Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
22  agosto - diciembre 2017

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Rubén Martínez Villena y el Buró del Caribe  
Caridad Massón Sena

Rubén Martínez Villena and the Caribbean Bureau

 

Resumen: El dirigente comunista Rubén Martínez Villena tuvo una relación conflictiva con algunos miembros del Buró del Caribe de la Comintern, a partir de las valoraciones negativas de estos sobre el trabajo desarrollado por el Partido Comunista de Cuba durante el proceso revolucionario de los años 30 del siglo XX y la imposición de directrices políticas que consideraba no eran las más adecuadas. Este artículo analiza las circunstancias en que ocurrieron esos debates, sus características y los resultados de los mismos para la realidad que vivía el país en esos momentos.

Abstract: The communist leader Rubén MartínezVillena had a conflictive relationship with some members of the Caribbean Bureau of the Comintern, based on their negative evaluations of the work carried out by the Communist Party of Cuba during the revolutionary process of the 30s of the 20th century and the imposition of political guidelines that he considered were not the most appropriate. This article analyzes the circumstances in which these debates took place, their characteristics and the results of the same for the reality that the country was experiencing at that time.

Palabras claves: Buró del Caribe de la Internacional Comunista, táctica “clase contra clase”, imperialismo.

Key words: Caribbean Bureau of the Communist International, tactic “class against class”, imperialism.

 

1Las relaciones entre Rubén Martínez Villena y los representantes del Buró del Caribe de la Internacional Comunista pudieran calificarse de conflictivas, hecho que se hizo más palpable a partir de la irrupción, casi permanente, de varios de estos en la vida partidista cubana, al estallar el movimiento revolucionario del año 1933.

En la Primera Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina, efectuada en Buenos Aires en 1929, se acordó la fundación de un Buró del Caribe. Inicialmente se pensó en darle sede en México, pero finalmente fue en la ciudad de Nueva York donde se radicó en 1930 y el Partido Comunista (PC) de Estados Unidos fue su principal sostén.

A su paso por esa urbe norteamericana, en camino hacia la Unión Soviética con la pretensión de llevar un tratamiento para la tuberculosis y trabajar en algunos de los organismos auxiliares de la Comintern, Villena se reunió con varios de los que serían principales dirigentes de dicho buró: Earl Rusell Browder,2 Alexander Bittelman,3 Ricardo Martínez4 Alberto Moreau5 entre otros.

A Browder y Bittelman les expresó su inconformidad con los métodos de trabajo empleados para transmitir los avisos internacionales y su criterio de que el movimiento comunista norteamericano debía ser más activo en su solidaridad con el pueblo cubano.6 Al mismo tiempo, sobre Ricardo Martínez, Villena se llevó una pésima impresión, y esto se puede constatar por las cartas dirigidas a la dirección del Partido en Cuba y a su compañera Asela Jiménez, opinión que se reafirmó durante su estancia en la URSS.

El venezolano había logrado cierta influencia en los ámbitos “cominteristas”, pues la corporación obrera que dirigía, integrada por compatriotas emigrados, había llegado a afiliarse a la Federación Americana del Trabajo y por eso había sido nombrado miembro del Consejo de la Internacional Sindical Roja (Profintern).

Villena tenía serias reservas sobre la actuación anterior de Ricardo, pues conocía que había acusado de trotskista a Julio Antonio Mella. Consideraba a Martínez un aventurero, sin opinión propia, repetidor de lo que decían los documentos y los jefes; un tipo mezquino, nocivo, desleal y contrarrevolucionario.7 Al final, también impidió que Rubén ocupara la vacante designada para Cuba en el Consejo Latinoamericano de la Internacional Comunista (IC) porque “estaba enfermo y esperarían a que se nombrara un nuevo representante”.8

En reuniones celebradas en Moscú, el italo-argentino Vittorio Codovilla le pidió a los líderes cubanos que prestaran más atención a los consejos del PCEU, con lo cual Rubén no estuvo de acuerdo. Villena consideraba que estos se desenvolvían en un medio muy diferente y no comprendían sus decisiones ni métodos de accionar, afirmando que serían “las luchas de los pueblos de América Latina las que harían variar la mentalidad de la clase obrera y el pueblo norteamericanos”.9

A su retorno a Cuba, Villena tuvo que detenerse transitoriamente en Estados Unidos, a donde llegó a fines de noviembre o principios de diciembre de 1932. Allí lo esperaba ansioso Leonardo Fernández Sánchez para comunicarle que estaba a punto de publicarse en el periódico Mundo Obrero (órgano del Buró del Caribe) un artículo con expresiones despectivas hacia Julio Antonio Mella.10 Inmediatamente, pidieron una reunión para aclarar el asunto. Villena, en su carta del 9 de diciembre, le cuenta a su esposa Asela Jiménez lo ocurrido:

"He tenido ya —no discusiones, porque aquí nadie me discute excepto Vit. cuando le es posible—, pero conversaciones, especialmente con Mov. (autor del párrafo), en que los he inculpado y les he dicho —en términos marxistas de la autocrítica que estos usan para nuestro Partido— frases que por primera vez han oído sobre su trabajo. Pero Mov. está arrepentido, creo que sinceramente, ahora tiene una enorme curiosidad por conocer el artículo que el Buró me ha encargado escribir para el número de enero, precisamente sobre Mella. Por supuesto, yo sé de dónde y de quién personalmente viene el odio contra Mella, que ha provocado esa opinión en el Buró. Él me mira, me sonríe, etcétera, pero con un gran recelo y con una contenida intención dañina (…). Al fin, quité uno de los párrafos, y modifiqué otro. Pero esta es la primera fase de la batalla".11

Luego de su intervención en el asunto, salió efectivamente en Mundo Obrero de diciembre de 1932, la siguiente referencia sobre el líder estudiantil cubano:

"Mella fue el exponente de un período del movimiento revolucionario en los países del Caribe, con el heroísmo y la inmadurez del movimiento de esa época. Mella, asesinado por orden de los lacayos del imperialismo en plena juventud, no pudo terminar su formación como luchador leninista. Su folleto contra el Apra —un documento de lucha contra el nacional– reformismo en América Latina— es prueba de esto. Pero el movimiento revolucionario proletario y nuestros partidos han continuado su evolución y van sobrepasando los errores de una época (oscuridad sobre el carácter de la revolución, desconocimiento del rol hegemónico del proletariado en la revolución antifeudal y antimperialista, etc.) y en la lucha todavía necesaria contra estos errores que persisten, tienden a convertirse en verdaderos partidos bolcheviques. Mella, no obstante sus errores, que eran el reflejo de errores propios del período en que luchó, pertenece por derecho propio a la clase obrera, como uno de los “pioneros” del movimiento comunista en los países del Caribe (…).12

Rubén, que conocía muy bien las proyecciones políticas de Mella, su entereza de carácter y concepciones ideológicas, caracterizó aquella acción que pretendía enlodar la imagen continental del destacado dirigente comunista como su “segundo asesinato”.

El joven poeta regresó clandestinamente a Cuba en mayo de 1933. Apenas transcurridos unos días, se recibieron instrucciones del Buró del Caribe referidas a la respuesta que el Partido Comunista de Cuba (PCC) debía dar ante la existencia de guerrillas armadas en zonas rurales. El mensaje planteaba que la “demanda de la toma de la tierra entre los campesinos a través de la fuerza de las armas” era incorrecta, “una grave desviación putchista”, porque en la Isla “no existía una situación revolucionaria” para el comienzo de la revolución agraria y antimperialista y consideraba inconveniente presentarles a los alzados el lema de la “liberación nacional”, en vez de la “revolución agraria y antimperialista”. La fórmula era penetrar el movimiento armado para “darle un carácter antimperialista y antifeudal preparando a las masas para las luchas decisivas contra el imperialismo, la burguesía y los terratenientes sobre la base de sus reivindicaciones inmediatas”.13 Pero los sucesos se precipitaron. La extensión de una huelga iniciada en la rama del transporte, el desarrollo de una potente actividad opositora contra la dictadura de Gerardo Machado, la actitud mediadora del embajador norteamericano en La Habana, Sumner Welles, y el descontento en ascenso que incluso alcanzaba varios sectores militares, previnieron al Buró del Caribe acerca de la existencia de una situación crítica en el país y de la necesidad de enviar a uno de sus representantes, Alberto Moreau, Mariano, quien estuvo por poco tiempo.

El 2 de agosto, el secretariado del PCC analizó la posibilidad de hacer un llamamiento invitando a todos los trabajadores a unirse a la huelga comenzada en los ómnibus a favor de varias reivindicaciones económicas. Dos días después, se congregó de nuevo, esta vez con la presencia de Joaquín Ordoqui, Silva;14 José Felipe Chelala, Emiliano;15 Isidro Figueroa, Sampedro;16 Jorge Abilio Vivó, Pablo;17 Rubén Martínez Villena, Julio, y Alberto Moreau, Mariano, quienes acordaron enviar a varios militantes al interior del país y redactar un nuevo manifiesto sobre la situación existente, en el cual se declaraba que la huelga era solo un paso hacia la revolución, no la revolución misma, pues no existían condiciones internas ni externas para el triunfo; que a Machado solamente se le podía derribar con la insurrección armada popular y que, en esos momentos, no contaban con el aprovisionamiento logístico necesario. No se debía hacer juego a la oposición, que solo quería un cambio de presidente que garantizara la continuidad de sus negocios.18

Ante tal convencimiento, un grupo de dirigentes decidió enviar una delegación para realizar contacto con el gobierno para conocer cuáles eran las pretensiones de Machado, quien los había invitado a conferenciar. El presidente y sus representantes les aseguraron que aceptarían los principales reclamos de los trabajadores a cambio del retorno al trabajo.

Pero, ulteriormente, ocurrió la masacre del 7 de agosto cuando una emisora ilegal anunció la noticia falsa de que Machado había renunciado y el ejecutivo dio la orden de responder con fuego a la manifestación que festejaba su supuesta huida. Aunque Villena no había estado entre las personas que habían decidido la reunión con el gobierno, sí convocó a la dirección del Partido para asumir un dictamen definitivo. Era una magnífica oportunidad para obtener las demandas y debilitar a Machado —pensaba—. Las empresas transportistas prometían ceder ante los trabajadores, por lo cual se debía volver al trabajo paulatinamente. En esos precisos momentos llegó un cablegrama del Buró del Caribe con términos muy confusos, y del cual se interpretó que no debían lanzarse a las acciones decisivas.

