No. 25 | julio-diciembre 2019
Cultura y desigualdades: miradas teóricas-metodológicas


La configuración de la desigualdad social y educativa desde el estructuralismo genético de Pierre Bourdieu

Title: The Configuration of Social and Educational Inequality from Genetic Structuralism of Pierre Bourdieu

Dr. Yuri Jiménez Nájera

(PDF)


Resumen: A partir de la perspectiva constructivista-estructuralista de Pierre Bourdieu, se analiza teóricamente el tema de la configuración sociohistórica de la desigualdad social y educativa en el espacio social (producida por la acción social de determinados agentes históricos), desigualdad entendida como la distribución diferenciada (y legitimada) de condiciones de existencia entre los miembros de una sociedad, la cual implica un reparto desigual de recursos histórico-sociales (tipos de capital-poder) y, por tanto, grados diferenciados de satisfacción de necesidades históricas entre sus integrantes.

Palabras Clave: Estructuralismo genético, constructivismo social, desigualdad social y educativa, Pierre Bourdieu.

Abstract: From the constructivist-structuralist perspective of Pierre Bourdieu, the subject of the sociohistorical configuration of social and educational inequality in the social space (produced by the social action of certain historical agents) is analyzed theoretically, inequality understood as the differentiated distribution (and legitimized) of conditions of existence among the members of a society; which implies an unequal distribution of historical-social resources (types of capital-power) and, therefore, different degrees of satisfaction of historical needs among its members.

Keywords: Genetic structuralism, social constructivism, social and educational inequality, Pierre Bourdieu.

Recibido: 20 de mayo de 2018

Aceptado: 14 de junio de 2019

Yuri Jiménez Nájera. (1961) (yurij@upn.mx) Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Sociología, por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor Titular «C» de Tiempo Completo (definitivo) en la Universidad Pedagógica Nacional - Unidad Ajusco (Área Académica 2: Diversidad e Interculturalidad).


Introducción

La desigualdad social en la perspectiva constructivista-estructuralista (o estructuralista genética) de Pierre Bourdieu (1993,pp. 127 ss.), es entendida como la distribución diferenciada de condiciones de existenciaentre los miembros de una sociedad (Bourdieu,2002a) (Bourdieu, 2010), la cual implica un reparto desigual de recursos histórico-sociales (acceso diferenciado a distintos tipos de capital-poder: económico-material, social, cultural, simbólico, político, etc., utilizados como formas de distinción social) y, por ende, grados diferentes de satisfacción de necesidades; dicha desigualdad, frecuentemente institucionalizada, es una construcción social e histórica (situada bajo coordenadas espacio-temporales específicas), producto de la acción social de determinados agentes históricos (individuales y sociales), convertidos en fuerzas sociales que definen la lógica y la estructura de distribución de condiciones de vida y detipos de capital-poder.

En otras palabras, la estructura de distribución desigual de recursos (y derechos reconocidos)establecida y legitimada en una sociedad concreta (una formación social históricamente determinada) es el resultado de la lucha (histórica-económica-política-simbólica) entre dichas fuerzas sociales (dominantes y dominadas), organizadas de diversas formas, las cuales definen el orden social establecido (esclavista, feudal, colonial, capitalista, nacional, regional, local, etc.) en función de sus creencias compartidas (visiones del mundo) e intereses. De esta manera, la desigualdad social es el resultado de la correlación de fuerzas entre los agentes-fuerzas intervinientes en un espacio social estructurado históricamente determinado.

Es decir, la estructura y la lógica de distribución de recursos y poder en una sociedad determinada es el producto de las prácticas (y creencias) de los agentes (internos y externos) participantes en la configuración de la realidad social vigente en dicho espacio colectivo.

En este marco, Bourdieu señala que en las sociedades modernas el llamado capital cultural (educación, información y bienes culturales) ha cobrado una gran relevancia en la determinación de las posiciones de los agentes individuales y colectivos en la estructura social de distribución de recursos (clases dominantes, medias o populares), al grado que compite con el capital económico (todo tipo de recursos materiales) en la definición de las posiciones sociales de los individuos y, al mismo tiempo, ambos capitales se articulan entre sí, en tanto que la posesión de mayor capital cultural tiende a dar acceso a mayor capital económico y viceversa, dependiendo de la situación histórica de cada sociedad y de la situación específica de cada individuo y de cada clase social en la misma sociedad. De ahí la importancia de abordar la distinción o desigualdad socioeducativa de manera contextualizada en nuestras sociedades contemporáneas, dada su incidencia en la estructuración de las mismas, ya que de no ser considerada, la compleja realidad social actual resultaría incomprensible.

