Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
julio 2012 - diciembre 2012

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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La práctica del apoyo mutuo en situaciones límite entre trabajadores y trabajadoras de empresas recuperadas en la Argentina  
Margarita Robertazzi, Lidia Pertierra, Liliana Ferrari

Introducción

En este artículo[1] se presentan resultados parciales que son producto de la ejecución del proyecto de investigación UBACyT P 057, “Estudio psicosocial comparativo del proceso de constitución de bienes de utilidad social. Resiliencia comunitaria en empresas recuperadas por sus trabajadores y trabajadoras”, con sede en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires (UBA), y que se enmarca en la Programación Científica UBACyT 2004-2007.

El tipo de estudio es descriptivo y aborda, con metodología cualitativa, una serie de casos intencionalmente seleccionados.

El objetivo central de la investigación es reconstruir críticamente distintos procesos de apropiación de la fuente de trabajo por sus trabajadores/as y comparar el tipo de prácticas psicosociales, psicopolíticas y psicoculturales involucradas.

Las técnicas son interactivas, básicamente se trata de entrevistas participativas —que procuran obtener un relato de vida— y de observación participante.

En un primer momento, el criterio de selección de los casos estuvo referido a la localización geográfica (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), enfocando empresas del mismo rubro y con la finalidad de comparar recuperaciones que obreras y obreros realizaron en distintos períodos.

La acción social que permite a la clase trabajadora recuperar empresas es una herramienta innovadora para la lucha, que no puede ser comprendida si se la separa del entramado sociopolítico y cultural de la época en la que se origina; no obstante, a medida que el modelo de la recuperación se difundía y el clima social se modificaba, los cursos de acción tampoco permanecían inmutables y fue factible entonces reconstruir distintos procesos-productos de cada recuperación estudiada.

La experiencia que la clase trabajadora adquiría en una recuperación era una guía para las siguientes, si bien cada caso era en sí mismo único. En esta perspectiva, la transmisión del modelo con el que recuperar empresas resultaba fundamental y, desde el principio, estaba presente la práctica de la ayuda mutua: “hacer que otros conozcan la experiencia”. Tal difusión, en la que se invertían muchos recursos, no necesariamente implicaba que el modelo sería aplicado. Además de la información sobre el modelo de acción social se requerían otros factores coadyuvantes para ponerlo en práctica.

La selección de casos comenzó siendo un producto de las conversaciones con interlocutores claves, referentes de los movimientos sociales en los que se nucleaban las organizaciones. A medida que se avanzaba en el trabajo de campo, y el equipo de investigación conocía más profundamente a otros y otras protagonistas —y a los procesos psicosociales y psicopolíticos involucrados—, distintos acontecimientos —en el sentido en que Badiou (2005) los define— cruciales señalaban para el equipo de investigación la dirección a seguir.

Fue así que, a posteriori, comenzaron a interesar otros casos en los que la recuperación parecía estar estancada o aun a punto de naufragar, como dan cuenta anteriores artículos publicados por este equipo (Robertazzi, Ferrari, Pertierra y Bancalari, 2006)[2]. No obstante el permanente interjuego entre continuidad y cambio, que caracteriza a estas organizaciones, hace que esos mismos procesos resulten hoy más alentadores.

De todos modos, en este artículo, el foco de interés está referido a analizar un tipo particular de ayuda mutua, la que deja una marca imborrable en quien la recibe. Con este fin se presentan algunos resultados obtenidos durante el trabajo de campo realizado en Chilavert, IMPA[3] y La Nueva Esperanza. Se atenderá especialmente el último de los casos pues, hasta el momento, este equipo de investigación no había dado a conocer ningún aspecto del trabajo de reconstrucción histórica crítica realizado en esa empresa.

La Nueva Esperanza: algunas características singulares de la recuperación

La historia de la recuperación de esta fábrica de globos, cuyo antiguo nombre era Global, comienza de modo similar a la recuperación de la Gráfica El Sol, es decir, con un momento de sobresalto (Malfé, 1978; Robertazzi, Ferrari, Pertierra y Ávalos, 2005)[4]. Así como un día los obreros y obreras gráficas llegaron, como siempre, a trabajar, y el patrón no estaba; del mismo modo, las personas empleadas en Global llegaron a su fábrica y encontraron la puerta cerrada. Uno de los protagonistas lo relata de este modo: “En el año 2004, un día lunes, vinimos a trabajar y un cartel decía ‘Cerrado hasta nuevo aviso’; nosotros no entendíamos nada de qué había pasado”.

Hasta ese momento, tanto en una como en otra empresa, había algunos signos que podían anticipar el vaciamiento: los sueldos estaban atrasados, se adeudaban vacaciones, aguinaldos y, en muchas oportunidades, se entregaban vales en lugar de dinero; no obstante, la producción no se había paralizado. Sin embargo, este tipo de prácticas de la clase empresaria en Argentina estaban ya naturalizadas, a tal punto que las personas que trabajaban esperaban continuar del mismo modo y no imaginaban el desenlace que finalmente se produjo.