Dos días después, el 9 de agosto, en las discusiones del secretariado, en las cuales tomaron parte Villena, Julio; Ordoqui, Silva; Alfonso González Guerra, Felipe;19 Aníbal Escalante,20 José; y Alberto Moré Tabío, Pedro Leiva (de la Liga Antimperialista),21 se valoró el peligro de la intervención norteamericana, la influencia del ABC y los reformistas en la huelga, la realización de asambleas con los trabajadores para plantear el regreso al trabajo, y para esto se le encargó a Felipe que fuera a encomendarle dicha tarea a César Vilar,22 Pi, secretario general de la Confederación Nacional de Obreros de Cuba (CNOC).

En un segundo encuentro de ese mismo día con la participación asimismo de Isidro Figueroa, Sampedro; José Chelala Aguilera, Emiliano; Blas Castillo, Maldonado; y el norteamericano Alberto Moreau, Mariano, se planteó la necesidad de atender en la huelga el sector tabacalero, la segunda industria del país, e incrementar la actividad de la Liga Antimperialista.23

Aunque las actas están incompletas, a partir del testimonio de Joaquín Ordoqui se ha podido conocer que, por aquellos días, se produjeron debates muy fuertes acerca de los límites hasta los cuales debía extenderse la huelga. Vivó y Felipe González argumentaban sobre la posibilidad y el peligro que podía constituir una insurrección en esos momentos, por lo cual recomendaban hacer regresar de inmediato los obreros a sus labores; pero Rubén, quien sostenía que su propósito era la construcción del socialismo en Cuba, consideraba que aún no era el momento adecuado y sugirió la vuelta, poco a poco, a medida que se fueran solucionando las demandas, para que, de esa forma, no se ayudara a la oposición burguesa a alcanzar sus objetivos. Sin embargo, al consultar a las masas trabajadoras, estas se negaron a seguir sus consejos y les trasmitieron su determinación de no detenerse hasta que el gobierno cayera.24

El 11 de agosto Villena, Ordoqui, Aníbal, Moré y Blas Castillo recibieron información del movimiento de tropas sobre el Palacio Presidencial acerca de las exigencias de Welles para que Machado dimitiera y las amenazas imperialistas de intervención. Ante la posibilidad real de la renuncia del dictador, acordaron prepararse para hacer demostraciones populares tan pronto como el tirano abandonara el poder; manifestaciones en las cuales se debía reclamar su fusilamiento y el de sus principales colaboradores, la disolución de sus fuerzas represivas, la negativa a pagar las deudas a la banca norteamericana, la abolición del impuesto de consumo, la distribución de los bienes del tirano entre los desempleados, etc. Se valoró también que no le habían dado suficiente fuerza a la consigna de gobierno soviético y la necesidad de luchar por conquistar la legalidad, así como pedir a otros países un incremento de la solidaridad con el pueblo cubano.25 Al día siguiente, Machado huyó y se instauró un nuevo poder de la oligarquía presidido por Carlos Manuel de Céspedes (hijo), que no tomó medidas para mejorar las condiciones de vida del pueblo.

La dirección del PCC creyó necesario preparar una reunión de su Comité Central y para esto convocó al secretariado los días 26 y 27 de agosto. En esta junta —cuenta Juan—, se vio claro que el estado de salud de Julio, que era gravísimo, en mucho influía en su intransigencia política y que estaba amargado contra los órganos dirigentes internacionales. La no llegada de nadie del BC (Buró del Caribe) durante estos días graves condujo a un menosprecio hacia el BC. “Vendrán después como sabios a criticar”, esto es(tá) a flor de labios de los compañeros.26 A partir de este momento, y hasta finales del año 1933, prácticamente no hubo una reunión de las instancias directrices centrales del PCC —que fueron numerosas— en que no participara, al menos, un delegado extranjero. Las actas reportan la presencia de Alberto Moreau, Mariano; Mendel N. Mijrovsky, Juan El Polaco;27 Simón y Pedro, El Canadiense.28 En una ocasión, los testimonios utilizados aseguran que Ricardo Martínez también estuvo en Cuba por esos días, pero por poco tiempo.

Los días 29 y 30 de agosto con la presencia de 16 compañeros se realizó una asamblea del CC en la cual debían acordarse los puntos a tratar los días subsiguientes en una convocatoria al V Pleno con dirigentes y militantes de base de todo el país. En ambos eventos participaron Mariano, Juan y Pedro, a nombre del Buró del Caribe del Internacional Comunista, del Internacional Sindical Roja y la Internacional Juvenil Comunista.29

Tratamos de reconstruir a través de actas, documentos y alegaciones personales de qué modo ocurrieron las principales intervenciones, discusiones y acuerdos de ambas asambleas.30

En la primera, Joaquín Ordoqui, Silva, hizo un recuento de los sucesos que habían acaecido los primeros días de agosto, destacando el trabajo realizado para lograr el frente único entre los obreros de ómnibus, ferrocarriles, puertos e industrias y enviando a varios compañeros a los centros laborales y a diferentes municipios; cómo el secretariado había acordado llamar a una huelga general de cuarenta y ocho horas el día 3 y luego se dio cuenta de que ya no hacía falta la exhortación porque, de hecho, el paro era total; que se habían hecho varias juntas en el secretariado y, sin embargo, había prevalecido la desconexión entre estos y los miembros del Comité Central de la huelga. Explicó que en efecto se había tomado el acuerdo de atender las peticiones del gobierno, pedir el restablecimiento de las garantías y apoyar una huelga en la bahía. Que a esa reunión no pudo asistir Villena, pero cuando se enteró de lo acordado, orientó que debía informarse de las decisiones a los dirigentes de la huelga, pero la propuesta demoró en ser ejecutada.

Ulteriormente, en su alocución, Martínez Villena puntualizó los aspectos organizativos que, a su juicio, golpearon el desempeño del paro: la inexistencia de una fracción comunista dentro del Comité de Huelga, la falta de coordinación entre el Comité Central del Partido y el Comité Central de la Huelga, el envío de los miembros del secretariado hacia los centros de trabajo, la convocatoria en una sola ocasión al CC del PC, mientras se celebraban juntas oficiales y extraoficiales en otros lugares, el escaso trabajo en las células de base, la falta de ordenamiento, la poca propaganda escrita, y la actitud caprichosa del secretario general (Vivó), que utilizó métodos incorrectos de control y cometió errores que motivaron otro problema: que el secretariado y el buró no se reunieran para considerar si se debía o no ir al contacto con el Presidente.

Para él, la huelga no había tenido por objetivo destronar a Machado. Al obtener las demandas por la que había estallado, seguir con el paro habría conducido a que el movimiento obrero perdiera su independencia y, de hecho, un apoyo a Welles cuya misión era sacar al tirano de su puesto al menor costo posible. Asevera que indudablemente el paro había influido en los acontecimientos, pero que lo determinante había sido la presión del ejército. No se llamó a todos los obreros a regresar al trabajo —rectifica—, sino a los camioneros, que ya habían conseguido sus reclamos. En realidad tuvieron miedo de las acciones del ABC, que los amenazaba con bombardear los centros obreros que se incorporaran a sus labores. Entendía que había existido una situación magnífica para llevar adelante el movimiento huelguístico, aunque pensaba que detrás de eso no podía estar la toma del poder, porque no existía una situación revolucionaria. Entendió que en esos instantes no se podía establecer un gobierno de obreros y campesinos y que la idea de derrocar al gobierno con una huelga era un pensamiento de origen anarcosindicalista. Sin embargo, en la asamblea de trabajadores, estos plantearon que sí había posibilidades de derrocar al dictador y tuvieron que rectificar.

Ante estos criterios, Juan El Polaco lo interrumpió para declarar que su opinión era una “grosera subestimación de la huelga general”, y que su teoría de mantener a Machado como un “mal menor”, la consideraba muy extraña. Ordoqui declaró estar en contra de las “apreciaciones y palabritas” de los representantes del Buró del Caribe y Villena replicó que Lenin había dicho que, a veces, se debía escoger entre varios eventos aquel que se considerara el de consecuencias menos negativas. Con la sinceridad que lo caracterizaba, Rubén acusó a Vivó de establecer una dictadura personal, paralela a las determinaciones que tomaba el secretariado, lo cual provocó que se diera la orden de la vuelta al trabajo de una forma diferente a como se había acordado y propuso su separación del cargo de secretario general.

Por su parte, Vivó tomó la palabra para señalar que se había lanzado la idea del regreso teniendo en cuenta las informaciones que traía José Antonio Guerra, Matienzo, noticias “impregnadas de pánico”, que seguramente le eran proporcionadas por su padre (Ramiro Guerra, secretario de la presidencia) para sembrar miedo entre la dirección del Partido; “nos sentíamos como si fuéramos culpables de la intervención” y se criticó porque los manifiestos elaborados por el partido habían salido a la luz pública con bastante retraso, llegándose a repartir el mismo día de la caída de Machado, cuando la situación había cambiado.

Terminada su intervención Mariano pidió permiso para dar su opinión y algunos asambleístas se opusieron a esto, por considerar que los delegados extranjeros no debían tener voz ni voto en la reunión. Finalmente se acordó que pudieran expresar sus criterios, a reserva de que no podrían votar en la toma de decisiones. Mariano criticó la falta de consejos enviados al interior del país, así como de espíritu crítico y autocrítico de los camaradas, especialmente de Villena y Vivó que, en su opinión, no habían reconocido sus errores fundamentales, no el de creer que Machado no se caía con una huelga, si no el principal: el de esquivar la instauración de los sóviets.31

Pedro, por su parte, fustigó al secretariado y en particular al camarada Felipe González, al que, aun considerándolo un buen compañero, catalogó como un conciliador, un vacilante y un veleta. Al mismo tiempo colocó ante una disyuntiva a José Antonio Guerra, Matienzo: le dio a escoger entre su padre y el partido.

Francisco Calderius, Blas Roca,32 el dirigente manzanillero, hizo una intervención interesante que reflejaba lo ocurrido en el interior de las provincias: “la huelga general vibraba en la mente sin que nosotros nos diéramos cuenta. La huelga general no fue espontánea. En Manzanillo, Bayamo, Santa Clara fue organizada por el Partido Comunista. La huelga general fue antimachadista y contra la mediación”. Concluyó señalando que la consigna “de tumbar a Machado sin lema: Gobierno Obrero y Campesino” era puro oportunismo.33

Ramón Nicolau,34 Esteban, declaró que el paro no había sido espontáneo, aunque en ocasiones asumió ese carácter y en muchos lugares había estallado antes del 1ro. de agosto, como en el central Mabay, en Antillas y en Santa Clara, donde el lema no era “Abajo Machado”, sino las reivindicaciones inmediatas.

