Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
julio 2012 - diciembre 2012

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Ciudad Parque y ocio integral: de un pájaro las dos alas.
Una propuesta para Holguín desde el patrimonio y la antropología, de la utopía a la posibilidad 
Oscar L. Bellido Aguilera

Un marxista actualizado de una universidad londinense asegura que la posibilidad del éxito en todo viaje azaroso (como el de la construcción del socialismo en el siglo XXI) está en definir su “destino general”, junto con la “dirección estratégica” necesaria para alcanzarlo (Meszaros, 2008:7-25). El referido académico defiende la utopía y argumenta la importancia de contar con un “diseño general” (Meszaros, 2008:7-25) por alcanzarse en un proceso de desarrollo donde los objetivos más generales y de largo plazo se van conciliando con los particulares y de corto o mediano plazos.

Otro marxista estudioso de la actualidad, esta vez latinoamericano, también se sitúa del lado de la utopía pues está convencido de que el “orden vigente” (Katz, 2008:103-115) no es inmutable, a pesar de su engañosa apariencia de invariabilidad. Explica cómo precisar las metas y ponerse de acuerdo en cuanto a su conveniencia deben ser el punto de partida para el análisis de las dificultades de la lucha por alcanzarlas.

De esa forma, la utopía no sería un sueño irrealizable, si cuenta con “basamentos lógicos”, se apoya en “fundamentos analíticos” y, sobre todo, si la posibilidad de su realización descansa “en la acción consciente de [las personas] y no en la añorada irrupción de fuerzas divinas o naturales” (Katz, 2004).

En verdad, la capacidad de concebir el porvenir y lograr su construcción a través de la praxis colectiva, participativa, es “una cualidad antropológica del ‘homo sperans’” (Katz, 2004), o sea, no solo de idealistas demasiado desconectados de la, a veces, mal entendida realidad.

Al respecto, es oportuno anotar cómo el enfoque de “estar en la concreta”, es decir, de “resolver primero los problemas materiales”, es demasiado pragmatista, opuesto al pensamiento, y “una contradicción [porque] no es posible resolver con eficiencia los problemas, y menos hacerlo desde una perspectiva socialista, sin pensar primero en las soluciones”, de acuerdo con un investigador cubano (Guanche, 2008:5-6); equivale a decir, sin precisar los fines, pues los problemas son tales en tanto obstáculos para alcanzar un propósito; por consiguiente, son variables dependientes de una variable independiente: la finalidad perseguida, y esta no es otra cosa que la solución concebida a priori.

Se ha partido de la filosofía con toda intención, pues es la guía general para el análisis y la comprensión de las contradicciones concretas de la realidad en que actuamos (Kumpf, 2008:26-37), y donde se desenvuelve el objeto de la presente propuesta: la relación compleja y contradictoria entre las esferas del ocio (incluido el turismo), la historia, la cultura, el patrimonio, el urbanismo y la arquitectura, relación entendida como una importante dimensión del proceso de desarrollo local, en este caso, en la ciudad de Holguín.

Invertir el proceso de “préstamo”

De acuerdo con la teoría antropológica de la “aculturación” (Núñez, 2003:108-118), cuando dos culturas se encuentran en un determinado lugar se produce un proceso de “préstamomediante el cual cada una de ellas tiende a asemejarse a la otra, independientemente del tiempo de duración del contacto.

Sin embargo, generalmente se trata de un proceso “asimétrico”, en el cual una cultura predomina sobre la otra como resultado de la acción de un conjunto de variables, por ejemplo, cuando hay marcadas diferencias entre los niveles de desarrollo económico de las respectivas sociedades.

Así, los turistas, por lo regular, toman en préstamo menos elementos culturales de sus anfitriones que estos de ellos, y resulta común ver cómo las poblaciones anfitrionas tienden a imitar rasgos característicos de los visitantes extranjeros, no solo ajenos sino a veces contrarios a los valores nacionales del país receptor.

