, en la cual el peruano Hugo Pesce presentó la ponencia que en conjunto había redactado con José Carlos Mariátegui: “El problema de las razas en América Latina”. En dicho documento se planteaba que esa era una cuestión que los burgueses trataban de encubrir o ignorar y que la crítica marxista tenía “la obligación impostergable de plantearlo en sus términos reales” (SSA de la IC, 1929: 263). Ya en su informe inicial el jefe del secretariado latinoamericano de la Comintern, el suizo Jules Humbert-Droz, había adelantado que esa cuestión debía ser analizada, pues era un elemento de inestabilidad en las relaciones políticas y sociales, y que las complicaciones sociales estaban atravesadas en este continente por el factor racial (SSA de la IC, 1929: 89). Por otro lado, se manejó también el criterio expresado en la reunión por el ruso Zacharij M. Rabinovich sobre la necesidad de la autodeterminación de minorías nacionales (SSA de la IC, 1929: 299), extrapolando a esta área geográfica ideas utilizadas por Lenin en Rusia y las teorizaciones que sobre la opresión colonial y nacional planteaba Stalin.

En sus conclusiones, Humbert-Droz analizó como prematuro llegar a acuerdos definitivos sobre el tema, pues un año antes en las sesiones del VI Congreso de la Internacional, los compañeros latinoamericanos habían expresado que en esta región no existían esos problemas; sin embargo, en sus análisis recientes demostraron que esa había sido una apreciación incorrecta. Lo más prudente era no aprobar una resolución definitiva y continuar estudiando la situación para futuras reuniones (SSA de la IC, 1929: 310-311).

Así que, cuando el gobierno de Machado convocó a elecciones parciales en 1932 y el PCC se decidió a participar, elaboró una plataforma electoral en la cual resaltaba el rechazo a cualquier forma de discriminación y el derecho de todos los ciudadanos independientemente del color de su piel a trabajar en cualquier industria o profesión con igualdad de salario para igual trabajo. Denunció el maltrato que sufrían los braceros antillanos que eran traídos a Cuba en condiciones laborales semiesclavistas, las deportaciones que hacía el Gobierno de trabajadores españoles -especialmente si estaban vinculados a las luchas sindicales-, y las discriminaciones a otros grupos extranjeros radicados en Cuba, como los chinos y judíos europeos. Coincido con De la Fuente en que “los esfuerzos de los comunistas por crear un movimiento nacional con unidad racial basado en las identidades de clase fue exitoso”, pero no hasta cierto punto, como dice él, sino en gran medida. Y pienso que fue la única organización política que logró hacerlo en la etapa estudiada y para ello utilizó fundamentalmente su labor dentro de las asociaciones movilizativas de los trabajadores dirigidas por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y sus organizaciones ramales.

Por esos días, también se aceptó dentro de la dirección partidista el criterio de que los problemas de la población negra no se circunscribían a razones de orden racial y social, sino que tenían también carácter nacional, y de ahí surgió la consigna de la “autodeterminación de la faja negra de Oriente”. Esta propuesta fue ardientemente defendida por el comunista Martín Castellanos3 y sostenía la idea de que en la zona comprendida entre los poblados de la región oriental Guantánamo, Songo, Santiago de Cuba, Palma Soriano, Baracoa, etcétera, los negros constituían más del 50 % de la población y debían independizarse, conformar un nuevo Estado y un gobierno propio. El origen de este pronunciamiento se hallaba en una consigna similar que había elaborado el PC de Estados Unidos para la población de piel oscura del llamado “cinturón negro” del sur de ese país. El IV Congreso de Unidad Sindical dirigido por los comunistas, y celebrado en enero de 1934, aprobó una resolución que señalaba: -Afirmar que es una cuestión de clase la cuestión negra es olvidar que la opresión no tan solo pesa sobre el crecido tanto por ciento de negros proletarios que hay en Cuba, sino que también estrangula a los campesinos, los intelectuales y a la pequeña burguesía urbana de negros: La cuestión negra en Cuba es una cuestión nacional con un fuerte contenido de clase, pero en definitiva es una cuestión nacional” (Resoluciones…. 1934: 62).

