Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
21  enero - julio 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
MATERIAS 
   
AUTOR  
Normas para la aceptación de originales  
Contáctenos  
La diáspora (post)soviética en Cuba: una notable y reciente contribución a la composición étnica del pueblo cubano  
Dmitri Prieto Samsónov, María Regina Cano Orúe, Jenny Cruz Cabrera

(The (post)-soviet Diaspora in Cuba: a Relevant Recent Contribution to the Cuban Ethnic Ensemble)

Equipo investigativo Post_Soviet_Cuba, del Capítulo Cubano del Grupo de Trabajo Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes (AC&SE CUBA) del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Cuba.

 

Resumen: La diáspora (post)soviética en Cuba es el “remanente” de una reciente inmigración desde territorios que anteriormente formaban parte de la URSS. Está integrada principalmente por mujeres procedentes de esas tierras llegadas a Cuba por haberse casado con cubanos, y por descendientes de esas parejas. En el presente trabajo, realizamos su estudio etnográfico y sociodemográfico, el cual arrojó que se trata de una de las contribuciones étnicas más numerosas de los últimos tiempos, con una serie de peculiaridades propias.

Abstract: The (post)-soviet diaspora in Cuba is a product of a recent migration from former Soviet territories, mainly of women married to Cubans, as well as their descendants. We present a preliminary ethnographic and socio-demographic study. Our main finding is that this diaspora is a major ethnic contribution to the Cuban nation in recent times, endowed by a relevant series of peculiar traits.

Palabras claves: Cuba, URSS, migración femenina, estudios post-soviéticos, etnicidad.

Key words: Cuba, USSR, feminine migration, post-soviet studies, ethnicity.

 

Introducción

Según el último Censo Cubano de Población y Vivienda realizado en 2012, el mayor número de personas residentes en Cuba en ese momento nacidas fuera de nuestro país correspondía a las llegadas de las distintas regiones del Estado español (un total de 1 444 habitantes censados con ese lugar de nacimiento). Se trata de un hecho que no debe extrañarnos, dada la importancia consuetudinaria de la inmigración ibérica en la gestación de la nacionalidad cubana y de sus rasgos tanto culturales como fenotípicos. En Cuba existen numerosas asociaciones que agrupan a naturales de los diversos territorios del Estado español, así como a sus descendientes, y su presencia está avalada por la memoria popular, por obras literarias, el periodismo, los estudios sociales e incluso el humor criollo. En los cementerios cubanos existen panteones dedicados a ser la última morada de cientos de peninsulares que encontraron hogar y cobijo en esta tierra. Lo mismo ―en cuanto al aspecto cualitativo― podemos decir de quienes vinieron de China, o de quienes llevan sangre hebrea en sus venas, y en menor medida, de árabes, italianos e incluso alemanes, japoneses o coreanos, por mencionar solo algunas de las diásporas radicadas en Cuba que han sido fértil campo de investigación para los estudiosos de la diversidad de componentes étnicos y de la transculturación en las tierras de nuestro archipiélago.

Sin embargo, si nos volvemos a remitir al referido censo de 2012, nos daremos cuenta de que el conjunto, que es el segundo en número entre quienes habitan el país y nacieron fuera de este, corresponde a 794 personas llegadas de Rusia, entre las cuales 71.8 % son mujeres. Si sumamos las diásporas de todos los países de la antigua Unión Soviética, obtendremos ―siempre según el citado Censo― la cifra de 1 128 personas, con una proporción aproximadamente similar de féminas en casi todos los casos. No obstante, entrevistas realizadas en las representaciones diplomáticas de Rusia y de Ucrania, así como estimaciones surgidas a partir de consultas que hicimos a través de las redes sociales de esas diásporas, arrojan cifras aún mayores. O sea, estamos en presencia de un hecho social y cultural. Para muchos cubanos no constituye una sorpresa a escala cotidiana que en barrios de numerosas ciudades nuestras, e incluso en poblados campestres, se conoce a la perfección dónde es que vive ya sea Elena, Galia, Irina o Valia, o simplemente ‟la rusa”, aun cuando bien puede tratarse indistintamente de una ucraniana, una kazaja o una tártara; casi siempre con hijos portadores de la ciudadanía cubana, con segundos apellidos a veces de difícil pronunciación para hablantes del español criollo, pero cuya visibilidad investigativa1 y mediática no es proporcional ―por diversas razones― con su extensión numérica. Véase, al respecto, el ya clásico libro de Jesús Guanche Componentes étnicos de la nación cubana.

