Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
22  agosto - diciembre 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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¿Qué piensan los jóvenes de la moda?: una mirada analítica a su significación social desde el imaginario juvenil  
Yeisa Sarduy Herrera

What Do Young People Think about Fashion? An Analitical Look at their Social Meaning from the Juvenile Imaginary

 

Resumen: El artículo propone una reflexión sobre la temática de la moda en el segmento juvenil, específicamente los usos y la significación sociales que para los/as jóvenes tiene vestir a la moda en la actualidad. Los resultados que se comparten, si bien no son representativos de toda esta población, tienen el mérito de ofrecer un análisis que pone de relieve expectativas y deseos del grupo seleccionado. La investigación se desarrolló bajo una perspectiva metodológica cualitativa, eficaz para este tipo de propuesta, al tiempo que colocó la vida cotidiana del grupo en el lugar metodológico desde el cual interpretar e interrogar su(s) realidad(es).

Abstract: The article proposes a reflection on the theme of fashion in the youth group, specifically the social uses and the social meaning of the young people about fashionable clothes today. The results that are shared, altough they are not representative of this all people, have the values of offering an analysis the expectations and desires of the selected group. The research was developed from a qualitive methodological perspective, placing the daily life of the group in a methodological place from which to interpret and question their realities.

Palabras claves: Moda, jóvenes, usos sociales, significación social.

Key words: Fashion, young people, social use, social meanings.

 

Unas palabras iniciales

“…Las diferentes maneras de apropiarse y construir culturalmente un territorio, las formas de sociabilidad y las maneras de vestir, de peinarse, los accesorios e incluso el lenguaje gestual a través del cual los jóvenes se comunican, nos hablan de diferentes maneras del ser joven”.1

(Emilia Bermúdez)

 

La moda es un fenómeno social de amplias dimensiones en las sociedades contemporáneas. Al referirnos al valor semántico y etimológico de este vocablo, se puede decir que “proviene del francés mode y es el uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo o en determinado país.” (2001:341). Usualmente, al mencionarlo se piensa de inmediato en el vestir, en las joyas o en las formas de peinado, olvidando a veces que moda también puede ser todo comportamiento que pueda cambiar debido a un modelo arbitrariamente impuesto; siempre que este se extienda a una mayoría. En este sentido, es de acotar que las condiciones básicas e implícitas en el desarrollo de este fenómeno —tanto social como cultural— son su sentido de fugacidad y su interés radical por el cambio espectacular, los que distinguen su autenticidad, resultando ser dicha facilidad para no permanecer su eje esencial.

La atención será centrada, dentro de los diversos campos de la moda, en el vestir, pues se considera que, como proceso sociocultural y comunicativo, aporta nuevas maneras de visualizar la relación compleja e intrínseca que se establece entre los propios individuos, así como entre ellos y la sociedad en la que interactúan. Por lo que un acercamiento a la temática permite entender la inserción de los seres humanos en determinados grupos sociales, influyendo estos últimos en la apropiación de características peculiares de dichos grupos por parte de los sujetos. De esta manera, con la moda existe “la necesidad de comunicar qué estatus poseemos, cómo vivimos, dónde trabajamos, quiénes son nuestras amistades, qué lugares frecuentamos. Y en este proceso se articula para muchos una agradable experiencia de aprobación y reconocimiento social en un sentido positivo y, para otros (no pocos), de censura, desaprobación y reconocimientos sociales en un sentido negativo” (Ferrer, 2003:28).

Después de esta presentación —necesaria a mi juicio— y en correspondencia con las líneas centrales que impulsan el estudio, se decidió tomar la definición de moda presentada por la socióloga cubana Elienne Ferrer, quien la entiende como: “El uso o la aceptación de determinados aspectos de cultura en un período efímero de tiempo; generalmente adoptados de manera imitativa por los individuos hasta convertirse en parámetros o modelos sociales que comienzan a seguirse en la sociedad. Entre ellos se destaca el del vestir, variando este uso o aceptación en relación con los intereses de los sujetos o por otro que esté cobrando auge, constituyendo un fenómeno cuya lógica cultural aparece asociada a la dinámica de los procesos económicos de una sociedad determinada, que comprende la formación y expresión del gusto individual y colectivo en el área del vestuario, es decir, una estética del vestir” (Ferrer, 2003: 5).