Y para explicar dicha consigna utilizaba como argumentos:

El territorio y la vida económica común no puede negarse que existen en Cuba y especialmente en la zona negra, pues los negros ocupan un territorio común y sus intercambios comerciales y la cantidad de campesinos negros, colonos medios, estratos intelectuales, pequeña burguesía urbana negra que existen allí son testimonios de una vida económica común. Igualmente no se puede negar que las continuadas insurrecciones negras, su música, su poesía, sus leyendas y bailes y todas las manifestaciones que han servido hasta para caracterizar a Cuba, son reflejo de una cultura común (Resoluciones…. 1934: 61-62).

De lo cual deducía que era indispensable que aquella “nacionalidad negra” constituyera su propia nación independiente.

Pero las condiciones de Cuba eran diferentes a las de Estados Unidos o Rusia. La nación cubana estaba conformada por una mezcla de blancos, negros, chinos y mestizos, con origen etnográfico y pasado histórico diverso y constituían una sola comunidad estable con territorio, vida económica, lengua y cultura comunes, por lo cual esta consigna resultó una transpolación mal interpretada del concepto estalinista de nación y de un proyecto foráneo norteamericano.

En la “faja negra” vivía el 22,4 % de los habitantes negros de Cuba que representaban un número considerable, pero ni siquiera llegaban a la mitad de la población de esa raza en el país. Sin embargo, esta disposición estuvo vigente por varios años. Así tenemos que en abril de 1934, el II Congreso del PCC, junto a la denuncia de la exclusión de los negros en determinados trabajos y profesiones y la propensión a ser los primeros en ser despedidos y los peor pagados, mantuvo la idea de demandar “la autonomía de la faja negra de Oriente” (Massón Sena, 1989).

Esta proposición no fue comprendida por la mayor parte del pueblo y durante el tiempo en que se dio a conocer “no hizo más que crear confusión y desviar la lucha concreta por la igualdad efectiva entre blancos y negros, hacia discusiones teóricas bizantinas…”, como ha señalado el destacado dirigente marxista Fabio Grobart (1985). Poco a poco, el PCC fue comprendiendo lo errado de tal orientación y se eliminó, para dar paso a una plataforma de lucha por la igualdad absoluta entre blancos y negros. Ya el Partido había impulsado la constitución del Comité por los Derechos de los Negros, una especie de frente único, integrado por la CNOC, la Liga Antimperialista, las sociedades negras y otras asociaciones sin filiación política.

Los comunistas y la Asamblea Constituyente

En su afán de servir a las masas populares, el PCC se proyectó por expresar los intereses de las clases explotadas, y de todos y cada uno de los estamentos sociales susceptibles de ser captados para las luchas por la justicia social, en congresos, plenarios, reuniones y su acción cotidiana. Después del fracaso de la huelga de marzo de 1935, adoptó la línea estratégica del frente antimperialista y para ello trató de establecer acuerdos con grupos políticos de izquierda y centro, siempre defendiendo la idea de luchar contra la discriminación racial. En consecuencia con esa política, la organización fue creciendo sustancialmente con miembros de la raza negra, algunos de los cuales llegaron a ser sus más altos dirigentes, entre los cuales podemos señalar a Francisco Calderius (mulato manzanillero que llegó a ocupar la secretaría general del Comité Central por más de veinte años y que fue conocido nacionalmente por el seudónimo de Blas Roca Calderío),4 Lázaro Peña González (dirigente sindical del sector tabacalero, de la CNOC y fundador de la Central de Trabajadores de Cuba),5 Salvador García Agüero (destacado maestro y notorio orador político)6 y Jesús Menéndez Larrondo (líder de los trabajadores azucareros)7, por solo mencionar unos pocos ejemplos. Por su parte, la Juventud Comunista estuvo liderada por un negro cuyo oficio había sido la carpintería, Severo Aguirre del Cristo,8 y también dentro del sector intelectual se destaca la incorporación a la vida partidista del poeta Nicolás Guillén.9