César Vilar, el secretario de la CNOC, apuntó que existía un alto grado de independencia de los huelguistas con respecto a las directrices del partido y que también aparecieron demandas políticas como la legalización de los sindicatos, organizaciones del pueblo y la CNOC, la libertad de los presos condenados por actos de violencia durante esos días, la desmilitarización del campamento de desocupados La Purísima, entre otras.

En un momento de debate, Pedro criticó a Vivó por su forma de trabajo, y este último —después de aceptar el señalamiento— argumentó sobre otras deficiencias puestas de manifiesto, como la no declaración de ninguna demanda en contra de la discriminación racial, el pobre trabajo entre los desempleados, la falta de funcionamiento en los niveles distrital y de base, así como el deficiente contacto con el interior del país.

Rubén insistió en que había solo dos posibilidades: o regresar al trabajo o la insurrección; que habían confundido el rol de los líderes abecedarios, y que de haberse alcanzado las demandas intermedias, el conflicto se hubiera elevado a un grado mucho más alto. Afirmó que la posición de los representantes de la Comintern venía a dar una poderosa ayuda a los compañeros del Comité Central que estaban contra la línea del partido. “Ellos no impresionan tanto por sus argumentos —apunta— como por los puestos que ocupan”. No está conforme con los planteamientos de Mariano acerca de la ausencia de crítica y autocrítica, y propuso votar una moción que consideraba justa la línea adoptada por el CC sobre el regreso al trabajo de los sectores que hubieran conseguido sus demandas.35

Juan se opuso a la aprobación de semejante acuerdo en el cual se hacía culpable al CC de una posición que, consideraba, había sido un argumento personal de Villena, y que de haberse cumplido quizás habría prolongado a Machado en el poder. Propuso a Mariano que interrumpiera la junta y tratara de convencer a los miembros del secretariado de sus errores de forma individual, pero este no estuvo de acuerdo. En aquel instante Juan trató de llevar a votación un dictamen para considerar el llamamiento al trabajo y la negociación con el gobierno como un error grave. Mariano tampoco aprobó esta idea. Finalmente el CC hizo suya la propuesta de Villena y separó de su cargo a Jorge A. Vivó, porque, más que un secretario general, se había comportado como un “general secretario”. En su lugar fue electo el obrero Isidro Figueroa, Sampedro.

Sobre la instrucción del Buró del Caribe relacionada con el establecimiento de los sóviets en Cuba, no dicen mucho los documentos consultados, pues están incompletos, ya que no hemos encontrado las actas referidas a los días 31 de agosto y 1ro. de septiembre. Ante esta ausencia, usaremos como fuente para explicar los detalles sobre esa polémica las Memorias inéditas de Joaquín Ordoqui.

Cuando Villena manifestó su desacuerdo con la orden traída desde el extranjero para constituir gobiernos de obreros y campesinos en la Isla, se produjo un fuerte altercado entre los participantes, refiere Ordoqui. La delegación de la IC criticó acremente su opinión y lo acusaron de reformista. Rubén argumentaba que estos llevaban mucho tiempo fuera de las peleas concretas de sus países, estaban burocratizados y no debían imponer esa directiva absurda. Trató de convencerlos: esa orden los alejaría del público, afectaría el trabajo dentro de las fuerzas armadas y hasta la propia palabra podría asustar a la gente. Pero los delegados del Buró traían la orden de que el Partido debía aceptar la ejecución de los sóviets o se le consideraría traidor y oportunista.36

Pedro le insinuó a Rubén que hablaba como un cínico. Este, furioso, contestó que pasaba por alto su ofensa, porque suponía que él no conocía el verdadero significado de esa palabra en español. El Canadiense aclaró que sí sabía muy bien de lo que estaba hablando y se produjo una trifulca entre él y Ordoqui, la cual fue detenida por la intervención de Juan.

No obstante la fortaleza del debate, la masa mayoritaria fue “convencida” de la necesidad de llevar a cabo el proyecto de los sóviets. A propósito, el manzanillero Calderius planteó que en su región era posible constituir un sóviet y se le encomendó la tarea de organizarlo en el central Mabay.

Juan recuerda que en los días del pleno en que participaron los delegados del interior había un entusiasmo magnífico, donde primaba el instinto proletario y revolucionario, a despecho de un desconocimiento general de la importancia de sus acciones. “Se habla de sóviets, pero no saben muy bien qué es eso. El CC no preparó ningún material, no hay documentos. El pleno parece un mitin. No hay cansancio. Los delegados (están) ansiosos de oír algo práctico, directivas de lucha, pero esto no fue preparado”.37

En una carta de John Bell, Mariano, del 4 de septiembre, dirigida a la Internacional al referirse a este pleno, plantea que este demuestra la línea monstruosamente oportunista del Partido que Villena y la mayoría del Comité Central se negaban a reconocer.38

Una semana después de haberse instaurado el gobierno progresista y heterogéneo de Grau San Martín, llegó un cablegrama de la Comintern al CC del PCC, en cuyo texto se planteaba, entre otras cosas, que no debían conferenciar con los gobernantes. Inmediatamente se citó a una asamblea del secretariado ampliado. La premura de aquella convocatoria no permitió una participación muy amplia. Tomaron parte en la misma Martínez Villena, Julio; José Chelala, Emiliano; Joaquín Ordoqui, Silva; Isidro Figueroa, Luis; José A Guerra, Matienzo; Jorge A. Vivó, Pablo, y los delegados internacionales Mariano, Pedro, Juan y Simón.39

El informe preliminar de Emiliano reportaba un creciente incremento de la actividad huelguística, a veces carente de una advertencia precisa sobre la toma del poder, cuestión aprovechada por otras organizaciones, como el ABC Radical, para encabezar las acciones. Destacaba, asimismo, las manifestaciones de confraternización del ejército con los huelguistas en algunos lugares.

La intervención de Villena se refirió concretamente al mensaje de la IC que constituía la primera ocasión en que se materializaban, en un documento de la “casa matriz”, instrucciones directas acerca del gobierno obrero-campesino.

Rubén habló ampliamente sobre el desarrollo de las huelgas, la mejoría de la situación de los obreros, el logro de empleos para unos mil desocupados, el atraso relativo a las lides campesinas, los pasos emprendidos para la captación dentro de las fuerzas armadas… En lo tocante a la ocupación de algunos centrales azucareros y la confiscación de estos a sus dueños, aseguró que no era “una medida bastante eficaz si no se tiene el poder”; era mejor rodear, piquetear las empresas que tomarlas. Consideró asimismo incorrecta la propuesta del documento en el que se orientaba eludir un enfrentamiento abierto con el imperialismo, si en Cuba cada huelga era un movimiento antimperialista, pues el capital telefónico, textil, portuario, minero, etc., era mayoritariamente norteamericano. Se olvidaba que este era un país colonial. Por ende, afirmó que “quien ha pensado que con esto se puede detener la intervención es un oportunista”. Propuso entonces no cumplimentar esa directiva hasta no recibir una nueva respuesta sobre el asunto, cuestionándose cómo la Comintern podía considerar que puede ser establecido un gobierno obrero y campesino que, al mismo tiempo, oculte los conflictos con los imperialistas. Para él la propuesta, de hecho, constituía una retirada política y que por añadidura no garantizaría una negociación efectiva sobre concesiones con el imperialismo, y la gente vería con más simpatías al gobierno. Y concluyó: “Creo que desde Moscú no se puede prever todo esto”. Tales argumentos fueron rebatidos enfáticamente por Mariano, quien se adhirió completamente a la línea del cablegrama. La directiva era no retroceder, “llegar dialécticamente a la revolución agraria y antimperialista”.

Nicolau criticó el trabajo con la población, mientras que había constatado simpatías dentro de las tropas, aunque insuficientes. Agregó no estar convencido de la justeza de la línea trazada por la misiva. De inmediato, Vivó y Simón pidieron comprensión hacia los dictámenes del mensaje; mientras que Ordoqui interpeló a Mariano sobre la posibilidad de una revolución americana en veinticuatro horas, porque, de lo contrario, las directivas que se proponían podrían conducir a un gran derramamiento de sangre en Cuba. Luego de nuevas palabras de Pedro, Nicolau reconsideró el asunto, creyendo imperdonable de su parte cualquier vacilación cuando le debía al partido y a la Internacional la oportunidad de haber estudiado en la URSS. Acabó su discurso censurándose por no haber criticado la actuación de Villena.

El peso de tales afirmaciones hizo recapacitar a Guerra y a Rubén. Este último reconoció que, en modo alguno, debía haber calificado de oportunista al redactor de la misiva; sin embargo, censuró los insultos de que había sido objeto por parte de Mariano y Pedro, clausurando sus razonamientos con estas palabras: “Yo no sé cómo vamos a combatir estos gobiernos, si quitamos algo de fuerza a la lucha contra el imperialismo en primer lugar”.40

Una semana después, el 27 de septiembre, se reunieron Villena, Ordoqui, Chelala, Guerra, Simón, Juan, Pedro y Yale para analizar el programa de la llegada de las cenizas de Mella desde México. Paralelamente, el CC recibió un documento de la IC que caracterizaba la situación existente en el país como una curva ascendente que demostraba la justeza de la perspectiva revolucionaria orientada con anterioridad. En tal sentido, aconsejaba darle una sacudida al partido para realizar el programa de acción por el poder y la organización de los sóviets, convocar a una conferencia extraordinaria y urgente, bien preparada, que tuviera en cuenta las experiencias “lamentables” del V pleno. En esta debían participar de 100 a 120 militantes activos y, si era necesario, dividirlos en dos o tres grupos, en los que se tuviera en cuenta su composición. El texto valora el hecho de que la militancia había estado en el centro de las contiendas huelguísticas, que los combates campesinos por la toma de la tierra habían alcanzado un alto nivel, que se estaban dado muestras de confraternización de los soldados con los obreros y que existían inquietudes revolucionarias entre la pequeña burguesía.41

El 29 de septiembre, en un momento del homenaje a Mella, Villena y varios de sus camaradas trataron de establecer un frente único con representantes del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) en el poder. Cuando la delegación del Buró del Caribe se enteró de esto, inmediatamente los llamó a contar para cambiar esa línea de “no enfrentamiento contra el gobierno”. Con anterioridad, se había opuesto a la decisión del secretariado de entrevistarse con el secretario de gobernación, Antonio Guiteras, a solicitud de este último y, aunque al final no se efectuó el encuentro que estaba convocado para el hotel Saratoga entre Isidro Figueroa y Guiteras, el delegado internacional, Bell, creía en la existencia de una inclinación a realizar este tipo de contacto con el régimen en contra de lo orientado por estos.42

Las discrepancias que tuvieron lugar entre la dirección del partido y la delegación del Buró del Caribe se reflejan tácitamente en dos documentos fechados el 3 de octubre: el primero, un acta correspondiente a una junta del Comité Central, y, el segundo, un reporte de John Bell sobre la situación de Cuba.43

La reunión, cuyos propósitos centrales eran el análisis del estado de la nación, la actitud a asumir y el reordenamiento del Buró Político, escuchó en sus comienzos el criterio de Simón (dirigente extranjero) acerca del gobierno de Grau, catalogándolo como una administración desesperada, dirigida por elementos de la pequeña burguesía con cierto prestigio, y sentenció que “la victoria del nacionalismo no se iba a traducir en mejoras entre el gobierno y la oposición”.44

Por eso, en lo fundamental, la proyección aprobada estuvo dirigida a mantener la campaña huelguística y preparar condiciones para un paro general, así como al llamamiento a una conferencia nacional del partido en las semanas siguientes.

