Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
junio-octubre 2010

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Configuraciones en movimiento. Densidad histórica de la acción colectiva de jóvenes en América Latina  
Sara Victoria Alvarado Salgado y Alexandra Agudelo López

No veo salida en la acción individual y solitaria, pues sistemáticamente

termina arrojando lo particular a la bocal del lobo.

La fuerza individual basta para las tareas

proporcionadas a su dimensión, a su alcance, nada más.

La asociación de individuos hace posible una ocasión de redoblar los poderes individuales que, de lo contrario, son más fáciles de destruir para los defensores del otro lado de la barricada.

Michel Onfray

Contexto de adscripción de la acción colectiva

Si la acción colectiva se funda en una racionalidad moral que activa procesos de participación política en función de la búsqueda de (re)establecer dinámicas sociales de mayor equidad, reconocimiento y dignidad de la vida humana, podría afirmarse que las condiciones de agudización de la violencia, la desigualdad, tanto como su fuente la radicalización del modelo neoliberal y de explotación humana en América Latina y el Caribe, se convierten en un determinante que justifica plenamente su existencia.

Y es que la región latinoamericana y caribeña en sus economías y matrices societales ha experimentado la transformación permanente de los modelos de globalización, ya sea que se trate de los sistemas expansivos de mercado o de la generalización de patrones culturales, la región ha demostrado ser un punto crucial del apalancamiento del modelo económico capitalista. Quizá una de las trazas de mayor relevancia en esta relación de dependencia está asociada a la mutación de los sistemas políticos y a los descomunales cambios normativos, jurídicos, que los países han debido realizar para conservar su vigencia en el orden mundial. Ya sea que se trate de ajustes para mantener la relación dependencia-dominación o de establecer posturas de resistencia y con mayor carácter emancipatorio, es evidente la movilidad de los órdenes sociales y políticos en Latinoamérica, lo que deriva en inestabilidades y profundas incertidumbres en la dinámica social y las expectativas de despliegue humano.

En el primero de los casos – cambios que perpetuán las relaciones dependencia-dominación– se observa un ingente debilitamiento de los Estados, que endilga los procesos de desarrollo a las economías privadas, acatándolas como única posibilidad de producción, la industrialización y en el caso más preocupante, negociando su papel como proveedoras en servicios relacionados con la garantía de derechos fundamentales como la salud y la educación. De acuerdo con Garretón esto representa una marcada tendencia en la aplicación de modelo neoliberal en América Latina, en la que el Estado es visto sólo en su dimensión instrumental y negativa respecto del pasado, por lo que existe una ocupación incesante por reducirlo, convirtiendo la disminución del gasto público y las privatizaciones en el sinónimo de reforma de sí mismo. Paradojalmente, ninguna transformación hecha bajo el sello de esta visión ha podido prescindir de una muy fuerte intervención estatal, aumentando su capacidad coercitiva. Esta tendencia se acompaña en los últimos tiempos con una visión de la política que contribuye a despolitizar aún más la sociedad al plantearse como su único contenido el “resolver los problemas concretos de la gente” (2000: 22)

Esta situación no sólo es evidente, sino que ha sido leída por amplios sectores de la sociedad civil, en especial las y los jóvenes que han emprendido procesos de organización y acción colectiva, con propuestas de economías alternativas cuya prioridad sea la elaboración de modos polimorfos de producción paralelos a los del capitalismo e incluso modalidades transversales en el propio capitalismo. (Michel Onfray, 2011: 95)

Para el segundo caso –modelos de desarrollo de carácter más resistente – la situación no ha sido fácil, pues se ha debido enfrentar el costo de la marginalidad parcial del sistema con restricciones significativas en la calidad de vida de las poblaciones. La recuperación de la centralidad del Estado en materia de garantía de derechos, protección, regulación y modelo de desarrollo ha implicado una desaceleración significativa en la producción y una reestructuración de modelos de gobierno previos. Esta alternativa tampoco ha sido desconocida por la sociedad civil y ha debido enfrentar tanto procesos organizativos de defensa y apoyo, como iniciativas de oposición que en algunos casos han puesto a tambalear la estabilidad de los países.

Esta condición de dependencia-dominación, resistencia-emancipación han sido tan cruciales para América Latina y el Caribe que, en mucho, son los focos de referencia al momento de hablar de sus grandes problemáticas y posibilidades; ya sea que se trate de la desigualdad, la violencia, los conflictos o de la esperanza, la potencia humana y las alternativas de vida, los países que coexisten en la región expresan la complejidad de una historia que ha sido más que compleja y expectante. Todo ello, ha delineado con singularidad, la emergencia de acciones colectivas que buscan alternativas de afrontamiento como expresión de posibilidades otras de existencia. En ese campo, han sido las y los jóvenes quienes han levantado sus voces y han aparecido – en un sentido plenamente arendtiano– para erigirse en fuente fecunda de oposición, alteratividad y potencia. Sin desconocer que también han sido las y los jóvenes protagonistas de la violencia y artífices de muchas de las conflictividades en la región, este trabajo intenta comprender qué acontece, cuál es la densidad que la acción colectiva, teñida de sentido político y performatividad, con la que las y los jóvenes de algunos países de la región han logrado hacerse un lugar en la historia latinoamericana y caribeña.

