Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
21  enero - julio 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Principales aportes de Pablo Rodríguez Ruiz a la antropología sociocultural cubana. Análisis de su obra sobre los procesos étnicos y sociales en comunidades multiétnicas  
Adrián Fundora

Pablo Rodríguez Ruiz's Main Contributions to the Cuban Social and Cultural Anthropology. Analysis of his Work about Ethnic and Social Processes in Multiethnic Communities

 

Resumen: La obra antropológica de Pablo Rodríguez Ruiz ofrece una imagen de las perspectivas contemporáneas de la antropología sociocultural desarrollada en Cuba. Esta abarca una amplia gama de problemáticas y fenómenos sociales como la marginalidad, las relaciones raciales y los procesos étnicos y sociales. En cada una pueden identificarse contribuciones suyas a la disciplina antropológica, las cuales perfilan como aportes a la antropología sociocultural cubana. El presente estudio se propone identificar estos posibles aportes en sus estudios sobre los procesos étnicos y sociales en comunidades multiétnicas.

Abstract: Pablo Rodriguez´s anthropological oeuvre portrays the way current perspectives in Cuban socio-cultural anthropology have advanced. His work reflects an in-crescendo spectrum of socially-relevant issues, like marginality, racial concerns, ethnic and social processes, etc. Inside each of these topics, we can identify some novel contributions of this author to the anthropologic discipline in Cuba. The present study is focused on identifying these likely contributions, especially in his works about ethnic and social processes in communities with various ethnic groups.

Palabras claves: Transición retenida; grupo étnico; comunidad étnica; dimensión inter-intraétnica.

Key words: Paused transition; ethnic group; ethnic community; inter-ethnic and intra-ethnic dimensions.

 

Introducción

Un estudio profundo que pretenda trazar las perspectivas y corrientes contemporáneas de la antropología sociocultural cubana no debe obviar el curso de la obra intelectual de Pablo Rodríguez Ruiz,1 quien ha sido una de las personalidades de las ciencias sociales que en el ámbito de los estudios de perfil antropológico realizados en Cuba2 ha desarrollado investigaciones de notable impacto. En este sentido se precisa destacar la mención de obra intelectual y no obra antropológica, porque el hecho concreto de no existir en Cuba una cátedra con una licenciatura en antropología sociocultural3 no ha determinado que no pocas investigaciones realizadas a lo largo de decenios desde las ciencias sociales no hayan perfilado sus estudios desde la perspectiva antropológica como un enfoque multidimensional para el análisis de los objetos. Sin embargo, la necesidad de fundar una cátedra de antropología sociocultural en Cuba es una realidad que cobra significativo auge en el siglo XXI cubano, tan plagado de códigos culturales dentro de una posmodernidad externa, pero cercana. Se trata de un siglo que en Cuba germina atiborrado de transformaciones sociales y económicas, las cuales desde muchas de sus aristas causales y resultantes han sido una premisa constante en el peregrinaje intelectual de Pablo Rodríguez.

Muchos de los profesionales que se dedican a hacer antropología en Cuba se derivan formativamente de ciencias como la filosofía, la sociología, la psicología, etc.; lo que en palabras de Rodríguez le aporta una riqueza inigualable a las investigaciones. En su opinión, constituye un pilar fundamental del hacer etnográfico la factibilidad de un enfoque inter y multidisciplinario, que logre integrar los conocimientos necesarios de las ciencias sociales en función de la problemática antropológica.

Insertados en esta línea de pensamiento, los principales trabajos científicos de Pablo Rodríguez abarcan las más variadas temáticas dentro de las ciencias sociales, generalmente sobre la base de problemáticas sociales tales como la marginalidad, la exclusión social, los procesos de empobrecimiento en Cuba, la violencia criminal, la etnicidad, las relaciones raciales en Cuba, la cultura del trabajo y del rebusque, las relaciones socioeconómicas en la Cuba actual, así como los procesos étnicos y sociales en comunidades multiétnicas. En menor medida, también pueden encontrarse importantes análisis de este autor sobre las migraciones internas, el consumo desde el punto de vista cultural y económico y hasta un original concepto de cultura.4

Los resultados de estas investigaciones obtenidos en el decursar de una extensa carrera como antropólogo de formación in situ,5 constituyen sendos aportes teóricos a la antropología sociocultural cubana. El criterio asumido para arribar a esta afirmación se basa tanto en las nuevas definiciones generadas por el antropólogo en el planteamiento de los respectivos corpus teóricos como en aquellos otros elementos implícitos en los puntos de convergencia y divergencia en relación con la teoría formulada por otros autores. Dentro de tales elementos se incluyen nuevos enfoques, adscripción a categorías, perspectivas o a partes de estas, reformulaciones, críticas, nuevas definiciones para categorías existentes, así como la presentación de nuevos conceptos.

