Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
22  agosto - diciembre 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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La libreta de abastecimiento cubana. Un proceso de institucionalización visto desde la vida cotidiana (1959-1963)  
Adrian Fundora

"Cuban´s Supply Notebook. A Process of Institutionalization from the Everyday Life (1959-1963)

 

Resumen: La libreta de abastecimiento cubana fue creada en 1962 como medida emergente ante la situación de escasez en los abastecimientos, dada la confluencia de factores históricos coyunturales y estructurales de la economía. Como instrumento respondió a un sistema de control de los abastecimientos creado para el racionamiento de los productos que escaseaban y para su distribución normada. En todo este proceso de institucionalización, extendido hasta 1963, rigió como precepto el igualitarismo, instrumentado a través de la equidad social. Comprender este proceso desde una mirada antropológica contribuye a entender lo que ha representado culturalmente la libreta para el hombre y para la sociedad cubana, en cincuenta y cuatro años de acumulación histórica de prácticas, hábitos y costumbres que grosso modo han transformado las pautas de consumo en Cuba.

Abstract: The Cuban's Supplies Notebook was created in 1962 as an emergent measure, for the situation of shortages in the supplies. This it was happened by a confluence of a juncture of historical factors and by the economy structure. As an instrument, the Notebook it responded to a System of Supplies Control, created to rationing the products that were scarce and for its standard distribution. Throughout this process of institutionalization (extended until 1963) the Cuban Revolutionary government, implemented the egalitarianism as a precept. See this process from an anthropology look, would contribute to understand the cultural meaning of the Notebook, for the Cuban society and the man from in its everyday life, in fifty four years of historical accumulation of practices, habits and customs, transforming the cultural patterns of the consume.

 

Palabras clave: Sistemas modernos de racionamiento, sistema de control de abastecimientos, libreta de abastecimiento cubana.

Key words: Cuban's Supplies Notebook, System of Supplies Control, Modern Systems of Rationing.

 

“…de tal manera que le toque a cada cual lo que le corresponde…”.

Fidel Castro Ruz

En: Obra revolucionaria, no.7, 1962, p. 9.

 

Introducción

Entre 2010 y 2011, al calor de los debates sobre los lineamientos que actualizarían la política económica y social cubana, de cara al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, tuvo ocasión un amplio debate en donde se confrontaron criterios sobre el lineamiento 1741 (el más comentado, según el diario Juventud Rebelde),2 al plantear la eliminación de la libreta de abastecimiento.3 En este sentido, al presentar el Informe Central, el presidente cubano Raúl Castro Ruz afirmó que la supresión de la libreta no es un fin en sí mismo, ni una decisión aislada, sino una de las medidas que se aplicarían con el objetivo de erradicar las profundas distorsiones existentes en el funcionamiento de la economía y la sociedad en su conjunto. Sostuvo además que una medida de esa naturaleza no podía hacerse “de golpe”, sin crearse previamente las condiciones con otras medidas económicas con el fin de lograr la eficiencia y la productividad del trabajo, para así garantizar los niveles de producción y de servicio con la calidad requerida y accesibles a todos. De manera contundente afirmó que el problema al que se hace frente no es de concepto, sino en cómo, cuándo y con qué gradualidad se eliminará este “instrumento de distribución que le ha brindado alimentos básicos, altamente subsidiados, a los más de once millones de cubanos”,4 pero que ahora en su esencia de “evocación de igualdad” contradice el principio de distribución socialista: De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo.

Estos criterios se hallan en sintonía con las conclusiones de algunos economistas cubanos, como Alfredo González Gutiérrez (1997, p. 24), quien sostiene que la libreta constituye una opción menos eficiente en lo económico y lo social, pero más segura: “No es por ella por la que se pueden iniciar los cambios, pero sin su modificación resulta difícil un avance ulterior en la armonización del nuevo modelo de ingresos y consumo que se ha creado”. Ahora, en el ámbito cultural-simbólico, el criterio es completamente contrapuesto. Por ejemplo, en palabras de la investigadora cubana María del Pilar Díaz Castañón (2001), el indicador más visible, amén del educacional, del signo de la igualdad revolucionaria es la libreta de abastecimientos.

Para quien desconozca los mecanismos cotidianos del “poder hacer funcionar” cotidianamente la economía familiar cubana, traducidos, por citar algunos ejemplos, en las nociones del “resolver”; “inventar”, “luchar”, “estirar”, “el rebusque”,5 entre otros,6 pudiera resultar harto difícil comprender por qué el mantenimiento de la libreta, más allá del criterio de los economistas, representa un asunto tan delicado para la población cubana. Por estos senderos se orientó un breve trabajo de campo etnográfico en donde pudieron recogerse de entre los testimonios de trabajadores pertenecientes al sector estatal, matices interesantes e ilustrativos de estas cuestiones. La mayoría coincidió sobre la idea de que la supresión gradual o no de la libreta, de mantenerse el mismo costo actual de la vida en Cuba, significaría un avance para la economía del país, pero a un alto costo social.7

En todas estas complejas cuestiones, en donde en ocasiones parece diluirse el límite entre lo económico y lo cultural, aflora el hecho de que las personas no conciben actualmente en Cuba el consumo planificado para la economía familiar prescindiendo de lo que ofrece la libreta, por tan poco que esto tienda a ser valorado por la generalidad. Pero los contrastes revelan que para muchas familias esto representa más de la mitad de lo que pueden gestionarse o “resolver” en alimentos para el resto del mes. Tal dependencia en la vida material del cubano (apropiándonos del sentido braudeliano del término8) no puede ser comprendida en su verdadera magnitud tanto ni ajena a las condiciones económicas en que se vive en la Cuba actual, como ni obviando los cincuenta y cuatro años de existencia de la libreta en Cuba. Ello ha representado décadas de acumulación histórica de prácticas, hábitos, costumbres, pautas, mentalidades, modos de vida y hasta estatus sociales que pincelan un óleo de la sociedad cubana en sus diferentes etapas vividas, estrechamente ligadas al devenir económico, político y social del proceso revolucionario.

De otro modo, la libreta ha contribuido a crear todo un universo lingüístico con su propia terminología, desde una estrictamente técnica que solo un bodeguero o tendero (cuando existía la llamada “libreta de la tienda”) sería capaz de entender, hasta vocablos y frases que matizan cotidianamente el habla popular y cuyo significado solo un cubano es capaz de comprender.

Teniendo en cuenta la alta dimensión que posee la relación del hombre con la libreta, en el proceso de actualización del modelo económico y social cubano debe visualizarse todo lo relativo a ella, no solo desde los indicadores económicos, sino desde la perspectiva de las ciencias sociales. Y sobre la necesidad de ampliar estos horizontes investigativos se ha pronunciado el economista cubano Julio César Díaz Acosta (2010, p.362), quien publicó en 2010 un estudio sobre la relación del consumo con la distribución normada, afirmando que:

"…los trabajos especializados acerca de la libreta son escasos o nulos en lo económico, y más aún en el ámbito social. (…) Queda, pues, planteado el reto y el incentivo para que economistas, sociólogos, sicólogos, historiadores, etc., emprendan nuevas iniciativas e investigaciones en sus respectivos campos acerca de este tema".

Hasta el momento, en las ciencias económicas han podido encontrarse algunos estudios referentes, pero abordando otras temáticas de interés económico.9 Desde las ciencias sociales algunos estudios se le han acercado, pero de manera transversal, sin llegar a abordarla como objeto de estudio.10 Probablemente algunas limitantes en este sentido pudieran ser que no se ha tomado en justa consideración que el consumo es, además de un indicador económico, un hecho y acción humana, profundamente mediado por la sociedad y la cultura. Se trata de situar, como ha afirmado el antropólogo cubano Pablo Rodríguez Ruiz (2014), al hombre como agente principal de consecución de todo proceso transformativo, ya que, por lo general, este ha aparecido subsumido en los enfoques económicos y estructuralistas, que han tendido a diluirlo dentro de estructuras e instituciones. Según el antropólogo, esta ha sido una visión reduccionista del hombre, que lo presenta como “el hombre tuerca”, en donde las personas son pensadas como un factor de producción, como simple pieza de un engranaje productivo.

Es por estas razones que se ha planteado abordar la temática de la libreta de abastecimientos cubana desde la antropología sociocultural, en un análisis pensado en una amplia perspectiva histórica, por etapas, teniendo en cuenta que la libreta contribuyó a transformar las pautas culturales de consumo, generando en este orden, nuevos hábitos, costumbres y mentalidades; así como de manera general, prácticas de sociabilidad, un lenguaje propio, e incluso actividades económicas colaterales, profundamente mediadas por estas o por otras prácticas de sociabilidad. En este sentido, cada etapa revela los códigos generacionales sin los cuales sería imposible situar las nociones o unidades etnográficas en su diacronía y sincronía, como las de “ir de compras” y “sacar los mandados”. Según la investigadora cubana María del Pilar Díaz Castañón (2001), la libreta ha estado indisolublemente vinculada al orden pragmático, al ideal y a los avatares del proceso revolucionario en cada una de sus distintas etapas. Una antropología de la historia, o una etnohistoria11 de estas etapas, permitiría comprender los fenómenos antropológicos contenidos en su historicidad.