A propósito de estas ideas, Villena se refirió extensamente a aquellos que denominó el “armamento político del proletariado”: el papel de la prensa, la radio y la propaganda, la lucha por la conservación de los sindicatos y los comités de fábricas, la reorganización de las células partidistas dentro de estos últimos, el mantenimiento de las huelgas parciales y su proceso de politización, el reforzamiento del trabajo de la Defensa Obrera Internacional y la Liga Antimperialista, la cuestión negra, entre otros aspectos.

Por su parte, el informe de Bell analiza que las debilidades del Partido se debían, en gran medida, a la composición de su CC, pues de sus 16 miembros solo ocho eran trabajadores, únicamente había tres negros y ninguna mujer. Considera que estaba integrado por demasiados intelectuales y que los proletarios eran los que llevaban el trabajo en la base. Dice que Vivó y el secretario general de la Liga Juvenil Comunista (Severo Aguirre)45 fueron los únicos que votaron a favor de las directivas internacionales. Categóricamente atestiguó que en el discurso de Villena estaba latente la línea oportunista (was hidden the opportunist line). Que esa posición la había manifestado, incluso, en la prensa burguesa años atrás, haciendo referencia a una entrevista de Rubén con un reportero norteamericano al cual había afirmado que el PC solo luchaba por demandas económicas y que no era una organización política. Aunque reconoce que el líder cubano negaba haber expresado tal cosa; sin embargo, le reprocha haber estado en la línea de no pelear contra el gobierno y tratar de establecer un frente unido con el DEU el 29 de septiembre, así como haber encabezado la discusión contra las orientaciones del Buró y la IC. Finalmente, concluye expresando que la postura de Villena era muy peligrosa y que, al final, había tratado de dividir la delegación internacional y desatado ataques personales contra él.46

En otro informe posterior del 19 de octubre, uno de los representantes del Buró del Caribe, al parecer Simón, afirma que Villena en la última asamblea había levantado, de nuevo, con verdadera violencia, la incomprensión hacia sus directivas, mientras que Vivó llamó a sus compañeros a cumplirlas. Dice que surgieron serios incidentes entre Juan y él contra Rubén, pero lo “más grave es que los demás miembros del CC permanecen desconcertados, incapaces de comprender sus tareas”. Estima que la dirección no podrá cumplir los dictámenes porque hay “una resistencia abierta como la de Julio o encubierta como la de los demás, por no cumplir las directivas”. Por esa razón, pidió permiso para que Juan, que era un compañero conocido, con autoridad y cariño entre la gente, se mantenga en Cuba e impulse el cumplimiento de las tareas señaladas. En esto coincide con la opinión del Buró Político y del secretario general, Isidro Figueroa.47

En lo tocante a Rubén, la gravedad que había alcanzado la tuberculosis lo mantenía internado casi permanentemente en el hospital. Sin embargo, guardaba sus reservas para mantenerse en el centro de muchos de los debates ocurridos en las máximas instancias del partido. A pesar de los esfuerzos realizados para trasladarlo a la sede de la reunión efectuada el 23 de noviembre, su estado de salud se lo impidió.

Siendo así, bajo el auspicio de Fabio Grobart,48 ese día se congregó el CC (Isidro Figueroa, Sampedro; José A. Guerra, Matienzo; Jorge A. Vivó, Pablo; Joaquín Ordoqui, Silva; Francisco Calderius, Martínez; Aníbal Escalante, José; César Vilar, Pi; Martín Castellanos,49 Silverio; Daniel Valdés, Rogelio; José Felipe Chelala, Emiliano; Alberto Moré, Pedro; Felipe Azcuy Miranda, Alfonso; Luana; y los extranjeros Juan y Simón). Los dos temas esenciales de discusión fueron el análisis crítico sobre la huelga de agosto y la preparación de la Conferencia Nacional del Partido.

La discusión la abrió Ordoqui censurando la manera injusta en que la Comintern, a través de un documento que había llegado, planteaba que estos no habían usado la consigna de “Abajo Machado”. Cree que los informes trasladados a la IC habían sido incompletos y que esta había sido una apreciación personal de Villena.50 Matienzo presentó un análisis elaborado de conjunto con Villena, en el cual señalaba que el objetivo de la consigna de “vuelta al trabajo” era mantener la beligerancia frente al ABC y los grupos latifundistas que pretendían catalizar las simpatías populares. A la vez destacaba que la idea del “mal menor” provenía de una apreciación de Villena, coincidiendo así con palabras anteriores de Ordoqui; mientras que la “ida a Palacio” no fue un acuerdo del CC, sino un producto de la desorganización.

Luego de haberse informado sobre los acontecimientos, Fabio —que había estado fuera de Cuba casi un año— estableció sus conjeturas: “Fue el error más grave que el partido ha cometido en toda su existencia. El partido había luchado durante toda la dictadura de Machado y terminó por no luchar contra la dictadura machadista cuando estaba al caer”. El CC no comprendió toda la serie de acontecimientos políticos y el ascenso revolucionario del país. El ABC, Welles y los trostkistas, bajo la dirección de Sandalio Junco,51 sí lo entendieron y por eso cambiaron, mientras que el PC no lo hizo. Se subestimó el carácter fundamentalmente político de la huelga y el deseo de las masas de derrocar al tirano. Al no comprender eso, fue natural la decisión de ir a Palacio. El PC, que luchó durante ocho años contra la dictadura de Machado, había dado la vida de muchos de sus compañeros, en el momento preciso, dejó que el ABC se “cogiera el movimiento”. Si no reconocemos esos errores, no podremos llevar a las masas a la Revolución —concluyó Grobart?.52

César Vilar lamenta que Villena y Felipe no estén presentes en estas sesiones, y plantea que había argumentos que se esgrimían con mucha fuerza. “He visto repetir en los manifiestos de los anarquistas las mismas palabras que dijimos en una asamblea. ¿Se tumba a Machado con una huelga general. No? Yo llevaba a las asambleas la línea que se acordaba en el CC”. Dijo no haber estado de acuerdo con la orden de regreso, pues conocía lo que pensaban los obreros. Se reprocha no haberse dado cuenta en aquellas asambleas de trabajadores, lo que realmente querían.

“En todos los manifiestos se nos tildaba de machadistas, porque mientras todo el mundo luchaba contra Machado, Vicente (Álvarez) iba a darle la mano a Machado. Tenemos que dejarnos de boberías y reconocer todo el error que cometimos”. Y dictaminó: fue un error grande la consigna de la vuelta al trabajo y no fue una línea de responsabilidad únicamente de Villena, sino del CC, porque todos votaron a su favor.

Vivó argumentó que él quería continuar la revuelta, pero no supo mantener su opinión con energía. Se critica por haber mandado a Matienzo a buscar información con su padre y que no hizo ninguna objeción a la ida a Palacio, por lo cual acepta su responsabilidad. Por su parte, Martín Castellanos, Silverio, argumentó que él vio dos disyuntivas: o Machado debilitado o la intervención, y escogió la primera, sin pensar que podía haber otra salida. Y cree que fue el movimiento popular y no el ejército quien tumbó al tirano.

Después de escuchar otras intervenciones, José Felipe Chelala, Emiliano, reflexionó sobre la posibilidad de ser profetas luego de ocurridos los acontecimientos, y que lo difícil era trazar una línea dentro del “incendio”. No se responsabiliza con la decisión de ir a ver al presidente, porque estaba fuera de provincia junto con Sampedro, pero si con el error de la vuelta al trabajo. A la luz de los debates recomendó tres cuestiones esenciales: tener cuidado de cómo se trata a los compañeros, tomar medidas para solucionar los errores y separar a los responsables sustituyéndolos por gente de la base.53

La opinión de Alberto Moré, Pedro Leiva, redundó en recriminar el documento presentado por José Antonio Guerra y Villena, porque a su juicio era representativo de la línea oportunista y estaba basado en un profundo menosprecio hacia el papel revolucionario del proletariado. Se autocritica y reconoce que también él cometió errores con respecto a la huelga, pues había llegado unos días antes y tenía poca experiencia, por lo cual no movilizó a la Liga (Antimperialista) contra las decisiones del partido. No estuvo en la reunión en que se determinó la ida a Palacio y considera que la inmadurez del partido todavía continúa, y muestra de esto era la actitud de Ordoqui. Cree que no solamente se debía haber utilizado la huelga para hacer caer a Machado, sino también para elevar sus demandas. Que el partido se asustó demasiado con la cuestión de la insurrección y que no fue levantada la consigna a favor de los sóviets en los días de la huelga. Finalmente, propuso que este asunto debía ser tratado en los temas de la conferencia en preparación, que no se escondieran los errores, que Ordoqui hiciera una nueva evaluación de su actitud y que se mostrara más confianza hacia los organismos internacionales.

Para Matienzo, el error principal estaba en haber querido encerrar el movimiento huelguístico en un cerco exclusivamente económico, cuestión que se estaba volviendo a producir porque los trabajadores no tenían fe en el poder de obreros y campesinos. Mientras, Figueroa —que junto a Chelala no había participado de la decisión a debate por encontrarse en Camagüey— recordó que, al regresar, en una reunión del secretariado, estos se preguntaban qué iban a hacer con la toma del poder. No tenían claridad de lo que debían realizar. Reconoció haber estado de acuerdo con el regreso al trabajo y esto constituyó un error, por lo cual rechaza el documento presentado por Matienzo. Exhortó a los demás a hacer lo mismo llevando el asunto a la conferencia y destituir a los responsables.