En sus estudios desarrollados dentro de la temática de procesos étnicos y sociales en comunidades multiétnicas, se destaca el sello personal bajo el cual formula sus propias consideraciones sobre la teoría e impregna el análisis de las principales categorías, definiciones y otros elementos teórico-conceptuales6 que resultan claves para describir y entender la otredad contenida en el objeto estudiado. Al mismo tiempo, parte de la distinción radica en la posibilidad que ofrece de trasladar reformulando sus propios conceptos en otras temáticas con campos de acción diferentes. Uno de los ejemplos más exponentes de ello es la reutilización de la unidad básica de lo intra-inter7 como enfoque que dimensiona el análisis del objeto. Tal constructo lo aplica en el estudio de las estructuras familiares de los llamados barrios populares de La Habana, que fue uno de los ejes principales de la investigación sobre las relaciones raciales en Cuba.8

Precisamente estos estudios merecen ser visualizados con detenimiento, ya que, entre otras características, se corresponden a un tipo de etnografía realizada en medio de un conflicto bélico en desarrollo, la cual, el biólogo, jurista y antropólogo Dmitri Prieto Samsónov ha nombrado “etnografía de guerra”. Este trabajo representó la primera experiencia antropológica de Pablo Rodríguez durante la década de los ochenta del pasado siglo en la República Popular de Angola,9 escenario fuertemente marcado por el estado de guerra, así como por la heterogeneidad y multiplicidad de distintivos culturales de los diferentes grupos humanos que habitaban la región.10 El propio conflicto fue marcando el desarrollo de estos grupos, transformando paulatinamente su devenir e influyendo notablemente en la configuración de su identidad.

La identidad constituyó la cuestión fundamental de la problemática de investigación planteada por el equipo multidisciplinario en aquel contexto. El objetivo fundamental fue constatar si existían las condiciones necesarias para la conformación de un proyecto de unidad nacional. Los resultados obtenidos en este sentido, según ha declarado el propio Rodríguez (1996), fue la posibilidad de determinar una inclinación integracionista a la comunidad nacional de los grupos humanos multiétnicos, pero que en lo absoluto existían las condiciones para concebir un proyecto nacional en su total envergadura, tratándose en muchos casos de una sociedad estatal joven y en formación.

Todas estas cuestiones contribuyeron a complejizar el análisis del objeto en sí mismo, como parte de un proceso totalmente distinto al patrón de referencia cubano. Por tales motivos y por su condición fundamental de ser único, se insiste en la importancia de este tipo de “etnografía de guerra”.

 

Introducción al análisis de los procesos etnosociales en el contexto de los Nhaneca-Humbi de Angola

Esta etapa dentro del periplo investigativo del autor pudiera caracterizarse para la posteridad como la concurrencia causal (y casual) de lo extraordinario y lo complejo. Lo extraordinario por las circunstancias inherentes a un momento histórico dado, marcado por la situación de conflicto bélico en Angola en pleno proceso;11 y lo complejo por la particularidad de composición multiétnica como factor inherente a la formación económica, política, social y cultural en general de los grupos humanos caracterizados.

Sobre esta particularidad incluida en la complejidad del estudio, Rodríguez ha enfatizado en distintas ocasiones que se trataba ante todo de una sociedad completamente atípica con respecto a las condiciones de Cuba, la cual incluía sistemas de parentesco clasificatorio con sistemas de jerarquía tradicional completamente distintos. Constituía una sociedad tribal en composición, en la que persistían elementos de estructura gentilicia coexistentes en pugna con elementos de la modernidad. Tales características, según concluye, derivaron como el producto directo de la formación histórico-cultural de la nación angoleña, oscilando desde la colonización portuguesa hacia un particular proceso de descolonización, fuertemente marcado por la situación de guerra imperante.

Como consecuencia del propio proceso de colonización, la literatura etnográfica portuguesa producida sobre los grupos Nhaneca-Humbi estuvo fuertemente marcada por la concepción colonialista, lo que en la revisión de antecedentes históricos condujo al autor a reformular los conceptos y aplicabilidad de las categorías básicas que utilizaría en su análisis. De esta manera, las adscripciones realizadas fueron a partes de la misma y no al todo en su conjunto. Las mismas adscripciones asumieron también algunos preceptos básicos de la etnografía soviética que había influenciado notablemente en la antropología sociocultural desarrollada en Cuba.

 

Crítica de la etnografía portuguesa y esbozo de un marco conceptual

La revisión de la literatura etnográfica portuguesa, según Rodríguez, le permitió establecer la trayectoria histórica de algunas de las instituciones de los grupos que componen la denominación Nhaneca-Humbi.

La crítica principal erigida sobre este tipo de etnografía radicó en el tratamiento de cada uno de los componentes y unidades como entes separados, lo cual, según esgrimió el antropólogo, dejaba oculto un conjunto de nexos de identificación. La reevaluación hecha en este sentido se perfila en la constante búsqueda de cierta aplicabilidad entre las categorías y conceptos revisados, en relación con la posibilidad de construir una perspectiva histórica del objeto. Las mismas, según refirió en sus formulaciones originales, no en todos los casos ofrecieron un criterio validado sobre lo que en la praxis se pudo constatar sobre las comunidades nativas angoleñas. De igual manera, la diversidad de opiniones contenida en las investigaciones precedentes dependió en cierta medida de la actitud adoptada ante las diferencias y semejanzas dadas entre las entidades étnicas que conforman el conjunto Nhaneca-Humbi.

