No. 25 | julio-diciembre 2019
Cultura y desigualdades: miradas teóricas-metodológicas


Un perfil sociodemográfico de los que buscan empleo en el sector privado en las oficinas municipales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social

Title: A Sociodemographic Profile of those Seeking Employment in the Private Sector in the Municipal Offices of the Ministry of Labor and Social Security

Lic. Cristina Parra González

(PDF)


Resumen: Luego del triunfo de la Revolución Cubana, una de las primeras tareas fue la creación de una sociedad inclusiva, sin distinciones etarias, de género o de raza. El campo de movilidad social creado fue muy intenso, en el que miles de personas negras y mestizas se incorporaron al mundo laboral, con puestos de trabajo dignificadores. Pese a lo realizado, a lo largo de cincuenta y nueve años no ha cristalizado un progreso social total en la subjetividad del cubano. En los últimos años, como resultado de los reajustes de la crisis de los noventa, se ha constatado un aumento de las desigualdades, así como la supervivencia y reproducción de los prejuicios. En años recientes, a partir de la implementación del llamado proceso de actualización del modelo económico y social, se siguen constatando los prejuicios y otras nuevas formas de discriminación en el sector privado de la economía, el cual posee un gran dinamismo para generar empleos mejor remunerados. Este trabajo se aproxima a esta realidad desde un estudio de los individuos que buscan empleo en las oficinas municipales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Palabras Clave: Empleo, trabajo, actualización del modelo económico y social, sector privado, discriminación.

Abstract: After the victory of the Cuban Revolution, one of the first works of the government was the creation of an inclusive society, in which there were no forms of discrimination, such as race, age, gender, etc. Social mobility extended to thousands of people, with banks, blacks and mestizos working in well-paid jobs. But in fifty-nine years, total social progress did not crystallize in Cuban subjectivity. In the context of the economic and social crisis of the 1990s, some research has verified how inequalities prevailed and the reproduction of prejudices. In recent years, in the context of the process of updating the economic and social model, there have been the same problems with new forms of discrimination within the private sector of the economy, which has dynamism to generate better and remunerative jobs. This paper contains an approximate vision of this reality, in a study of the people who search for employment in the municipal officials of the Ministry of Labor and Social Security.

Keywords: Employ, job, process of actualization of the economic and social model, private sector, discrimination.

…todo ciudadano en condiciones de trabajar tiene derecho a obtener un empleo atendiendo a las exigencias de la economía y a su elección, tanto en el sector estatal como no estatal; sin discriminación por el color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial, discapacidad y cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana.

Código de trabajo (capítulo 1, Disposiciones generales, artículo 2, p. 4)

 

Introducción

No debe hablarse del trabajo en Cuba a lo largo de los últimos cincuenta y nueve años sin mencionar las fluctuaciones que ha sufrido el sector privado de la economía. Luego de que el Gobierno Revolucionario quedara constituido en el año 1959, una de las prioridades inmediatas fue la inclusión social de todos los ciudadanos. En este sentido, resultó significativa la disminución gradual de la propiedad privada, que luego del año 1968, con la llamada ofensiva revolucionaria (Castro, discurso, 2016) quedó reducida fundamentalmente al sector agrario y algunos transportistas. El Estado se convirtió de esta manera en la principal fuente creadora de empleos, con gran parte de la población del país trabajando para el mismo. Cabe mencionar que hasta el año 1989, el 90 % de los medios de producción se encontraba en manos del Estado, con igual porcentaje de fuerza de trabajo (García, 2012, p. 29).

No es hasta el año 1993 que, a consecuencia de la crisis económica que atravesaba el país, se tomó la medida de ampliar y reformar el denominado sector por cuenta propia en Cuba. De esta manera pasó a implementarse el Decreto-Ley 141 (1993) que derogó el Decreto-Ley No. 14 del año 1978, lo cual permitió la realización de 55 actividades dentro del sector, número este que hacia 1997 aumentó a 177 (Sacchetti, 2011, p. 29).

En esta etapa el sector privado cobró determinado dinamismo en cuanto al empleo. En 2010, luego de cierta contracción del sector privado a fines de la década del noventa e inicios del 2000[1] se aprobaron 181[2] actividades a realizar dentro del sector como parte del proceso de actualización del modelo económico y social, impulsado a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (Lineamientos, 2016-2021). Ello conllevó a un incremento de las ofertas laborales por parte de este sector, con una notable mejor remuneración salarial, lo cual trajo aparejado una notoria movilidad de un sector al otro. Para el año 2017, en ocasión del VII Congreso del PCC, se plantea la necesidad de «ampliar el sector no estatal, como una alternativa más de empleo» (Lineamiento 141, 2016-2021, p. 32). En los mismos documentos programáticos se expresa la intención de preservar el sentido de inclusión y equidad social, como una característica ineludible del proyecto de socialismo cubano que se construye. Al respecto puede leerse:

[19] Garantizar el ejercicio de los derechos y deberes de todos los ciudadanos, con igualdad, inclusión y justicia social, expresados en el acceso a oportunidades, las realizaciones o resultados, la distribución de los beneficios del desarrollo y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por color de la piel, género, identidad de género… (Cuba [2017] Bases del plan nacional de desarrollo económico…, p. 21).

Aunque el sector privado ha ayudado a aligerar el peso del Estado en cuanto a la generación de empleos y las llamadas plantillas infladas, su protagonismo no está carente de contradicciones. Diferencias en los salarios, altos niveles de acumulación, limitaciones en el ejercicio de los derechos de los trabajadores (Yuleisy Fajardo Fernández, 2017); todos estos elementos dejan ver sus potencialidades para generar desigualdades sociales, algunas de las cuales pueden llegar a desentonar con el proyecto de justicia social y hasta ser contradictorias con los garantes propugnados en los documentos programáticos.

A pesar de que no siempre se reconozca tácitamente y en todas sus aristas y dimensiones, en esta nueva etapa que experimenta el país, ha surgido un nuevo empleador que no es el Estado, y que más allá de lo legalmente establecido funciona en la práctica en pos de sus necesidades e intereses individuales. Ello prevalecerá hasta tanto no existan regulaciones más específicas, comenzando por reconocer las diferencias al interior de este sector, que se muestran sumamente dinámicas. De este modo, dentro de dicho sector es posible distinguir al trabajador por cuenta ajena que, a diferencia del llamado trabajador por cuenta propia (empleador), no es otro que aquel individuo que vende su fuerza de trabajo al segundo. Esto marca una relación sociolaboral cualitativamente diferente a la cual será necesario prestarle detenida atención.

Por estos senderos se enrumba este trabajo, basado en los resultados obtenidos de una investigación antropológica exploratoria del campo,[3] en cuatro Direcciones Municipales del Trabajo y Seguridad Social (DMTSS) correspondientes a los municipios capitalinos Plaza de la Revolución, Cerro, Centro Habana y Boyeros. Basado en un estudio con un alcance más abarcador,[4] el objetivo asumido en esta fase de la investigación fue realizar un perfil sociodemográfico de las personas que acceden a las oficinas municipales del MTSS en busca de empleo u otra gestión relacionada con el acceso al mismo. En particular, la atención se centró en los individuos que se gestionaban el empleo en el sector privado.

Las técnicas empleadas fueron las encuestas, entrevistas y la observación no participante de aquellos individuos que iban a las DMTSS a solicitar su licencia, lo mismo como trabajador por cuenta propia, dueño de su negocio, que como trabajador contratado dentro del sector, o sea, por cuenta ajena. De un total de 333 encuestas aplicadas, 130 correspondieron al sector privado o por cuenta propia. Se aplicaron además un grupo de entrevistas a profundidad a diferentes sujetos, entre ellos, trabajadores de las oficinas de las DMTSS, según la disponibilidad mostrada a colaborar, lo cual resulta vital en un estudio como este, en donde la entrada al campo se torna en ocasiones difícil.

También, como un complemento interesante y usualmente poco sondeado por ser espacio poco convencional pero con relevante ascenso en los últimos años, se consultaron diferentes páginas web que ofertan trabajo en Internet para sondear cómo se está comportando el acceso al empleo a través de esos sitios.

A continuación se muestran los resultados obtenidos a partir de la correlación de las categorías y variables manejadas.

Sexo y el acceso al empleo

Dentro de los individuos que buscaron empleo en el sector privado a través de las DMTSS seleccionadas, los contratados son mayoría, con el 63 %, mientras que los propietarios constituyeron el 37 %. Hacia el interior del sector existe apenas una diferencia de 0,8 puntos porcentuales, por lo cual se puede afirmar que las mujeres y hombres se posicionan de manera bastante equitativa. Ahora bien, el tipo de gestión que realizan hacia el interior del sector se muestra de manera bastante interesante. El comportamiento por sexo y tipo de ocupación se refleja en el gráfico siguiente:

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En cuanto al posicionamiento dentro del sector, el comportamiento es diferente. En el caso de los contratados, los hombres son mayoría, con un 60,5 % contra un 39,5 % de mujeres, marcando una diferencia de 21 puntos porcentuales. Pero las diferencias no son solo de carácter cuantitativo. La calidad de las ocupaciones deja ver contrastes entre los que se contratan. Por ejemplo, los hombres se ubican fundamentalmente como elaboradores de alimentos, ayudantes de cocina, dependientes, fregadores de autos y trabajadores en un negocio de fotografía e impresión, por solo citar algunas. Las mujeres, por su parte, dijeron realizar actividades como camareras, cuidadoras de niños, ayudantes de cafetería, bordadoras-tejedoras, trabajadoras domésticas y vendedoras.

En el caso de los propietarios, las mujeres, con un 66,7 % en comparación de un 33,3 % de los hombres, constituyen mayoría. La diferencia entre hombres y mujeres en esta categoría es significativa, con 33,4 puntos porcentuales.

En cuanto a la categoría de las licencias también existen diferencias. Los hombres declararon actividades como la albañilería, barbería, plomería, artesanía, electricistas y vendedores de libros de usos. Las mujeres se ubican como recolectoras de materias primas, cuidadoras de enfermos y ancianos, cuidadoras de niños, arregladoras de uñas y domésticas. Muchas de estas ocupaciones las ejercen desde su propio hogar o contratándose de forma ocasional.

En general, la información disponible evidencia que los roles de género relacionados con tradiciones en el hacer y cierto imaginario persistente en torno a las ocupaciones adecuadas para mujeres y hombres se ponen en juego en el posicionamiento de las personas en el sector privado. En este contexto de ampliación de las relaciones mercantiles, roles y saberes tradicionales de la mujer en el hogar y entorno de vida cotidiana —tales como el de cuidadoras de niños, enfermos y ancianos— se resignifican para devenir en actividad económica realizada desde sus propios ámbitos. Quizás en la preeminencia de tales actividades esté la explicación del predominio de estas como propietarias.