Las relaciones entre Cuba y la URSS (así como entre Cuba y Rusia) han generado numerosas publicaciones, sobre todo desde la década del sesenta. Pero es mucho menor el número de trabajos investigativos que abordan específicamente la influencia cultural (post)soviética en Cuba. Existen, sin embargo, algunas notables y meritorias excepciones, comenzando por el ensayo “Lo que dejaron los rusos” del escritor cubano José Miguel Sánchez Gómez, Yoss, ganador del Concurso de la Revista Temas en 2001. También hay algunas investigaciones realizadas por estudiantes de universidades extranjeras. Aun así, el tema propiamente de la(s) diáspora(s) (post)soviética(s) en Cuba sigue esencialmente virgen, pues la inmensa mayoría de quienes investigan los hechos socioculturales derivados de las históricas relaciones entre nuestro país y la URSS se concentra en otras cuestiones. (La terminología utilizada la explicamos más abajo). Existen, además, loables (aunque igualmente escasos) trabajos audiovisuales sobre la temática, entre los cuales se destaca el documental Todas iban a ser reinas, filmado en Camagüey en 2006.

Groso modo, las migraciones internacionales se han caracterizado por ser predominantemente masculinas (hecho justificable por sus causas: mayormente laborales y económicas; casi siempre, sujetas al rol tradicional del “hombre” como proveedor de la familia…). Sin embargo, la primera generación de las diásporas (post)soviéticas radicadas en Cuba está constituida casi exclusivamente por mujeres provenientes de países que conformaron la Unión Soviética. Se trataba de féminas procedentes de ese país euroasiático, debido a que la unión de cubanas con soviéticos era muchas veces cuestionada en medios patriarcales y oficialistas, tanto en Cuba como en la otrora URSS. Estas mujeres crearon matrimonios con becarios, estudiantes, colaboradores, militares… cubanos, motivadas por el amor a sus parejas y por el símbolo que definía a Cuba en la Unión Soviética: “La Isla de la Libertad”; abandonaron su país ―de mejores condiciones económicas― por el nuestro, en un viaje hacia lo desconocido ―generalmente en una sola dirección―. Las condiciones sociopolíticas y morales (morales porque en los patrones de las dos culturas de alguna manera “la mujer sigue al hombre”) y el compromiso de los cubanos con su patria hicieron que la migración fuera hacia Cuba (también hacia otras naciones) y en ella permanecieran, pues resultaba traumático regresar a un país con el cual ya no se identificaban, a causa de que simple y llanamente dejó de existir para ellas (me refiero a la etapa inmediata posterior a la caída del campo socialista). Este fenómeno tiene como elemento comparativo la presencia de extranjeros provenientes de los países hermanos tercermundistas, cada vez más común en la URSS desde 1957, lo cual indica que se trataba de un proceso que entró en boga entre los años sesenta y noventa del siglo pasado.

A diferencia de otras diásporas, como por ejemplo la árabe, la hebrea o la china, no existen entidades oficialmente reconocidas por las instituciones cubanas que posibiliten la autorganización de quienes la integran.

 

Situación problémica

La problemática que nos proponemos abordar está dada por la insuficiente visibilidad, tanto en el ámbito académico como en la esfera pública cubana en general, de un importante conjunto de componentes étnicos recientes del pueblo cubano, conformado por personas inmigradas desde el actual espacio geopolítico postsoviético y de algunas otras regiones de Europa Oriental, así como por sus descendientes en segunda y tercera generación, de cuyas características, en tanto conjunto de comunidades y/o seres humanos “atomizados”, se conoce bien poco. Tal ausencia de conocimiento ―las pocas obras investigativas, audiovisuales y periodísticas existentes son solo excepciones que confirman la regla― gravita sobre informaciones tan esenciales como el número de personas en cada etnicidad de las que conforman la diáspora, su distribución geográfica y sociodemográfica, permanencia o no de los idiomas hablados en los territorios de partida, religiosidad/espiritualidad, etc. Estas carencias interpelan los conceptos acostumbrados que se utilizan en Cuba para describir y explicar los procesos etnonacionales (“ajiaco”, “mestizaje”, “hibridez”), así como afectan el potencial humano de protagonismo solidario y autorganización de dichas diásporas. Asimismo, existe una clara oportunidad de abordar un conjunto de nuevas variables socioantropológicas relacionadas con el género, la transnacionalización y los flujos globales, hechos que ciertamente fueron prefigurados en Cuba por los grupos humanos que deseamos abordar, incluyendo vivencias muy particulares de afectividad y de involucramiento histórico en tiempos aún recientes.

 

Objetivo general de nuestra investigación

  • Visibilizar las características de las diásporas (post)soviéticas en Cuba en lo biográfico, lo sociodemográfico y lo etnoantropológico desde posturas de salvaguarda de la memoria histórica y de diálogo real entre saberes, culturas y civilizaciones con anclaje efectivo en la praxis social/vivencia personal concreta del ser humano.

Es esencial para nosotros el punto de la salvaguarda de la memoria histórica en momentos en que una gran parte de la primera generación de la(s) diáspora(s) estudiada(s) llega a la tercera edad; algunas mujeres ya han fallecido, y entre ellas existían personalidades realmente notables.

La trascendencia cultural del presente tema de investigación se fundamenta en los siguientes elementos:

  • La necesidad de dotar de un justo reconocimiento social a una colectividad que constituye uno de los más recientes componentes étnicos del pueblo cubano, y cuyas historias de vida engloban épocas críticas del despliegue del actual sistema-mundo, pudiendo aportar miradas insospechadas a algunos de los sucesos relativamente recientes; se trata también de desmitificar los acontecimientos en que han estado involucrados. En igual sentido, se impone el reconocimiento público de la diversidad del hecho estudiado en materia de historias personales, etnicidades, racialidad, etc.

