Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
21  enero - julio 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Cultura y cambio social. Aproximaciones desde una epistemología crítica  
Dra. Elvira Eduardo Vázquez

Culture and Social Change. Approximations from a Critic Epistemology

 

Resumen: El artículo invita a reflexionar sobre la significativa presencia de la cultura en los procesos de cambios sociales. Para ello la autora construye un contexto epistemológico en el cual se muestran componentes y dinámicas presentes en esta relación. En dicho contexto, resulta relevante la relación dialéctica de lo material y lo simbólico, así como las potencialidades de la diversidad cultural para corregir rumbos en el monitoreo de los procesos de cambio.

Abstract: The article aims to pose a reflection on the significant presence of culture in social change processes. The author builds an epistemological context that shows components and dynamics presents in this liaison. In this context becomes relevant not only the dialectic relation between the material and the symbolic, but also the potentialities of the cultural diversity in order to mend courses in the guidance of the social changes.

Palabras claves: Emancipación, subjetividades, prácticas sociales, utopías, distopías.

Key words: Emancipation, subjectivities, social practices, utopias, dystopias.

 

Y como estrategia, defender la sonrisa, practicar la libertad, vencer el miedo, combatir el egoísmo” (Poder vivir en Cuba, 2011: 33)

 

Introducción

Pensar la relación cultura-cambio social forma parte de una tradición del pensamiento y prácticas sociales, de ahí que abordar dicha conjunción, más que novedad teórica, resulte el replanteo de dinámicas e interinfluencias, en este caso, desde una epistemología crítica. La aproximación reflexiva desde la mencionada intencionalidad requiere considerar los factores que condicionan sentidos y direcciones del cambio social y distinguir en ellos la presencia o distancia de la cultura.

Tres visiones, entre otras, pueden aportar a la discusión. Una de esas visiones parte del posicionamiento que coloca al modelo socialista como ideal de cambio y a la economía, como su motor central:

En una ocasión Churchill afirmó que el capitalismo constituía la más injusta forma de distribución de la riqueza, mientras que el socialismo representaba una repartición equitativa de la pobreza (…). Cierta o falsa, se puede extraer una moraleja de esta virulenta anécdota. Las naciones que aspiran a concretar un modelo socialista han de hacerlo sobre una sólida base económica. De otro modo caerán en la situación caricaturizada por el célebre exministro británico. Dichos países han de optar por el desarrollo económico y mostrar que los cambios revolucionarios deben implicar aumentos de la productividad social y mejoras en la calidad de vida. Ello ocurrió en el esclavismo respecto a la comunidad primitiva y posteriormente se repitió en el feudalismo y el capitalismo. El socialismo, preámbulo teórico del aún utópico comunismo, no puede ser una excepción y debe alcanzar niveles de consumo consecuentes con el superior desarrollo económico que alcance (Ferrán O., J.M., 2015, prólogo).

Otro posicionamiento aporta al debate desde la mirada de los componentes decisivos del desarrollo, que considera a este y a la economía como partes integrantes de la cultura de los pueblos:

…todas las formas de desarrollo, incluyendo el desarrollo humano, están determinadas en última instancia por factores culturales. En efecto, desde este punto de vista es inútil hablar de la “relación entre la cultura y el desarrollo” como si fueran dos cosas separadas, cuando en realidad el desarrollo y la economía son elementos, o aspectos, de la cultura de un pueblo (Pérez de Cuellar, J. 1996: 32).

Una tercera mirada, esta vez desde el contexto cubano, distingue a la cultura y se opone a posturas economicistas en los procesos emancipatorios:

Nuestro futuro, en cambio, tiene ante sí un abanico de posibilidades, un territorio aún abierto y no exento de riesgos entre los cuales, como creo que todos sabemos, están la resistencia de la anquilosada burocracia y un economicismo que puede tener la vista corta (…). La economía sola no va a salvar la soberanía de Cuba y los principios de justicia social, equidad y emancipación colectiva e individual que pretendemos. La riqueza y la diversidad de la vida cultural son imprescindibles para la realización de ese modelo de sociedad por el que continuamos pensando y trabajando… (Arango, A. 2011: 64).

El presente artículo parte de las contradicciones esbozadas en estas miradas diversas alrededor de componentes del cambio social, y explica la manera en que la autora sitúa la cultura en dicho proceso, teniendo presente el riesgo de que la sociedad sea reducida a un tejido cultural y olvide que también se rige mediante relaciones económicas y políticas. Para ello, comenta particularidades acerca de la epistemología y, en particular, la epistemología crítica; enfatiza sobre la problematización en el proceso de construcción del conocimiento, y la configuración del contexto como figura epistemológica crítica. Prosigue con una perspectiva sobre el proyecto emancipatorio como punto de partida y finalidad en el ámbito de relación cultura-cambio social, y las dinámicas entre las partes de esta relación. Finalmente, ofrece una propuesta analítica para aproximarse al contexto en que habita la relación cultura-cambio social, desde un posicionamiento emancipatorio.

Al desentrañar dinámicas en la trama epistemología crítica-cultura-cambio social,1 el artículo invita a una continua mirada al interior de cómo se produce el conocimiento alrededor del cambio social y la participación de las subjetividades sociales en dicho proceso.

 

Aproximaciones acerca de qué se entiende por epistemología

Al considerar la relación cultura-cambio social desde una epistemología crítica1 es preciso comenzar por qué se entiende por epistemología.

La epistemología ha sido asociada desde la antigüedad a la noción de entender algo, saber o conocer. Este vocablo se ha convertido en la raíz de muchos conceptos propios de las actuales teorías sobre el conocimiento.