El empleo y los grupos de edad

La edad es una variable significativa en la caracterización propuesta. Ella, en cierto sentido, habla de los tiempos vividos y de las experiencias acumuladas directamente por las diferentes cohortes que coexisten en el entramando social. En su correlación con el acceso al empleo se consideró conveniente agruparla en los siguientes grupos de edades:

  • Hasta 30 años (de 17 a 30 años): Marca el período de la juventud temprana, la culminación de los estudios y las primeras experiencias laborales de las personas. La entrada a este grupo está definida por la legislación vigente que no permite la contratación de menores de diecisiete años. Los casos de menores de esa edad requieren de un procedimiento especial para poder ser contratado y aparecen con una baja frecuencia. En toda la muestra solo dos casos.
  • De 31 a 45 años: Es un grupo en que se conjuga la experiencia laboral ya adquirida, con la vitalidad de sus integrantes. Las personas han madurado y aumentan las responsabilidades ante la familia y la descendencia.
  • De 46 a 55 años: Para estas edades es posible presuponer que ya existe una trayectoria laboral prolongada, incluso en el caso de las mujeres se aproximan a la edad de la jubilación.
  • De 56 a 65 años: Agrupa a las personas que ya han arribado a la edad del retiro (en el caso de las mujeres), o están viviendo sus últimos años de actividad laboral.
  • Más de 65 años: Incluye a los que se mantienen laborando después de haber sobrepasado la edad de la jubilación.

El gráfico siguiente (no. 2) ilustra cuál es la estructura por edades de los que gestionan alguna forma de empleo en el sector privado. La mayoría absoluta (71 %) de los que gestionan el acceso al sector privado se concentran en las edades de hasta 45 años. Dentro de este rango, el grupo de hasta 30 años se hace predominante con un 46 %.

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En contraste, los grupos que marcan las fases finales de las trayectorias laborales de las personas aparecen muy poco representados, apenas 3 % y 5 % para cada uno. Se comprende, por tanto, que el sector privado esta asimilando, fundamentalmente, una fuerza laboral joven y vital.

Resulta significativo, por otro lado, cómo esta estructura por edades se comporta entre los que pretenden situarse como propietarios o trabajadores «por cuenta propia», propiamente dicho, y los que tratan de regularizar su empleo como trabajadores «por cuenta ajena», o sea, contratados por algun empleador privado. El gráfico no. 3 ilustra la cuestión.

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El gráfico evidencia como se hace predominante en el grupo de edades de hasta 30 años los trabajadores por cuenta ajena. Mientras, en los grupos mayores de 31 años dominan los propietarios, con excepción del grupo de 65 años y más. En estas edades de mayor madurez (entre 31 y hasta 65 años), se concentran el 66,7 % de los propietarios en contraste con solo 41,4 % de contratados. Para el caso de los individuos cuyas edades se encuentran comprendidas hasta los 30 años, los contratados destacan con una distancia de los propietarios de 23,6 puntos porcentuales. Esto quiere decir que esa fuerza laboral predominantemente joven y vital, al ubicarse en el sector privado lo hace de modo diferenciado. Los más jóvenes se ubican fundamentalmente como empleados y los de mayor madurez como propietarios.

Empleo y nivel de escolaridad

Al lado de la edad, el nivel de instrucción resulta muy ilustrativo de las características de las personas que pretenden acceder a empleos en el sector privado. El gráfico siguiente (no. 4) ilustra acerca de los resultados de la muestra.

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Dentro del sector privado el nivel de escolaridad es elevado. El universitario, el preuniversitario y la enseñanza técnica y profesional son los más distintivos en el total de los encuestados. El porcentaje mayor se concentra en los que declaran tener el preuniversitario vencido con un 34,1 %. En alguna medida, ello es reflejo del alto nivel de instrucción de la fuerza laboral en nuestro país y del resultado de más de 50 años invirtiendo en la educación.

Contrario a lo anterior, la proporción de los que tienen 9no. o 6to. grados de escolaridad desciende significativamente, situándose en ambos casos por debajo del 15 % del total de la muestra.

Al correlacionar el nivel de instrucción con la ubicación de estas personas dentro del sector privado, aparece una diferencia significativa entre propietarios y contratados con nivel universitario. Los primeros constituyen la mayoría con un 27,1 % contra un porcentaje de 23,2 % entre los contratados.

En la enseñanza preuniversitaria se invierte esta relación; los contratados constituyen mayoría (34,1 %) con una distancia de 4,9 puntos porcentuales de los propietarios (29,2 %). En cuanto a la enseñanza técnica y profesional, la diferencia entre propietarios y contratados es menor reduciéndose a 3,6 %.

Entre los que tienen 9no. y 6to. grados de escolaridad la diferencia entre propietarios y contratados tiende a disminuir. Esto en alguna medida refleja ese segmento del sector privado donde se ejercen ocupaciones de muy baja calificación y que indistintamente pueden ser ejercidas tanto por cuenta propia como por cuenta ajena.

En su conjunto, el análisis evidencia que el sector privado no solo está recibiendo una fuerza de trabajo joven y vital, sino también con un alto nivel de instrucción y calificación técnica. Por otro lado, al situarse dentro del sector, se descubre una tendencia a ser mayor el número de propietarios entre los de mayor calificación profesional y técnica.

Estado civil y ocupación

Tabla 1: Estado civil de las personas encuestadas

Gestión en la DMTSS

soltero

casado

viudo

v.p.

TOTAL

Contratados

39,7

33,3

1,3

25,6

100

Propietarios

38,3

34,0

4,3

23,4

100

TOTAL

39,2

33,6

2,4

24,8

100

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

(Gráfico solo en el PDF)

Las personas solteras, con un 39,2 %, son la mayoría en el total de los encuestados; les siguen en orden de importancia los casados, los que viven con su pareja y por último los viudos. Esta estructura se conserva en cada una de las categorías ocupacionales que se vienen analizando. Sin embargo, al examinar las proporciones en cada grupo aparecen matices diferenciadores que se hacen significativos.

Los propietarios casados con un 34,0 % se sitúan 0,4 puntos porcentuales por encima de la media, mientras los contratados lo hacen 0,3 puntos porcentuales por debajo. Con los que viven en unión consensual sucede lo contrario, al ser predominantes los contratados (25,6 %). Algo semejante sucede con los solteros que, con 39,7 % son mayoría entre los que venden su fuerza de trabajo, mas solo distan 1,4 puntos porcentuales de los propietarios. Eso constituye una separación de 0,5 puntos porcentuales de la media que aparece en la muestra. Los viudos por su parte predominan entre los propietarios.

La muestra recogida demostró que el sector privado asimila principalmente personas solteras con más del 40 %, fundamentalmente en el caso de los contratados.

Empleo y color de la piel

Un análisis grosso modo sobre el color de la piel, como se ilustra en la tabla siguiente (no. 2), evidencia una aparente sobre-representación de negros. Los mismos se encuentran separados 16,5 puntos porcentuales por encima de la media de población en los municipios estudiados. Los blancos y mestizos por su parte aparecen con 4 % y 12,6 % respectivamente por debajo de dichas medias.

 

Tabla 2: Población por color de la piel en los municipios estudiados y entre el total de los que gestionan empleo en el sector privado

Indicadores de la comparación

Color de la piel

Blancos

Negros

Mestizos

Población municipios estudiados

59,8 %

14,5 %

25,8 %

 

Total de la muestra estudiada

 

55,8 %

 

31,0 %

 

13,2 %

 

Distancia de la media poblacional

 

-4 %

 

16,5%

 

 -12,6 %

Fuente: Elaborado por el autor a partir de datos de la Onei y de la muestra.

 

Ese aparente mayor acceso de negros al sector privado se matiza cuando se incorporan al análisis las variables que definen el posicionamiento dentro de este, o sea, la relación entre propietarios y contratados. El gráfico siguiente ilustra la cuestión.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La proporción de contratados entre los blancos es superior a la de propietarios, mientras entre los negros los propietarios son significativamente más. Ello pudiera interpretase, si nos atenemos a las proporciones y los números simples, como que en el desplazamiento de la fuerza de trabajo hacia el sector privado los negros se están situando en una situación ventajosa. Pero los números pueden resultar engañosos cuando no se tienen claras las cualidades concretas que describen. En este caso, más que una situación ventajosa, está evidenciando la funcionalización de determinados estereotipos y desigualdades marcadas por el color de la piel que todavía persisten en nuestra realidad. En el caso de los mestizos la distancia es de apenas 0,4 puntos porcentuales.

Como fue explicado, la categoría de propietario agrupa tanto a las personas que pretenden fomentar un negocio, como toda una gama de ocupaciones que se ejercen de modo personal e independiente, sin un empleador definido. O sea, se agrupó en la noción propietario a todo aquel que no es trabajador por cuenta ajena. Ello induce a abundar en la calidad del empleo. La tabla siguiente brinda una comparación entre las ocupaciones que fueron declaradas exclusivamente por cada uno de los grupos raciales.

 

Tabla 3: Ocupaciones que aparecen declaradas de forma exclusiva por blancos negros y mestizos

BLANCOS

NEGROS

MESTIZOS

Arrendador de viviendas

Barberos

Artesanos

Bordadoras- tejedoras

Decoración de interiores

Auxiliar de limpieza

Carniceros

Manicures

Cuidadores de enfermos y ancianos

Contadores

Plomeros

Masajistas

Electricistas

Profesores

Mecanografía y encuadernación

Electricistas automotrices

Recolectores de materia prima

Pintores

Encuadernadores de libros

Vendedores de aluminio

Pizzeros

Fotografía e impresión

 

Reparación de electrodomésticos

Mecanógrafas

 

Venta de útiles del hogar

Traductores

 

Venta de art. religiosos

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Mientras los blancos aparecen como arrendadores de viviendas, carniceros, traductores o gestores de negocios de fotografía e impresión, los negros, aparecen como recolectores de materias primas, barberos, plomeros o maestros. En el caso de los mestizos, la gama de ocupaciones se hace más amplia y menos contrastante.

Por otro lado, una mirada a los que se sitúan como trabajadores por cuenta ajena en el sector de la gastronomía, uno de los más activos en Ciudad de la Habana dentro del crecimiento del sector privado, muestra como esas desigualdades se hacen patentes. En el grafico siguiente (no. 6) el fenómeno se hace innegable.

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La presencia de blancos en este tipo de ocupación supera casi en dos veces a la de negros y mestizos en su conjunto y en más de tres veces a la negros o mestizos por separado. Tales datos, en alguna medida, son el resultado de ciertas formas de racismo solapado que se hace funcional en el acto de definir a quién se emplea. Ello, incluso, encuentra su reflejo en sitios virtuales donde también se suelen ofertar empleos del sector privado, como lo son Revolico y el periódico digital titulado Ofertas. En estos sitos fue posible registrar manifestaciones tácitas de discriminación por el color de la piel, como se muestra en los ejemplos siguientes:

1.    Busco empleada domestica entre 18 y 25 años (pago a conveniar).

Requisitos: tez clara, sin hijos ni compromisos familiares (tomado de: www.ofertas.cu).

2.    Hola, oferto empleo para chicas; lea adentro:

«Soy un joven que estoy de certificado médico y necesito una chica de 18 a 25 años, sin hijos y con tiempo disponible para que me ayude en las labores domésticas de la casa; preferiblemente blanca y con buena PERSONALIDAD. Soy una persona seria; disculpen si soy exigente, por eso pago bien» (tomado de: www.http://revolico.com).