La perspectiva sociológica constructivista-estructural de Pierre Bourdieu

A partir de una perspectiva teórica-metodológica objetivista-subjetivista y estructuralista-constructivista[1][«estructuralismo constructivista» o «constructivismo estructuralista» (Bourdieu, 1993, p. 127 ss.)], Pierre Bourdieu señalóen su momento la imperiosa necesidad científica de superar «las falsas antinomias de las ciencias sociales» (mediante una «ruptura epistemológica» con los pares conceptuales o «pairedconcepts»)[2] y sus implicaciones teóricas, metodológicas, prácticas y político-científicas, las cuales han dividido artificialmente a tales disciplinas durante mucho tiempo y han resultado «profundamente nocivas para la práctica científica», además de haber impedido «el desarrollo de una ciencia de la sociedad capaz de acumular verdaderamente sus ya inmensos logros» (Bourdieu, 2000, pp. 63-85).[3]

Paralograr lo anterior, Bourdieu elabora una perspectiva sociológica renovada que se propone superar los puntos de vista objetivista y subjetivista sobre la realidad social (2000a: cit. p. 80) (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981,pp. 34-35), articulando en términos complementarios las aportaciones de los autores clásicos de la sociología, así como las de las llamadas microsociologías y los enfoques macrosociológicos, como momentos complementarios en el proceso de construcción del conocimiento científico sobre el objeto de la sociología —y de las ciencias sociales en general— (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981,pp. 51-81) (Bourdieu, 1990, p. 70 ss., 199,p. 127 ss.; 1997, p. 52; 2000ª,p. 71 ss.) (Giménez, 2005b, pp. 79-81).

La perspectiva de Bourdieu se funda en una «teoría del conocimiento del objeto sociológico»[4] basada en un «acuerdo epistemológico» (tesis de la convergencia),[5] vigente dentro del campo disciplinario, entre las «grandes teorías clásicas» de lo social (v. g. las tradiciones erigidas por Carlos Marx, Emilio Durkheim y Max Weber), las cuales convergen bajo dos principios epistemológicos que operan «realmente en el ejercicio auténtico del oficio de sociólogo»:

1º la existencia de «regularidades no-conscientes» (estructuras objetivas) en las relaciones sociales (planteadas por Marx desde 1845 [Marx y Engels, 1976, p. 9]), en los hechos sociales (definidos por Durkheim en 1895 [Ritzer, 2001, p. 225]) y en la acción social (conceptualizada por Weber en 1918-1920 [Weber, 1984: VIII]) independientes de los sujetos individuales, de su intencionalidad y conciencia («principio de la no-conciencia»: «la naturaleza inconsciente de los fenómenos colectivos») y

2° las «relaciones sociales no podrían reducirse a relaciones entre subjetividades animadas de intenciones o "motivaciones" porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales como relaciones objetivas» (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981, pp. 31-33), sin reducirse a la simple interacción inmediata entre los sujetos intencionales, «sistema de relaciones objetivas en el cual los individuos se hallan insertos» (el ángulo positivo del principio de no-conciencia o principio de la objetividad relacional) (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981, p. 34); distinguiendo una «teoría del conocimiento sociológico» común o epistemología sociológica entre las distintas perspectivas sociológicas clásicas que compiten en torno a la interpretación del mundo social.

Congruente con su postura epistemológica —«epistemología histórica» (Wacquant, 2005, p. 59)—, al explicitar aún más su postura teórica, Bourdieu precisa los dos «principios teóricos» que fundamentan su concepción sociológica integradora, en los siguientes términos:

De manera que las estructuras sociales objetivas o «sistemas de relaciones objetivas» (campos relacionales) son simultáneamente estructuras determinantes-determinadas, al influir en los agentes y en la constitución de su subjetividad y ser construidas por la acción social de los mismos agentes, en una «relación dialéctica» entre las estructuras objetivas y los sujetos sociales (o relación de co-determinación). Postura que en términos aún más sintéticos nuestro autor denomina «estructuralismo genético»[6] para dar cuenta de la construcción social de la realidad micro-macro, objetiva-subjetiva (Bourdieu, 1993, p. 26).