No pocos autores reconocen en la epistemología el recorrido por las prácticas del sujeto durante el proceso de construcción del conocimiento científico, la forma en que este comprende la realidad que estudia, es decir, la génesis y la estructura de la producción de los conocimientos científicos.

Engels, a su vez, llamaba la atención acerca de que en cada época los productos de la reflexión teórica adoptan una forma históricamente concreta (Marx, K. y Engels, F., 1961). Pierre Bourdieu, quien consideraba la epistemología “…como reflexión encaminada a explicar los esquemas de la práctica” (Bourdieu, P. y Wacquant, L. 1995:167), también enfatiza en su carácter histórico concreto, así como en su correspondencia con la posición sociopolítica de los agentes. “…porque el enfoque de los agentes también varía de manera sistemática en función del sitio que ocupa en el espacio social objetivo” (Idem, 1995:193).

En el presente texto se asume la epistemología como el proceso que organiza y edifica la producción del conocimiento científico. Desde una episteme concreta los sujetos sociales perciben e interpretan la realidad objeto de estudio. Se definen así las pautas sustantivas que marcan las rutas de las estrategias de indagación a emplear: teorías de partida, comprensión teórica del objeto, metodologías, técnicas e instrumentos de investigación.

La epistemología, así entendida, supone un sujeto en proceso permanente de autorreflexión en relación con el objeto de estudio, o sea, un autoanálisis crítico en el proceso de construcción del objeto, donde la experiencia social del sujeto se revierte en valores, convicciones, intereses, significados y símbolos manifiestos en diálogo con la realidad.

 

Algunos comentarios acerca de la epistemología crítica

Una epistemología crítica es entendida desde los complicados procesos teóricos y de experiencias de vida presentes en la construcción del conocimiento, las rutas de articulación entre investigación y los niveles de transparencia del mundo social. Asume la existencia de una variedad de interpretaciones y de modos de visualizar la realidad por los distintos agentes. Subraya la manera en que el saber académico o de experiencias de las personas, en el tránsito de sus vidas, participa en procesos de comprensión de la realidad. Parte de la ruptura con lo construido por prácticas naturalizadas en campos científicos hegemónicos y de la necesidad de un pensamiento revolucionario. Implica conocimiento descolonizador, desarrollador de poder social y respuestas a visiones burocratizantes del mundo académico. La investigación desde una epistemología crítica estudia la realidad mediante un proceso que permite el asiento de empoderamiento de mayorías marginadas, identidades subalternas. “…Rupturas epistemológicas [que] son a menudo rupturas sociales, rupturas de creencias fundamentales de un grupo… con el acervo de certidumbres compartidas…” (Idem.:180)

Develar una apreciación nueva de la realidad en no pocas ocasiones implica rupturas con creencias fundamentales compartidas por personas o instituciones cuyas percepciones han sido selladas como certezas. La epistemología crítica se sustenta en la comprensión del objeto de estudio desde un proceso indagatorio que supere el conocimiento instituido desde enfoques lineales, homogéneos y jerárquicos de determinados campos de poder: construcciones “naturalizadas” y/o legitimadas desde posiciones hegemónicas que operan en determinadas instituciones y actores sociales. Ella incluye la relación teoría y práctica, el posicionamiento teórico, las apropiaciones y producciones teóricas y las estrategias de indagación, así como el conocimiento de las condiciones sociales dentro de las cuales se produce el conocimiento. Reclama también una construcción del saber que no reproduzca la separación de sus diversos campos ni la separación de las disciplinas. Enfatiza en la conjunción entre el saber y el transformar. Exige, por tanto, la continua mirada al interior de cómo se produce el conocimiento, una observación crítica que constantemente esclarezca desde dónde se construye: propósitos, rutas y en particular las implicaciones sociales del conocimiento producido.

La epistemología crítica posee capacidad para develar las aportaciones de la cultura al cambio social y las del cambio social a la cultura en un proceso de intercambios mutuos, proceso que exterioriza la fuerza que cobra la íntima conexión del conocimiento con la práctica social ante la complejidad de los procesos de cambio. Ella se instituye como necesidad en cuanto interroga la medida en que las utopías, el futuro deseado, los sueños de las personas, principalmente de los sectores históricamente desfavorecidos, se ven representados en los caminos que se han de explorar en el proceso y los fines del cambio.

Un proceso de construcción del conocimiento desde una perspectiva crítica acciona en el monitoreo de proyectos revolucionarios. Se trata de una retroalimentación que coloca su punto de partida en el comportamiento democrático de la sociedad y la identificación de las fisuras por las que se puede limitar la libertad, la igualdad de posibilidades económicas, sociales y políticas de los individuos y grupos sociales.

 

Problematizar en el proceso de construcción del conocimiento

“Necesitamos un pensamiento crítico”, sentenció Fernando Martínez Heredia (2008:91) cuya obra ha sido fuente teórica e inspiración para el presente artículo.

Un pensamiento crítico transita de la mano con una actitud indagatoria problematizadora. Problematizar implica transitar por la compleja relación existente entre la teoría construida y la práctica social, a partir de las diversas lógicas a que sometemos la idea inicial acerca de qué se investigará en la revelación de espacios no explorados o invisibilizados por la ciencia. Implica, además, explorar los trasfondos, comprender los matices en transacciones entre opuestos y las condiciones que las hacen posibles. Involucra el descubrimiento de zonas de debate en torno al objeto en proceso de edificación, lo que permite ubicar, desde una perspectiva integradora, el objeto de estudio en planos de realidad diversos, en su dinámica de movimiento, en los múltiples espacios y dinámicas de emergencia en que se produce el nuevo conocimiento.