La discriminación dentro del sector se da fundamentalmente por parte de propietarios de negocios a contratados, en el caso de los que ofrecen servicios, pues exigen que las personas contratadas cumplan con ciertas características físicas consideradas dentro de los cánones de belleza actuales. Ello propicia mayores ventas, al decir de un propietario: «vista hace fe».[5]

En conversación con una joven que trabaja como dependiente en una cafetería dijo sobre su jefe:

…siempre dejó claro que el único hombre en el lugar tenía que ser él; por eso no contrataba a ningún otro, y fue muy claro siempre que decía que su mujer era quien elegía a las muchachas que trabajarían en la cafetería; pero eso sí, no podían ser ni viejas, ni feas, ni negras (notas de campo: informante femenino, soltera, blanca, 23 años, estudiante de nivel superior).

Otra muchacha que trabaja en una paladar dijo:

Hacían una selección; yo me sentía que estaba en una cata de vinos…, me hacían también una prueba de inglés, pero era lo básico y la muchacha que me estaba entrevistando me mandó a pararme y me agarró por la cintura, junto con otro muchacho, para ver si estaba gorda… Eso es lo otro…, allí no pueden haber gordas… Yo vi muchachas que las despidieron por haber subido un tin de peso; ¡vaya…! ni siquiera cuatro kilos ni nada de eso…, solo un poquitín pasadas se iban llorando, porque esa es una razón estúpida para que te despidan (notas de campo: mujer, blanca, soltera, 21 años, nivel superior).

Se comprende, por tanto, que esa mayor presencia de negros entre los propietarios esconde en realidad el modo en que los prejuicios se hacen funcionales, acentuando espacios de desigualdad racial. Este encuentra sus mecanismos de reproducción tanto en la discriminación ejercida por los empleadores como en la ubicación como trabajadores por cuenta propia en oficios tradicionales y de muy baja calificación.

Por otro lado, tales dinámicas generadoras de desigualdades tienen expresiones en espacios que reflejan en sí mismos una herencia estructural de siglos. En la muestra de los cuatro municipios estudiados aparecen diferencias raciales significativas. Dichas diferencias, en alguna medida, se corresponden con estructuras desiguales por color de la piel en la ocupación de los espacios urbanos. El gráfico siguiente (no. 7) ilustra la cuestión.

(Gráfico solo en el PDF)

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El municipio Plaza de la Revolución ostenta la mayor representación de blancos, con el 73,0 %. En este territorio, los negros son apenas un 5,4 %, de todos los propietarios, pues no se reportaron casos de trabajadores contratados. Los mestizos también aparecen sub-representados con apenas el 21,6 %. Esta situación se produce en un área central de la ciudad, con una alta concentración de hoteles y un flujo de turistas significativo, lo que les aporta una ventaja adicional a los negocios que aquí se establecen, configurando, de este modo, nichos de acumulación a nivel local que acentúan las desigualdades raciales.

En Boyeros, el 57,1 % de las personas que gestionan empleo en el sector privado en las DMTSS son blancos. A su vez, este municipio es el que aparece en la muestra con mayor representación de negros, aunque se mantiene ínfima, con un valor por debajo del 30 %. Al municipio Plaza de la Revolución le secunda, en menor representatividad de individuos negros en la muestra, Centro Habana con apenas el 10,8 %. La proporción de mestizos se acentúa notablemente en los municipios Cerro y Centro Habana con 40,5 % y 38,2 % respectivamente.

En resumen, los datos relacionados con el color de la piel permiten comprender que se producen fenómenos tendientes a reproducir y acentuar desigualdades raciales. Estos tienen expresión en los mecanismos de selección de los empleadores, los cuales ponen en juego criterios segados por los estereotipos raciales; ante tal realidad muchas personas negras y mestizas optan por situarse en el sector en empleos tradicionales y de bajos requerimientos técnicos. Este último aspecto tiende a enmascarar las desigualdades raciales que están generando en el sector.

Consideraciones finales

El sector privado o sector por cuenta propia se ha posicionado indiscutiblemente en Cuba como una fuente generadora de empleos hacia donde se dirige gran cantidad de personas, pero a su vez ha contribuido a incrementar las desigualdades en la sociedad. Este, está asimilando fuerza de trabajo joven cuyas edades se encuentra entre los 19 y los 30 años de edad, en ocasiones contratados bajo condiciones «de palabra», sin mediar contrato legal entre ellos. La muestra recogida destacó una alta concentración de fuerza altamente calificada con predominio de universitarios para el caso de los propietarios y para el caso de los contratados, con estudios cursados en la enseñanza técnica y profesional y en la enseñanza media superior. Es un sector altamente blanqueado donde los solteros son mayoría. Lo mismo sucede con las mujeres; en la muestra recogida se vieron mayormente representadas.

De modo general, hay cierta correspondencia entre la estructura de la población y el acceso al empleo. Las diferencias se dan más en la calidad de los empleos, pues no es lo mismo ser contratada como dependiente en un bar que ser la dueña o dueño del propio negocio. En este último caso, no se está sujeto a las condiciones de contrataciones del empleador que propician se expresen fenómenos de cualquier tipo de desigualdad.

 

Bibliografía citada

Cuba (2017): Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021.

Cuba (2017) Bases del plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030: visión de la nación, ejes y sectores estratégicos, objetivo específico 19 IV, Ejes estratégicos. Desarrollo humano, equidad y justicia social.

Bibliografía consultada

Actividades autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia (consultado: 22 de junio de 2016).

Cuba (2014): Código de Trabajo. Reglamento y disposiciones complementarias, Editorial Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, La Habana, Cuba, 2014, ISBN: 978-959-7143-44-4.

Decreto-Ley No. 141-1993, disponible en: juriscuba.com/wp-content/uploads/2015/10/Decreto-Ley-No.-141-pdf (consultado: 10 de julio de 2017).

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto conmemorativo del XI Aniversario de la acción del 13 de marzo de 1957, efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo, disponible en: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368.html (consultado: 10 de abril de 2016).

Fajardo Fernández, Yuleisy (2017): «¿Garantías laborales en el sector por cuenta propia? Un estudio de casos en el municipio Cerro», tesis para optar por el título de Máster en Sociología, tutora doctora Dayma Echevarría León, Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana.

García Rabelo, Margarita (2012): «Transición socialista y modelo de desarrollo económico en Cuba», en: Economía y desarrollo, año XLIII, vol. 148, no. 2, julio-diciembre, ISNN 0252-8584.

Ofertas, consultado en: www.ofertas.cu

Revolico, consultado en:www.http://revolico.com

Sacchetti, Elena (2011): Vivir en la cuerda floja, Editorial Académica Española, Sevilla, España, ISBN: 978-3-8443-3815.

Notas

 

[1] Tuvo especial repercusión el discurso pronunciado por Fidel Castro en el V Congreso del PCC (1997). En el mismo plantea que Cuba no podía soportar la existencia de nuevos ricos que tardíamente conspiraran contra el socialismo, disponible en: www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-v-congreso-del-pcc-efectuada-en-el-palacio-de-las-convenciones.htm (consultado el 5 de enero de 2018). Esto contribuyó a que surgieran regulaciones mucho más estrictas en cuanto al ejercicio del trabajo por cuenta propia, tales como la Resolución Conjunta 1/98 MITSS-MFP. A consecuencia de ella el número de licencias de autorización del ejercicio por cuenta propia disminuyó notablemente, ver: Elena Sacchetti (2011): Vivir en la cuerda floja. La microempresa en Cuba. Culturas del trabajo e identidades sociales,Editorial Académica Española, Sevilla, España, pp. 63-72.

[2] Actividades autorizadas para el ejercicio  del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia  (consultado el 22 de junio de 2016).

[3] En dicha exploración, por diversas razones, mayormente ligadas a un orden pragmático y funcional, se hizo un mayor uso de las técnicas brindadas por la sociología, más que las propias de la antropología social y cultural. Aunque como estudio antropológico al fin, no se buscaron medias ni criterios representativos en cuanto al total y los subtotales manejados. Las entrevistas en profundidad realizadas vinieron a complementar ese vacío antropológico que las técnicas más apegadas a la sociología —como la encuesta— suelen dejar, al evaluar aspectos más ligados a la subjetividad del individuo entrevistado, como son la creación de significados y las representaciones simbólicas, fundamentalmente. Sin embargo, estos resultados aparecerán en textos posteriores, cuando se contrapongan con otras variables y categorías que interesan indagar.

[4] El mismo forma parte del PNCT titulado «Culturas del trabajo en los diferentes modelos productivos y actores de las transformaciones económicas. Contrapunteando formas emergentes y tradicionales de la economía cubana» que se desarrolla en el Instituto Cubano de Antropología (Citma).

[5] Según informante.

…todo ciudadano en condiciones de trabajar tiene derecho a obtener un empleo atendiendo a las exigencias de la economía y a su elección, tanto en el sector estatal como no estatal; sin discriminación por el color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial, discapacidad y cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana.

Código de trabajo (capítulo 1, Disposiciones generales, artículo 2, p. 4)

 

Introducción

No debe hablarse del trabajo en Cuba a lo largo de los últimos cincuenta y nueve años sin mencionar las fluctuaciones que ha sufrido el sector privado de la economía. Luego de que el Gobierno Revolucionario quedara constituido en el año 1959, una de las prioridades inmediatas fue la inclusión social de todos los ciudadanos. En este sentido, resultó significativa la disminución gradual de la propiedad privada, que luego del año 1968, con la llamada ofensiva revolucionaria (Castro, discurso, 2016) quedó reducida fundamentalmente al sector agrario y algunos transportistas. El Estado se convirtió de esta manera en la principal fuente creadora de empleos, con gran parte de la población del país trabajando para el mismo. Cabe mencionar que hasta el año 1989, el 90 % de los medios de producción se encontraba en manos del Estado, con igual porcentaje de fuerza de trabajo (García, 2012, p. 29).

No es hasta el año 1993 que, a consecuencia de la crisis económica que atravesaba el país, se tomó la medida de ampliar y reformar el denominado sector por cuenta propia en Cuba. De esta manera pasó a implementarse el Decreto-Ley 141 (1993) que derogó el Decreto-Ley No. 14 del año 1978, lo cual permitió la realización de 55 actividades dentro del sector, número este que hacia 1997 aumentó a 177 (Sacchetti, 2011, p. 29).