Bajo esta visión, ¿qué más revelador para la antropología que el análisis de los procesos desde la vida cotidiana del sujeto? Desde esta perspectiva se presenta a continuación un primer resultado: el devenir del proceso institucional de implementación de la libreta de abastecimientos en Cuba en la década de los años sesenta, específicamente entre los años 1959 y 1963, que es cuando culmina este proceso; todo lo cual pudo ser realizado a través del análisis bibliográfico de los principales órganos de difusión (periódica y seriada), así como del testimonio gráfico disponible. Este testimonio fue entrecruzado, en menor medida, con la información obtenida por medio de entrevistas a personas que vivieron este proceso. También se hizo una búsqueda, para situar el objeto en un marco histórico general-universal, sobre posibles equivalentes a la libreta cubana en la historia universal.

Por último, resta decir que pudo constatarse en casi la generalidad de las personas entrevistadas una ausencia bastante considerable de memoria histórica, específicamente en el período analizado (1959-1963). Sin embargo, el argumento esgrimido por los entrevistados, al no poder recordar los acontecimientos puntuales, resultó bastante revelador: “es que en aquellos tiempos todo pasaba muy rápido”. Ello ofrece una idea muy general de cómo vivía el individuo en aquellos primeros años del proceso revolucionario en Cuba. En ocasión de ello, a este investigador le vino a la mente una máxima del insigne escritor Gabriel García Márquez: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” (2002, p.7).

 

Los principales sistemas modernos de racionamiento en la historia universal

La libreta de abastecimientos, para la gran mayoría de las personas que fueron entrevistadas, es catalogada como un “invento” cubano que no existe en ningún otro lugar del mundo. Apenas unos pocos en cambio refirieron que esta sí ha existido en otros países, sin ofrecer mayores detalles, pero “aquí” es donde único “llegó para quedarse”. Tales afirmaciones motivan a indagar sobre si han existido en la historia universal instrumentos similares o equivalentes a la libreta cubana; mas se despiertan una serie de interrogantes relacionadas al respecto: qué objetivos y alcance espacio-temporal tuvieron, bajo qué circunstancias fueron creados y si estos se acercaron al principio de la equidad social en las formas o canales de distribución.

En este sentido, pudo encontrarse que sí han existido en la historia universal instrumentos similares a la libreta de abastecimientos cubana, llamados libretas de racionamiento, cuyos sistemas que las institucionalizaron fueron denominados como regímenes de racionamiento. Sobre ello debe acotarse que existe una diferencia conceptual y hasta un punto operacional entre lo que fueron estos sistemas y las prácticas de racionamiento que han estado presentes a lo largo de la historia y que comienzan en las actividades económicas de las sociedades más antiguas, llamadas “primitivas”. Ahora, los regímenes de racionamiento, como sistemas institucionales que estipularon el racionamiento en algunas sociedades, han sido acuñados como sistemas modernos de racionamiento (Heyman, 1997).

Los primeros sistemas modernos de racionamiento, según Heyman (1997), datan de 1914, a partir de la Primera Guerra Mundial, y tienen como objetivo el racionamiento de los productos que escaseaban, para una mejor administración de la economía en tiempos de guerra. En este contexto, Gran Bretaña se vio obligada a implementar un sistema de racionamiento por fases (Hurwitz, 2013). La primera fue a partir de febrero de 1917, de manera voluntaria, para pasar en diciembre y hasta febrero de 1918 a ser obligatoria (compulsory ratioing) (Morrow, 2005). Para establecer un control de los abastecimientos que eran racionados para la población fueron introducidos como instrumentos por el Ministerio de los Alimentos (Ministry of Foods) los libros de racionamiento, denominados: Your Ration Book y National Ration Book (Warwick y Palmer, 1992; Beckett, 2007) Estos eran libretillas con una serie de cupones insertados en donde se especificaban las cantidades disponibles individualmente de los productos sujetos al control de ventas. Otra nación en introducirlos durante esta conflagración mundial fue Polonia, a través de los Ration Stamps y duraron hasta el final de la guerra polaco-soviética en 1921 (Beckett, 2007).

Los próximos sistemas de racionamiento de que se haya tenido constancia fueron implementados en el contexto de la segunda Guerra Mundial (1939-1945). La mayoría de los países en implementarlos crearon organismos institucionales temporales con el objetivo de establecer el racionamiento y los mecanismos de regulación y control de las cuotas. Así en Gran Bretaña nuevamente el Ministerio de los Alimentos introdujo en 1940 los libros de racionamiento (Nicole, 2010); esta vez serían tres: Ration Book; Child´s Ration Book; y Clothing Book. Una vez terminada la guerra, el racionamiento sería eliminado gradualmente; el de la ropa fue anulado definitivamente en 1949 y el de los alimentos en 1954 (Home Front Handbook, 2005).

Al entrar Estados Unidos en la guerra, fue instituido en la nación norteña por la US Office of Price Administration un sistema de racionamiento en 1942, con el objetivo de limitar el consumo nacional para priorizar la producción de la industria militar. La libreta de racionamiento estadounidense se llamó War Ration Book, emitida en una serie numerada consecutiva de cuatro libros, que fueron incluyendo gradualmente una mayor cantidad de productos en el régimen de racionamiento.12 El War Ration Book Number One apareció el 4 de mayo de 1942 (Kennet, 1985) y ya para el final de la guerra en la nación norteamericana habrían más de 100 millones de libros de racionamiento (Genealogy Today). El sistema cesó definitivamente en 1946 (US History).

En el frente europeo se conoce que en la ciudad de Leningrado (sitiada por los nazis) fueron creados comités de racionamiento e introducidas tarjetas con este fin desde el 18 de julio de 1941 hasta 1947 (Ecured). Otras naciones de las que se tiene constancia en implementar cartillas de racionamiento fueron Australia (Ration Book; Clothing Ration Card), Francia (Ticket de Rationnement), India (Antyodaty a Ration Card), Canadá (Carnet de Rationnement), Nueva Zelanda y Holanda. También en la España de Franco, a partir del 14 de mayo de 1939 (Viana) fueron emitidas por la Comisaría General de Abastecimientos y Transporte, y nombras: colección de cupones de racionamiento, cartilla individual de racionamiento, tarjeta de abastecimiento y libreta de abastecimiento. Estuvieron vigentes hasta el 15 de junio de 1952 (Espinosa de Cerrato).

Después de la SGM, se hallan referencias sobre instrumentos para la regulación de los abastecimientos (nombradas por las fuentes consultadas como de racionamiento), en algunos países pertenecientes al llamado campo socialista, como Polonia, Rumanía, República Democrática Alemana y en Corea del Norte.

 

Impacto social de los sistemas modernos de racionamiento. La equidad.

Resulta revelador un pasaje insertado en la popular obra literaria Diario de Ana Frank, en donde la protagonista escribe sobre la compra clandestina de tarjetas de racionamiento, refiriendo que estas no dejaban de subir de precios,13 lo cual es un indicador de la existencia de desigualdades en el acceso al consumo y de corrupción alrededor del sistema de racionamiento existente en Ámsterdam (Holanda).

Se conoce que durante la Segunda Guerra Mundial en Gran Bretaña, aparejadamente al libro de racionamiento, se incrementó el mercado negro, a través del comercio ilegal de los productos racionados a elevados precios; más ello unido a que los restaurantes, cuyos precios eran considerablemente elevados, habían quedado fuera del sistema, contribuyó a una mayor acentuación de la estratificación social. Las filas (conocidas en Cuba como “colas”) fueron también un fenómeno común alrededor de los establecimientos de venta, como así lo demuestra el testimonio gráfico que se ha preservado. Así el pueblo británico creó mecanismos culturales de subsistencia en relación con su alimentación, como así lo demuestra la creación de nuevos platos que se basaron en el aprovechamiento de todo lo comestible, incluso habiendo estado procesado, como el Crumbe14 y el Carrot Cake, (Buenosmedios.com)

En Estados Unidos, el régimen de racionamiento incluyó todos los establecimientos, dada la priorización de la industria militar, por esta razón fue desplegado un amplio marketing social,15 que informaba y apelaba al sentimiento patriótico y al carácter equitativo de este sistema.16 Según un artículo aparecido en Bohemia,17 las violaciones del régimen eran sancionadas con 10 000 dólares de multa o con prisión, mas se resalta que pese a la igualdad en el acceso no alcanzaban los productos para todos y golpeaba la existencia de “colas” hasta para comprar cigarros y “coger el que hubiera”.

En Leningrado el sistema de racionamiento cubrió todos los establecimientos, pero hizo distinciones entre trabajadores y militares, quienes recibían una mayor ración que el resto de la población. A nivel social, al incrementarse la escasez por el bloqueo nazi, la tensión propició que el pueblo comprase abusivamente los alimentos que aún no habían pasado por los comités de racionamiento. Para evitar los saqueos y combatir el mercado negro fue creada en el orden institucional la Sección NKVD (Eurasia, 1945).

En España, la Comisaría… anunciaba públicamente cada semana las cuotas disponibles18 de las tiendas proveedoras, de retribución previa, pero la asignación de los productos podía variar en función del trabajo o cargo del cabeza de familia, por lo que las clases más altas tenían acceso a mayor cantidad de alimentos. Por ejemplo, en el caso del pan, los beneficios ofrecidos a los exoficiales del ejército franquista estipulaban el recibimiento de 250 g de pan adicional. Incluso las cartillas llegaron a clasificarse como de primera, segunda o de tercera, en función del nivel social, el estado de salud y el tipo de trabajo del cabeza de familia (Espinosa de Cerrato). Según Tudela, las cantidades no alcanzaban para evitar la desnutrición, por lo cual la degradación del nivel de vida hacia la década del cuarenta se convirtió en una auténtica contienda cotidiana para la mayoría de los españoles (Viana). La situación no mejoró con el fin del sistema en 1952, dados los altos precios en el mercado libre de alimentos. Proliferaron, además, bajo su existencia, la corrupción administrativa, apreciable en la falsificación de las cartillas de racionamiento y en el soborno de los inspectores; más el mercado negro, bautizado como estraperlo,19 cuyos precios estaban muy por encima del establecido por la Comisaría… (Tudela; Espinosa de Cerrato).