Densidad histórica de la acción colectiva de jóvenes

Los movimientos funcionan de manera similar a una esfera pública, en el sentido de que pueden permitir la plena expresión de las diferencias dentro del contexto común de los intercambios abiertos. Pero esto no significa que las redes sean pasivas. Las redes desplazan las contradicciones y generan, en cambio una especie de alquimia o cambio fundamental que transforma las posiciones fijas tradicionales en flujo de movimientos. Las redes imponen su fuerza a través de una especie de contracorriente irresistible.

Michael Hardt

La asociatividad juvenil, constituye una definición weberiana que refleja la multiplicidad de alternativas que configuran el espectro de posibilidades de participación de las y los jóvenes en diferentes contextos y situaciones, para el caso de este artículo la referencia a las formas asociativas, estará ligada estrechamente a la acción colectiva que dicha asociación refleja y en sentido más puntual, a la densidad histórica que dicha acción le confiere a la organización de jóvenes como alternativa de participación política.

Las formas asociativas de jóvenes en América Latina y El Caribe, se han ido transformando en función de las condiciones socio culturales, económicas y políticas que enfrenta la región y que están ligadas estrechamente con lo que acontece a nivel global. De ahí que muchas de las formas en las que se expresa la acción colectiva, mantengan estrechos lazos vinculantes con manifestaciones de la misma índole en otros lugares del mundo o compartan las mismas razones fundantes y orgánicas.

Como se mencionó anteriormente, los escenarios casi permanentes de desequilibrio en los sistemas sociales, constituyen una fuente cardinal en la emergencia de la acción colectiva juvenil, toda vez que esta se inspira en la posibilidad de alcanzar dinámicas sociales que favorezcan el despliegue de la condición humana en todos sus ámbitos. Sin embargo, como afirma Melucci, no hay ningún significado en la acción colectiva que haga referencia al modo en el cual los recursos son producidos y apropiados (1999:2) para alcanzar tal propósito. Fenómenos como la guerra, la desigualdad, la implantación de modelos de mercado cada vez más voraces y con efectos incontestablemente dramáticos en el sistema planetario, los sistemas de gobierno y la violencia, constituyen algunas de las incitaciones más comunes y por tanto más potentes de la acción colectiva juvenil que pueden rastrearse en América Latina y El Caribe. Una motivación que por demás da cuenta de un círculo ético amplio (Alvarado, Ospina, Botero & Muñoz, 2008:29) en las subjetividades políticas de las y los jóvenes que la agencian.

Siguiendo la advertencia de Melucci cuando afirma que “hoy en día el problema fundamental de una sociología de la acción colectiva es el de ligar las conductas conflictivas a la estructura de la sociedad sin renunciar, al mismo tiempo, a explicar cómo se forman y cómo se manifiestan en concreto nuevas creencias y nuevas identidades colectivas” (1999:7) en el desarrollo del presente artículo se presentará una aproximación hermenéutica a algunas formas de acción colectiva en América Latina y El Caribe, procurando responder a la pregunta por la densidad histórica que estas tienen en el marco de condiciones y contextos conflictivos de desarrollo económico, social, político y humano, en tanto sistema de relaciones que constituyen la acción colectiva y le reclaman organizaciones internas particulares.

Se entiende que la densidad histórica de la acción colectiva está dada fundamentalmente por dos factores, la construcción temporal de la acción y la colectividad y los procesos configurantes de la subjetividad y los procesos de subjetivación. Ambos evidencian la manera en que procesos de socialización inicial se van convirtiendo en prácticas de inquietud y cuidado de sí (Foucault; 2009), singulares e inusitados que dan lugar a prácticas colectivas de subjetivación expresadas en una acción política y performativa con fuerza y potencia. En tanto el tiempo de la acción colectiva se torna más complejo desplazándose de la subsunción a la revolución (Negri, 2006) y las subjetividades políticas se expresan en una trama de autonomía, conciencia histórica, (re)formulación de utopías, reflexividad, ampliación del círculo ético, articulación de acción y narrativa, configuración de espacio público y negociación del poder (Alvarado, Ospina, Botero & Muñoz, 2008:29) mayor densidad histórica logra, mayor consistencia y potencia produce en los sujetos y los contextos.

Tiempo en la acción colectiva

El tiempo que expresa la densidad de la acción colectiva, no está referido a la medida, la perdurabilidad o trazabilidad, se trata de un tiempo en tanto tejido fenomenológico global, como base, sustancia y fluido (Negri, 2006: 91) de una acción social esencialmente transformadora. Así entendido, el tiempo que compone la acción colectiva expresa configuraciones en movimiento que transitan por lo que Negri (2006) denomina desplazamientos y construcciones de la subsunción, la colectividad, la producción, la constitución y la revolución.

El tiempo de la subsunción configura el escenario primero, el antecedente de la acción colectiva, la experiencia en el mundo que configura la comprensión de lo que en él acontece, la referencia inicial del sistema social y de las condiciones objetivas, normativas y subjetivas en que se dan sus flujos. Este es un tiempo de configuración cognitiva del mundo que tanto en lo individual como en lo colectivo, permiten convenir y disentir formas de vivir. La subsunción está relacionada con procesos de socialización mediante los cuales se construye la realidad y representa por tanto, un tiempo de apropiación, aprendizaje, comprensión dialéctica de las estructuras sociales que tendrá implicaciones en la elección y/o construcción de la acción colectiva como búsqueda de equilibrio social.

