Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello
julio 2012 - diciembre 2012

 

 

ISSN 2075-6038   RNPS 2222
   
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Adentrándonos en el consumo cultural. Reflexiones y panorámicas de la población cubana a partir de una encuesta nacional.
Reseña del libro El consumo cultural y sus prácticas en Cuba, de Cecilia Linares, Yisel Rivero, Pedro E. Moras y Yosleidy Mendoza; ICIC Juan Marinello, 2010, 139pp. 
Yenly Laya Machado Sánchez

Resulta redundante plantear (al menos en el discurso) que conocer cuáles son los gustos, las preferencias y tendencias de prácticas culturales de nuestra población, deriva en punto crucial para el desarrollo de futuras investigaciones sociales, así como para la implementación de las políticas culturales del país. La primera encuesta sobre prácticas de consumo cultural, realizada hace más de diez años, constituyó un paso de avance significativo en esa dirección. Hoy, los resultados de la segunda encuesta nacional —recogidos en el libro publicado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) Juan Marinello, El consumo cultural y sus prácticas en Cuba, de los autores Cecilia Linares, Yisel Rivero, Pedro E. Moras y Yosleidy Mendoza— constituyen una fuente invaluable y de obligada referencia para el estudio del tema en la isla. Dicha investigación fue llevada a cabo durante los años 2008 y 2009, en conjunto con el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) y la entonces Oficina Nacional de Estadísticas (ONE)[1]. Surge con el propósito fundamental de dar respuesta a numerosas interrogantes y conocer precisamente cuáles son los hábitos culturales, grados de satisfacción-insatisfacción, características y niveles de evolución de los comportamientos culturales de la población cubana actual.

Como principales limitaciones se comenta la propia naturaleza cuantitativa de este tipo de investigación, donde se describen las principales tendencias a escala nacional y las variables sociodemográficas y socioestructurales que condicionan dichas prácticas, (edad, sexo, nivel educacional, estado civil, lugar de residencia, tipo de trabajador según el sector al que pertenece, actividad que realiza), así como el énfasis en las relaciones de la población cubana en los campos de la cultura artístico-literaria. De manera que no abarca la totalidad de las posibles aristas de análisis e interpretación de los resultados, pero sí infinitas posibilidades de aplicación y uso, que pudieran tributar en la indagación a profundidad de dichas tendencias generales en pequeñas escalas. El libro se concentra fundamentalmente en la presentación de los resultados cuantitativos, no adentrándose en la causalidad de los hechos. Sin embargo, brinda pinceladas de notoriedad que dibujan un escenario cultural nacional para nada despreciable y que guardan estrecha relación con encuestas de esta naturaleza realizadas en países como España, Chile, Colombia y Venezuela.

En el capítulo primero encontramos una breve introducción. En ella se comenta como principales ventajas y potencialidades de la investigación, en primer lugar, la comparación evolutiva de los comportamientos culturales en el tiempo transcurrido entre las dos encuestas para la población de más de 15 de edad, y, en segundo lugar, la ampliación de la población-muestra objeto de análisis respecto a la primera encuesta. En esta ocasión se incluyeron, por primera vez, sujetos de 12 a 14 años de edad, y residentes en zonas rurales, lo que permitió trazar un mapa general del consumo cultural válido para todo el país. Después de las consideraciones teórico-metodológicas asumidas, la totalidad del libro se centra en el capítulo del análisis de resultados. Este capítulo se encuentra dividido en dos ejes centrales: el primero enfatiza las peculiaridades del consumo cultural del primer grupo poblacional, de 12 a 14 años, y el segundo, destaca las peculiaridades de la población adulta, es decir, a partir de los 15 años de edad hacia delante. Adentrémonos, pues, en cada uno de estos ejes transversales de estudio de la encuesta.

Población de 12-14 años. ¿Futuro o presente inmediato?

Los adolescentes cada día van ganando terreno, espacios y protagonismo dentro del campo cultural en Cuba. Responder a sus exigencias, más que un desafío, debe ser interés central y estructurador de las dinámicas socioculturales que se desarrollan en la actualidad. Decir adolescentes es decir cambios, transformaciones, participación, creatividad, redes de relaciones, iniciativa y es decir también sociedad en su tiempo presente y sin recelos. Por tal motivo, la indagación en los causales comportamentales, inquietudes y satisfacción de necesidades, deriva en un paso crucial en el marco de la cultura indispensable para su desarrollo.