Problematizar significa asumir la realidad como realidad histórica, de ahí que pueda ser transformada; la retroalimentación y reelaboración continua, la interconexión con planos de totalidades flexibles, mirada a través de (que atraviesa), más allá de, de crítica constante a estructuras de funcionamiento establecidas, de provocación a desafíos cognoscitivos; en la consideración de Paulo Freire, la asunción al diálogo con actores diversos como acto cognoscente, proyección hacia el futuro (1977).

La edificación del objeto de estudio desde una perspectiva problematizadora parte de la comprensión del fragmento de la realidad a estudiar como totalidad, lo que tiene como sustento teórico el criterio de que la información que constituye y organiza el todo no se encuentra solamente en su propia totalidad, aunque en esta encontramos comportamientos, cualidades del sistema. Ello demanda la mirada al interior del sistema en que habita el objeto y su articulación con los sistemas con los que se interconecta, o sea, desde una universalidad teórica.

De lo anterior se infiere que la configuración del objeto de estudio desde una perspectiva problematizadora distingue cada parte que sostiene el todo y la manera en que se encuentra implicada en este, de acuerdo con el comportamiento de las relaciones que establecen en la totalidad en el contexto en que habita el objeto que se estudia. El énfasis se coloca en la dinámica de relaciones presentes en la totalidad comprendida en el objeto de estudio, más que en la identificación de sus componentes, en la comprensión de las dinámicas configuradoras del todo, los puntos nodales que permiten el establecimiento de red de interacciones.

Una epistemología crítica erigida desde una postura indagatoria problematizadora, reconoce potencialidades presentes en la diversidad, la expansión de múltiples subjetividades y saberes que conforman el entramado social. Se trata de una desjerarquización del conocimiento en el rescate de lo plural que habita en las franjas de exclusión y subalternidad; pluralidad y flexibilidad que abren paso a nuevas realidades y saberes como articulación de lo emergente desde los procesos sociales en su dinámica, ubicados estos en redes no lineales; de modo que se incluya la heterogeneidad interna de los sectores hegemónicos y subalternos en sus múltiples y complejos vínculos: las posibles alianzas y pactos en la que hegemónicos y subalternos pactan prestaciones “recíprocas”, concesiones de los sectores subalternos ante la hegemonía (García Canclini, N., 1986).

La epistemología crítica considera que las propiedades no están en las cosas, sino entre las cosas, en el proceso de intercambio (D. Najmanovich, 2008). Muestra la pertinencia de captar la multidimensionalidad, las interacciones diversas en las realidades estudiadas; el papel de vinculación emergente en la relación y la configuración de contextos. Dicho conocimiento comprende la realidad social como mundo caracterizado por el movimiento de flujos constantes, dinámicas como espacios, trayectorias, rutas de evolución, movimientos con sentidos de orientación, espacios y tiempos de encuentros y desencuentros de componentes en la diversidad de relaciones.

Al problematizar se le concede importancia a las periferias, lo que se encuentra en los bordes del territorio considerado en el objeto de estudio, por la posibilidad que brinda de conexión con lo que está fuera.

La epistemología crítica supera la idea de la historia como cambio progresivo universal, de comprensión de la realidad a partir de un orden único. Asimismo, asume la combinación del pensamiento lógico con la imaginación, la discontinuidad, la elección de rumbos posibles en la pluralidad de posibilidades, la incorporación del desorden, lo extraño, lo diferente.

Problematizar implica un posicionamiento emancipador generado por el sujeto cognoscente a través de la praxis, resulta expresión y parte constitutiva de un enfoque crítico, contextualizado histórica y socialmente, construido a partir de la identificación de los conflictos y problemáticas presentes en la realidad social, orientado a una práctica transformadora. Coloca particular énfasis en la labor colectiva; la interacción con otros en la construcción de nuevos saberes. Se trata del proceso como parte en la configuración del objeto, el proceso como aprendizaje.

La mirada integradora en la comprensión y la configuración del objeto de estudio permite la edificación del contexto como figura epistemológica que presupone el conocimiento de las condiciones de emergencia, los factores que se relacionan con la aparición de lo nuevo o la reconfiguración de lo existente.

 

La configuración del contexto como figura epistemológica crítica

La configuración del contexto explica la dinámica de relaciones que se producen en la totalidad objeto de estudio, trama que devela la novedad no contenida de manera aislada en los componentes del sistema: propiedades emergentes presentes en las interacciones de agentes, en los intercambios entre los niveles macro y micro, en las relaciones temporales: connotación del pasado en el presente y de estos en el futuro. Posee la capacidad de construcción de visiones integradoras: la posibilidad de analizar simultáneamente el todo en sus relaciones de complementariedad, sus contradicciones como expresión de lo universal y representación de lo particular, la unidad en lo diverso.

El contexto revela el modo en que es percibido el funcionamiento de la totalidad que se estudia, en que se comprende la dinámica de relaciones, el carácter de las interacciones, de los intercambios, las dinámicas de apropiación y de pérdidas del objeto. En él se reconocen las condiciones que permiten que determinadas relaciones se constituyan relevantes en la dinámica del objeto, las interacciones transformadoras ―“…el vínculo instituyente y constituyente” (Najmanovich, D. 2001:107)―, productoras de lo nuevo, la diversidad y la aparición, desde esta, de lo común y lo diferente, de los encuentros y desencuentros en la dinámica de la realidad estudiada.

El contexto, en su condición de totalidad significativa desde la relación de agentes y procesos edificadores de intencionalidades, coloca en juego lo aparente y lo latente, lo universal, lo nacional y lo local, el pasado, el presente y el futuro, las discontinuidades en la dinámica de las relaciones, la relación hermenéutica de significación. El contexto posee, entonces, una orientación cosmovisiva integradora y crítica.