Una de las diferencias entre Global y El Sol consistió en la actitud de sus dueños: mientras que el propietario de la empresa gráfica desapareció dejando la maquinaria en su lugar, aunque con la expectativa de llevársela después; los dueños de la fábrica de globos, durante un fin de semana, lograron retirar todas las máquinas, trasladándolas inclusive durante la noche, según informaron a los trabajadores y a las trabajadoras algunas personas vecinas. La fábrica de globos estaba casi totalmente vaciada.

Otra de las diferencias fue que El Sol Artes Gráficas se encontró con un camino allanado por la experiencia que previamente había acumulado la recuperación de Chilavert Artes Gráficas, su antecedente más directo, y, desde luego, la de otras organizaciones que se habían recuperado con anterioridad, aunque pertenecieran a otros rubros y sus actividades e historias fueran muy distintas.

Los mismos trabajadores de El Sol Artes Gráficas lo expresaban diciendo que no habían tenido una transición larga, sino solo de quince días.

Por otra parte, en el momento en que el que se sorprendieron por la ausencia del patrón, los trabajadores y trabajadoras de la empresa gráfica recibieron apoyo sindical y del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas[5] (MNER), e inclusive hay que consignar que contaron con la buena disposición de un juez para resolver sus conflictos y también con la de algunos/as legisladores/as. Esta red de contención estaba funcionando muy bien, aunque no había sido así poco tiempo antes, cuando Chilavert recuperó la empresa.

La situación en la fábrica de globos provocó igualmente, por sorpresiva, un efecto de sobresalto angustioso, pero con el agravante de que tanto el patrón como las máquinas habían desaparecido durante ese fin de semana. A esta situación singular habría que agregar que tampoco las trabajadoras y los trabajadores contaban con un grupo que funcionara como sostén o respaldo.

Algunos miembros de la empresa recordaron un proyecto de la patronal que tenía planificado mudarse a la provincia de Buenos Aires, con la finalidad de abaratar costos. A partir de este recuerdo, decidieron recuperar las máquinas. Sin ellas, habían perdido todo.

Desde luego que recurrieron a la justicia porque tenían cuestiones que denunciar, básicamente el vaciamiento de la empresa, pero las respuestas tardaban mucho tiempo en llegar[6] y fue así que tuvieron que pasar a lo que podría considerarse “acción directa”. Primero fue una larga peregrinación buscando las máquinas, luego el hallazgo casi providencial, a posteriori la custodia permanente instalados en una carpa y, finalmente, luego de casi un año, el reingreso de las máquinas a la fábrica.

Tanto el momento de reencontrarse con las máquinas robadas, como el otro en el que pudieron recuperarlas y trasladarlas a la empresa, poseen para los y las protagonistas las marcas de lo inolvidable.

Así como soportan el trauma provocado por lo inesperado del vaciamiento, llevan consigo estos recuerdos también imborrables, pero de sentido contrario.

En un caso, no estaba ya aquello que debería haber estado; en el otro, aparece algo donde no había nada.

El proceso psicosocial de la solidaridad. El apoyo mutuo

El concepto de apoyo mutuo ha sido teorizado un siglo atrás por Pedro Kropotkin. Su concepción de una sociedad que aboliera toda forma de gobierno, y prescindiera de instituciones estatales, atribuía a la cooperación y al apoyo mutuo un lugar central en la evolución de las especies animales y también de los seres humanos.

Kropotkin (1902/1989), en su obra sobre el apoyo mutuo, se proponía contrarrestar las consecuencias antisociales derivadas del darwinismo, mediante las ideas propias de su filosofía social. El hombre, para él, no es lo que es sino por su sociabilidad, es decir, por la fuerte tendencia al apoyo mutuo y a la convivencia permanente; oponiéndose de ese modo al contractualismo, tanto en la versión pesimista de Hobbes, que fundamenta el absolutismo monárquico, como en la versión optimista de Rousseau, sobre la cual se considera basada la democracia liberal.

Para Kropotkin, igual que para Aristóteles, la sociedad es tan connatural al hombre como el lenguaje. Nadie como el hombre merece el apelativo de animal social (dsoón koinonikón). Pero se opone a Aristóteles al no admitir la equivalencia que este establece entre animal social y animal político (dsoón politikón). Según Kropotkin la existencia del hombre depende siempre de su coexistencia (Cappelletti, 1989).

A partir de una gran masa de datos zoológicos y geográficos reunidos, infiere Kropotkin que el principio del apoyo mutuo constituye un hecho científicamente comprobado como factor de la evolución, paralelo y contrario al concepto darwinista de “lucha por la vida”. Si tanto se esfuerza por demostrar que el apoyo mutuo es un factor biológico es porque solo así quedan igualmente satisfechas y armonizadas sus ideas filosóficas y sus ideas sociopolíticas en una weltanschaung, acorde, por lo demás, con el espíritu racionalista de su época (Cappelletti, 1989). En los capítulos dedicados a “la ayuda mutua en la sociedad moderna” abunda en ejemplos de construcción incesante de asociaciones, sociedades, clubes, uniones, asociaciones políticas a lo largo del siglo XIX, que respondían a todo intento de los Estados Modernos de destruir las organizaciones que obreros, comerciantes, artesanos, se daban para la práctica de la ayuda mutua, y de los múltiples renacimientos de esas uniones libres. Refiriéndose a las asociaciones políticas dice: “La política, como es sabido, constituye precisamente el campo donde los hombres egoístas entran en las más complicadas combinaciones con los hombres inspirados por tendencias sociales” (Kropotkin, 1902/1989:261).