Sobre la base de tales divergencias, según señaló, subyacen posiciones teóricas y conceptuales que funcionan como limitantes, y al respecto cita a Murdock,12 con quien diverge al considerar este a los Nhaneca-Humbi como una unidad etnocultural dentro de la cual, pese a reconocer este antropólogo una proximidad de los Nhaneca con los Humbi, no los concibió bajo parámetros de identificación entre ambos.

También rechazó el enfoque de una autoconciencia étnica, específicamente por haber sido concebida la autodenominación como único principio clasificatorio, hacia lo cual argumentó que ello conduciría a la negación misma de la existencia de los Nhaneca-Humbi. Refirió que en estos grupos se dan además diferentes niveles de autoconciencia étnica; de esta manera, el sentido único de la autodenominación ilustra la dejadez de los nexos de identificación en la etnografía portuguesa.

Con el autor que mayormente coincide el antropólogo cubano es con Estermann,13 quien concibió a los Nhaneca y a los Humbi como un todo, prevaleciendo la visión de unidad étnica, pero sin obviar aquellos elementos diferenciadores que se dan entre sus componentes. Sobre este aspecto, el propio Rodríguez pudo constatar la existencia de complejos demográficos y socioculturales semejantes en cuanto a patrones culturales muy marcados por lo que denominó elementos gentilicios de carácter tradicional; así como una interconexión dada por la identidad lingüística y la autodenominación étnica, expresadas sobre todo a nivel de comunidades primarias. A su vez, esta última categoría ―refiere― sitúa las semejanzas culturales en un primer plano como elemento distintivo; sin embargo, reconoce que ello pudiera conducir a un callejón sin salida, al argumentar que en muchas ocasiones lo que distingue a una unidad étnica de otra la puede identificar con una tercera. Es por estas razones que el tratamiento de la cuestión de la identidad en el contexto de estos grupos multiétnicos se torna complejo. La heterogeneidad imperante de componentes culturales representa uno de los factores por los cuales los resultados de aquel proyecto de unidad nacional en Angola no hayan validado su hipótesis.

Por otro lado, Rodríguez reseña que los componentes culturales sufren ciertas modificaciones en el transcurso de la actividad histórico-social, mediante las cuales el sujeto étnico se diferencia en su diacronía a la vez que conserva su identidad y la diferenciación sincrónica con otras formaciones semejantes. De este modo, enfatiza en las llamadas zonas de transición sobre las que alega han sido tratadas por Harold Eillem,14 concibiéndolas como sectores en donde las normas de correlación entre concentración de rasgos y grupos determinados no muestran límites étnicos claramente definidos. En la etnografía soviética también halló antecedentes teóricos sobre las zonas de transición, específicamente en S. Bruk,15 para quien en los grupos étnicos de transición se implica la posibilidad de existencia de una doble autoconciencia étnica. Rodríguez refiere que la diferenciación del grupo respecto a otros y su consecuente expresión en cierto sentimiento de pertenencia surge sobre la base de intereses comunes y de la acumulación histórica de una actividad semejante. Del mismo modo plantea que las cuestiones de la autoidentificación y de la autoafirmación quedan zanjadas en su concepción de funcionamiento desde el nivel de la subjetividad más elemental hasta el más complejo, tanto individual como colectivo, conservándose aun cuando las diferencias de rasgos culturales se evidencian muy tenues. Todo lo anterior confirma y transmite la existencia de un arraigado sentido de pertenencia que, a criterio del antropólogo, puede ser constatado a través de una conciencia de pertenencia, que a su vez en los Nhaneca-Humbi se evidencia como el sentimiento de lo próximo y no precisamente como lo propio en un sentido estricto.

El sentimiento de lo próximo constituye un elemento distintivo percibido por Rodríguez como componente esencial de la complejidad, dada en la identidad de estos grupos multiétnicos. Explica que la conciencia de pertenencia radica en la noción territorial de grupo que concibe los territorios como propios, como algo estrechamente vinculado a la propia existencia de los grupos étnicos, resultado de las relaciones históricas de dependencia hacia el medio de oriundez.16 Por tales razones, se hace casi posible delimitar los asentamientos geográficamente. La siguiente cita extraída de su análisis contribuye a ilustrar lo anterior: ‟…el sentido de pertenencia étnica que expresan cada uno de los grupos comprendidos en la denominación Nhaneca-Humbi se ve reafirmado por su vínculo a un determinado territorio en el que se ha desarrollado su actividad, y con los que de una u otra forma están relacionados sus intereses, necesidades productivas y su cultura”. (Rodríguez, 1996, p. 50)

Por otra parte, hace alusión a los conceptos de área cultural y de región etnohistórica, planteados por la escuela norteamericana y por la etnografía soviética, declarando que en el contexto de la investigación sobre los Nhaneca-Humbi los conceptos ofrecidos por ambas academias rebasan los marcos del objeto, a la vez que enfatizan en el aspecto geográfico por encima del sociocultural. A consideración suya, ambas escuelas admiten la existencia de sociedades diferentes en cuanto a origen, lengua y nivel de desarrollo dentro del área cultural y la identidad a su vez establecida a partir de ciertos rasgos específicos de la cultura y patrones de conducta, lo cual pudiera conducir a una serie de imprecisiones dentro de las que se destacan aquellas condicionantes imponentes derivadas del contexto colonial nacional, sin lo cual ―explica― sería imposible comprender en todas sus dimensiones las complejidades de la vida sociocultural de aquellos “conglomerados humanos”.17