Para el constructivismo estructuralista, por tanto, la realidad social es a la vez objetividad y subjetividad, objetivación e interiorización estructuradas, por lo que puede decirse que la realidad social existe dos veces, en las instituciones sociales y en las estructuras mentales («las formas duraderas de ser o de actuar» de los agentes),[7] en la «objetividad del primer orden» y en la «objetividad del segundo orden» respectivamente (Bourdieu y Wacquant, 1995, pp. 17-18). Con base en esta concepción dual articulada del mundo social, Bourdieu plantea que el principio de la acción histórico-social de los agentes: «No reside en la conciencia ni en las cosas, sino en la relación entre dos estados de lo social, es decir, entre la historia objetivada en las cosas, en forma de instituciones, y la historia encarnada en los cuerpos, en forma de esas disposiciones duraderas que yo llamo habitus. El cuerpo está en el mundo social, pero el mundo social está en el cuerpo» (Bourdieu, 1990, pp. 69-70); de manera que, en otras palabras, «el principio de toda acción», el «motor (de dicha acción) —lo que se llama a veces la motivación— no está ni en el fin material o simbólico de la acción, como lo afirma el finalismo ingenuo, ni en las presiones del campo, como lo afirma la visión mecanicista. Está en la relación entre el habitus y el campo (de relaciones sociales estructuradas) que hace que el habitus contribuya a determinar aquello que lo determina» (Bourdieu, 1990, p. 74). En otros términos, el fundamento de la acción sociohistórica está en la relación de determinación recíproca entre lo objetivo y lo subjetivo, entre las formas objetivadas y las formas subjetivadas de la realidad social, entre las instituciones y las representaciones (Giménez, 2005b, p. 80), entre las estructuras objetivas y las estructuras subjetivas, entre los campos de relaciones sociales y los habitus.

Asimismo, como puede observarse, para el estructuralismo constructivista la realidad social (objetiva-subjetiva) es una construcción histórico-social erigida por agentes sociales (individuales y colectivos) condicionados histórica y socialmente, de ahí que la «construcción de la realidad social» sea una empresa individual-colectiva organizada bajo determinados «principios de construcción», que «no se opera en un vacío social, sino que está sometida a coacciones estructurales» (Bourdieu, 1993, p. 134);construcción colectiva que no depende solo de la voluntad y del control de los sujetos (Giménez, 2005b, p. 80), de manera que «aunque el mundo social, con sus divisiones, sea algo que los agentes sociales tienen que hacer, que construir, individual y sobre todo colectivamente, en la cooperación y en el conflicto, sigue siendo cierto que estas construcciones no tienen lugar en el vacío social, como parecen creer algunos etnometodólogos» (cursivas en el original) (Bourdieu, 2002b: 25), en tanto que están determinadas por las estructuras, las cuales «no son otra cosa que el producto objetivado de las luchas históricas tal como se puede captar en un momento dado del tiempo» (Bourdieu, 1993, p. 177), luchas entre agentes del pasado mediato e inmediato. Así, la construcción de la realidad objetiva-subjetiva [la «producción continua de la sociedad» (Bourdieu y Wacquant, 1995, p. 19)] es una construcción histórica determinada-determinante, determinada por las estructuras objetivas y la acción de los sujetos y determinante de aquellas y estos, al reproducirlas/os o transformarlas/os; en otras palabras, las estructuras objetivas —como las instituciones— y las visiones del mundo —como las ideologías— son construcciones sociales mutuamente estructurantes.[8]

El reto para la sociología, por consiguiente, es poder captar la realidad social objetiva-subjetiva, lo que es posible para la perspectiva bourdiana siempre y cuando se logre reconstruir dicha realidad en dos momentos sucesivos relacionados dialécticamente: el «momento objetivista» y el «momento subjetivista», en el primero rompiendo con las representaciones subjetivas de los agentes para construir las estructuras objetivas del espacio social («ruptura objetivista»),[9] las cuales «son el fundamento de las representaciones subjetivas y constituyen las coacciones estructurales que pesan sobre las interacciones», en el segundo retomando las representaciones de los agentes para «dar cuenta especialmente de las luchas cotidianas, individuales o colectivas, que tienden a transformar o a conservar esas estructuras», operando «una segunda ruptura, más difícil, con el objetivismo, reintroduciendo en un segundo tiempo lo que fue necesario descartar para construir la realidad objetiva»; conjuntando de esta forma una sociología de las estructuras objetivas y una «sociología de la construcción de las visiones del mundo que contribuyen también a la construcción de ese mundo» (Bourdieu, 1993, pp. 129-133). Lo anterior, considerando que la construcción de percepciones del mundo de los agentes se da bajo coacciones estructurales, «es decir las estructuras mentales a través de las cuales aprehenden el mundo social, son en lo esencial el producto de la interiorización de las estructuras del mundo social» durante el proceso de socialización de dichos agentes, por cuanto que las estructuras subjetivas están socialmente estructuradas al tener una génesis social (Bourdieu, 1993, pp. 133-134).