En esta etapa el sector privado cobró determinado dinamismo en cuanto al empleo. En 2010, luego de cierta contracción del sector privado a fines de la década del noventa e inicios del 2000[1] se aprobaron 181[2] actividades a realizar dentro del sector como parte del proceso de actualización del modelo económico y social, impulsado a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (Lineamientos, 2016-2021). Ello conllevó a un incremento de las ofertas laborales por parte de este sector, con una notable mejor remuneración salarial, lo cual trajo aparejado una notoria movilidad de un sector al otro. Para el año 2017, en ocasión del VII Congreso del PCC, se plantea la necesidad de «ampliar el sector no estatal, como una alternativa más de empleo» (Lineamiento 141, 2016-2021, p. 32). En los mismos documentos programáticos se expresa la intención de preservar el sentido de inclusión y equidad social, como una característica ineludible del proyecto de socialismo cubano que se construye. Al respecto puede leerse:

[19] Garantizar el ejercicio de los derechos y deberes de todos los ciudadanos, con igualdad, inclusión y justicia social, expresados en el acceso a oportunidades, las realizaciones o resultados, la distribución de los beneficios del desarrollo y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por color de la piel, género, identidad de género… (Cuba [2017] Bases del plan nacional de desarrollo económico…, p. 21).

Aunque el sector privado ha ayudado a aligerar el peso del Estado en cuanto a la generación de empleos y las llamadas plantillas infladas, su protagonismo no está carente de contradicciones. Diferencias en los salarios, altos niveles de acumulación, limitaciones en el ejercicio de los derechos de los trabajadores (Yuleisy Fajardo Fernández, 2017); todos estos elementos dejan ver sus potencialidades para generar desigualdades sociales, algunas de las cuales pueden llegar a desentonar con el proyecto de justicia social y hasta ser contradictorias con los garantes propugnados en los documentos programáticos.

A pesar de que no siempre se reconozca tácitamente y en todas sus aristas y dimensiones, en esta nueva etapa que experimenta el país, ha surgido un nuevo empleador que no es el Estado, y que más allá de lo legalmente establecido funciona en la práctica en pos de sus necesidades e intereses individuales. Ello prevalecerá hasta tanto no existan regulaciones más específicas, comenzando por reconocer las diferencias al interior de este sector, que se muestran sumamente dinámicas. De este modo, dentro de dicho sector es posible distinguir al trabajador por cuenta ajena que, a diferencia del llamado trabajador por cuenta propia (empleador), no es otro que aquel individuo que vende su fuerza de trabajo al segundo. Esto marca una relación sociolaboral cualitativamente diferente a la cual será necesario prestarle detenida atención.

Por estos senderos se enrumba este trabajo, basado en los resultados obtenidos de una investigación antropológica exploratoria del campo,[3] en cuatro Direcciones Municipales del Trabajo y Seguridad Social (DMTSS) correspondientes a los municipios capitalinos Plaza de la Revolución, Cerro, Centro Habana y Boyeros. Basado en un estudio con un alcance más abarcador,[4] el objetivo asumido en esta fase de la investigación fue realizar un perfil sociodemográfico de las personas que acceden a las oficinas municipales del MTSS en busca de empleo u otra gestión relacionada con el acceso al mismo. En particular, la atención se centró en los individuos que se gestionaban el empleo en el sector privado.

Las técnicas empleadas fueron las encuestas, entrevistas y la observación no participante de aquellos individuos que iban a las DMTSS a solicitar su licencia, lo mismo como trabajador por cuenta propia, dueño de su negocio, que como trabajador contratado dentro del sector, o sea, por cuenta ajena. De un total de 333 encuestas aplicadas, 130 correspondieron al sector privado o por cuenta propia. Se aplicaron además un grupo de entrevistas a profundidad a diferentes sujetos, entre ellos, trabajadores de las oficinas de las DMTSS, según la disponibilidad mostrada a colaborar, lo cual resulta vital en un estudio como este, en donde la entrada al campo se torna en ocasiones difícil.

También, como un complemento interesante y usualmente poco sondeado por ser espacio poco convencional pero con relevante ascenso en los últimos años, se consultaron diferentes páginas web que ofertan trabajo en Internet para sondear cómo se está comportando el acceso al empleo a través de esos sitios.

A continuación se muestran los resultados obtenidos a partir de la correlación de las categorías y variables manejadas.

Sexo y el acceso al empleo

Dentro de los individuos que buscaron empleo en el sector privado a través de las DMTSS seleccionadas, los contratados son mayoría, con el 63 %, mientras que los propietarios constituyeron el 37 %. Hacia el interior del sector existe apenas una diferencia de 0,8 puntos porcentuales, por lo cual se puede afirmar que las mujeres y hombres se posicionan de manera bastante equitativa. Ahora bien, el tipo de gestión que realizan hacia el interior del sector se muestra de manera bastante interesante. El comportamiento por sexo y tipo de ocupación se refleja en el gráfico siguiente:

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En cuanto al posicionamiento dentro del sector, el comportamiento es diferente. En el caso de los contratados, los hombres son mayoría, con un 60,5 % contra un 39,5 % de mujeres, marcando una diferencia de 21 puntos porcentuales. Pero las diferencias no son solo de carácter cuantitativo. La calidad de las ocupaciones deja ver contrastes entre los que se contratan. Por ejemplo, los hombres se ubican fundamentalmente como elaboradores de alimentos, ayudantes de cocina, dependientes, fregadores de autos y trabajadores en un negocio de fotografía e impresión, por solo citar algunas. Las mujeres, por su parte, dijeron realizar actividades como camareras, cuidadoras de niños, ayudantes de cafetería, bordadoras-tejedoras, trabajadoras domésticas y vendedoras.

En el caso de los propietarios, las mujeres, con un 66,7 % en comparación de un 33,3 % de los hombres, constituyen mayoría. La diferencia entre hombres y mujeres en esta categoría es significativa, con 33,4 puntos porcentuales.

En cuanto a la categoría de las licencias también existen diferencias. Los hombres declararon actividades como la albañilería, barbería, plomería, artesanía, electricistas y vendedores de libros de usos. Las mujeres se ubican como recolectoras de materias primas, cuidadoras de enfermos y ancianos, cuidadoras de niños, arregladoras de uñas y domésticas. Muchas de estas ocupaciones las ejercen desde su propio hogar o contratándose de forma ocasional.

En general, la información disponible evidencia que los roles de género relacionados con tradiciones en el hacer y cierto imaginario persistente en torno a las ocupaciones adecuadas para mujeres y hombres se ponen en juego en el posicionamiento de las personas en el sector privado. En este contexto de ampliación de las relaciones mercantiles, roles y saberes tradicionales de la mujer en el hogar y entorno de vida cotidiana —tales como el de cuidadoras de niños, enfermos y ancianos— se resignifican para devenir en actividad económica realizada desde sus propios ámbitos. Quizás en la preeminencia de tales actividades esté la explicación del predominio de estas como propietarias.

El empleo y los grupos de edad

La edad es una variable significativa en la caracterización propuesta. Ella, en cierto sentido, habla de los tiempos vividos y de las experiencias acumuladas directamente por las diferentes cohortes que coexisten en el entramando social. En su correlación con el acceso al empleo se consideró conveniente agruparla en los siguientes grupos de edades:

  • Hasta 30 años (de 17 a 30 años): Marca el período de la juventud temprana, la culminación de los estudios y las primeras experiencias laborales de las personas. La entrada a este grupo está definida por la legislación vigente que no permite la contratación de menores de diecisiete años. Los casos de menores de esa edad requieren de un procedimiento especial para poder ser contratado y aparecen con una baja frecuencia. En toda la muestra solo dos casos.
  • De 31 a 45 años: Es un grupo en que se conjuga la experiencia laboral ya adquirida, con la vitalidad de sus integrantes. Las personas han madurado y aumentan las responsabilidades ante la familia y la descendencia.
  • De 46 a 55 años: Para estas edades es posible presuponer que ya existe una trayectoria laboral prolongada, incluso en el caso de las mujeres se aproximan a la edad de la jubilación.
  • De 56 a 65 años: Agrupa a las personas que ya han arribado a la edad del retiro (en el caso de las mujeres), o están viviendo sus últimos años de actividad laboral.
  • Más de 65 años: Incluye a los que se mantienen laborando después de haber sobrepasado la edad de la jubilación.

El gráfico siguiente (no. 2) ilustra cuál es la estructura por edades de los que gestionan alguna forma de empleo en el sector privado. La mayoría absoluta (71 %) de los que gestionan el acceso al sector privado se concentran en las edades de hasta 45 años. Dentro de este rango, el grupo de hasta 30 años se hace predominante con un 46 %.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En contraste, los grupos que marcan las fases finales de las trayectorias laborales de las personas aparecen muy poco representados, apenas 3 % y 5 % para cada uno. Se comprende, por tanto, que el sector privado esta asimilando, fundamentalmente, una fuerza laboral joven y vital.

Resulta significativo, por otro lado, cómo esta estructura por edades se comporta entre los que pretenden situarse como propietarios o trabajadores «por cuenta propia», propiamente dicho, y los que tratan de regularizar su empleo como trabajadores «por cuenta ajena», o sea, contratados por algun empleador privado. El gráfico no. 3 ilustra la cuestión.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El gráfico evidencia como se hace predominante en el grupo de edades de hasta 30 años los trabajadores por cuenta ajena. Mientras, en los grupos mayores de 31 años dominan los propietarios, con excepción del grupo de 65 años y más. En estas edades de mayor madurez (entre 31 y hasta 65 años), se concentran el 66,7 % de los propietarios en contraste con solo 41,4 % de contratados. Para el caso de los individuos cuyas edades se encuentran comprendidas hasta los 30 años, los contratados destacan con una distancia de los propietarios de 23,6 puntos porcentuales. Esto quiere decir que esa fuerza laboral predominantemente joven y vital, al ubicarse en el sector privado lo hace de modo diferenciado. Los más jóvenes se ubican fundamentalmente como empleados y los de mayor madurez como propietarios.

Empleo y nivel de escolaridad

Al lado de la edad, el nivel de instrucción resulta muy ilustrativo de las características de las personas que pretenden acceder a empleos en el sector privado. El gráfico siguiente (no. 4) ilustra acerca de los resultados de la muestra.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Dentro del sector privado el nivel de escolaridad es elevado. El universitario, el preuniversitario y la enseñanza técnica y profesional son los más distintivos en el total de los encuestados. El porcentaje mayor se concentra en los que declaran tener el preuniversitario vencido con un 34,1 %. En alguna medida, ello es reflejo del alto nivel de instrucción de la fuerza laboral en nuestro país y del resultado de más de 50 años invirtiendo en la educación.

Contrario a lo anterior, la proporción de los que tienen 9no. o 6to. grados de escolaridad desciende significativamente, situándose en ambos casos por debajo del 15 % del total de la muestra.

Al correlacionar el nivel de instrucción con la ubicación de estas personas dentro del sector privado, aparece una diferencia significativa entre propietarios y contratados con nivel universitario. Los primeros constituyen la mayoría con un 27,1 % contra un porcentaje de 23,2 % entre los contratados.

En la enseñanza preuniversitaria se invierte esta relación; los contratados constituyen mayoría (34,1 %) con una distancia de 4,9 puntos porcentuales de los propietarios (29,2 %). En cuanto a la enseñanza técnica y profesional, la diferencia entre propietarios y contratados es menor reduciéndose a 3,6 %.

Entre los que tienen 9no. y 6to. grados de escolaridad la diferencia entre propietarios y contratados tiende a disminuir. Esto en alguna medida refleja ese segmento del sector privado donde se ejercen ocupaciones de muy baja calificación y que indistintamente pueden ser ejercidas tanto por cuenta propia como por cuenta ajena.