Otro de sus criterios divergentes se basa en el uso íntegro de algunos conceptos y aplicabilidad de las categorías principales que complejizaban, según declaró, cualquier intento de establecer una relación jerárquica entre las comunidades Nhaneca-Humbi, fuertemente marcadas por una multiplicidad étnico-social y por una existencia histórica dentro de las estructuras de dominación colonial y del proceso de conflicto bélico vivido posterior a la independencia. Motivos de orden práctico le condujeron a desechar las principales categorías planteadas como referencia, sin prescindir por ello de lo que declara como una actitud integradora que estableciera al unísono ciertas jerarquías sin complejizar el fenómeno. A esta actitud integradora le añade como complemento la importancia de una visión de conjunto, ambas características asumidas como indispensables ante el abordaje de los conceptos operacionales: “…no está en el ánimo del autor presentarlas como un todo monolítico, más bien constituyen, y así son concebidos, una unidad de lo múltiple”. (Rodríguez: 1996, p. 12)

 

Análisis operacional de las principales categorías manejadas: grupo étnico versus tribu, noción de transición retenida y factibilidad de comunidad étnica como categoría para así denominar a los Nhaneca-Humbi

Un punto álgido en la reformulación teórica es el contrapunteo advertido entre los conceptos reflejados en las categorías grupo étnico y tribu. Sobre esta relación Rodríguez examina desde la connotación de tales categorías hasta sus posibilidades de describir la realidad contextual con la respectiva impregnación de múltiples nexos que por su matiz y carácter resultan dinámicos. Refiere que la noción de tribu, en tanto que un tipo de sociedad, expresa la idea de cierta totalidad, mientras que el concepto de grupo étnico es concebido a un nivel más elemental. Sobre esta idea esboza una reflexión muy original, que contiene una profunda reflexión filosófica sobre el sentido de la relación parte-todo, como equivalente de la relación grupo étnico-tribu: “La relación parte-todo es jerárquica y este es uno de sus aspectos característicos. El todo contiene a las partes, pero nunca una de las partes va a contener el todo. Inclusive constituye una actitud mecanicista concebir el todo como la suma de las partes”. (Rodríguez, 1996, p. 21)

De esta manera, proyecta que una tribu pudiera contener disímiles grupos étnicos, pero nunca un grupo étnico va a representar a toda la tribu; ni mucho menos varios grupos étnicos tienen por qué conformar o representar precisamente a una tribu específica.

La principal advertencia hecha por el antropólogo y clave fundamental de su análisis es que el concepto de tribu expresa, ante todo, relaciones de estadio, mientras que el etnos y su adjetivo étnicos (que conforma el constructo grupo étnico) incluye todas las formas históricas de comunidad humana, careciendo por ello de connotación histórica. En este sentido, refiere que tanto grupo étnico como tribu se presentan como nociones de un nivel taxonómico distinto, desde el punto de vista histórico lógico. Alega también que el concepto de tribu propuesto por la “literatura colonial” traza una rígida línea divisoria entre las comunidades y la sociedad nacional estatal. A este respecto señala: ‟El empleo del concepto de grupo étnico permite una mejor comprensión, en su doble aspecto, de los vínculos e interinfluencias que existen y que históricamente han existido entre estas comunidades y la sociedad nacional, joven y en formación en muchos casos”. (Rodríguez, 1996, p.24)

Estas sociedades, según señaló, viven en desequilibrio como resultado de las constantes transformaciones estructurales que se han operado a lo largo de su existencia, motivadas por transformaciones en gran medida debidas a la opresión colonial y a la asimilación de patrones de conducta y elementos ajenos importados por la cultura occidental. En el momento del estudio se apreciaba una propensión a la consolidación de los vínculos intraétnicos a nivel de la entidad básica, como una forma de resistencia a la opresión colonial.

El punto defendido es, en resumen, que el concepto de grupo étnico puede expresar mejor en este contexto el carácter de sociedad en transición, a la vez que no compromete con una definición de estadio histórico. De esta manera, la utilización del concepto de tribu para definir las unidades étnicas básicas es desechada por su connotación histórica, que lo reduce a expresar un estadio dentro del proceso de desarrollo de las comunidades multiétnicas estudiadas. A ello se añade que también al utilizar el concepto de grupo étnico para definir las unidades básicas, queda abierta la posibilidad de examinarlas en relación con el proyecto nacional estatal (objetivo principal del equipo multidisciplinario). Posibilidad que ofrece un examen tanto en lo histórico como en lo estructural.

Argumenta, además, que los Nhaneca-Humbi son comunidades que ante todo figuran como el resultado de un proceso de explotación colonial, razón por la cual están lejos de conservar y expresar una línea de desarrollo interno exclusiva a partir de sus propias condiciones y son, por tanto, comunidades que subsisten en una constante readaptación estructural, en un “estado de semimarginación” marcado por la sobrevivencia de vínculos gentilicios coexistentes con formas impuestas por las relaciones capitalistas y por la cultura colonial. De este modo, concluye que la existencia de estas comunidades se da como en un estado de transición retenida, enfatizando en la razón de no resultar confiable abordarlas precisamente como tribus.

