Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
20  agosto - diciembre 2016

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Movilizaciones Colectivas Antirracistas en Cuba  
Bárbara Oliveira Souza

Resumen: En el artículo “Movilizaciones colectivas antirracistas en Cuba” analizo el activismo afrocubano en diferentes contextos, a partir del diálogo con narrativas de las y los agentes sociales que son protagonistas en el proceso de resignificar discursos en relación con el legado negro y el racismo en el país. Reflexiono sobre las dinámicas que permean las relaciones raciales, el mito cubano de la igualdad, la ideología del mestizaje y la construcción de las identidades. El abordaje teórico involucra estudios de las ciencias sociales sobre relaciones raciales y la lectura crítica de los conceptos de sociedad civil y movimiento social, con base en las especificidades cubanas.

Abstract: This article: “Anti-racist Collective Mobilizations in Cuba” analyses Afro-Cuban activism in different contexts, with reference to the dialog with narratives from the social agents who are protagonists in the process of re-signifying discourses in relation to the black legacy and racism in the country. I reflect about the dynamics which permeate the racial relations, the Cuban myth of equality, the ideology of “mestizaje” (mixing), and the construction of identities. The theoretical approach involves social science studies about racial relations and the critical reading of the concepts of civil society and social movement, referenced in the Cuban specificities.

Palabras claves: Movimiento afrocubano, relaciones raciales, racismo, movimientos sociales.

Keywords: Afro-Cuban movement, Racial Relations,Racism, Social Movements.

Las dos formas de perderse son:

por segregación, en una particularidad apartada,

o por dilución en el universal”.

Aimé Cesaire

Los movimientos sociales afrodescendientes en América Latina son actores clave en la actualidad y son históricamente conformados como antisistémicos y como fuerzas de lucha contrahegemónicas. Las movilizaciones tienen dinámicas diferentes entre las comunidades y movimientos, pero también los procesos son, muchas veces, articulados y dialogados.

En este artículo, analizo el activismo afrocubano en diferentes contextos, con base en el diálogo con las narrativas de los activistas que son protagonistas en el proceso de resignificar discursos con respecto al legado afro y el racismo en el país. A partir del análisis del único país de la región proclamado socialista por casi seis décadas, busco una mirada ampliada sobre las estrategias de lucha de los afrodescendientes en el contexto de la Diáspora Africana en las Américas.

La movilización de los colectivos y agentes sociales en la agenda antirracista en Cuba ha fomentado, especialmente desde mediados de los años ochenta y con más énfasis en la segunda mitad de los años 1990 y 2000, un mayor alcance de la discusión sobre esos temas en los espacios públicos, la ampliación del debate en los medios, expresiones artísticas y en las investigaciones. Hay una creciente demanda por políticas públicas estructuradas para el tema, como las de orden jurídico, económico, educativo y de valorización de las tradiciones afro.

El agravamiento de la crisis económica, en el término de los años ochenta, acentuó las desigualdades en el país. A partir de la percepción de muchos estudios sobre ese tema, como Morales (2012), Zurbano (2015), Robaina (2004, 2012), Romay, (2012), Prieto (2006, 2015), Souza (2015), Brasil (2015), la parcela que sufrió los más grandes impactos en ese proceso fue la población negra. Esa es una de las principales denuncias de las movilizaciones antirracistas, que reivindican políticas públicas para la promoción de la equidad racial.

El estudio (Souza, 2015)1 involucró organizaciones vinculadas a la agenda racial y a las movilizaciones políticas colectivas de los afrocubanos en La Habana y Matanzas, entre los cuales se destacan:

1. Afrocubanas, organización de mujeres negras que se movilizan a partir de un proyecto de estudio y debate sobre la mujer afrocubana, que tiene también como objetivo dar voz a sus reivindicaciones y denuncias.

2. Articulación Regional Afrodescendiente en las Américas, capítulo cubano (ARAAC).

3. Red Barrial Afrodescendiente, con acción en diversos municipios de La Habana, como Balcón Arimao, La Ceiba, Pogolotti, Buena Vista, Jesús María, Párraga, Los Ángeles.

4. Cofradía de la Negritud (CONEG), una de las organizaciones pioneras en Cuba.

5. Proyecto Alianza Unidad Racial (AUR), con énfasis en el debate de derechos y acceso a la justicia.

6. Proyecto La Marina Identidad Barrial, de carácter comunitario, realizado en el barrio La Marina, en Matanzas.

7. Red de Mujeres Afrodescendientes de la América Latina y el Caribe, capítulo cubano.

8. Comisión Aponte, vinculada a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

9. Proyecto mirArte díaDía, que involucra a artistas y activistas.2

Los términos ?articulación” y ?movilizaciones colectivas” se refieren a las acciones, conexiones y redes establecidas que son construidas a partir de la particularidad de cada caso. Son procesos dinámicos, que permean la continua construcción de lazos o su desatamiento, en una lógica fluida de las relaciones sociales internas y externas constituidas en los espacios de los colectivos y junto a los agentes sociales.

Lo que las vincula es la especificidad y el foco en la cuestión racial, en su abordaje privilegiado para las relaciones raciales y para las movilizaciones contra el racismo. Es importante destacar que no son expresiones políticas homogéneas e integradas con directrices comunes. Es a partir de su heterogeneidad que construyen sus acciones en diferentes esferas, desde las comunidades locales hasta las redes internacionales.

En Cuba, el mito de la unidad como meta está muy presente, y la expectativa de haber iconos y líderes que unifiquen las movilizaciones y acciones colectivas es marcada en el imaginario social y en el universo de los agentes sociales con los cuales dialogué en ese trabajo. Todavía la particularidad de ese proceso en la actualidad es exactamente la multifocalidad y la multivocalidad en una miríada de iniciativas variadas.

Otra dimensión fundamental para el debate sobre el tema se refiere a las diferentes narrativas y estrategias discursivas de los activistas y colectivos cuando se organizan en la lucha contra el racismo. Como pondera Foucault: “la inquietud de sentir sobre esa actividad (de hablar, discursar), todavía cotidiana y gris, poderes y peligros que mal se imaginan, la inquietud de suponer luchas, victorias, herimientos, dominaciones, servidumbre, a través de tantas palabras cuyo uso hace tanto tiempo redujo las asperidades” (Foucault, 2006: 08).3

Es con base en narrativas y discursos que los sujetos construyen percepciones sobre sus acciones, estrategias y sobre su propia identidad. Parte de estas estrategias narrativas implica un recontar de sus historias, mitos e iconos. El reposicionamiento de la ?historia oficial” se compone como uno de los recursos relevantes, incluso para lo que se amplifica y para lo que se omite. Ese proceso narrativo explicita deseos, recelos y búsquedas por legitimar estrategias de resistencia y lucha.

El locus del discurso es un campo para reflexionar sobre las relaciones de poder y sobre las dinámicas que son establecidas entre ?resistencia” y ?dominación”. Sobre ese tema, establezco diálogo con varios autores, entre los cuales se destacó Sherry Ortner (1995), que habla sobre la tradición binaria presente en muchos estudios sobre resistencia versus dominación, en los cuales no se pondera sobre el aspecto ambiguo de esas construcciones. Al cuestionarme sobre la rigidez de la dominación como poder establecido y la resistencia como la oposición organizada al poder institucionalizado, busco reflexionar sobre las ambigüedades y fisuras presentes en esa relación.