Defiende y sostiene que la cooperación conducirá a la humanidad a una forma armoniosa y superior, pues entre quienes cooperan se desarrollan ideales más amplios de bienestar público y de solidaridad entre ellos mismos. Semejantes asociaciones, naturalmente, no cambian la estructura económica de la sociedad, pero especialmente, dice, en las ciudades pequeñas[7] ayudan a nivelar las diferencias sociales y, puesto que ellas tienden a unirse en grandes federaciones nacionales e internacionales, ya por esto contribuyen al desenvolvimiento de las relaciones amistosas personales entre toda clase de personas diseminadas en las diferentes partes del globo.

Para quien es una de las figuras más representativas del pensamiento anarquista, la ayuda mutua, la justicia y el espíritu de sacrificio —que se encuentran presentes en los acontecimientos que se narran y analizan a continuación— constituyen los tres elementos primordiales de toda moral.

El apoyo mutuo entre trabajadoras y trabajadores de empresas recuperadas

Es frecuente caracterizar a las empresas recuperadas por trabajadoras y trabajadores como un ejemplo de lo que se denomina economía solidaria (Caracciolo Basco y Foti Laxalde, 2003), dado que frecuentemente estas organizaciones vuelven a producir bajo el formato de cooperativas, en las que sus asociados/as no perciben salario, sino que distribuyen equitativamente —en mayor o menor medida— las utilidades. Al mismo tiempo procuran tomar sus decisiones de modo horizontal, participando en asambleas.

Las autoras citadas se refieren a una articulación entre la economía y el capital social que identifica y caracteriza alternativas sostenibles de trabajo y generación de ingresos que impacten en superar la pobreza y que contribuyan al desarrollo local. Es indudable que buena parte de sus definiciones reflejan con claridad el derrotero seguido por las organizaciones estudiadas por este equipo de investigación, inclusive cuando describen el proceso que lleva desde la lucha por la subsistencia a desenvolverse en ámbitos más amplios, ya sea municipales, nacionales o internacionales, que complejizan el capital social.

Cabe aclarar, no obstante, que este artículo no se ocupa de analizar el cooperativismo, sino un tipo especial de práctica de apoyo mutuo que —por lo inesperada— produce reparación, gratitud y compromiso en quien la recibe, pero a la vez que genera efectos en la subjetividad de las personas involucradas, y llega, incluso, en mayor o menor medida, a modificar las formas que adquiere la nueva organización recuperada.

El concepto de solidaridad —que se utiliza en este artículo como sinónimo de apoyo mutuo— y sus transformaciones fueron teorizados por Hernández (1996) como uno de los criterios que caracterizan el trabajo que la psicología social comunitaria realiza para contribuir al desarrollo local. En su perspectiva, la solidaridad va desplegándose desde la espontaneidad y la coyuntura hasta llegar a convertirse en un compromiso permanente y finalmente en una acción estratégica y articulada.

Esas transformaciones de la solidaridad o ayuda mutua se hacen evidentes en la conformación de bienes de utilidad social o cooperativas de empresas recuperadas y sus distintas manifestaciones van tomando forma en el dificultoso camino hacia la autogestión. La práctica de la ayuda mutua, abonando alianzas fraternas (Malfé, 1994), emerge con mayor nitidez entre los/as trabajadores/as en el momento en que se instala el conflicto laboral y la recuperación la empresa. En los casos estudiados, los y las protagonistas recibieron muestras de la solidaridad espontánea de vecinos, por ejemplo cuando la gente de la ex-Global acampaba custodiando las máquinas, o cuando la de Chilavert pasó largos seis meses de ocupación dentro de la planta. A la vez, las manifestaciones de solidaridad estratégica de los movimientos sociales en los que se organizaban han estado presentes desde un principio, como las de organizaciones populares y asambleas barriales. En algunos casos también han recibido solidaridad articulada de parte de sindicatos e inclusive de un sector de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En tres de las empresas recuperadas estudiadas, el relato de las personas entrevistadas resalta la recepción de la ayuda en momentos que pueden calificarse mediante el concepto freiriano de situaciones límites, es decir, cuando resulta imposible sostener el estado de cosas.

En los tres episodios que se analizan a posteriori el grupo o la organización se encuentran en un completo estado de desamparo social (Sennett, 2000, 2006), lo que se conecta con vivencias de desamparo infantil (Laplanche & Pontalis, 1971), en esos momentos de intensa angustia, donde no hay a quien referirse, de pronto llega la ayuda, de donde no se la espera. Estas acciones solidarias pueden ser espontáneas o estratégicas, sin embargo el efecto subjetivo en quien recibe el apoyo es semejante. A pesar de que las acciones desplegadas para obtener la ayuda han sido innumerables, aunque infructuosas, el momento de la recepción parece “mágico”.