Ahora bien, para acercarse a la comprensión de la realidad social dual como totalidad articulada, Bourdieu insiste en la necesidad de recurrir siempre a un «modo de pensamiento relacional» («el meollo de su visión sociológica», según Wacquant, en: Bourdieu y Wacquant, 1995, p. 23) que privilegie las relaciones sociales objetivas por encima de los individuos y grupos sociales(cfr.: Bourdieu, 1990, pp. 68-78; 1991, pp. 17-37; 1993, pp. 19-31, pp. 129-132, p. 177; 1995, pp. 23-26, pp. 63-78, pp. 167-175; 1997, p. 53; 2002b, pp. 7-47), y por encima de sus atributos aparentemente innatos y sus interacciones inmediatas, observados/as comúnmente e ingenuamente como «realidades fenomenológicas»[10] en sí mismas, modo de pensamiento que, «en ruptura con el modo de pensamiento sustancialista, lleva a caracterizar todo elemento por las relaciones que lo unen a los otros en un sistema del que obtiene su sentido y su función», que define su «valor relacional» en un contexto particular, «en la red completa de las relaciones constitutivas del sistema»—fuera del cual carece de ese valor social—, y permite «tratar los hechos históricos como sistemas de relaciones inteligibles» y no como cosas (Bourdieu, 1991, pp. 17-23, pp. 36-37), de ahí que plantee de distintas maneras que la realidad social es relacional.

El espacio social-histórico de las desigualdades

El análisis sociológico-relacional de la desigualdad social dentro de esta perspectiva se plantea como una «topología social» (ciencia de los espacios sociales y de sus propiedades), mediante la cual se representa al mundo social como un espacio social multidimensional, «construido sobre la base de principios de diferenciación o distribución constituidos por el conjunto de las propiedades que actúan en el universo social en cuestión, es decir, las propiedades capaces de conferir a quien las posea con fuerza, poder, en ese universo» (Bourdieu, 1990, pp. 281-282), propiedades[11]reconocidas socialmente y utilizadas por los agentes como recursos de poder (tipos de capital) en determinadas situaciones sociales. Espacio social en el que sus agentes (individuales y colectivos) están definidos por sus posiciones relativas dentro de dicho espacio respecto al resto de agentes, en el que cada agente «está acantonado en una posición o en una clase precisa de posiciones vecinas (es decir, en una región determinada del espacio)» diferenciadas entre sí en función de sus propiedades (Bourdieu, 1990, pp. 281-282).

El «espacio social global», como una estructura social construida sociohistóricamente, es un espacio de relaciones sociales objetivas diferenciales «irreductibles a las interacciones», en el que las «relaciones objetivas son las relaciones entre las posiciones ocupadas en las distribuciones de recursos que son ocupados o pueden volverse actuantes, eficientes, como los triunfos en un juego, en la competencia por la apropiación de bienes raros cuyo lugar está en este universo social» (Bourdieu, 1993, p. 131), por lo que el espacio social es —se afirma—«la realidad más real y el principio real de los comportamientos» de los agentes sociales[12]; es, por lo tanto, un «conjunto de posiciones» relacionales («definidas en relación unas de otras»),[13] articuladas y diferenciadas entre sí, exteriores unas respecto a otras y jerarquizadas temporalmente (dominantes-dominadas); es un «campo de gravitación» en el que se dan relaciones de atracción y repulsión, de acercamiento y distanciamiento («proximidad» y «distancia social») entre sus diferentes agentes-posiciones que lo conforman.

Como campo histórico de diferenciación social, el espacio social es un ámbito de estructuración de la distinción social, es decir un universo ordenado de los distanciamientos sociales y la distribución desigual de agentes y clases de agentes en toda su extensión, construido sobre la base de sus posiciones en la distribución de determinadas «propiedades actuantes» y eficientes (útiles para ciertos fines) en el universo social, propiedades para la acción que se traducen en «poderes sociales» al proporcionar a sus propietarios cierta fuerza social reconocida en el campo, poderes que constituyen los «principios de diferenciación» (Bourdieu, 1990, pp. 282-283; 2002b, p. 18)histórico-contextuales que rigen la estructura y dinámica del espacio social, de manera que «todas las sociedades se presentan como espacios sociales, es decir, estructuras de diferencias que solo cabe comprender verdaderamente si se elabora el principio generador que fundamenta estas diferencias en la objetividad. Principio que no es más que la estructura de la distribución de las formas de poder o de las especies de capital[14] eficientes en el universo social considerado y que por lo tanto varían según los lugares y los momentos» (Bourdieu, 2002b, pp. 48-49).

Así, las «propiedades actuantes retenidas como principios de construcción del espacio social son las diferentes especies de poder o de capital[15] vigentes» (Bourdieu, 1990, p. 282) en el mismo espacio social y/o en sus subespacios o campos en los que se divide aquel, principios espacio-temporales o «poderes sociales» generadores de las diferencias, tales como el capital/poder económico (v. g.: «títulos de propiedad económica»), el capital/poder cultural (v. g.: «títulos escolares»), el capital/poder social (v. g.: «títulos de nobleza»), el capital/poder simbólico (v. g.: «prestigio, reputación, renombre»), o el capital/poder político («posición en la jerarquía de los aparatos políticos», «antigüedad política», «linaje») (entre otros posibles poderes en función del subespacio o campo particular de relaciones sociales), los cuales funcionan como verdaderos«instrumentos de apropiación del producto objetivado del trabajo social acumulado» (Bourdieu, 1990, p. 283); principios de construcción-distribución-apropiación-diferenciación estructuradores del universo social (Bourdieu, 2002b, p. 30) y, simultáneamente, de sus agentes.

