Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
22  agosto - diciembre 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Redes sociales en el exilio postcolonial cubano: Una propuesta metodológica de investigación  
Ana M. Suárez Díaz

Social Networks in Cuban Postcolonial Exile: A Methodological Research Proposal

Ana M. Suárez Díaz

 

Resumen: Este trabajo ofrece una reflexión preliminar del beneficio potencial del “estudio de redes” como estrategia indagatoria complementaria susceptible de aportar conocimientos enriquecedores desde las trayectorias de vida y desempeños de actores protagónicos en el exilio poscolonial cubano (1930-1936), a partir del examen de sus estructuras de grupos y dinámicas colectivas in situ (Estados Unidos).

Abstract: This text offers insight considerations of the potential results of “network studies” as a complementary research strategy for revealing new substantial data out of life itineraries and other activities of relevant Cuban exiles during the postcolonial experience (1930-1936), considering their group structures and dynamics “in situ” (United States).

Palabras claves: Cuba, exilio poscolonial, Estados Unidos, redes sociales.

Key words: Cuba, poscolonial exiles, United States, social networks.

 

Para poder comprender la trama que conecta características

personales, identidades y emociones, ideas y conductas,

es necesario ubicar la acción en situaciones específicas

de interacción social”.

 

Ruth Sautu. “Estilos y prácticas de la investigación biográfica”. El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores (2004: 27)1

 

 

Introducción

 

La prolongada investigación empírica del exilio político cubano poscolonial (1930-1936) radicado en Estados Unidos que realizo me ha permitido identificar, además de las causas directas de su origen, sujetos involucrados, duración, desempeño, producciones, fuentes, y periodización2 _mirada descriptiva, de corte antropológico–, un conjunto de rasgos también asociados a tal fenómeno, que le confieren perfil distintivo como son: composición social y política, y objetivos heterogéneos por parte de los sujetos; intereses diversos; proyectos varios; y vínculos de múltiple naturaleza; todos interrelacionados de manera específica y susceptibles de dar cuenta, no solo de su dinámica política colectiva interna, sino al mismo tiempo, de su complejo y paradójico desenlace. No obstante, esto último no ha podido explicitarse aún en términos de análisis, ni en los razonamientos de los resultados parciales.

Por ello, este trabajo constituye la reflexión preliminar a favor de una nueva propuesta indagatoria destinada en este caso a revisitar las trayectorias de los actores protagónicos involucrados, e introducirnos ahora, desde tal perspectiva, en el examen de la red social instituida in situ, y conocer detalles de la consistencia de sus lazos, y su sociabilidad interna –vínculos, agencia y estructura manifiesta, entre otros–, como sustento de objetivaciones analíticas implícitas en pos de un reanálisis perspectivo (enriquecido) del fenómeno.

Entiendo que las redes sociales dan cuenta de la interacción social humana. Constituyen una abstracción que permite al investigador visualizar operativamente el entramado de relaciones entre sujetos, ubicarlos en situaciones sociales específicas. En tal sentido, mi propósito en esta ocasión es sustentar el potencial diseño y utilización de esta estrategia indagatoria de redes sociales (personales), como vía para develar relaciones e intercambios establecidos por los exiliados cubanos en Estados Unidos durante el fenómeno que denomino exilio poscolonial en su etapa de 1930-1933, imposibles de identificar hasta el momento con precisión, y en toda su diversidad y complejidad, más allá de las elementales posturas ideológicas de los sujetos involucrados.

Al optar por esta propuesta, en su nivel microsocial (grupos pequeños, bien definidos) nos movemos hacia el campo de la Sociología –histórica y política–; enfoques indagatorios multidisciplinarios articuladores de sociología e historia, que tal como señala Theda Skocpol,3 no solo puede realizarse sobre tiempos y lugares del pasado, sino también incorporando los métodos de la investigación histórica de archivos, además de combinarse fácilmente con otros métodos de recolección y análisis de testimonios sobre el mundo social. (…) Los métodos cuantitativos y cualitativos, aclara Skocpol, pueden combinarse creativamente; e igual las técnicas de análisis.4 Esta autora es renuente a atar la sociología histórica a alguna orientación epistemológica, teórica o metodología específica.5 Y esta libertad creativa es sumamente importante para este proyecto que la adoptará en una fase adelantada de la investigación, en tanto trata un tema inédito del pasado histórico; de orientación fenomenológica; estructurado en estudios de casos;6 metodología biográfica; construcción inductiva de los datos; carente además de fuentes históricas tradicionales, sino que por el contrario sus fuentes primarias las constituyen documentos personales de los sujetos involucrados, y, como secundarias, se sirve de documentos públicos (reproducidos de manera independiente o en publicaciones periódicas), originados simultáneo a los acontecimientos de interés, o muy próximos a estos, según hemos establecido en nuestro estudio.7

Este proyecto específico estará destinado perspectivamente, y luego de semejante aplicación indagatoria también al segundo caso (1935-1936), a sustentar un posterior estudio comparativo de este exilio poscolonial en las dos etapas que conforman esta experiencia: 1930-1933 y 1935-1936, desde sus actores protagónicos Fernando Ortiz y Pablo de la Torriente, en estudios independientes (casos).