La configuración del contexto en los procesos de cambio muestra las condiciones de posibilidad internas de la conjunción de elementos que intervienen en el mismo y en su conexión con el medio, o sea, su capacidad reguladora, de regular las condiciones del cambio, las que le otorgan una relativa autonomía con relación a otras totalidades con las que se comunica. La trama contenida en el contexto muestra los puntos de partida y direccionalidad de los cambios sociales.

 

El proyecto emancipatorio como punto de partida y finalidad en el ámbito de relación cultura-cambio social

¿Qué propiedades de la cultura y del cambio social permiten atribuirles capacidad y posibilidad de un diálogo desarrollador por rutas hacia un proyecto emancipatorio? El cambio social indica “…la necesidad de corregir el rumbo” (Duharte, E. A 2008: 121). Desde la presente perspectiva se asume como condición de existencia en todos sus niveles, escalas y dimensiones, transformaciones generadas en el conjunto de componentes del sistema social o de algunos de sus componentes y dinámicas en particular. Pretende eliminar desvíos, deformaciones del anterior desenvolvimiento del sistema. Con él se instaura un nuevo tipo de orden que puede conservar el sentido y dirección del sistema o, en condición de posibilidad, variar la identidad del mismo.

Dicha mirada distingue la pertinencia de identificar los modos de existencia del cambio social, transformaciones generadas, su intencionalidad, sentido, dirección y posibles impactos, si estas están situadas en el conjunto de componentes del sistema social o de alguno de ellos en particular, qué nuevo orden se instaura, en qué medida se produce una variación de identidad del sistema que produce el cambio, a quiénes beneficia y a quiénes afecta como condición de posibilidad.

De lo anterior se deriva que, en diálogo con el cambio, la indagación en el campo de lo subjetivo permite penetrar en el significado del contenido cultural de toda práctica social.

Toda práctica social presente en el cambio social refiere la capacidad particular del ser humano de asignar sentidos y expresar significados a todo lo que le rodea. Ello permite asociar a la economía, a la cultura política y la reproducción de la vida cotidiana de las personas en términos de posibilidades económicas y de movilidad social ascendente (Torres, A. y Ortega, D. 2014: 64), de ahí que la política deba dialogar y proyectar su gestión de acuerdo con las necesidades sentidas por las personas. La articulación de la economía y la cultura posee propiedades emergentes y es definida por el tipo de compromiso con las mayorías y de participación que promueva la política.

En el mencionado proceso, la política, la economía y la cultura actúan en correspondencia con la relativa autonomía con que operan en la dinámica de la trama transformadora, quien define la dirección de los intercambios que se producen entre sus componentes, precisa la medida en que estas conjunciones son generadoras o no de riquezas materiales y espirituales, si resultan impulsores o amenazadores del proyecto.

La relativa autonomía de la cultura, la política y la cultura expresa la relación dialéctica de lo material y lo simbólico en los diversos espacios y modos en que la sociedad produce y se reproduce; autonomía que habita en los vínculos que establecen las personas, en la organización social de sentidos, imaginarios, representaciones; intereses de individuos y grupos, en la formación de redes donde ellas se informan, retroalimentan, colaboran, negocian, establecen alianzas y rupturas, intervienen en acuerdos y desacuerdos.

Pensar la cultura en posición de diálogo con los variados componentes del cambio social requiere la comprensión de la capacidad de la producción intersubjetiva en el medio donde se genera el cambio, lo que habilita o restringe el intercambio de subjetividades en la práctica social. Identifica intencionalidades, contenidos, direcciones e impacto de dichos intercambios en la diversidad de prácticas sociales.

Un posicionamiento epistemológico que contenga la emancipación humana como punto de partida y finalidad de su horizonte indagatorio desde los nexos cultura-sociedad sitúa la equidad y justicia social, la plenitud de la vida de las personas en una función integradora de intencionalidades y hegemonías diversas, policentrismo emergente, punto de consenso entre subjetividades, donde lo diverso incluye lo diferente y lo asume como riqueza. Se trata de la inclusión como condición política del proyecto, una cultura de diálogo en que los espacios institucionales y asociativos en general preservan a la utopía como referente crítico, intercambian con los decisores de políticas y con el ciudadano común en condición de igualdad.

La reflexión acerca de la relación cultura-cambio social desde un proyecto emancipatorio privilegia las potencialidades presentes en la diversidad cultural. La pluralidad presente en la multiplicidad de sujetos conforma un entramado social que hace posible la acción desde múltiples subjetividades, espacios, prácticas y saberes; entramado social que “…coloca en un primer plano el mundo de los valores…” (Espina, M. 2015: 205).

Distinguir las aportaciones sociales de la diversidad cultural exige un proceso de desjerarquización en la construcción del conocimiento, el rescate de lo plural presente en las franjas de exclusión y subalternidad, pluralidad y flexibilidad que abren paso a nuevas realidades y saberes como articulación de lo emergente.

La edificación del conocimiento desde la perspectiva esbozada observa los procesos sociales en su dinámica, ubicados en redes no lineales, que incluyen la heterogeneidad interna de los sectores hegemónicos y subalternos en sus múltiples y complejos vínculos, las formas propias de organización de los sectores populares y de resolución de sus necesidades, las posibles alianzas y pactos en los que hegemónicos y subalternos pactan prestaciones “recíprocas” (García Canclini, N., 1986).

La complejidad de la interconexión cultura-cambio social desde una perspectiva emancipatoria propone participar en el monitoreo del proyecto revolucionario a todos los niveles. Ello exige el comportamiento democrático de la sociedad y desarrolla los recursos que identifican las hendiduras por donde se puede limitar la libertad, la igualdad de posibilidades económicas, sociales y políticas de los individuos y grupos sociales.