Tiene lugar de esa forma un proceso de transformación de la comunidad que, con el paso del tiempo, puede conducirla hasta la desfiguración e, incluso, la desaparición de su identidad, convirtiéndola en una especie de aldea globalizada y homogenizada en casi nada diferente de cualquier otra en cualquier zona turística del mundo.

Pero en un país como Cuba, tan orgulloso de su cultura, su historia y su identidad nacional, todos los que, de una manera o de otra, estamos relacionados con estas cuestiones, tenemos el deber y el derecho de actuar, cada uno en su campo y, sobre todo, integradamente, de forma tal que el proceso de aculturación siga siendo asimétrico pero no en el sentido desfavorable descrito sino a la inversa, o sea, se requiere lograr que el turista se enriquezca con nuestra historia y nuestra cultura de modo que su visita aquí no se convierta solo en una mera estancia de descanso y diversión, esto es, de ocio recreativo, sino, especialmente, en una experiencia de ocio integral, es decir, de desarrollo personal, integralmente gratificante, enriquecedora para él y no empobrecedora para la población, en el plano sociocultural.

Actuando de esa manera no solo estamos sustituyendo un proceso de préstamo negativo por un real intercambio cultural, sino que, a la vez, estamos expandiendo la historia y la cultura del país hacia el mundo, preservando y fortaleciendo nuestros valores y la identidad nacional y local.

En esa dirección, se requiere estar atentos para evitar la adulteración o disolución de nuestra cultura por la vía de la “disneylización”, la “cocacolización” (Núñez, 2003:108-118), la “macdonalización” y todos esos fenómenos globalizantes, muchas veces “aplatanados” en nuestro contexto, tan emparentados con la neocolonización cultural.

Por supuesto, tampoco puede perderse de vista que el ocio y el turismo son actividades económicas, además de culturales, y como tales están obligadas a buscar la máxima rentabilidad posible.

Entonces, ¿de qué forma se pueden conciliar intereses como los culturales y los económicos, que en ocasiones parecen inexorablemente opuestos? Esto sería relativamente fácil si se comprendiera cómo la cultura, y particularmente el patrimonio histórico–cultural y la identidad local, se convierten en verdaderos motores de la economía (idea promovida por Armando Hart) cuando se gestionan eficiente y creativamente, pues son, ni más ni menos, los únicos elementos capaces de establecer realmente la rentable diferencia entre un producto “tukolizado” (para “nacionalizar” el término) y un producto auténtico.

En honor a la verdad, muchas veces, como “el cliente siempre tiene la razón”, la homogenización es el resultado del afán de satisfacer a toda costa las exigencias y gustos estandarizados de los turoperadores internacionales y los turistas o visitantes “promedio”, y esto impone un esfuerzo y una habilidad mayores en la defensa de la cultura nacional y en la integración eficaz, creativa y dialéctica entre el ocio, el turismo, la historia, la cultura, el patrimonio, el urbanismo y la arquitectura.

Así, proponemos implementar un plan a largo plazo para la ciudad de Holguín, concebido como una contribución orientada hacia la finalidad esbozada anteriormente, que será resumido al final, luego de explicar qué entendemos por ocio integral y por Ciudad Parque.

Ocio integral

En la sociedad actual el ocio se ha convertido en una necesidad creciente del ser humano para contrarrestar los efectos del estrés provocado por las complicaciones de la vida moderna.

El ocio abarca un conjunto amplio y diverso de ocupaciones a las cuales el individuo o los grupos humanos pueden dedicarse de manera voluntaria, y se manifiesta en tres dimensiones principales, inseparables pues se compenetran e interactúan ente sí: el descanso, la diversión y el desarrollo del individuo (como ser sociocultural).

En la medida en que esa compenetración e interacción se haga más rica y compleja, será mayor la satisfacción de las necesidades de ocio del individuo, de la familia y de otros grupos sociales.