En su conjunto, el análisis evidencia que el sector privado no solo está recibiendo una fuerza de trabajo joven y vital, sino también con un alto nivel de instrucción y calificación técnica. Por otro lado, al situarse dentro del sector, se descubre una tendencia a ser mayor el número de propietarios entre los de mayor calificación profesional y técnica.

Estado civil y ocupación

Tabla 1: Estado civil de las personas encuestadas

Gestión en la DMTSS

soltero

casado

viudo

v.p.

TOTAL

Contratados

39,7

33,3

1,3

25,6

100

Propietarios

38,3

34,0

4,3

23,4

100

TOTAL

39,2

33,6

2,4

24,8

100

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

 

Las personas solteras, con un 39,2 %, son la mayoría en el total de los encuestados; les siguen en orden de importancia los casados, los que viven con su pareja y por último los viudos. Esta estructura se conserva en cada una de las categorías ocupacionales que se vienen analizando. Sin embargo, al examinar las proporciones en cada grupo aparecen matices diferenciadores que se hacen significativos.

Los propietarios casados con un 34,0 % se sitúan 0,4 puntos porcentuales por encima de la media, mientras los contratados lo hacen 0,3 puntos porcentuales por debajo. Con los que viven en unión consensual sucede lo contrario, al ser predominantes los contratados (25,6 %). Algo semejante sucede con los solteros que, con 39,7 % son mayoría entre los que venden su fuerza de trabajo, mas solo distan 1,4 puntos porcentuales de los propietarios. Eso constituye una separación de 0,5 puntos porcentuales de la media que aparece en la muestra. Los viudos por su parte predominan entre los propietarios.

La muestra recogida demostró que el sector privado asimila principalmente personas solteras con más del 40 %, fundamentalmente en el caso de los contratados.

Empleo y color de la piel

Un análisis grosso modo sobre el color de la piel, como se ilustra en la tabla siguiente (no. 2), evidencia una aparente sobre-representación de negros. Los mismos se encuentran separados 16,5 puntos porcentuales por encima de la media de población en los municipios estudiados. Los blancos y mestizos por su parte aparecen con 4 % y 12,6 % respectivamente por debajo de dichas medias.

 

Tabla 2: Población por color de la piel en los municipios estudiados y entre el total de los que gestionan empleo en el sector privado

Indicadores de la comparación

Color de la piel

Blancos

Negros

Mestizos

Población municipios estudiados

59,8 %

14,5 %

25,8 %

 

Total de la muestra estudiada

 

55,8 %

 

31,0 %

 

13,2 %

 

Distancia de la media poblacional

 

-4 %

 

16,5%

 

 -12,6 %

Fuente: Elaborado por el autor a partir de datos de la Onei y de la muestra.

 

Ese aparente mayor acceso de negros al sector privado se matiza cuando se incorporan al análisis las variables que definen el posicionamiento dentro de este, o sea, la relación entre propietarios y contratados. El gráfico siguiente ilustra la cuestión.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La proporción de contratados entre los blancos es superior a la de propietarios, mientras entre los negros los propietarios son significativamente más. Ello pudiera interpretase, si nos atenemos a las proporciones y los números simples, como que en el desplazamiento de la fuerza de trabajo hacia el sector privado los negros se están situando en una situación ventajosa. Pero los números pueden resultar engañosos cuando no se tienen claras las cualidades concretas que describen. En este caso, más que una situación ventajosa, está evidenciando la funcionalización de determinados estereotipos y desigualdades marcadas por el color de la piel que todavía persisten en nuestra realidad. En el caso de los mestizos la distancia es de apenas 0,4 puntos porcentuales.

Como fue explicado, la categoría de propietario agrupa tanto a las personas que pretenden fomentar un negocio, como toda una gama de ocupaciones que se ejercen de modo personal e independiente, sin un empleador definido. O sea, se agrupó en la noción propietario a todo aquel que no es trabajador por cuenta ajena. Ello induce a abundar en la calidad del empleo. La tabla siguiente brinda una comparación entre las ocupaciones que fueron declaradas exclusivamente por cada uno de los grupos raciales.

 

Tabla 3: Ocupaciones que aparecen declaradas de forma exclusiva por blancos negros y mestizos

BLANCOS

NEGROS

MESTIZOS

Arrendador de viviendas

Barberos

Artesanos

Bordadoras- tejedoras

Decoración de interiores

Auxiliar de limpieza

Carniceros

Manicures

Cuidadores de enfermos y ancianos

Contadores

Plomeros

Masajistas

Electricistas

Profesores

Mecanografía y encuadernación

Electricistas automotrices

Recolectores de materia prima

Pintores

Encuadernadores de libros

Vendedores de aluminio

Pizzeros

Fotografía e impresión

 

Reparación de electrodomésticos

Mecanógrafas

 

Venta de útiles del hogar

Traductores

 

Venta de art. religiosos

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Mientras los blancos aparecen como arrendadores de viviendas, carniceros, traductores o gestores de negocios de fotografía e impresión, los negros, aparecen como recolectores de materias primas, barberos, plomeros o maestros. En el caso de los mestizos, la gama de ocupaciones se hace más amplia y menos contrastante.

Por otro lado, una mirada a los que se sitúan como trabajadores por cuenta ajena en el sector de la gastronomía, uno de los más activos en Ciudad de la Habana dentro del crecimiento del sector privado, muestra como esas desigualdades se hacen patentes. En el grafico siguiente (no. 6) el fenómeno se hace innegable.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La presencia de blancos en este tipo de ocupación supera casi en dos veces a la de negros y mestizos en su conjunto y en más de tres veces a la negros o mestizos por separado. Tales datos, en alguna medida, son el resultado de ciertas formas de racismo solapado que se hace funcional en el acto de definir a quién se emplea. Ello, incluso, encuentra su reflejo en sitios virtuales donde también se suelen ofertar empleos del sector privado, como lo son Revolico y el periódico digital titulado Ofertas. En estos sitos fue posible registrar manifestaciones tácitas de discriminación por el color de la piel, como se muestra en los ejemplos siguientes:

1.    Busco empleada domestica entre 18 y 25 años (pago a conveniar).

Requisitos: tez clara, sin hijos ni compromisos familiares (tomado de: www.ofertas.cu).

2.    Hola, oferto empleo para chicas; lea adentro:

«Soy un joven que estoy de certificado médico y necesito una chica de 18 a 25 años, sin hijos y con tiempo disponible para que me ayude en las labores domésticas de la casa; preferiblemente blanca y con buena PERSONALIDAD. Soy una persona seria; disculpen si soy exigente, por eso pago bien» (tomado de: www.http://revolico.com).

La discriminación dentro del sector se da fundamentalmente por parte de propietarios de negocios a contratados, en el caso de los que ofrecen servicios, pues exigen que las personas contratadas cumplan con ciertas características físicas consideradas dentro de los cánones de belleza actuales. Ello propicia mayores ventas, al decir de un propietario: «vista hace fe».[5]

En conversación con una joven que trabaja como dependiente en una cafetería dijo sobre su jefe:

…siempre dejó claro que el único hombre en el lugar tenía que ser él; por eso no contrataba a ningún otro, y fue muy claro siempre que decía que su mujer era quien elegía a las muchachas que trabajarían en la cafetería; pero eso sí, no podían ser ni viejas, ni feas, ni negras (notas de campo: informante femenino, soltera, blanca, 23 años, estudiante de nivel superior).

Otra muchacha que trabaja en una paladar dijo:

Hacían una selección; yo me sentía que estaba en una cata de vinos…, me hacían también una prueba de inglés, pero era lo básico y la muchacha que me estaba entrevistando me mandó a pararme y me agarró por la cintura, junto con otro muchacho, para ver si estaba gorda… Eso es lo otro…, allí no pueden haber gordas… Yo vi muchachas que las despidieron por haber subido un tin de peso; ¡vaya…! ni siquiera cuatro kilos ni nada de eso…, solo un poquitín pasadas se iban llorando, porque esa es una razón estúpida para que te despidan (notas de campo: mujer, blanca, soltera, 21 años, nivel superior).

Se comprende, por tanto, que esa mayor presencia de negros entre los propietarios esconde en realidad el modo en que los prejuicios se hacen funcionales, acentuando espacios de desigualdad racial. Este encuentra sus mecanismos de reproducción tanto en la discriminación ejercida por los empleadores como en la ubicación como trabajadores por cuenta propia en oficios tradicionales y de muy baja calificación.

Por otro lado, tales dinámicas generadoras de desigualdades tienen expresiones en espacios que reflejan en sí mismos una herencia estructural de siglos. En la muestra de los cuatro municipios estudiados aparecen diferencias raciales significativas. Dichas diferencias, en alguna medida, se corresponden con estructuras desiguales por color de la piel en la ocupación de los espacios urbanos. El gráfico siguiente (no. 7) ilustra la cuestión.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El municipio Plaza de la Revolución ostenta la mayor representación de blancos, con el 73,0 %. En este territorio, los negros son apenas un 5,4 %, de todos los propietarios, pues no se reportaron casos de trabajadores contratados. Los mestizos también aparecen sub-representados con apenas el 21,6 %. Esta situación se produce en un área central de la ciudad, con una alta concentración de hoteles y un flujo de turistas significativo, lo que les aporta una ventaja adicional a los negocios que aquí se establecen, configurando, de este modo, nichos de acumulación a nivel local que acentúan las desigualdades raciales.

En Boyeros, el 57,1 % de las personas que gestionan empleo en el sector privado en las DMTSS son blancos. A su vez, este municipio es el que aparece en la muestra con mayor representación de negros, aunque se mantiene ínfima, con un valor por debajo del 30 %. Al municipio Plaza de la Revolución le secunda, en menor representatividad de individuos negros en la muestra, Centro Habana con apenas el 10,8 %. La proporción de mestizos se acentúa notablemente en los municipios Cerro y Centro Habana con 40,5 % y 38,2 % respectivamente.

En resumen, los datos relacionados con el color de la piel permiten comprender que se producen fenómenos tendientes a reproducir y acentuar desigualdades raciales. Estos tienen expresión en los mecanismos de selección de los empleadores, los cuales ponen en juego criterios segados por los estereotipos raciales; ante tal realidad muchas personas negras y mestizas optan por situarse en el sector en empleos tradicionales y de bajos requerimientos técnicos. Este último aspecto tiende a enmascarar las desigualdades raciales que están generando en el sector.

Consideraciones finales

El sector privado o sector por cuenta propia se ha posicionado indiscutiblemente en Cuba como una fuente generadora de empleos hacia donde se dirige gran cantidad de personas, pero a su vez ha contribuido a incrementar las desigualdades en la sociedad. Este, está asimilando fuerza de trabajo joven cuyas edades se encuentra entre los 19 y los 30 años de edad, en ocasiones contratados bajo condiciones «de palabra», sin mediar contrato legal entre ellos. La muestra recogida destacó una alta concentración de fuerza altamente calificada con predominio de universitarios para el caso de los propietarios y para el caso de los contratados, con estudios cursados en la enseñanza técnica y profesional y en la enseñanza media superior. Es un sector altamente blanqueado donde los solteros son mayoría. Lo mismo sucede con las mujeres; en la muestra recogida se vieron mayormente representadas.