En ese momento intervino Simón, quien declaró que cuando él vio la envergadura de la huelga, leyó la prensa sobre la masacre del día 7 de agosto y, luego de la consigna del regreso al trabajo, comprendió que aquellos eran una equivocación. Ahí estaba la consigna del “mal menor”. Incluso considera que el levantamiento armado contra el gobierno de Grau el día 8 de noviembre era una expresión de la desesperación de la gente, por lo cual juzgó que la actitud justificativa de Ordoqui era alarmante.

Alfonso contó cómo en Camagüey, donde estaba con Sampedro y Emiliano, estos no recibieron directivas para la huelga, que eran los obreros los que los buscaban y que corría el comentario de que la CNOC había recibido 20 000 pesos del gobierno, lo cual había que aclarar. José A. Guerra, Matienzo, en una posición autocrítica, propuso que Villena, Ordoqui y él hicieran una declaración pública para el periódico aceptando sus responsabilidades, y seguidamente fueran excluidos del Comité Central. En apreciación de esa actitud, Juan señala que actuando de esa manera el CC daba un paso adelante en su accionar.

Finalmente, se acordó que Figueroa y Calderius redactaran una resolución general, mientras que Fabio y Vivó elaboraran un documento para reconocer las fallas acerca de la huelga de agosto y otro artículo crítico sobre la de noviembre y las contiendas posteriores; que Grobart y Francisco visitaran a Villena para comunicarles los acuerdos, uno de los cuales era que él hiciera un declaración pública sobre sus errores para publicarla en Bandera Roja, junto con las demás autocríticas de todos aquellos que lo estimaran conveniente; que se prorrogara para la Conferencia de Emergencia la decisión acerca de las posibles sanciones a los afectados, mientras tanto estos se incorporarían al trabajo en la base. Llama poderosamente la atención que se derogara el acuerdo del V Pleno donde Pablo y Felipe quedaban excluidos de ocupar cualquier responsabilidad dentro del Comité Central. Conjuntamente se distribuyeron a varios miembros de la dirección para que participaran en las conferencias de Santa Clara y Oriente y se acuerda que el segundo domingo de diciembre sería la Conferencia Nacional de Emergencia.54

Los días 26 y 27 de noviembre se congregaban los comunistas del centro de la Isla en la ciudad de Cienfuegos, bajo la presidencia de José Felipe Chelala por el CC; Simón, del Buró del Caribe; Antolín Dickinson, Black, dirigente azucarero villareño; Peña; Aguilera; Vidal y Adoné. A este coloquio faltaron los delegados matanceros; indudablemente la premura con que fue organizada debió influir en esa situación. La introducción realizada por Simón enfatizó cuáles serían las tareas para llevar adelante la revolución agraria y antimperialista, destacando que el gobierno de Grau era el peor enemigo que debían enfrentar. Se refirió a los errores cometidos por la dirección del partido, a la urgencia de tomar el poder y a las concesiones que habría que hacer para mantenerlo. Al referirse a la necesidad de combatir por la autodeterminación de la faja negra de Oriente,55 un militante le refutó su criterio señalando que no creía que existiera en Cuba esa división de razas que dicha consigna pretendía y que la explotación de los negros estaba dada por su situación económica, social y cultural.56

Presidieron la reunión de Oriente, efectuada también por esos días, Isidro Figueroa, Sampedro y Juan El Polaco. En cuanto a la cuestión principal de poner en un segundo plano la lucha antimperialista, esta no fue entendida por los congregados, porque “allí no había una sola hierbita que no perteneciera a una empresa yanqui”. Pudieron constatar que en esa provincia había menos claridad aún sobre la autodeterminación de la faja negra, y que era débil el enfrentamiento contra los trotskistas que en la región de Santiago y Guantánamo se habían hecho bastante fuertes. Como era de esperar, no faltó el análisis sobre los errores de agosto que no eran de amplio conocimiento para esa militancia ni ese asunto los había afectado en sus batallas.57

Sobre estas asambleas, Juan hizo un informe al Buró del Caribe, en el cual plantea en tono furioso que estaban ocurriendo nuevamente casos parecidos al de los errores de agosto, porque había descubierto que líderes del partido, como Leonardo Fernández Sánchez, Ordoqui y otro compañero, habían tenido conversaciones con el hacendado Julio Lobo para organizar la lucha por la “zafra libre”, a cambio de apoyo económico para la agitación política y una plana en el periódico El País. También, que habían llevado un proyecto de acuerdo al respecto al Buró Político, donde aparte de eso planteaban la exigencia del reconocimiento del gobierno de la Unión Soviética y sorprendió a Vivó, César y Figueroa elaborando un documento que se publicaría en el rotativo mencionado. Por supuesto, les exigió responsabilidades.58

Diez días después, durante el 6 y 7 de diciembre se celebraba la Conferencia Nacional de Emergencia en La Habana con la presencia de 73 militantes del Partido, en representación de 95 organizaciones diversas. La precaria situación de salud de Rubén impediría su participación. Al igual que en las anteriores, se mantuvo al tanto de los detalles. Isidro Figueroa se encargó de presentar el informe sobre la situación nacional e internacional, el cual definía la estrategia revolucionaria (agraria y antimperialista), a través del análisis de los fallos cometidos. El tema propició el intercambio de opiniones entre Pepa Katz, Julia y Calderius, del distrito capitalino, Raúl Lorenzo, de Villa Clara, y los dirigentes de la CNOC, Vilar y Ordoqui. Fabio Grobart recomendó que el avance debía realizarse con mucho cuidado para enfrentar las acciones de liberales, abecedarios, apristas y guiteristas, y se expresó muy preocupado porque Guiteras había lanzado la consigna de crear cooperativas al decir que ese programa era copiado de la URSS:

Debemos dirigir nuestro movimiento primero contra los terratenientes nativos —afirmó—. Eso no quiere decir que rechacemos la lucha contra el imperialismo, sino que recomendamos a los campesinos que no tomen sus tierras, porque no tenemos suficiente fuerza para emprender esa batalla, pero si lo hacen nos pondremos a la cabeza del movimiento. El imperialismo no va a aceptar un gobierno obrero campesino; se debe buscar la solidaridad internacional para cuando tomemos el poder y entonces se harán negociaciones con Washington en base a principios de independencia.59

Estos últimos argumentos de Fabio se ajustaban más a la realidad específica de Cuba que los enfoques que a propósito se habían planteado en ocasiones precedentes. Al cabo de una semana se reunió el Comité Central integrado por Fabio Grobart; Joaquín Ordoqui, Silva; César Vilar, Pi; Jorge A. Vivó, Pablo; Alberto Moré, Pedro; Isidro Figueroa, Sampedro; Francisco Calderius, Martínez; Felipe Azcuy, Alfonso; Ramón Nicolau, Luis; Martín Castellanos, Silverio; Antolín Dickinson, Black; José F. Chelala, Emiliano; José A. Guerra, Matienzo; Alfonso González Guerra, Felipe; Carlos Fernández, Napoleón; y Nápoles. Junto a estos los extranjeros Simón y Juan.

El proyecto de resolución sobre la situación política fue presentado por Calderius, Martínez, y en su discusión intervinieron: Vivó, para alertar sobre el peligro de intervención armada yanqui en los centrales azucareros; Castellanos habló de la posibilidad de un golpe de Estado y Figueroa del papel del embajador norteamericano, Jefferson Caffery, que acababa de ocupar su puesto; Pedro declaró que aunque la oposición decía que el gobierno tenía un carácter pequeño burgués, para estos Guiteras era el hombre más peligroso, y Batista uno de los elementos que preparaba el terreno para el establecimiento de un régimen fascista; Nicolau ratificó la opinión de que el peligro no estaba solo en el jefe del Ejército, sino también en el secretario de gobernación; Juan manifestó que la amenaza era mayor cuando el gabinete inclinaba su política hacia la izquierda, haciendo un paralelo entre Hitler y Guiteras. Nótese la influencia de algunas concepciones internacionales difundidas en aquella época, las cuales catalogaban a grupos pequeño burgueses y socialdemócratas como “socialfascistas” y negaban cualquier tipo de colaboración con estos.

En el espacio dedicado al segundo punto sobre el balance de las conferencias realizadas, Juan exigió el “reconocimiento real” de las equivocaciones y la fijación de un plazo para que Villena y los demás hicieran su declaración autocrítica, que debía ser publicada en Bandera Roja. Según sus palabras, eso era una exigencia de la Comintern.

Los documentos que se encuentran a nuestra disposición no dan fe de que en estas importantísimas asambleas comunistas se haya discutido la separación de Rubén Martínez Villena de la filas del partido. Sin embargo, el hecho de que se le haya exigido una declaración autocrítica pública, sí constituía una sanción, y los diferentes representantes del Buró del Caribe insistieron constantemente en que se cumpliera esa recomendación, aún a sabiendas de que solo le quedaban pocos días de vida.

Así lo manifestó Juan El Polaco en carta a Ricardo Martínez, Arturo, fechada el 17 de diciembre, en la cual señala que la dirección del partido se encontraba “presa” de una controversia interna contra los delegados de la Internacional y que por la “línea oportunista de Rubén se perdió no solamente la celebración del Congreso en su propio tiempo, sino quizás cosas mucho más importantes y mucho más históricas, se perdió el eslabón para volver a las masas a la lucha directa por el poder”.60

Los últimos momentos de la asamblea fueron dedicados a la elección del secretario general del partido. En primer lugar se propuso a Calderius, Blas Roca, que había sido promovido desde Manzanillo para dirigir el distrito capitalino unos meses antes. A continuación Ordoqui sugirió que fuera Fabio, uno de los combatientes más experimentados, y que el joven oriental continuara en la dirección distrital para no debilitar ese eslabón. Luego que las opiniones quedaron divididas alrededor de ambas propuestas, Grobart explicó que no era conveniente que él ocupara esa responsabilidad dada su condición de ciudadano polaco; Juan sugirió que debía desarrollarse a un dirigente cubano, que Calderius podía mejorar ciertos rasgos de su carácter y convertirse en un buen dirigente. Llevado a votación, finalmente se acordó que fuera Blas el seleccionado, e integró el secretariado junto a José Chelala, Emiliano y Fabio Grobart.