Esta transición retenida Rodríguez (1996, p. 25) la define en las siguientes líneas: “En ese constante readaptarse a las circunstancias, ante una sociedad y una economía nacional dependientes, deja muy poco espacio al desarrollo, encuentra su razón de ser la noción transición retenida”. Según su punto, se entiende que la transición retenida expresa el conjunto de factores históricos, socioeconómicos, políticos y culturales que dieron lugar a un estado de detenimiento en el proceso histórico de transición hacia el desarrollo de los grupos estudiados.

A tono con la definición de grupo étnico, dada su pertinencia para referirse al conjunto, Rodríguez propone la categoría de comunidad étnica, argumentando que esta a nivel categorial es mucho más amplia y cuenta además con la ventaja de la flexibilidad al permitir comprender, sin compromisos para la propia clasificación de los procesos, las relaciones entre grupos étnicos y de estos con la comunidad nacional. Explicó también que la unidad cultural y lingüística se ve reforzada por un origen común, lo que justifica el empleo del concepto de comunidad étnica para referirse al conjunto poblacional y consiguientemente abordarlo en el estudio como un todo.

 

Relaciones entre lo intraétnico e interétnico

Los vínculos o relaciones dadas entre lo intra e interétnico fueron abordados por el antropólogo como unidades que dimensionan el análisis del objeto, lo que permite la extrapolación del conjunto relacional como un enfoque único y aplicable en otras temáticas. Conjunto que representa niveles y permite delinear tanto tendencias como aquellos distintivos culturales que caracterizan e identifican los elementos autóctonos, y el conjunto de relaciones y procesos que pudieran darse en otros con características similares.

Rodríguez define en primera instancia que los Nhaneca-Humbi constituyen ante todo una comunidad étnica cuya fisonomía puede presentarse más o menos marcada; comunidad que se caracteriza por una heterogeneidad dada ante su composición por múltiples grupos étnicos. De este modo explica que el conjunto de relaciones dadas dentro de la comunidad étnica demarcan diferentes niveles de expresión; niveles que giran en torno a lo intraético e interétnico. Ambos niveles, fundamenta, se dan en cada uno de los grupos étnicos que, dado su lugar en el conjunto de relaciones, así como en las condiciones de ubicación espacial e historia concreta, pueden marcar diferentes tendencias dentro la comunidad étnica. Asimismo declara que ambos funcionan como nexos culturales en torno a los organismos étnicos a manera de sistemas culturales, los cuales los definen y sufren transformaciones dado su dinamismo.

Tal dinamismo, en su criterio, resulta observable desde una perspectiva histórica y se conserva en una autosuperación en constante enriquecimiento de la cultura de los grupos y de la comunidad étnica. Por tanto, la existencia de relaciones entre los Nhaneca-Humbi y otras etnias (lo interétnico), a manera de nexos, posee una existencia histórica como consecuencia del recíproco intercambio cultural que tal tipo de relaciones genera de por sí:

El carácter autotransformativo de estas entidades tiene por base la actividad que el grupo humano desarrolla y que al acumularse da lugar a un sistema cultural mediante el cual se asimila y modula la experiencia inmediata y los aportes de la creación universal a su alcance. Así se reproducen de forma sincrónica relaciones en el plano intra e interétnico que determinan y conforman la fisonomía del grupo humano. (Rodríguez, 1996, p. 2)

La actividad desarrollada por estos grupos humanos confiere a los procesos etnoculturales intra e interétnicos un basamento que ha definido esencialmente territorial. Tal territorialidad se debe a aquel sentimiento de pertenencia antes argumentado, basado más en lo próximo que en lo propio.

Por último, a través del análisis de lo interétnico e intraétnico, el antropólogo pudo arribar a la conclusión de que los nexos que configuraron elementos de identidad en el nivel interétnico fueron dejados sin significación dada la acentuada distinción nosotros-ellos, sostenida por los recelos, prejuicios y odios interétnicos creados y acentuados por las guerras interinas. Todo lo anterior supuso una ruptura entre los vínculos económicos y sociales con los nexos ancestrales.

 

Análisis de la etnogénesis y otros procesos de formación cultural de los Nhaneca-Humbi

En este punto Rodríguez, dada la necesidad acentuada por la escasa historiografía al respecto, prácticamente reconstruye la génesis de los Nhaneca-Humbi:

No carece de cierto fundamento lógico creer en la sobreposición de sucesivas oleadas migratorias las cuales fueron dando lugar mediante procesos de transculturación a la formación del complejo Nhaneca-Humbi (…) la formación de los Nhaneca-Humbi es el resultado de un proceso marcado por la sobreposición de diferentes oleadas migratorias en el tiempo, las cuales en su interacción fueron delineando los rasgos distintivos de estos pueblos para conformar el complejo etnocultural del núcleo fundamental. Procesos etnodivisorios que hoy se conocen. (Rodríguez, 1996, p. 33)

Merece especial atención en la anterior cita el enfoque orticiano de la transculturación,18 translocalizándolo y contextualizándolo en la citada sobreposición de sucesivas oleadas migratorias, que da lugar y forma parte de las transmutaciones que formula Fernando Ortiz en su definición de la transculturación. Este fenómeno de transmutaciones fue analizado por el antropólogo en la entogénesis y demás procesos de formación y (de)formación de los Nhaneca-Humbi, como un proceso que originó las actuales comunidades étnicas que conforman en complejo Nhaneca-Humbi.