  • La colectividad en estudio ha realizado aportes muy significativos a la realidad cubana.

  • La primera generación de la diáspora es mayormente femenina, lo que hace pertinente esta investigación desde la perspectiva de un aporte a los estudios de las relaciones de género.

  • La histórica amistad entre los pueblos de Cuba y los que integraron la URSS constituye sin dudas el contexto en el que surge la diáspora estudiada y rememorarla es clave.

 

¿Por qué “diáspora (post)soviética”?

Ha sido difícil encontrar un término adecuado para nombrar el hecho social que estudiamos. Primero que todo, consideramos impropio hablar de “diáspora rusa” (no todo/as son étnicamente ruso/as ni provienen de Rusia como país). Sería inadecuado calificarla de “ruso-parlante” (porque no todo/as hablan el ruso; en la segunda generación hay mucho/as que desconocen esa lengua, mientras se hablan también como nativos una serie de idiomas distintos al ruso. Tampoco podemos llamarla “eslava” (la URSS abarcó solo el área eslava oriental, al tiempo que también incorporaba territorios con etnias de ancestralidad turca, caucásica, báltica, entre otras). En conclusión: los términos étnicos o lingüísticos tradicionales resultan inapropiados.

Por otra parte, el término “soviético/a” es polisémico (remite al sistema político basado en consejos de trabajadores, al país conocido como Unión Soviética, o a una época histórica cronológicamente delimitada). La mayor parte de la inmigración que da lugar al hecho estudiado vino de la Unión Soviética en la era soviética. Pero decir “diáspora soviética” sería anacrónico. Entonces, como vivimos en la era (post)soviética, decidimos hacer un gesto deconstructivo y colocarle a soviética el prefijo post entre paréntesis. Ahora bien, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿se trata de una o de varias diásporas? Hay que tener en cuenta que la etnia de los entrevistados puede variar, pues el lugar de nacimiento no la determina.

Las historias de vida indican cómo procesos complejos de construcción de sentido por integrantes de la primera y la segunda generación de la diáspora muestran importantes diferencias y especificidades. Las vivencias del “socialismo realmente existente” en la URSS y en Cuba y de las transformaciones de los años ochenta y noventa las marcan decisivamente, afectando en muchos casos la temporalidad en las subjetividades involucradas. Un aspecto relevante son las prácticas lingüísticas (adquisición/pérdida de lenguas; calificación como materna/paterna), las dinámicas identitarias etnoculturales; hay que decir que aquí el poder juega un rol crítico, de género, cuya politización suele enmascararse, y de ciudadanía (incidente en la movilidad internacional de quienes integran la diáspora).

Los llamados estudios postsoviéticos aparecieron por el año 1992 como una especie de gesto adaptativo de los ya existentes estudios poscoloniales a la condición de territorios que formaban parte de la URSS o de su área de influencia geopolítica. Esa zona, obviamente, incluía a Cuba, pero aquí no son incorporables los estudios postsoviéticos como parte de los poscoloniales (por cuanto Cuba no fue colonizada por la URSS), sino que se trataría de una rama autónoma del saber social. De este modo, la llamada condición postsoviética se asocia a las vivencias de cubanas y cubanos que viajaron o vivieron temporalmente en la entonces Unión Soviética. Cuba, por su parte, ha sido el contexto donde muchos aquí nacidos han compartido o comparten un espacio social con una “soviética” o “rusa” o con hijos de la descendencia de estas mujeres venidas a establecerse en Cuba.

Para los que no salieron del país caribeño, la influencia desde la lejana nación se hizo palpable en todas las esferas de la vida cotidiana; llegó a tornarse incluso familiar en las artes, la literatura, el cine y el teatro, así como tuvo una presencia inevitable en la televisión y en el mercado nacional; en estos dos últimos casos nos referimos a los animados rusos y a la carne rusa tomados por lo general como referentes comunes tanto por el televidente como por el consumidor cubano y no cubano radicado en Cuba. Esta presencia prácticamente obligatoria de lo típicamente “ruso”, vinculada también a artefactos y útiles del hogar propició que con el tiempo en el seno de la sociedad cubana el tema de “los bolos”, término popular que utilizan los cubanos para calificar o criticar a los rusos, saliera a relucir en conversaciones retrospectivas y que su imagen quedara arraigada hasta nuestros días en la memoria popular de los cubanos y de todo aquel que residía en Cuba en aquellos momentos.

La escasez de artículos, ponencias, audiovisuales y libros publicados por lo general desde fuera de Cuba arroja otra problemática: las comunidades postsoviéticas radicadas en Cuba casi no se visibilizan ni en los medios de comunicación ni por la academia. Hay cierta urgencia en el abordaje propuesto, pues la vida de las personas de más edad asociadas a nuestro campo de estudio está en franco riesgo, amenazada por enfermedades o incluso la muerte (varias mujeres de la diáspora ya fallecieron, sin que pudiera recuperarse el patrimonio de su memoria).