El monitoreo de los proyectos libertarios desde una perspectiva emancipadora parte de la convicción de que estos no son por sí mismos portadores de la perdurabilidad y la infalibilidad (Fernández, J.A., 2009), dicho criterio representa un poderoso recurso epistemológico y de práctica política, proporciona legitimidad a la democracia participativa donde esta es reivindicada como poder del, por y para el pueblo. De lo que se trata es de vincular la democracia con la capacidad del sujeto popular, con la subjetividad colectiva, de ahí que un monitoreo desde la cultura deberá “captar evidencias sobre el estado de la participación en el proyecto” (Alonso, F. J. y Jara, D. 2016: 11) e identificar en qué medida la acción colectiva resulta significativa para su rumbo.

Ello confiere a la participación propiedades particulares:

“…como involucramiento activo ―individual o colectivo― de las personas como sujetos de la actividad, no transcurre como un acto aislado, sino en interacción con otros sujetos dentro de un proyecto conjunto que le confiere direccionalidad. Considerar el proyecto evita que el uso que se haga de la participación como categoría sea abstracto, ya que en los fines del proyecto quedan subsumidos los objetivos de la actividad y está contenida la tarea que involucra de manera diferenciada a cada sujeto implicado” (Ídem, resumen de ponencia).

La construcción del conocimiento desde el “… involucramiento activo… ” de las personas implica la continua indagación acerca del papel de la cultura en los procesos de reproducción social, en las dinámicas y propuestas de transformación de la sociedad. Esta mirada al proceso de producción del nuevo saber requiere que la investigación trascienda los marcos gnoseológicos-cosmovisivos del paradigma tradicional y que permita erigir las coordenadas epistemológicas que faciliten un acercamiento particular a la realidad a partir de la conformación de un entramado coherente y lógico que se autosustente por su capacidad de generar su propio conocimiento, y de la participación activa en la dinámica transformativa de sí misma y de los ámbitos de la realidad social con los que se interconecta.

De las múltiples y diversas interacciones de la relación cultura-cambio social con la realidad y los conflictos que le son característicos emergen nuevos modos de comportamiento de la indagación teórica acerca de los procesos emancipatorios.

Las nuevas actuaciones muestran una racionalidad que piensa el conjunto cultura-sociedad como emergencia, el descubrimiento de sus propiedades intrínsecas y la capacidad de ruptura con estructuras inflexibles establecidas.

Desde un posicionamiento epistemológico crítico la relación cultura-cambio social concreta el alcance de los proyectos emancipatorios a partir de la comprensión de la utopía en condición de horizonte de sentidos desde el cual las personas observan y sienten su realidad, y a partir de esta percepción realizan el juicio crítico de la puesta en práctica del proyecto propuesto. Un posicionamiento crítico, por tanto, reivindica la indagación de la diversidad de diferentes grupos sociales, el nivel de representatividad de estos, en calidad de poder explí­cito en tanto poseen capacidad de identificar en qué medida sienten interpretadas sus utopías en las prácticas establecidas por las instituciones existentes.

Asimismo, la relación cultura-cambio social desde un posicionamiento crítico adjudica relevancia al papel de las subjetividades y al intercambio intersubjetivo en conexión con las dinámicas sociales, comprende este proceso como cualidad cultural, examina la subjetividad social en condición de emergencia a partir de la conjunción de lo material y lo simbólico: significa la capacidad del factor subjetivo desde la cultura del sujeto de actuar sobre condiciones objetivas y, por ende, enfatiza su función transformadora.

Un posicionamiento epistemológico crítico distingue los aprendizajes desde prácticas colectivas, la construcción común del conocimiento y el compromiso de los implicados, la acción dialógica como acción mutua-interacción-cooperación-gestión social.

 

La cultura: factor estratégico del cambio. La capacidad de acción sobre sí mismos en el proceso de cambio

La cultura, como productora y expresión de subjetividades, se convierte en cualidad esencial del vínculo social, cualidad significante, de ahí que se coloque como parte activadora o desactivadora en los diversos espacios del cambio social. En dicha trama ella representa un factor estratégico que parte de la capacidad de acción de la sociedad sobre sí misma (Brunner, J.J., 1989). La capacidad de acción de la sociedad está condicionada por procesos de apropiación de la realidad, por la manera en que los individuos y los diversos grupos sociales producen y reproducen su vida social.

Los modos de apropiación de la realidad están estrechamente vinculados por codeterminaciones e inherencias recíprocas entre el lugar que ocupa la cultura de los sujetos implicados en los modos de actuación en la producción de la actividad y de esta en la cultura de los sujetos. El mencionado proceso aporta valores particulares al sujeto y a la actividad, lo cual resulta relevante como capacidad de acción sobre sí mismos por los valores que contienen los repertorios de significación que le son propios, por su capacidad regenerativa y por los códigos que tributan a la producción de relaciones liberadoras o de dominación.

La relevancia de las apropiaciones en la relativa autonomía, tanto de la sociedad como de la cultura, es fundamental en los procesos de cambio social por la importancia que adquiere la elaboración propia de las personas, o sea la conexión emocional, intelectual con las prácticas: lo simbólico condiciona la preeminencia de la autonomía social.

La capacidad de elaboración propia germinada en los intercambios de subjetividades que se desarrollan en la diversidad de prácticas sociales aporta un ingrediente particular a las relaciones entre la economía y la superestructura: la política social, las estrategias institucionales emergidas desde poderes centrales y sus efectos prácticos significan una ruptura con la absolutización de la causalidad en dichas relaciones.

Teniendo en cuenta que los proyectos emancipatorios requieren movilizar las capacidades de integración social para el desarrollo de sus estrategias, la lección a aprender resulta la construcción de la política desde las representanciones de los diversos grupos sociales, cómo interpretan sus necesidades, cuáles son sus demandas. La producción simbólica como capacidad emergente de la sociedad.