En este grupo poblacional, los principales niveles de satisfacción se focalizan alrededor del gusto por la televisión, la música, la preferencia por el juego y la conversación con los amigos (los datos indican que más del 96 % de los adolescentes comprendidos en este período realizan estas actividades). Estas prácticas culturales se encuentran en estrecha vinculación con las particularidades de esta etapa del desarrollo, donde la aceptación por parte del grupo de iguales ocupa un lugar importante dentro de su situación social del desarrollo como agente regulador de opiniones, gustos, preferencias y estilos.

Se destaca el papel de las instituciones como el cine, salas de videos, bibliotecas y librerías, siendo estos últimos los espacios preferidos donde se canaliza el gusto por la lectura y los soportes fundamentales para realizar las tareas que se les orientan en las escuelas (más del 55 %). Aun cuando las cifras de asistencia a instalaciones culturales a nivel comunitario, como por ejemplo los Joven Club de Computación (49.3 %) o las Casas de Cultura (35.2 %), alcanzan cifras para nada despreciables, no se debe dejar pasar por alto el público potencial de adolescentes comprendidos en estas edades que gustaría asistir a estos espacios (en ambos casos más del 29 %). La atención recae entonces en las políticas culturales que se adopten en ese sentido para aprovechar mejor la situación actual.

Otro aspecto de notoriedad radica en los deseos de visitar otros lugares de Cuba e ir a espectáculos musicales en vivo, actividades que alcanzan precisamente los mayores índices de insatisfacción. Por otra parte, más del 30 % de estos adolescentes gustaría ir a galerías de arte, museos o teatros. Sin embargo, es preciso mencionar que la in/ejecución de cada una de estas actividades mencionadas (que reflejan claramente necesidades insatisfechas), y sin dejar a un lado el factor económico, dependen en gran medida de la supervisión, planificación e intereses del adulto. En ese sentido (sin hacer exclusión de preferencias y caer en sesgos propios de estereotipos), el rol de agentes socializadores, como la escuela y la familia, debería estar más orientado a la facilitación y negociación, y menos a la obstaculización e imposición de determinados patrones culturales para, de esa manera, potenciar realmente el desarrollo cultural de los adolescentes respetando, por encima de todo, sus derechos.

Se hace un desglose detallado en los campos específicos de la cultura artístico-literaria (literatura, teatro, música, galerías y museos, casas de cultura, comunales o de la trova, cines y medios de comunicación masiva). De estos datos, resalta el papel de la música donde más del 95 % afirman disfrutarla, ocupando un lugar especial dentro del espectro de sus prácticas culturales. El género musical preferido por este grupo etáreo es el reggaetón (90.1 %), género musical de origen puertorriqueño que desde hace algunos años va ganando espacio y seguidores en Latinoamérica y Cuba, y la menos preferida es la música clásica (0.7 %). Los medios de comunicación masiva ocupan también un lugar trascendental. Más del 95 % gusta de ver la televisión y, en concordancia, la preferencia se inclina por los musicales, películas y aventuras. Más del 65 % gusta de la radio, fundamentalmente los programas musicales y humorísticos.

Es importante resaltar la incidencia de los nuevos dispositivos tecnológicos (teléfonos móviles, MP3, MP4, Ipod, Iphone), así como las PC, Ipad, Flash Memory, DVD por mencionar algunos. Estos accesorios sirven como soportes digitales para ver, intercambiar, consumir, a fin de cuentas, música, películas, seriales, videojuegos que, en ocasiones, funcionan como movilizadores de estado de opinión, de interacciones, comportamientos, estilos y en dependencia de contextos y circunstancias, como indicadores de estatus, distinciones y desigualdades a nivel social a partir de la sí/no accesibilidad con que se cuente a estos dispositivos.

Por último, las actividades de formación en materias artísticas que se destacan son el estudio de computación e idiomas, siendo las instituciones educativas y culturales, precisamente, las que satisfacen en mayor medida esta demanda.

La inclusión de este grupo muestral dentro de la encuesta constituye un paso de avance significativo para el estudio del consumo cultural de adolescentes de nuestra población. Investigaciones de este tipo son necesarias en el contexto actual para este grupo etario, que resulta insuficientemente conocido, en ocasiones discriminado por sus gustos y preferencias, poco beneficiado por las ofertas culturales y a su vez insatisfecho con las estrategias culturales implementadas. Dada su naturaleza cuantitativa, resulta una provocación a la búsqueda de más información, de desarrollo de hipótesis, de estudios cualitativos que profundicen en las particularidades y sobre todo al interés de profesionales de diferentes sectores que trabajan para y con estas edades.