El desplazamiento al tiempo colectivo, como segunda expresión de este componente de la densidad en la acción colectiva, se inaugura con la reflexión sobre el deber ser y el estar siendo de lo social, una interrogación que apertura incomodidad y malestar moral, que impele al sujeto hacia una acción con otros. De acuerdo con Foucault esta “inquietud de sí va a considerarse como el momento del primer despertar, en que se abren los ojos, salimos del sueño y tenemos acceso a la primerísima luz” (2009:23). El tiempo colectivo representa el nacimiento un principio de racionalidad moral, que orientado a ocuparse de sí mismo y de los otros, tendrá efectos importantes en la densidad histórica de la acción colectiva.

Una vez se instala en el sujeto la inquietud por lo que le acontece y pasa en el mundo, es tiempo de la producción colectiva. Este implica la conjunción performativa con otros y otras para emprender la acción trasformadora como conjunto de prácticas con aspiraciones de impacto social. Este momento implica la redefinición de nuevas formas de vivir juntos, de afrontar la existencia y tiene efectos en los procesos de adscripción de los sujetos a una u otra forma de acción colectiva.

De acuerdo con Negri el tiempo de la constitución representa una “génesis, un horizonte de nomenclatura” (2006: 122) es por tanto el tránsito del imaginario colectivo de la producción al mundo real de la potencia transformativa. Este es el momento en el que la acción colectiva debe vérselas con el poder y la eficacia de la acción para su gestión. Podría afirmarse además que, dado que es el tiempo de aparición propiamente pública de la acción colectiva, ello implica una apuesta por el reconocimiento y la legitimidad en tanto alternativa para encontrar nuevas formas de vivir como sociedad.

Finalmente, aparece el tiempo de la revolución, que más que un momento concluyente de la acción colectiva, se trata de una condición de potencia prefigurativa (Negri, 2006:152) que permite mantener visible el horizonte hacia el que se transita. La actualización permanente de esta perspectiva, que ha sido rasgo fundacional de la acción constituye a su vez la única razón posible de pervivencia, por lo que se hace necesaria una actualización constante en función de las condiciones históricas que le han dado origen. Por ello, es el tiempo, la característica de la acción colectiva que mayor densidad le otorga y la que permite una comprensión de su configuración tanto como de los efectos en los sujetos y en los sistemas sociales en que se desarrolla.

Subjetividad y subjetivación política

Podría decirse que una de las principales fuentes de motivación acción colectiva y por tanto una de la razones de su densidad histórica, se encuentra en la postura falibilista del orden social, es decir, una creencia en la posibilidad de construcción de ordenes sociales justos, dignos y democráticos, lo que según De Soussa Santos (2003) se reflejaría en una construcción alternativa de campos de pensamiento y acción que desencadenan conocimiento emergente capaz de oponerse al conocimiento regulador, determinista impuesto en la actualidad.

Esta postura, que la acción colectiva comparte con perspectivas críticas de la acción, la expresa De Soussa Santos (2003) como una disposición a transiciones paradigmáticas con capacidad para delinear trayectos progresistas de doble transición epistemológica y societal; esto, fundamentado en dos grandes ejes, la necesidad de reinventar un mapa emancipador que no se convierta en un mapa de regulación y de reinvención de una subjetividad individual y colectiva capaz de usar y de querer emplear ese mapa.

Esta subjetividad emergente propuesta por De Soussa Santos y que se expresa en la densidad de la acción colectiva, deviene emergencia rebelde e implica transitar de una concepción estrecha, confinada, regulada, determinista de la subjetividad a una posibilidad abierta, factible y emancipada. “Estas subjetividades emergentes se caracterizan por el inconformismo y la capacidad de indignación y transformación de posibilidades en realidades. Subjetividades que dependen menos de la identidad que de la reciprocidad, con capacidad y voluntad para luchar por la reinvención de la emancipación social” (2003: 90). Esto sumado a la idea que “las acciones y las subjetividades son tanto productos como productoras de los procesos sociales” (2003: 35) bien podría interpretarse como subjetividad política, articularse con lo que Villoro llama una postura de izquierda y que define como una “actitud vital de disrupción ante la realidad social existente, que da lugar a una práctica transformadora; actitud y práctica que son a la vez, negación de un orden dado y proyección de otro que se supone más racional y humano” (Villoro 2007:130) de esta manera el criterio para juzgar el carácter de izquierda de una teoría es si es capaz de justificar racionalmente o no un comportamiento emancipador. Así ambos autores (De Sousa Santos, 2003 y Villoro, 2007) coinciden en que la acción colectiva y la subjetividad política que encarna, poseen una postura emancipadora y rebelde que se constituye necesariamente a partir de la crítica y la disrupción en la acción.

Este tema de la subjetividad en De Sousa Santos (2000) toma relevancia toda vez que constituye el elemento clave sin el cual una transición paradigmática no es posible, por lo tanto puede definirse como una bisagra articuladora entre el conocimiento emergente y práctica emancipadora de la acción colectiva, que se producen como resultado de la transición epistemológica y social. Se trata entonces de una subjetividad que “es capaz por un lado, de conocerse a sí misma y al mundo a través del conocimiento-emancipación, recurriendo a una retórica dialógica y a una lógica emancipadora; por otro lado, capaz de concebir y desear alternativas sociales basadas en la transformación en relaciones de poder, en relaciones de autoridad compartida y en la transformación de los ordenes jurídicos despóticos en ordenes jurídicos democráticos” (2000: 393).