Precisamente, planteado el concepto, los hilos conductores del presente ensayo se perfilaron hacia la identificación de los usos sociales2 otorgados por un grupo de jóvenes a la moda y la valoración de la significación social que para ellos tiene seguirla.

 

Entender la moda en los jóvenes: breves nociones teóricas

Si se parte de que la comunicación consiste en el intercambio de información, ideas, sentimientos, estados de ánimos y actitudes y para que esta pueda efectuarse deben existir tres elementos básicos (fuente, mensaje y receptor); podíamos pensar que el proceso de comunicación se manifiesta de manera simple a través del vestir: el individuo (la fuente), la interpretación de lo transmitido a través de su imagen( el mensaje) y otro individuo, grupo o la sociedad en su conjunto (el destino o receptor)”.3

(Fernández González, Diana y Jácome, Derubín)

 

Dentro de los grupos de edades que siguen la moda, los jóvenes4 son los más fervientes seguidores en todos sus espacios, al decir de la doctora María Isabel Domínguez: “…la juventud constituye un grupo social con características biológicas y psicosociales muy propias, dinamizando toda práctica social de la que son partícipes…” (Domínguez, 1991:10). Por lo que en este sentido, ellos sienten la necesidad de reafirmar e interiorizar aspectos, tanto individuales como colectivos, a través de símbolos externos, conformando la vestimenta un claro ejemplo. De esta manera, la moda circunscrita al plano de la indumentaria puede concebirse como un elemento esencial de expresión de las culturas juveniles, en la medida en que se convierte en un signo que denota la muestra de estilos de atuendos de este grupo poblacional.

En consulta a propuestas teóricas (Veblen, 1899; Simmel, 1902 y Bourdieu, 1988) la moda, desde la arista que aquí se aborda, tiene implícitas las tendencias de imitación y diferenciación sociales, las que a simple vista pudieran parecer antagónicas. Sin embargo, conforman las dos caras de una misma moneda, ya que si la primera logra arrastrar a una inmensa mayoría por el camino de la generalidad, estableciéndose socialmente modelos en determinados lugares y contextos, y la segunda es la posición que asumen determinados sujetos (individuales y colectivos) frente a ese nuevo modelo que va imperando, se convierten entonces en nociones relevantes en el estudio de la juventud desde una óptica cultural.

La moda es, pues, como norma productora de inclusión en un grupo, que a su vez tiende a la exclusión de los restantes, exponiendo las dos funciones radicales que se unen indisolublemente: unir y diferenciar, y de las que a pesar de la oposición lógica que presentan, hace posible su realización.

Así, el fenómeno de la moda puede concebirse como un campo5 —parafraseando al sociólogo galo Pierre Bourdieu— que visualiza relaciones de jerarquía, poder y subordinación a través del/los capital/es que posean los individuos. Además, la categoría del gusto cobra especial connotación, en tanto deviene en elemento distintivo-diferenciador que actuará como esencial modulador del fenómeno en cuestión. El gusto se torna una práctica que sirve, entre otras cosas, para dar al individuo, así como a los otros, una percepción del lugar que ocupan en el orden social.

Tal idea se apreciará de forma global al interior de las subculturas juveniles. Para los muchachos y muchachas el elemento del vestuario cobra gran significación, en el sentido que otorga reconocimiento y distinción de una subcultura con respecto a la otra, y es en este acto de incorporación en aras de diferenciarse y/o distinguirse en el que encuentran una forma de expresión de sus identidades. Así, “…la indumentaria, otro vehículo de identidades, es un factor importantísimo en la medida que es el medio visual con que se informa al otro quién soy o al menos quién quiero aparentar ser…” (Henao, 2007:12).

Esta búsqueda de lo análogo y de la otredad en la etapa juvenil (De la Torre, 2001: 194) mediante la indumentaria guarda estrecha relación con el estilo y la estética del vestir. Ambos, condicionados por aspectos subjetivos y sociales a partir de los cuales los jóvenes van (re)construyendo sus identidades, será resultante en muchos casos de la conjunción de códigos y patrones socialmente reconocidos, así como de gustos personalizados y particulares.