El apoyo mutuo en una situación límite: La Nueva Esperanza

Podría calificarse de estratégica la ayuda que Eduardo Murúa, referente del MNER, le brinda al grupo de la empresa ex-Global. Así lo relata una de las personas que protagonizó estos acontecimientos: “Bueno, como les venía contando… nosotros queríamos recuperar las máquinas, porque eso era lo esencial para nosotros, sin eso no podíamos hacer nada… si nosotros perdíamos eso […] a lo mejor se nos acababa todo… cansados de estar, pasamos el 24 de diciembre ahí, el 31 de diciembre pasamos ahí…”.

El entrevistado hace referencia a los largos meses del año 2004, que ya habían pasado en una carpa custodiando las máquinas que se encontraban en un depósito de Pacheco, Provincia de Buenos Aires. Allí las habían llevado los dueños de Global, con la intención de abrir otra fábrica, descartando a las antiguas personas empleadas. Ya habían recurrido a la justicia, a los medios de comunicación e intentaban vincularse con otros que atravesaran situaciones semejantes: “Resulta de que ahí [en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A)] nosotros, ahí nos hemos comunicado… hemos conocido a este muchacho, Eduardo Murúa, que andaba con eso, cooperativas, con las fábricas recuperadas… ese recuerdo que nunca nos vamos a olvidar”.

Para ese momento el grupo de dieciocho trabajadores/as no tenía demasiado conocimiento sobre lo que ocurría con otras organizaciones y desconocía la existencia de las Leyes de Expropiación:

Claro, no sabíamos cuál era el alcance de esa Ley para nosotros. ¡Muy lindo! ¡Ese fue… ese fue un día inolvidable! Me acuerdo que yo estuve con, una chica que está acá adelante, este… otras chicas y… nosotros festejábamos en el alambre, porque había seiscientas personas por lo menos festejando, de todas las cooperativas, estaban todas las cooperativas. Estaba trepado al alambre yo también y… entonces lo veo a él, a este muchacho que viene corriendo de adentro de la Legislatura, porque… […] Yo no lo conocía, no lo conocía a él yo, ¡nadie lo conocíamos!, ¡no sabíamos quién era Eduardo Murúa!”.

El entrevistado recrea en su relato el momento en el que se conecta con la persona de la que provendría la ayuda indispensable para seguir resistiendo. Un desconocido a quien solo se ve entrar y salir, “moverse” en la Legislatura. Esta intuición, que parecía un “hallazgo”, también significó para el grupo de trabajadores más de dos meses de espera.

Claro, ¿no?, moverse… entonces le hago seña yo así y lo toca a él y le dice y… “¿me das tu TE, tu celular?”. Le pasé la lapicera, se arrimó y me dio y me puso: “Eduardo Murúa, el vasco”, abajo.

Pasó, vinimos, les conté en la carpa lo que pasó, que esto… que pasó. Lo llamaba por TE, nunca me podía comunicar, nunca, no se qué pasaba con el celular. Y en ese momento, ¡qué se yo!, habrán pasado dos meses… pero ya… ya había caído en el olvido eso… insisto otra vez y me comunico… con él, le digo: “Yo soy el que le pedí el TE, le digo, aquella vez de la Legislatura”, este… “Sí, ¿qué problema tenés?”. “Sí, yo soy el que estoy en una carpa”, eh… no sé cuántos meses hacía que le dije. “Estamos… estamos a la miseria, nos queremos mudar, el vaciamiento en tal año, queremos volver, estamos ahí…”. “Bueno Emilio —me dice—, este… yo lo voy a llamar, yo lo llamo”. “¿Seguro que… ¿no quiere que lo llame yo?”. “No, yo lo voy a llamar”.

Pasó otra vez, no me llamaba, habrá pasado un mes, no me llamaba, ¡buen!, dijimos que no, que no pasaba nada. Un día me acuerdo acá, en mi casa, al mediodía pensaba… no sé qué, adónde me iba, pero la cuestión que estaba poniendo llave a la puerta de mi casa, me iba y suena este celular… y me dice: “Soy Eduardo Murúa, ¿te acordás?”. “¡Sí! —le dije— me acuerdo, ¿cómo te va?”. Le digo: “No, no me puedo comunicar, no me podía comunicar con vos, ¿qué pasó?”. Le dije: “yo quiero hablar con vos personalmente, quiero tener una reunión”. Entonces me dice: “¿Dónde me puedo reunir con vos?”. Y le digo: “Acá, acá, en mi casa” […] Era… me acuerdo que era un día lunes: “Dame la dirección”, me dice […] le di la dirección y me dice: “Buen, yo voy a estar a las 3 de la tarde el miércoles ahí”. “¿Seguro? —le digo— ¿quiere que lo llame, para hacerlo acordar?”. “No, no, nada, no me hagás acordar nada”, me dice.