Lo anterior sugiere que una subjetividad de tal magnitud, con tales compromisos epistémicos y sociales, individuales y colectivos, equipada con las capacidades necesarias para autoreferenciarse permanentemente y en ese sentido en condiciones para escapar del determinismo individual y colectivo, no puede menos que ser una subjetividad política, una subjetividad autocreada, cocreada y heterocreada a imagen y semejanza de un porvenir alternativo. Esta subjetividad interpretada entonces como subjetividad política, que está signada de manera primordial por la participación y la construcción de sentido colectivo y de acuerdo con De Sousa Santos es indefectiblemente requerida para toda transición paradigmática, es también por lo que refuerza su carácter político, “aquella para quien el futuro es una cuestión personal” (2000: 395).

Villoro (2007) es enfático en afirmar que la izquierda debe expresarse como una negación de toda forma de dominación, un camino hacia algo que aun no es y que no puede describirse como un estado, sino como un movimiento permanente que va de una situación, vivida como opresiva, a un impulso de emancipación. Lo que conversa con la comprensión de procesos de subjetivación planteada por Lechner en términos de que existe una necesaria transición de una acción conformista, a una acción rebelde que depende en parte de la emergencia de subjetividades capaces de desnaturalizar la determinación y esto se hace posible sólo a través de una política de la subjetivación que se oponga a halo natural que oculta la producción social de nuestra forma de convivir” (Lechner, 1990: 67)

Esta subjetividad política de la acción colectiva, depende menos de la identidad que de la intersubjetividad, tiene como fundamento la solidaridad entendida como el conocimiento obtenido en el proceso, siempre inacabado de volvernos más capaces de reciprocidad a través de la construcción y el reconocimiento de la intersubjetividad, que se hace a su vez posible por la comprensión histórico cultural de sí mismo y del otro. En palabras de Villoro esta “rebeldía contra el poder tiene un doble efecto: el esfuerzo de las formas de solidaridad entre disidentes y su resistencia común” (2007:24)

ACCIÓN COLECTIVA DE JÓVENES: PROBLEMAS HISTÓRICOS NUEVAS APUESTAS

La derrota del pensamiento no está generalizada

Y el triunfo de la barbarie, todavía no es efectivo

El propósito de un pensamiento crítico libertario

Es oponer la cultura a las fuerzas sombrías y gregarias.

Michel Onfray

En la dirección que se ha presentado hasta ahora, es claro que la acción colectiva de jóvenes en América Latina no sólo se justifica por la diversidad de acontecimientos que afectan la calidad de vida y el disfrute de los derechos de la ciudadanía, sino que además esta acción ha logrado acumular densidad histórica en la medida que se ha configurado a partir del reconocimiento de los procesos reivindicatorios que se han emprendido en los diferentes países y de procesos de producción de subjetividades políticas y subjetivaciones colectivas capaces de transformar la acción contemplativa en acción rebelde, resistente y con potencia para detonar cambios cardinales en las matrices societales desde la cultura.

Esta acción colectiva –que puede reconocerse en muchos actores, pero que tiene una fuerza y creatividad particular en las y los jóvenes– ha adquirido autonomía ideológica, toda vez que no se adhiere a las formas que tradicionalmente se han asumido como izquierda y mediante procesos de interrelación de diversas expresiones culturales, tecnológicas, organizativas y biopolíticas, han generado multiplicidad de expresiones que le dan flexibilidad, capacidad de penetración en la mentalidad de las comunidades y una habilidad inusitada de expansión y solidaridad en el escenario político global.

Sin perder de vista la centralidad del modelo económico en las grandes problemáticas mundiales, las acciones colectivas adscriben a utopías “parciales que apuntan a la realización provisoria sólo de algunos de los principios que definen una sociedad” (Garretón, 2000:14). Pero además, construyen redes amplias con otras formas de acción con las que se soportan y fortalecen mutuamente, generando sinergias que gatillan alternativas aun más novedosas de lucha. Así, las acciones colectivas locales, como eventualmente podrían considerarse las que acontecen en América Latina, son ahora foco de miradas, fuente de inspiración, motivo de solidaridad, interlocutores permanentes para el debate y la confrontación de ideas respecto de lo que se considera prioridad transformar.

Son pues, muchos y de diversa índole los procesos de acción colectiva juvenil que se han producido en América Latina, los que frente a la desigualdad generada por modelo económico se han constituido como movimiento antiglobalización, autonomismo económico, economía alternativa, movimiento “de los sin tierra”; Indignados; frente al negocio de la tierra son muchas las acciones colectivas del tipo antimilitarista, acción directa no violenta y desobediencia civil, objetores de conciencia; contra los modelos de gobierno están las acciones colectivas que representan movimientos pacifistas, democracia real ya!, democracia indignada, democracia Latinoamérica despierta; en relación al modelo de explotación natural, que es quizá uno de los que ha alcanzado mayor globalización y adhesión en la región, están las acciones colectivas derivadas del movimiento paz verde, ecologistas en acción, Avazz y Green peace entre otras. Para este artículo, hemos seleccionado por la densidad que su acción representa para América Latina, el Movimiento estudiantil chileno, representativo de las luchas históricas de una sociedad por la defensa de la educación y el movimiento #YoSoy132 de México, que recoge diversas expresiones de lo que acontece en el panorama político, económico y social en este país.