Se conoce también que en Polonia hubo asimetrías en la distribución, al existir una marcada diferenciación en las cuotas de los trabajadores y los udarniks, quienes recibían una cuota de 3 700 calorías al día, mientras que los trabajadores recibían solo unas 600.

 

El racionamiento en Cuba. Situación estructural y coyuntural de la economía cubana a inicios de la Revolución

No es del todo descartable la existencia de posibles modelos, sistemas equivalentes o intentos de sistemas de racionamiento en Cuba antes del triunfo de la Revolución. Durante la República neocolonial llaman la atención en este sentido los mecanismos de los sistemas de comercios internos en los bateyes de los centrales azucareros, que eran articulados a través de bonos de compras limitadas. Tampoco deben descartarse las circunstancias que rodearon la economía cubana durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que durante la colonia, ante las distintas crisis económicas transcurridas, asociadas o no a las guerras por la independencia. Estos puntos quedan pendientes para próximos estudios.

Es la etapa de la Revolución la que interesa en este acápite, específicamente la situación estructural y coyuntural de la economía cubana que tuvo esta que enfrentar en sus inicios y que contribuyó a la implementación de una libreta para controlar y regular los abastecimientos en Cuba. Así, en el orden coyuntural, la Revolución en el poder enfrentó solo en sus dos primeros años una serie de dificultades económicas agudizadas por la política agresiva asumida por Estados Unidos para desestabilizar políticamente el país. Las medidas que mayormente repercutirían en la situación de los abastecimientos serían la prohibición de las exportaciones a Cuba de maquinarias de repuesto producidas por empresas estadounidenses, así como la proscripción de la venta de medicinas y de alimentos. Estas medidas llegaron hasta la prohibición del comercio total con Cuba, lo que en su conjunto se extendería al llamado embargo o bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba impuesto desde el 25 de abril de 1961. Para tener una medida exacta de lo que esto representaba económicamente para Cuba, debe añadirse que el comercio con la nación del Norte estaba valorado en más de un 80 % (Cantón y Silva, 2009).

En el orden estructural, al llegar el Gobierno Revolucionario al poder en 1959 este asume la dirección de la nación heredando una estructura económica deformada desde la época colonial (siglo XVI-finales del XIX) y torcida durante los años de República neocolonial (1902-1958). La deformación principal arrastrada desde la colonia fue la perpetuidad de una economía monoproductora de tipo latifundista y monoexportadora de azúcar; de manera que las mayores crisis económicas pueden ser catalogadas como “las crisis del azúcar”, y a partir de1878 con la entrada de capitales extranjeros, en su mayoría estadounidenses, como “las crisis del azúcar y de la banca”. Durante la República (1902-1958), la estructura deformada continuó siendo torcida por la implantación de los mecanismos de dominación económica de Estados Unidos, como el Tratado de “Reciprocidad” Comercial20 de 1903, renovado en 1934; así como por la extensión del dominio del capital estadounidense, fundamentalmente a través de la banca (bajo la hegemonía de Morgan y después de los Rockefeller), lo que contribuyó a la creación de trust azucareros integrados por los “ricos que nos vienen” por encima de “los pocos ricos que nos quedan”, como afirmara el senador Manuel Sanguily.21 Así, la burguesía cubana quedó ahogada durante el primer tercio del siglo XX por el expansionismo de las grandes compañías estadounidenses, como la United Fruit Company,22 que contribuyó a acentuar el patrón agrario latifundista-dependiente, lo que impidió que surgiera un desarrollo industrial nacional. Esta burguesía, calificada de “pseudoburguesía” por Enrique Cirules (2017), no reunió las condiciones económicas ni ideológicas para enfrentar los mecanismos económicos de dominación estadounidenses. Durante los años cincuenta, en apariencia la industria azucarera y la banca habían ido pasando a sus manos, pero en realidad este hecho, según Cirules (2017), respondió al lavado de fortunas de Estados Unidos, por lo cual muchos elementos que se presentaban como burguesía nacional no eran más que sectores económicos dependientes de la actividad financiera de Estados Unidos y de la mafia ítalo-norteamericana,23 a merced del esquema de dominio neocolonial.24 Sería la misma burguesía que en febrero de 1959 se autoposicionase ante el Gobierno revolucionario, por medio de la Asociación Nacional de Industriales de Cuba (Anic), como “los desfavorecidos” por la política económica proestadounidense de Batista (Díaz, 2001).

Por otro lado, en el mismo orden estructural, el Gobierno revolucionario hereda, con escaso capital, las arcas públicas del Estado. Se conoce que, solamente en el último gobierno de Batista, fueron dilapidados de las arcas nacionales más de 400 millones de pesos (Arboleya, 2015), cifra que se contrasta con la ofrecida en 1962 por el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario Fidel Castro Ruz, quien afirmó que en el momento en que Batista se impone de facto en el poder en 1952, existían más de 500 millones de dólares en las reservas.25 Este tipo de capital dilapidado es lo que el historiador cubano Carlos del Toro (2004) ha manejado como el capital burocrático. Así el capital generado de la plusvalía en Cuba se escurría (aparte del éxodo ilegal movido por las mafias), por la corrupción político-administrativa practicada como “deporte nacional”.26 Existen cifras que ilustran la fuga de capitales hacia el exterior; por ejemplo, en 1950 el capital privado de origen cubano depositado en Estados Unidos ascendía a más de 270 millones de dólares, más las compras netas de valores y títulos estadounidenses por cubanos representaron entre 1950 a 1959, más de 325 millones de dólares (Arboleya, 2015). Se conoce también que de las utilidades producidas de 1934 a 1956 por las inversiones estadounidenses, que se calculan entre 650 y 700 millones de dólares, solo 150 fueron reinvertidas en Cuba (Cirules, 2017). Para el economista Julio César Díaz Acosta (2010), el hecho de que la economía cubana haya sido siempre “abierta” ha representado en su criterio la principal deformación condicionante de que ningún proyecto económico de diversificación haya logrado incorporar con éxito la alternativa política de la independencia.

La infraestructura heredada en 1959 respecto a los canales de distribución estuvo articulada en lo principal por una serie de sucursales, casas importadoras y almacenes privados de poca y mediana capacidad, que abastecían directamente a los establecimientos de venta al público, que eran bodegas en su mayoría, al no estar aún generalizadas las cadenas de supermercados que durante los cincuenta habían comenzado a fundarse. Las importaciones se vieron reforzadas a partir del nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial, firmado con Estados Unidos en 1934, estipulando nuevas rebajas arancelarias en un 35, 40, 50 y 60 % para más de 400 productos estadounidenses. De manera que para el período 1934-1957, el 67 % de las exportaciones cubanas eran hechas a Estados Unidos, con solo un 33 % para el resto del mundo; siendo el porciento de las importaciones procedentes de la nación del Norte de un 77 %, mas solo un 23 % era proveniente del resto del mundo (Le Riverend y otros, 1977). De este modo, algunos sectores que habían alcanzado cierto auge durante la década del veinte, como zapatos, tejidos, derivados de la leche y otros, ya para los cincuenta se encontraban en la ruina (Cirules, 2017). Sobre esta cuestión criticaría Fidel que durante la República los gastos en productos de importación, que por lo general incluían muchos artículos considerados “de lujo”, eran de 60 a 100 millones de dólares a cuenta de la reserva estatal.27 Por tanto, se dio un crecimiento económico en industrias, pero no así un desarrollo industrial, porque en parte rigió en las inversiones el paradigma de la libre empresa.28

La confluencia de tales características estructurales de la economía y de las circunstancias coyunturales del contexto histórico vivido a partir de 1959, hicieron que el Gobierno revolucionario tuviera que “apurar” la industrialización del país y al unísono enfrentar una situación de escasez en los abastecimientos, primero manifestada en las piezas de repuesto para las industrias, y después en la escasez de productos de consumo básico, altamente demandados por la población.

 

Comienzos de la escasez en los abastecimientos

Una de las primeras medidas que tomaría el Gobierno Revolucionario para enfrentar el desabastecimiento, ante la ausencia de los productos estadounidenses, fue incentivar el consumo de los productos fabricados en Cuba. De esta forma, en el mes de marzo de 1959 fue lanzada una campaña bajo el lema: “Consumir lo que el país produce es hacer Patria”. Pero los productos nacionales, según Díaz (2001), ya para el 15 de diciembre del mismo año estarían agotados.

La industrialización del país había sido prevista con una participación para el Estado de un 50 % o más en cada industria, según afirmó el 4 de febrero de 1960 el ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara (Díaz, 2001). Meses después, al quedar en manos del Estado 382 grandes industrias, paradójicamente la ley que otorgaba la soberanía económica (Nro.851/4 de agosto de 1960) se había convertido en un boomerang, porque el Estado tuvo que asumirla sin poder mantener los niveles productivos fundamentalmente por la escasez de piezas de repuesto. Se necesitaba buscar medidas alternativas para evitar una crisis generalizada que convirtiera la economía nacional en una economía de sobrevivencia.

El Primer Ministro del Gobierno Revolucionario Fidel Castro Ruz evaluó la creciente situación de escasez de los abastecimientos durante la I Reunión Nacional de Producción, celebrada entre el 26 y el 27 de agosto de 196129 como el resultado inmediato de problemas imprevistos en la planificación de la producción y en las cadenas de distribución, de la escasez de piezas de repuesto, de la falta de industrias como resultado de la estructura económica que la Revolución había heredado; a lo que sumaría el Che la concepción del obrero sobre la producción.30 Sin embargo, Fidel negó la existencia de una “escasez terrible”, y “la ruina”,31 tal como los imperialistas habían dicho.