Dinámicas de las clasificaciones e identidades raciales

De acuerdo con la Oficina Nacional Estadística de Cuba (ONE), la población total del país es de cerca de 11 millones doscientas mil personas, de las cuales 2.1 millones de personas viven en La Habana y casi 53.5 mil en la ciudad de Matanzas, las dos localidades investigadas.4

En Cuba, con base en el Censo de 2012, existen 64.1 % de blancos, 9.3 % de negros y 27.6 % de mestizos. Esos son datos muy cuestionados por los colectivos y activistas antirracistas. Las ponderaciones son hechas en relación con la efectiva representación de esa proporción frente a la sociedad cubana, la metodología, forma de aplicación de los cuestionarios, hasta la desagregación de esas informaciones en datos socioeconómicos en el país.

El debate sobre el aspecto identitario está imbricado en las movilizaciones antirracistas y en los discursos de forma estructural, además de aspectos vinculados al Censo. Las construcciones sociales sobre las categorías “negra(o)”, “mulata(o)”, “afrocubana(o)”, “blanca(o)”, “mestiza(o)”, y como se establece la percepción de la identidad racial son ejes estructurales en los procesos movilizatorios de organizaciones antirracistas.

Así como sucedió en otros países latinoamericanos, la ideología del mestizaje contaminó Cuba, sobre todo a principios del siglo XX. Con gran influencia de las teorías eugenistas,5 hubo una sobrevalorización del estímulo al proceso de blanqueamiento de las poblaciones de países de la región, en los cuales en muchos casos se registraron una serie de iniciativas estatales de incentivo a la migración europea. Todavía el deseado blanqueamiento culminó en la construcción idealizada de la sociedad mestiza, compuesta por la mezcla de las ?grandes razas”, de acuerdo con el abordaje raciologista, que sería principalmente constituida por los ?negros”, ?blancos” e ?indígenas”. Como destaca Munanga (1999), esas son categorías cognitivas, fundadas en la lógica colonial, que, a partir de una supuesta justificativa biológica, se presenta como un constructo ideológico: ?El mestizaje no puede ser concebido apenas como un fenómeno estrictamente biológico, o sea, un flujo de genes entre poblaciones originalmente diferentes. Su contenido es de facto afectado por las ideas que son hechas sobre los individuos que componen esas poblaciones y por los comportamientos supuestamente adoptados por ellos en función de esas ideas. La noción de mestizaje, cuyo uso es al mismo tiempo científico y popular, está saturada de ideología”. (Munanga, 1999: 18).

La influencia de la ideología del mestizaje, como el proceso de fusión entre grupos raciales originales que generan uno nuevo, y los estímulos a la migración europea para blanquear la nación tuvieron gran peso sobre América Latina. En Cuba los reflejos de esos preceptos son sentidos en la actualidad.

En estudios de las ciencias sociales, el concepto de ?transculturación”, acuñado por el famoso antropólogo cubano Fernando Ortiz, está muy presente hasta los días de hoy. Ese concepto está ancorado en los principios básicos del mestizaje tanto cultural como racial, o en las palabras de Ortiz: ?un gran amestizamiento de razas y culturas” que criaría un campo gris, ?ni negro, ni blanco”, un nuevo producto (Ortiz, 1963).

Esa representación homogeneizante de la nación cubana oculta o minimiza las diferencias y las desigualdades existentes y fragiliza las movilizaciones colectivas basadas en identidad. Busca generar una pasteurización étnico-racial. Abajo, uno de los ejemplos de la forma en que la ideología del mestizaje se expresa en la sociedad cubana, además de los espacios domésticos y familiares en Cuba:

Figura 1: Informe sobre la Mesa Redonda, programa de debate en la televisión, en el periódico Granma, uno de los principales de Cuba, periódico del Partido Comunista de Cuba, el 9 de octubre de 2013.

Abajo, Bienvenido Rojas6 hace referencias a expresiones cubanas vinculadas a las percepciones raciales. Esas, sumadas a la diferenciación social entre ?mulatos” y ?negros”, constituyen algunos de los ejemplos de la materialización de la ideología del blanqueamiento y del mestizaje en Cuba contemporánea.

?Aquí una negra se casa con un blanco. La mujer queda embarazada. Entonces, cuando va a dar a luz todo el mundo está pendiente de saber cómo va a ser el pelo de la criatura, eso es una provocación si va a tener el pelo lacio o lo va a tener rizado. ¡Eso es racismo! O sea, qué importa el pelo, lo que importa es la persona, que sea una persona de bien, que sea una persona educada, inteligente, en fin, saludable. Esa es la mayor preocupación”. (Entrevista con el periodista y activista Bienvenido Rojas, el 4 de mayo de 2014).

Esas construcciones sociales sobre ?adelantar la raza” ?puntualizadas por Bienvenido? o la excesiva preocupación por los posibles rasgos físicos que el hijo de una pareja interracial va a tener, demuestran el peso que ambas ideologías tienen en la sociedad cubana actual. Es importante resaltar que el abordaje que hago en ese trabajo se refiere al constructo social, a la dimensión ideologizada del mestizaje, a la narrativa social construida de la mezcla de razas y de la mezcla de culturas. No hago referencia en ese concepto a las interacciones genéticas o biológicas.

La ideología del mestizaje se vincula a lo que Matt Wray llama el privilegio de la ?blanquitud”. La definición de blanquitud como norma, generalmente seguida por la idea de que ella es invisible, termina por privilegiar el punto de vista de los blancos, que sin estar marcados racialmente, acaban por no cuestionar sus ventajas raciales (Wray, 2004, apud Cardoso, 2010). La televisión, la prensa, la escuela, los libros didácticos, los círculos sociales, las percepciones que son pasadas en los núcleos familiares reproducen muchos de esos valores. Colocaciones muy usuales en Cuba y Brasil como ?estás adelantando la raza”, ?el negro, si no la hace a la entrada, la hace a la salida”, o ?pelo malo” y ?pelo bueno” son apenas algunos de los muchos ejemplos que refuerzan los espacios, jerárquicamente marcados, de los privilegios de la blanquitud, como la inteligencia, la belleza, la riqueza, y que fortalecen el espacio de la estigmatización de los negros.

Un contrapunto a esa ideología del mestizaje está presente en las narrativas de muchos de los activistas cubanos antirracistas con los que dialogué en la investigación. De acuerdo con Norberto Mesa:7 ?El mestizaje es un cuento. Es un paso necesario para llegar ¿a qué? Pero el mestizaje no es la meta. La meta es el blanqueamiento. El mestizaje es para estar en vías del propósito que está trazado desde los fundadores de la nación cubana [que era:] los negros hay que eliminarlos, los negros no hacen parte de la nación cubana”. (Entrevista realizada al activista Norberto Mesa, de la Cofradía de la Negritud, el 9 de julio de 2015).

Las relaciones raciales en Cuba están permeadas de esos valores que traen consecuencias prácticas para la sociedad de forma general. Es común encontrar no-blancos de piel más clara que al ser clasificados como ?negros” rápidamente hacen la corrección y se presenten como ?mulatos” o ?mestizos”. Ese proceso marca una posible fragmentación de una potencial solidaridad entre los no-blancos como víctimas de discriminación y una determinación de la identidad racial a partir de referenciales hegemónicos blancos. Al presentarse en un punto diferenciado del signo más estigmatizado, el ?mulato” o ?mestizo” busca más posibilidad de ascenso social. Sería algo semejante al que Hasenbalg (2005), para el caso brasileño, denomina ?expectativa individual de movilidad ascendiente”.