 

Biografías, interacciones y redes de intercambio

Importante para esta opción resultó el haber constatado la experiencia reportada por otro investigador, el argentino Luis Miguel Donatello,8 quien desde semejante proyección cualitativa, optó igualmente en su estudio sobre la relación entre religión católica y guerrilla en la Argentina (décadas de los sesenta y setenta), por la reconstrucción biográfica como punto de partida de su investigación; como yo, con igual propósito de elaborar trayectorias políticas.9 Asociada a ella, empleó la estrategia de redes sociales personales; opción en su caso sustentada en la conveniencia de esta para “redefinir y problematizar aquello que los sentidos comunes diseminados socialmente (…) definían como instancias delimitadas: “religión y política” para él, que para mí pudieran ser las hasta ahora desconocidas: exilio y agencia, binomio que de igual modo me permitiera “desmentir la existencia de esferas cerradas en sí mismas dentro de la vida colectiva”10 al interior de aquel fenómeno político, y la posibilidad de develar la participación de cada colectivo exiliado, en grado y modo diverso, consciente de ello o no, directa o indirectamente, en el rediseño de la política hegemónica de la potencia neocolonial (Estados Unidos) hacia Cuba, puesta en marcha con –y como– conclusión de estas experiencias colectivas; en 1933 y 1936. La primera puso a prueba un rediseño hegemónico para la Isla que privilegió el auge del militarismo como instrumento de dominación, y la segunda, igual rediseño hegemónico, que entonces se orientó, formalmente al menos, por el contrario, hacia la “democratización” social, con lo que favoreció el clima de distensión y reordenamiento político que concluyó en una nueva asamblea constitucional en 1940.

En esta propuesta, las metodologías biográficas –entendidas por Leonor Arfuch como parte de una “dinámica asociada a otros métodos y técnicas destinados a la recuperación del testimonio del otro” (lo que esta autora denomina “espacio biográfico”)–11 se orientan hacia la concepción defendida por la comunicóloga Marta Rizo, de conferirle la mayor relevancia de su empleo justamente a “no reducir las posibilidades de los métodos biográficos a la recuperación del sujeto como voz, como ser individual, sino (…) más bien (…) [a] pensar en la doble articulación entre lo individual y lo social. Esto es, el acceso a la vivencia de los individuos permite la reflexión en torno a las especificidades del mundo social en el que estos se hallan”.12 Aspecto este de gran interés a los efectos de dotar de corporeidad este fenómeno desconocido hasta ahora, que es el exilio primero del siglo XX.

Por su parte, la visualización de la actividad de colectivos exiliados en términos de redes no es nueva. Al mismo nos remite Ricardo Melgar Bao, en su Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940 13 quien hace uso sistemático del concepto a lo largo de su texto de corte histórico;

Luis Roniger, quien por su parte alude, a “redes de solidaridad”;14 al tiempo que otros hacen referencia a “vínculos de afinidades desterritorializadas visibles en las comunidades de expatriados” (Ettighoffer, 1992).

Esto da cuenta, en definitiva, de que el concepto efectivamente “ha sido utilizado para legitimar un conjunto de cosas diferentes para las cuales fue concebido,”15 y en todos los mencionados se alude a aristas asociadas a mi tema de interés.

Para el presente proyecto suscribo la propuesta de conferirle al término su concepción de red social desde la perspectiva de “su utilidad para investigar disposiciones y vínculos; modalidades de agrupamiento y lazos que entablan las personas”.16 Aspectos estos que se visualizan con mayor precisión desde el campo de la Comunicología –entendida comunicación como “proceso social articulado en torno al fenómeno de compartir, de poner en común, de vincular”–,17 y que teóricos como Jesús Galindo adelantan, con su concepción de que tales cruces e intercambios entre sujetos –la “comunicación interpersonal– constituye el “principio básico de las relaciones sociales”, asociada a “relaciones de comunicación en situación de copresencia en el espacio y en el tiempo (…), interacciones en las que los individuos ejercen influencia recíproca sobre sus respectivos comportamientos, siempre en una situación de presencia física simultánea”.18

Eduardo Vizer, por su parte, asegura que esta modalidad de comunicación, la interacción, no solo instituye la realidad social, sino que da fe de la misma como “escenario contextual en tres dimensiones: la referencial (que otorga sentidos compartidos respecto a los objetos); la interreferencial (entre los sujetos) y la autorreferencial, (a nivel de la construcción del sujeto en tanto individuo social)”.19 En tal sentido, Marta Rizo defiende el criterio de que el proceso interactivo descrito articula la comunicación interpersonal al concepto más holístico de acción social, la “praxis social” –entendida en nuestro estudio como “fusión de la visión positivista de la acción social: ‘maneras de obrar, pensar, y sentir, externas al individuo’–; y la asociada a significados subjetivos, referidos a la conducta propia o de los otros, desde la cual todo conocimiento humano individual inserto en el conocimiento social se basa en las relaciones sociales de producción y transformación de la realidad que han sido fijadas por los propios hombres en un proceso de desarrollo real y material de las condiciones históricas dadas”.20 Tales razonamientos nos aproximan considerablemente a la perspectiva de redes; proyección indagatoria esta que constituye en este caso, el interés esencial.

No menos importante en este tema resulta la tesis de Gabriel Vélez quien nos introduce de lleno en el concepto de redes como: “redes de intercambio”; asegurando que la percepción de las estructuras de relaciones y (…) redes de intercambio, que conforman ciertos grupos sociales de interacción o interrelación estructural de vínculos (…) a partir de los intercambios (…) entre sujetos y organizaciones [pueden] ser expresiones de estructuras de relaciones efectivas más generales de intercambio” 21 (destacado mío) ¿Se trata aquí entonces de redes de relaciones?