Ante la carencia de piezas de repuesto, se apeló a la institucionalización de la “inventiva” de los obreros. En la revista Bohemia se pueden leer numerosos artículos, consignas y propagandas que apelan a la “ingeniosidad mecánica del cubano”. Como parte de esta institucionalización fueron creados “comités de piezas” en los centros de trabajo.32 La prioridad es reveladora hasta el punto de ser situado el problema de la inventiva obrera para combatir la escasez de piezas como un asunto equivalente a la noción de “en pie de combate”.33

Las materias primas comenzaron a escasear a la par de las piezas de repuesto, por lo cual el Ministerio de Industrias desplegó una campaña para una mentalidad de ahorro en la población, así como a la creación de industrias destinadas a la recuperación de materias primas.34 Así el ahorro se instituye como la contraposición a la mentalidad de derroche del capitalismo, en cambio en el socialismo no se desecha nada porque todo lo que antes se botaba ahora es aprovechable. Esta campaña estipuló trabajos voluntarios para ir recogiendo, casa por casa, los materiales aprovechables.35

Según Fidel, las causas de que escasearan algunos productos eran el resultado del aumento del poder adquisitivo del pueblo, traducido en una mayor capacidad de consumo en unos 500 millones de pesos más todos los años.36 Posteriormente añadiría37 que el aumento del poder adquisitivo había surgido sin aparejos al crecimiento de la producción, como un factor de desproporción; factores que Díaz (2001) enmarca en la elevada movilidad social que transformó las expectativas de grupos que antes apenas cubrían sus necesidades básicas. De ahí que los artículos carentes hayan sido aquellos básicos que garantizaban la subsistencia (dentro de los que se citan productos como el maíz, viandas, las grasas y el arroz) y no precisamente los denominados “artículos de lujo”. El punto defendido por Fidel es que si el poder adquisitivo de la población planteaba un serio problema, entonces se necesitarían soluciones alternativas para mantener ese nivel de consumo. Este problema lo enfatizará el Che durante la Asamblea Nacional de Producción de la Gran Habana, celebrada el 12 de octubre de 1961, refiriendo que se estaba dando una presión muy grande de las masas que entraban al consumo por adquirir nuevos productos, siendo este un factor que iba a la par de la dificultad del gobierno para conseguir los productos que estaba acostumbrada la industria cubana a recibir. El Che había agregado además que estas dificultades planteaban un efecto no previsto, y es que entonces al faltar la producción de algunos productos alimenticios, proporcionalmente se evidenció un alza del consumo de otros, lo que demanda un esfuerzo en la realización de una producción extra de esos otros alimentos que comenzaban a ser demandados (y cita el pan y las pastas alimenticias).

Sin embargo, la producción de los alimentos no representaba la única arista del problema de los abastecimientos, sino los problemas que generaban las nuevas cadenas de distribución a manos exclusivas del Estado.38 Estas cadenas, si bien tuvieron como objetivo primordial eliminar lo más posible los intermediarios a través de una estructura eminentemente centralista, para evitar así la prestación de estos a redes alternativas de acaparadores y especuladores, ello obró contra la funcionalidad en sí de las cadenas estatales, al dificultar el acceso a todas las zonas del país, acentuándose las asimetrías en el consumo. Las demoras en la distribución se debieron a las características funcionales de las nuevas cadenas, dado que el Estado comenzaba ahora a implementar un comercio de trueque (dada las pocas divisas) en el exterior distante, que planteaban los países del llamado campo socialista de Europa del Este y la URSS.39 Por lo general estas compras tendían a operarse en mayores cantidades de menores líneas de productos, en detrimento del exclusivismo, en variedad y calidad del surtido. Ello propició cierta homogenización de lo que comenzaba a consumirse en Cuba (ahora movido por la necesidad ante la escasez). Por último, en las demoras que acentuaban la escasez también repercutió que no existiera en Cuba una infraestructura grande de almacenamiento, dada la cercanía con el abastecedor histórico (Estados Unidos).

La escasez en los abastecimientos comenzó a ser asociada por la población con el rompimiento de las relaciones con Estados Unidos. Según un artículo insertado en la revista Bohemia, cada vez que las amas de casa preguntaban en las tiendas a los propietarios sobre tal o más cual artículo que escaseaba, las respuestas eran: “¡De eso ni hablar… imagínese, como estamos peleados con los americanos!”40

 

El racionamiento de las grasas. Preceptos de un sistema para la distribución normada

Para algunos artículos altamente demandados, el Estado encontró soluciones puntuales en la producción nacional, como fue el caso de los cigarros, cuyas factorías habían sido nacionalizadas y que por pugnas relacionadas con las patentes y por el “estado anárquico” a que habían sido llevadas las industrias por la empresa privada. Así el gobierno encontró la solución con suplentes de fabricación nacional, pero bajo nuevas marcas. Sin embargo, en otros renglones en donde no existía una producción nacional como para asegurar la demanda, las soluciones versaron por otros senderos.

Cuando comenzaron a escasear las grasas de origen animal y vegetal, se apeló a la mentalidad de ahorro que se estaba forjando en la sociedad, sometiendo a juicio crítico los hábitos de consumo de la población; así comienza a asociarse la noción del ahorro con la del comer sano. En este sentido un punto de mira crítico fueron las navidades de 1961, al aparecer en la revista Inra41 un artículo que criticaba el “modo tradicional de derroche” implícito en la tradición navideña cubana y en las costumbres de consumo cotidiano. La única costumbre que variaría en aquellas navidades era la del asado tradicional del cerdo, sustituido por la venta de pollos y del típico “guanajo” como medida para asegurar la necesaria preservación del cerdo para el autoabastecimiento de grasas ante la escasez.42 El artículo concluyó que en aquellas navidades se volvería “al derroche habitual” porque habría de todo en una “asegurada abundancia”:

Somos hijos de un pueblo en donde comer es cosa importantísima. De ahí que nos cueste tanto trabajo ajustarnos a normas más sanas. Si la tradición de un menú corriente comprendía dos platos fuertes, amén de la sopa, la ensalada y el postre, ¿qué no pasaría con el menú especial con que se esperaba la Navidad? Era el derroche y timbre de gloria dejar sobre los manteles mucho más de lo que se había ingerido; (…). La costumbre se hace ley, y nadie intenta afectarla en lo absoluto (…)

Fidel explicó las causas de la escasez de grasas comestibles en un discurso transcrito en Bohemia,43 declarando que había existido en Cuba antes de 1959 un consumo elevado de grasas, ascendente a 50 millones de pesos. Una cantidad calculada para un consumo de 8 000 toneladas métricas mensuales hace un total para una población de 6 millones y medio de habitantes, de unas 133 800 toneladas métricas de grasa. Sobre esta cantidad Fidel declaró que no existían en el mercado (salvo en Estados Unidos44) cantidades disponibles suficientes para satisfacer tal demanda. Por tanto, para un abastecimiento normal había que situar cantidades de grasa que ascendieran a un valor aproximado de 700 000 dólares.

Para solucionar este problema, en primer lugar se promovió la moderación del consumo para el ahorro y en este sentido se pronuncia el suplemento de cocina de la revista Bohemia,45 bajo la autoría de Nitza Villapol, que se caracterizaría por ofrecer recetas de comidas “económicas”. Villapol explicaría cómo balancear el menú y cocinar con menos grasa. En el mismo número de la revista otro titular reza: “A comer sin grasa y más sabroso que antes” y se lanza a manera de consigna la frase “Con manteca o sin manteca, lo esperamos con la checa”. También en un número de la revista Inra,46 en la sección titulada “El mundo de la mujer”, aparece un artículo nombrado “Discreción en el uso de grasas”, en donde se llama al consumo de menos grasa para economizar dinero y proteger la salud. Incluso Díaz (2001) advirtió que la consigna para celebrar la fecha simbólica del 1ro. de mayo de 1961 fue “Sin manteca, pero con dignidad”.

En segundo lugar fue impulsado el racionamiento de todas las grasas para su distribución “equitativa y sin colas” a partir del 20 de julio de 1961. Con esta medida Fidel enfatizó que se subsanaría absolutamente la escasez de grasas, no así la falta total.47 Para largo plazo el gobierno propuso, como parte de la industrialización, la creación de programas de desarrollo porcino y de plantas extractoras de aceite de soya, maní y semillas de algodón, con fecha de culminación en agosto de 1962. Fidel afirmó que con estas medidas se matarían como cuatro pájaros de un tiro y los imperialistas tendrían que comerse la manteca o freírse en ella, porque no la comen.48

Este racionamiento se instrumentó mediante la realización de un Censo de Consumidores aplicado en todo el país por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). La venta de las grasas sería en todas las bodegas de cada cuadra. Para llevar un control de los suministros a cada persona fueron diseñados dos instrumentos, los modelos A1 y A2. El primero recoge el censo nacional de consumidores y el segundo sería entregado al bodeguero para regular la venta del producto “objeto de cuotas”. La cantidad de grasa dispuesta mensualmente para cada individuo mayor de un año de edad fue el equivalente a una libra de manteca y otra de aceite.49 En esta ocasión Fidel esbozó los principios de la distribución dentro del socialismo, lo cual fue citado por Bohemia:

Si nosotros —ha dicho Fidel— como consecuencia de la agresión imperialista, tenemos una cantidad inferior de grasa de la que necesitamos, ¿qué tenemos que hacer? Repartirla equitativamente; es lo único que se puede hacer; y ser leales y ser legales. Hay que garantizarles a todos que reciban su porción en esta etapa de dieciocho meses que tenemos de escasez (en: Bohemia, año 53, nro. 28, 9 de julio de 1961).