Asimismo, cuando se va elevando el nivel cultural de la población, crecen sus necesidades y esto conduce a un aumento de los niveles de exigencia planteados a los productos y servicios del ocio; esto, a su vez, sitúa en primer plano la necesidad de crecimiento cuantitativo y cualitativo de los procesos de innovación en el campo del ocio.

Lo anterior es particularmente importante y prioritario en el caso de Cuba, donde existe una fundamentada política de desarrollo de la cultura general integral para toda la población, con la premisa de que salvar la cultura equivale a salvar el destino de la nación cubana.

De acuerdo con lo dicho, definimos el ocio integral como una dimensión de la cultura general integral donde sus tres componentes principales: el descanso, la diversión y el desarrollo del individuo (como ser sociocultural) se armonizan en una gestión innovadora, oportuna y eficiente que no descuida ninguno de esos elementos y satisface las crecientes necesidades de ocio de la población.

Ciudad Parque

Los griegos de la Antigüedad utilizaban el conocido término de polis en el sentido de una agregación humana en un asentamiento con límites determinados; quizás los antiguos romanos hayan tenido una visión un poco más compleja y entendieron a la ciudad como algo compuesto por un contenido o civis y un continente o urbis; civis es el lugar, los ciudadanos, las relaciones entre estos, el origen de la civilización; urbis es lo construido para albergar a los ciudadanos de la civis (Pesci, 2000:287-314).

 

En pleno siglo XXI, cuando la complejidad de las ciudades ha crecido tanto, creemos procedente reinterpretar la civis romana desagregando de ella al homo creator, para entender la ciudad o polis como una unidad en la diversidad compuesta por tres grupos de elementos, diferentes pero inseparables: la urbis, el homo creator y la civis.

De esta forma, la urbis sería el conjunto de espacios urbanos, barrios, edificaciones, industrias, servicios, estructura vial, infraestructuras, red de comunicaciones y otras redes técnicas, áreas verdes, monumentos y esculturas, mobiliario urbano, el patrimonio tangible y otros elementos materiales o físicos.

El homo creator es el morador de la polis, creador de la urbis, receptor de sus beneficios y sufridor de sus deterioros; también, los visitantes nacionales y extranjeros y la población que viene día tras día a la ciudad desde los territorios vecinos para trabajar o en busca de servicios para satisfacer alguna necesidad.

La civis es el conjunto de elementos inmateriales de la polis, compuesto por un diverso y complejo entrelazamiento de factores que surgen y median a través del tiempo en las relaciones entre las personas, así como en las relaciones de estas con los distintos componentes de la urbis e, incluso, en las existentes entre los propios componentes físicos.

La integran, entre otros elementos, el espíritu urbano; los sistemas de valores; la imagen urbana; los símbolos, mitos y leyendas; los estados de confort o enajenación que provocan algunas zonas de la ciudad; la identidad cultural, el patrimonio intangible, la cultura en general y, en particular, la cultura urbana; la educación cívica y la ambiental; el propio medioambiente; las relaciones y redes sociales; la información y la comunicación; los modos y estilos de vida; los modos de producción; la participación ciudadana; el diálogo o el conflicto que pueden surgir entre dos edificaciones vecinas del centro histórico, según sea la armonía o el contraste entre sus respectivos valores arquitectónicos, que serán percibidos de una u otra manera por cada observador de acuerdo con el paradigma asumido por cada uno, y otros factores no tangibles.

Una unidad tan diversa y cargada de contradicciones exige ser estudiada, sentida, construida y amada desde una ciencia, una cultura, una economía y una tecnología cada vez más integradas dentro de sí mismas y entre ellas, y siempre guiadas por una ética del humanismo y la responsabilidad individual, familiar, comunitaria, institucional, social.