!!!Una alegría!!! Ahí parece que era… un poco más de vida, llamé a la carpa, me fui a la carpa, ya hicimos una asamblea con los compañeros “que nos vamos a reunir con fulano”, pero no lo conocían.

Bueno, le dije a las compañeras, me acuerdo […] esta chica llegó, como dos y media habrá llegado, para las tres, a la cita con él, este… llamé a todos los compañeros que se reunieran para las tres porque iba a llegar él.

Eh… dos y media vemos un coche que va cruzando y le digo a [la compañera]: “¡Ahí va, ahí va!”, dos y media. Se presentó media hora antes, estábamos tomando unos mates con los compañeros, se presentó y bueno… le contamos ahí nomás con [la compañera] qué es lo que pasó, que nos pasó, cuánto meses hace que estaba así y así, once meses que estábamos, que no aguantábamos más, que nosotros necesitábamos una persona que nos patrocine a nosotros para hacer la mudanza para acá, porque la única solución nuestra es que queríamos hacer la mudanza por nuestros propios medios, pero que necesitábamos una persona que nos de fuerza.

En la narración de este trabajador puede apreciarse que no alcanza con la información, con conocer el modelo para la acción social de recuperar empresas, aunque justamente este grupo no podía reproducir fielmente el modelo porque no podían resistir ocupando la fábrica, pues las máquinas habían sido llevadas a otro lugar. Después de tantos meses de desamparo, carencia e incertidumbre requerían la ayuda que la justicia les había negado y sentían que ya estaban sin fuerza y energía para resistir.

Cuando ya se conoce el final de la historia, no es sencillo imaginar lo que deben haber significado esos once meses plagados de riesgos, en una carpa, custodiando las máquinas y esperando infructuosamente ser amparados por la justicia. El entrevistado continúa su relato pormenorizado:

Y nos dice: “Bueno, nos vamos a mudar, yo voy a poner un camión grande, yo soy de la… yo soy —dice— de la cooperativa el IMPA, donde están los compañeros, vamos a ir en colectivo, los vamos a ayudar, vamos a venir así…”. Bueno, todo muy lindo […] y… bueno ¿viste?, yo pensé, yo nomás, once meses, estamos allá y este señor viene y nos quiere poner una solución en… en un rato. ¿Será verdad?, ¡pensamiento mío! Y bueno, le digo que… hicimos una pausa… y le digo: “¿cuándo podrá ser esa mudanza…, Murúa?”. “El lunes”, me dice, pero así sin consul… ¡sin nada!, ¡el lunes!, era un miércoles; dice: “Prepárense Uds., arreglen todo, búsquense algunas camionetas —dice— que yo voy a poner un camión grande para esto”.

Bueno, fue el preparativo así, en esos tres días que faltó, nos pusimos en campaña a buscar todo y ¡fue así! Ese lunes llegó, me acuerdo que… eh… yo fui temprano de acá, con dos camionetas que había conseguido de acá, empecé, llegué allá, empezamos a cargar nosotros, antes que él llegara con… con la comitiva de él y, cuando él llegó con el camión, yo ya había salido ¿viste? con las dos camionetas para acá. Aparte fui con un… que conoce todo cuestión de mudanza, porque nosotros no teníamos ningún permiso, ni ningún papel, para… para justificar que hacíamos la mudanza ni nada. Era todo… nosotros también hacíamos un vaciamiento de allá, veníamos….

¿Se estaba haciendo un vaciamiento o se estaban recuperando las máquinas que habían sido robadas? Cuando lograron ingresar a la empresa estaba totalmente abandonada; inclusive la propiedad —y toda la manzana— se habían salvado de un intento de incendio provocado por los mismos propietarios. El entrevistado sigue su relato suspirando profundamente y lleno de emoción:

No, estaba cerrado, claro, totalmente. Eso fue todo el día, esquivábamos a los puestos de policía, a los controles. Fue una mudanza terrible, todo el día, 35º, el 10 de enero de… del 2005, eso… inolvidable para nosotros, ¡nos salió todo bien!, que… la policía no nos paró para nada [...] todo nervio, nervio todo el día, nervio, alegría, desesperación, ansiedad, de ver… acá había un pasto así de alto… […] Todo abandonado. Y bueno, se llegó la tarde, se iba acabando… el sol se iba escondiendo, llegó la nochecita, llega el primer… llega el último camión grande, del IMPA que viene con todas las cosas más pesadas, más importantes de… de… cortamos la… ahí la calle y enseguida cinco patrulleros que… Ya no nos dejaban descargar, ya estaba Murúa ahí, él peleaba ahí con la policía, les decía que es… que es una empresa que habían hecho un vaciamiento, que hemos recuperado con una cooperativa, que esto… y mientras él les peleaba ahí con ellos, nosotros descargábamos, cuando ellos se dieron cuenta, nosotros ya terminamos de descargar […] Ya estaba todo colocado acá adentro y él seguía y después, cuando la policía vio que… cerramos el portón y quedó ahí… bueno… hasta que terminó haciéndose amigo con la policía…

Este momento de la narración es uno de los más emotivos, el entrevistado casi no puede hablar, con lágrimas en los ojos dice: “ese es… es el momento este… más lindo y el recuerdo más lindo”.