Los jóvenes, según su inserción en los grupos a los que pertenecen o quieren pertenecer, van a otorgarles significación y resignificación a aquellos elementos, como la vestimenta, que se convierten en formas de exteriorizar sus gustos y preferencias; alzándose en este sentido la moda como signo imperante de los estilos juveniles, puesto que permite reafirmar las fronteras entre uno u otro grupo, así como la identificación entre sus miembros.

De esta forma, el sentido de pertenencia, identidad e integración o no con los grupos es reflejo de elementos psicosocioculturales (Catalán, 2010:155) que pueden denotar cómo formas de expresión variadas, producciones culturales donde en consonancia con lo planteado por Cecilia Linares, et al “…los grupos desarrollan mundos diferentes y cambiantes, en dependencia del significado de los objetos que los componen. Las acciones individuales y colectivas son elaboradas a través de una interpretación de las situaciones a las que les toca hacer frente” (2008: 130).

La idea nos remite a “la manifestación simbólica de las culturas juveniles, expresada en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales, que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo” (Feixas, 2004: 12), concepto en el que puede constatarse que la moda ha sido y es asumida por los jóvenes para asociar realidades simbólicas y sociales, al mismo tiempo que sirve de instrumento de renovación y, por qué no, de recreación de normas y prácticas culturales. La comprensión de esta idea encuentra su génesis en la práctica del culto al cuerpo y/o imagen que desde el transcurso de la historia, y todavía en las sociedades occidentales, los jóvenes manifiestan. Conceptos como: ideal de belleza, imagen, identidad y publicidad constituyen patrones y vehículos de información para transmitir modas y modos de vida adoptados por la juventud. Tal práctica se ve asociada al consumo cultural, el cual lleva implícito una preocupación por parte de los jóvenes consumidores de mostrar una buena imagen, mediada por las estrategias que propone la cultura hegemónica basada en la idea de que un cuerpo bello es saludable.

Esta concepción trae variadas posiciones de la juventud frente a esta cuestión y es por eso que en la medida en que los sujetos, miembros de cada subcultura, tomen una forma peculiar de vestir, se va a llevar a cabo una constante (de)construcción de sus estilos de vestir, al tiempo que se identifican con determinados grupos sociales. Esto da la posibilidad de comprender entonces que en los jóvenes “las relaciones sociales se tornan más amplias, diversas y extensas, por lo que influyen casi de manera determinante en comportamientos y actitudes” (Peñate y López, 2008: 78).

En los tiempos actuales, los jóvenes se encuentran influenciados por patrones identitarios globalizantes; determinar esas influencias parte del conocimiento de sus estilos y prácticas cotidianas, construidas dentro de los grupos, pero también con un componente individual importante. Es en ese desenvolvimiento individual y grupal donde se puede enfocar el sentido de ser del joven; si no observamos las prácticas tendríamos un punto de vista incompleto, distante y tendiente a ser unívoco, por tanto hegemónico y parcial, además de dejar de lado toda visión de vida construida por los propios sujetos.

De esta manera, la propuesta del presente artículo no es más que otra forma de mostrar un acercamiento desde la dimensión sociocultural a la temática de los jóvenes, pues constituye una vía de conocimiento de los diversos códigos simbólicos con que visibilizan sus relaciones. Con respecto a esta cuestión, se pueden citar autores internacionales6 que han abordado en sus trabajos estas nociones como son Mario Margulis y Marcelo Urresti, Rossana Reguillo y Rogelio Marcial.7

Luego de este breve recuento teórico, en pos de entender cómo el tema genera polémicas y debates, siguiendo una lógica en el discurso se decidió trabajar con un grupo de 15 jóvenes de ambos sexos, comprendidos entre los dieciocho y veintitrés años de edad, del municipio Plaza de la Revolución, que exhibían disímiles estilos de vestir. Esto marcó un elemento interesante en la medida que se pretendía, mediante sus opiniones, conocer sus visiones en relación con la moda. De igual forma, considero acertado plantear que los resultados alcanzados, si bien no pretenden ser representativos de todo el municipio ni del territorio capitalino, no demerita que la experiencia adquirida haya sido interesante y provechosa.