En cuanto a Holguín, es una ciudad singular cuyo devenir ha estado marcado por una permanente “búsqueda de la consolidación” de su identidad (Leal, 2010). En la búsqueda de la reafirmación de esa identidad, de la conservación y enriquecimiento de su patrimonio, de su gestión creativa y eficaz, y de la contribución de la capital provincial al desarrollo local, surge la utopía de la Ciudad Parque como núcleo de la “Provincia del Universo”[1] y faro para orientar el rumbo de sus moradores a través de la jungla de incertidumbres en que se ha convertido el siglo XXI.

Holguín es conocida desde hace mucho tiempo como la Ciudad de los Parques, expresión que se ha convertido en una especie de mensaje cultural o publicitario muy utilizado y de innegable validez; pero esto no se debe al centenar y medio de ellos dispersos por toda su geografía sino, sobre todo, a la importancia del sistema de plazas y parques en la estructuración de la urbis holguinera, en la conformación de su civis y en la formación de su homo creator: El parque es quizás el elemento urbano donde mejor se manifiesta la integración de estos tres componentes básicos de la polis o ciudad, por tanto, es un factor fundamental de identidad, en especial para Holguín.

Resulta natural, pues, llevar lo ya logrado un poco más lejos: que, cuando se diga o se oiga decir Ciudad de los Parques, no se piense en términos cuantitativos sino que se perciba la ciudad como un parque en sí misma, un lugar donde cada persona que la vive o la visita experimenta la sensación de estar en un parque grande e íntimo; que se siente como una Ciudad Parque en todos y cada uno de los puntos de su urbis, por cada homo creator que la habita o la conoce; que tal sentimiento se convierta en el principal símbolo de su civis, en el primer valor de su patrimonio.

En fin, que poco a poco, y fingiendo que no nos damos cuenta, se le deje de llamar Ciudad de los Parques y se le comience a identificar con el nuevo título de Ciudad Parque de Cuba, bien otorgado no por real cédula de un soberano español sino por espontánea decisión del pueblo cubano[2]. Y bien ganado por el esfuerzo creador del pueblo holguinero.

Es una utopía que requiere potenciar aún más la cultura del parque ya existente, la participación individual, familiar, comunitaria e institucional en su construcción, el aprovechamiento de todos sus recursos, el desarrollo de iniciativas y otros factores que se requiere integrar para alcanzarla: de ahí lo de utopía, porque se trata de un camino lleno de obstáculos y, por ello mismo, estimulador de la imaginación y la creatividad.

Ideas que forman parte de este sueño son la ruta de turismo patrimonial “De la Aldea Titulada a la Ciudad Parque”; el Taller Anual de Buenas Prácticas Urbanas; el Festival Anual de los Parques; el Centro “Ociocultural” Comunitario La Casa Grande; los planes de mantenimiento o restauración de parques existentes, ya en marcha; la construcción de nuevos parques como el de los Tiempos, el de las Esculturas, el de las Golondrinas para recibir en la ruta del aeropuerto a los visitantes de otras tierras, el de la Bienvenida para acoger en la ruta de la carretera central a los huéspedes nacionales, el Antropológico; el Paseo Yarabey y otros, integrados todos en un enorme parque de variadas temáticas donde confluyen armónicamente, por el “bien común” de la ciudad, el arte, la ciencia, la cultura, la pachamama, la política, la filosofía, la ideología, la arquitectura, el urbanismo, el patrimonio, el turismo, el “bien vivir”, el sano descanso, la diversión enaltecedora, el desarrollo personal; donde fluye racionalmente el ciclo natural, cultural y social de la vida como podrán fluir algún día las aguas fundadoras de los ríos Jigüe y Marañón en su perenne escurrimiento hacia el gran Cauto de todos los cubanos.

Así, de acuerdo con Meszaros y Guanche, la Ciudad Parque sería el “destino general” del viaje aquí propuesto o “la solución”, mientras que el plan concebido se convierte en la “dirección estratégica” para impulsar la construcción de la utopía de la Ciudad que Queremos[3].