Esa noche todavía les esperaba otra sorpresa, también imborrable:

Yo me acuerdo que… que de noche ¿no?, y cerramos todo ya y no teníamos luz, no teníamos nada. Un compañero me dice: “Che, ¿qué comemos?, no tenemos nada”. “Y… vemos”, le digo. Había mucha gente, vinieron ya de otras cooperativas, muchas cooperativas. “Vamos a ver qué hacemos”.

De repente, salimos del comedor y vamos […] vimos un fuego que estaba […] carbón que había, vimos que había chorizos, vimos que había pan, vimos que había gaseosa, vimos que había todo. Y había sido que estas cooperativas venían con todo preparado, había sido que nos trajeron todo […] sí, sí, sí. Ya teníamos todo, teníamos agua, teníamos gaseosa, comimos… todo, fue una cosa, ¡buen!… muy linda cosa.

Este relato no solo informa sobre los acontecimientos vividos sino que los recrea merced a la minuciosidad discursiva, reviviendo dramáticamente la carga emotiva y trasmitiéndola con toda su intensidad a las entrevistadoras.

Son para señalar las figuras hiperbólicas: “nos trajeron todo”, y la reiteración innecesaria del “vimos” que le da fuerza y colorido a la narración. A la vez contribuye a imaginar la situación traumática vivida, una situación en la cual el fuego, el pan, las gaseosas y los chorizos significan todo para alguien.

El apoyo mutuo en una situación límite: Chilavert Artes Gráficas

En la gráfica Chilavert la recuperación lleva las marcas del apoyo social, de la solidaridad. Es tal vez en ese sentido una de las empresas estudiadas más emblemáticas, lo que hoy la hace definirse como una “fábrica de puertas abiertas”, en la que solo hay que tocar el timbre para ser atendido.

En artículos anteriores se han presentado algunas de las características singulares de esta organización, su modo de vinculación con el afuera de la imprenta (Robertazzi, Ferrari, Pertierra y Calcagno, 2003) y una de nosotras ha tenido oportunidad de estudiar en profundidad el apoyo social desinteresado y extendido, al haber entrevistado a varias personas ajenas a la organización, fuentes de apoyo, mientras realizaba allí su trabajo de tesis (Robertazzi, 2007).

Esta empresa recuperada fue receptiva de intensos lazos de solidaridades, tanto coyunturales como estratégicas. Recibió apoyo de las asambleas barriales, del MNER, de los y las vecinas del barrio, del Centro de Jubilados que se encuentra enfrente de la imprenta, de los y las universitarios, y la lista se hace interminable y llega hasta quienes se definen como “vecinos” de Chilavert pero viven en el exterior del país (Robertazzi, 2007).

Las situaciones límites en la empresa gráfica han sido múltiples, a modo de ejemplo se señala el tener que enfrentar un desalojo y hacer frente a una ocupación durante seis meses, permaneciendo en la fábrica, que no contaba ni siquiera con los servicios mínimos e indispensables, como luz y gas. Los episodios en los que la ayuda llegaba de manera inesperada, también son muchos. En uno de ellos se relata el modo en que dos universitarias, una canadiense y otra estadounidense, envían el dinero que habían obtenido de unos libros que compraron en Chilavert —¿Qué son las asambleas populares?—, y que luego vendieron en sus lugares de origen. El siguiente es el relato de uno de los trabajadores de la empresa gráfica, donde rememora las vicisitudes vividas antes de obtener la Ley de Expropiación y mientras pensaban en alquilar el edificio para poder continuar con la producción:

Pasó el tiempo, nosotros arreglamos acá, estábamos sin luz, el síndico pidió la luz, o sea que la deuda de la luz pasó a la quiebra. El síndico pidió la luz para hacer un inventario y luego la volvían a cortar. Nosotros pedíamos la planta en alquiler al juez, y, a su vez, estábamos tramitando la expropiación, pero era diferente si pedíamos la expropiación con la fábrica en funcionamiento. Cosa que el juez quería rematar en cuatro meses y no quería alquilar. En todo eso pasaban los meses, y cuando nos dieron la luz, el primer mes, 900 pesos, los teníamos que pagar nosotros, con el fondo de huelga que teníamos nosotros, porque pensábamos que ya nos daban en alquiler. El juez nos iba pidiendo cada vez más cosas, iba rechazando... el segundo mes, una cuota de 700 pesos, pagamos también y el tercer mes una cuenta de 500 pesos y ya se nos había acabado la plata. Y... bueno, salimos a buscar, fuimos a IMPA, que siempre nos apoyaba, justo, en ese momento, Murúa estaba en una toma, conocíamos a otra gente de IMPA, pero no teníamos tanta confianza. La cuestión... mientras eso lo hacían otros compañeros, tocan timbre acá y llega una encomienda de Estados Unidos, y venía una revista y una carta que decía que mandaban 150 dólares que nos alcanzó para pagar la luz...