La(s) diáspora(s) que nos propusimos estudiar pueden ser puestas en singular (si agrupamos en un conjunto único a todas las personas provenientes de la URSS o con ancestros en aquel país), o en plural (si hacemos distinciones, ya sea por etnias o por países que componían la Unión Soviética). En todo caso, la palabra diáspora es preferible a la de comunidad, por cuanto el significado en griego de la primera (dispersión) es también representativo de la poca institucionalización que la caracteriza en el espacio organizativo del país caribeño. Esa(s) diáspora(s) las componen tres generaciones: la primera, principalmente femenina, o sea, las mujeres que desde la URSS vinieron a Cuba generalmente casadas con becarios cubanos que estudiaban en aquel país; la segunda, compuesta de sus hijos/as; y la tercera de sus nietos/as.

Hay que tomar en cuenta que nuestra investigación ya arrojó que muchas de las personas entrevistadas pertenecientes a la primera generación aún se autodefinen como soviéticas, independientemente de su etnicidad o ciudadanía actual. Estas dos últimas características deben ser claramente diferenciadas, por cuanto no son lo mismo, y en ambos casos más que un simple atributo se trata casi siempre de dinámicas complejas de sentido, que pueden ser testimoniadas. Sin embargo, existen igualmente personas que se apartan del calificativo de “soviético”, asumiendo sus lealtades a los Estados hoy existentes como manera de identificarse. En el caso de la segunda generación, hay muchos casos de doble ciudadanía, y las autoafiliaciones son aún más complejas.

Quedan dos aclaraciones importantes para dar término a la caracterización preliminar que acá hacemos:

  1. El uso del término “diáspora (post)soviética” se debe al hecho de que en general se trata de personas que llegaron desde territorios de la antigua Unión Soviética, durante la existencia de esta; sin embargo, actualmente esta diáspora es parte del ámbito de los hechos postsoviéticos, por lo cual preferimos hablar de diáspora “(post)soviética” en vez de “exsoviética”; la utilización del paréntesis en el prefijo “(post)” es para darle un carácter opcional a este, ya que muchas personas de la diáspora ―sobre todo de la primera generación― aún utilizan el término “soviética/o” (sin el “post”) como gentilicio para autoidentificarse, casi como una suerte de paradójico autoetnónimo.

  2. Sobre el carácter femenino de la primera generación de la colectividad humana en estudio, que la alcanza casi en su totalidad (probablemente en más del 95 %), existen varias hipótesis, centradas sobre lo que uno de los iniciadores de las investigaciones sobre esta diáspora (Roneld Reyes) llamó “inmigración romántica”; sin embargo, ya desde los primeros acercamientos en torno a las historias de vida, estos han evidenciado que las explicaciones estereotipadas tienden a resultar fallidas, por lo que nos proponemos seguir otra línea dentro de nuestra labor de indagación.

 

Sociodemografía comparada de la(s) diáspora(s) (post)soviética(s)

Los resultados preliminares arrojaron que de 3 386 mujeres y 2 627 hombres que viven en Cuba habiendo nacido en otras tierras, 1 444 residentes en el país nacieron en el Estado español.

El segundo grupo de quienes viven en Cuba y nacieron en ultramar vinieron de la Federación de Rusia. Rusia ―como lugar de origen de residentes en Cuba― es seguida por Italia, Estados Unidos, Ucrania, Venezuela, México y Haití. Las diásporas de Rusia y de Ucrania sumadas sobrepasan el número 1 000.

También existe una cifra grande de descendientes de estas personas. El número de tales personas que nacieron en Cuba no aparece visibilizado en los resultados censales, pues no se preguntó durante el censo por el lugar de origen de los progenitores. (Figura 1)

Figura 1

En el Censo de 2012 no se indagó por la ciudadanía, etnicidad o religión practicada. Las cifras por lugar de origen, por tanto, incluyen tanto a personas con ciudadanía cubana como a quienes no la tienen.

En cuanto a la procedencia de las personas nacidas en ultramar que presumimos pertenecientes a la diáspora en estudio, el siguiente gráfico muestra la proporción comparada entre quienes nacieron en los países de la antigua URSS según las distintas repúblicas que conformaban la unión. (Figura 2)

Figura 2

Como vemos, de las 15 repúblicas exsoviéticas solo 10 aparecen representadas en el Censo como países de origen de inmigrantes que residen permanentemente en Cuba. Sin embargo, existen razones de peso para considerar que en el proceso de enumeración se ha subestimado la presencia de personas nacidas fuera de su actual lugar de residencia, lo cual permite suponer que viven en el país también personas nacidas en las otras cinco repúblicas (en especial, tenemos noticias de al menos una ciudadana de Georgia, nacida en ese territorio, que vive en La Habana).