Por otro lado, las representaciones raciales en Cuba no se presentan de forma rigorosa. La identidad racial puede ser fluida y flexible, en dependencia del contexto. Conforme al relato de Noemí, de Cárdenas,8 los individuos pueden manipular los signos en busca de un espacio socialmente más valorizado, que en ese caso cubano es referenciado por la identidad blanca:

?Los mestizos no se asumen como mestizos. El padre de mi hija es mestizo, pero en su carné de identidad le pusieron piel blanca y él no protestó. La gente trata de blanquearse. Él no es racista, pero no se molesta si lo ponen blanco en el carné de identidad. En su interior, como está en el interior de los cubanos, está el deseo latente del blanqueamiento”. (Noemí de Cárdenas, activista feminista e investigadora de género. Entrevista realizada el 14 de julio de 2015).

En otras situaciones, la marcación de los signos vinculados a la subalternidad surge independientemente de la tentativa de los individuos a desvincularse de ellas, exactamente por el hecho de la percepción racial reflejar una construcción social más amplia. La manipulación particular del espectro de colores cubano, o como denomina Carlos Hasenbalg, del continuo de colores, es limitada por los propios signos que estigmatizan a los no-blancos de forma general. A pesar de traer impactos diferenciados a depender de la intensidad de la presencia de esos rasgos, los signos racistas afectan a los no-blancos de forma amplia. El relato de la recepción del matrimonio de Niurka Núñez,9 investigadora cubana del tema racial, refleja bien ese punto:

Yo me gradué en la Unión Soviética en el año 1989 y regresé de la Unión Soviética con un marido mulato. En mi casa eso fue un problema, sobre todo para mi abuela. Había muchas discusiones en torno al tema, no discusiones desagradables porque a fin de cuentas en mi casa siempre hubo respeto a las decisiones que tomara cada uno. Sabía que no había agresiones, pero sí preocupaciones muy evidentes con Eugenio, sobre todo cuando salí embarazada. Muchos cuestionamientos en onda: sabrá peinar a la niña, si sale el pelo malo, cosas de ese tipo. Además, con él mismo hubo discusiones acerca del tema de la raza en Cuba, porque él se consideraba a sí mismo como blanco, a partir del contexto en el que había nacido y crecido, y era el contexto de un solar del barrio Cayo Hueso, uno de los barrios más tradicionales de La Habana, un barrio predominantemente negro y mestizo. Al ser él un mulato claro de piel, pues en aquel entorno, llamémosle de negros, creció con conciencia de blanco y él recibe el impacto de ser considerado como mulato, aunque, por supuesto, a lo largo de su trayectoria vital también había habido mecánicas del tipo de saberse considerado más como mulato, pero el impacto más grande lo sufre cuando entró en mi familia, donde simplemente era mulato. (Entrevista a Niurka Núñez, realizada el 21 de mayo de 2014).

En una sociedad en la cual no hay un rígido sistema de clasificación racial, fenómenos como los que sucedieron con los maridos de Noemí y Niurka, anteriormente citados, de convivencia con una autoidentificación que transita entre los marcadores de la negritud y la blanquitud son posibles, y componen el complejo sistema de las relaciones raciales cubanas. Pero es sintomático percibir que los lugares son dispuestos a partir de una jerarquía racial explícita. Esa jerarquía lleva, por un lado, a la tentativa de negación del vínculo con los signos coloniales subalternizados de la negritud, y por otro, a un asombro cuando esos signos regresan a los individuos como marcadores sociales de desvalorización y estigmatización.

Esa tentativa de desvincularse del signo negro es generada por una serie de construcciones ideológicas, sociales y de imágenes que sitúan a los negros y negras en un locus social marginal, peligroso, primitivo,10 feo, incapaz. La manipulación, por lo tanto, de muchos de los individuos, es buscar desvincular-se de esos signos de estigmatización.

Es sobre el reposicionar de esos signos estigmatizados que actúan muchos de los activistas que acompañé en el trabajo de investigación en Cuba. Deyni Terry,11 activista antirracista y abogada, guarda con cariño un poema que recibió en la niñez, exactamente por situarla como mujer negra en el lugar del deseado, del amor. A continuación, transcribo un fragmento del poema:

Siendo de ti negra como eres

Negra de ti y muchas otras razas

Ninguna unión resultaría tan franca

Que esta que te propongo y que me alegra

Harto de amar a la belleza blanca

Déjame amar a tu cultura negra.

Al mencionar el poema, Deyni relata también cuánto esas imágenes contrahegemónicas de valorización de la negritud fueron importantes para su construcción y valorización como mujer negra. Iniciativas semejantes son hechas por diferentes colectivos, como los talleres de pelo afro, donde se debate sobre la representación negra en la pantalla y el cine, y se realizan representaciones de mujeres negras en muñecas de papel marché.12 Además, en las narrativas, libros y artículos publicados,13 músicas y discursos, los activistas buscan dar otro tono a la historia oficial, con un abordaje sobre importantes hombres y mujeres negras en la lucha por los derechos de los afrocubanos.

En el conjunto de las articulaciones de estos agentes sociales, es de gran importancia comprender las estrategias culturales ?capaces de hacer diferencias y dislocar las disposiciones del poder” (Hall, 2006: 321). Por más que no hegemónicas y ocupando espacios de visibilidad marginales, las organizaciones afrodescendientes se posicionan en las palabras de Hall como ?guerras de posiciones culturales”.

Miradas del debate sobre sociedad civil en Cuba

Al tener como foco de investigación organizaciones, colectivos y grupos de la denominada ?sociedad civil” es interesante reflexionar sobre su concepto. La aplicabilidad de ese concepto en Cuba usualmente tiene implicaciones difíciles, pues los parámetros son distintos y la construcción de los límites entre ?sociedad civil”, ?Estado”, ?mercado” es una tarea compleja. Arato y Cohen (2001) sostienen el concepto con la delimitación de los espacios del Estado, mercado y sociedad civil en contextos democráticos. Con posiciones semejantes a la de Habermas (1987), Arato y Cohen destacan que “el papel político de la sociedad civil (…) no está relacionado directamente con el control o la conquista del poder, sino con la generación de influencia mediante la actividad de las asociaciones democráticas y la discusión no restricta a la esfera pública cultural” (2001: 09). En ese escenario, hay tentativas de influenciar las decisiones políticas en las relaciones establecidas con el Estado. En caso de que eso no ocurra, las expectativas construidas se frustran.

Stuart Hall (2006), para debatir los límites de lo que se denomina ?sociedad civil” y ?Estado”, reflexiona sobre las categorías de hegemonía en Gramsci (1971), que, a su vez, tiene dificultades para establecer fronteras muy explícitas en ?las trincheras y fortificaciones de la sociedad civil”, puesto que hay ?inmensas complejidades en la sociedad en las formaciones sociales modernas”. Hall (2006) hace referencia también a Althusser, que en ese debate se recusa a distinguir entre Estado y sociedad civil, ponderando que esa distinción pertenece apenas a la ?ideología burguesa”, que sitúa al Estado en el papel de control amplio de las instancias sociales.

El establecimiento de esas diferenciaciones y fronteras es un ejercicio, de hecho, complicado. En el caso cubano, esa complejidad es reforzada, por vivir Cuba un socialismo particular y procesos avanzados de mudanzas sociales y económicas, a partir de los años noventa, que han impulsado una fragmentación de estructuras, tal como el lugar de los movimientos de base en la sociedad, con el surgimiento de nuevas formas asociativas.

La sociedad civil tiene dinámicas propias al depender de las condiciones locales y del modelo político, incluso en la relación con el Estado. La división triple propuesta por Arato y Cohen (2001) no es un modelo eficiente para pensar las dinámicas sociales en un país cuyo modelo político es de partido único, el Partido Comunista de Cuba, y que las instituciones siguen una lógica diferenciada en lo que se refiere al modo de representación política.