Esta contextualización de los preceptos orticianos de la transculturación es también verificable en el argumento aludido por el autor sobre el intercambio cultural que debió de haberse producido en el contexto de la formación de los Nhaneca-Humbi, como consecuencia de la interacción de unos grupos con otros (lo intra e interétnico como conjunto relacional que dimensiona el todo) y que necesariamente tuvieron que presentarse condiciones favorables para la aparición de nuevas cualidades en los grupos tribales o clanes interactuantes. Todo lo anterior alude y puede enmarcarse a manera de enfoque en esa aprensión de Rodríguez del concepto orticiano de la transculturación.

Como parte de todo este proceso, el antropólogo refiere que la formación de grandes comunidades etnociales quedó interrumpida por los desequilibrios poblacionales y los desajustes económicos19 y sociales que limitaron durante muchos años el crecimiento natural de la población; igualmente acentuó un despoblamiento que dispersó y restringió el intercambio y los demás nexos culturales intra e intértnicos. Concluye que los grupos de filiación se fueron debilitando sobre esta misma base, así como otros factores desestructuradores intraétnicos. A lo anterior se suma la impronta portuguesa como parte de aquella colonización vista desde este enfoque como proceso de descomposición de los vínculos interétnicos y de la vida social nativa. Un factor muy importante señalado dentro de este proceso es la introducción en las comunidades étnicas de las mercancías provenientes de la industria occidental.

La realidad de la colonización portuguesa como elemento desestructurador intraétnico y como parte importante del proceso de descomposición de los vínculos interétnicos se ejemplifica en la siguiente afirmación:

…la ocupación armada de los territorios tradicionales y la imposición de la voluntad de los colonos por medio de la fuerza dejó resultados negativos, desestabilizadores para estas sociedades. Las estructuras de poder tradicionales fueron deshechas, convirtiéndolas en apéndices de segundo o tercer orden de la administración. Determinados jefes tradicionales se aliaron al poder colonial, otros resultaron víctimas, imponiéndosele al pueblo jefes sometidos. (Rodríguez, 1996, p. 46)

Las circunstancias mencionadas constituyeron un factor de división y pugnas en el seno de la comunidad tradicional, que iba en contra del orden establecido en la sociedad tribal, además reforzada por la situación de constantes guerras20 a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Toda esta época se caracterizaría especialmente por lo que Pablo Rodríguez denomina ciclos semejantes de dominación y liberación entre los portugueses y las distintas comunidades étnicas,21 lo que según refiere, dejó una serie de consecuencias negativas tales como un desplazamiento de las poblaciones que generó en algunos lugares la concentración en zonas suburbanas. Señala que lo anterior contribuyó a intensificar las relaciones entre poblaciones campesinas portadoras de un fuerte tradicionalismo étnico y otras de cultura citadina influenciadas por los patrones europeos. Las fronteras étnicas históricas quedaron igualmente modificadas, afectadas por el proceso de desestructuración y descomposición.

El investigador concluyó que la entogénesis de los Nhaneca-Humbi está marcada por una historia de conflictos interétnicos, acentuados por la colonización portuguesa y sus respectivas influencias provenientes de la cultura occidental como resultado de la formación y (de)formación histórica. Todo lo anterior lo valora como un factor importante si se pretende entender la etnogénesis y describir los procesos socioculturales que operan en el área y dentro de la comunidad; procesos que pueden ser además entendidos y verificados mediante el análisis del conjunto de relaciones existentes a manera de nexos culturales entre lo intra-interétnico, como dimensión analítica.

 

Conclusiones

En el marco conceptual construido por Pablo Rodríguez en sus estudios publicados sobre procesos étnicos y sociales en comunidades multiétnicas, pueden identificarse una serie de contribuciones que perfilan como aportes suyos al hacer etnográfico y en un sentido más general a la antropología sociocultural cubana. En este sentido, se presenta su enfoque sobre lo intraétnico e interétnico, tomado más que como unidad básica, como unidades que dimensionan el análisis del objeto, permitiendo constatar el amplio espectro de interacciones mediadas por la condición de fuera y dentro de la comunidad étnica. Por otra parte, se halla la noción de la transición retenida, que expresa una fase atípica o ciclo especial dentro de un proceso de “desarrollo” que deja de ser tal para convertirse en una entidad casi atemporal. En otro orden, destaca también la sustitución de la categoría tribu por grupo étnico, al carecer este de la connotación histórica implícita en la primera. Por otro lado, la categoría comunidad étnica es presentada y manejada como una más amplia que el etnos, permitiendo la comprensión de las relaciones entre los diferentes grupos étnicos con la comunidad nacional. No menos significativa resulta la original translocalización del enfoque orticiano de la transculturación, en una especie de analogía entre el fenómeno de las transmutaciones propuesto por Ortiz y la sobreposición de las sucesivas oleadas migratorias, lo cual es presentado por Rodríguez como parte del mismo fenómeno que configuraría culturalmente a los grupos estudiados.