En las conclusiones de la I Reunión Nacional de Producción, celebrada en agosto de 1961, se dispuso que el racionamiento de las grasas duraría hasta el 1ro. de enero de 1962,50 pero esta regulación se extendería hasta formar parte del futuro sistema de control de abastecimientos. En la propia reunión Fidel asentaría los preceptos de lo que sería la política de subsidios:

Hay casos en que el Gobierno puede ordenar una producción para satisfacer una demanda, sufragando cualquier pérdida, incluso, por encima de sus costos. Puede haber una necesidad nacional que justifique la producción de cierto artículo. (…) hay ramas de la producción mucho más rentables que entonces subsidian esa rama de la producción para satisfacer una necesidad social, aunque se esté produciendo por encima de los costos, de los precios (en: Obra revolucionaria, nro.31, 1961, p. 30).

El Che también se había pronunciado al respecto, dejando claras cuáles serían las prioridades del Gobierno revolucionario ante la repetida escasez de productos de consumo básico:

Pero es verdad que al pueblo no le gustan algunas cosas, que desgraciadamente suceden, y para eso nos hemos reunido: para que no sucedan más. No es bueno, por ejemplo, que haya jabón en La Habana si no hay jabón en el campo: si no hay jabón en el campo, no debe haber jabón en La Habana (aplausos). O debe distribuirse el jabón de tal forma que haya en todos lados. No es bueno que una cosa falte en un lugar y exista en otro; no son buenas las diferencias de trato a los ciudadanos, cuando estamos en un régimen en donde queremos que todo el mundo tenga las mismas posibilidades, el mismo trato, y que se sienta exactamente un ciudadano como cualquier otro, un compañero más en la gran tarea de la edificación del socialismo (en: Díaz, 2001, p. 233).

En este sentido, el Estado creó la Junta Central de Planificación, la cual, según Fidel, debía darle un orden a los todos los recursos de que se disponían, enfatizando en que lo primero tendría que ser un cálculo de todo lo que se disponía y de cómo tendría que ser distribuido.51 Mas el Che en la Asamblea de Producción de la Gran Habana definió como la tarea principal de la Junta la elaboración de un plan de abastecimientos y la entrega de productos centralizados.

 

Surgimiento de la libreta de control de abastecimientos e institucionalización del sistema de control de abastecimientos

A inicios de 1962, Fidel evaluó la situación de los abastecimientos como “un serio problema”,52 lo cual se condujo a la par del incremento del mercado subterráneo, apreciable en la existencia de redes de acaparadores y especuladores de los productos que escaseaban. Este fenómeno ya había sido antes denunciado en Bohemia53 en una disposición con fecha del 7 de agosto de 1961, titulada “Disposición en defensa del pueblo”, en la cual se podía leer que se prohibía a los revendedores la venta de 15 artículos demandados; de manera que la venta de estos solo podría ser realizada en tiendas, establecimientos o almacenes que estuvieran legalmente inscriptos, nacionalizados o intervenidos. Quienes infringieren esta resolución serían conducidos a los tribunales competentes, a disposición del Código de Defensa Social.

El mercado subterráneo de acaparadores y especuladores operaba mediante redes cuya articulación comenzaba a entretejerse desde el nivel de los proveedores (ahora: el Estado), en donde algunos individuos que laboraban en los almacenes u otras instancias hacia donde iban dirigidas las mercancías importadas o desde las cadenas de distribución desviaban los recursos hacia locales particulares, en donde los propietarios y sus intermediarios especuladores poseían redes de reventa de las mercancías ante una demanda motivada por la escasez. Las redes de intermediarios se desplegaban, principalmente, a partir de algunos propietarios de tiendas, hasta llegar la mercancía a la población, bajo pacto de silencio garantizado por la complicidad con el delito, porque tanto el vendedor como el consumidor de los productos de procedencia ilegal eran sancionados por la ley. Estos individuos eran repudiados por el fervor popular y llamados comúnmente “los privilegiados”, “lumpen”, “contrarrevolucionarios”, más los mecanismos de sociabilidad que utilizaban para vender su mercancía eran asociados al “amiguismo”. Ambas nociones se contraponían a los principios propugnados por el Gobierno revolucionario para la construcción de la sociedad socialista. La desarticulación de estas redes aparecía frecuentemente en medios de prensa como Bohemia54 en donde apareció un artículo titulado “Golpe de muerte a la especulación”, explicando las razones que movieron a la promulgación de la Ley Nro.1076.55 Por tanto, la solución a la situación de los abastecimientos tendría que estar aparejada a la desarticulación del mercado subterráneo.

El 27 de enero de 1962, anunciaba el Che que se iba a tener que llegar al racionamiento de una serie de productos y más que racionar: racionalizar el consumo.56 Explicó que las problemáticas con los abastecimientos radicaban en que el país todavía no tenía industrias y que dependía del comercio exterior, exclusivamente a través del comercio de trueque con los países socialistas. Por esta razón iba a tenerse que llegar al racionamiento de una serie de productos, para bajar el consumo y poder obtener así “excedentes exportables”:57

…hay muchos casos de productos que nosotros consumimos así, en gran cantidad, y que si bajamos un poquito el consumo, podremos tener excedentes exportables, que los necesitamos en este momento. (…) nosotros tendríamos que ver en una de estas dos cosas: o aumentar los precios para que se volvieran a establecer los sistemas injustos de distribución de la mercancía (…) o ir a la racionalización de nuestro consumo, de tal manera que la gente consuma menos y ahorre más (…). No tenemos esa cantidad excedente para pagar lo que vamos a traer. (…) es muy, muy importante que sea conciencia de todo el pueblo que nosotros tenemos que trabajar como país exportador —en definitiva— para crear excedentes exportables, y con esos excedentes traer aquí las nuevas fuentes productoras de riquezas, como son las maquinarias, como son las materias primas (Obra revolucionaria, nro.6, 1962, pp. 15 y 16).

El 14 de marzo de 1962 Fidel comparecería por radio y televisión para explicar las medidas definitivas tomadas respecto a la situación de los abastecimientos y sobre la Ley Nro.1015 del 12 de marzo de 1962 “Sobre la mejor distribución de los abastecimientos”.58 En el texto de la Ley 1015 consta que es deber del Gobierno revolucionario organizar una forma de distribución que resultara equitativa y que permitiera a todas las zonas de la ciudadanía igual acceso a los artículos de consumo corriente, eliminándose así los defectos de la distribución que habían surgido.59 Para Fidel se había cometido hasta aquel momento un error: se habían concentrado muchos artículos en mercados únicos, dando una imagen de escasez en las bodegas y carnicerías cercanas. Por tanto, la solución a los problemas de los abastecimientos estaba en su mejor distribución.60

El mercado en manos privadas fue regulado por esta ley, que hizo obligatoria la expedición de facturas comerciales (foliadas y numeradas) para la venta de cualquier tipo de artículos (artículo I). Además, estableció plenas facultades al Mincin para el decomiso de aquellos artículos que se encontrasen en venta sin las facturas correspondientes, lo que contribuía a combatir directamente las redes de mercado subterráneo.61 El artículo I disponía la creación de la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos, y mediante el artículo III la Junta… dispondría, previa consulta del Consejo de Ministros, todo lo concerniente al régimen de racionamiento en artículos, cantidades, etc. El 30 de marzo entrarían en vigor las seis resoluciones de la Junta…62

El régimen de racionamiento fue así anunciado para comenzar el 19 de marzo, excepto la leche, que comenzaría a ser repartida el día 26. A su vez fue dividido según la cantidad de productos sometidos en tres modalidades: Primero, los artículos que serían sometidos en todo el país: el aceite y la manteca (en las mismas cantidades que habían sido establecidas en 1961), el arroz, los frijoles, garbanzos, lentejas y legumbres en general. Segundo, los artículos sometidos en las principales ciudades del país (un total de 26 ciudades, incluyendo la Gran Habana) y además de los productos racionados en todo el país: jabón de lavar y de tocador, el detergente y la pasta dental. Tercero, en solo la capital (Ciudad de la Habana, “la Gran Habana”): además de todos los productos antes mencionados, para la Gran Habana se racionarían la carne de res, el pollo, pescado, viandas, huevos y leche. Era precisamente en la Gran Habana en donde declaró Fidel existían más problemas con los abastecimientos y especialmente el fenómeno de “las colas”.

La organización de todo este sistema estuvo a cargo del Mincin, bajo la organización de los CDR y la FMC, pasando en 1963 directamente al Mincin, al igual que las funciones de la Junta, por medio de la Ley 1097, reducidas sus funciones a un órgano de consulta e información del Mincin.