Población adulta

En este grupo poblacional, la práctica de consumo de mayor periodicidad (diaria y semanal) gira en torno a los medios de comunicación masiva, fundamentalmente la televisión (más del 94 %), siendo La Habana, antes provincia Ciudad de La Habana, la de mayor consumo televisivo (96.9 %), y la provincia de Las Tunas la de menos consumo (89.6 %). También se destacan el gusto por la música y la radio, ambas con más de 79 % de realización diaria y semanal. Importante señalar que en relación a la radio, las provincias de Granma, Cienfuegos y Guantánamo resaltan por su uso diario y la provincia de Pinar de Río por ser la de menor porciento de recepción diaria. En cuanto a la preferencia por la música, las mayores cifras se concentran en las provincias de Ciudad de La Habana, Isla de la Juventud, Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma (todas con más del 91.4 %) y Las Tunas como la provincia donde se focaliza el menor registro.

Las prácticas de no realización más significativas con este grado de periodicidad se ubican entre la práctica de videojuegos (72.2 %), hacer ejercicios y practicar deportes (49.1 %) y el juego de dominó, cartas u otros juegos (48.3 %).

Dentro de las prácticas culturales con frecuencia mensual y anual se destaca compartir con amigos y familiares (93.8 %), siendo además la práctica de menores niveles de no realización (4.5 %) indicando la importancia y jerarquía que adquiere para suplir las necesidades personales y grupales, así como una resultante que deviene en espacios alternativos por excelencia de socialización para el disfrute de la cultura.

Las fiestas y guateques, la ingestión de bebidas alcohólicas y la participación en carnavales, parrandas o verbenas, alcanzan porcientos de realización para nada irrelevantes (más del 59 % en cada caso). Llama la atención que solo el 32.5 % dedique su tiempo para llevar a los niños a pasear y más del 62 % no lo haga, lo que de alguna manera se relaciona con las necesidades insatisfechas mencionadas en un principio por la población menor de 14 años de edad, al depender de las decisiones de los adultos. Al respecto, se debe mencionar que las féminas son precisamente quienes llevan a pasear a los niños, superando en un 9 % a los hombres, resaltando el rol tradicional de la mujer dentro de la familia, como mayores responsables o las depositarias para el cuidado de los menores de edad.

En cuanto a la asistencia a espacios culturales con periodicidad anual se destacan en primer lugar las tiendas y en segundo lugar los parques, plazas y lugares al aire libre. En el caso de las tiendas, muchos son los estudios que a nivel internacional se han llevado a cabo en relación a estas como espacio fundamental de socialización y el impacto que tienen en la configuración de diferentes procesos de carácter social, así como comportamientos asociados a estos escenarios. En ese sentido, Cuba no es una excepción de dicho impacto y la preferencia de estos espacios por su población a la hora de compartir y emplear su tiempo libre. Tan así es, que más del 84 % gusta de esta práctica. En el caso de los parques y plazas (68.4 %), independientemente de que brindan tranquilidad y sosiego para muchos, estos han adquirido un carácter simbólico asociado a diferentes grupos sociales que responden a disímiles patrones de agrupación que, a su vez, son heredados y asumidos de forma simbólica como zonas representativas y propias.

Los menores porcientos de asistencia se asocian a las visitas a los Joven Club de Computación, a las galerías o museos, bibliotecas, librerías, Casas de Cultura, salas de video, cine y teatro. Aunque los datos obtenidos no indiquen aún los niveles de aceptación y recurrencia deseados, estos tipos de prácticas no son ajenas para determinados segmentos poblacionales y, además, sobresalen en determinados grupos en función de diferentes variables socioeconómicas y socioestructurales.

En términos de la relación de esta población con los bienes artísticos literarios, notamos que el 42.9 % confirma leer de manera frecuente, lo que a su vez contrasta con un 47.3 % que confirma no hacerlo nunca. En ese sentido notamos una mayor concentración de esta práctica en la población de género masculino (46.4 %), en la población comprendida entre 15-20 años de edad (62.8 %), en la raza mestiza (45 %) y en aquellos que son posgraduados (87.3 %). Estos datos difieren respecto a la población comprendida entre 12 y 14 años vista con anterioridad, donde más del 78 % lo hacen de manera frecuente. También llama la atención que, entre los principales lectores dentro de la población adulta, sean los jóvenes entre 15 y 20 años, lo que pudiera estar relacionado con la vinculación de estos a espacios educativos que les “exijan” para un mejor desarrollo profesional, la realización de esta práctica, de manera que esta situación estaría actuando como una motivación extrínseca. El género literario más gustado es la novela y las temáticas, la policíaca y el suspenso. Los criterios de selección para la lectura se basan en primer lugar en el género y en segundo lugar en el autor del libro.