Todavía la complejidad social demuestra que hay espacios diferenciados de la sociedad civil y del Estado. Diferentemente de lo que Althusser argumenta, las relaciones sociales establecidas en los locales donde realicé mi investigación resaltan esa diferenciación. Estoy de acuerdo en que no sean fronteras fijas y congeladas, pero hay un proceso de asociativismo y de organización de colectivos que no puede confundirse con el Estado.

Para hacer ese análisis propongo un diálogo con las propias categorías nativas. La sociedad civil tradicionalmente existente en Cuba, como fruto de la Revolución, estaría compuesta por las organizaciones de base, con estrecha vinculación con el Estado. Especialmente a partir de los años noventa surgen nuevas formas de activismo social, lo que genera otros contornos a los que se denominan sociedad civil en Cuba.14

En esos casos no se pueden trazar límites rigurosos y fijos entre esas categorías. La oposición y desvinculación con el Estado también no es necesariamente existente. En reflexión semejante a las críticas de diversos autores latinoamericanos en relación con la argumentación de Cohen sobre la rigidez de su concepto y la falta de fluidez entre las tres esferas (Estado, mercado y sociedad),15 pero con énfasis en la especificidad de Cuba, creo que es difícil demarcar una separación rigurosa entre ellas, por la gran presencia o influencia del Estado en el mercado y en las dinámicas de la sociedad civil. Además, los agentes sociales que integran la sociedad civil pueden también ser parte de la sociedad política, y, simultáneamente aún, actuar en el Estado. Ese sería uno de los ejemplos que demuestran cierta fluidez entre esos límites.

Es fundamental, en todo, hacer una diferenciación, con algunas limitaciones, en relación con lo que llamo sociedad política y sociedad civil cubana. Para Arato y Cohen (2001), la sociedad política es integrada por organizaciones políticas, como partidos políticos y parlamentarios. A su vez, la sociedad civil sería la institucionalización de lo social, compuesta, por ejemplo, por asociaciones, movimientos sociales y colectivos.

En lo que caracterizo como sociedad política están presentes actores políticos, como los miembros del Partido Comunista de Cuba y los dirigentes estatales. Cabe destacar que el estatus de ser integrante del Partido es muy valorizado en la sociedad cubana, pues es un locus restricto, donde se pasa a ser miembro solamente por un proceso de selección.16 La sociedad política, por medio del Partido Comunista de Cuba, tiene como función orientar políticamente las acciones emprendidas en diversas instancias de Cuba, incluso en parte de las organizaciones sociales consideradas como sociedad civil.

Con relación a la sociedad civil, hago tres grandes diferenciaciones para la comprensión de la lógica cubana: (1) Sociedad civil oficial, (2) Sociedad civil reconocida, y (3) Sociedad civil disidente. Las organizaciones que denomino como ?sociedad civil oficial” son caracterizadas como organizaciones de base de la Revolución, fundadas, en su mayoría, en los primeros años pos 1959, y son espacios importantes en el fortalecimiento del ?principio revolucionario”. Tienen un carácter mixto. En su estructura, la representación nacional es asalariada, con oficinas y presupuestos vinculados a la estructura gubernamental; pero su actuación en la base, en los niveles locales, es realizada de forma voluntaria, sin vínculo salarial.

Su relación está marcada por la vinculación estrecha tanto con la sociedad política, específicamente el Partido Comunista, como con el Estado. En ese grupo están: (I) los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), situados en todos los barrios de Cuba, cuyo lema es: ?Vigilantes, atentos y combativos”; (II) La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que también tiene estructura descentralizada y fue creada al principio de la Revolución; (III) los sindicatos, en torno a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); y (IV) las representaciones estudiantiles, como la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). El grado de autonomía es mínimo para agendas que están fuera del espectro priorizado por la sociedad política y por el Estado. De acuerdo con los datos levantados por mi investigación, ninguna de esas organizaciones tiene una actuación sistemática en relación con la cuestión racial y el combate al racismo. Por lo tanto, ellas no fueron objeto central de mi análisis en la investigación.

En segundo lugar, visualizo las colectividades sociales antirracistas que son compuestas por activistas que se denominan defensores de la Revolución, pero son críticos de la situación de exclusión y desigualdad racial de los negros y negras en Cuba. Ese conjunto lo denomino ?Sociedad Civil Antirracista Reconocida”. El ?reconocido”, en ese caso, no significa oficializado o legalizado. Incluso, ninguna de ellas es oficializada como una asociación u organización no gubernamental, por ejemplo. Pero son colectivos que tienen algún nivel de reconocimiento del Estado y buscan, en su mayoría, una legitimación en esa relación por medio de la legalización, valorización de su actuación e incorporación de sus demandas en políticas públicas.

Esas organizaciones conviven, ocasionalmente, con situaciones ambiguas. Por un lado, reciben algún soporte estatal, como apoyo para publicación, préstamo de salas públicas para seminarios y debates y alguna interacción con canales de televisión y radios estatales. En esos casos, su actuación es valorizada y comprendida como fundamental para contribuir con los ?nuevos” desafíos de la Revolución, potencializados con la caída del bloque socialista.

Por otro lado, su actuación muchas veces es puesta en duda, al considerar que están desgastando la ?unidad nacional” o la propia Revolución al dar visibilidad al debate racial y a los daños del racismo, o son cuestionados por las estrategias utilizadas. Muchos activistas de ese conjunto de colectividades sufrirán algún tipo de coerción o restricción por parte de instituciones estatales en algún momento de su actuación política con esa agenda.17

En general, ese conjunto de organizaciones posee una frágil estructura para realizar sus actividades, pues no disponen de oficinas y no son legalizadas como asociaciones. Además del poco e inestable apoyo que reciben del Estado, como préstamo de salas para actividades, no tienen recursos para ampliar su actuación por otras regiones del país. El trabajo desarrollado es voluntario. Algunos de esos casos son la Red Barrial Afrodescendiente, la Cofradía de la Negritud, Afrocubanas, Proyecto Alianza Unidad Racial, Proyecto Identidad y Barrio La Marina, Red de Mujeres Afrodescendientes Latinoamericanas y Caribeñas, capítulo cubano, entre otros. Son organizaciones con acción y propuestas muy diversas entre sí, creadas mayoritariamente a partir de los años 2000. Las primeras fueron fundadas en los años noventa. Sobre ese conjunto he dedicado la mayor parte de la investigación.

En tercero, están los colectivos antirracistas que presentan, junto a la crítica de dimensión racial, una oposición sistémica al régimen socialista. Hacen la defensa, por ejemplo, de lo que denominan ?democratización de la prensa y el fin del modelo de partido único”. Ese conjunto lo denomino ?Sociedad Civil Antirracista Disidente”.18 Disidente es un término nativo, utilizado incluso por algunos de esos grupos como el CIR (Comité Ciudadano para la Integración Racial), que se presenta como parte de la ?fraterna sociedad civil disidente de Cuba”.19 En algunos casos, existen los grupos o individuos que se oponen al régimen y que ocasionalmente estrechan relaciones con Estados Unidos. Hay denuncias de acercamiento de algunos de esos grupos al gobierno de Estados Unidos, incluso en relación con recibir apoyo financiero.20 Sobre su actuación no hay reconocimiento estatal y ningún soporte por parte del gobierno de Cuba.

Además de ser las agendas que se refieren específicamente a la lucha antirracista, de ese último conjunto de colectivos, muchas veces convergentes con las organizaciones que yo categoricé como “Sociedad Civil Antirracista Reconocida”, la marcación de la diferencia de concepción política entre esos grupos es bastante significativa, lo que limita relativamente una acción más articulada entre ellos.