Movimiento Estudiantil Chileno

El movimiento estudiantil chileno ha sido reconocido como uno de los más fuertes en América Latina, su creatividad en las formas de lucha le ha convertido en una fuente de inspiración para organizaciones, iniciativas de oposición y procesos de acción colectiva en la región y en otras partes del mundo. La movilización del 2011(1) fue quizá una de las más pronunciadas y consistentes de los últimos años y se encadenó con otras que, cuestionando el modelo neoliberal y sus efectos en la garantía de derechos sociales, económicos y políticos, reclamaban calidad y gratuidad en la educación.

El movimiento estudiantil es resultado de peleas históricas que la juventud chilena ha levantado desde el retorno a la democracia en los 90´s. No podemos desconocer hitos como “El mochilazo” de 2001 y la “Revolución pingüina” de 2006 que nos permite soñar un Chile distinto haciendo eco de la historia reciente y sus procesos. Este movimiento ha sido capaz de hacer evidente la desalienación de la llamada “clase política” y la sociedad civil que no se siente representada o parte del país que se construyo entre los bloques de la Concertación y la Alianza y su política de conducir bajo la lógica política de los “acuerdos” con una salida negociada de la Dictadura(2).

Es fundamental señalar, en perspectiva de la densidad histórica de esta acción colectiva que constituye el movimiento estudiantil chileno, varios aspectos, en primer lugar, la recurrencia a las experiencias de participación y movilización previas, como una temporalidad que da sentido, contexto y potencia al presente.

Los síntomas del desgaste político en Chile se hacen evidentes hace ya más de una década. La baja aprobación de los partidos políticos y el viciado sistema binominal, que no representa la voluntad popular y que no da espacio a la generación de nuevas alternativas de poder, en el escenario político actual. Nosotros, los jóvenes perdimos la esperanza en la política de partidos que se presentaban como alternativa de representación en un sistema viciado, esto redunda en la baja inscripción en los registros electorales y la búsqueda de nuevas alternativas de participación(3).

Las y los jóvenes del movimiento estudiantil, expresan en sus narrativas un tiempo de subsunción que inscribe la racionalidad moral en una historia cargada de significados, referentes y propósitos; lo que permite encausar su acción sin ingenuidades, pero a la vez con la aspiración de transformación de la realidad existente.

Nos hemos convencido como generación que la respuesta no es la abstracción que caracterizó a los 90´s. Desde nuestra experiencia e historia somos la generación que puede romper la tendencia del modelo político y económico heredado de la Dictadura y maquillado por la Concertación, que debemos proveernos de una expresión política propia, completamente arraigada en una sociedad comprometida y avanzando a una nueva lógica de acción colectiva, para decidir desde los aspectos básicos de qué tipo de organización queremos hasta el accionar político en la tensión durante el conflicto. Todo esto no es casual, sino de los procesos políticos de los últimos años y cómo nuestra generación es la bisagra de cambio, transformación y cuestionamiento que se ha extendido a toda la sociedad. Otro factor que puede explicar el apoyo ciudadano hacia el movimiento, que alcanza al 80% de la sociedad chilena, es que la mayoría de los padres de esta generación es aquella que creció, se formó y se endeudó con la falsa promesa de éxito y una alegría que no llego para todos/as(4).

Movimientos como el chileno, develan una potencia inusitada en los tiempos de configuración y reconfiguración de la colectividad y la producción, toda vez que la comprensión de su condición juvenil no les exonera de la búsqueda de movilización de la sociedad civil y emprenden convocatorias que reclaman la participación de esta en su totalidad. Es usual, por tanto que madres, padres, niños, niñas, abuelas y diferentes miembros de la sociedad expresen su adscripción a la lucha y se congreguen en función de darle densidad a la protesta. No se trata solo de un lazo dado en función de la familiaridad o la solidaridad con un miembro de la comunidad que hace parte del movimiento, se trata más bien de la conjunción de intereses respecto del bienestar de la sociedad.

No es casual que el movimiento estudiantil tenga como principal bandera de lucha “La Educación de calidad y sin lucro” que rompa con la desigualdad y la reproducción social del sistema económico. Se busca comenzar con la educación como eje trasformador de cambios, desde las etapas más tempranas de la vida, apelando a construir un modelo que efectivamente promueva y permita la ejecución de derechos universales, cumpliendo así con los tratados internacionales suscritos por Chile en la materia. En razón de lo anterior, una de las demandas centrales del Movimiento estudiantil es acabar con el lucro en su totalidad en el sistema educacional chileno. El lucro, relega a la educación a un plano secundario, pues al ser tratado como bien de consumo el propietario busca la maximización de sus utilidades (principio básico de economía neoliberal). No se trata de un cierre masivo de instituciones, sino de realizar transformaciones al interior del sistema, que pongan énfasis en los fines de la educación como derecho, antes que los intereses comerciales de los/as particulares. Estas transformaciones son complejas, ya que involucran lidiar con los intereses económicos y políticos de los grupos que controlan el país y rigidizar la regulación y el control sobre colegios privados y público-privados, así como en las Universidades privadas.