En consonancia con los propósitos ya indicados y con las categorías a utilizar, se elaboraron dimensiones a explorar que permiten una mejor comprensión del análisis realizado: 1) aceptación y/o reconocimiento social que otorga el vestir a la moda; 2) concepción que se tiene del vestir y por qué; 3) la moda vista como sinónimo o no del buen vestir.

 

En diálogo con nuestros jóvenes

La moda es entendida por este grupo de jóvenes como costumbre y estilo que caracteriza a una persona y que varía en el tiempo. Se evidencia la idea de entenderla como forma de vestir, aunque es reconocida también en los juegos, peinados, etc. Aluden a esta como diferente para cada individuo, debido a que dicho fenómeno se manifiesta de manera peculiar para cada uno, en vínculo con los recursos económicos que posean los sujetos. Esta idea refleja la presencia de la diferenciación social que la moda, en tanto fenómeno sociocultural, genera, puesto que la tenencia de una economía favorable hará posible seguirla.

En tal sentido, este grupo de jóvenes mostró las aspiraciones que tienen con respecto al vestir. En algunos criterios emitidos sobresalió que, en la mayoría de las ocasiones, quieren vestirse con prendas que no están a su alcance, mostrando una pretensión de alcanzar atuendos portados por otros jóvenes cuya economía sí les posibilita tener acceso a ellos. Además, la moda es identificada por algunos dentro del grupo como sinónimo de ostentación y la ven vinculada con el término farándula; lo cual retoma la noción antes mencionada, ya que el concebir a los artistas como los portadores de lo último, los toman como patrón de referencia primordial para vestir con lo que está en boga.

Si bien la conformación de estilos de vida y al interior de esta, la de estilos de vestir forma parte de las opciones identitarias que definen al sector juvenil; el fenómeno de la moda cobra usos sociales vitales para los jóvenes tomados como muestra. La mayoría coincidió en la necesidad de vestir a la moda para lograr aceptación y/o reconocimiento en los grupos de pares. Consecuentemente, esto brinda determinado estatus social, por lo que es considerado un fenómeno jerarquizador en la medida que establece distinción entre unos y otros. No obstante, reconocieron también que las personas deben vestirse conforme a sus gustos y posibilidades reales, tratando de estar siempre acorde al momento u ocasión en que se encuentran.

El hecho de seguir la moda les otorga un toque distintivo, lo que muestra el papel de esta como un signo constructivo de las identidades juveniles8 que destaca que en esta selección están implícitos tanto factores sociales como la cultura de cada persona también (cultura vista desde las perspectivas de los patrones, por los cuales ha sido orientada la moda desde su seno familiar, hasta el grupo de iguales con los que interactúan). Dentro de las opiniones recogidas sobresalió el papel que desempeñan los medios de comunicación (la televisión y las publicaciones periódicas —revistas fundamentalmente—) en la propagación de los estilos de vestir debido a la transmisión de los patrones estéticos. De este modo, es retomada la idea de que la TV es uno de los medios de comunicación más vinculados a la vida juvenil, estableciéndose entre ambos una estrecha relación que se torna casi imposible soslayar al acercarnos al universo juvenil. En tal sentido, cabe citar las palabras de Ramiro Navarro al aludir a esta relación: “Como en un proceso simbiótico, televisión y juventud parecen encontrarse mutuamente en el laberinto de imágenes, reflejándose la una en la otra, hasta perderse en un juego de asimilaciones y proyecciones…” (Navarro, 2000: 102).