Para muchos trabajadores de Chilavert el apoyo social se convirtió en “obligación moral” de devolver a la comunidad todo lo que han recibido de ella:

Yo lo sentí a partir de la obligación moral. Uno tiene que tomar la obligación moral, porque en la defensa de nuestros intereses, es decir, en nuestra fábrica, venía gente que ni nos conocía, ni sabía nada de nosotros, dispuestos a que les rompieran la cabeza... ellos habían asumido un compromiso, y a partir de eso... eso fue lo que me cambió. No fue tanto la lucha, sino ver a gente que no tenía nada que ver con nuestra lucha, pero la habían tomado como propia y eso era muy fuerte, como para uno no comprometerse con la lucha de los demás. Y sabemos por experiencia que defendiendo al otro uno se está defendiendo. Como nosotros tenemos esa experiencia...

El apoyo mutuo en una situación límite: IMPA como fuente de apoyo

Se presenta aquí el relato de una práctica de apoyo mutuo desde quien funciona como fuente del mismo, no desde quien lo recibe. Cabe consignar que las entrevistadoras desconocen cuál es la empresa receptora de la solidaridad. El entrevistado, un trabajador de IMPA, no lo mencionó, es solo “un grupo de muchachos” y resultaba innecesario averiguarlo, pues en su relato queda claro que ese tipo de apoyo pudo haberlo recibido cualquier otro colectivo que atravesara una situación semejante:

Se habló que hay que ayudarlos, cuando vengan empresas que están en problemas, lo que le podamos dar… acompañarlos… y, quizá, el día de mañana, como este chico que comentaba que era rebelde[8], el día de mañana se de cuenta que aquí no hay intereses personales, de cada uno. Que su fábrica esté segura, nosotros hicimos mucha historia en ese sentido, a mí, en La Plata, me fueron a ver un día que fuimos por Gatic, fuimos a la planta, y vino un grupo de muchachos… Claro, a uno, más o menos lo conocía, ¡tanta gente! “Que este es el señor que me prestó los 3 000 pesos”. Estaban muy mal, pero nosotros ya habíamos empezado a facturar aquí, no estábamos bien, pero ayudar a un compañero que estaba mal… ¡tenían que conectar la luz!. Eduardo les preguntó cuánto necesitaban: “Y… tres mil pesos son”. “Y, bueno, vayan por IMPA”, a ver si le podía dar una mano, no se les dijo que le íbamos a prestar. Y, cuando vinieron, estaban en la oficina con… el tesorero, fuimos a buscar, teníamos tres mil pesos empaquetaditos, entramos en la oficina… cuando los pusimos, ¡la cara de uno de ellos se cambió cuando vieron la plata!, y más en una situación crítica como estaban ellos. Se ve que fue inolvidable para ellos. “Miren, si nos pueden devolver cuando trabajen, nos devuelven, y si no, hagan lo mismo que estamos haciendo nosotros ahora con otro que esté necesitando”. Pero sí, la primera facturación que hicieron, devolvieron la plata, por eso digo hay gente muy buena, nada más que hay que saberla tratar…

Este tipo de lógica del intercambio que se ha popularizado como “cadena de favores”, es propia del modo de operar de las personas que conforman el MNER. Se trata de apoyar a quien lo necesite, en la medida en que puedan reunirse los recursos necesarios para hacerlo. Por otro lado, quien recibe la ayuda no queda en deuda con quien dio el apoyo, no obstante se intenta comprometerlo para que, cuando pueda y esté en condiciones, ayude a otros, tal y como fue ayudado. Habría que señalar además que, si bien este tipo de solidaridad estratégica es inolvidable para quien la recibe, produce una enorme alegría también en quien la otorga, como muestra el relato del entrevistado, quien no se vanagloria del hecho, sino que lo narra como una práctica habitual.

Conclusiones

Este artículo se ha referido a un modo de ayuda mutua, la que llega en momentos donde la situación ya no puede sostenerse, y debe ocurrir algo que la cambie con urgencia. Como ha podido advertirse, no se trata de situaciones en las que lo necesario para resolver la cuestión sea imposible de conseguir pues se requiere algo desmesurado: más bien se trata de pagar la luz, de comer o de que “alguien” intervenga para solucionar la terrible injusticia que se padece.

Las personas o grupos de los que proviene la ayuda tampoco son sujetos poderosos, sino otros más o menos desamparados: trabajadores/as de otras empresas recuperadas, jubilados/as, vecinos o jóvenes estudiantes en el caso de la gráfica Chilavert. Dussel (1998) los definiría como las víctimas del actual sistema económico, que proclama derechos que no están contemplados en la práctica para la mayoría de las personas. En el caso de los protagonistas de estas historias no solo son víctimas por ser obreros, sino por haber sido considerados como “población superflua” (Bauman, 2006).