 

Bibliografía

Núñez González, Niurka, comp.: Las relaciones raciales en Cuba. Estudios contemporáneos, 348 pp., Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2011, ISBN: 978-959-7091-72-1.

Ortiz, Fernando: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, 538 pp., Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1963.

Ramonet, Ignacio: Cien horas con Fidel, 823 pp., Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, ISBN: 959-274-038-0.

Rodríguez Ruiz, Pablo: Los marginales de las Alturas de Mirador. Un estudio de caso. 450 pp., Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2011, ISBN: 978-959-7079-0.

_________________: Los Nhaneca-Humbi de Angola. Procesos etnosociales, 89 pp., Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, ISBN: 959-06-0225-8.

 

Notas

1 Estudio que se encuentra en sus fases iniciales, insertado en el marco del proyecto institucional titulado ‟La antropología sociocultural en Cuba. Reconstruyendo el pasado y cimentando el futuro”.

2 Mientras no se den a conocer estudios concluyentes que fundamenten la existencia de una antropología sociocultural cubana, podrá darse cierta ambivalencia en si denominar como tal a la antropología sociocultural realizada en Cuba. En este sentido, pese a manejarse algunos criterios aproximados, sería apresurado en el presente estudio arribar a conclusiones finales sobre la cuestión, de manera que se manejarán indistintamente ambos términos como similares.

3 Lo que no significa que tampoco exista una tradición institucional en el hacer investigativo sobre las disciplinas antropológicas. Cabe la mención de la labor al respecto del Instituto de Etnología y Folklore y más recientemente del Centro de Antropología, hoy Instituto Cubano de Antropología; así como la Fundación Fernando Ortiz y la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz. También pueden hallarse a lo largo de la historia nacional obras de perfil antropológico que denotan en mayor o en menor medida un modo de hacer antropología propiamente de sello nacional. El estudio de los modos de vida del hombre inmerso en su realidad social puede hallarse desde el siglo XVI con los cronistas de Indias y de ahí hasta culminar en una contemporaneidad más labrada. Muchas de estas obras, que no pudieran todas calificarse como estudios propiamente antropológicos, sí pueden ser consideradas como antecedentes históricos de la antropología sociocultural cubana; son calificadas por el historiador y antropólogo cubano Anderson Calzada Escalona como una antropología inconsciente.

4 Que por sí solo amerita un estudio independiente. Concibe la cultura como un proceso continuo de reactualización y creación y a los seres humanos como productores constantes de ella: “De este modo la cultura se nos representa como el resultado de la actividad humana acumulada y acumulable. La cultura no es la suma de hábitos y costumbres de una sociedad determinada (…). Es un fenómeno mucho más complejo, dinámico y contradictorio del que los diversos mecanismos de manipulación de representaciones brindan apenas un boceto de trazos muy generales. Está en la esencia misma del devenir y existir de nuestra humanidad (…). Forma parte sustancial ―y concurre en ella― del proceso de producción y reproducción tanto simbólica como material de la sociedad, configurando una unidad contextual e históricamente diferenciable y aprehensible. Aparece, por tanto, profundamente imbricada a todas las prácticas y relaciones sociales. No hay seres humanos incultos en sentido estricto ni cultura sin seres humanos actuantes. El limbo cultural solo es posible registrarlo en organismos en estado vegetativo”. (Rodríguez, 2014, p. 187)

5 Pablo Rodríguez no es antropólogo de formación académica, como muchos en Cuba, sino graduado de Licenciatura en Filosofía por el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Sobre su interés primario por la antropología ha declarado en múltiples ocasiones que este se debió a su experiencia de trabajo en Angola. Un interés venido directamente de las necesidades que le fue imponiendo el estudio multidisciplinar de las comunidades multiétnicas existentes en esta nación. Necesidades que a su vez le condujeron gradualmente a la teoría antropológica, al ofrecerle esta un espacio declarado como especial, de libertad metodológica, no encontrado en ninguna de las otras disciplinas de las ciencias sociales.

6 Elementos que incluyen revisiones históricas en busca de la aplicabilidad de los constructos teóricos aportados por la etnografía portuguesa en el campo de acción del objeto estudiado.

7 Enfoque que fue tratado por el autor por vez primera en la teoría formulada en sus estudios etnográficos de grupos humanos en comunidades multiétnicas.

8 Investigación desarrollada por un equipo de trabajo entre los años 1993 hasta 2003. Este proyecto formó parte del Proyecto Nacional de Ciencia y Técnica, bajo el título “Relaciones raciales y etnicidad en Cuba”.