Las reflexiones que dan forma al movimiento estudiantil chileno, reflejan lo que hemos denominado un tiempo de constitución por los análisis y priorizaciones que dan a sus luchas. Este orden de importancia refleja además los niveles de maduración del movimiento y la capacidad para señalar la fuente de las dificultades que experimenta el sistema; el reconocimiento de fallas de orden estructural que de no afectarse provocarán síntomas en otras esferas de la vida humana.

Chile tiene una particularidad, es el país más neoliberal de la región y del mundo. El modelo fue instaurado sin piedad, por ello este Movimiento estudiantil tiene una importancia vital, ya que ha puesto en jaque en materia educativa, presupuestos mínimos del sistema económico que traslada el thelos de participación, en esa realidad y consecuencia se enmarca el Movimiento estudiantil. No es un modelo a seguir en una serie de planos, pero hoy es un ejemplo de cómo se puede remar contra la corriente y sentar los presupuestos para tener éxito en el futuro. La demanda tiene un correlato en los sueños de la mayoría de las personas que aspiran a una Educación que integre y genere oportunidades efectivas. Nos interesa profundamente que desde fuera pueda verse que en Chile, a pesar del modelo adverso, se ha logrado evidenciar las contradicciones de la intromisión del mercado en una función propia del Estado. Luego, desde esta nuestra experiencia y aprendiendo de nuestros vecinos, avanzar con mirada de futuro en los cambios que la Educación, otros derechos sociales y la democracia en general necesitan(5).

El tiempo de la revolución en el movimiento estudiantil chileno se expresa en una lucha enérgica por alcanzar la democratización social y política, la reivindicación de derechos fundamentales, en una disputa por la ciudadanía, contra la exclusión y a favor de una reconstrucción de la economía nacional en función de las necesidades de la población.

Finalmente, expresa Órdenes:

El Movimiento estudiantil es una oportunidad de construir y fortalecer el movimiento social que busca democratizar y profundizar la participación de la sociedad en sus propias decisiones. No solo el reconocimiento político de sus demandas, sino avanzar hacia el respeto de las garantías básicas existentes, en un ámbito institucional sacando malas prácticas, como el binominal y la falsa representación política institucional(6).

Movimiento #YoSoy132

Para comienzos del 2012 México experimentaba un ambiente social tenso, producto de las transformaciones en el sistema económico, la agudización de la desigualdad social y la pobreza, la ineficacia de las políticas de seguridad, la ambivalente lucha contra el narcotráfico y los altísimos niveles de corrupción en el Estado. Las elecciones que se avecinaban para el 1º de julio de ese año, habían caldeado los ánimos de la población, en particular el anuncio de la candidatura por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista (PVEM) de Enrique Peña Nieto a la presidencia del País. Peña Nieto, había sido señalado por sus vínculos non sanctos con las élites económicas, los medios de comunicación del país y por la responsabilidad en las violaciones y torturas que ocurrieron en San Matero de Atenco en 2006, cuando era gobernador en esa región.

El 11 de mayo del 2012 la Universidad Iberoamericana(7) decide realizar un panel con los candidatos a la presidencia de la república, como alternativa de involucramiento de las y los estudiantes con el debate que vivía el país. El foro contó con la participación de una cantidad inusitada de estudiantes y logró desencadenar lo que se conocería como el Movimiento #YoSoy132, una iniciativa que surgida de la indignación y la urgencia de una acción colectiva rebelde para enfrentar las mafias políticas, que se ha constituido como la fuerza de mayor oposición al modelo económico, inocultable por sus estrategias de lucha y la gran solidaridad, expresada en número de adscripciones en todo el mundo.

El #YoSoy132 es en la actualidad, uno de los movimientos más representativos de América Latina y refleja en las voces de sus miembros(8) la potencia, la fluidez, la creatividad con la que ha brotado la irritación, la rabia, la indignación de una sociedad acostumbrada al silencio, al miedo y a la violencia en que la ha sometido su clase dirigente.

El lunes 25 de junio, el movimiento difundió un video en YouTube titulado Seis días para salvar a México, en el que se pide a los ciudadanos cambiar al país: nada más y nada menos. Quien se propuso salvar a México no es un partido político, sino un movimiento de jóvenes universitarios. No tienen líderes visibles sino representantes y voceros de sus instituciones educativas electos de manera rotativa. Nacieron antes de las elecciones del 1º de julio, exigiendo la democratización de los medios y cuestionando la pretensión de imponer como presidente de la república a Enrique Peña Nieto. Toman sus decisiones en asambleas. No dan tregua. Parecen incansables. Toman las calles, realizan asambleas, debaten, reflexionan, organizan conciertos, protestan, denuncian, difunden mensajes en redes sociales, hasta el punto de hacer de sus tweets trending topics. (Hernández, 2012:10)

Una de las características más representativas del #YoSoy132 se refleja en las estrategias de penetración en los medios de comunicación(9), la utilización de las redes sociales como visibilización de la acción y deslegitimación de la información que en relación a ellos y ellas ha circulado en los canales nacionales e internacionales del país. Esto tiene un significado trascendental en el caso de México y representa uno de los grandes retos de las acciones colectivas de oposición en América Latina, toda vez que los monopolios comunicativos –duopolio televisivo en este país– están directamente asociados a las dirigencias políticas y a las élites financieras. El #YoSoy132 comprendió desde sus comienzos que sin la información adecuada, el movimiento carecería de respaldo en la sociedad y se convertiría en un grupo altamente vulnerable a la represión del Estado.