Todo lo anterior viene a esclarecernos el campo o escenario de los acontecimientos que manejamos, en términos de las instancias de objetivación posible, y además, nos permite predecir que en el mismo subyacen potencialmente formas de organización y estructura, y movilización políticas hasta ahora imperceptibles, al tiempo que una creciente potencialidad y multidisciplinaria disponibilidad de teorías, métodos y técnicas

susceptibles de ser empleadas para su develamiento.22

En este estudio involucro hasta el momento, el método biográfico (historia de vida: trayectoria, itinerario específico, y puntos de inflexión en este); el método lógico-histórico-dialéctico, y el interaccionismo comunicativo, simbólico y social (praxis). Con la presente aproximación pretendo enriquecer la investigación desde la perspectiva de redes y, además, la noción de crisis política23 –esta última perceptible desde las propias redes personales–; que permitirá profundizar convenientemente ambos estudios de caso, como prerrequisito de su perspectivo estudio comparativo.

 

Definición del campo de estudio: redes de interacciones

En su definición de “campo intelectual”/“cultural”, Pierre Bourdieu precisa que este no debe entenderse como una simple sumatoria de agentes o elementos yuxtapuestos, sino que tales “agentes o sistemas de agentes constituyentes” pueden ser descritos como muchas fuerzas que, por su existencia, combinación o composición, determinan su estructura específica en un momento dado en el tiempo”.24 Lo anterior constituye un valioso punto de partida desde el cual observar y asumir la existencia del grupo de exilio objeto de estudio; a partir de su presencia grupal eventual en el país anfitrión. Se trata de una pequeña comunidad de sujetos (c. 100-150), varones en su casi totalidad, estructurada casuísticamente ante imperativos externos a sus voluntades y de azar –históricos, sociales, políticos–, además, enquistada en un contexto territorial y social ajeno al propio de origen, que legitima la condición de “copresencia en el espacio y el tiempo”; es decir, de “presencia física simultánea”, entre 1930-1933, y por tanto susceptible de ser abordada desde la perspectiva de red; en este caso entendida como experiencia de interacción social en la que los individuos que participan de esta, son guiados a una acción interesada, en última instancia, en la obtención de logros personales.25 En este caso, estructurada circunstancialmente en tiempo y espacio específico y finito en el tiempo –su existencia se limita a la del propio fenómeno que la propició en el país de origen–, y sin que por el momento existan nociones o antecedentes de interacciones directas previas entre el conjunto de sujetos protagónicos.

Esta última circunstancia al parecer refuerza la teoría de Bourdieu respecto a las “posiciones particulares

observables dentro de este tipo de campo; el tipo de participación específica de cada elemento, y su mayor o menor autoridad en el mismo”,26 como resultado de contactos cara a cara o diferidos, que se estructuran a fin de intercambiar, colaborar y lograr consenso en acciones políticas específicas.

El conjunto y la diversidad de estas posiciones y las interrelaciones visibles nos llevan a coincidir con el francés respecto a que estamos en presencia de un “campo relativamente autónomo” y de sujetos que se autorreconocen “independientes; que no reconoce[n] ni desea[n] reconocer ninguna otra obligación que no sea la de las demandas intrínsecas de su proyecto (…)”,27 al tiempo que tales fuerzas pugnan por la autoridad que en diferentes momentos tratan de ejercer sobre el entorno, las situaciones y los sujetos; y resultado de ello revelan una dinámica interna que al decir de Bourdieu, “no es otra que la red de interacciones entre una pluralidad de fuerzas”.28 Esta tesis viene a ser complementada por Dora Laino, quien desde una perspectiva de mayor intimidad y simbolismo asocia estas interacciones entre sujetos en situación de copresencia al plano de lo subjetivo, expresado en valores, ideologías y voluntades potencialmente compartibles entre los sujetos; cuestiones que resultan ser garantes, en su criterio, “de acciones colectivas, en la medida en que hay un involucramiento de cada uno con el otro, un compromiso que sostiene la vigencia de la forma de acción y la convicción que lleva a practicarla.”29 Esta perspectiva resulta de gran interés, no solo por centrarse en especificidades de las acciones colectivas que deberemos atender; también lo es respecto al criterio de que “las continuidades de la acción se pierden cuando los agentes, que son modelos de identificación de los sujetos en proceso de constitución, desertan del seguimiento de las normas.”30 Y no hay duda de que habrá que tener en cuenta, al menos, que este fenómeno existió mientras hubo motivo y consenso entre sus integrantes, respecto a la acción colectiva.

Un último aspecto de interés asociado a la estructura interna de este campo lo constituye la noción de crisis perceptible en el mismo. No hay duda tampoco de que en el origen de este fenómeno extraterritorial jugó un papel importante la aparición de una fuerte crisis política coyunturalmente rutinaria –determinada por deformaciones estructurales sistémicas y multisectoriales, implícitas en el régimen político de tipo “democrático-neocolonial” en la Isla–, y otra crisis crítica, conflictiva, derivada de la movilización social de actores protagónicos en la vida civil, artífices de esta última, como resultado de una coyuntura que había evolucionado hacia la desintegración jurídica –en términos de cancelación de derechos civiles y políticos– y la violencia.