A partir de lo anterior, Bourdieu define al espacio social como:

…un espacio pluridimensional de posiciones tal que toda posición actual puede ser definida en función de un sistema pluridimensional de coordenadas, cuyos valores corresponden a los de las diferentes variables pertinentes: los agentes se distribuyen en él, en una primera dimensión, según el volumen global del capital que poseen y, en una segunda, según la composición de su capital; es decir, según el peso relativo de las diferentes especies en el conjunto de sus posesiones (Bourdieu, 1990, p. 283).

Lo anterior significa que los agentes poseedores de un mayor volumen de capital se colocarán en las posiciones más altas (dominantes) en la estructura de clases, al acumular mayor capital-poder que el resto de agentes, ubicados en las posiciones intermedias o en las posiciones más bajas de la escala social.Asimismo, Bourdieu afirma que en las sociedades avanzadas contemporáneas prevalecen «dos principios de diferenciación»[16] y distribución centrales: «el capital económico y el capital cultural», es decir, las «propiedades materiales» e incorporadas de los agentes (Bourdieu, 1990, pp. 282-283; 2002b, p. 18). El capital económico comprende: los recursos materiales y sus representaciones de valor (dinero, títulos de propiedad, etc.). El capital cultural o informacional es resultado de la «acumulación de cultura» (el cúmulo de información, de conocimientos, de experiencias, de producciones culturales y disposiciones adquiridas) en forma incorporada, objetivada y/o institucionalizada, el habitus (las estructuras mentales) y sus «disposiciones duraderas» constituyen la forma incorporada o interiorizada, los «bienes culturales» la forma objetivada y los «títulos» la forma institucionalizada (Bourdieu, 1990, pp. 282-283; 1993, pp. 33-51, p. 105; 1995, pp. 81-82; 2000b, pp. 131-164; 2002ª, pp. 113-122), capital determinante de los diversos grados de desigualdad socioeducativa (distancia social-educativa) vigentes en cada sociedad (el valor diferencial de los títulos educativos). A estos dos tipos de capital se agrega el capital social, entendido como el conjunto de relaciones sociales (las cuales se traducen en un poder social para quien las monopoliza).Los tres tipos de capital (económico, cultural y social) tienden a configurar un espacio social tridimensional (Bourdieu, 2002ª, pp. 97-165).

El capital cultural (familiar o de clase, lingüístico, escolar —heredado y adquirido—) distribuido diferenciadamenteentre los diversos sectores de la población (Bourdieu, 2002ª, pp. 113-122) cobra una especial relevancia en las sociedades modernas, en la medida en que tiende a definir la posición de los individuos en la estructura de clases constitutiva del espacio social, en tanto que contribuye significativamente a la reproducción de la jerarquización de clases a través del sistema escolar (Bourdieu y Passeron, 1995, pp. 111-154), el cual funciona como una especie de «máquina social» (o «máquina cognitiva») reproductora de las desigualdades socioeducativas de clase (Bourdieu, 2013, pp. 54-65) y se erige en un verdadero «modo de reproducción» de la estructura de clases (Bourdieu, 2002ª, p. 145 ss.) (Bourdieu, 2013, pp. 397-406), al fungir como institución de colocación de los individuos en los distintos niveles de la escala social.

La distribución y acumulación desigual de los distintos tipos de capital entre los integrantes de una sociedad determinada se traduce en la instauración de una estructura de «clases objetivas», es decir «clases de agentes» (o «clases de condiciones de existencia», o clases de habitus) relativamente homogéneas y diferenciadas entre sí, en función de determinadas condiciones sociohistóricas comunes y condicionamientos (Bourdieu, 2002ª, p. 105) que conducen a experiencias similares de socialización, interiorización y participación, por tanto a disposiciones, representaciones y prácticas análogas (o «habitus de clase»[17]), así como a ciertos intereses, preferencias (o gusto[18] sociales) y competencias "necesarias" (conocimientos, habilidades, ocupaciones, oficios, profesiones), y a determinados «costes» y «beneficios asociados» («beneficios de distinción» mediatos-inmediatos, económicos, sociales, simbólicos, físicos, etc.) a la valoración social de cada práctica, competencia, preferencia o, en términos generales, propiedad social («valor distributivo o posicional», es decir «valor social» relacional) (Bourdieu, 2002ª, p. 17 s., p. 84 s., p. 100 ss.).[19]