 

Sociodemografía y género de las diásporas en Cuba

La siguiente gráfica ilustra por países la proporción por género entre los mayores contingentes de quienes residen en Cuba y nacieron en ultramar. (Figura 3)

Figura 3

El carácter predominantemente femenino de la diáspora (post)soviética contrasta con una proporción más equilibrada en materia de género en las inmigraciones de otros países.

Si ordenamos, consecuentemente, las inmigraciones por países de procedencia según un mayor porcentaje de mujeres en sus respectivos contingentes, obtenemos el diagrama siguiente: (Figura 4)

Figura 4

Señalamos con estrellas las repúblicas que formaron parte de la URSS, y con triángulos los países eurorientales del CAME. Podemos ver el mismo comportamiento de más de 2/3 de féminas en tales casos, que resulta matizado por un comportamiento similar de las inmigraciones procedentes de algunos países latinoamericanos.

También resulta interesante comparar las inmigraciones por las principales regiones geopolíticas e histórico-civilizatorias del planeta. (Figura 5)

Figura 5

La suma por países entre la URSS y los demás territorios europeos del antiguo Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) ofrece un conjunto de 1 372 personas que nacieron en aquellas repúblicas, comparable con las 1 444 de España y 1 260 de Iberoamérica. Les siguen numéricamente los países de Europa Occidental (sin contar los países exsocialistas, España, Turquía, e incluso Grecia) con 783 inmigrantes y América del Norte con 345 individuos, así como el Gran Caribe no hispanoamericano con 340.

Llama la atención cómo el número de personas provenientes de China y de los países árabes (113 y 103 respectivamente) es mucho menor que el de la diáspora estudiada.

Los datos compilados apuntan a que las diásporas (post)soviéticas constituyen sin duda la contribución más numerosa (por países) a la composición etnodemográfica del pueblo cubano (después de quienes nacieron en territorios del Estado español: colectividad que, por otra parte, no es en rigor diáspora, sino componente troncal de la comunidad popular cubana).

 

Algunos aspectos cualitativos

La desintegración de la URSS, por otra parte, ha creado una situación sui géneris cuando ha sido necesario para la mayoría de quienes ostentaban ciudadanía soviética re-inscribirse en los consulados correspondientes como ciudadanos de los Estados soberanos sucesores de la unión. Esto generó unos cuantos posibles casos de apatridia, de los cuales hay contabilizados 13 (investigación propia).

En lo jurídico-antropológico, la complejidad del abordaje de ese tema se incrementa por la ausencia en Cuba de servicios consulares de la mayoría de las repúblicas exsoviéticas que no tienen embajadas en nuestro país.

Otros aspectos de capital importancia son la memoria histórica; la construcción de identidades personales y colectivas, incluidos género, etnicidad, racialidad, territorialidad y grupo social/clase/profesión; así como el uso de idiomas. Más que “marcar casillas” en formularios, se trata de profundizar antropológicamente en procesos muy complejos y autocontradictorios. Tales imperativos demandan una investigación que tome en cuenta las subjetividades que emergen en su campo de estudio. Actualmente, se encuentran en proceso de elaboración varias historias de vida de integrantes de la diáspora (post)soviética en Cuba, que han permitido revelar la complejidad identitaria de esas personas [no solo en ciudadanía, sino también en etnicidad, uso de idiomas (adquisición/pérdida de lenguajes), asociatividad, etc.].

Respecto a la llamada “lengua materna” (y paterna) es necesario destacar que la diáspora presenta un cruzamiento de dos complejidades concomitantes: el proceso de adquisición y pérdida de idiomas en las familias mixtas pre y posmigración a Cuba (y desde Cuba, en algunos casos con o sin retorno posterior), que afecta tanto a la primera generación como a la segunda y tercera; y la multiplicidad de procesos lingüísticos en la antigua URSS, que ha incidido sobre todo respecto a lenguas distintas del ruso, cuyo aprendizaje ha sido relegado en algunos casos al tercer o segundo lugar.

La religiosidad del segmento eslavo de la diáspora (rusas, ucranianas, bielorrusas…) se reparte entre la fe cristiana-ortodoxa (representada por dos Iglesias: la Rusa y la del Patriarcado de Constantinopla, con su proporción étnica específica en cada cual), grupos cristianos-evangélicos que ofician en ruso y nuevos movimientos religiosos (como la “ritmología” y algunos otros). Existen personas en la diáspora con ancestros hebreos, y que muestran el interés por el judaísmo. El segmento túrquico-musulmán practica el Islam.

 

Reflexiones finales

El dilema ético que afronta la investigación se centra en discernir si se está construyendo un artefacto conceptual que en nada ayuda a la comunidad en estudio, pues en principio deducimos que a sus integrantes no les interesa visibilizarse, ni autorganizarse ya que hasta ahora han pasado desapercibidos por los Estados correspondientes. En efecto, durante el trabajo de campo constatamos una actitud reticente marcada por visiones estatistas en el personal diplomático entrevistado a propósito de “sus” diásporas en Cuba. Es de suponer entonces que las demandas geopolíticas pueden opacar la dimensión humana de atender a personas reales.