Innegablemente, el contexto de la Guerra Fría aún está presente en Cuba en los días actuales. Son resquicios de una relación que por decenios dividió el mundo en dos bloques y que influenció corrientes ideológicas en gran escala. Después de la caída del bloque socialista a fines de los años ochenta, hubo una intensificación de las hostilidades entre Estados Unidos y Cuba, que culminó en una serie de atentados, con datos que indican que han sido ejecutados por algunos grupos opositores en Miami (Morais, 2011). Al pensar en la especificidad vivida por Cuba en ese proceso, es imposible no incorporar esa dimensión en el análisis que hago de la sociedad civil cubana. Esos elementos están en las narrativas, en las acciones y en la forma de organización de órganos estatales y el conjunto de la sociedad política y de la sociedad civil.

La ambigua condición negra en Cuba

Cuba experimentó dinámicas muy particulares sobre el tema racial en comparación con otros países de la región. Su historia tiene resonancia significativa en los casi seis decenios de Revolución. Algunos de esos resultados están presentes en los datos sociales, cuya economía sufre el bloqueo de Estados Unidos desde hace más de cinco decenios.21 El analfabetismo fue declarado superado en los primeros años. De los más de once millones de habitantes, la tasa es de 0.2 %, la más pequeña del mundo, al lado de Letonia y Lituania. Anteriormente al triunfo de la Revolución, en 1958, el 23.6 % de la población cubana era considerada analfabeta y ese número llegaba a 41.7 % entre la población rural.22

En los primeros años del proceso revolucionario se promulgaron diversas acciones que impactaron severamente en las distorsiones raciales del país. Cualquier restricción a negros o blancos en clubes recreativos, centros de trabajo, barrios, instituciones pasó a ser ilegal. Hasta ese momento la realidad cubana presentaba contextos muy segregados. Regiones de La Habana eran prohibidas para personas negras, y había restricciones en parques y playas. En pocos meses, después de la toma de poder por los revolucionarios, un cambio creciente del color de los funcionarios de los bancos, universidades, clubes y casas de espectáculos empezó a acontecer.

Decenios de búsqueda por la superación de las desigualdades materiales permitieron muchos avances inclusivos para la población en general, con fuerte impacto sobre los afrodescendientes, como el gran número de profesionales calificados negros, y una condición de acceso a la educación y la salud muy estructurada en comparación con la región de América Latina. Sin embargo, los engranajes del racismo son muy profundos y están presentes de forma estructural en los espacios de poder, los medios de comunicación, la educación, la justicia y la seguridad pública, en el mercado de trabajo y en las relaciones sociales cotidianas.

La búsqueda focalizada en la superación de las desigualdades materiales fue insuficiente para combatir el racismo en su amplitud. Los últimos datos demuestran una fuerte caída en el ingreso de hombres y mujeres negros en la universidad (Almeida, 2015), la inequidad en las condiciones de las viviendas,23 la proporción desigual de acceso a recursos, como las remesas que envían familiares desde el exterior (Gonzalez et al., 2011; Prieto y Ruiz, 2006; Ruiz, 2015; Domínguez, 2012).

Uno de los ejemplos concretos está presente en los espacios de la economía del turismo y de la gastronomía. En hoteles, restaurantes, paladares…, muchas veces uno de los criterios para la contratación es el color. Es una realidad empírica, pero no explícita en la gran mayoría de los casos, en reglas o normas. Todavía en las situaciones donde explícitamente el criterio ?color de la piel” fue expuesto como condición para la contratación, las posibilidades de condenación del responsable por el acto son pequeñas. Describo lo que dice un anuncio de paladar, publicado en uno de los principales boletines de divulgación de restaurantes, paladares y casas de shows en La Habana: “Las candidatas al puesto deben cumplir los siguientes requisitos: Mujer entre veinte y treinta años de edad, de piel blanca, buen cuerpo y figura, buena apariencia y educación (…). Salario: entre 50 cuc y 70 cuc a la semana” (Boletín AlaMesa, no. 20, 23 de mayo de 2014, La Habana, Cuba).

Zuleica Romay,24 una de las entrevistadas para esta investigación, destaca la necesidad de la reglamentación de los crímenes de discriminación racial, como ese del anuncio, y de incorporar en los cotidianos institucionales y sociales el debate sobre la cuestión racial:

No hay un ordenamiento legal que deje las cosas claras. Bueno, si tú puedes poner en la Constitución que no se puede discriminar a la gente, correcto. Y cuando a mí me discriminen, ¿qué hago?, ¿a dónde voy?, ¿cuáles son los recursos legales? ¡No hay! Entonces son preceptos constitucionales que nunca se implementaron en leyes. Entonces hoy, además de no estar entrenados, los ciudadanos están desprotegidos. Cuando yo digo desprotegidos, hablo en un sentido específico. Si en Brasil (…) a pesar de existir esta maravilla (la ley que criminaliza el racismo), a veces los abogados le aconsejan a la gente: No, pero no demandes por un delito de discriminación, demanda por ofensa, demanda por injuria, porque es más fácil ganar un caso de ofensa que un caso de discriminación. Aquí no hay ni siquiera ley. Entonces cuando a mí me griten negra mona y yo quiera poner una demanda, ¿qué es lo que hacemos? Ya uno no sabe, y posiblemente si tú haces la demanda a una unidad de policía o a un tribunal la gente se ría de ti: ?¡Ay, hijo, pero no cojas lucha!”. (Entrevista a Zuleica Romay realizada el 18 de agosto de 2014).

Con base en las múltiples narrativas y datos de la investigación a los que pude tener acceso junto a los colectivos y activistas, es posible destacar algunas de las prioridades de esos agentes sociales. A pesar de no haber una concordancia amplia, la reglamentación del crimen de racismo y el acceso a la justicia para las víctimas surgen como demandas principales a partir de la perspectiva de la gran mayoría de los activistas. Deyni Terry, del colectivo Alianza Unidad Racial, describe la relevancia de haber una ley antirracista más efectiva en el país:

¿Por qué abogamos? Para que en Cuba haya una ley contra la discriminación en cualquiera de sus formas: sexista, racista, homofóbica, cualquiera de sus formas. Porque se están dando muchos crímenes por temas de discriminación. No salen en los medios, porque políticamente el Estado no cuestiona la política. Nosotros tenemos una Constitución y el Estado es sabio en decidir. ¿Por qué esto no sale en los medios? Pero sí hay problemas raciales, sí hay ofensas raciales. Todos los humoristas que se paran en un escenario publico hacen chistes contra negros y no hay una ley que me permita a mí ponerme de pie y demandar al teatro, no hay una ley que me diga qué hacer con ese humorista que tiene el carro del año (…) y llena los bolsillos con temas racistas y todo el mundo se ríe como si esto fuera algo que no dejara secuelas. (Entrevista con Deyni Terry, realizada el 15 de febrero de 2014).