La decisión de seleccionar a Francisco Calderius como secretario general del partido dio una nota de alegría a la dolorosa existencia de Rubén. Él opinaba que había sido una buena decisión: mucho mejor si se tenía en cuenta que las cualidades personales del compañero estaban engarzadas con su procedencia proletaria. En aquellos días, Paco lo había visitado junto con Fabio para darle a conocer los detalles y acuerdos de las distintas reuniones que se habían efectuado.

Un documento del Buró del Caribe del 19 de diciembre señalaba las principales observaciones críticas de sus representantes a la Conferencia de Emergencia:

 

1ro. Que no se enfocaba como perspectiva central el aprovechamiento de las condiciones cubanas para las operaciones decisivas a fin de tomar el poder.

2do. No existía una clarificación de la táctica de concesiones al imperialismo yanqui frente al peligro de la intervención, sin cambiar la naturaleza agraria y antimperialista de la revolución.

3ro. No había un reforzamiento de las controversias con los trotskistas.

4to. La ausencia de una autocrítica por las erratas cometidas.

5to. La persistencia de creer que el gobierno de Grau era revolucionario y antimperialista y esto los conducía a aceptar las treguas con el mismo.61

 

Al mismo tiempo, revelaba la urgencia de una resolución partidista que contuviera una autocrítica bolchevique abierta de los errores de la dirección y el establecimiento de la responsabilidad personal de estos sobre el compañero Julio.62 Paradójicamente, Rubén Martínez Villena dedicaba sus últimas energías a elaborar los principales dictámenes que se discutirían en el IV Congreso de Unidad Sindical efectuado a mediados de enero de 1934.

En obligada revisión de todo lo explicado anteriormente, considero que bajo la dirección de Villena y Jorge A. Vivó, el PCC cometió varios errores de apreciación del momento histórico que vivieron desde agosto de 1933 hasta enero de 1934. Estos fueron producto de las propias concepciones comunistas imperantes, que se resumen en la creencia de que los procesos revolucionarios se desarrollan a través de saltos; que no era posible la instauración de un gobierno transicional en coalición con las fuerzas nacionalistas; que no había condiciones para la revolución agraria y antimperialista, por lo cual era preferible un Machado debilitado a la intervención norteamericana, que les permitiera obtener mejoras parciales hasta tanto estuvieran listos para una revolución más profunda; y que solo la insurrección armada era el camino correcto para derrocar el régimen y no estaban preparados para esto.

Para los representantes del Buró del Caribe, la equivocación más grave cometida por el partido era no haber intentado alcanzar el poder a través de los sóviets. Esa misma posición la mantuvieron días después con respecto al Gobierno de los Cien Días, por lo cual impulsaron una política negativa de no llegar a acuerdos con el ala más progresista de este y consideraron a Guiteras entre sus principales enemigos. Al tratar de imponer esa consigna, que al mismo tiempo pretendía hacerle concesiones a los monopolios yanquis, desaprovecharon la oportunidad que les hubiera podido dar un apoyo a la política del Secretario de Gobernación, en aras de consolidar su política social y antimperialista.

Realmente, el conflicto entre los militantes cubanos y los representantes del Buró del Caribe se convirtió en un debate estéril que finalmente entorpeció el trabajo del PCC y la consecuente adecuación de los dictámenes internacionales a las circunstancias concretas del país.

 

Notas

1  Versión ampliada de una ponencia presentada al Seminario permanente de la Asociación Mexicana de Estudios del Caribe, que sesionó en el Centro de Investigaciones de América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México en mayo de 2010.

2 Earl Rusell Browder (1891-1973), natural de Kansas, perteneció primero al Partido Socialista de Estados Unidos y luego fue fundador del Partido Comunista de Estados Unidos (PCEU). En 1930 ocupó su secretaría general, al tiempo que formó parte de la dirección el Buró del Caribe. Por su actividad política estuvo varias veces prisionero. Durante la Segunda Guerra Mundial y ante la actitud asumida por las potencias aliadas, desarrolló una teoría acerca de la posibilidad de colaboración clasista una vez terminada la contienda, en la cual cada pueblo escogiera libremente el camino aceptado por la mayoría. Ante esa posibilidad disolvió el Partido Comunista (PC), para convertirlo en una asociación de propaganda de las ideas marxistas. Su actitud revisionista provocó su expulsión de las filas comunistas en 1947.

3 Bittelman o Vittelman (1890-1982) nació en Odessa y emigró a Estados Unidos en 1912, donde militó en la sección judía del PS. Después ingresó al Partido Comunista de Estados Unidos (PCEU) y, en su representación, participó en el VI Congreso de la Internacional Comunista. En 1929 fue llamado a trabajar en la “casa matriz” y de allí enviado a misiones en China y la India. En 1931 regresó a Norteamérica y trabajó en la propaganda comunista. Estuvo varios años preso durante el período de la Guerra Fría y fue expulsado del Partido Comunista (PCEU) en 1959. (Tomado de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber: La Internacional Comunista y América Latina, 1919-1943. Diccionario biográfico, Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias (Moscú) e Institut pous l´historire du communisme (Ginebra), 2004.)

4 Ricardo Martínez (1898-1985), seudónimos: Juárez, Amadeo, Rolito, Enrique Montes, Arturo Cabezón, Soto Suárez, Ricardo Montes, Carlos Alberto Martínez, Enrique Martínez, Ricky. Venezolano que vivió muchos años emigrado en Norteamérica. Simpatizante del Partido Comunista de Estados Unidos (PCEU) trabajó entre los exilados cubanos y mexicanos, para luego afiliarse a ese partido en 1926; al mismo tiempo que se desempeñaba como dirigente de la Unión Obrera Venezolana en Nueva York. Asistió como delegado al V Congreso de la Internacional Sindical Roja (Profintern) en 1930. Antes había tomado parte en reuniones del Secretariado Latinoamericano de la Comintern, en 1929 y en el Congreso Sindical Latinoamericano, desde el cual, junto con Victtorio Codovilla, acusó a Julio Antonio Mella de trostkista. También asistió a la Primera Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina, en 1929. En esta etapa realizó trabajo en Centroamérica y el Caribe. Años después su labor se extendió por gran cantidad de países del cono sur. Fue uno de los líderes de la tendencia browderista. Fue expulsado de ese partido en 1951. Posteriormente asumió públicamente furibundas posiciones anticomunistas; sin embargo, existe el criterio entre varios antiguos dirigentes de aquella época, como Vittorio Vidali, que Ricardo Martínez había sido un traidor, un espía dentro del movimiento comunista internacional, vendido a los servicios de inteligencia norteamericanos. (Tomado de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit., y de Vittorio Vidali, Dal Messico a Murmansk, Milano, Evangelista Editore, 1975).

5 Alberto Moreau (1897- ?) seudónimos.: John Bell, Mariano y Abel. De origen judío y natural de Grecia, se estableció en Estados Unidos en 1916, militando primero en las filas de los socialistas y luego en el PC. Se destacó por su trabajo con los latinos en Nueva York, y trabajó dentro de las filas de la Liga Anticomunista y en el Socorro Rojo Internacional (SRI). Estuvo entre los fundadores del Buró del Caribe y tuvo una posición muy activa en los problemas cubanos, por lo que viajó a la Isla en repetidas ocasiones hasta 1935 en que fue a la Escuela Leninista Internacional, en Moscú. (Tomado de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit.).

6 Edith García Buchaca: Memorias inéditas de Joaquín Ordoqui, inédito.

7 “Carta de Rubén Martínez Villena a Asela Jiménez”, Moscú, 10 de noviembre de 1930, en Rubén Martínez Villena: Poesía y prosa, Editorial Arte y Literatura, La Habana, t. 1, p. 452.

8 “Carta de Rubén Martínez Villena a Asela Jiménez”, Moscú, 2 de septiembre de 1930, en Carlos E. Reig (compilador): Correspondencia de Rubén Martínez Villena (mayo de 1912-mayo de 1933), Editorial Unicornio, La Habana, 2005, p. 61.

9 Ibídem.

10 Frank Ibáñez: “Los últimos días de Rubén en Nueva York”, en Lunes de Revolución, no. 92, 23 de enero de 1961.

11 “Carta de Rubén Martínez Villena a Asela Jiménez”, 9 de diciembre de 1932, en R. M. Villena, Poesía y prosa, ed. citada, p. 513. Según referencias de Vittorio Vidal en la entrevista que le concedió a Enrique López el 9 de abril de 1976, quien lo miraba y sonreía con intención dañina era Ricardo Martínez.

12 R. Palacios: “La campaña Lenin-Liebknecht-Luxemburgo en el Caribe”, en Mundo Obrero, año 2, no. 17, diciembre de 1932.

13 “Carta del Buró del Caribe al CC del PCC”, 23 de junio de 1933, Archivo del Instituto de Historia de Cuba (AIHC).

14 Joaquín Ordoqui Mesa (1901-1973): Silva, José Ramón, Manuel Cejas, Alberto. Dirigente obrero de diferentes sectores. En 1927 ingresó en el PC, en 1930 en el CC y en 1931 en el Buró Político. Trabajó un tiempo en la sección latinoamericana de la Profintern y, de regreso a Cuba, estuvo en la dirección de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC). Estuvo detenido varias veces en 1933 y tuvo una participación activa en la huelga de agosto, así como en las reuniones partidistas que le sucedieron. Por orden de Vivó asumió públicamente la responsabilidad de los disturbios sangrientos producidos durante una manifestación del ABC, por lo que recibió amenazas de muerte y se exilió en México y los Estados Unidos. Participó en la Guerra Civil Española al lado de los republicanos. Al regresar a Cuba, se incorporó a las tareas por lograr la legalidad y tuvo a su cargo la apertura del periódico Noticias de Hoy y la Emisora 1010. Fue representante a la Cámara entre 1940 y 1952. En 1948 pasó al cargo de organizador del PCC. Después del asalto al Moncada fue procesado bajo acusación de ser uno de los autores intelectuales de los hechos. No se comprobó su implicación y tiene que salir de país hasta el triunfo de la Revolución, en que regresó y le fue otorgado el grado de Comandante de las Fuerzas Armadas. En 1964 es separado temporalmente del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURSC) acusado de dar información a los servicios de inteligencia norteamericanos durante su estancia en México. Poco tiempo antes de su fallecimiento, el 30 de junio de 1973, el Buró Político del PCC le retiró definitivamente su condición de militante por la existencia de serios indicios en su contra, pero, al no tener pruebas definitivas, se decidió suspender las restricciones que limitaban su actividad y no enfrentarlo a los tribunales. Algunos seudónimos fueron tomados de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit.