La producción simbólica, ámbito de movilización de potencialidades individuales y colectivas, resulta factor estratégico en la reproducción social; desde su cultura, los individuos y grupos reproducen o no las pautas dominantes del sistema social (Raymond Williams), de ahí el valor político de las prácticas sociales y la pertinencia de valorar su correspondencia con las propiedades contenidas en la cultura ciudadana y sus diversos espacios de acción productores de una conciencia colectiva (económica, política, de vida cotidiana).

Es así como la capacidad de acción de un proyecto emancipador parte del capital social existente y de las posibilidades de este para instituirse en valor cultural movilizador, “…como conjunto de recursos actuales o potenciales que están ligados a la posesión de una red… de interconocimiento y de interreconocimiento…” (Gutiérrez, A., en Espina, M. 2010:153), cuyas prácticas “…aluden a la dimensión activa y creativa…” ( Espina, M. 2010: 150)

El capital social ―en condición de valor social colectivo revelado en prácticas sociales con posibilidad de devenir en opinión pública, entendida esta como acción colectiva con implicaciones políticas de distinta magnitud, de acuerdo con el grado de organización de los agentes, el lugar que ocupan en la jerarquía social, su disposición para transformar las opiniones en acción política (Garcés, R., 2007)― se expresa en la medida en que la actuación de sectores y grupos sociales en sus diversos espacios de actividad produzcan y sostengan una conciencia colectiva: política, económica, social.

La producción de una conciencia colectiva es posible cuando desde su cultura dichos individuos y grupos adjudican sentido propio a la sociedad donde se desenvuelven: codifican, decodifican, interpretan, seleccionan las señales que le brinda su entorno. Desde la mencionada perspectiva, los sectores marginados, desde sus sueños, su visión de futuro deseado, en el quehacer cotidiano advierten propiedades, cualidades, fallas y vicios de la sociedad, y desde esta percepción generan o no prácticas que producen una conciencia colectiva.

En la conciencia colectiva, proceso muldimensional de apropiación y producción simbólica, intervienen las tradiciones, valores, costumbres, mitos, representaciones, maneras de sentir y manifestar emociones, relacionarse, percepciones acerca del pasado y de proyectarse hacia el futuro, capacidad de construcción de utopías y distopías, entendida esta última como discurso social crítico, que grupos sociales diversos rea­lizan a su entorno sociohistórico “…que cuestiona el rumbo de la sociedad, proyectando una contraimagen que se opone a la del momento en que ella (la utopía) se ha materializado” (Rubio, A. 2009: 137-138).

El alcance de la distopía permite identificar la capacidad de actuación de la sociedad en los proyectos emancipatorios, develar en qué ámbitos de la vida social se encuentran las potencialidades de individuos y grupos para actuar como fuerza transformadora de sí misma. Estas propiedades se expresan en los modos de actuación de las personas en los diversos espacios de actividad que producen una conciencia colectiva: políticos y económicos en correspondencia con la distribución del poder en los marcos regulatorios del proyecto social, del grado en que se perfila el abandono de las dinámicas de exclusión social heredadas de estructuras de dominación.

Desde esta perspectiva se produce la generación de sentido en la totalidad cultura-sociedad. En ella anidan complejos intercambios no lineales, articulaciones colocadas en planos de totalidades flexibles, diversas, semejantes y diferentes; contextos creadores de emergencia epistemológica y sugerentes de prácticas sociales nuevas edificadoras del cambio.

Lo referido expresa la medida en que el poder puede desprenderse de los patrones de dominación clasistas y adquirir fuerza en un nuevo proyecto la distribución, dando lugar a que la hegemonía esté contenida en las expectativas, intereses y necesidades de amplios sectores de la población. De lo que se trata es de ubicar el proyecto emancipatorio en la lógica de las relaciones sociales, en las emociones, representaciones durante las prácticas de vida cotidiana de las personas.

La capacidad de acción de la sociedad sobre sí misma alcanza especial relieve en el espacio de identificación de los niveles de legitimación social del cambio social, pues es desde las subjetividades que se producen los diversos niveles de reconocimiento y los grados de aceptación colectiva de su diseño y puesta en práctica. Por tanto, debiera constituirse punto de partida para los proyectos emancipatorios de nuestro continente, del que Cuba forma parte. Es en el mencionado ámbito donde la cultura se constituye brújula orientadora del deber ser, del sentido y dirección del cambio, en su correspondencia con las necesidades y demandas que producen los distintos grupos sociales en el acontecer de sus vidas.

El factor estratégico también encuentra o no su presencia en la cultura cuando la institucionalidad construida se sustenta en la intencionalidad y capacidad de los grupos de poder para articular una política económica y social desde la emancipación humana, es decir, desde un pensamiento y un accionar estratégicos de los grupos de poder entendido el pensamiento estratégico como el “conjunto de ideas y principios que orientan, organizan y regulan el proceso de construcción de un nuevo tipo de socialidad…” (Ayús, 2005:14).

Sin embargo, la cultura, en condición de factor estratégico, logra encontrar su mayor potencialidad cuando los ideales de los grupos y sectores que “orientan, organizan y regulan” la institucionalidad coinciden con los de las mayorías, en especial con los de sectores históricamente desfavorecidos,2 es decir, cuando se logran consensos en torno a una concepción del mundo alternativa a una visión dominante que se pretende destruir.

Resulta por tanto conveniente insistir en las potencialidades estratégicas de la cultura, en particular su expresión en la actuación de los diversos grupos sociales en sus espacios de actividad; centrar la atención en la medida en que dicha actuación produce una conciencia colectiva: política; económica y que esta se traduce en calidad de acción social; acción colectiva consciente, cuyo significado social es compartido por sus agentes, constituyendo la motivación y fuerza del proyecto emancipatorio.