Sin embargo, al margen de estas, aun cuando en ciertos aspectos se reproducen en el colectivo extraterritorial, resulta evidente que la reubicación física de actores que habían desempeñado papeles claves en estas crisis, asentados ahora en la propia potencia neocolonial (Estados Unidos), por su parte, instituye una nueva coyuntura contextual que favorece la aparición de una también nueva crisis (o una tercera crisis crítica simultánea) ahora en el exilio, resultado de la cual los actores protagónicos, representantes de las existentes en el país de origen, la reproducen en su interior en términos de “Reforma” versus “Antinjerencia”: los reformistas interesados por la destitución del dictador Gerardo Machado, y los antinjerencistas interesados, además, en que Estados Unidos cesara su permanente intromisión en los asuntos internos de la Isla, que viene a definir posturas y acciones de perfil divergente y en ocasiones antagónicos.

En este nuevo contexto, estos sujetos despliegan diversas estrategias movilizativas: intercambios políticos, acciones insurreccionales, estrategias y jugadas individuales destinadas a un supuesto interés común de estabilización política e institucional de la sociedad cubana. El grupo allí reunido vino a representar una suerte de grupo de presión a favor de un cambio político en la Isla entre medios oficiales, profesionales, sociales, políticos y académicos del país anfitrión –acción que ratifica el nivel de resolución en que se dirimía tal conflicto–, con lo que al tiempo que diversificó y extendió la crisis nacional cubana al ámbito extraterritorial, no por ello la internacionalizó. Esta se ventiló dentro de la agenda doméstica de Estados Unidos como conflicto bilateral; como contradicción entre la potencia neocolonial y el dictador local, incapaz de controlar la crisis política y social generalizada y creciente en la Isla.

Desde la perspectiva de red aspiramos a identificar con mayor precisión el modo en que se desarrolló esta compleja crisis múltiple en aquel escenario, y la participación de estos agentes en el desenlace; por la situación muy confusa, pero en la que las acciones revelan inicialmente “intereses o motivos mixtos”; componentes de “cooperación y conflicto” de diversa naturaleza, y aun jugadas “autónomas” (actividades tácticas de los protagonistas).31 Estas nociones se identificarán a partir del testimonio de los propios actores respecto de sus actos; análisis de contenido de documentos personales –públicos o privados–; entrevistas, discursos y declaraciones,32 simultáneos todos a la ocurrencia de los sucesos, o muy próximos a estos, conforme establece este proyecto.

Pensamos que luego de haber identificado en investigaciones previas condiciones históricas, políticas y sociales que dieron origen a este fenómeno de exilio poscolonial –aspectos que definen la validez de su estudio–, entonces, como indica Bourdieu, es que el tema, devenido objeto; “adquiere su significado pleno, debido a que puede abarcar la totalidad concreta de las relaciones que constituyen el campo intelectual como sistema”.33 Y es en este momento en el que nos encontramos.

 

El proceso indagatorio y la construcción de los datos

El estudio preliminar sobre el tema deviene sustentación de la presente indagación respecto a los siguientes aspectos: composición; distribución geográfica; organizaciones; publicaciones y actividades.34 Este conocimiento, como advierte Donatello en su estudio, nos obliga a obrar en lo adelante con un adecuado nivel de abstracción; asumiendo que no sabemos cómo terminan cada uno de los acontecimientos incluidos en este lapso de tiempo, aunque lo sepamos.

También, y tomando en cuenta que el fenómeno que nos interesa reviste la peculiaridad de estar localizado en un contexto otro al de los intereses de la mayoría del grupo, y por tanto hasta cierto punto desconectado de la realidad social que le es circundante en lo que al país sede se refiere, considero que además resulta conveniente dedicarle especial atención en la indagación perspectivamente, y de preferencia, a la tipología weberiana de “afecto, tradición, carisma y cálculo racional” como aspectos en este caso “fundamentales para comprender los comportamientos humanos”35 respecto a los acontecimientos examinados. A priori el proyecto intenta dar cuenta de acciones en las que los sujetos involucrados deciden conscientemente sus actos respecto al fin que se proponen, un “hacer con fundamento”, susceptible de favorecer una mejor y más precisa “explicación y comprensión”.36

Es desde la perspectiva siguiente, y a partir del conjunto de elementos que intervienen en el mismo, previamente identificados, que considero posible dejar dibujado el entramado de interrelaciones que se constituyeron al interior de este fenómeno.

Desde las fuentes únicas disponibles –documentos personales (privados) y los personales públicos– fechados dentro del lapso existencial del fenómeno mismo, la estrategia indagatoria estará destinada a identificar y jerarquizar los sujetos protagónicos; reconstruir las trayectorias políticas; identificar áreas de sociabilidad, vínculos y destinos particulares al finalizar el exilio.

La propuesta se orienta, en definitiva, hacia la identificación de heterogeneidades al interior de un conjunto formal y aparentemente homogéneo –cualidad mucho más hipotética que real vista a la distancia de hoy–, estructurado con arreglo al fin común de incidir/participar/modificar la situación política del país de origen desde un ámbito extraterritorial.