La idea de que los medios de comunicación presentan un rol relevante en la difusión de los estilos de vestir, que luego son asumidos por los jóvenes en su gran mayoría, admite que la moda internacional resulta más atractiva y seguida por ellos; en virtud de lo que tiende a desplazarse a un plano inferior la moda cubana (término empleado por los muchachos y las muchachas con los que se trabajó). A pesar de que utilizan este nombre para referirse a los atuendos confeccionados por nuestros diseñadores, se considera necesario acotar que sería arriesgado aseverar la existencia de una moda propiamente cubana, puesto que nuestro país no es una potencia de moda, sino que puede hablarse de estilos de vestir que la población asume de acuerdo con sus necesidades y posibilidades, según plantean diseñadores cubanos.9

La interrogante ¿es siempre la moda sinónimo del buen vestir? encontró en la gran mayoría una respuesta negativa. La misma se justificó por la idea de que vestir a la moda no es sinónimo siempre de ser coherentes con la ocasión, momento y lugar al que se asiste; entendiéndose por buen vestir la adecuada combinación de elementos que conforman la imagen que se va a mostrar. Igualmente, defendieron la idea de recurrir a lo estético para exhibir una buena apariencia. Así, se encontró que mostrar una adecuada imagen es vista como un elemento indispensable para su relación con el resto, reconociendo el consumo como vía de inserción para los disímiles grupos juveniles imperantes en la sociedad actual.

Si bien este acto de consumo lleva implícito un valor económico, prevalece también un valor simbólico. Es a través de la moda que el consumo juvenil encuentra uno de sus espacios para manifestarse. Los jóvenes le otorgan a la indumentaria un alto valor simbólico, en la medida en que constituye un vehículo de información. Se crean sus propios códigos, sus propias diferencias, como forma de expresarse y de ser reconocidos socialmente.

Se hace notorio entonces que la significación social atribuida por ellos viene dada por la existencia de un interés por el sentido que toma el fenómeno de la moda en la actualidad; el cual deviene en muchos casos de la sobrevaloración de la moda internacional, de mayor preferencia. Como resultado de dicha significación, se va a producir una red de relaciones sociales entre los jóvenes en la que el vestuario se presenta como una forma de expresión de la identidad, pues resulta ser un elemento no verbal que comunica, enuncia y es precisamente ese medio de expresión lo que conforma, junto a otros elementos como la música y el lenguaje: las identidades. El siguiente testimonio, lo reafirma: “…me identifico con los vestiditos tejiditos, otros de telas finitas que han sacado, pero en realidad si sales con un vestidito de esos a una fiesta u otro lugar, o estás chea o estás a la antigua, porque lo que se está usando son las bermudas o los vestidos corticos o ropas de marcas como la Nike o Adidas” (femenino, diecinueve años).

De tal manera, la significación social se encuentra en congruencia con los usos sociales otorgados a la moda, convirtiéndose ambos ejes en reflejos y gustos de expresiones que, en relación con la cultura adultocéntrica, expresan una identidad diferenciada con sus propias esencias, relaciones y estilos, permitiendo la comprensión de la realidad juvenil desde un enfoque cultural.

 

A modo de conclusión

El tema propuesto, más allá de lo presentado, es todavía un campo de análisis prolífico, pues trabajar con estos jóvenes demostró que como protagonistas de estos tiempos y en su gusto por seguir la moda poseen cualidades y valores positivos inculcados por nuestros ideales, que no debemos olvidar. La experiencia de interactuar con ellos hizo recordar que adentrarse en el estudio del imaginario juvenil con una mirada para nada crítica y prejuiciosa hace posible entender “que los jóvenes crean lazos que les mantienen y aportan sentido a sus vidas y proyectos” (Duarte, 2004:10), e identificar y conocer justamente sus prácticas y códigos de expresión -por ejemplo, la moda- bien merece la pena un espacio de atención. Mirarlos desde esta arista no fue solo un ámbito para la reflexión desde lo académico, sino una búsqueda incesante en la cual escucharlos, convirtiéndose en reflejo de la diversidad que conforman en tanto grupo dinámico de nuestra realidad.

Bajo el planteamiento de que lo cotidiano es una fuente inagotable para el conocimiento y la moda en los jóvenes es precisamente un fenómeno cotidiano y polémico, esta propuesta de análisis deja entreabiertos derroteros de análisis para posteriores investigaciones; pues, en palabras de Rossana Reguillo, debemos colocar “la vida cotidiana de los jóvenes en lugar metodológico desde el cual interpretar e interrogar su(s) realidad(es)” (Reguillo, 2003: 5).