A pesar de que la ayuda no sea objetivamente abundante, debería considerarse que sí lo es, porque quien la ofrece no lo hace porque algo le sobre y quien la recibe se ha olvidado ya cómo era ser objeto de la ayuda. La frecuencia del apoyo no es alta y el espectro potencial es escaso. Asimismo se trata de una solidaridad instrumental, tangible, material, en contextos de crisis, como diría Mannheim (Veiel, 1990).

Tal vez, de haber utilizado una escala para la medición del apoyo social, no se hubiera podido captar toda la emoción y toda la riqueza de los relatos de los protagonistas —fuentes y objetos de la solidaridad—. Es por esta misma razón que se ha dejado bastante espacio para reproducir las voces de las personas entrevistadas, entremezcladas con las de las entrevistadoras, lo que otorga a la investigación una mayor validez ecológica (Montero, 2006).

Probablemente, por el mismo motivo, se ha seleccionado el texto de Kropotkin de 1902 para definir apoyo mutuo: impresiona la integridad política y emocional del autor para la comprensión de estos acontecimientos. Otras bibliografías más actuales no logran reflejar la dimensión subjetiva de quien ha recibido ayuda, como lo hace el autor, será porque incluye en su escritura la pasión política. En su discusión con Darwin —y sin descartar el popular concepto de la lucha por la vida— introduce la práctica del apoyo mutuo y del renacer de las organizaciones de las uniones libres. En los casos estudiados, como decía Kropotkin, hay lucha por la vida, pero también hay cooperación, por lo que podríamos preguntarnos si no es que sobreviven los más aptos para practicar la ayuda mutua. Las organizaciones que se presentaron en este artículo son también un producto de la tensión que se genera entre egoísmo y socialidad.

Dice Sennett (2002) que, en un sistema que irradia indiferencia, se pierde la conexión con el mundo y se corroe el carácter; en tal contexto, este tipo de experiencias parecen ser estimulantes de la capacidad de resistencia y resiliencia: contribuyen a superar la adversidad, mientras que personas y organizaciones se fortalecen y se transforman.

El que resulta receptor de ayuda deja de ser solo una víctima para transformarse en un igual, al ser considerada su igualdad de derechos, aquellos que indican que cualquiera tiene el derecho de poder vivir.

Una última aclaración es que no se trata de una posición meramente discursiva pues el tipo de proceso que se analiza consiste en una práctica concreta, que tampoco podría caracterizarse de u-tópica, dado que, en los casos presentados, efectivamente, tuvo lugar.

Bibliografía

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[1] Fue publicado en el XV Anuario de Investigaciones, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, 2008, tomo I, pp. 235-244. ISSN 0329-5885.

[2] En ese artículo se analizaban especialmente las diferencias producidas por distintos estilos de liderazgo entre los referentes de los distintos movimientos sociales en que se organizaban las empresas recuperadas por sus trabajadoras y trabajadores.

[3] Metalúrgica, primera empresa recuperada de la C.A.B.A.

[4] En el artículo “Configuraciones vinculares fantasmáticas en dos empresas recuperadas por sus trabajadores y trabajadoras”, publicado en el XIII Anuario de Investigaciones, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, puede leerse la perspectiva que este equipo de investigación sostiene sobre la recuperación de la empresa El Sol Artes Gráficas, en la que el sobresalto ha ocupado un lugar central. Asimismo se presenta el modo en que la historia previa de las organizaciones y las personas que trabajan interviene en la forma que toma el desenlace posterior.

[5] Hacia el año 1999, se conformó el Movimiento Popular por la Economía Solidaria (MOPES) que fue nucleando cooperativas de vivienda, mutuales barriales y fábricas recuperadas. A partir de este antecedente se organiza el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), del que luego se desprenderá el Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas (MNFRT).

[6] A tal punto que los trabajadores y trabajadoras tuvieron que llevar adelante un expediente paralelo, como dicen los testimonios que ha registrado en el documental sobre esta recuperación el grupo Alavío.

[7] Las autoras de este artículo encuentran oportuna esta cita y la referencia a hábitats pequeños, por los efectos barriales y comunitarios observados durante la investigación.

[8] Se refiere a un alumno que concurre al Bachillerato Popular que se dicta en IMPA, quien comenzó con fama de rebelde y luego se integró muy bien a la institución escolar y también a la actividad política en defensa de la cooperativa.

Margarita Robertazzi. Doctora en Psicología, Profesora Adjunta Regular del Área Psicología Social Comunitaria, a cargo de la cátedra Psicología Social II; Directora de la Investigación P057, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, UBA. mrobertazzi[arroba]fibertel.com.ar

Lidia Isabel Pertierra. Licenciada en Psicología; Profesora Adjunta de Psicología Social II; investigadora en Investigación P057, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, UBA. pertierraserra[arroba]yahoo.com.ar

Liliana Ferrari. Doctora en Psicología, Profesora Adjunta Regular de Psicología del Trabajo, Profesora Adjunta a cargo de Problemas Sociológicos en Psicología, Profesora Adjunta de Psicología Social II, Co-directora de la Investigación P057, Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, UBA. ferrarililiana[arroba]hotmail.com

 
 
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