A ese aspecto legal se suman las denuncias de los abordajes cotidianos de la policía a personas negras, sobre todo en locales turísticos o centrales de la ciudad. Las averiguaciones hechas muchas veces terminan con detenciones de algunas horas, sin haber motivo explícito.25 La experiencia relatada por Norberto Mesa, de la Cofradía de la Negritud, refleja la incidencia del racismo institucional en la policía cubana:

Yo estuve preso, yo lo puedo decir. Estuve una noche preso por ser negro, aquí, en Zapata. Yo estoy en el hotel trabajando y una pareja de canadienses me invitan a ir con ellos a La Zorra y el Cuervo (casa de jazz). Dije que sí. Entonces, pasamos por La Rampa, ahí donde empieza, y entonces están los policías allí y pasamos y nadie nos dice nada. Llegamos a La Zorra y el Cuervo, pero empezaba a las 10:30 de la noche, era temprano. Yo dije: vamos a una de las zonas más céntricas de Cuba, a L y 23. Les explico [sobre] el Habana Libre, el cine Yara y esa que está allá enfrente es la heladería Coppelia. Pero, cuando cruzo, un policía: ?¡Hey, compañero, su carnet!”. Les enseño. Pero, mira, es la misma historia. Dicen: ?tengo que llamar allá” (en la central de policía). Yo pregunté: ?¿Tengo algún problema en el carnet de identidad?”. Me dicen: ?No, pero usted es un posible asediante”. Les contesto: ?Mire, usted sabe lo que significa asediar, ¿cómo usted va decir que yo puedo ser un asediante si ellos le están diciendo que soy amigo de ellos, que vengo con ellos y que vamos a una actividad?, así ¿cómo usted cree que yo voy a ser un posible asediante?”. [El policía] dice: ?No, ellos se pueden ir, pero usted se tiene que quedar con nosotros, nos tiene que acompañar”. Entonces llamaron, vino el camioncito con la gente. Pero, cuando voy a montar, hay como 10 o 12 personas sentadas ahí. Las 10 o 12 personas conmigo todo el mundo es negro. ?Dígole: pero venga acá, ¿ustedes nada más que recogen negros? Pero esto es el colmo de la discriminación, que ustedes nada más estén recogiendo por el carnet de identidad, entonces… ¿los únicos que no usan carnet son los negros? Doce personas aquí adentro y ¿todos somos negros?” Nos llevan para la estación de policía de Zulueta, nos bajan. El policía habla: ?Este tipo [apunta para mí], oye, ese es ‘contestón’”. Nos meten para dentro, para el calabozo. Entonces, como a las 12 de la noche me llaman: ?Óigame, para que firme aquí y diga que usted no va a andar más con extranjeros”. Me indigné y le dije un bando de cosas ahí, le dije: ?Dame acá: [escribí] Esto es una violación de los derechos, de la dignidad de los cubanos, y me voy”. Pero eso pasa aquí, eso fue en el 2009. (Entrevista realizada a Norberto Mesa, de la Cofradía de la Negritud, el 9 de julio de 2015).

La invisibilidad negra en los medios o la mirada estereotipada es otro aspecto muy presente en las demandas de los activistas antirracistas en el país. Los medios de comunicación, televisión, radio y periódicos, que yo acompañé en la investigación,26 solo han abordado el tema de forma muy puntualizada. Algunas veces, incluso, la información era contradictoria y acababa por hacer un refuerzo de los mismos estigmas que, en teoría, el programa tenía como objetivo combatir. Irene Izquierdo, periodista e investigadora del tema racial, relata, a partir de su experiencia como profesional de esa área, cómo la cuestión es muchas veces tratada:

Acerca de si forma parte o no de las agendas mediáticas, voy a poner de ejemplo la experiencia de un colega cercano a mí desde el punto de vista laboral. Se acercó a uno de los decisores en cuanto a la confección de ábaco editorial, para solicitarle un espacio y tratar el tema (racial). El “superior” le respondió que para los de “arriba” ese no era tema de importancia. Y, sin negar que puede interesar y hasta preocupar, no es primordial desde el punto de vista noticioso. Por eso resulta contradictorio; el Partido Comunista de Cuba ?responsabilizado con trazar, dirigir y controlar la política informativa de los medios de comunicación? valora: “(…) hace daño a la labor ideológica que desarrollamos la existencia de vacíos, supuestos ‘temas tabúes’. Está demostrado que los temas más complejos pueden ser tratados a partir de un alto sentido de responsabilidad política y profesionalidad periodística (…)”. Pero no ha trazado de manera explícita una estrategia encaminada a abordar todas las aristas que el tema puede propiciar (Izquierdo, 2015).

Irene Esther Ruiz,27 al abordar la ausencia de personajes negros en las novelas cubanas en papeles protagónicos y su sobrerrepresentación en papeles estigmatizados, habla del momento actual y de los antecedentes de la producción televisiva y cinematográfica de Cuba en los años setenta y ochenta. La mejor representación de la diversidad étnico-racial es una de las demandas de muchos de los colectivos antirracistas:

Yo me acuerdo que en los años setenta y ochenta empezaron a criticar la representación de los negros en la pantalla. Era solo el negro esclavo, la negra violentada, la gente en el barracón… Entonces, hay la expectativa de que en medio de un proceso revolucionario se represente al negro con los valores que esos negros aportaron a nuestra cultura y sociedad. Pero eso no es así. Estas cosas han contribuido a que en los medios de comunicación este tema todavía no se ha resuelto. Hoy lo que está más reciente en la pantalla es la telenovela cubana. Hay muchas personas mestizas, pero un mestizaje muy lavadito. La historia es que esa autora, la conozco y conozco su lucha, como guionista, escritora de telenovelas, es una mujer mestiza, siempre defendió la presencia de los negros y en sus telenovelas ponía personajes negros. Pero eso fue muy rechazado en la televisión y eso le impidió que ella pudiera estar con su obra más presente en los dramatizados. A la hora de hacer el casting, los directores le blanqueaban el personaje negro. Me contaron que esta última que está en pantalla (julio de 2015), hay algunos personajes ahí que no son mestizos, sino negros. O sea, todavía se mantiene el problema en la televisión. (Entrevista con Irene Ester Ruiz, realizada el 1ro. de julio de 2015).

Otra perspectiva importante del debate sobre el activismo antirracista entre los grupos que acompañé es la necesidad de más atención a los interdictos del discurso (Foucault, 2006). Maritza López Mc Bean28 destaca algunas expresiones que surgen en los debates hechos por su colectivo sobre el tema racial:

La mayor parte de nuestra población, incluso la que está cercana a la red barrial, no tiene percepción de la magnitud del problema [racial]. Por eso es que en algunas de las presentaciones que nosotros llevamos, primero llevamos como unos cintillos de qué es lo que más dice la gente. Por ejemplo una de las cosas que mucha gente dice es: ?La Revolución acabó con eso” o ?¿Ay, quién te dijo que hay racismo en Cuba?”. ¡Es que duele! Hay quien dice: ?Ese tema es candela” y mira mis ojos. Porque hay quien habla más con gestos que con lo que expresa. Son aparentemente dicharachos, pero dicharachos que hacen pensar. Esas son las cosas que más la gente dice. (Maritza López Mc Bean, entrevista realizada el 15 de agosto de 2015).

Por tanto, además de los pocos datos socioeconómicos disponibles por color de la piel, destaco las numerosas denuncias de los activistas sobre la no respuesta de la justicia a los casos de discriminación; al racismo institucional existente en la policía y en los medios; de la aún desigual composición en los espacios de poder en el país, y la necesidad de avance del debate sobre el tema en las comunidades, escuelas, espacios sociales… Por eso, uno de los activistas con el que dialogué en la investigación, Roberto Zurbano,29 tituló su polémico artículo en el New York Times de la forma siguiente: ?Para los negros cubanos la Revolución aún no ha terminado”.30

Otros elementos enfatizados en las entrevistas y encuentros por los activistas sobre el movimiento afrocubano son:

1) La fragilidad legal y organizacional de sus colectivos.

2) La aún existente coerción de sus actividades.

3) La ampliación de un discurso concurrente al del ?mito de la igualdad racial” en Cuba, donde las denuncias y críticas con relación al racismo en el país son explicitadas, pero todavía con limitada cobertura, especialmente en la gran media.

4) Las aún limitadas posibilidades de articulación entre los colectivos e internamente en las relaciones establecidas entre sus integrantes que, entre otras cosas, restringen la construcción de una agenda común, además de la coincidencia de muchas de las demandas.