La I Resolución de la Junta explicó cómo sería instrumentado el racionamiento, mas el Primer Ministro Fidel Castro leería en su alocución estas instrucciones:

La distribución se hará a través de la “Libreta de Control de Abastecimiento”. Habrá una libreta para cada familia. La libreta la recibirá el cabeza de familia, y se considerará cabeza de la familia la persona a cuyo nombre esté el recibo de la Reforma Urbana; o si se trata de un propietario, la persona a cuyo nombre esté el recibo de amillaramiento. En el caso de que una familia no pueda presentar el documento de la Reforma Urbana —hay algunos casos— se procederá a entregarle la libreta, pero no se le entregará por el Comité de Defensa de su demarcación, sino que el cabeza de familia tendrá que ir al distrito que le corresponda. La lista y la dirección de los distritos de los Comités de Defensa Revolucionarios serán publicados en los periódicos; y en el distrito se levantará un acta al entregarle su libreta y remitir las actuaciones a la Reforma Urbana. De paso se sabrá quién está “colado” en una casa (aplausos). Todo el que esté sin permiso aparecerá. No se le niega, naturalmente, su libreta, pero se le entrega en su distrito y se le hace constar, y se mandan a la Reforma Urbana los papeles…” (Obra revolucionaria, nro.7, 1962, p. 10).

La adquisición de la libreta fue dispuesta para entre el 13 y el 16 de marzo, según estableció el punto 11 de la Resolución Nro.2 de la Junta; las inscripciones comenzaron en los establecimientos de venta entre el 14 y hasta el 19 del propio mes. El individuo que no se inscribiera en esa fecha para poder hacerlo posteriormente debía tener una autorización firmada y sellada por la Coordinación de los CDR del “distrito” en que está enclavado su comercio correspondiente (bodega) o por orden del Mincin. Así cada familia podría comprar en el establecimiento que deseara siempre que estuviera a una distancia no mayor de cuatro cuadras del sitio de residencia, excepto los grandes mercados (minimax) que tenían “capacidad sobrante”, o sea mayor capacidad para atender “núcleos familiares”63 que estuvieran a una distancia mayor de la estipulada, para lo que la Junta podría ampliar “la órbita de acción” de tales establecimientos. El resto de los pormenores sobre el funcionamiento del sistema de control de abastecimientos quedaría explícito en cada resolución de la Junta, como todo lo referente a las cuotas de alimentos para personas con dietas médicas (resolución 4); lo referente a la actividad comercial de los carretilleros y otros puntos de venta de frutas y vegetales, para la mejor distribución de los productos (resolución 3); entre otras instrucciones.

La prensa recogería en primera plana el establecimiento de la libreta bajo titulares como: “Reparto equitativo de los alimentos sin privilegios”.64 “Comenzará hoy el Sistema de Control de Abastecimientos”.65 Así, el 25 de marzo el periódico Hoy66 publicó el texto del informe de Carlos Rafael Rodríguez, presidente del Inra, sobre la situación de los abastecimientos. El mismo aparece bajo el titular: “Se subsanan los defectos de la distribución de alimentos. ¡También vamos a vencer en esta batalla Mr. Kennedy!” El proceso informativo sería ampliado el 26 de marzo, con la publicación de una tablilla informativa titulada: “Distribución de abastecimientos”, dividida en cuatro secciones: leche, carne, pollos, viandas.

Fidel insistió en que sobre lo concerniente a las cantidades este no era un problema sencillo, porque hay ciertas costumbres de consumo que existen tradicionalmente.67 Y sobre estas costumbres y hábitos tradicionales de consumo ocuparon merecido espacio en Bohemia las secciones de Nitza Villapol: “Usted puede cocinar sano y sabroso” y “Cosas de mujer”.

En ocasión de la instauración de la libreta, Villapol dedicó una sección entera a cómo cocinar sano los productos de “la cuota” y aprender cómo se sustituyen, se ahorran y se “estiran” los alimentos; más la libreta, vista en “lo que tenemos, cocinando sano y sabroso”, sería apreciada como batalla al imperialismo.68 En otro número, Villapol llamaría al consumo de las carnes ofrecidas por la cuota que eran despreciadas por la población porque tradicionalmente no eran consumidas:

…muchas amas de casa que no quieren aceptar las vísceras como parte de su cuota familiar de carne porque no están acostumbradas a comerlas o no las saben cocinar, otras porque no las quieren como parte de la cuota sino como algo adicional, “por la libre”. Lo cierto es que en algunos sectores de la población las vísceras tienen muy poca aceptación y a veces hasta se quedan en las carnicerías. Algo parecido sucede con los cortes de carne más económica (…). La carne económica —mal llamada “de segunda”— alimenta tanto o más que “la de primera”. La única diferencia está en la forma de cocinarla (…). Cuando su carnicero le ofrezca vísceras o carne económica como parte de la cuota familiar, acéptela en la seguridad de que bien cocinada y condimentada puede ser un delicioso plato que le ayudará a variar el menú. Enseñe a su familia a comer de todo. (…) Sí es posible modificar los hábitos alimenticios (en: Bohemia, año 54, nro.15, 13 de abril de 1962, p. 98).

Resulta no menos interesante también en estas la inserción en los menús de los productos procedentes de los países socialistas que comenzaban gradualmente a entrar al mercado cubano. Por ejemplo, en la sección dedicada a los múltiples usos culinarios de la avena, se inserta la imagen de la nueva avena procedente de la URSS, mas Villapol la presenta como sustituyente de la carne, frijoles, harina, pescado, pollo, marisco o huevos no sin antes presentar una receta “para estirar la carne” usando la avena.69

La libreta y el surgimiento del sistema de control de abastecimientos en general fueron promulgados como un golpe de muerte a los acaparadores, especuladores y al “amiguismo”,70 como medidas de racionamiento ante dificultades transitorias porque “sabemos que si algo falta hoy, no faltará mañana”.71 Su connotación simbólica resulta evidente en su propio reverso: “Recuerde que la cuota no es transferible de un mes a otro, pero recuerde también que tu cuota del mes próximo está asegurada. No compres para guardar: ya no hace falta hacerlo. Ahorra. Con esto estarás ayudando a la más rápida victoria en este frente, de nuestra revolución socialista”.

Sin embargo, pese a tales proclamas, en varios números de los periódicos Hoy72 y Revolución73 pueden leerse denuncias sobre fraudes cometidos con la libreta, sobre todo por recibir “la cuota” doble, por doble inscripción y por recibir las cantidades (mayores) asignadas a los menores. El punto 12 de la Resolución Nro.2 de la Junta determinaba que a partir de la fecha de entrada en vigor del nuevo sistema de control de abastecimientos los productos sometidos al racionamiento no podrían comercializarse fuera de este. Aun así, hasta en los diarios de 1963 se encuentran advertencias sobre sanciones a quienes adulteraban la libreta.74

En 1963 fue instituido el sistema de control de abastecimientos con carácter nacional, de manera estandarizada, lo que conllevó al reordenamiento del sistema. Fue sustituida la libreta de control de abastecimientos por una nueva edición, limitada solo a los productos alimenticios. Este cambio de libreta sería anunciado en la primera plana del periódico Hoy,75 al mismo tiempo se anunciaba el establecimiento a la par de otra libreta para los productos industriales llamada Tarjeta de Control de Ventas, cuyo funcionamiento sería a partir del 2 de agosto del mismo año.

La nueva “libreta de la tienda” incluiría el calzado, las confecciones en telas, canastilla, juguetes para niños y artículos de uso duradero para el hogar. Su repartición fue de una para cada miembro de la familia y su funcionamiento estuvo sujeto a todo un nuevo sistema creado para las compras, que en un principio podían realizarse cualquier día de la semana en las tiendas asignadas, y los artículos serían anotados en casillas. Posteriormente esta modalidad cambió para ser efectuadas las compras en un día específico, en dependencia del “grupo de compra” que fuera asignado a cada individuo y que estaría inscrito en los cupones insertados en cada liberta, bajo una nomenclatura con series y grupos que eran equivalentes al tipo de artículo que correspondía entregar ese día al grupo. Estos cupones eran arrancados una vez efectuada la compra y cada individuo debía elegir solo un artículo de entre aquellos que estaban disponibles en el momento para su grupo de compra, lo que planteaba para el individuo una nueva modalidad de compra regida por la necesidad ante la disyuntiva.

El proceso de institucionalización de los instrumentos del sistema de control de abastecimientos culminaría con la creación el 12 de julio de 1963 de las Oficinas de Control para la Distribución de Abastecimientos (oficoda), como la entidad administrativa encargada de elaborar y actualizar el registro de consumidores, así como de los trámites y atención directa de la población. También fue concebida para el registro de los certificados médicos que avalarían las llamadas “dietas médicas”. La creación de estas oficinas (una en cada municipio) supuso una reducción de las funciones administrativas de los bodegueros, de manera que estos tendrían el control de las ventas a través de una copia del listado de consumidores. Lo que seguiría a partir de las décadas venideras serían modificaciones del sistema, pero bajo la misma estructura y principios institucionales.

 

Conclusiones

Parcialmente puede concluirse que la libreta de abastecimiento no ha sido un caso único exclusivo de Cuba, ya que otros instrumentos semejantes han existido en varios países con el mismo fin. Tanto el sistema de control de abastecimientos en Cuba como los sistemas modernos de racionamiento surgieron como medidas económicas emergentes ante situaciones especiales (crisis económicas asociadas y economías de guerra, así como situación de escasez en los abastecimientos). La mayor diferencia residió en el carácter temporal de los sistemas modernos de racionamiento y la permanencia indefinida de la libreta cubana, al haber sido institucionalizada para contribuir al igualitarismo de la sociedad, a través de la equidad social en la distribución normada. Este precepto no fue logrado institucionalmente por la mayoría de los sistemas modernos de racionamiento, en los cuales afloraron y se agudizaron las diferencias de clases o estatus sociales. El mayor acercamiento que tuvieron en este sentido fue garantizar el acceso al consumo, e incluso (en la caso de Estados Unidos) a las mismas cantidades, pero sin garantizar las cuotas para toda la población. Sin embargo, en ninguno de los dos sistemas pareció haberse eliminado las prácticas asociadas al mercado subterráneo o negro.