De modo simultáneo el PC apoyó la celebración de la Convención Nacional de Sociedades Cubanas de la Raza de Color en 1936, de la cual surgió la Federación Nacional de Sociedades Negras presidida por Romilio Portuondo Calá. Entre las personas de relieve intelectual y político que respaldaron y se involucraron en las actividades de esta asociación estuvieron los comunistas Salvador García Agüero, José Felipe Carneado, Pedro Serviat, Serafín Portuondo, Antolín Dickinson, Celestino Hernández, Ulises Estrada, Felicita Ortiz y Esperanza Sánchez Mastrapa. El programa de la Convención pretendía realizar reformas a la Constitución de la República que permitieran mejoras económicas, educacionales, laborales y sanitarias para la mayoría de la población. En cuanto a la cuestión racial se refería fundamentalmente a una distribución más justa de los empleos y la toma de medidas contra quienes incurrieran en acciones y declaraciones discriminatorias.

Una de las demandas más defendidas por los comunistas fue la celebración de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Entre 1936 y 1940 los comunistas desplegaron una amplia campaña para dar a conocer sus posiciones generales y, en cuanto a la cuestión racial, entre las actividades de mayor impacto estuvo la participación en un ciclo de conferencias realizado efectuado entre el 13 de febrero y el 15 de mayo de 1939 en el Club Atenas, una influyente sociedad de instrucción y recreo de personas de color.

Varias de esas pláticas tuvieron muy buena acogida y respaldo, destacándose las realizadas por Juan Marinello y Blas Roca. Marinello era el presidente del Partido Unión Revolucionaria (brazo legal del PCC) y realizó una importante disertación el día 10 de marzo de 1939 sobre la cuestión racial en el trabajo, la inmigración y la cultura, en la cual alentaba el sentido fraternal de la unidad de los cubanos a través de la obtención de similares oportunidades laborales, económicas, sociales y educativas. Unos días después, el 27, Blas Roca, secretario general del Partido Comunista, reafirmó esas posiciones al señalar: -Todos los cubanos, hombres y mujeres, son iguales ante la ley y gozarán de los mismos derechos con las solas excepciones que la Constitución determine. Fundándose en la igualdad de todos los ciudadanos, independientemente de su raza, color o sexo, se declara ilegal y penada toda disposición, actos de autoridad o particular que tienda a discriminar y oprimir a cualquier ciudadano bajo pretexto de su raza o sexo, o a limitar sus derechos (...)” (Roca, 1939).

El programa del PCC, sancionado en enero de 1939, señalaba sus pretensiones de impulsar la etapa histórica de la liberación nacional, que pondría a Cuba en condiciones de marchar en el futuro hacia el socialismo, donde no existirían campesinos sin tierras, ni obreros sin trabajo, y tampoco discriminaciones de ningún género. Preceptos similares habían sido enunciados por el Partido Unión Revolucionaria. Así que ambas organizaciones se unificaron con el nombre de Partido Unión Revolucionaria Comunista en agosto de ese año para presentar un programa y una candidatura únicos para la convocatoria a la Asamblea Constituyente de 1940.

A las elecciones para delegados a la Convención se presentaron once partidos; dos de ellos no lograron elegir a ninguno de sus representantes. Cada uno elaboró los proyectos que llevarían a discutir a la Asamblea; de modo general estos fueron contentivos de las principales conquistas obtenidas durante el período revolucionario de 1930. De tal suerte incluyeron el principio de la igualdad de los cubanos y la eliminación de la discriminación racial; sin embargo, solo los comunistas y algunos representantes del autenticismo dieron la verdadera batalla para que esos pronunciamientos estuvieran ciertamente contenidos en el nuevo texto de Carta Magna.