De modo general, hay cierta correspondencia entre la estructura de la población y el acceso al empleo. Las diferencias se dan más en la calidad de los empleos, pues no es lo mismo ser contratada como dependiente en un bar que ser la dueña o dueño del propio negocio. En este último caso, no se está sujeto a las condiciones de contrataciones del empleador que propician se expresen fenómenos de cualquier tipo de desigualdad.

 

Bibliografía citada

Cuba (2017): Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021.

Cuba (2017) Bases del plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030: visión de la nación, ejes y sectores estratégicos, objetivo específico 19 IV, Ejes estratégicos. Desarrollo humano, equidad y justicia social.

Bibliografía consultada

Actividades autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia (consultado: 22 de junio de 2016).

Cuba (2014): Código de Trabajo. Reglamento y disposiciones complementarias, Editorial Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, La Habana, Cuba, 2014, ISBN: 978-959-7143-44-4.

Decreto-Ley No. 141-1993, disponible en: juriscuba.com/wp-content/uploads/2015/10/Decreto-Ley-No.-141-pdf (consultado: 10 de julio de 2017).

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto conmemorativo del XI Aniversario de la acción del 13 de marzo de 1957, efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo, disponible en: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368.html (consultado: 10 de abril de 2016).

Fajardo Fernández, Yuleisy (2017): «¿Garantías laborales en el sector por cuenta propia? Un estudio de casos en el municipio Cerro», tesis para optar por el título de Máster en Sociología, tutora doctora Dayma Echevarría León, Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana.

García Rabelo, Margarita (2012): «Transición socialista y modelo de desarrollo económico en Cuba», en: Economía y desarrollo, año XLIII, vol. 148, no. 2, julio-diciembre, ISNN 0252-8584.

Ofertas, consultado en: www.ofertas.cu

Revolico, consultado en:www.http://revolico.com

Sacchetti, Elena (2011): Vivir en la cuerda floja, Editorial Académica Española, Sevilla, España, ISBN: 978-3-8443-3815.

Notas

 

[1] Tuvo especial repercusión el discurso pronunciado por Fidel Castro en el V Congreso del PCC (1997). En el mismo plantea que Cuba no podía soportar la existencia de nuevos ricos que tardíamente conspiraran contra el socialismo, disponible en: www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-v-congreso-del-pcc-efectuada-en-el-palacio-de-las-convenciones.htm (consultado el 5 de enero de 2018). Esto contribuyó a que surgieran regulaciones mucho más estrictas en cuanto al ejercicio del trabajo por cuenta propia, tales como la Resolución Conjunta 1/98 MITSS-MFP. A consecuencia de ella el número de licencias de autorización del ejercicio por cuenta propia disminuyó notablemente, ver: Elena Sacchetti (2011): Vivir en la cuerda floja. La microempresa en Cuba. Culturas del trabajo e identidades sociales,Editorial Académica Española, Sevilla, España, pp. 63-72.

[2] Actividades autorizadas para el ejercicio  del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia  (consultado el 22 de junio de 2016).

[3] En dicha exploración, por diversas razones, mayormente ligadas a un orden pragmático y funcional, se hizo un mayor uso de las técnicas brindadas por la sociología, más que las propias de la antropología social y cultural. Aunque como estudio antropológico al fin, no se buscaron medias ni criterios representativos en cuanto al total y los subtotales manejados. Las entrevistas en profundidad realizadas vinieron a complementar ese vacío antropológico que las técnicas más apegadas a la sociología —como la encuesta— suelen dejar, al evaluar aspectos más ligados a la subjetividad del individuo entrevistado, como son la creación de significados y las representaciones simbólicas, fundamentalmente. Sin embargo, estos resultados aparecerán en textos posteriores, cuando se contrapongan con otras variables y categorías que interesan indagar.

[4] El mismo forma parte del PNCT titulado «Culturas del trabajo en los diferentes modelos productivos y actores de las transformaciones económicas. Contrapunteando formas emergentes y tradicionales de la economía cubana» que se desarrolla en el Instituto Cubano de Antropología (Citma).

[5] Según informante.

…todo ciudadano en condiciones de trabajar tiene derecho a obtener un empleo atendiendo a las exigencias de la economía y a su elección, tanto en el sector estatal como no estatal; sin discriminación por el color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial, discapacidad y cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana.

Código de trabajo (capítulo 1, Disposiciones generales, artículo 2, p. 4)

 

Introducción

No debe hablarse del trabajo en Cuba a lo largo de los últimos cincuenta y nueve años sin mencionar las fluctuaciones que ha sufrido el sector privado de la economía. Luego de que el Gobierno Revolucionario quedara constituido en el año 1959, una de las prioridades inmediatas fue la inclusión social de todos los ciudadanos. En este sentido, resultó significativa la disminución gradual de la propiedad privada, que luego del año 1968, con la llamada ofensiva revolucionaria (Castro, discurso, 2016) quedó reducida fundamentalmente al sector agrario y algunos transportistas. El Estado se convirtió de esta manera en la principal fuente creadora de empleos, con gran parte de la población del país trabajando para el mismo. Cabe mencionar que hasta el año 1989, el 90 % de los medios de producción se encontraba en manos del Estado, con igual porcentaje de fuerza de trabajo (García, 2012, p. 29).

No es hasta el año 1993 que, a consecuencia de la crisis económica que atravesaba el país, se tomó la medida de ampliar y reformar el denominado sector por cuenta propia en Cuba. De esta manera pasó a implementarse el Decreto-Ley 141 (1993) que derogó el Decreto-Ley No. 14 del año 1978, lo cual permitió la realización de 55 actividades dentro del sector, número este que hacia 1997 aumentó a 177 (Sacchetti, 2011, p. 29).

En esta etapa el sector privado cobró determinado dinamismo en cuanto al empleo. En 2010, luego de cierta contracción del sector privado a fines de la década del noventa e inicios del 2000[1] se aprobaron 181[2] actividades a realizar dentro del sector como parte del proceso de actualización del modelo económico y social, impulsado a partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (Lineamientos, 2016-2021). Ello conllevó a un incremento de las ofertas laborales por parte de este sector, con una notable mejor remuneración salarial, lo cual trajo aparejado una notoria movilidad de un sector al otro. Para el año 2017, en ocasión del VII Congreso del PCC, se plantea la necesidad de «ampliar el sector no estatal, como una alternativa más de empleo» (Lineamiento 141, 2016-2021, p. 32). En los mismos documentos programáticos se expresa la intención de preservar el sentido de inclusión y equidad social, como una característica ineludible del proyecto de socialismo cubano que se construye. Al respecto puede leerse:

[19] Garantizar el ejercicio de los derechos y deberes de todos los ciudadanos, con igualdad, inclusión y justicia social, expresados en el acceso a oportunidades, las realizaciones o resultados, la distribución de los beneficios del desarrollo y el enfrentamiento a toda forma de discriminación por color de la piel, género, identidad de género… (Cuba [2017] Bases del plan nacional de desarrollo económico…, p. 21).

Aunque el sector privado ha ayudado a aligerar el peso del Estado en cuanto a la generación de empleos y las llamadas plantillas infladas, su protagonismo no está carente de contradicciones. Diferencias en los salarios, altos niveles de acumulación, limitaciones en el ejercicio de los derechos de los trabajadores (Yuleisy Fajardo Fernández, 2017); todos estos elementos dejan ver sus potencialidades para generar desigualdades sociales, algunas de las cuales pueden llegar a desentonar con el proyecto de justicia social y hasta ser contradictorias con los garantes propugnados en los documentos programáticos.

A pesar de que no siempre se reconozca tácitamente y en todas sus aristas y dimensiones, en esta nueva etapa que experimenta el país, ha surgido un nuevo empleador que no es el Estado, y que más allá de lo legalmente establecido funciona en la práctica en pos de sus necesidades e intereses individuales. Ello prevalecerá hasta tanto no existan regulaciones más específicas, comenzando por reconocer las diferencias al interior de este sector, que se muestran sumamente dinámicas. De este modo, dentro de dicho sector es posible distinguir al trabajador por cuenta ajena que, a diferencia del llamado trabajador por cuenta propia (empleador), no es otro que aquel individuo que vende su fuerza de trabajo al segundo. Esto marca una relación sociolaboral cualitativamente diferente a la cual será necesario prestarle detenida atención.

Por estos senderos se enrumba este trabajo, basado en los resultados obtenidos de una investigación antropológica exploratoria del campo,[3] en cuatro Direcciones Municipales del Trabajo y Seguridad Social (DMTSS) correspondientes a los municipios capitalinos Plaza de la Revolución, Cerro, Centro Habana y Boyeros. Basado en un estudio con un alcance más abarcador,[4] el objetivo asumido en esta fase de la investigación fue realizar un perfil sociodemográfico de las personas que acceden a las oficinas municipales del MTSS en busca de empleo u otra gestión relacionada con el acceso al mismo. En particular, la atención se centró en los individuos que se gestionaban el empleo en el sector privado.

Las técnicas empleadas fueron las encuestas, entrevistas y la observación no participante de aquellos individuos que iban a las DMTSS a solicitar su licencia, lo mismo como trabajador por cuenta propia, dueño de su negocio, que como trabajador contratado dentro del sector, o sea, por cuenta ajena. De un total de 333 encuestas aplicadas, 130 correspondieron al sector privado o por cuenta propia. Se aplicaron además un grupo de entrevistas a profundidad a diferentes sujetos, entre ellos, trabajadores de las oficinas de las DMTSS, según la disponibilidad mostrada a colaborar, lo cual resulta vital en un estudio como este, en donde la entrada al campo se torna en ocasiones difícil.

También, como un complemento interesante y usualmente poco sondeado por ser espacio poco convencional pero con relevante ascenso en los últimos años, se consultaron diferentes páginas web que ofertan trabajo en Internet para sondear cómo se está comportando el acceso al empleo a través de esos sitios.

A continuación se muestran los resultados obtenidos a partir de la correlación de las categorías y variables manejadas.

Sexo y el acceso al empleo

Dentro de los individuos que buscaron empleo en el sector privado a través de las DMTSS seleccionadas, los contratados son mayoría, con el 63 %, mientras que los propietarios constituyeron el 37 %. Hacia el interior del sector existe apenas una diferencia de 0,8 puntos porcentuales, por lo cual se puede afirmar que las mujeres y hombres se posicionan de manera bastante equitativa. Ahora bien, el tipo de gestión que realizan hacia el interior del sector se muestra de manera bastante interesante. El comportamiento por sexo y tipo de ocupación se refleja en el gráfico siguiente:

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En cuanto al posicionamiento dentro del sector, el comportamiento es diferente. En el caso de los contratados, los hombres son mayoría, con un 60,5 % contra un 39,5 % de mujeres, marcando una diferencia de 21 puntos porcentuales. Pero las diferencias no son solo de carácter cuantitativo. La calidad de las ocupaciones deja ver contrastes entre los que se contratan. Por ejemplo, los hombres se ubican fundamentalmente como elaboradores de alimentos, ayudantes de cocina, dependientes, fregadores de autos y trabajadores en un negocio de fotografía e impresión, por solo citar algunas. Las mujeres, por su parte, dijeron realizar actividades como camareras, cuidadoras de niños, ayudantes de cafetería, bordadoras-tejedoras, trabajadoras domésticas y vendedoras.