En otros términos, las clases objetivas se caracterizan y diferencian por sus distintas condiciones-disposiciones-prácticas-propiedades, las cuales tienden a distribuirse de manera regular entre los agentes, de modo que se puede identificar toda una macroestructura o red de distribución de tales propiedades entre las clases dentro de una sociedad. De manera particular, las propiedades comunes (incorporadas y objetivadas) de cada una de las clases constituyen una estructura interrelacionada de propiedades, estructura determinada de relaciones que asigna un valor específico a cada una de las «propiedades pertinentes» y a su eficacia práctica[20] en el ámbito social, de manera que «lo que resulta eficiente es una configuración particular del sistema de propiedades constitutivas de la clase construida»,[21] es decir, una combinación jerarquizada de propiedades relacionales poseídas por la clase dentro de un espacio-tiempo específico (Bourdieu, 2002ª, pp.104-106, pp. 111-112).

Con base en lo antes expuesto, se puede decir, en conclusión, que el espacio social de las clases es un universo de relaciones sociales objetivas construidas históricamente por agentes (individuales y colectivos) actuantes situados en posiciones-condiciones[22]  diferenciadas dentro de dicho ámbito social (como puntos ocupados en ese espacio), posiciones relacionales ordenadas y jerarquizadas conforme a la distribución desigual de determinados poderes-posesiones (materiales e incorporados/as) reconocidos socialmente (Bourdieu, 1990, pp. 298-299), entre los que destacan el capital cultural y económico, distribución configurada y legitimada sociohistóricamente por dichos agentes en cada sociedad concreta, con sus propias particularidades objetivas-subjetivas. Es en este marco relacional en el que se requiere ubicar a la desigualdad socioeducativa para explicarla histórica y relacionalmente, y comprenderla en sus significados, más allá de interpretaciones sustancialistas y absolutistas.

Bibliografía citada

Bourdieu, Pierre (1993): Cosas dichas, Gedisa, Barcelona.

Marx, Carlos y Federico Engels (1976): Obras escogidas, t. 1, Progreso, Moscú.

???????????????????: Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron (1981): El oficio de sociólogo, Siglo XXI, México.

???????????(1990): Sociología y cultura, Grijalbo-Conaculta, México.

???????????(1991): El sentido práctico, Taurus, Madrid.

???????????(2000a): Intelectuales, política y poder, Eudeba, Buenos Aires.

???????????(2000b): Poder, derecho y clases sociales, Desclée, Bilbao.

???????????(2013): La nobleza de estado, Siglo XXI, Buenos Aires.

Ritzer, George (2001): Teoría sociológica clásica, Mc Graw Hill, Madrid.

Weber, Max (1984): Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México.

Bibliografía consultada

Berger, Peter L. y Thomas Luckman (1995): La construcción social de la realidad, Amorrortu, Buenos Aires.

Bourdieu, Pierre (1983): Campo del poder y campo intelectual, Folios, Buenos Aires.

------------------------(1984): Homo academicus, Les éditions de minuit, París, (editado en español por la editorial Siglo XXI de Argentina en 2008).

------------------------(1993): Cosas dichas, Gedisa, Barcelona.

------------------------(2001): Contrafuegos 2,Anagrama, Barcelona.

------------------------(2002a): La distinción, Taurus, México.

------------------------(2002b): Razones prácticas, Anagrama, Barcelona.

------------------------(2003): «El neoliberalismo como revolución conservadora», en Bourdieu, Pierre: Pensamiento y acción, Buenos Aires, Libros del Zorzal.

-----------------------(2003a): Pensamiento y acción, Libros del Zorzal, Buenos Aires.

-----------------------(2003b): El oficio de científico, Anagrama, Barcelona.

-----------------------(2003c): Contrafuegos, Anagrama, Barcelona.

-----------------------(2005): Las reglas del arte, Anagrama, Barcelona.

-----------------------(dir.) (2010): La miseria del mundo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

-----------------------y Jean-Claude Passeron (1995): La reproducción, Fontamara, México.

Giménez, Gilberto (1986): La problemática de la cultura en las ciencias sociales, SEP, México.

-------------------------- (1989): Poder, estado y discurso, Unam, México.

---------------------------(1997): La sociología de Pierre Bourdieu, IIS-UNAM (mimeo), México.

---------------------------(2005a): Teoría y análisis de la cultura, CONACULTA-ICOCULT, México.

---------------------------(2005b): «Introducción a la sociología de Bourdieu», en Jiménez, Isabel (coord.):Ensayos sobre Pierre Bourdieu y su obra I, México, Plaza y Valdés-CESU-UNAM.

Zemelman, Hugo (1987): Conocimiento y sujetos sociales, El Colegio de México, México.