Existían diferencias de criterios marcadas con respecto a la pertinencia o no de analizar la cuestión en el marco constituyentista. Para el Conjunto Nacional Democrático y el ABC ese era asunto resuelto. El PCC y el Partido Popular Cubano coincidían en la importancia del tema. Para el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) los problemas estaban dados por desigualdades económicas y culturales entre negros y blancos; por eso en sus postulados programáticos inscribía un capítulo sobre las garantías individuales y políticas que planteaba que todos los individuos debían ser tratados en condiciones de igualdad.

Los liberales, por su parte, pensaban que era mejor hacer una declaración oficial sin implementarla, mientras que el programa de Acción Republicana señalaba la prohibición de toda discriminación de raza, sexo, religión o clase para asegurar la igualdad de los ciudadanos ante la ley; ratificaba el sufragio universal y el derecho de asociación para fines políticos exceptuando aquellos que propusieran fines de razas, sexo, clase o religión o pretendieran modificar el régimen institucional (Pichardo, 1980).

Dentro de aquel abanico de posiciones fueron los comunistas los que asumieron una posición más radical y la defendieron en la asamblea.

En la base cuarta del Programa de Unión Revolucionaria Comunista, dedicada a los derechos individuales, se planteaba la equivalencia de los cubanos, que gozarían de los mismos derechos, con las solas excepciones que la Constitución determinara, independientemente de raza, color o sexo. Declaraba, además, ilegal y penada toda disposición o acto de autoridades o particulares tendentes a discriminar, oprimir o limitar sus derechos a cualquier ciudadano. En consecuencia, consideraba anticonstitucional toda costumbre, disposición o acto que impidiera o menoscabara el derecho de pasear o transitar por lugares públicos, utilizar los servicios de cualquier establecimiento de toda índole o de los centros de enseñanza y desempeñar empleos en las diferentes ramas de la administración, el comercio y de la industria. Establecía que dentro de los primeros seis meses posteriores a la promulgación de la Constitución, el Congreso de la República debería votar una ley en que se determinaran las penas correspondientes a los violadores de sus disposiciones (Pichardo, 1980: 289).

Los comunistas eligieron como delegados a seis de sus más destacados líderes: Blas Roca Calderío, Juan Marinello, César Vilar, Romárico Cordero, Salvador García Agüero y Esperanza Sánchez Mastrapa. De ellos, tres eran negros o mulatos: García Agüero, el brillante tribuno, graduado de la Escuela Normal de Maestros que, por su condición racial y activismo revolucionario, tuvo que conformarse con un segundo lugar en el escalafón de su escuela; Esperanza Sánchez Mastrapa, doctora en Farmacia, egresada de la Universidad de La Habana y natural de Gibara; y Blas Roca, proveniente de una familia dedicada a la confección de zapatos, oficio que desempeñó por algún tiempo.

En definitiva, la letra de la Constitución de 1940, en su artículo 20, sancionó que:

“Todos los cubanos son iguales ante la ley. La república no reconoce fueros ni privilegios.

“Se declara ilegal y punible toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase, y cualquier otra lesiva a la dignidad humana es declarada ilegal y punible.

“La Ley establecerá las sanciones en que incurren los infractores de este precepto (Constitución, 1940: 333).”

El apartado 74 señalaba:

El Ministerio del Trabajo cuidará, como parte esencial, entre otras, de su política social permanente, de que en la distribución de oportunidades de trabajo en la industria y en el comercio no prevalezcan prácticas discriminatorias de ninguna clase. En las remociones de personal y en la creación de nuevas plazas, así como en las nuevas fábricas, industrias o comercios que se establecieren, será obligatorio distribuir las oportunidades de trabajo sin distingos de razas o color, siempre que se satisfagan los requisitos de idoneidad (…) (Constitución, 1940: 346)”

Epílogo

Para que el articulado constituyente se pudiera materializar, se hacía ineludible elaborar las leyes complementarias que pusieran en vigor cada uno de sus artículos. Esa fue la otra batalla que tuvieron que desarrollar los comunistas, utilizando su trabajo con las masas populares y la presión de sus distintos congresistas en el parlamento cubano.