Los métodos y las técnicas que proponemos adoptar siguen la metódica de la socióloga argentina Ruth Sautu,37 en tanto se orientan a la construcción de la evidencia empírica desde los datos construidos; “resultado de una teoría y una metodología que los construyeron y les dieron vida”;38 y susceptibles, en nuestro criterio, de ser además empleados perspectivamente en un “análisis interpretativo y razonado” específico de los acontecimientos que, valiéndonos de su empleo flexible, nos permitan “descubrir, crear o desarrollar conocimiento en tal proceso de construcción de la información” como el que aspiramos a concretar en nuestros resultados. El análisis, por su parte, sustentado tanto en la evidencia de las observaciones del investigador como de los informantes o actores que conforman el estudio.39

La propuesta sigue una metodología mixta. De las técnicas cuantitativas, la observación (de escenarios y documentos),40 exploración, conteo, muestreo y elaboración de cuadros y tablas. Según Sautu, procedimientos estos implícitos en la “visión positivista documental” en la que surge el concepto de itinerario que empleamos. De las cualitativas, el análisis –temático y de contenidos– de las fuentes documentales; la exploración bibliográfica; otras técnicas propias del método biográfico, como el estudio longitudinal del trayecto, y el itinerario de vida de los sujetos protagónicos y sus puntos de inflexión. Estos últimos, según Sautu, “instrumentos de medición y análisis, se acercan a las metodologías cuantitativas, aunque el planteo teórico tiene gran afinidad con la definición de las metodologías cualitativas”.41 Esta proximidad en términos de paradigmas deviene altamente provechosa en este caso, si tomamos en cuenta que la perspectiva de redes que estamos introduciendo en nuestro estudio –propia de la Sociología económica–42 pretende beneficiarse de la interacción de fuentes y métodos, en su afán, como ocurre en esta propuesta, por adecuar sus presupuestos a la vida política.43

 

Análisis e interpretación

En materia de análisis e interpretación, este proyecto se propone seguir lo pautado para las metodologías biográficas en general, y a partir de “hitos analíticos”, identificados en el proceso indagatorio, como aspectos que se le revelan al investigador a modo de claves para entender el curso o los giros que toma la vida del sujeto, o los sujetos bajo observación, sustentar el análisis de los sucesos. Además, se tomarán en cuenta las contextualizaciones y argumentaciones explícitas declaradas, así como los silencios y las inferencias; elementos para la observación articulada entre descripción e interpretación. De conjunto, referentes obligados para encauzar el proceso de construcción del nuevo texto elaborado a partir de los datos originales del testimoniante; redimensionarlos, darles expresión o vida literaria o construir un nuevo relato, que en cualquiera de los casos siempre resultará en un texto interpretativo elaborado por el investigador.

Apegados, en este caso, a la propuesta “comprensiva” de Bertaux (1981) y Bertaux Wiame (1993), cuyo interés no se reduce a identificar puntos de viraje en los itinerarios o trayectos de este, sino en el sentido de que a partir de que sean identificados, “llegar a comprender qué pudo llevar a una persona a adoptar un determinado cambio en un contexto particular, y un momento específico”.44

Unido a esto, consideramos “determinantes” en el proceso de análisis, siguiendo la tesis interpretativista de Ruth Sautu –“importancia decisiva (del) contexto histórico en este proceso”– las circunstancias históricas, ideológicas, políticas, y otras, que rodean las acciones específicas de los sujetos; los acontecimientos referidos en los documentos, y, por consiguiente, las fuentes mismas;45 tesis que la socióloga denomina “Método biográfico cualitativo ‘interpretativo’ ” (1999), y confiere importancia “decisiva” en su criterio, al contexto histórico en el proceso de análisis, obligadamente de carácter “cualitativo”.46

 

Resultado previsto

El primer resultado de esta propuesta indagatoria confirmaría la validez del enfoque de redes para develar nuevos conocimientos dirigidos a la mejor comprensión del fenómeno del exilio político cubano bajo estudio, desde la perspectiva de los actores, y como complemento de estudios precedentes. Consustancial a esto, la pertinencia de la estrategia de comunicación interpersonal articulada a la metodología biográfica igualmente puesta a prueba en esta etapa.

El nuevo texto interpretativo a que aspiramos, como resultado inmediato de esta indagación, será una versión enriquecida y aumentada, multidisciplinar y pluriparadigmática del resultado parcial de corte histórico-antropológico que disponemos hasta el momento para este exilio poscolonial de 1930-1933, sustentado en la nueva percepción, de que efectivamente como señalan los historiadores, aunque les resulte difícil lidiar con el problema, “los individuos forman parte (importante, diría yo) del entramado que conforman los fenómenos históricos” que intentamos conocer.

Luego de la aplicación de igual estrategia a semejante experiencia en su versión de 1935-1936, dispondremos de un conocimiento suficientemente profundo de las especificidades del fenómeno en su conjunto –requerimiento indispensable que nos permitirá transitar hacia la “comparación” como técnica indagatoria privilegiada de la Sociología Histórica–, en calidad esta última de fase conclusiva.

 

Conclusiones

La defensa de las redes sociales, como opción epistémica crítica –desde un conocimiento situado (e.g. conocimiento construido desde actores protagónicos subyugados, cuyas ideas se mantienen aún subsumidas)– que devino eje y fundamento de este trabajo propositivo, apela sin duda al “posicionamiento” en una práctica científica “capacitada para las luchas ideológicas”,47 como alternativa académica antihegemónica,48 que se ha tornado en punto intermedio, de viraje en esta investigación en proceso.

Sin duda, se trata de una estrategia no suficientemente explorada del empleo de redes para este u otros estudios sociohistóricos, y, por tanto, el presente intento deberá contribuir en alguna medida, además, a esclarecer su operacionalidad posible y evaluar su potencial utilidad y pertinencia conceptual metodológica y analítica, al menos respecto al tema propuesto.