5) La dificultad de organizar una movilización social sin un legado continuado de las organizaciones afrodescendientes, una vez que hubo una ruptura de ese activismo en los primeros años de la Revolución.

6) El reconocimiento de que hay colectivos, aún frágiles, que movilizan la sociedad civil para la lucha antirracista y que rompen con el silencio vivido en años anteriores de la Revolución.

A partir de los datos de esa investigación, y con las entrevistas hechas, es posible afirmar que existe un movimiento afrocubano, que actualmente presenta una diversidad más grande de iniciativas, proyectos, colectivos y organizaciones que hace cinco o diez años atrás. Hay un crecimiento tanto del proceso de movilización como del fortalecimiento del discurso que se contrapone a la narrativa de que la Revolución ha resuelto el racismo en el país. De hecho, la dinámica de esa movilización es limitada por diversos factores, como las limitaciones legales, conflictos y acciones coercitivas sufridas. Pero no hay como negar el proceso social colectivo que actualmente está presente en la realidad habanera y, en un grado más pequeño, en la matancera, en relación con la lucha antirracista.

La forma en que esos colectivos se expresan es variada y no hay una centralización de los procesos de movilización. Hay una multivocalidad en esas organizaciones, sin prejuicio para los posibles espacios de consenso a ser creados. En alguna medida, muchos de los temas defendidos ya tienen una relativa unanimidad entre los agentes sociales y colectivos.

El papel que juegan las movilizaciones negras fue importante para imprimir una narrativa que rompe con el silencio oficial sobre el tema. Y esa movilización sigue un proceso de expansión de sus redes, con la participación de artistas, músicos, intelectuales, lideres barriales y representantes de las tradiciones afrocubanas, como puntualiza De La Fuente:

La formación de un movimiento social y cultural afrocubano está ligada indisolublemente a los esfuerzos realizados por un grupo de activistas e intelectuales que, en los años noventa, comenzaron a cuestionar el silencio oficial que hasta ese momento había proscrito cualquier discusión sobre la discriminación racial como un intento de dividir la sociedad socialista cubana. En el inicio, esos activistas e intelectuales denunciaron la existencia de conductas e imaginarios racistas de forma más o menos aislada, desde sus propios campos de acción y desde sus disciplinas y espacios respectivos. Pero hacia fines de los noventa, y con mayor claridad en la década siguiente, esos actores sociales y culturales comenzaron a confluir en redes y espacios compartidos, donde era posible intercambiar ideas, contactos, experiencias y proyectos (De la Fuente, 2012: 95).

El hacer cotidiano del activismo antirracista en Cuba refleja también esa dimensión de la ambigüedad inherente a la condición negra en el país. Las conquistas sociales promovidas por la Revolución son impactantes y llenan de significado las históricas luchas sociales cubanas. Ese proceso inclusivo de las amplias reformas revolucionarias fue vivido también con énfasis por la población negra. Todavía la materialización de prácticas racistas y del propio racismo estructural (Lawrence, 2004)31 que permea las instituciones, las relaciones sociales y la subjetividad de los sujetos complejiza la ambigüedad del activismo antirracista. Los dilemas llegan a los días actuales y componen el debate y los desafíos contemporáneos sobre la cuestión racial.

Consideraciones finales

El silencio del debate sobre las relaciones raciales en la sociedad de forma general trajo dificultades para la maduración del tema, así como para el avance en la formulación e implementación de políticas estructuradas para la superación del racismo. Eso se torna posible, por ejemplo, porque en la actualidad se convive con chistes racistas y black-faces en teatros públicos,32 sin haber posibilidad legal de accionar al artista o la compañía de teatro, como denunció Deyni Terry, coordinadora de la Alianza Unidad Racial. Por tanto, más que una simple herencia del pasado, la problemática racial toca la actual sociedad cubana de diferentes formas, en varias esferas de la vida social.

Esta perspectiva también se materializa en la falta de leyes y políticas públicas que reconozcan los grupos étnicos en la sociedad cubana y sus derechos. Instrumentos como el Convenio 169 de la OIT33 no han sido ratificados en el país. Cuba es signataria de la Declaración de la Conferencia de Durban, del 2001, pero su efectividad en un plan de acción específico todavía demanda más avances concretos. No existen en la actualidad campañas educativas y acciones en los medios para romper con esa situación, además de la necesidad de legislación específica que tipifique el crimen de racismo y posibilite su mejor aplicabilidad. Los negros, también, presentan una situación económica más vulnerable, con indicadores que apuntan para el crecimiento de la desigualdad.

La frase de Aimé Césaire que abre este artículo, refleja uno de los grandes esfuerzos que han sido emprendidos por estos activistas con el objetivo de romper con la ?dilución en lo universal”, el mito de la igualdad, con la perspectiva totalizadora de la idea del mestizaje y la carga asfixiante propuesta por la lucha de clases, que, hace decenios, silenció el debate sobre otras identidades y dinámicas sociales.

Una de las estrategias de los activistas es buscar romper con el ideal de que el racismo en Cuba fue abolido, exactamente por la existencia de las desigualdades todavía presentes en la sociedad. Imprimir una nueva perspectiva sobre las relaciones raciales en la Revolución no era, así como no es, fácil. Las voces disonantes de esas movilizaciones afrodescendientes señalan que la lucha de clases no cubre todas las complejidades de las luchas negras, y que las raíces del racismo involucran dimensiones más profundas que deben ser observadas con estrategias específicas.

La lucha de clases presupone que hay una disputa sobre los derechos y recursos. La clase obrera, los trabajadores, fueron y son percibidos como un sujeto de derecho humano. Están inmersos en una situación de dominación y explotación, pero no son víctimas de una lógica en la que se les niega su humanidad y su identidad.

El racismo, sin embargo, en este contexto de la Diáspora Africana en las Américas, se estructura sobre las bases más profundas de la dominación colonial, que niega la humanidad misma y se reflejan hasta el presente. De los miles de pueblos africanos esclavizados fue suprimida, primero, su pertenencia. La tentativa de deshumanización fue la base de la dominación colonial, validada por los poderes eclesiásticos y por los Estados. Es sobre esa base que se estructuran los estados-nación en las Américas, de la cual Cuba y Brasil fueron grandes protagonistas, los últimos en abolir la esclavitud.

Es contra este legado más amplio y profundo que se ponen en marcha las luchas y la resistencia negra. Las construcciones de ese estigma que objetivó quitar la humanidad de los pueblos africanos y sus descendientes en las Américas fueron forjados en contextos anteriores ?coloniales? separados de la actualidad por poco más de un siglo. Sin embargo, este legado está presente hoy en día a partir de la resignificación de prácticas y de la propia lógica racista.

Algunas de las principales estrategias del actual activismo afrodescendiente en Cuba es buscar deconstruir esta herencia colonial, imprimir un discurso que tiene como objetivo reposicionar categorías estigmatizadas como ?negro”, ?afrodescendientes”, como identidades afirmativas; denunciar y exigir políticas públicas y acciones contra el racismo estructural presente en la sociedad, además de la lucha por la visibilidad y los derechos de las comunidades afrodescendientes.

Notas

1La investigación que llevé a cabo en Cuba fue realizada con base en datos secundarios, disponibles en el archivo público, bibliotecas, institutos de investigación, bibliografía relacionada con el tema y fuentes empíricas colectadas en entrevistas libres realizadas con líderes y activistas, así como también con estudiosos del tema. Estuve presente, de forma sistemática, en diversas actividades promovidas por colectivos durante el período de la investigación. Las entrevistas abordarán además de temas relacionados con las organizaciones antirracistas, narrativas de vida de los líderes y relatos memoriales de factos que han impactado en sus percepciones sobre las relaciones raciales en la Isla.