Al teatro solo el 15.2 % de la población asegura haber ido en un año y el 62.3 % no lo frecuenta. Los mayores porcientos se encuentran en la población de nivel superior y posgraduados, por lo que esta práctica al parecer es preferida por una élite que alcanza mayores niveles educacionales, razón por la cual las políticas culturales deberían estar enfocadas en la potenciación del gusto y apreciación de este arte desde edades más tempranas, articuladas a través de las escuelas y el papel que deben desempeñar los instructores de arte en cada una de las instituciones y lugares donde actúan. Los temas preferidos como tendencia son los humorísticos y los criterios de selección se forman a partir del género y de los intérpretes que participan en la obra.

La música, como mencionamos en un principio, ocupa un lugar relevante dentro del espectro de los consumos generales de la población cubana actual. Los datos no indican diferencias sustanciales de su práctica respecto a características sociodemográficas o el nivel educativo. Sin embargo, los jóvenes entre 15 y 30 años de edad se destacan por su consumo y se observa, a su vez, un ligero descenso con la edad. En esta población, el tipo de música preferido es la romántica (74.6 %), la popular bailable (64.2 %) y la mexicana y ranchera (30.8 %), siendo la radio y la televisión (89.8 %) los principales soportes para su disfrute.

Para culminar, preciso mencionar que los medios de comunicación masiva, a partir de los datos obtenidos en la encuesta, reiteran su alto porciento de consumo y su influencia en la disposición de la cotidianidad de la población. La televisión, radio, cine o la prensa escrita constituyen medios a través de los cuales la población no solo se informa y se actualiza, sino también se van convirtiendo en espacios de opinión, de generación de ideas y propuestas. En estos momentos el uso de la computadora e Internet va ganando terreno e influencia a nivel mundial facilitado por el desarrollo de las telecomunicaciones. Así, permiten un amplio acceso a la información que deviene hoy día (para no tan pocos) no solo necesario sino “indispensable”. Sin embargo, vemos que solo 13.8 % de la población adulta cubana utiliza la computadora habitualmente, mientras que el 72,8 % no lo hace nunca. El mayor uso que se le da es para trabajar y estudiar (91.7 %) y solo el 14.4 % se emplea para navegar en Internet o Intranet. La mayor concentración de acceso a la Internet se localiza en trabajadores del sector estatal (91.1 %), ya que son precisamente los centros laborales los que cuentan con la conexión a Internet o Intranet en sus computadoras. Estos datos reflejan la realidad de las condiciones en que en materia informática se encuentra la población cubana, debido al poco ancho de banda con que contamos.

Entre lo urbano y rural ¿Qué nos asemeja y diferencia?

Al comparar los resultados entre zonas rurales y urbanas, los datos reflejan una similitud respecto a las prácticas de mayor relevancia focalizadas. En ambos casos existe una preferencia por oír la radio, escuchar música y ver la televisión. Solo en la práctica del juego de dominó, cartas u otros, así como el escuchar la radio, la zona rural alcanza mayores porcientos de frecuencias diarias y semanales respecto a la zona urbana.

Prácticas como ver la televisión, videos, el uso del DVD, jugar videojuegos, leer periódicos, revistas o escuchar música, alcanzan niveles superiores en las zonas urbanas que en las rurales. De igual manera sucede con las asistencias a presentaciones de música popular, conciertos, visitas a otras provincias y países, presentaciones de libros, centros turísticos, históricos, cafeterías tanto en moneda nacional como en CUC, uso de los Joven Club de Computación, salas de cine, videos, ferias o discotecas.

Estos comportamientos pudieran estar respondiendo a diferentes factores, tanto de orden económico, social como estructural. En las capitales de provincias es precisamente donde se localizan las mayores ofertas culturales y en donde se encuentra una mayor diversidad que responde a los gustos y expectativas de la población con el objetivo de satisfacerlas. Existe una tendencia a la centralización en el ámbito cultural que imposibilita o bien obstaculiza la participación de determinados sectores poblaciones en diferentes espacios y por ende la inserción y la preferencia por determinadas prácticas culturales simplemente van perdiendo interés.