En este sentido, uno de los mayores inconvenientes operacionales que señalan hasta el momento los académicos para el estudio que se sustenta en las redes como objeto radica en “las escasas herramientas de que dispone el historiador para analizar un objeto que no proviene de su tradición disciplinaria”.49 Nuestro proyecto, que adopta la perspectiva multidisciplinar –combinada la comunicación interpersonal, la metodología biográfica y sus técnicas o herramientas sociológicas para la construcción de los datos– permite presuponer que este traslado de paradigmas constituirá un importante conjunto de opciones “nuevas” –o al menos “otras”–, estratégicamente articuladas y orientadas a subsanar tal inconveniente mayor declarado para otro campo disciplinar. También, si tomamos en consideración que la propia naturaleza del exilio –fenómeno eventual y finito en el tiempo– se ajusta como guante al presupuesto de que el estudio de redes tributa de preferencia al conocimiento de una modalidad específica de fenómeno de interacción social determinada por “relaciones activadas en un momento dado, y según da cuenta la fuente utilizada”,50 esta estrategia se convierte convenientemente en prometedor recurso para esta indagación.

Todo lo anterior permite augurar una profundización mayor, al detalle, de las realidades estudiadas, complementando el acumulativo conocimiento construido en diferentes momentos previos de la indagación. Vencidas las etapas anteriores, la articulación visible y reiterada de causa y efecto en el comportamiento evidente del fenómeno desde su dinámica socioinstitucional y el limitado espacio histórico-político-social de su durabilidad que lo caracterizan se hace evidente que el objeto de estudio reclama la “comparación” como técnica de análisis conveniente para mayores esclarecimientos y nuevos conocimientos, a partir de unidades de análisis seleccionadas con este fin. Hacia esto se orienta perspectivamente el estudio, previsto que esta técnica privilegiada de la sociología histórica, la comparación, se articule en dos niveles indagatorios: uno estratégicamente orientado al análisis de la estructura institucional política, jurídica en perspectiva histórica, en la República neocolonial cubana de la etapa tratada, y la segunda, generalizadora, al tiempo que comparativa, que permita identificar regularidades y discontinuidades en los respectivos movimientos de exilio identificados.

Se prevé que la nueva estrategia sea en parte del tipo “analítico”, a partir de identificaciones de variables independientes destinadas a explicar acontecimientos o patrones comunes o contrastantes en el fenómeno, según los resultados particulares obtenidos; y por otra, de tipo “ilustrativo”, desde categorías que expliquen –o al menos ilustren– los acontecimientos a partir de las estructuras y funcionamiento de las instituciones políticas en la Isla; sus causales.

Por último, debe tomarse en consideración que el itinerario indagatorio que hemos seguido, y proponemos continuar en su trayecto final, es absolutamente inédito, original. Ha tomado en cuenta el obligado carácter microsocial para la estrategia indagatoria; el carácter inductivo para la construcción de los datos, y su aplicación a un objeto de estudio desprovisto de investigación previa a la presente; que se operacionaliza en esencia con fuentes primarias –publicadas o de archivos–, y que estas constituyen en su casi totalidad, documentos personales.

El texto final deberá introducir los resultados alcanzados por esta vía, de manera armónica, a fin de sustentar y demostrar las generalizaciones históricas y sociales que han quedado develadas a lo largo del proceso. Merece recordar en este punto la aseveración de uno de los sociólogos americanos pioneros del empleo y la defensa de las metodologías biográficas para el estudio de fenómenos sociales en nuestro continente, Francisco Marsal, en su revelador texto “Historias de vida y ciencias sociales” (1974), cuya vigencia y pertinencia ha estado presente permanente y holísticamente, en el espíritu de nuestro trabajo:

 

“Nada de lo científico es permanente ni definitivo (…). Eso quiere decir que una perspectiva distinta en materia de representatividad o un cambio en la lógica científica quizás en lo futuro replanteen el valor de los documentos personales en obvio elemento de prueba”, Francisco J. Marsal (1974), “Historias de vida y ciencias sociales”.

Apéndice en: Hacer la América: autobiografía de un emigrante español en la Argentina.51

 

Notas

1Ruth Sautu (compilador): El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actore,. 2da. ed., Buenos Aires, Ediciones Lumière, 2004.

2 Informaciones reveladas en: “Cuba: exilio sin historia” (1996); “Cuba: La imagen olvidada. El exilio político cubano en Estados Unidos, 1926-1958” (1997); “Cuba, siglo XX: Exilio e historia” (2000); “Cuba: vanguardia intelectual y exilio político (1930-1936)” (2006); Escapé de Cuba. El exilio neoyorquino de Pablo de la Torriente Brau (marzo, 1935-agosto, 1936), (2008); “La ‘Centuria Guiteras’: de Nueva York al frente de Jarama, 1937” (2010).

3Theda Skocpol: “Estrategias recurrentes y nuevas agendas en sociología histórica”. Waldo Ansaldi (compilador), Historia, sociología, sociología histórica, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1994.

4Theda Skocpol: Ob. cit., p. 152.

5Ibídem, p. 153.

6Los estudios de caso son: Fernando Ortiz, en su exilio de 1931-1933; y Pablo de la Torriente Brau, en el segundo suyo, de 1935-1936.