La conciencia colectiva expresada en acciones sociales concretas generalmente posee componentes vinculados con la tradición, rutina, emociones de los diversos grupos sociales, pero implica siempre la presencia de valores compartidos, consenso real, o sea, confianza mutua y finalidad asumida en común.

Es así como la cultura contiene la capacidad y la posibilidad de repensar continuamente el proyecto social en una dinámica de cambio, de identificar las múltiples interrogantes que este plantea para distinguir y gestionar a partir de las coordenadas que ofrezcan señales orientadoras a una mirada hacia el presente y el futuro del proyecto social. O sea, significa la capacidad para interrogar el proyecto, tanto en su concepción como desde sus prácticas.

Continuar el avance en la comprensión de la relación cultura-cambio social desde un posicionamiento emancipatorio plantea la conveniencia de responder a las interrogantes siguientes: ¿qué dinámicas del contexto en que residen la cultura y el cambio social pudieran resultar significativas? ¿Cuáles pudieran ser portadoras de nuevos saberes y orientadoras para nuevas prácticas de gestión social?

 

Aproximaciones al contexto en que habita la relación cultura-cambio social

Con la intención de realizar una aproximación a las interrogantes formuladas resultaría conveniente una mirada crítica a una propuesta que configura el acercamiento a un posible contexto, este se organiza en criterios o categorías interpretativas y modalidades de visibilización de los criterios conformados

Tanto los criterios como las modalidades de visibilización conforman el contexto, conjunto que revela las propiedades de las relaciones conformadas, espacios de problematización significativos para la comprensión de lo relevante en el contexto.

A partir de las conexiones es posible configurar redes que contemplen la causalidad compleja como proceso sistémico, interacciones múltiples, diversas, en movimientos no lineales; disposiciones problémicas, basadas en las cualidades de las dinámicas generadoras de emergencias, entendida esta como el proceso y resultado que se genera en la relación, la articulación no lineal de agentes y procesos en la aparición de lo nuevo, al nivel de la organización del conjunto desde donde emergen cualidades que no existen en el nivel de las partes del contexto configurado.

La configuración del contexto propone articulaciones que visibilizan la capacidad del proyecto emancipatorio de actuar sobre sí mismo, de corregir el rumbo, a partir de la movilización de las propiedades intrínsecas existentes en el seno de la sociedad y la potenciación de sus vínculos con el entorno. Los componentes pueden cambiar, así como sus articulaciones en correspondencia con las dinámicas en que participen.

 

Propuesta de contexto en la relación cultura-cambio social desde un posicionamiento emancipatorio. Intensidad, sentido y dirección del cambio (los criterios se expresan en negritas, las modalidades de visibilización en viñeta de puntos)

  • Equidad y justicia social como brújula.

  • Valor político de las prácticas sociales, propiedades culturales contenidas en las nuevas dinámicas de producción y reproducción social.

  • Contenido y formas de sociabilidad de los sujetos en la actividad.

  • Nivel y carácter de la actividad en correspondencia con el sentido que producen y reproducen.

  • Colocación de la centralidad en la reproducción ampliada de la vida y no del capital.

  • Patrones de representatividad y de participación ―tipos de acción que genera― (Brunner, J 1989:17).

  • Participación del poder en la diversidad de espacios sociales.

  • Poder-hegemonía-representatividad de las agendas ciudadanas en el poder político.

  • Dinámica de intercambios entre institucionalidad y espacios de la sociedad civil.

  • Encuentros y desencuentros entre políticas estatales y necesidades sociales (Brunner). Propiedades intrínsecas de la cultura ciudadana en calidad de emergencia social.

  • La cultura en la capacidad de actualización de los proyectos sociales.

  • Constitución y soberanía popular.

Dimensiones culturales de lo político

  • Conciencia crítica-poder ciudadano, expresión de la dimensión cultural de lo político, grado en que participa: condición de sustentabilidad del proyecto.

  • Estado y revolución.

  • La democracia como cultura de poder compartido y espacio de lo común.

  • Cultura-utopía posible y distopía.

  • Poder ciudadano y capacidad transformadora.

  • Consenso crítico y ejercicio del poder, a través de potenciales acciones de transformación política.

  • Cultura ciudadana-responsabilidad social.

  • Sentido y significación de la participación ciudadana en los espacios y dinámicas de poder.

  • Las relaciones de propiedad, relaciones asalariadas y tipo de conciencia que generan.

  • Participación política de la ciudadanía-descentramiento del poder en la negociación y construcción colectiva de un orden.

  • Hegemonía-opinión pública-demandas.

La representación de la diversidad social en la gestión social

  • Capacidad democratizadora del poder.

  • La diversidad social y su representatividad en espacios de poder.

  • Espacios y expresiones de legitimización/ilegitimización de las diferencias.

  • Diversidad desde el diseño de las políticas sociales y públicas.

  • Acciones productoras de heterogeneidad y de espacios, viabilidad de la diversidad social en el poder.

  • Nuevas formas de organización popular.

  • Fuerza antihegemónica en las culturas populares.

  • Desarrollo de formas propias de organización de los sectores populares y de resolución de sus necesidades (Canclini).

  • El derecho universal a la diferencia y a la divergencia.

  • Intercambio simbólico de los diversos grupos sociales que procuran ocupar espacios, hacerse visibles y escuchados.

  • Diversidad de aristas del fenómeno migratorio.

Dimensiones culturales de lo económico

Conjunción de lo económico y la subjetividad humana en la problemática social del desarrollo:

  • Capital simbólico-sostenibilidad de proyectos sociales.