9 Desde 1983 y hasta 1985 formó parte del Equipo Multidisciplinario de Ciencias Sociales para el Estudio de la Cuestión Nacional en Angola. Equipo compuesto por sociólogos, lingüistas, historiadores, filósofos, antropólogos y otras personalidades representantes de las ciencias sociales. Los resultados obtenidos en esta etapa fueron publicados por la Editorial de Ciencias Sociales en 1996, condensados a manera de monografía bajo el título: Los Nhaneca-Humbi de Angola: procesos etnosociales, obra que alcanzó el premio Pinos Nuevos en 1992. Debe añadirse que tal libro constituye el único texto hasta el presente publicado a manera de monografía, el cual contiene una parte muy esencial de los resultados de esta experiencia. Según declaraciones del propio antropólogo, aún quedan muchas partes de este trabajo por publicar.

10 Lo que resultó producto de la formación histórica de los grupos humanos estudiados, definida tanto desde lo económico y sociocultural, como también por otros variados elementos que el antropólogo considera como reductos directos e indirectos del devenir del proceso de colonización portuguesa al que resultaron sometidos estos pueblos.

11 Acontecimiento caracterizado por la situación revolucionaria devenida en guerra civil, ante el enfrentamiento por medio de lucha de guerrillas de varias coaliciones de fuerzas. Por un lado se sitúan el Frente de Liberación Nacional de Angola (FNL) y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), movimientos que contaron con el respaldo internacional y en efectivos militares de Estados Unidos de América, la República de Sudáfrica bajo el régimen del apartheid y la República del Zaire presidida por el dictador Mobutu Sese Seko. Por otro lado se situaba el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), liderado por su fundador, el líder de izquierdas Agostinho Neto, quien pidiera personalmente al líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz la presencia militar de Cuba como ayuda a la nación angoleña para repeler el paso de la invasión sudafricana y del Zaire. (Ramonet, 2006)

12 George Peter Murdock (1897-1986), antropólogo estadounidense de origen escocés, dedicado a lo largo de su carrera al estudio sobre el establecimiento de métodos y criterios científicos precisos de análisis etnográficos comparativos. Sus investigaciones sobre el continente africano aparecen publicadas en lengua inglesa por vez primera en 1959, bajo el título: Africa: Its Peoples and Their Culture History.

13 Carlos Estermann (1896-1976), antropólogo y clérigo misionero nacido en Francia. Sus principales estudios se centraron en la etnografía y la vida económica de los principales grupos étnicos del sur y el suroeste de Angola, fundamentalmente los Nhaneca-Humi y los Herero. Estos estudios aparecieron publicados a partir de 1960 en los volúmenes que integran la obra: Etnografia do Sudoeste de Angola.

14 Autor del ensayo: ‟Cuando la identidad étnica es un estigma social”, publicado en 1976 en el libro Los grupos étnicos y sus fronteras, edición del Fondo de Cultura Económica de México, compilada por Fredrik Barth.

15 Autor del libro Procesos etnodemográficos. La población del mundo en el umbral del siglo xxi, publicado en Moscú en 1985.

16 Inclusive advierte ciertos matices diferenciadores entre los grupos, haciendo posible la distinción de áreas en las que se acentúa en mayor o en menor cuantía un cultivo sobre el otro, como elemento distintivo y por ende diferenciador. Lo interesante es que a su vez las áreas en donde se realiza ese determinado cultivo forman parte del horizonte territorial del grupo humano que los cultiva, y en este sentido estas áreas son defendidas en dependencia de la actividad económica que se realiza en la proximidad.

17 Entrecomillado así en el texto original.

18 Proceso de formación de la identidad cultural del cubano, esbozado por Fernando Ortiz Fernández en 1940 en el neologismo transculturación, como contraparte y ante las limitaciones del concepto de acculturation, planteado por el alemán Melville J. Herskovits en 1938. La voz propuesta por Ortiz define tranculturación como: “…los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejas transmutaciones de culturas que aquí se verifican, sin conocer las cuales es imposible entender la evolución del pueblo cubano, así en lo económico, como en lo institucional, jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico, psicológico, sexual y en los demás aspectos de la vida”.(Ortiz, 1963, p. 99)

19 La actividad socioeconómica fundamental desarrollada por estas comunidades es la ganadería trashumante, combinada con la agricultura de subsistencia, más otras formas complementarias.

20 Que además conllevaron a la hambruna de estas comunidades, siendo en su conjunto los factores que impulsaron la reestructuración de la vida tradicional.

21 Ciclos que denotan una mímesis de las prácticas asumidas dentro de las relaciones de poder y estructuras de dominación. Este fenómeno posee antecedentes teóricos en el concepto de la transdominación del investigador Dmitri Prieto Samsónov, publicado en 2010, premio Pinos Nuevos.

 

Adrián Fundora García (Cuba, 21 de agosto de 1991). Investigador. Licenciado en Estudios Socioculturales, UNAH. Labora en el Instituto Cubano de Antropología, en la investigación de proyectos nacionales y asociados a programas ramales de desarrollo. Por ejemplo: proyecto ‟La antropología sociocultural en Cuba: Reconstruir el pasado para cimentar el futuro” y ‟Etnografía de las asimetrías: identidades locales, entorno natural/patrimonial, escuela y comunidad (Habana Vieja y Guanahacabibes)”.

 
 
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