Durante el período inmediatamente posterior a la promulgación de la nueva Carta Magna, fueron desaprobados varios proyectos presentados en la Cámara de Representantes para hacer efectivas las sanciones contra los actos discriminatorios, a favor de la incorporación del negro a la economía nacional, propiciatorios de una política sindical que impidiera la división racial, un plan de reeducación popular para desarraigar el racismo y el desarrollo de la educación libre, popular y científica presentados por los comunistas Blas Roca, García Agüero, Juan Marinello y Aníbal Escalante en diferentes momentos de las sesiones legislativas. Sin embargo, un destacado líder partidista y obrero, el negro Jesús Menéndez, desde su cargo en el legislativo logró que fuera aprobada la elevación de los salarios en el sector azucarero, a partir del aumento de los precios del crudo en el mercado mundial. Este fue un duro golpe para los sectores oligárquicos que detentaban la mayoría dentro de ese órgano de gobierno, motivo por el cual fraguaron y ejecutaron su asesinato en enero de 1948. Las clases poderosas trataron de utilizar sus medios de comunicación y acciones políticas para hacer pensar al pueblo cubano que los comunistas instigaban odios raciales y movilizaciones sociales innecesarias al enarbolar sus demandas antidiscriminatorias.

La realidad demostró que las batallas antirracistas eran más difíciles que las de contenido social o político. Sin embargo, el Partido Comunista ganó un prestigio bien fundamentado en esas batallas, aunque no sería hasta el triunfo de la Revolución, en 1959, que sus propuestas relacionadas con la igualdad racial comenzarían a implementarse.

Notas

1 De la Fuente, Alejandro (2014). Una nación para todos, La Habana, Imagen Contemporánea.

2Sandalio Junco Camellón (1894-1942). Dirigente de la CNOC, fue fieramente perseguido por el gobierno de Machado, por lo cual se fue al exilio en México. Allí trabajó con Julio Antonio Mella dentro del partido de ese país y en la fundación de Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos. Al regresar a México después de participar en la Conferencia de Buenos Aires en 1929, fue detenido y las autoridades mexicanas lo expulsaron a Alemania. De allí se fue a Moscú y participó en la Segunda Conferencia Comunista Latinoamericana en 1930. Trabajó dentro de la Internacional y estudió en una de sus escuelas en 1931. Al retornar a la Isla, evitó contactos con el PCC y estableció relaciones con personas de afiliación trotskista. Fundó el Buró Trotskista de Oposición Comunista y, posteriormente, el Partido Bolchevique Leninista. A finales de 1935 ingresó a la organización Joven Cuba y estableció relaciones de trabajo con el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Fue asesinado durante un tiroteo entre comunistas y auténticos durante un mitin político.

3Martín Castellanos (1901-¿?). Estudió en el Instituto Oriente y en la Universidad de La Habana. Militó primero en Unión Nacionalista y después se afilió al PCC, en 1932. Participó en la huelga general de 1933 y a finales de ese año fue cooptado para el Comité Central, donde dirigió su Departamento Negro. También fue director de los periódicos Bandera Roja, La Palabra y Resumen. En 1934 hizo contactos con Antonio Guiteras, cuando ocupaba el cargo de secretario general interino del Partido. Sus divergencias con los demás miembros del Buró Político con respecto a la línea política a seguir entre 1937 y 1938 provocaron su expulsión y pasó a militar dentro del Partido Unión Revolucionaria. Trabajó en el Comité Gestor del Bloque Revolucionario Popular y fue miembro del Ejecutivo Nacional de la Federación de Sociedades Cubanas de la Raza de Color en 1939. Posteriormente se alejó de la vida pública.