7 Invariablemente en nuestro trabajo hemos seguido al historiador Charles Morrissey respecto a su criterio de que los documentos escritos en el momento en que se desarrollan los acontecimientos de los que se da cuenta proporcionan las pruebas más confiables. (Ronald J. Grele, Ed. Envelopes of Sound. Precedent Publishing Inc., Chicago, Illinois, 1975, p. 1.) En consecuencia, optamos por diferenciar lo que entendemos como “testimonio” propiamente, consustancial a esta condición de simultaneidad respecto al acontecimiento referido por el sujeto participante-testimoniante, de lo que en nuestra opinión sería “memoria”; una referencia construida a partir del recuerdo –es decir una construcción de recuerdos de épocas lejanas–, susceptible a mediaciones de todo tipo, que algunos autores, no obstante, consideran indistintamente como “testimonio”.

8Doctor en Sociología, Universidad de Buenos Aires-Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Especialista en sociología política; ha investigado cuestiones relativas al militantismo revolucionario, los católicos en política y las élites desde una perspectiva de análisis de redes y trayectorias. Imparte clases en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional del Litoral y es investigador del CONICET (CEILPIETTE).

9Luis Miguel Donatello: “Estudio de redes sociales: entramados de relaciones y constitución de colectivos”, Seminario virtual Clacso, Metodología de la investigación social: actores, estructuras y procesos políticos (1105), clase 4, p. 4.

10Ídem, p. 5.

11Marta. Rizo García: “Leonor Arfuch. El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea”, Reseña. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales. Universidad Nacional Autónoma de México, enero-abril, 2004. Disponible en la hemeroteca científica en línea en ciencias sociales, RedALyC: http://www.redalyc.org

12Ídem.

13Ricardo Melgar Bao: Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940, primera edición en español en versión digital, Libros en Red, 2003, http://www.librosenred.com

14Luis Roniger: “Exilio político y democracia”, América Latina hoy, Universidad de Salamanca, no. 55, 2010, pp. 143-172.

15Luis Miguel Donatello, ob. cit., p. 6.

16Ídem.

17Marta Rizo García: “Comunicología y comunicación interpersonal. Reflexiones sobre un objeto olvidado en

el campo académico de la comunicación”. Revista Comunicología@: indicios y conjeturas. Publicación electrónica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana de Ciudad México. Segunda época, no. 9, Primavera 2008. Disponible en: http://revistacomunicologia.org/index.php?option=com_content&task=view&id=226&Itemid=89

18Jesús Galindo: “Oralidad y comunicación. Exploración desde las humanidades de un objeto de la comunicología”, 2005. http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm

19Eduardo A. Vizer: La trama (in)visible de la vida social. Comunicación, sentido y realidad, La Crujía ediciones, Buenos Aires, 2003.

20 Marta Rizo García: “El camino hacia ‘La nueva comunicación’. Breve apunte sobre las aportaciones de la Escuela de Palo Alto”. Academia de Comunicación y Cultura, Universidad de la Ciudad de México. http://www.geocities.com/mrizog

21Gabriel Vélez Cuartas: “Exploración de las relaciones entre redes sociales y comunicación”, Universidad de Antioquia, Colombia, s/f., disponible en: http://www.geocities.com/gabrielvelezcuartas

22Pilar González Bernaldo de Quirós: “La ‘sociabilidad’ y la historia política”, en: E. Pani y A. Salmerón (Coord.). Conceptuar lo que se ve. François-Guerra, historiador, homenaje, México, Instituto Mora, 2004, pp. 419-460. Uno de los mayores inconvenientes que señala esta autora para el estudio de propuestas que se sustentan en las redes (o la sociabilidad) como objeto “proviene de las escasas herramientas de que dispone el historiador para analizar un objeto que no proviene de su tradición disciplinaria”. Quizás al modificar en nuestra propuesta la disciplina, y por tanto se diversifican las herramientas, y tal inconveniente sea disminuido. También, si tomamos en cuenta que justamente el interés nuestro se circunscribe a “relaciones activadas en un momento dado, y según da cuenta la fuente utilizada”, problemática típica de los estudios de redes, tales dificultades queden anuladas o disminuidas considerablemente en este caso. Tales inconvenientes devienen fortalezas de mi propuesta.

23Crisis política es una categoría particular asociada a las movilizaciones que afectan simultáneamente a varias esferas diferenciadas de una misma sociedad; concebida además como proceso social que puede conducir a rupturas en el funcionamiento de las instituciones políticas, o al menos amenazan su persistencia.

24Pierre Bourdieu: “Campo cultural y proyecto creativo”, en: http://www.newsblog.e-pol.com.ar

25Pilar González Bernaldo de Quirós: Ob. cit. Precisa la conveniencia de distinguir “sociabilidad” –que remite a prácticas sociales que ponen en relación individuos con vínculos afectivos compartidos, cohesión, e intereses comunes, entre otras cuestiones–, de las “redes”, que denomina del tipo egocéntricas (también denominadas personales, Molina González, 2005), y entiende remiten a espacios de interacción social, que no implica que todos los miembros que participan de ella compartan sociabilidades del tipo antes descrito. Tal diferenciación conduce, en su opinión, a problemas diferentes y por tanto a construcciones también diferentes de tales objetos de estudio. Tal diferenciación resulta de gran utilidad para la sustentación de nuestra propuesta de estudio.

26Ídem.

27Ídem.

28Ídem.

29Dora Laino: “Reflexiones psicosociales a partir del Pensamiento de J. Habermas”. Cinta de Moebio, no. 15. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, diciembre 2002, disponible en: http://www.moebio.uchile.cl/15/frames06.htm

30Ídem.