Yo esperaba que llegarán unos 30 videos de mis compañeros que habían participado en las protestas y ya. Pero ellas me dicen, no mames güey, espérate, necesitamos mínimo cien. (…) El video es un derecho de réplica para los medios de dudosa neutralidad (…) Somos comunicólogos. Nuestras herramientas son las redes sociales. (…) cuando regreso a mi casa, y mis papás me dicen, mira la tele por favor, y cuando volteamos, vemos el collage de los 131 en Milenio. Me quedé sorprendido. (…) El día que sale el video, Denise Dresser dijo en su noticiero “no están solos chavos, porque somos más de 131, yo soy el 132. Para la reunión del martes, ya teníamos logo y nombre”. (Rodrigo, 2012: 53-60)

Para muchos estudiantes la jornada del 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana constituye el punto de inflexión en su participación política y signa tanto un momento de interrogación y acción frente a la realidad del país, como un escenario de articulación con otros y otras que comparten el mismo sentimiento de indignación. Las acciones que se desencadenaron posteriormente, transitaron del malestar frente al candidato, a la construcción colectiva, local, nacional e internacional de un manifiesto que sería la plataforma de trabajo del movimiento hasta hoy.

El movimiento sostiene la necesidad de democratizar y transformar los medios de comunicación, sobre la base de la socialización de los mismos y el desarrollo de un modelo de medios públicos. Cambiar el modelo educativo, científico y tecnológico. Sustituir el modelo económico neoliberal. Transformar el modelo de seguridad nacional, retirando las fuerzas armadas de las tareas de seguridad pública. Fomentar y fortalecer la democracia participativa en la toma de decisiones y en la construcción de políticas públicas. Y, luchar por el pleno cumplimiento del derecho a la salud. (Hernández, 2012:10)

Otra de las señales de la densidad del #YoSoy132 está en la flexibilidad de la organización y la participación de sus miembros. Si bien las condiciones de represión y agresión que comenzaron a experimentar requería la conformación de comisiones de trabajo, en especial una de acompañamiento y seguridad, el movimiento define una estructura por asambleas, sin representaciones fijas y sin liderazgos personales. Esa estrategia facilita además la aparición en diferentes escenarios, la vocería compartida, descentraliza el poder del movimiento y complica la identificación por parte de las fuerzas militares del Estado.

Se establece que la base del movimiento son las asambleas por escuelas autónomas. Se acuerda, que la autonomía de las escuelas será la base del movimiento, y que éstas tienen libertad para tomar acciones y para posicionarse políticamente. Esa estructura es, en gran medida, lo que ha hecho tan operativo al #YoSoy132. Hubo una gran discusión sobre si ser anti Peña o no. En las islas se salvó el consenso respecto al posicionamiento político. El asunto no fue oponerse a una cierta persona, sino a la imposición, a las prácticas antidemocráticas, a la represión y a la violencia del Estado, que hoy decantan en Enrique Peña Nieto, pero que podría ser cualquier otro y que prácticamente es toda la clase política. Además, hubo un debate muy interesante y nutrido sobre el anti neoliberalismo. La base era la desigualdad social y la pobreza, y como a todos nos jode, y partiendo de esto vimos cómo cada uno defendía su postura y al final se decretó ser anti neoliberales. (Mariana, 2012:77)

No es una tarea fácil la que debe enfrentar el #YoSoy132, la elección de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República confirma muchos de sus miedos y advertencias en relación al poder de la dirigencia mexicana, al recrudecimiento del modelo neoliberal, la violencia y las políticas de seguridad como expresión máxima de la represión, no obstante, los miembros de esta acción colectiva continúan como lo expresa uno de ellos:

A pesar de los miedos, lo que me anima es que creo que la humanidad ha llegado a una etapa en la que ya no cree en ese eterno retorno en el que pensaban los griegos, tumbar a un tirano para que regrese otro, que ya la humanidad tiene la posibilidad de trascender, de ir haciéndonos más humanos, de ir liberándonos. (Bruno, 2012: 174)

Para cerrar este artículo, quisiéramos expresar que la investigación permanente que realiza el Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales y la Fundación CINDE en relación a la emergencia y densidad de las acciones colectivas en América Latina, se afinca en una profunda creencia en que las y los jóvenes están recreando las formas de participación política en la región como respuesta a la grave situación política, económica y social que enfrentan los diferentes países, lo que implica de nuestra parte todo el apoyo y compromiso con tales iniciativas.

 

Bibliografía

Alvarado, S., Ospina, H. F., Botero, P. & Muñoz, G. (2008): Las tramas de la subjetividad política y los desafíos a la formación ciudadana en jóvenes, en: Revista Argentina de Sociología, 11 (6), pp. 19-43.

De Sousa Santos, Boaventura (2003): Critica de la razón indolente: contra el desperdicio de la experiencia, Desclee de Brouwer, España, Vol. I.

Foucault, Michel (2009): La hermenéutica del sujeto. Curso en el Collége de France (1981-1982), Fondo de Cultura Económica, Argentina.

Garretón, Manuel Antonio (2000): Cambios sociales, actores y acción colectiva en América Latina, CEPAL – ECLAC, Naciones Unidas, Santiago de Chile.

Groppo, Luís Antonio: “Condição Juvenil e Modelos contemporâneos de Análise sociológica das juventudes”, em: Ultima Década, 33, CIDPA Valparaíso, diciembre 2010, pp. 11-26.