Zemelman, Hugo (1996): Problemas antropológicos y utópicos del conocimiento, El Colegio de México, México.

Notas


[1] La llamada «galaxia constructivista» (Corcuff, 1995) es una perspectiva teórica plural, que bien puede denominarse «constructivismo social» (Giménez, 1997), en la que convergen autores notables y diversos como Jean Piaget, el mismo Pierre Bourdieu, Anthony Giddens, Peter Berger y Thomas Luckman, AaronCicourel, Edward P. Thompson, Alezzandro Pizzorno, Alberto Melucci o Hugo Zemelman (1987; 1996) en América Latina, entre otros; postura que, dentro de suheterogeneidad, se caracteriza por tres puntos unificadores: 1. la imprescindible superación de las parejas de conceptos dicotómicos (oposiciones: idealismo vs materialismo, sujeto vs objeto, colectivo vs individual);2. concebir la realidad social como una construcción sociohistórica resultante de la acción de agentes individuales y colectivos; 3. la precisión de que toda realidad social es objetivada e interiorizada a la vez, de manera que «el principio de la acción social sea la relación de determinación recíproca entre lo objetivo y lo subjetivo, es decir, entre las formas objetivadas (reglas, instituciones) y las formas subjetivadas (representaciones, formas de sensibilidad…) de la realidad social» (Giménez, 2005b, p. 80; énfasis de YJ).

[2] Los pairedconcepts—parejas de conceptos como individuo/sociedad, objeto/sujeto, estructura/agente, etc.— han marcado la historia de las ciencias sociales desde sus orígenes (Corcuff, 1995, pp. 8-16) y han proliferado a lo largo de su desarrollo, generando una serie de falsos problemas y debates infructuosos (Ver: Bourdieu, 1993, pp. 129; 2000ª, p. 71 ss.). Bourdieu plantea expresamente la necesidad de superar los «falsos problemas» de la oposición «individuo-persona-interioridad-singularidad» vs. «estructura-sociedad-cosa-exterioridad» que conforman las «certezas prácticas» del «discurso científico» y del «discurso cotidiano sobre los problemas sociales» (1990, pp. 68-69).

[3] Dicha perspectiva implica dejar atrás las limitaciones de las tradiciones científicas estructuralistas, fenomenológicas, objetivistas y subjetivistas (Bourdieu, 1991, 1993, 2000) (Bourdieu y Wacquant, 1995, pp. 15-20).

[4] Teoría entendida como el «…sistema de normas que regulan la producción de todos los actos y de todos los discursos sociológicos posibles, y solo de estos es el principio generador de las diferentes teorías parciales de lo social, y por ello el principio unificador del discurso propiamente sociológico que hay que cuidarse de confundir con una teoría unitaria de lo social» o «teoría universal y general del sistema social» (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981, pp. 48-50; énfasis de YJ).

[5] «Bajo la invocación de la urgencia de una teoría sociológica se confunden, en efecto, la insostenible exigencia de una teoría universal y general de las formaciones sociales con la inexorable demanda de una teoría del conocimiento sociológico. Hay que disipar esta confusión que las doctrinas sociológicas del siglo XIX fomentan, para reconocer la convergencia, evitando caer en el eclecticismo o el sincretismo de la tradición teórica, de los principios fundamentales que determinan la teoría del conocimiento sociológico de las grandes teorías clásicas, como el fundamento de teorías parciales, limitadas a un orden definido de hechos» (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981, p. 49; énfasis en el original).

[6] «…diría que trato de elaborar un estructuralismo genético: el análisis de las estructuras objetivas —las de los diferentes campos— es inseparable del análisis de la génesis en el seno de los individuos biológicos de las estructuras mentales que son por una parte el producto de la incorporación de las estructuras sociales y del análisis de la génesis de estas estructuras sociales mismas: el espacio social, y los grupos que en él se distribuyen, son el producto de las luchas históricas (en las cuales los agentes se comprometen en función de su posición en el espacio social y de las estructuras mentales a través de las cuales aprehenden ese espacio)» (Bourdieu, 1993, p. 26; énfasis en el original).

[7] «…la sociedad existe en dos formas inseparables: por un lado, las instituciones, que pueden tomar la forma de cosas físicas, como monumentos, libros, instrumentos, etc.; por otra, las disposiciones adquiridas, las formas duraderas de ser o de actuar, que encarnan en cuerpos (que yo llamo habitus). El cuerpo socializado (lo que se llama individuo o persona) no se opone a la sociedad: es una de sus formas de existencia» (Bourdieu, 1990, p. 88).

[8] «Sin duda los agentes tienen una captación activa del mundo. Sin duda construyen su visión del mundo. Pero esta construcción se opera bajo coacciones estructurales» (Bourdieu, 1993, p. 133).