En el caso de los propietarios, las mujeres, con un 66,7 % en comparación de un 33,3 % de los hombres, constituyen mayoría. La diferencia entre hombres y mujeres en esta categoría es significativa, con 33,4 puntos porcentuales.

En cuanto a la categoría de las licencias también existen diferencias. Los hombres declararon actividades como la albañilería, barbería, plomería, artesanía, electricistas y vendedores de libros de usos. Las mujeres se ubican como recolectoras de materias primas, cuidadoras de enfermos y ancianos, cuidadoras de niños, arregladoras de uñas y domésticas. Muchas de estas ocupaciones las ejercen desde su propio hogar o contratándose de forma ocasional.

En general, la información disponible evidencia que los roles de género relacionados con tradiciones en el hacer y cierto imaginario persistente en torno a las ocupaciones adecuadas para mujeres y hombres se ponen en juego en el posicionamiento de las personas en el sector privado. En este contexto de ampliación de las relaciones mercantiles, roles y saberes tradicionales de la mujer en el hogar y entorno de vida cotidiana —tales como el de cuidadoras de niños, enfermos y ancianos— se resignifican para devenir en actividad económica realizada desde sus propios ámbitos. Quizás en la preeminencia de tales actividades esté la explicación del predominio de estas como propietarias.

El empleo y los grupos de edad

La edad es una variable significativa en la caracterización propuesta. Ella, en cierto sentido, habla de los tiempos vividos y de las experiencias acumuladas directamente por las diferentes cohortes que coexisten en el entramando social. En su correlación con el acceso al empleo se consideró conveniente agruparla en los siguientes grupos de edades:

  • Hasta 30 años (de 17 a 30 años): Marca el período de la juventud temprana, la culminación de los estudios y las primeras experiencias laborales de las personas. La entrada a este grupo está definida por la legislación vigente que no permite la contratación de menores de diecisiete años. Los casos de menores de esa edad requieren de un procedimiento especial para poder ser contratado y aparecen con una baja frecuencia. En toda la muestra solo dos casos.
  • De 31 a 45 años: Es un grupo en que se conjuga la experiencia laboral ya adquirida, con la vitalidad de sus integrantes. Las personas han madurado y aumentan las responsabilidades ante la familia y la descendencia.
  • De 46 a 55 años: Para estas edades es posible presuponer que ya existe una trayectoria laboral prolongada, incluso en el caso de las mujeres se aproximan a la edad de la jubilación.
  • De 56 a 65 años: Agrupa a las personas que ya han arribado a la edad del retiro (en el caso de las mujeres), o están viviendo sus últimos años de actividad laboral.
  • Más de 65 años: Incluye a los que se mantienen laborando después de haber sobrepasado la edad de la jubilación.

El gráfico siguiente (no. 2) ilustra cuál es la estructura por edades de los que gestionan alguna forma de empleo en el sector privado. La mayoría absoluta (71 %) de los que gestionan el acceso al sector privado se concentran en las edades de hasta 45 años. Dentro de este rango, el grupo de hasta 30 años se hace predominante con un 46 %.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

En contraste, los grupos que marcan las fases finales de las trayectorias laborales de las personas aparecen muy poco representados, apenas 3 % y 5 % para cada uno. Se comprende, por tanto, que el sector privado esta asimilando, fundamentalmente, una fuerza laboral joven y vital.

Resulta significativo, por otro lado, cómo esta estructura por edades se comporta entre los que pretenden situarse como propietarios o trabajadores «por cuenta propia», propiamente dicho, y los que tratan de regularizar su empleo como trabajadores «por cuenta ajena», o sea, contratados por algun empleador privado. El gráfico no. 3 ilustra la cuestión.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El gráfico evidencia como se hace predominante en el grupo de edades de hasta 30 años los trabajadores por cuenta ajena. Mientras, en los grupos mayores de 31 años dominan los propietarios, con excepción del grupo de 65 años y más. En estas edades de mayor madurez (entre 31 y hasta 65 años), se concentran el 66,7 % de los propietarios en contraste con solo 41,4 % de contratados. Para el caso de los individuos cuyas edades se encuentran comprendidas hasta los 30 años, los contratados destacan con una distancia de los propietarios de 23,6 puntos porcentuales. Esto quiere decir que esa fuerza laboral predominantemente joven y vital, al ubicarse en el sector privado lo hace de modo diferenciado. Los más jóvenes se ubican fundamentalmente como empleados y los de mayor madurez como propietarios.

Empleo y nivel de escolaridad

Al lado de la edad, el nivel de instrucción resulta muy ilustrativo de las características de las personas que pretenden acceder a empleos en el sector privado. El gráfico siguiente (no. 4) ilustra acerca de los resultados de la muestra.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Dentro del sector privado el nivel de escolaridad es elevado. El universitario, el preuniversitario y la enseñanza técnica y profesional son los más distintivos en el total de los encuestados. El porcentaje mayor se concentra en los que declaran tener el preuniversitario vencido con un 34,1 %. En alguna medida, ello es reflejo del alto nivel de instrucción de la fuerza laboral en nuestro país y del resultado de más de 50 años invirtiendo en la educación.

Contrario a lo anterior, la proporción de los que tienen 9no. o 6to. grados de escolaridad desciende significativamente, situándose en ambos casos por debajo del 15 % del total de la muestra.

Al correlacionar el nivel de instrucción con la ubicación de estas personas dentro del sector privado, aparece una diferencia significativa entre propietarios y contratados con nivel universitario. Los primeros constituyen la mayoría con un 27,1 % contra un porcentaje de 23,2 % entre los contratados.

En la enseñanza preuniversitaria se invierte esta relación; los contratados constituyen mayoría (34,1 %) con una distancia de 4,9 puntos porcentuales de los propietarios (29,2 %). En cuanto a la enseñanza técnica y profesional, la diferencia entre propietarios y contratados es menor reduciéndose a 3,6 %.

Entre los que tienen 9no. y 6to. grados de escolaridad la diferencia entre propietarios y contratados tiende a disminuir. Esto en alguna medida refleja ese segmento del sector privado donde se ejercen ocupaciones de muy baja calificación y que indistintamente pueden ser ejercidas tanto por cuenta propia como por cuenta ajena.

En su conjunto, el análisis evidencia que el sector privado no solo está recibiendo una fuerza de trabajo joven y vital, sino también con un alto nivel de instrucción y calificación técnica. Por otro lado, al situarse dentro del sector, se descubre una tendencia a ser mayor el número de propietarios entre los de mayor calificación profesional y técnica.

Estado civil y ocupación

Tabla 1: Estado civil de las personas encuestadas

Gestión en la DMTSS

soltero

casado

viudo

v.p.

TOTAL

Contratados

39,7

33,3

1,3

25,6

100

Propietarios

38,3

34,0

4,3

23,4

100

TOTAL

39,2

33,6

2,4

24,8

100

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

 

Las personas solteras, con un 39,2 %, son la mayoría en el total de los encuestados; les siguen en orden de importancia los casados, los que viven con su pareja y por último los viudos. Esta estructura se conserva en cada una de las categorías ocupacionales que se vienen analizando. Sin embargo, al examinar las proporciones en cada grupo aparecen matices diferenciadores que se hacen significativos.

Los propietarios casados con un 34,0 % se sitúan 0,4 puntos porcentuales por encima de la media, mientras los contratados lo hacen 0,3 puntos porcentuales por debajo. Con los que viven en unión consensual sucede lo contrario, al ser predominantes los contratados (25,6 %). Algo semejante sucede con los solteros que, con 39,7 % son mayoría entre los que venden su fuerza de trabajo, mas solo distan 1,4 puntos porcentuales de los propietarios. Eso constituye una separación de 0,5 puntos porcentuales de la media que aparece en la muestra. Los viudos por su parte predominan entre los propietarios.

La muestra recogida demostró que el sector privado asimila principalmente personas solteras con más del 40 %, fundamentalmente en el caso de los contratados.

Empleo y color de la piel

Un análisis grosso modo sobre el color de la piel, como se ilustra en la tabla siguiente (no. 2), evidencia una aparente sobre-representación de negros. Los mismos se encuentran separados 16,5 puntos porcentuales por encima de la media de población en los municipios estudiados. Los blancos y mestizos por su parte aparecen con 4 % y 12,6 % respectivamente por debajo de dichas medias.

 

Tabla 2: Población por color de la piel en los municipios estudiados y entre el total de los que gestionan empleo en el sector privado

Indicadores de la comparación

Color de la piel

Blancos

Negros

Mestizos

Población municipios estudiados

59,8 %

14,5 %

25,8 %

 

Total de la muestra estudiada

 

55,8 %

 

31,0 %

 

13,2 %

 

Distancia de la media poblacional

 

-4 %

 

16,5%

 

 -12,6 %

Fuente: Elaborado por el autor a partir de datos de la Onei y de la muestra.

 

Ese aparente mayor acceso de negros al sector privado se matiza cuando se incorporan al análisis las variables que definen el posicionamiento dentro de este, o sea, la relación entre propietarios y contratados. El gráfico siguiente ilustra la cuestión.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La proporción de contratados entre los blancos es superior a la de propietarios, mientras entre los negros los propietarios son significativamente más. Ello pudiera interpretase, si nos atenemos a las proporciones y los números simples, como que en el desplazamiento de la fuerza de trabajo hacia el sector privado los negros se están situando en una situación ventajosa. Pero los números pueden resultar engañosos cuando no se tienen claras las cualidades concretas que describen. En este caso, más que una situación ventajosa, está evidenciando la funcionalización de determinados estereotipos y desigualdades marcadas por el color de la piel que todavía persisten en nuestra realidad. En el caso de los mestizos la distancia es de apenas 0,4 puntos porcentuales.

Como fue explicado, la categoría de propietario agrupa tanto a las personas que pretenden fomentar un negocio, como toda una gama de ocupaciones que se ejercen de modo personal e independiente, sin un empleador definido. O sea, se agrupó en la noción propietario a todo aquel que no es trabajador por cuenta ajena. Ello induce a abundar en la calidad del empleo. La tabla siguiente brinda una comparación entre las ocupaciones que fueron declaradas exclusivamente por cada uno de los grupos raciales.