 

Notas

1 Bermúdez, Emilia: “Malls, consumo y representaciones de identidad juvenil en Maracaibo”, 2003, p. 189.

2 Desde la perspectiva sociológica se entendió por usos sociales aquellas formas de conductas ejercidas habitualmente, y esperadas o sostenidas por la cultura de una sociedad que la mayoría de las veces, o de los casos, tiende a un fin determinado que resulta evidente a todos. Los usos dan origen a regularidades en la vida social, abarcan maneras de saludar, comer y, además, forman parte de la moda y el derecho. Extraído de: Helmut, Shoelck: Diccionario sociológico, p. 378.

3 Fernández González, Diana; Jácome Rodríguez, Derubín: La moda en el vestir: consideraciones sobre su valor comunicativo, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1991, p. 14.

4 El uso del masculino genérico hace alusión a ambos sexos y no tiene implícita una actitud discriminatoria ni excluyente por parte de la autora.

5 El campo lo define como “una trama o configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Esas posiciones se definen objetivamente en su existencia y en las determinaciones que imponen a sus ocupantes, agentes o instituciones, por su situación (situs) actual y potencial en la estructura de la distribución de las diferentes especies de poder o (de capital), cuya disposición comanda el acceso a los beneficios específicos que están en juego en el campo, y al mismo tiempo, por sus relaciones objetivas con las otras posiciones (dominación, subordinación, homología, etc.)”.

6 Si bien en el artículo se alude a referentes internacionales, no se dejó de reconocer la labor de investigadores cubanos centrados en el tema como María Elena Molinet, Gladys Gómez y Pedro Contreras, entre otros, que han tratado la temática de la moda en nuestro país. Igualmente, es necesario decir que el tema moda-juventud ha sido poco estudiado desde el ámbito académico, pudiendo citarse las investigaciones de Ivette Corcho (2000), Elienne Ferrer (2003), Martha Oneida Pérez Cortés (2004) y Yeisa Sarduy (2008), pues el mayor tratamiento que ha recibido ha sido en artículos de corte periodístico.

7 Véanse los textos: “Moda y Juventud” de Mario Margulis y Marcelo Urresti. “Voces de la diversidad. culturas juveniles: referentes simbólicos y espacios de interpelación”, de Rogelio Marcial y “La performatividad de las culturas juveniles”, de Rossana Reguillo.

8 Al hacer referencia al concepto de identidad desde una mirada sociológica o simplemente transdisciplinar, se puede alegar que es un proceso dinámico, de construcción y elaboración continua, no acabado, altamente complejo y que se enriquece y transforma a partir de la inserción de las personas en grupos y espacios formales o no. Tiene entonces una carga tanto subjetiva o individual como social. En el caso de los jóvenes, el proceso identitario es heterogéneo, de ahí que se hable de identidades juveniles; este proceso se aborda como intersubjetivo de conformación de límites no estáticos que se construyen en los ámbitos sociales, de ahí que su naturaleza puede decirse se encuentra tanto en procesos psicológicos como sociales. Justamente, el constituir “los jóvenes grupalidades diferenciadas, adscripciones identitarias que se definen y organizan en torno a banderas, objetos, creencias, estéticas y consumos culturales…” (Reguillo, 2004:60) es que la relación moda e identidades juveniles se torna pertinente mencionarla al hablar de los usos y significación social, pues en la medida en que hay semejanzas también existen diferencias, por lo que resulta la vestimenta un identificador social y una expresión de identidad.

9 Véase tesis de licenciatura de la autora.

 

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Yeisa Sarduy Herrera (Cuba, 1985). Investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (Icic). Máster en Desarrollo Social por el Programa Flacso-Cuba. Investigadora Agregada. Trabaja la temática de las culturas e identidades juveniles, moda y desigualdad. Se ha desempeñado como tutora, cotutora y oponente de trabajos de diploma del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana. Miembro de la Red Nacional de Investigadores sobre Juventud coordinada por el Centro de Estudios sobre la Juventud. Cuenta con publicaciones tanto en revistas nacionales como extranjeras.

 
 
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