[9] «La ruptura objetivista con las prenociones, las ideologías, la sociología espontánea, las folk theories, es un momento inevitable, necesario, de la trayectoria científica» (Bourdieu, 1993, p. 133) (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1981, pp. 27-50).

[10] El modo de «pensamiento sustancialista e ingenuamente realista en vez de ocuparse de las relaciones se limita a las realidades fenomenológicas en las que se manifiestan» aquellas (Bourdieu, 2002b, p. 27; énfasis de YJ).

[11] Propiedades de los agentes en el sentido de posesiones o apropiaciones y en el sentido de atributos o cualidades incorporadas, útiles para la acción.

[12] «La noción de espacio contiene, por sí misma, el principio de una aprehensión relacional del mundo social: afirma en efecto que toda la "realidad" que designa reside en la exterioridad mutua de los elementos que la componen. Los seres aparentes, directamente visibles, trátese de individuos o de grupos, existen y subsisten en y por la diferencia, es decir en tanto que ocupan posiciones relativas en un espacio de relaciones que, aunque invisible y siempre difícil de manifestar empíricamente, es la realidad más real (el ensrelissimum, como decía la escolástica) y el principio real de los comportamientos de los individuos y de los grupos» (Bourdieu, 2002b, p.  47).

[13] El espacio es un «conjunto de posiciones distintas y coexistentes, externas unas a otras, definidas en relación unas de otras, por la exterioridad mutua y por relaciones de proximidad, de vecindad o de alejamiento y asimismo por relaciones de orden, como por encima, por debajo y entre» (Bourdieu, 2002b, p. 16; énfasis en el original).

[14] «Las especies de capital, como una buena carta en un juego, son poderes que definen las probabilidades de obtener un beneficio en un campo determinado (de hecho, a cada campo o subcampo le corresponde una especie particular de capital, vigente como poder y como lo que está en juego en ese campo)». Asimismo, se pueden ver «las diferentes especies de capital (incorporado o materializado) como instrumentos de apropiación del producto objetivado del trabajo social acumulado» (Bourdieu, 1990, pp. 282-283; énfasis de YJ).

[15] «El capital, que puede existir en estado objetivado —bajo la forma de propiedades materiales— o, en el caso del capital cultural, en estado incorporado, y que puede estar garantizado jurídicamente, representa un poder respecto de un campo (en un momento dado)» (Bourdieu, 1990, p.  282).

[16] Bourdieu afirma que en las sociedades avanzadas contemporáneas prevalecen «dos principios de diferenciación» y distribución centrales: «el capital económico y el capital cultural», es decir, las «propiedades materiales» e incorporadas de los agentes (Bourdieu, 1990, pp. 282-283; 2002b, p. 18).

[17] «…principio unificador y generador de las prácticas», el «habitus de clase» es la «forma incorporada de la condición de clase y de los condicionamientos que esta condición impone» (Bourdieu, 2002ª, p. 100).

[18] Un gusto es una preferencia o elección social definida por un agente desde su habitus, «el gusto es el principio de todo lo que se tiene, personas o cosas, y de todo lo que se es para los otros, de aquello por lo que uno se clasifica y por lo que le clasifican». «Los gustos (esto es, las preferencias manifestadas) son la afirmación práctica de una diferencia inevitable», «cada gusto se siente fundado por naturaleza —y casi lo está, al ser habitus—»… (Bourdieu, 2002ª, pp. 53-54).

[19] Bourdieu define la «clase objetiva» como el «conjunto de agentes que se encuentran situados en unas condiciones de existencia homogéneas que imponen unos condicionamientos homogéneos y producen unos sistemas de disposiciones homogéneas, apropiados para engendrar unas prácticas semejantes, y que poseen un conjunto de propiedades comunes, propiedades objetivadas, a veces garantizadas jurídicamente (como la posesión de bienes o de poderes) o incorporadas, como los habitus de clase (y, en particular, los sistemas de esquemas clasificadores)» (2002ª, p. 100; énfasis en el original).

[20] Así, cada clase de agentes se distingue en su especificidad «por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes (la) que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas» (Bourdieu, 2002ª, p. 104).

[21] «…definida de manera completamente teórica por el conjunto de todos los factores que operan en todos los dominios de la práctica: volumen y estructura del capital definidos puntualmente y en su evolución (trayectoria), sexo, edad, estatus matrimonial, residencia, etc.» (Bourdieu, 2002ª, p. 112).

[22] «El conocimiento de la posición ocupada en ese espacio contiene una información sobre las propiedades intrínsecas (condición) y relacionales (posición) de los agentes» (cursivas nuestras) (Bourdieu, 1990, p. 284).

 

 

 

 

 

Back to Top