31 Cintia Rodrigo: “El estudio sociológico de situaciones de crisis política: elementos conceptuales y técnicas para analizar “sucesiones de jugadas” en contextos de incertidumbre estructural”. Seminario virtual Clacso, Metodología de la investigación social: actores, estructuras y procesos políticos (1105), clase 7, p. 4.

32Ídem.

33Pierre Bourdieu: Ob. cit.

34 Ver nota 2.

35Luís Miguel Donatello: “Estudio de trayectorias: entre la ilusión biográfica y la quimera de la ruptura, entre la prosopografía y el método biográfico”. Seminario virtual Clacso, Metodología de la investigación social: actores, estructuras y procesos políticos (1105), clase 5, p. 5.

36 Ídem.

37Ruth Sautu: Manual de Metodología, Buenos Aires, Clacso, 2005.

38Atilio Borón: Prólogo, en: Ruth Sautu, Manual de Metodología, ed. cit., p. 14.

39Ruth Sautu (comp.): El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores, ed. cit., p. 41. Método de análisis razonado a partir de los hechos observados.

41Ruth Sautu (comp.): El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores, ed. cit., p. 33.

42Fue desarrollada por Mark Granovetter. Se centra en aspectos de interacción a pequeña escala: la fuerza de los vínculos débiles y su pertinencia para la vida política. “The strength of weak ties”, American Journal of Sociology, vol. 78, no. 6, 1973, pp. 1360-1380.

43Luis Miguel Donatello: “Estudio de redes sociales: entramados de relaciones y constitución de colectivos”, Seminario virtual Clacso, Metodología de la investigación social: actores, estructuras y procesos políticos (1105), clase 4, p. 1.

44Citado en Ana Lía Kornblit: “Historias y relatos de vida: una herramienta clave en metodologías cualitativas”, en: Ana Lía Kornblit (coordinadora), Metodologías cualitativas en ciencias sociales. Modelos y procedimientos de análisis, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2004, pp. 22-23.

45Ruth Sautu: “Estilos y prácticas de la investigación biográfica”, en: El método biográfico. La reconstrucción de la sociedad a partir del testimonio de los actores (Ruth Sautu, compiladora), ed. cit., p. 24.

46Ídem.

47La propuesta de Haraway, que entre otros aspectos propone “ver fielmente desde el punto de vista del otro…” por el momento, más que una nueva epistemología, constituye una suerte de código de ética científica; una propuesta a seguir por los interesados en la contrahegemonía académica. Como se apunta en el texto, una “perspectiva ética y política de la ciencia”, susceptible de ser articulada en metodologías tradicionales, y con la pericia necesaria, en los cánones de la ciencia tenida como “hegemónica”, potenciando, al mismo tiempo, una potente “contrahegemonía” desde dentro de este campo. Haraway, D.J.: “Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial”, 1995.

48Los enfoques hegemónicos en el estudio de los exilios políticos latinoamericanos han surgido como resultados del interés académico por este tema en décadas recientes. Sus más destacados estudiosos por el momento son, en primer término, Pablo Yankelevich, en México (coord.: México, país refugio: la experiencia de los exilios en el siglo XX , 2002, entre muchos otros) y Luis Roniger, en Estados Unidos (“Antecedentes coloniales del exilio político y su proyección en el siglo XIX”, 2007, coautoría; y “Exilio político y democracia”, 2010), quienes enfocan sus análisis desde la perspectiva de los desajustes entre el ejercicio del binomio democracia-derechos ciudadanos en las sociedades de la región. Ello les lleva a concluir que el exilio viene comportándose, examinadas las experiencias asociadas a las dictaduras de la década de los setenta en esta zona, como una condición o requisito de gobierno para los regímenes dictatoriales. Walter Mignolo (“Un paradigma otro: colonialidad global, pensamiento fronterizo y cosmopolitismo crítico”, 2002), por su parte, aun postulando una supuesta geopolítica del conocimiento, considera la emigración cubana hacia Estados Unidos con posterioridad a 1959, parte de la problemática migratoria regional Norte-Sur. Pretendo con mi enfoque revelar la lógica oculta de la colonialidad, tanto en el fenómeno como del saber académico que se interesa por este tema, o lo incluye en sus agendas tangencialmente.

49Ver nota 21.

50Ídem.

51 Citado en: Lourdes de Urrutia Torres y Graciela González Olmedo (comp.) Metodología, métodos y técnicas de la investigación social III. Selección de lecturas, Editorial Félix Varela, La Habana, 2003, p. 173.

 

 

 

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Ana M. Suárez Díaz. (La Habana, 1946), Licenciada en Historia del Arte y Doctora en Ciencias de la Comunicación Social, en la Universidad de La Habana (1976, 2010). Investigadora titular en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (Icic) y profesora auxiliar de la Universidad de La Habana (2004-2008). Dirigió el proyecto de investigación “Cuba: exilio y nación” (1995-2015) con varios resultados publicados: Escapé de Cuba. El exilio neoyorquino de Pablo de la Torriente Brau, 1935-1936 (La Habana, 2008); Félix Varela Morales: exilio y obra religiosa, 1824-1850, Bio-bibliografía crítica (La Habana, 2012); Sátira y choteo. La caricatura política de Julio Girona (Matanzas, 2017) y “Paréntesis norteamericano de Fernando Ortiz” (resultado final, 2015). Ha impartido conferencias sobre sus investigaciones en Cuba y el extranjero; también ha publicado sus resultados en revistas especializadas de Cuba, y arbitradas de México y Brasil. Es miembro de la Asociación de Escritores de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

 
 
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