Dicho plan se basa en la premisa siguiente: dado lo mucho que se ha avanzado al respecto en los últimos tiempos, Holguín está en condiciones de convertirse en la ciudad líder y de referencia nacional en el fomento del ocio integralmente culto, y esto se constituye en una oportunidad por aprovechar eficazmente con el fortalecimiento de la gestión en este campo y una mayor integración de las entidades culturales y de ocio de la ciudad.

Se busca crear una categoría nueva para Holguín, que impone un reto múltiple: aunar voluntades, conciliar intereses, integrar acciones, mejorar el aprovechamiento de las potencialidades existentes y comenzar a resolver los problemas pequeños y grandes planteados por “la lucha para alcanzar las metas” (como se decía al inicio), entre otros desafíos.

Tal utopía es realizable pues cuenta con las condiciones necesarias que mencionaba Claudio Katz al principio, es decir, con “basamentos lógicos” y “fundamentos analíticos”: soñar es parte esencial de la naturaleza humana; además, se tiene el conocimiento de que una porción nada despreciable de la problemática a resolver obedece a lo que pudiera denominarse como “problemas de mediación”: aquellos que no son ni subjetivos ni materiales sino, principalmente, de funcionamiento o interacción de elementos de los sistemas actuantes en los diversos procesos involucrados; de comunicación, coordinación, cooperación, integración, desaprovechamiento de sinergias y otros de naturaleza similar, de modo que, para iniciar la realización posible de la utopía, solo se necesita la “acción consciente” de las personas interesadas en llevar el empeño a feliz término.

Bibliografía

Guanche, Julio César (2008): “Debatir es participar, participar es intervenir”, en Caminos, No. 49, jul-sep 2008, pp. 5-6.

Katz, Claudio (2008): “Controversias sobre la revolución”, en Marx Ahora, No. 25/2008, pp. 103-115.

___________ (2004): Comunismo, socialismo y transición. Metas y fundamentos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

Kumpf, Friedrich (2008): “¿Para qué la filosofía? ¿Para qué la filosofía marxista?”, en Marx Ahora, No. 25/2008, pp. 26-37.

Leal Spengler, Eusebio, en Ángela Peña Obregón (2010): La Ciudad de los Parques, Ediciones Holguín, Holguín.

Meszaros, Itsván (2008): “El socialismo en el siglo XXI. Primera parte”, en Marx Ahora, No. 25/2008, pp. 7-25.

Núñez, Theron (2003): “Estudios de turismo dentro de una perspectiva antropológica”, en Alain Rodríguez Basail (coord.): Antropología social. Selección de lecturas, Ed. Félix Varela, La Habana, pp. 108-118.

Pesci, Rubén (2000): “Desarrollo sostenible en ciudades intermedias. Testimonios en América Latina”, en Josep M. Llop y Carme Bellet (eds.): Ciudades intermedias: urbanización y sostenibilidad, VII Semana de Estudios Urbanos, Lleida, 1998, Edit. Milenio, Lleida, pp. 287-314.

[1] Uno de los eslóganes favoritos de los moradores de Holguín.

[2] Holguín recibió el Título de Ciudad, cuando era solo una pequeña aldea, por Real Cédula del soberano español, Fernando VI, de fecha primero de febrero de 1751.

[3] Otro de los eslóganes fundamentales de los holguineros; nombre de un interesante evento que se realiza año tras año en la ciudad, donde confluyen, coinciden o polemizan historiadores, urbanistas, arquitectos, ingenieros, conservadores del patrimonio y otras personas, todos motivados por la aspiración de construir la Ciudad que Queremos.

 

Oscar L. Bellido Aguilera, arquitecto urbanista; especialista de la Dirección Provincial de Planificación Física, Holguín; consultor de la Comisión de Ciudad, Cultura y Arquitectura de la filial provincial de la Uneac; miembro del grupo asesor de trabajo comunitario de la Asamblea Provincial del Poder Popular. provincial[arroba]planfisica.co.cu

 
 
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