Lechner, Norbert (1990): Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y política, Fondo de Cultura Económica, Chile.

Melucci, Alberto (1999): Acción colectiva, vida cotidiana y democracia, El Colegio de

México, México.

Muñoz, R. Gloria (2012): #Yo Soy 132.Voces del Movimiento, Ediciones Bola de Cristal, México D.F.

Negri, Antonio (2006): Fábricas del sujeto/Ontología de la subversión, Ediciones AKAL, Madrid.

Negri, Toni., Hardt, Michael (2007): La multitud y la guerra, Ediciones ERA, México.

Villoro, Luis (2007): Los retos de la sociedad por venir. Ensayos sobre justicia, democracia y multiculturalismo, Fondo de Cultura Económica, México.

 

Notas

(1) Propuestas de reformas al Sistema de Educación del 2011:

“Para avanzar en la integración del sector, es necesario un efectivo e intenso control estatal en la regulación arancelaria; revisar los contenidos impartidos; promover la democracia interna con organizaciones estudiantiles e instancias de decisión trimestral, con docentes y trabajadores; fortaleciendo sus organizaciones internas vía sindicatos. También hay que seguir al frente hasta acabar con el endeudamiento, para ello es necesario acabar con el Crédito con Aval del Estado, del cual, el 70% de los 250 mil estudiantes pertenecen a la educación superior privada.

FIN AL LUCRO: Debe prohibirse de manera efectiva, ya sea de manera directa o indirecta, el Lucro en todas las instituciones que engloben el sistema, no obstante existan instituciones estatales, o de carácter privado (corporaciones y fundaciones) sin fin de lucro. Para lo anterior se requeriría no solo hacer cumplir la Ley, sino también modificarla para que incluyese a los IPs y CFTs. La tarea de fiscalización debiese encargársele a la Superintendencia de Educación Superior.

DEMOCRATIZACIÓN: Debe asegurarse la libertad de asociación, reunión y expresión de los estudiantes, funcionarios y profesores en las universidades, expresada en la existencia de gobiernos Universitarios que garanticen la organización de los distintos estamentos y discusión sobre la orientación estratégica que adopte cada institución, desde una perspectiva democrática, tolerante, pluralista y vinculada al medio. Para ello es fundamental, la derogación de las regulaciones en que (artículos 56, 67 y 75 en sus letras e del DFL2 del 2010), se impide la participación de estudiantes y funcionarios en los espacios de tomas de decisiones dentro de las universidades, centros de formación e institutos técnicos.

ACCESO Y ENDEUDAMIENTO: Debe asegurarse la gratuidad de la Educación Superior para todos los/as estudiantes, además de generar mecanismos complementarios de acceso para los estudiantes más vulnerables, con apoyo económico y acompañamiento para su permanencia. Entre los que se cuentan los cupos de equidad y el sistema de ingreso propedéutico. De ningún modo las familias deberán endeudarse para acceder a la educación superior

CALIDAD: Las instituciones de educación superior serán fiscalizadas por un servicio público dependiente del ministerio de educación, con atribuciones para cerrar carreras e incluso universidades, de tal manera que respondan a las expectativas de la sociedad y de los cambios esperados. Para ello es fundamental la creación de un Servicio Nacional de Acreditación de Educación Superior.

FINANCIAMIENTO: El Estado sólo financiará de manera directa (AFD, AFI, Fondos Concursables, etc.) o de manera indirecta (Créditos y Becas a sus estudiantes) a aquellas instituciones que cumplan con los requisitos anteriormente expuestos y que comprueben que cumplen un rol público.”

(2) Narrativas de Patricio Ignacio Órdenes Ramírez, estudiante de Derecho, Universidad Alberto Hurtado, participante activo del Movimiento Estudiantil Chileno.

(3) Ibíd.

(4) Ibíd.

(5) Ibíd.

(6) Ibíd.

(7) El carácter de universidad privada marca un hito en la fundación del movimiento, toda vez que la emergencia de acciones colectivas juveniles previas, estaba ligada – como en muchos países de América Latina – a la universidad pública. No obstante y contrario a toda expectativa, las y los jóvenes elevan el debate al nivel de problema nacional, convocando a mayorías estudiantiles de las universidades públicas y otras privadas. Si bien las y los estudiantes constituyen el centro del movimiento, rápidamente logran la adhesión de otros representantes de la sociedad civil.

(8) Por una democracia auténtica #YoSoy132 (http://www.youtube.com/watch?v=uiF6ESCFBFM)

(9) Manifiesto span

 

Sara Victoria Alvarado Salgado (Colombia) Dra. en Educación, NOVA University-CINDE. Directora del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud del CINDE y la Universidad de Manizales. Co-Coordinadora del Grupo de Trabajo CLACSO “Juventud y prácticas políticas en América Latina” y coordinadora de la Red Iberoamericana de Postgrados en Infancia y Juventud.

Alexandra Agudelo López (Colombia) M.Sc en Educación, Desarrollo Cognitivo y Creatividad, Pontificia Universidad Javeriana. Co-coordinadora de la línea Jóvenes, Culturas y Poderes en la Maestría en Educación y Desarrollo Humano del mismo Centro. Subdirectora del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud del CINDE y la Universidad de Manizales.

 

 
 
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