2Mayoritariamente, las organizaciones incorporadas en ese estudio actúan en La Habana o Matanzas. Una mirada más amplia por el país no fue posible en este trabajo por cuestiones vinculadas con el tiempo, el presupuesto para transporte y por las posibilidades de realizar una inmersión en campo satisfactoria. Todavía algunos de los líderes entrevistados relatan procesos de movilizaciones antirracistas en otras regiones del país, como Camagüey y Santiago de Cuba, lo que puede ser objeto de una investigación futura más amplia.

3La traducción del portugués para el español es mía.

4Oficina Nacional Estatística de Cuba (ONE). Datos de 2013. Acceso: 6 de octubre de 2015. http://www.one.cu/aec2013/esp/01_tabla_cuadro.htm

5Más informaciones: Gobeneau, 1853; Diwan, 2007.

6Es uno de los activistas entrevistados en la investigación. Periodista, tiene gran actuación en radio y periódicos. Escritor sobre cultura afrodescendiente. Integra el colectivo ARAAC, en La Habana.

7Ingeniero pecuario, Norberto Mesa es fundador de la Cofradía de La Negritud. Es uno de los activistas entrevistados en la investigación.

8Noemí de Cárdenas es activista feminista. Profesora del Instituto Superior del Arte. No integra ningún colectivo antirracista de Cuba, pero establece relaciones con algunos. Fue una de las entrevistadas para la investigación.

9Investigadora social del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. Fue una de las personas entrevistadas en mi investigación.

10Como ocurre con las tradiciones de origen africano, como la santería, la tradición abacuá, el Palo Monte, que son con frecuencia percibidas como prácticas ?animistas”, y por mucho tiempo estuvieran vinculadas en la percepción social a los negros. Tato Quiñones reúne muchas de esas manifestaciones en su libro Asere Núncue Itiá: Ecobio Enyene Abacuá, Editorial José Martí, La Habana, 2014.

11Es una de las activistas entrevistadas en la investigación. Integra los colectivos Alianza Unidad Racial, grupo de lucha antirracista con énfasis en la justicia y los derechos, y ARAAC.

12Ese es un proyecto llamado Muñeca Negra, del barrio La Lisa, que establece articulación con la Red Barrial Afrodescendiente, que reúne a artistas y artesanas. Son representadas mujeres negras en diversas formas, hechas de papel marché.

13Algunos ejemplos: A. Robaina, Tomás Fernández. El negro en Cuba. Colonia, República, Revolución. La Habana, Ediciones Cubanas, Artex, 2012; Zuleica Romay Guerra. Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2012; Daysi Castilho Rubiera. Reyita sencillamente: testimonio de una negra cubana nonagenaria, La Habana, Ediciones Alba, 2011.

14Tengo como referencia el período revolucionario. En los primeros años de la Revolución algunas de las organizaciones de la sociedad civil afrodescendiente anteriormente existentes se mantuvieron por algún tempo. Pero fueron poco a poco cerrando sus actividades, en proceso inverso al avance de la implementación de las reformas de base de la Revolución.

15Para más informaciones, ver: Dagnino, Olvera, y Panfichi, 2006.

16La selección es basada en un análisis de la historia política y las experiencias en actividades revolucionarias de la persona que aspira al ingreso.

17Constituyen casos variados. Algunos de los ejemplos narrados en las entrevistas son la interrupción de programas de radio sin ninguna justificación, la sistemática negación de publicación de investigaciones y artículos sobre el tema, restricción al ejercicio de defensa de ese tema en la justicia, hasta amenaza o pérdida del trabajo (en algunos de los casos narrados, no hubo manifestación oficial de desvinculación con actividades relacionadas con el tema, pero coincidieron temporalmente con manifestaciones hechas en textos, películas o debates).

18Los datos sobre el universo de los colectivos de la sociedad civil "disidente” son, sobre todo, de documentos y publicaciones hechos por esos grupos.

19Fonte: www.cir-integracion-racial-cuba.org

20Para más informaciones, acceder: http://alongthemalecon.blogspot.com/2013/05/breakdown-of-20-million.html ohttp://www.afrocubaweb.com/racismdiscourse11.htm. Otra referencia: Esteban Morales. ?El tema racial y la subversión anticuba”. Disponible en: http://www.lajiribilla.co.cu/2007/n331_09/331_18.html

21Aún hoy, la terminación del bloqueo todavía no es efectiva y, por tanto, sus efectos prácticos permanecen en muchos sentidos a pesar del acercamiento entre Estados Unidos y Cuba iniciado en diciembre de 2014.

22Fonte: ONE, Cuba.

23

Datos de las viviendas, Censo, 2012, ONE.

24Escritora y cientista social. Es integrante de ARAAC y fue presidenta del Instituto Cubano del Libro.

25Esos eventos con las mujeres negras, en general, están vinculados a acusaciones de prostitución.

26Realizado desde enero de 2014 hasta diciembre de 2015 en La Habana y Matanzas, Cuba.

27Una de las activistas antirracistas entrevistadas para la investigación. Es cientista política e integra los colectivos ARAAC y Afrocubanas. Es jubilada de la televisión.

28Educadora popular, es una de las coordinadoras de la Red Barrial Afrodescendiente e integrante de ARAAC. Fue una de las activistas entrevistadas. Tiene fuerte actuación en comunidades barriales, como Pogolotti y La Ceiba, Jesús María, en La Habana. Coordina la Casa Comunitaria Paulo Freire, en La Lisa.

29Otro de los activistas antirracistas que acompañé y entrevisté en la investigación. Es ensayista, crítico cultural e integra del colectivo ARAAC.

30Publicado en The New York Times el 23 de marzo de 2013.

31Los indicadores del racismo estructural son las desigualdades en las instancias del poder, en el acceso a servicios y bienes, en las oportunidades generadas (por ejemplo, en el mercado de trabajo o educación), en el tratamiento y en los impactos producidos por políticas y resultados (como las de seguridad pública o vivienda), sean ellos intencionales o no. El racismo estructural es más difícil de localizar en una determinada institución porque involucra los efectos generados por varias instituciones, normas y patrones culturales, originarios del pasado y resignificados en el presente, lo que produce y reproduce continuamente viejas formas de racismo.

32Presencié la representación del Teatro Bufo, con el ?negrito”, la ?mulata” y el ?gallego” en el Festival Internacional de Circo, en 2014, en La Habana. La representación negra fue hecha por un blackface. Además, están los chistes racistas en teatros públicos, mencionados en ese artículo en una parte de la entrevista con Deyni Terry.

33Convenio de la Organización Internacional del Trabajo que dispone sobre los derechos a la autodeterminación de los pueblos indígenas y tribales. En países como Brasil se aplica también a los palenqueros.

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Coordinadores del número:
Yisel Rivero Baxter y Elaine Morales
Coordinador del dossier:
Caridad Massón Sena
Editora:
Joanna Castillo Wilson
Diseño:
Alejandro de la Torre Chávez
Programador:
David Muñoz Compte
Consejo Editorial
Luis Álvarez Álvarez, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, Araceli García Carranza, Fina García Marruz, Eusebio Leal Spengler, María Teresa Linares, Rogelio Martínez Furé, Graziella Pogolotti, Olga Portuondo, Eduardo Torres Cuevas
Consejo de Redacción
Jorge Luis Acanda, Ana Cairo, Jorge Fornet, Reynaldo Funes, María M. García, Jesús Guanche, Elmo Hernández, Mario Masvidal, Yolanda Wood. Denise Ocampo Álvarez