Pero podemos hacernos también la pregunta si la investigación etnográfica implica o no un acto de diálogo o de dominación con respecto a nuestras fuentes de saber. Hay que decir al respecto que ello depende de la capacidad de quien investiga: una buena entrevista antropológica puede empoderar a la persona con quien se dialoga; pero quien investiga puede también influir o inducir cambios de opinión. Puede incitar la apertura, pero también violentar intimidades y generar cohibición al “tocar el lecho” de un pasado doloroso. No obstante, en el contexto actual de transnacionalización, al que ni Cuba ni el espacio postsoviético son ajenos, esta investigación puede convertirse en un factor real para devolver la ciudadanía a personas que la perdieron o posibilitar la adquisición de la doble ciudadanía a quienes se les ha negado de una forma u otra el disfrute de ciertos derechos.

Existe un notorio imperativo a la hora de abordar los diversos aspectos socioculturales vinculados a las realidades de las diásporas (post)soviéticas: el de trascender un grupo de estereotipos nostálgicos, sexistas y a veces francamente racistas o xenófobos. Resulta muy fácil (y es lo que muchas veces sucede) reducir la complejidad de las explicaciones y la comprensión social del hecho en cuestión a:

  1. Lo francamente nostálgico (parecido al fenómeno este-europeo de la Ostalgie), centrado en Cuba en las memorias de una época que muchas personas aprecian hoy como “dorada”, y en elementos específicos de esas memorias, como los “muñequitos rusos”, el cine soviético en general y especialmente el “de guerra”, así como la tecnología y los alimentos ―y bebidas― provenientes de aquel país y del campo socialista en general.

  2. Un sentido común que vulgariza lo político-ideológico invocando viejos patrones apologéticos de un discurso que ha logrado sobrevivir la catástrofe de 1991, donde son coaguladas extemporáneamente narrativas de vivencias personales ciertas con la exaltación de algunos elementos culturales reales y ficticios de lo que fue la Unión Soviética, y lo que hoy se conoce como “espacio geopolítico postsoviético” o (más amorfamente) “espacio euroasiático” o incluso “el mundo ruso”.

  3. Algunos estereotipos dominantes (que además suelen ser etnocéntricos) de feminidad y masculinidad que establecen criterios biologizantes ―racistas o francamente sexistas― para explicar el carácter predominantemente femenino de la diáspora en su primera generación, ignorando un importante grupo de sensibles realidades sociopolíticas e históricas.

  4. Los estereotipos excluyentes que generan rechazos o fobias por razón de origen, cultura o idioma hacia representantes de todos o algunos de los grupos étnicos que componen la diáspora.

  5. La simple ignorancia ―normalmente inocente― que marca, por ejemplo, la habitual falta del reconocimiento de la diversidad de culturas en el espacio geopolítico donde radicaba la URSS, que hoy, sin embargo, puede convertirse en peligroso caldo de cultivo para rupturas y divisiones a partir de los conflictos que han ido emergiendo en dicho territorio.

Entonces, creemos que no hay nada mejor para satisfacer el mencionado imperativo, que dar la oportunidad de que las voces de las personas en cuestión sean escuchadas, o ―en el caso de este proyecto― leídas en primera persona.

Estamos construyendo, por tanto, la alternativa a los mentados estereotipos, y las bases de una investigación que desde lo testimonial pueda dotar de rostros y voces a una diáspora cuyo peso relativo entre quienes habitamos Cuba ha sido por el momento enunciado solo en forma de números y de algunas miradas fragmentarias. Es un esfuerzo digno de la creciente apertura de Cuba al mundo, y también imprescindible, ya que muchas personas de la diáspora estudiada son mujeres ya mayores, con cuya desaparición física desaparecería también ese segmento tan especial de la memoria histórica de toda una época y de gentes tan particulares.

 

Conclusiones

Los datos compilados apuntan a que las diásporas (post)soviéticas constituyen la contribución más numerosa (por países) a la composición etnodemográfica del pueblo cubano (después de quienes nacieron en territorios del Estado español: colectividad que, por otra parte, no es en rigor diáspora, sino componente troncal de la comunidad popular cubana). En lo cultural y asociativo, sin embargo, su presencia se encuentra notoriamente invisibilizada.

Respecto a empeños presentes y futuros dentro del proyecto que dio lugar al presente artículo, consideramos que el estudio de este tema mediante las historias de vida, y su subsecuente publicación, permitirá desocultar aristas sorprendentes del período revolucionario cubano y de los importantísimos sucesos que entre 1959 y el 2001 tuvieron lugar en el mundo, adentrándonos en una personalísima “geopolítica de la memoria” aún inexplorada. Asimismo, podremos ir incorporando de manera visible nuevos elementos vivos a la conciencia cultural nacional del país, y a los nuevos vínculos transnacionales en que estamos hoy sumergidos en medio de las transformaciones que van ocurriendo ―tanto en Cuba como a nivel continental y planetario―. Es nuestra voluntad que esa novedad tribute de manera eficaz a que las relaciones sociales y los sentidos culturales que emergen o van cambiando en el seno de tal proceso de cambios tengan una tónica liberadora para el ser humano, según era el propósito de los grandes proyectos revolucionarios cuya implementación dio existencia a la diáspora que estudiamos.