Las modalidades estándares de consumo que propició la libreta de abastecimiento cubana colisionaron con los hábitos, prácticas y costumbres alimenticias arraigadas culturalmente, haciendo que ante la nueva mentalidad de ahorro, entendida en las nociones del “estirar” y las comidas “económicas”, tuviera que apelarse, para contribuir a normalizar el consumo ofrecido por la libreta, a su asociación simbólica con la preservación de la revolución socialista y como una victoria contra el imperialismo yanqui. Por tanto, la libreta contribuyó con creces a la transformación de las pautas culturales de consumo del hombre situado en la nueva sociedad cubana, que motivado por la necesidad de acceder al consumo ante la escasez y como medio de inserción en los nuevos principios que se estaban popularmente defendiendo, tuvo que transformar su “ir de compras” en “sacar los mandados”.

El tema no queda aquí agotado, ni tan siquiera en esta etapa, sino esbozado en su marco descriptivo y lineamientos más generales, a expensas de haber limitado demasiado el diapasón de aristas y directrices de análisis. Aún quedan para futuros estudios otras etapas y variadas cuestiones por abordarse desde una mirada antropológica.

 

Notas

1 Lineamiento insertado en la sección titulada “Gratuidades y subsidios”. El texto completo reza: “Implementar la eliminación ordenada y gradual de la libreta de abastecimiento, como forma de distribución normada, igualitaria y a precios subsidiados” (en: Folleto VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, p.26).

2Juventud Rebelde: “La Revolución no dejará a ningún cubano desamparado” (en línea) http//:www.juventudrebelde.cu/cuba/.../la-revolucion-no-dejara-ningun-cubano-desamparado. Consulta: 17 de junio de 2016

3 La confrontación estuvo entre quienes llamaron a la búsqueda de medidas económicas alternativas que contemplaran el mantenimiento de la libreta, argumentando que esta garantizaba las necesidades básicas de alimentación de la población, sobre todo en los sectores considerados más vulnerables (ancianos desvalidos, discapacitados físicos y mentales, entre otros considerados “casos sociales”). Por otra parte, se emitieron criterios contrarios al mantenimiento de la libreta, al ser concebida como un incosteable subsidio que se correspondía a una visión paternalista del Estado y como sinónimo de las llamadas gratuidades de la Revolución.

4 En: “La libreta de abastecimiento no se quitará de golpe” (en línea): Juventud Rebelde, La Habana, 16 de abril de 2011. (http//:www.juventudrebelde.cu/.../raul-castro-libreta-de-abastecimiento-no-se-quitara-de-golpe.) Consultado: 17 de junio de 2016

5 Categoría promovida por el antropólogo cubano Pablo Rodríguez Ruiz, a través del análisis de la cultura del rebusque, vista como: “…una gama muy amplia de prácticas encaminadas a obtener ingresos complementarios, que van desde la venta de objetos personales, reventas o trabajos circunstanciales, hasta pequeños fraudes y tácticas de apropiación” (Rodríguez, 2014, pp. 189-190).

6 Mecanismos socioculturales y económicos de los más disímiles tipos, pero cuyo fin último es valerse de medios de cualquier tipo, únicos o alternativos a los salarios, para contribuir en la mayoría de los casos a la economía familiar en algunos y en otros para la acumulación de capital.

7 Pudieron ser recogidos varios testimonios sobre los cuales se ofrecerá una síntesis. Para la generalidad de los cubanos lo que ofrece la libreta, pese a ser valorado en la actualidad como muy poco, marca “el comienzo” de los gastos en la alimentación planificada para el mes. Unos refirieron que son cuotas de productos básicos que están garantizadas y son asequibles, incluso para los salarios más bajos. Para otros, lo que ofrece la libreta garantiza una parte de su alimentación y pese a no tener que depender de ella por sus “aceptables” niveles adquisitivos, tampoco querrían perderla. En otros casos, lo que ofrece la libreta es básicamente lo único que adquieren para su alimentación en el mes, por sus bajos ingresos salariales y por estar imposibilitado de trabajar para el Estado, poseyendo un horario laboral de ocho horas, de tener trabajos alternativos. Algunos refirieron que no tenían la “suerte” de contar con familiares en el extranjero que le enviasen remesas.

8 Fernand Braudel: La dinámica del capitalismo, 48 p., Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

9 Lia Añé Aguiloche: Contribución a los estudios de pobreza en Cuba. Una caracterización de la capital; Claudia González Betancourt y Lisset Robaina Echevarría: La distribución de alimentos en Cuba: posibles impactos al eliminar su segmentación (2010); Anicia García Álvarez y Betsy Anaya Cruz: Gastos básicos de una familia cubana urbana en 2011. Situación de las familias “estado-dependientes”, publicado en: María del Carmen Zabala y otros (compiladores), Retos para la equidad social en el proceso de actualización del modelo económico cubano, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015; Anicia García Álvarez: Mercado agropecuario. Evolución actual y perspectivas, 1997.

10 Cristina Padilla Dieste: Entre papas, frijoles y ají. La distribución de alimentos en Cuba, Universidad de Guadalajara, México, 2002.

11 Su aporte e importancia dentro de las ciencias sociales, así como antecedentes teóricos y metodológicos de esta disciplina antropológica pueden hallarse en: Ricardo Delfín Quezada Domínguez: La etnohistoria: Una disciplina comprometida., pp. 79-90, en: Catauro, Revista Cubana de Antropología, año 3, nro.5, enero-junio de 2002.

12 El primero incluía el azúcar, pero se le sumarían posteriormente el café, la carne, el aceite, la manteca, queso, margarina, los productos alimenticios en conservas, la leche y jaleas; así como las máquinas de escribir, el calzado, la leña y el carbón, la gasolina, las bicicletas, el nylon y el aceite para combustible (US History, 2016).

13 “Compramos de forma clandestina tarjetas de racionamiento, cuyos precios no dejan de subir de 27 a 33 florines, en el momento actual, ¡por un trozo de papel impreso!”(Frank, 2015, p.75)

14 Pastel elaborado con frutas disponibles o pedazos de ellas, recubiertas con una capa de harina, manteca o mantequilla y azúcar, para después ser horneado y degustar como plato caliente.

15 En realidad este marketing había sido implementado ya en la PGM, cuando la US Foods Administration desplegó una campaña para la moderación del consumo. En el testimonio gráfico que se ha conservado de esta época se leen consignas como: “La comida nos hará ganar la guerra”; “Comidas sin carne”; “Miércoles sin trigo”.

16 Actualmente se conserva testimonio gráfico de esta campaña incentivada por la US Office Price Administration, en el cual se leen mensajes como: “El racionamiento significa una cuota justa para todos nosotros”; “El racionamiento asegurará tu cuota”; “¡Por supuesto que yo puedo! Yo soy tan patriótico como puedo ser –y los puntos de racionamiento no me preocuparán”.

17 Bohemia, año 54, nro. 20, 18 de mayo de 1962, p. 68.

18 Los productos sujetos al racionamiento en España fueron el pan, el arroz, las judías, el aceite, el azúcar, las lentejas, el jabón, el tabaco, los garbanzos, el boniato, el bacalao, el tocino, la harina y “de vez en cuando” café, chocolate, membrillo, jamón, carne, leche y huevos (Espinosa de Cerrato).

19 Según Tudela es la adaptación de la palabra straperlo, que era una ruleta eléctrica “trucada” que protagonizó un sonado escándalo durante la República. Espinosa de Cerrato amplía esta información añadiendo que el nombre proviene de dos famosos estafadores llamados Strauss y Perlowitz, quienes casi derrocan la Segunda República y que el pueblo, al unir los dos apellidos, los añadió al diccionario de la lengua hablada, que lo define como el tipo de comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasación.

20 La tarifa de rebaja arancelaria impuesta para los productos cubanos fue de un 20 % (Le Riverend, 1969), lo que reportaba un aumento de las exportaciones cubanas de un 10 % a un 15%, mientras que la tarifa de rebaja para los productos estadounidenses oscilaría entre un 25 % y un 40 % (sobre la base de las tarifas vigentes desde la I Intervención estadounidense, que llegaban hasta el 70 % de rebajas). Además, los productos cubanos exportables al mercado estadounidense, contrariamente, constituirían una limitada lista de productos, lo que resulta propio de una economía subdesarrollada que ni remotamente hubiera podido competir con la estadounidense.

21 Sanguily, Manuel: “El Tratado de Reciprocidad”, en: Documentos de Cuba Republicana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1972.

22 La UFC había fundado en Cuba dos compañías: United Fruit Sugar Company y United Fruit Steamship Corporation. Ver: Varios Autores: United Fruit Company: Un caso del dominio imperialista en Cuba, 450p., Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976; y Guillermo Jiménez Soler: Las empresas de Cuba. 1958, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.

23 Enrique Cirules: El imperio de La Habana, Ediciones Abril, La Habana, 2017; Luis Báez y Pedro de la Hoz: El cuartel general del la mafia, pp. 79-97, en: Hotel Nacional de Cuba: Revelaciones de una leyenda, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2011.

24 Bautizados por Cirules (2017) como, de 1902 a 1934: “El protectorado”, y de 1934 a 1958 como: “esquema de un Estado delictivo de corte mafioso”.

25 Fidel Castro: Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, p. 14.

26 E. Vignier y G. Alonso: La corrupción política y administrativa en Cuba, 1944-1952, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.