 

Tabla 3: Ocupaciones que aparecen declaradas de forma exclusiva por blancos negros y mestizos

BLANCOS

NEGROS

MESTIZOS

Arrendador de viviendas

Barberos

Artesanos

Bordadoras- tejedoras

Decoración de interiores

Auxiliar de limpieza

Carniceros

Manicures

Cuidadores de enfermos y ancianos

Contadores

Plomeros

Masajistas

Electricistas

Profesores

Mecanografía y encuadernación

Electricistas automotrices

Recolectores de materia prima

Pintores

Encuadernadores de libros

Vendedores de aluminio

Pizzeros

Fotografía e impresión

 

Reparación de electrodomésticos

Mecanógrafas

 

Venta de útiles del hogar

Traductores

 

Venta de art. religiosos

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

Mientras los blancos aparecen como arrendadores de viviendas, carniceros, traductores o gestores de negocios de fotografía e impresión, los negros, aparecen como recolectores de materias primas, barberos, plomeros o maestros. En el caso de los mestizos, la gama de ocupaciones se hace más amplia y menos contrastante.

Por otro lado, una mirada a los que se sitúan como trabajadores por cuenta ajena en el sector de la gastronomía, uno de los más activos en Ciudad de la Habana dentro del crecimiento del sector privado, muestra como esas desigualdades se hacen patentes. En el grafico siguiente (no. 6) el fenómeno se hace innegable.

 

Fuente. Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

La presencia de blancos en este tipo de ocupación supera casi en dos veces a la de negros y mestizos en su conjunto y en más de tres veces a la negros o mestizos por separado. Tales datos, en alguna medida, son el resultado de ciertas formas de racismo solapado que se hace funcional en el acto de definir a quién se emplea. Ello, incluso, encuentra su reflejo en sitios virtuales donde también se suelen ofertar empleos del sector privado, como lo son Revolico y el periódico digital titulado Ofertas. En estos sitos fue posible registrar manifestaciones tácitas de discriminación por el color de la piel, como se muestra en los ejemplos siguientes:

1.    Busco empleada domestica entre 18 y 25 años (pago a conveniar).

Requisitos: tez clara, sin hijos ni compromisos familiares (tomado de: www.ofertas.cu).

2.    Hola, oferto empleo para chicas; lea adentro:

«Soy un joven que estoy de certificado médico y necesito una chica de 18 a 25 años, sin hijos y con tiempo disponible para que me ayude en las labores domésticas de la casa; preferiblemente blanca y con buena PERSONALIDAD. Soy una persona seria; disculpen si soy exigente, por eso pago bien» (tomado de: www.http://revolico.com).

La discriminación dentro del sector se da fundamentalmente por parte de propietarios de negocios a contratados, en el caso de los que ofrecen servicios, pues exigen que las personas contratadas cumplan con ciertas características físicas consideradas dentro de los cánones de belleza actuales. Ello propicia mayores ventas, al decir de un propietario: «vista hace fe».[5]

En conversación con una joven que trabaja como dependiente en una cafetería dijo sobre su jefe:

…siempre dejó claro que el único hombre en el lugar tenía que ser él; por eso no contrataba a ningún otro, y fue muy claro siempre que decía que su mujer era quien elegía a las muchachas que trabajarían en la cafetería; pero eso sí, no podían ser ni viejas, ni feas, ni negras (notas de campo: informante femenino, soltera, blanca, 23 años, estudiante de nivel superior).

Otra muchacha que trabaja en una paladar dijo:

Hacían una selección; yo me sentía que estaba en una cata de vinos…, me hacían también una prueba de inglés, pero era lo básico y la muchacha que me estaba entrevistando me mandó a pararme y me agarró por la cintura, junto con otro muchacho, para ver si estaba gorda… Eso es lo otro…, allí no pueden haber gordas… Yo vi muchachas que las despidieron por haber subido un tin de peso; ¡vaya…! ni siquiera cuatro kilos ni nada de eso…, solo un poquitín pasadas se iban llorando, porque esa es una razón estúpida para que te despidan (notas de campo: mujer, blanca, soltera, 21 años, nivel superior).

Se comprende, por tanto, que esa mayor presencia de negros entre los propietarios esconde en realidad el modo en que los prejuicios se hacen funcionales, acentuando espacios de desigualdad racial. Este encuentra sus mecanismos de reproducción tanto en la discriminación ejercida por los empleadores como en la ubicación como trabajadores por cuenta propia en oficios tradicionales y de muy baja calificación.

Por otro lado, tales dinámicas generadoras de desigualdades tienen expresiones en espacios que reflejan en sí mismos una herencia estructural de siglos. En la muestra de los cuatro municipios estudiados aparecen diferencias raciales significativas. Dichas diferencias, en alguna medida, se corresponden con estructuras desiguales por color de la piel en la ocupación de los espacios urbanos. El gráfico siguiente (no. 7) ilustra la cuestión.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la muestra.

El municipio Plaza de la Revolución ostenta la mayor representación de blancos, con el 73,0 %. En este territorio, los negros son apenas un 5,4 %, de todos los propietarios, pues no se reportaron casos de trabajadores contratados. Los mestizos también aparecen sub-representados con apenas el 21,6 %. Esta situación se produce en un área central de la ciudad, con una alta concentración de hoteles y un flujo de turistas significativo, lo que les aporta una ventaja adicional a los negocios que aquí se establecen, configurando, de este modo, nichos de acumulación a nivel local que acentúan las desigualdades raciales.

En Boyeros, el 57,1 % de las personas que gestionan empleo en el sector privado en las DMTSS son blancos. A su vez, este municipio es el que aparece en la muestra con mayor representación de negros, aunque se mantiene ínfima, con un valor por debajo del 30 %. Al municipio Plaza de la Revolución le secunda, en menor representatividad de individuos negros en la muestra, Centro Habana con apenas el 10,8 %. La proporción de mestizos se acentúa notablemente en los municipios Cerro y Centro Habana con 40,5 % y 38,2 % respectivamente.

En resumen, los datos relacionados con el color de la piel permiten comprender que se producen fenómenos tendientes a reproducir y acentuar desigualdades raciales. Estos tienen expresión en los mecanismos de selección de los empleadores, los cuales ponen en juego criterios segados por los estereotipos raciales; ante tal realidad muchas personas negras y mestizas optan por situarse en el sector en empleos tradicionales y de bajos requerimientos técnicos. Este último aspecto tiende a enmascarar las desigualdades raciales que están generando en el sector.

Consideraciones finales

El sector privado o sector por cuenta propia se ha posicionado indiscutiblemente en Cuba como una fuente generadora de empleos hacia donde se dirige gran cantidad de personas, pero a su vez ha contribuido a incrementar las desigualdades en la sociedad. Este, está asimilando fuerza de trabajo joven cuyas edades se encuentra entre los 19 y los 30 años de edad, en ocasiones contratados bajo condiciones «de palabra», sin mediar contrato legal entre ellos. La muestra recogida destacó una alta concentración de fuerza altamente calificada con predominio de universitarios para el caso de los propietarios y para el caso de los contratados, con estudios cursados en la enseñanza técnica y profesional y en la enseñanza media superior. Es un sector altamente blanqueado donde los solteros son mayoría. Lo mismo sucede con las mujeres; en la muestra recogida se vieron mayormente representadas.

De modo general, hay cierta correspondencia entre la estructura de la población y el acceso al empleo. Las diferencias se dan más en la calidad de los empleos, pues no es lo mismo ser contratada como dependiente en un bar que ser la dueña o dueño del propio negocio. En este último caso, no se está sujeto a las condiciones de contrataciones del empleador que propician se expresen fenómenos de cualquier tipo de desigualdad.

 

Bibliografía citada

Cuba (2017): Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021.

Cuba (2017) Bases del plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030: visión de la nación, ejes y sectores estratégicos, objetivo específico 19 IV, Ejes estratégicos. Desarrollo humano, equidad y justicia social.

Bibliografía consultada

Actividades autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia (consultado: 22 de junio de 2016).

Cuba (2014): Código de Trabajo. Reglamento y disposiciones complementarias, Editorial Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, La Habana, Cuba, 2014, ISBN: 978-959-7143-44-4.

Decreto-Ley No. 141-1993, disponible en: juriscuba.com/wp-content/uploads/2015/10/Decreto-Ley-No.-141-pdf (consultado: 10 de julio de 2017).

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto conmemorativo del XI Aniversario de la acción del 13 de marzo de 1957, efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo, disponible en: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368.html (consultado: 10 de abril de 2016).

Fajardo Fernández, Yuleisy (2017): «¿Garantías laborales en el sector por cuenta propia? Un estudio de casos en el municipio Cerro», tesis para optar por el título de Máster en Sociología, tutora doctora Dayma Echevarría León, Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana.

García Rabelo, Margarita (2012): «Transición socialista y modelo de desarrollo económico en Cuba», en: Economía y desarrollo, año XLIII, vol. 148, no. 2, julio-diciembre, ISNN 0252-8584.

Ofertas, consultado en: www.ofertas.cu

Revolico, consultado en:www.http://revolico.com

Sacchetti, Elena (2011): Vivir en la cuerda floja, Editorial Académica Española, Sevilla, España, ISBN: 978-3-8443-3815.

Notas

 

[1] Tuvo especial repercusión el discurso pronunciado por Fidel Castro en el V Congreso del PCC (1997). En el mismo plantea que Cuba no podía soportar la existencia de nuevos ricos que tardíamente conspiraran contra el socialismo, disponible en: www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-la-clausura-del-v-congreso-del-pcc-efectuada-en-el-palacio-de-las-convenciones.htm (consultado el 5 de enero de 2018). Esto contribuyó a que surgieran regulaciones mucho más estrictas en cuanto al ejercicio del trabajo por cuenta propia, tales como la Resolución Conjunta 1/98 MITSS-MFP. A consecuencia de ella el número de licencias de autorización del ejercicio por cuenta propia disminuyó notablemente, ver: Elena Sacchetti (2011): Vivir en la cuerda floja. La microempresa en Cuba. Culturas del trabajo e identidades sociales,Editorial Académica Española, Sevilla, España, pp. 63-72.

[2] Actividades autorizadas para el ejercicio  del trabajo por cuenta propia, disponible en: www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-09-24/actividades-autorizadas-para-el-ejercicio-del-trabajo-por-cuenta-propia  (consultado el 22 de junio de 2016).

[3] En dicha exploración, por diversas razones, mayormente ligadas a un orden pragmático y funcional, se hizo un mayor uso de las técnicas brindadas por la sociología, más que las propias de la antropología social y cultural. Aunque como estudio antropológico al fin, no se buscaron medias ni criterios representativos en cuanto al total y los subtotales manejados. Las entrevistas en profundidad realizadas vinieron a complementar ese vacío antropológico que las técnicas más apegadas a la sociología —como la encuesta— suelen dejar, al evaluar aspectos más ligados a la subjetividad del individuo entrevistado, como son la creación de significados y las representaciones simbólicas, fundamentalmente. Sin embargo, estos resultados aparecerán en textos posteriores, cuando se contrapongan con otras variables y categorías que interesan indagar.

[4] El mismo forma parte del PNCT titulado «Culturas del trabajo en los diferentes modelos productivos y actores de las transformaciones económicas. Contrapunteando formas emergentes y tradicionales de la economía cubana» que se desarrolla en el Instituto Cubano de Antropología (Citma).

[5] Según informante.

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