 

Agradecimientos

Agradecemos al doctor Ovidio D'Angelo Hernández, investigador titular del CIPS, por el ejercicio de su oponencia al proyecto y por su gran apoyo, esto es extensivo en su persona a la Sociedad Cubana de Psicología. En la misma medida, agradecemos también por la oponencia realizada al proyecto a la doctora en Ciencias Filosóficas, Juana María Jiménez Hernández, profesora e investigadora auxiliar, también máster en Antropología, quien labora actualmente en la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Agradecemos al Consejo Científico del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinello y a sus directores y vicedirector: Fernando Martínez Heredia, Elena Socarrás y Rodrigo Espina, así como al resto de integrantes del Consejo, por permitir orientar el diseño de la investigación bajo su escrutinio, por sus sugerencias y por la aprobación final.

Agradecemos al Grupo Internacional de Trabajo Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) por ser ―en su capítulo cubano― espacio institucional propicio para esta investigación autónoma, que aborda procesos de sociabilidad espontáneos e “híbridos”, emergidos de dos de las más significativas intenciones anticapitalistas del siglo XX: la soviética y la cubana. Queremos no olvidar agradecer al Proyecto y Restaurant NaZdarovie, espacio gastronómico, laboral y sociocultural que visibiliza a la diáspora, por su incentivo, así como a todos aquellos que nos han brindado su ayuda y apoyo. También incluimos en estos agradecimientos a los Comités Organizadores de Antropología 2014 (Instituto Cubano de Antropología, La Habana), Anthropos 2015 (La Habana) y LASA 2015 (San Juan, Puerto Rico) por seleccionar nuestros trabajos para ser expuestos en esos eventos; y a quienes participaron o participarán en los debates les damos las gracias por sus comentarios, críticas y sugerencias.

 

Notas

1 En este sentido, hay que destacar la pionera tesis de licenciatura del sociólogo Roneld Reyes, la cual, sin embargo, no se encuentra disponible en ninguna de las bibliotecas públicas, y de cuya existencia conocimos por el propio autor, quien además realizó una presentación (cuya grabación se conserva) sobre los resultados de su trabajo investigativo en el evento “Las otras herencias de Octubre”, realizado en 2005 por la Cátedra Haydée Santamaría en la sede de la Uneac. Roneld Reyes, quien actualmente vive fuera de Cuba, introdujo el término “inmigración romántica” para calificar el proceso que dio origen a la diáspora que estudiamos. Otro trabajo igualmente pionero lo realizó la lingüista austríaca Isabelle Wieser, acerca de las características del lenguaje hablado en algunos segmentos de dicha diáspora. Existe un documental titulado Todas iban a ser reinas, realizado en Camagüey en 2006, que trata el tema de las mujeres de la antigua URSS residentes en Cuba. Dmitri Prieto Samsónov y Polina Martínez Shvietsova comenzaron a estudiar el tema de la diáspora (post)soviética en 2003, como parte de un esfuerzo de promoción y visibilización cultural. En dicho contexto, presentaron trabajos investigativos en dos ediciones del evento Memoria Nuestra (Romerías de Mayo, Holguín), así como tributaron a la creación de un efímero espacio de debate titulado ¿Koniec? auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz de Sancti Spíritus. También produjeron una publicación en la revista Esquife. Entre los antecedentes inmediatos del presente proyecto se encuentra Caviar with Rum: Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience, libro publicado por la editorial Palgrave en Estados Unidos, bajo la coordinación de Jacqueline Loss y José Manuel Prieto, donde aparece el artículo “¿Borsch no liga con ajiaco?”, de Dmitri Prieto Samsónov y Polina Martínez Shvietsova, que aborda parte de las problemáticas cuya continuidad pretendemos promover en esta investigación; otra versión de ese trabajo apareció en Cahiers des Ameriques Latines, revista del IHEAL, en París. En uno de los debates de “Último Jueves”, de la revista Temas, fue especialmente tratado el tema de las huellas este-europeas en Cuba.

 

Bibliografía

Guanche, Jesús: Componentes étnicos del pueblo cubano, Ciencias Sociales, La Habana, 2009.

Houzangbe, Penda: Kuba Maia Liubov, cortometraje documental, EICTV, San Antonio de los Baños, 2004.

Loss, Jacqueline: “La Ostrov Svobody: Todas queremos ser reinas”, en: Cultura y letras cubanas en el siglo XXI, ed. Araceli Tinajero, Iberoamericana, México DF, 2009.

Loss, Jacqueline & José Manuel Prieto (eds.): Caviar with Rum: Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience, Palgrave, New York, 2012.

Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI): Censo de población y vivienda 2012, CD-ROM, La Habana, 2014 (inédito).

Pérez, Gustavo & Oneida González: Todas iban a ser reinas, documental, Camagüey, 2006.