4Francisco Wilfredo Calderius López (1908-1987), más conocido por el seudónimo de Blas Roca Calderío. Nació en Manzanillo, trabajó en diferentes oficios y se desarrolló como dirigente sindical. Ingresó al PCC en 1929 y en 1933 era secretario general del Comité Provincial del Partido en Oriente. Organizó el soviet de Mabay y después fue trasladado para la capital. En diciembre de 1933 fue nombrado secretario general del Comité Central de manera interina, y en el II Congreso, en 1934, fue ratificado en ese cargo. Participó en la III Conferencia de PPCC de América Latina en 1934 y en el VII Congreso de la IC en 1935. Se destacó por su activa participación como delegado a la Asamblea Constituyente de 1940 y fue electo representante a la Cámara entre 1940 y 1952. Se enfrentó al golpe de Estado de Batista y organizó las luchas contra la dictadura desde la clandestinidad. Problemas de salud lo alejaron transitoriamente del trabajo en esa etapa. Al triunfo de la Revolución consideró que era necesaria la disolución del Partido en aras de alcanzar la unidad y formó parte de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), luego del Partido Unido de la Revolución Socialista y finalmente del actual PCC, integrando su CC y BP desde 1965 hasta 1982. Fue presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y vicepresidente del Consejo de Estado en 1976.

5Lázaro Peña González (1911-1974). Natural de La Habana, trabajó en varios oficios y se hizo dirigente de los tabaqueros. Ingresó al PC en 1929 y fue electo a su Comité Central en el II Congreso de 1934. Sufrió prisión y torturas por parte del gobierno. Ocupó la máxima dirección de la CNOC cuando César Vilar tuvo que exiliarse, y organizó en 1939 la constitución de la Central de Trabajadores de Cuba, de la cual fue su secretario general durante varios años, destacándose por su inteligencia y talento natural para dirigirse a las masas. En 1945 fue electo al Comité Ejecutivo de la Federación Sindical Mundial y luchó duramente contra el mujalismo. En 1953 fue elegido vicepresidente de dicha federación, luego de asistir a una reunión en Europa, y la tiranía de Batista le negó la entrada al país. En 1961 fue reelegido en el XI Congreso Obrero como secretario de la CTC. Ocupó cargos en las ORI y en el CC del PCC hasta su muerte.

6Salvador García Agüero (1907-1965). Natural de La Habana. Fue un brillante alumno en la Escuela Normal para Maestros Primarios, pero por ser negro y revolucionario tuvo que contentarse con un segundo lugar en el escalafón. Era un tribuno muy reconocido y escuchado por los ciudadanos cubanos. También escribió poesía y artículos periodísticos. En 1933 fue miembro de la Sociedad Adelante de estudiantes progresistas negros y del Comité por los Derechos de los Negros. Por orden de los comunistas se incorporó al pequeño partido Unión Revolucionaria junto a otros militantes para transformarlo en el aparato legal del PCC. Fue vicepresidente de la Hermandad de Jóvenes Cubanos. En 1938 resultó elegido miembro del ejecutivo de las Sociedades Cubanas de la Raza de Color. Por su gran oratoria se destacó en la Convención Constituyente, de la cual fue delegado. Allí defendió la idea de la -millonésima” (sueldo mensual para el maestro público) junto a Alicia Hernández de la Barca. En 1944 fue senador de la República y tras el golpe de Estado de Batista en 1952 fue encarcelado. Al ser liberado, pasó a trabajar en la clandestinidad. Al triunfo de la Revolución fue nombrado embajador en Guinea y Bulgaria.