15 Estudió Medicina en Francia y regresó a la Isla por orden del PC para incorporarse a la lucha revolucionaria. Ocupó responsabilidades dentro del CC y el BP. En 1934 era el secretario de organización del PCC, pero en 1939 fue expulsado del Partido por practicar el espiritismo “no acorde con su profesión y militancia”. Después se afilió al Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y al triunfo de la Revolución se alejó de la vida política.

16 Isidro Figueroa Botembo (1905-1982). Llamado también por los pseudónimos de Luis Granda, Edmundo Sampedro, Grau. Trabajador habanero de los ferrocarriles y dirigente de la CNOC. Ingresa al PCC en 1926 y ayuda a la organización de la Liga Juvenil Comunista (LJC). En 1930 fue separado de las filas del partido por su desacuerdo con la propuesta de insurrección armada, aunque poco después le fue restablecida su militancia. Miembro del Buró Político desde 1931, trabajó en los departamentos de organización y sindical. Después de la huelga de agosto de 1933 pasó a la Secretaría General del PCC por dos meses. Fue delegado al VII Congreso de la Internacional Comunista (IC). En 1939 se alejó del PCC y participó en la fundación del Partido Ortodoxo. Después de 1959 volvió a ingresar en el PCC y participó en sus dos primeros congresos. Fue vicepresidente del Comité de Solidaridad con Viet Nam.

17 Jorge Abilio Vivó Escoto (1906-1979) tuvo como seudónimos Marín, Pablo, Gómez, Pablo Marín, Roberto Marín, Viveros, Pedraza. Graduado de la Universidad de La Habana, fue miembro de la Liga Anticlerical, del PCC y de la Liga Antimperialista. Colaboró con el movimiento obrero y huyendo de la persecución del gobierno peregrinó por varios países latinoamericanos. En mayo de 1929 ingresó en el PC de México y allí trabajó en la recién fundada Confederación Sindical Unitaria y en el Socorro Rojo Internacional (SRI). A principio de 1930 fue deportado a Estados Unidos e inmediatamente se incorporó a una sección del Partido del Trabajo y a los burós del Caribe, de la IC y del SRI. En 1931 regresó a Cuba y asume la secretaría general de este, responsabilidad que desempeñó hasta 1933. Por los errores cometidos durante la huelga de ese año fue sustituido, aunque continuó como miembro del Comité Central. El Buró del Caribe lo envió a colaborar con el PC puertorriqueño y luego marchó a la URSS. Asistió al VII Congreso de la Comintern y regresó a Cuba a fines de 1935. En la URSS quedaron dos de sus hijos, quienes pelearon contra los nazis, uno de ellos murió en combate. Por sus diferencias en el seno del CC y su falta de comprensión hacia las nuevas líneas del VII Congreso, se radicó en México, provocando su expulsión del PCC. Se alejó de la vida pública, dedicándose a la docencia en la Unam. En 1977 visitó Cuba.

18 CC LJC y CC PCC: “A los obreros, a los campesinos pobres y medios, profesionales y estudiantes pobres, empleados públicos y privados, pequeños empresarios y detallistas y las masas laboriosas del país en general”, La Habana, 3 de agosto de 1933, AIHC.

19 Alfonso González Guerra (1904-¿?), con seudónimos como Frank Louis, Gurera, Felipe trabajó en el sector ferroviario y fue dirigente sindical. Hasta 1926 fue miembro del Partido Nacionalista, participó en las actividades de la Liga Antimperialista. Marchó a trabajar a los Estados Unidos.

20 Aníbal Escalante Dellundé (1909-1977) seudónimos: Antonio, Escobedo, José, Cid. Estudió derecho y abandonó la carrera para dedicarse a la Revolución. Fue organizador de la Liga Antimperialista e ingresó en el PCC en 1932, siendo dirigente del distrito capitalino. Fue representante a la Cámara por el PSP en 1948. Después del triunfo de la Revolución fue miembro de la dirección de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI); por sus errores de sectarismo fue sancionado en 1962 y, más tarde, juzgado y condenado a varios años de cárcel. Al morir trabajaba como director de una empresa ganadera. Algunos seudónimos fueron conocidos por el libro de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit. Dentro del CC dirigió el trabajo de agitación y propaganda, fue maestro en la escuela de cuadros. Fue director de periódico Noticias de Hoy.

21 Es necesario aclarar que en estas reuniones participaron dos personas que tenían por seudónimo Pedro. Uno de estos fue Alberto Moré Tabío, cubano, dirigente de la Liga Antimperialista, quien había vivido un tiempo en Estados Unidos, se había relacionado con el PC de ese país y con el Buró del Caribe y que, a raíz de la huelga de agosto contra Machado, había regresado a Cuba. La otra persona fue Pedro el Canadiense que estuvo en varias reuniones de la dirección del PC en representación del Buró del Caribe y que no hablaba bien el español. Dadas estas circunstancias y a partir de sus declaraciones aparecidas en los documentos, he tratado de dilucidar en cada caso a cuál de los dos me estoy refiriendo, pero esto quiere decir que en algún momento pude haber cometido un error al identificarlos.

22 César Vilar Aguilar (1900-?), seudónimos: Pi, Pérez, Gervacio Eduardovich Pérez, Juan Villar, Juan Bolaños. Natural de Ceiba Hueca, Oriente, líder obrero en Manzanillo que llegó a ser secretario de la CNOC. Ingresó al PC en 1928 y a su CC en 1930. Fue uno de los principales dirigentes de esa organización durante las décadas de los años treinta y cuarenta. Visitó la URSS en 1934 y al año siguiente fue condenado a seis años de cárcel por sus actividades sindicales y partidistas. Gracias a la presión del pueblo fue deportado a los Estados Unidos y de allí fue a trabajar en el CEIC. Fue delegado a la Constituyente de 1940, representante a la Cámara en 1942 y senador en 1944. Ocupó la presidencia de PSP en Oriente en 1940 y 1948. Uno de sus hijos murió luchando contra el fascismo en la URSS. Fue separado del PSP por oponerse a la forma en que este actuó durante el juicio de los asaltantes al Moncada. Una parte importante de esta información fue tomada de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit.

23 “Acta de reunión del secretariado del PCC”, La Habana, 9 de agosto de 1933, AIHC.

24 “Acta de reunión del CC del PCC”, La Habana, 9 de agosto de 1933, microfilmes del Archivo de la Internacional Comunista (AIC).

25 “Acta de reunión del secretariado del PCC”, La Habana, 11 de agosto de 1933, AIHC.

26 “Notas manuscritas de Juan sobre el trabajo en agosto de 1933”, microfilmes del AIC.

27 Mendel Nusenovich Mijrovsky o Witold Antonovich Lovsky (1894-1938) seudónimos: Juan Sherman, Juan El Polaco, Mirón, Emile, Raúl, Enrique, Ambrosio, Godoy y Castell. De origen polaco, en su país ingresó al Partido Comunista (PC), pero tuvo que emigrar a la URSS en 1925. Comenzó a trabajar en la sección latinoamericana de la Profintern, después fue enviado a América Latina a hacer trabajo clandestino. Estuvo muy relacionado con Cuba y México en los primeros años de la década del treinta. Se mantuvo en la Isla durante todo el proceso revolucionario de 1933. En 1934 regresó a Moscú para participar en la preparación de los documentos relacionadas con la región latinoamericana para el VII Congreso de la IC. En 1935 se relacionó con los movimientos comunistas brasileño, chileno y cubano. Regresó definitivamente a la URSS a finales de 1936, pero al poco tiempo fue acusado de trotskista, condenado y ejecutado el 3 de marzo de 1938. Tomado de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit.

28 Sobre estos dos últimos representantes del Buró del Caribe no he podido llegar a un criterio concluyente de quiénes fueron en realidad. Según el libro de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, La Internacional Comunista y América Latina, 1919-1943. Diccionario Biográfico, uno de los delegados internacionales que vinieron a Cuba a partir de agosto de 1933 fue William Simons o Hayman Levin (1893-?) (conocido como Germán P. Levin, Martín Paley, George Hanter, Hunter) de familia judío lituana, nacido en Estados Unidos. Fue miembro del PSEU, se negó a movilizarse en el servicio militar y fue detenido; luego de su liberación se fue a México. Realizó labores sindicales por las cuales fue deportado y regresó a su país para afiliarse al PC en 1921. Fue delegado al IV Congreso de ISR y secretario general de la Liga Antimperialista. Participó en la Primera Conferencia de PC de América Latina. Trabajó como instructor en el Buró del Caribe desde finales de 1931. El 11 de septiembre de 1933 dirigió una delegación que se entrevistó con el presidente Roosevelt para pedirle que no interviniera en los asuntos cubanos. Tomó parte en varias reuniones de la dirección del partido en 1933. Por otro lado, esta misma fuente y el testimonio del historiador Enrique López Mesa nos plantean que también en esa etapa, y hasta 1935, fue enviado por el Buró del Caribe a Cuba el comunista mexicano Rafael Carrillo Azpeitía. Personalmente creo que Simón pudo haber sido el seudónimo utilizado por Carrillo durante su estancia en la Isla. Asimismo, Harrison George (1898-?), quien usó el seudónimo de Pedro, en algunas ocasiones pudiera ser el otro implicado. George era norteamericano, primero fue miembro del Partido Socialista de Estados Unidos y después del Comunista en 1919, trabajando en algunos momentos dentro de su CE. También colaboró con el SRI de los Estados Unidos, asistiendo a varias reuniones en Moscú. Fue editor de varios periódicos y autor de numerosos artículos sobre el movimiento revolucionario latinoamericano. Trabajó a nombre de su partido en Cuba durante los años treinta, fue miembro de su CC y editor de Daily Worker. En 1945 lo expulsaron del PCEU por sus ideas ultraizquierdistas. De cualquier manera, no doy por definitivas estas ideas y por lo tanto cuando me refiera a esos representantes extranjeros utilizaré solamente sus seudónimos.

29 Según el testimonio de Joaquín Ordoqui, también participó el venezolano Ricardo Martínez, pero en las actas y documentos revisados no aparece su nombre, ni alguno de sus seudónimos conocidos. Sin embargo, en una fecha posterior, el 8 de noviembre, una carta de Juan hace el comentario de que Ricardo había estado poco tiempo en Cuba, sin precisar la fecha.