27 En: Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, p. 14.

28 Cuestión a la que se refirió el Primer Ministro Fidel Castro durante la I Reunión Nacional de Producción, en agosto de 1961: “Era la anarquía pura la característica de aquel régimen, donde los individuos hacían, realmente, lo que les daba la gana con el ahorro nacional. Del producto total del trabajo quedaba un margen, ese margen era el que ellos (los propietarios) invertían en lo que quisieran. Las compañías se lo llevaban para el extranjero, y los criollos muchas veces llevaban el dinero también y lo guardaban fuera” (en: Obra revolucionaria, nro. 31, 1961, p. 18).

29 En donde serían lanzadas las directrices del modelo económico cubano, como un modelo antítesis de “por la libre”; de los “impulsos”; como una economía ordenada, planificada, de inversión racional de los recursos (en: Obra revolucionaria, nro. 31, La Habana, 1961).

30 En el Ministro de Industrias Ernesto Che Guevara llamó la atención sobre los modos de concebir la producción aún imperantes de los modos capitalistas de producción, que distaban del ahorro y potenciaban la utilización innecesaria de insumos. Afirmó el Che: “…la forma anárquica de la producción capitalista, la forma dividida, la forma de competencia que existía entre todas las empresas, la cantidad de tecnologías diferentes que existían para hacer prácticamente la misma cosa, la cantidad de productos innecesarios, que se agregan a cosas tan simples como el jabón, por ejemplo, o la pasta de dientes (…) hay que ir trabajando en cada una de las fábricas para unificar criterios, unificar tecnologías, para hacer productos de calidad con la simplificación máxima” (en: Díaz, 2001, p. 226).

31 El Ministro de Economía Regino Boti afirmó durante su intervención que el crecimiento económico había sido “rápido” (entrecomillado así en la fuente original), habiendo ascendido a la cifra de 4.5 % (en: Inra, nro. 9, 1961, p. 97).

32 Bohemia, año 53, nro. 32, 6 de agosto de 1961.

33 Véanse en revista Bohemia, los artículos: “Tu maquinaria es también tu trinchera” (Bohemia, año 53, nro. 23, La Habana, 4 de junio de 1961, p. 32); “La inventiva de los obreros burla el bloque imperialista” (Bohemia, año 53, nro. 29, 16 de julio de 1961, p. 42); “Construye tu propia maquinaria” (Bohemia, año 54, 14 de enero de 1962, p.35), “Exposición de maquinarias y piezas de repuesto industriales fabricadas por obreros de la industria de nuestro término” (Bohemia, año 54, nro. 16, 20 de abril de 1962, p. 80); entre otros.

34 Bohemia: “Recuperando materias primas” (año 54, nro. 11, 16 de marzo de 1962).

35 En varios números de la revista Bohemia existe testimonio gráfico de esta campaña. Por ejemplo, véase: Bohemia, año 53, nro. 28, 9 de julio de 1961, p. 51.

36 Esta cifra apareció publicada en la revista Inra (año II, nro. 9, 1961, p. 96).

37 Obra revolucionaria, nro. 7, 1962.

38 Desde octubre de 1960, con las nacionalizaciones el Estado asumió 46 de los grandes importadores de alimentos, quedando aún 176 en manos privadas. La administración de estos pasó a manos del Instituto Nacional de Reforma Agraria Inra. También fueron nacionalizados 40 almacenes del comercio minorista.

39 En esta época, Cuba aún no recibía los beneficios del comercio con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (Came), que no suscribió hasta 1972. En este momento se trataba solo de relaciones con una irregularidad oportuna, como cuando la URSS asumió la compra inmediata de la cuota azucarera cubana; cuando garantizó la venta de petróleo, así como el hecho concreto de los envíos de productos alimenticios de manera puntual para las Navidades de1961. Sin embargo, la presencia de productos soviéticos o del llamado campo socialista en general en la vida cotidiana del cubano a principios de los sesenta, fue en ascenso gradual.

40 Bohemia, año 54, nro. 50, 14 de diciembre de 1962.

41 Inra: nro. 12, 1961, p.106.

42 En su discurso durante la I Reunión Nacional de Producción, el Primer Ministro Fidel Casto afirmó: “Vamos a sacrificarnos este año para aumentar la producción, vamos a actuar responsablemente, si no pareceremos gente irresponsable cuando ande la comedera de lechón asado por ahí. ¿Por qué vender un lechón asado que puede resolver la grasa de una familia durante varios meses, o durante un año casi, si se lleva al máximo de peso? Vamos a sacrificarnos este año, vamos a preservarlo” (Obra revolucionaria, año II, nro. 31, La Habana, Imprenta Nacional de Cuba, 1961, p. 32).

43 Titulado: “Se distribuirá manteca sin colas”, en: Bohemia, año 53, nro. 28, 9 de julio de 1961, p. 66.

44 Fidel señaló que los Estados Unidos dispusieron siempre de la cantidad necesaria de manteca para exportar a Cuba porque en este país se desechaba la manteca ante “la moda” impuesta por el consumo de grasa de origen vegetal.

45 Bohemia, año 53, nro. 32, La Habana, 6 de agosto de 1961.

46 Inra, año II, nro. 12, La Habana, 1961, p. 98.

47 Bohemia, año 53, nro. 28, La Habana, 9 de julio de 1961.

48 Bohemia, año 53, nro. 28, pp. 78 y 69. Añadió Fidel que de esta manera quedarían además resueltos los problemas de la carne, el pienso y la leche, por el aprovechamiento de los sucedáneos en estas producciones.

49 Bohemia, año 53, nro. 29, La Habana, 16 de julio de 1961.

50 Refirió Fidel: “Eso viene a ser, más o menos, la mitad de las necesidades de consumo total del país; pero todo el mundo tendrá garantizado su abastecimiento, de acuerdo con esa distribución, sin tener que estar haciendo colas (…) el nuevo sistema garantiza un abastecimiento justo de acuerdo con las cantidades de aceite y manteca importados, que llegarán equitativamente a todo el pueblo” (Bohemia, año 53, nro. 29, La Habana, p. 65).

51 Inra, nro. 9, 1961, p. 99.

52 Obra revolucionaria, nro. 31, La Habana, 1961, p. 16.

53 Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, p. 3.

54 Bohemia, año 53, nro. 32, La Habana, 6 de agosto de 1961, p. 73

55 Bohemia, año 54, nro. 50, 14 de diciembre de 1962, p. 66.

56 La Ley 1076 establecía que los nuevos administradores de las tiendas y otros establecimientos de venta de productos alimenticios y bienes de uso duradero, serían los propios trabajadores de esos centros, teniendo derecho sus antiguos propietarios a continuar trabajando en el centro o a la jubilación y a cobrar una indemnización.

57 Obra revolucionaria, nro. 6, 1962, pp. 14 y 15.

58 Obra revolucionaria, nro. 6, 1962, pp. 15 y 16.

59 Gaceta Oficial de la República de Cuba, 12 de marzo de 1962, p. 3053.

60 Obra revolucionaria, nro. 7, 1962.

61 Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, p. 19.

62 Afirmó Fidel: “No se ha querido suprimir ese tipo de comercio, a pesar de que es un comercio que da más dolores de cabeza que beneficios; pero sí se han tomado medidas (…) el especulador es el enemigo número uno del pueblo, porque es el tipo sin conciencia, inmoral, que trata de valerse de una situación determinada para medrar. Es un privilegiado que a su vez explota el egoísmo de otros privilegiados que están dispuesto a dar más, a comprar más. Nosotros no podemos caer en eso. Las medidas tienen que ser drásticas, y si las medidas para acabar con el especulador tienen que llegar al Tribunal Revolucionario, si tienen que llegar, incluso al paredón, llegarán al paredón los especuladores (aplausos)” (Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, pp. 17, 19).

63 Gaceta Oficial de la República de Cuba, 30 de marzo de 1962, p. 3875.

64 Que se presenta como otra noción etnográfica, además del cargo de jefe de núcleo, que representó en este contexto una nueva jerarquía dentro del ámbito tradicional familiar cubano.

65 Hoy, La Habana, martes 13 de marzo de 1962.

66 Revolución, La Habana, lunes 19 de marzo de 1962.

67 Hoy, La Habana, domingo 25 de marzo de 1962.

68 Sobre las cantidades Fidel afirmó: “Lo fundamental es lo siguiente: que en las cantidades, de todas maneras, a alguno le tocará menos de lo que le toca a otros, pero a muchos les tocará más. Esto es un problema que no es un problema muy sencillo, tiene cierta complicación, porque hay ciertas costumbres de consumo que existen tradicionalmente” (en: Obra revolucionaria, nro. 7, 1962, p. 9).

69 Bohemia, año 54, nro. 13, 30 de marzo de 1962, p. 98.

70 Bohemia, año 54, nro. 2, 14 de enero de 1962, p. 90.

71 Revolución, La Habana, lunes 19 de marzo de 1962.

72 Bohemia, año 54, nro. 13, 30 de marzo de 1962, p. 98.

73 Hoy, La Habana, martes 30 de julio de 1963.

74 Revolución, 4 de agosto de 1963; 23 de agosto de 1963.

75 Hoy, La Habana, jueves 4 de julio de 1962.

 

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Adrián Fundora García (Cuba, 21 de agosto de 1991). Investigador. Licenciado en Estudios Socioculturales, UNAH. Labora en el Instituto Cubano de Antropología, Citma. En la investigación de proyectos nacionales y asociados a programas ramales de desarrollo. Por ejemplo: Proyecto "La antropología sociocultural en Cuba: Reconstruir el pasado para cimentar el futuro” y "Etnografía de las asimetrías: identidades locales, entornonatural/patrimonial, escuela y comunidad (Habana Vieja y Guanahacabibes)”.

 
 
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