7Jesús Menéndez Larrondo (1911-1948). Natural de Encrucijada, Las Villas. Trabajó como vendedor ambulante y, muy joven, comienza a laborar como machetero en las colonias del central Nazábal. Posteriormente se destacó como secretario general de los trabajadores del central Constancia, desde donde organizó la lucha contra la dictadura de Machado. En 1931 ingresó en el PCC, con la tarea de fundar en esa región la Liga Juvenil Comunista. Participa en el IV Congreso Obrero de Unidad Sindical en 1934, y junto a Lázaro Peña contribuyó a la creación de la CTC y de la Federación Nacional de Obreros Azucareros. Desde su cargo como representante a la Cámara por el Partido Unión Revolucionaria Comunista en 1940 fue un consecuente luchador por las demandas de los azucareros. Entre sus conquistas más significativas estuvieron la aprobación del diferencial azucarero, la Caja de Retiro Azucarero y la Cláusula de Garantía, beneficiosas no solamente para los trabajadores, sino también para la economía nacional. A partir de esas gestiones parlamentarias contribuyó a la elevación de los salarios en ese sector tan importante, la higienización de los bateyes y otras medidas sociales. Fue asesinado el 22 de enero de 1948 en Manzanillo.

8Severo Aguirre del Cristo (1912-1992). Natural de La Habana. Se desempeñó como carpintero. Miembro de la Liga Juvenil de Cuba en 1930, ocupó el cargo de secretario general hasta su disolución en 1938. Ingresó en el PCC en 1934 y en su II congreso fue elegido miembro de su Comité Central y de su Buró Político. Fue delegado al II Congreso Mundial de la Juventud celebrado en Nueva York en 1938. Fue miembro del Comité Nacional del Partido Unión Revolucionaria y líder de la Agrupación Jóvenes del Pueblo. En 1940 fue secretario general del CE de la Juventud Revolucionaria Cubana y en 1944 miembro del Comité Nacional del Partido Socialista Popular. Trabajó como consejero del Partido Guatemalteco del Trabajo y después del derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz regresó a Cuba en 1954. Trabajó en la clandestinidad dentro de la comisión campesina del PSP (1954-1958). Mantuvo contactos en las montañas de la Sierra Maestra y el Escambray entre el PSP y el Ejército Rebelde. Tras el triunfo revolucionario de 1959 asumió la jefatura del Departamento de Ganadería del Instituto Nacional de la Reforma Agraria y el viceministerio de ese instituto. Fue electo miembro del CC del PCC en 1965, luego presidente del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía Nacional y vicepresidente del Consejo Mundial por la Paz. Entre 1973 y 1979 fue embajador de Cuba en la URSS, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado.

9Nicolás Guillén Batista (1902-1989). Nació en Camagüey. Su padre había sido asesinado por los soldados del Gobierno durante una revuelta política en 1917. Trabajando como tipógrafo en el periódico El Nacional comenzó a publicar sus primeros poemas y artículos. Intentó estudiar en la universidad, pero la escasez de recursos económicos se lo impidió. Sin embargo, su talento como poeta poco a poco lo fue haciendo conocido por el público cubano y sus temas de corte folclórico y raíces africanas lo exaltaron hasta ser considerado hoy el Poeta Nacional. En 1936 dirigió la revista Mediodía y participó en el Congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México. Fue delegado al Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura efectuado en España en 1937, año en que decidió ingresar al PCC. En 1943 trabajó en el periódico Gaceta del Caribe y, al año siguiente, en la II Asamblea Nacional del Partido Socialista Popular de Cuba (PSP), presentó la ponencia “El problema negro y la unidad”. El golpe de Estado de Batista lo obligó a partir al exilio y regresó a Cuba en 1959. Muy reconocido entre la intelectualidad cubana, fue electo Presidente de la Unión Nacional de Escritores, Artistas y Trabajadores de la Cultura en 1961. También fue miembro del CC del PCC en 1975 y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular en 1976. Fue miembro del Consejo Mundial de la Paz, y mereció numerosos premios literarios.

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Caridad Massón Sena, investigadora titular del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, doctora en Ciencias Históricas especializada en temas de la historia del movimiento obrero y comunista en Cuba y América Latina.

 
 
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