Prieto Samsónov, Dmitri & Polina Martínez Shvietsova: “Acercamiento a la diáspora (post)soviética en Cuba” en: Cahiers des Ameriques Latines, vol. 57-58, IHEAL, París 2008, pp. 113-123.

Prieto Samsónov, Dmitri & Polina Martínez Shvietsova: “…so, Borscht Doesn´t Mix into the Ajiaco?: An Essay of Self-Ethnography on the Young Post-Soviet Diaspora in Cuba” en: Loss, Jacqueline & José Manuel Prieto (eds.): Caviar with Rum: Cuba-USSR and the Post-Soviet Experience, Palgrave, New York, 2012.

Reyes, Roneld: “La comunidad ruso-parlante en Cuba: una inmigración romántica”, ponencia del evento Las otras herencias de Octubre, Cátedra Haydée Santamaría, sede nacional de la Uneac, La Habana, 2004.

Sánchez Gómez, José Miguel (Yoss): “Lo que dejaron los rusos”, en: Revista Temas, La Habana, 2003.

Wieser, Isabella: Die russischsprachige Gemeinschaft in Kuba. Eine soziolinguistische Untersuchung am Beispiel Havanna (tesis), Universidad de Viena, Viena, 2006.

 

Dmitri Prieto Samsónov (Moscú, 1972). Licenciado en Bioquímica (Universidad de La Habana, 1994) y en Derecho (2000). Obtuvo con distinciones la maestría en Antropología, Derecho y Sociedad en la London School of Economics and Political Science (LSE), donde obtuvo en 2008 el Premio Isaac Schapera a la Mejor Tesis de Maestría en su especialidad. Autor del libro Transdominación en Haití y coautor del libro Caviar with Rum, pionero en los estudios post-soviéticos en Cuba. Se desempeñó como profesor adjunto en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana (Historia del Estado y el Derecho en Cuba) y en la SUM de Santa Cruz del Norte de la Universidad Agraria de La Habana.

Actualmente es investigador agregado del Instituto Cubano de Antropología, donde labora desde 2009; participa en dos proyectos científicos y es profesor de posgrado y coordinador académico del Diplomado en Ciencias Antropológicas. Fue vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en La Habana y fundador de su Sección de Crítica e Investigación. Coordina el Capítulo Cubano del Grupo de Trabajo Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes de Clacso.

Regina Cano Orúe. Licenciada en Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana; escritora, artista de la plástica, periodista ciudadana y promotora cultural. Colaboradora del Grupo de Trabajo Anticapitalismos & Sociabilidades Emergentes (Clacso). Es blogger, entrevistadora y periodista-investigadora en el medio digital Havana Times. Participó en Wombvoliushan-VientreVolución (proyecto performático-poético concebido por la griot afrocostarricence Queen Nzinga Maxwell, 2013). Se encuentra afiliada a la Asociación Cubana de Artesanos-Artistas y al Registro del Creador del Ministerio de Cultura desde 2002. Participa en el proyecto Post Soviet Cuba, para el cual realizó entrevistas y diseños.

Jenny Cruz Cabrera. Licenciada en Lengua Francesa (Universidad de La Habana, 2013). Graduada (2014) del Diplomado en Periodismo Hipermedia (Instituto Internacional de Periodismo José Martí, La Habana, Cuba); trabaja como traductora de francés y redactora asistente de la Agencia Informativa Prensa Latina S.A. Ha ejercido como relacionista pública y traductora español-francés, español-ruso y ruso-español. Integrante de la Sección Cuba de la Latin American Studies Association (Lasa), de la Sociedad Cubana de Psicología y de la sección de Ruso de la Sociedad Cubana de Lingüística. Lleva un blog dedicado a los franceses en Cuba, y coordina la presencia en web 2.0 del proyecto Post Soviet Cuba, para el cual también ha realizado entrevistas. Colaboradora del Grupo de Trabajo “Anticapitalismos & Sociabilidades Emergentes” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

 
 
Cátedras
Oralidad
Gramsci
Juan Marinello
Premios
Memoria
Anual
Nacional
ALBA
Textos libres
Título
Autor
La Aldaba
Directorio
Lectores
Enlaces

 
Dirección:
Elena del Carmen Socarrás de la Fuente
Coordinadores del número:
Yisel Rivero Baxter y Elaine Morales
Coordinador del dossier:
Yeisa Beatriz Sarduy Herrera
Editora:
Mayda Argüelles Mauri
Diseño:
Alejandro de la Torre Chávez
Programador:
David Muñoz Compte
Consejo Editorial
Luis Álvarez Álvarez, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, Araceli García Carranza, Fina García Marruz, Eusebio Leal Spengler, María Teresa Linares, Rogelio Martínez Furé, Graziella Pogolotti, Olga Portuondo, Eduardo Torres Cuevas
Consejo de Redacción
Jorge Luis Acanda, Ana Cairo, Jorge Fornet, Reynaldo Funes, María M. García, Jesús Guanche, Elmo Hernández, Mario Masvidal, Yolanda Wood. Denise Ocampo Álvarez