30 “Informe del CC” firmado por Juan del 29 y 30 de agosto de 1933; “Notas manuscritas de Juan sobre las reuniones de realizadas entre el 26 y 31 de agosto y el 1ro de septiembre de 1933”, “Acta de reunión del CC”, 29 de agosto de 1933, microfilmes del AIC.

31 “Acta de reunión del CC”, 29 de agosto de 1933, microfilmes del AIC.

32 Francisco Wilfredo Calderius López (1908-1987), seudónimos: Blas Roca, Julio Martínez, Marcos Díaz, Juan Bueno, Francisco Martínez, Inocente del Campo, Claudio, Emilio, Antonio Bravo, Julio Ginarte. Nació en Manzanillo, trabajó en diferentes oficios entre los que sobresale el de zapatero. Simultáneamente se desarrolló como dirigente sindical. Después se hizo maestro habilitado Ingresó al PC en 1929 y estuvo detenido en varias ocasiones. En 1933 era secretario general del Comité Provincial del Partido en Oriente, organizó el sóviet de Mabay y después fue trasladado para la capital y en diciembre de 1933 nombrado secretario general del CC de manera interina hasta 1934, cuando en el II Congreso de la organización fue ratificado en el cargo. Participó en la III Conferencia de PC de América Latina y en el VII Congreso de la IC que lo eligió suplente de su CE. Se destacó por su activa participación como delegado a la Asamblea Constituyente de 1940 y fue electo representante a la Cámara entre 1940 y 1952. Se enfrentó al golpe de estado de Batista y organizó las luchas del PSP contra la dictadura desde la clandestinidad, en esa etapa tuvo que salir varias veces del país para asistir a eventos internacionales y también sufrió por un tiempo de problemas de salud que lo alejaron transitoriamente del trabajo. Al triunfo de la Revolución consideró que era necesaria la disolución del partido en aras de alcanzar la unidad y formó parte de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, luego del Partido Unido de la Revolución Socialista y finalmente del actual PCC del cual integró su CC y Buró Político desde 1965 hasta 1982. Dirigió la comisión que elaboró el proyecto de Constitución aprobada en 1975, fue presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y vicepresidente del Consejo de Estado en 1976. Algunos seudónimos fueron tomados de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber, ob. cit.

33 “Informe del CC” firmado por Juan del 29 y 30 de agosto de 1933, microfilmes del AIC.

34 Ramón Nicolau González (1905-1981), seudónimos: Luis Castillo, Justo Ríos, Monguito, Gonzalito, Esteban. Obrero zapatero, miembro del PCC desde 1928 y de su CC entre 1929 y 1961. Detenido en 1931, al salir de la cárcel fue enviado a realizar estudios en la URSS y fue el único latinoamericano seleccionado para ingresar a la Academia Militar Frunze. Trabajó con Villena en el Secretariado Latinoamericano de la IC. Participó en la organización de la huelga general de agosto de 1933 y luego fue incluido en el Buró Político del partido con tareas organizativas y militares. Asesoró las luchas de Realengo 18 y el reclutamiento de combatientes para luchar por la República Española. En la península ibérica representó a América Latina en la dirección de las Brigadas Internacionales. A su regreso fue nombrado secretario de Finanzas y miembro del BP desde 1939 hasta 1950. Fue concejal en La Habana desde 1946 al 1950 y dirigió el trabajo clandestino para enviar hombres a la Sierra Maestra. Al triunfo de la Revolución fue capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y a partir de 1975 pasó a colaborar con el Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista.

35 “Informe del CC”, firmado por Juan del 29 y 30 de agosto de 1933, microfilmes del AIC.

36 Edith García Buchaca: Memorias inéditas de Joaquín Ordoqui, inédito.

37 “Notas manuscritas de Juan sobre el trabajo en agosto de 1933”, microfilmes del AIC.

38 “Carta de Johny a camaradas”, 4 de septiembre de 1933, microfilmes del AIC.

39 “Acta de reunión del secretariado ampliado”, 19 de septiembre de 1933, microfilmes del AIC.

40 “Acta de reunión ampliada del CC del PCC”, 19 de septiembre de 1933, microfilmes del AIC.

41 “Orientaciones al CC del PCC”, 27 de septiembre de 1933, microfilmes del AIC.

42 “Report of Comrade Bell on the sit. of de Cuba”, 3 octubre 1933, microfilmes de AIC y entrevista de la autora con el historiador Enrique López.

43 “Report of Comrade Bell on the sit. of de Cuba”, 3 de octubre de 1933, microfilmes de AIC.

44 “Acta de reunión del PCC”, 3 de octubre de 1933, AIHC.

45 Severo Aguirre del Cristo (1912-¿?), seudónimo: Alejandro, Jacinto Tívoli, Severo Colos Cristo, Ángel Acosta, Silvio Ramírez. Negro, obrero de la industria del mueble. En 1930 ingresó a la LJC de la cual fue secretario general posteriormente y hasta su disolución. En el II Congreso del PC de 1934 pasó a su CC para atender los asuntos juveniles. Ingresó en el Partido Unión Revolucionaria y fue dirigente de la Hermandad de Jóvenes Cubanos. Como miembro de CE del PSP atendió la enseñanza política. Asistió como consejero al Partido Guatemalteco del Trabajo y regresó a Cuba luego del derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz en 1954. Trabajó en la clandestinidad dentro del movimiento campesino durante la última dictadura de Batista. Tras el triunfo de la Revolución asumió responsabilidades dentro del Instituto Nacional de Reforma Agraria. En 1965 integró el CC del actual PCC; fue embajador de Cuba en la URSS, Vicepresidente de la Asamblea Nacional y Presidente del Movimiento por la Paz. Algunos seudónimos fueron tomados de Lazar Jeifets, Víctor Jeifets y Peter Huber,ob. cit.

46 “Report of Comrade Bell on the sit. of de Cuba”, October 3, 1933, microfilmes del AIC.

47 “Fragmento de un documento”, 19 de octubre de 1933, microfilmes del AIC.

48 Abraham Grobart (1905-1994), seudónimo: Fabio, Junger Simhovitz, Otto Morley. Obrero polaco, sastre de profesión. En 1922 perteneció a la Liga Juvenil Comunista de su ciudad, pero debido a la persecución, se fue del país y se radicó en Cuba en 1924, donde ingresó en la Agrupación Comunista de La Habana y participó en la fundación del PCC. En 1926 fue captado para su CC y ayudó a la creación de la Liga Juvenil. Por sus actividades políticas fue deportado en 1932 y regresó a la Isla tras la caída de Machado. Ocupó la responsabilidad de organizador del PCC, desde 1936 hasta 1947. En 1951 tuvo que irse a Europa y trabajó en la Federación Sindical Mundial. De regreso a Cuba dirigió la revista Cuba Socialista hasta 1967. Integró el CC del nuevo PCC en 1965, fue Diputado a la Asamblea Nacional de 1976 hasta 1986 y Presidente del Instituto de Historia de Cuba desde 1973 hasta 1987 en que, por cuestiones de salud, pasó a otras responsabilidades.

49 Martín Castellanos, seudónimos: Silverio, Nieto. Médico de profesión, primero perteneció al Partido Nacionalista en la zona oriental y después fue cooptado para el Comité Central del PC en el que atendía los asuntos negros. Fue uno de los partidarios de la controvertida consigna de la autonomía de la faja negra de Oriente. En varias ocasiones ocupó la secretaría general de manera interina y después de 1933 por estar preso Blas Roca. En 1938 fue expulsado del PC por no comprender la política orientada por la IC sobre los frentes populares y se alejó de la vida pública.

50 “Acta de reunión del CC del PCC”, 23 de noviembre de 1933, microfilmes del AIC.

51 Sandalio Junco Camellón (1894-1942), seudónimos: Juárez, Saturnino Hernández, Saturnino Ortega, Jovellanos, Antonio Pérez Junco. Obrero panadero cubano, dirigente sindical y comunista, en el departamento negro del Comité Central. En 1928 emigró a México y participó en la Conferencia Sindical Latinoamericana de Moscú, ese mismo año, y en el Congreso de la Profintern fue nombrado suplente de su Comité Central. De vuelta a Cuba fue detenido y expulsado nuevamente a México. Fue fundador de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (Anerc) y delegado al congreso sindical de Montevideo y a la conferencia de partidos comunistas de Buenos Aires. Fue extraditado hacia Alemania en 1930 y de allí se fue a la URSS, donde trabajó en la IC, la Profintern y participó en numerosos eventos. Estudió en la Escuela Internacional Leninista y, a pedido del PCC, regresó a su patria, pero fundó el Buró de Oposición Comunista, que más tarde convertiría en Partido Bolchevique Leninista. Por eso fue expulsado del PCC en 1932. En 1935 ingresó a la Joven Cuba y más tarde se unió al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Murió en un tiroteo entre miembros de ese partido y los comunistas. Información tomada de Lazart Jeifets, Víctor Jeifest y Peter Huber: ob. cit.

52 Ibídem.

53 Ibídem.

54 “Acta de reunión del CC del PCC”, 23 de noviembre de 1933, microfilmes del AIC y “Carta de Juan a Alberto”, 23 de noviembre de 1933, microfilmes del AIC.

55 La consigna de la autodeterminación de la faja negra de Oriente reproducía una similar que había desplegado el PCEU para una región del sur de ese país, desde Virginia hasta Arkansas, donde el 60 % de la población era negra y vivía en un ambiente viciado por el terror. El trasplante teórico de esa idea para Cuba exigía la libertad de la “nacionalidad negra” habitante en la zona comprendida entre Santiago de Cuba, Guantánamo, Songo, etc., con pretensión de crear un gobierno autónomo. Esta se mantuvo hasta finales de 1934 en que fue finalmente desechada al comprenderse su sentido inadecuado para Cuba.

56 “Acta de sesión de la Conferencia Nacional de Emergencia de Santa Clara”, Archivo del IHC.

57 “Carta de Juan a Alberto”, 2 de diciembre de 1933, microfilmes del AIC.

58 “Carta de Juan a Alberto”, 29 de noviembre de 1933, microfilmes del AIC.

59 “Acta de Conferencia”, 7 de diciembre de 1933, AIHC.

60 “Carta de Juan a Arturo”, 17 de diciembre de 1933, microfilmes AIC.

61 “Documento del Buró del Caribe”, 19 de diciembre de 1933, microfilmes de AIC.

62 Ibídem.

 

Caridad Massón Sena. Doctora en Ciencias Históricas (2000), licenciada en Educación, especialidad de Filosofía Marxista (1981), especialista en estudios históricos relacionados con el movimiento comunista cubano y latinoamericano.

 
 
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