Se trata, entonces, de dar un giro cuyo norte sea la igualdad de oportunidades, de espacios de participación en los que se alcancen mayores niveles de representación y acción, así como estrategias para involucrar a la población en su relación con los campos culturales de una manera diferente a las de público o espectador “pasivo”, de donde se pueda desprender una población más satisfecha con la oferta cultural.

Y después de diez años, ¿qué?

En la medida que los datos lo permitieron, se establecieron comparaciones respecto a la encuesta realizada en el año 1998. En ese sentido, dicha comparación solo incluyó la población adulta de más de 15 años de edad que vivían en zonas urbanas, ya que en la primera encuesta realizada no se tuvo en cuenta en la muestra objeto de estudio la población comprendida entre 12 y 14 años ni la comprendida en zonas rurales. Esta comparación se llevó a cabo con el objetivo principal de brindar los puntos de continuidad o ruptura, a decir de sus autores, en las tendencias del consumo cultural de la población cubana durante ese tiempo.

Así, se observa como tendencia un predominio del uso de los medios de comunicación masiva, de manera particular la televisión y la radio, y el mantenimiento del gusto por la música, con un ligero aumento en la romántica y un ligero descenso de la popular bailable, mientras que el reggaetón, como género musical emergente, en estos momentos ocupa la preferencia entre los más jóvenes de la población.

Se evidencia en un 3.6 % la disminución de la práctica de la lectura. Aunque hay cierta estabilidad en las preferencias de los géneros literarios, se registra un aumento del gusto por el género de ensayo, cuento, historietas y fotonovelas, y una disminución con respecto a la novela y la poesía. En cuanto a las temáticas, podemos mencionar que hay una mayor preferencia por las históricas, aquellas de carácter político-social, aventura y científico-técnica.

Resaltan datos que reflejan un alto consumo televisivo a través de la televisión y otros dispositivos electrónicos, donde mantienen prevalencia aún los filmes policíacos y las comedias, pero como un mayor índice que en la encuesta pasada. Respecto a las prácticas deseadas, se constata una disminución considerable del reclamo de algunas actividades como las infantiles, los carnavales, parrandas o verbenas, y espacios como los de cine y salas de video, datos que pudieran estar indicando, por una parte, mayor satisfacción con la oferta cultural y, por otra, pérdida del interés por estas al encontrar vías alternativas para suplir dichos reclamos. También resalta un aumento significativo de la demanda de presentaciones de libros, recitales, en librerías y en bibliotecas, galerías de arte, ferias y teatros. Estos reclamos resultan cruciales, en tanto indican por dónde se debe movilizar la oferta cultural de cada uno de los espacios que pudieran satisfacer dichas demandas y, además, señalan la oportunidad de aprovechar el público potencial interesado en estas prácticas más vinculadas con los bienes artístico-literarios.

Elemento positivo que revela la efectividad de las estrategias culturales, lo es la disminución en más de un 36 % de la percepción referente a la escasez de opciones en la oferta cultural. Este dato ilustra un fortalecimiento de las estrategias culturales en pos de las demandas e intereses de la población, que se ha logrado durante el tiempo transcurrido entre ambas encuestas. Lo que, a su vez, debe ser motor impulsor de nuevas alternativas culturales, fundamentalmente desde lo local, para una mayor efectividad.

Al tener como objetivo fundamental conocer las prácticas culturales que caracterizan a la población cubana actual, el libro es, sin dudas, un indicador indispensable contemporáneo y actual en la indagación de temas como la participación y el consumo cultural en Cuba. Al mismo tiempo se convierte en una base metodológica de obligatoria visita para investigadores e interesados en el tema, al brindar datos y estadísticas de un alto grado de significación para continuar ahondando en las preferencias culturales desde diferentes aristas y zonas de confrontación.

[1] En la actualidad, Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

 

Yenly Laya Machado Sánchez: Graduada de Psicología en el año 2010. Actualmente labora en el ICIC Juan Marinello dentro del equipo de Participación y Consumo Cultural. Ha cursado varios posgrados relacionados con la investigación cultural, la epistemología, el consumo cultural y la adolescencia. Ha sido coordinadora de un taller sobre la temática de Culturas Juveniles. Desde fecha reciente desarrolla un proyecto investigativo que responde a la línea de trabajo de su equipo: Prácticas de Consumo Cultural. Dinámicas y escenarios.

 

 
 
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