  • Subjetividad-economía-emergencia social. Cultura-mercado y proyecto de cambio. Cultura-mercado-consumo.

  • Existencia o no de una capacidad propia, autonomía en la actuación de los sujetos como consumidores de discursos, objetos, tecnologías.

  • Procesos orientados a la eliminación progresiva de actitudes pasivas de la personas ante prácticas inducidas por la dominación.

  • Desarrollo de la capacidad de distinguir entre el valor de uso de los bienes, el valor de cambio y el valor simbólico.

La cultura en el espacio laboral:

  • Formas de propiedad de los bienes y de los resultados.

  • Formas de distribución y de apropiación.

  • Modelos de organización de los procesos de gestión.

  • Formas de organización de los procesos de trabajo.

  • Tipo de participación y relaciones que se generan. Valores que las sustentan y los nuevos que se producen. Nuevas prácticas y dinámicas laborales y en general en el ámbito de lo público y lo privado, del trabajo y del ocio y en la esfera de lo informal.

  • Posibles maneras de contribuir a una potenciación de dinámicas socioeconómicas creativas: las relaciones económicas en los procesos de creación. Cómo funciona en este campo la relación economía-cultura.

  • Industrias culturales, su dinámica contradictoria y retadora.

  • Miradas diversas en torno a la relación arte-mercado.

  • La industria cultural ante el mercado interno y externo.

  • Su capacidad de contribución en el PIB del país.

  • Relaciones entre lo alternativo y lo institucional.

Cultura cooperativa - de lo común como potencialidad del socialismo (los criterios se expresan en negritas, las modalidades de visibilización en viñeta de puntos)

  • Diversidad social en emprendimientos colectivos.

  • La ética como componente de la acción colectiva.

  • Cultura cooperativa y modelos de gestión inclusiva, participativa y democrática, espacio de inclusión social, contrapartidas a las desigualdades sociales.

  • La actividad social productora de una conciencia colectiva en sus diversos espacios de acción.

  • Nuevas prácticas y dinámicas que se gestan, en especial en la vida productiva y en general en el ámbito de lo público y lo privado, del trabajo y del ocio y en la esfera de lo informal.

  • Creencias y valores que subyacen en dichas prácticas y en el sustrato de su imaginario colectivo, sus representaciones, memoria compartida e identidades.

La tecnología y la comunicación digital como proceso social

  • Relativa autonomía de desarrollos informáticos.

  • Autonomía y mediaciones en los procesos de apropiación de los desarrollos informáticos y comunicacionales.

  • Gestión social de su producción y uso.

  • Posibilidades de producciones colectivas. Impacto económico, cultural, social y político.

  • Conjunto heterogéneo de actores conectados. Impacto social.

  • Colaboraciones masivas.

  • Tecnologías y producción de valores para la sociedad.

  • Potenciación de capacidad de agencia.

  • Preeminencia o no de la hegemonía cultural desde los centros de poder, de la homogeneización universal de códigos estéticos y de consumo.

  • Existencia de una apertura de posibilidades de colaboración e intercambios… (Castells, M., López García, H.).

Ética. Valores en la sustentabilidad del proyecto

  • Los ideales de individuos, clases y otros grupos sociales; factores que propician encuentros y desencuentros.

  • Ideales sociales que mueven el proceso en su dimensión institucional, y aquellos que inspiran el quehacer cotidiano.

  • El consenso en los ideales de los diversos sectores y grupos sociales como soporte de sustentabilidad de proyectos emancipatorios.

  • Preservación del medio ambiente y desarrollo de una cultura ecológica.

  • La ética y la acción colectiva.

  • Cultura frente a la posible degradación moral del sujeto en medios proclives a la corrupción.

  • Prácticas culturales que generan los nuevos códigos éticos, lenguajes, representaciones sociales y percepciones de la realidad.

  • Valor o fuerza social de esas prácticas culturales en alternativas diversas a la defensa del proyecto emancipatorio.

  • Procesos culturales que pudieran tributar a la construcción de barreras contra la enajenación, actitudes escépticas y pesimistas en cuanto a la utopía de liberación del individuo y la sociedad. Formas de producción y reproducción de los patrones culturales en la familia.

  • Aproximación o lejanía entre el imaginario social de los sujetos y los proyectos emancipatorios.

  • “Recuperación del pasado como acto de libertad” (Poder vivir en Cuba, 2011: 15) Historia y crítica.

  • Memoria: juicios y prejuicios.

  • La escuela y los medios de comunicación en el pensamiento creativo y crítico y la educación cívica del debate y la acción edificadores.

 

Notas

1 La trama epistemología crítica–cultura–cambio social constituye el punto de partida de la indagación “Investigación cultural y cambio social. Una experiencia reflexiva desde Cuba hoy (2011–2017)”, que lleva a cabo la autora del presente trabajo en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

2  Los ideales son definidos como “…imágenes en la conciencia humana que determinan el modo de pensar y actuar de individuos, clases y otros grupos sociales, la sociedad en su conjunto. Ello tiene como fundamento gnoseológico el hecho de que la construcción de objetos reales de acuerdo con un ideal constituye una forma de actividad específicamente humana, que presupone la elaboración de la imagen del objetivo a alcanzar antes de su realización práctica”. Jorge Luis Santana Pérez, Concepción Nieves Ayús, Edith González Palmira, Dania Leyva Creagh (2016): “La reconfiguración del ideal socialista en el pensamiento estratégico de la Revolución cubana: un proceso que necesita ser interpretado”, ponencia presentada en el seminario internacional “Participación popular y construcción de hegemonías en los procesos de cambios sociales”, Convención Internacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, 31 de octubre al 4 de noviembre, Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba, p. 7.

 

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