No. 25 | julio-diciembre 2019
Cultura y desigualdades: miradas teóricas-metodológicas


Narrativas digitales como método de investigación participativa basada en las artes. Reflexiones desde los estudios de migración

Title: Digital Storytelling as an Art-based Research Method. Considerations from the Migration Studies

Lic. Arturo Montoya Hernández

(PDF)


Resumen: Los talleres de narrativas digitales (digital storytelling) como práctica colaborativa basada en las artes se enfocan en la producción de narrativas audiovisuales con fines educativos, artísticos, terapéuticos y de investigación. Desde la dinámica de los talleres, la cual procura construir una comunidad de prácticas en la que se intercambian saberes, competencias mediáticas e historias, la experiencia de los participantes es elaborada en una narrativa audiovisual personal o colectiva. De esta manera, además de plantear una técnica de investigación participativa, centrada en un marco de justicia social y mediática que puede tener efectos positivos entre los colaboradores, los talleres producen objetos audiovisuales que resultan importantes para los diversos intereses de los participantes y los investigadores. El presente artículo revisa los aspectos teóricos y metodológicos de esta práctica, y reflexiona sobre los límites y posibilidades de su utilización en la investigación.

Palabras Clave: Narrativas digitales, investigación basada en las artes, migración, justicia mediática.

Abstract: The digital storytelling workshops as an art-based collaborative practice, are focused on the production of audiovisual narratives for educational, artistic, therapeutic and research purposes. The workshops intend to incentivize the organization of a community of practices, where participants, in addition to the production of digital stories, based on their personal or collective experiences, can exchange knowledge, media skills and narratives. Therefore, beside proposing a participatory research technique, centered on a social and media justice framework, the workshops produce audiovisual objects, that can be analyzed and used in accord to the diverse interests of collaborators and researchers. This article reviews the theoretical and methodological aspects of the digital storytelling as an art-based research method, and reflects on the limits and possibilities of its implementation in social science research, maintaining some emphasis on migration studies.

Keywords: Digital Storytelling, Art-based research methods, migration, media justice

Arturo Montoya Hernández. (1987) (arturomontoyahernandez@gmail.com) Investigador asociado al Centro de Estudios Genealógicos para la Investigación de la Cultura en México y América Latina A.C. (Cege). Es Maestro en Estudios Culturales por el Colegio de la Frontera Norte (El Colef) y Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Entre sus temas de investigación se encuentran la migración de retorno, la estética-política filosófica y las políticas culturales de las migraciones.


Introducción: la investigación basada en las artes

La investigación cualitativa, abierta a la problematización de las conclusiones y el diálogo de saberes de los participantes, suele alimentar su práctica con diversos métodos y técnicas que logran un acercamiento profundo y de primera mano a aquello que investigan. Debido a esto, no es raro que la apertura de la reflexión epistemológica que la acompaña se haya extendido hasta incluir en su repertorio metodologías basadas en las artes (Knowles y Cole, 2008), las cuales exploran tanto la dimensión descriptiva de las prácticas y afirmaciones de los participantes, como los objetos que producen, aportando una dimensión emocional a la investigación.

De acuerdo con Susanne Langer (1957, p. 51, citado por Eisner, 2008, p. 7) las obras de arte dan cuerpo a la habilidad humana de generar objetos que expresan sentimientos y dan forma a la experiencia. Por lo tanto, estas obras representan un medio a través del cual las emociones se hacen cognoscibles. Este conocimiento puede ser discursivo o no discursivo, dependiendo de las características de la práctica artística implementada. En el mismo sentido, las obras de arte pueden estructurar una representación precisa, o evocar relaciones o procesos a partir de los cuales se generan nuevas preguntas. En la investigación esto permite encontrar nuevas perspectivas, enriquecer la comprensión de los fenómenos con la respuesta afectiva que las artes ofrecen y desarrollar la empatía con el tema abordado.

Además de las posibilidades epistemológicas derivadas del uso de las artes en la investigación, los colaboradores también participan de beneficios al acercarse a habilidades y conocimientos de técnicas artísticas. Esto hace de su participación en la investigación un proceso de aprendizaje y una exploración de sí mismos que les ofrece autoconocimiento a la vez que refuerza la relación entre los participantes. Para que el proceso de investigación-participación sea exitoso, debe plantearse en qué medida el trabajo realizado puede ser útil para otros, y cómo se conectan las disciplinas artísticas y académicas tanto en la práctica de investigación como en la resolución de problemas (McNiff, 2008, p. 34).

Otro aspecto central es el cuidado de la correspondencia entre procesos, métodos, objetivos y el trabajo de campo. Para lograr mejores resultados, Elliot Eisner (2008, p. 10) propone conformar equipos multidisciplinarios que incluyan a practicantes de las artes e investigadores, con el fin de crear un grupo cooperativo, colaborativo y capaz de afrontar los diversos escenarios que surgen durante el proceso. Entre las disciplinas artísticas que se han incorporado a la investigación cualitativa se encuentran la literatura (Barone, 2008), la danza (Blumenfeld-Jones, 2008), el teatro (Pelias, 2008), la música (Bresler, 2008), la fotografía (Mitchell y Allnut, 2008) los blogs (Runte, 2008) y la radio (McKenzie, 2008), los cuales aportan modos particulares de acercarse al planteamiento de los problemas y a la práctica de la investigación.

Atendiendo al uso de medios visuales para la investigación (Prosser, 1998), podemos encontrar que diversos soportes como el video, la caricatura, el dibujo, el graffity, los mapas, las gráficas digitales, entre otras, han sido utilizadas desde enfoques transdisciplinares como la antropología visual (Guarini y Gutiérrez De Angelis, 2014), la sociología visual (Harper, 2016) y los estudios culturales (Hall, 1997). Las ventajas del uso de recursos visuales en la investigación (Weber, 2008) se encuentran en la capacidad de las imágenes para dar forma a ciertos elementos no discursivos, en su función mnemónica y comunicativa, en la capacidad de las imágenes de generar empatía y motivar la acción social, y en el efecto que las representaciones visuales tienen en la reflexividad de los académicos y sobre el diseño de investigaciones. Las imágenes pueden incorporarse a los procesos de investigacióna través de la producción que las toma como fuente de datos,mediante bancos de imágenes para el diseño de proyectos o el análisis, con la utilización de fotografías como mediación paraentrevistas, con su presencia como respaldo y documentación del proceso de investigación, o como medio que permite representar e interpretar las experiencias investigadas. La decisión acerca de cómo se implementará su uso debe tomarse atendiendo a las características de cada caso.

Las narrativas digitales y su uso en la investigación

El taller de narrativas digitales, práctica colaborativa con fines educativos, artísticos y terapéuticos, consiste en un proceso grupal en el que los facilitadores y los asistentes a un taller producen pequeñas historias audiovisuales en las cuales narran experiencias personales o colectivas. El formato de taller sugerido por Joe Lambert (2013) y Dana Atchley coloca como elemento central la conformación de un círculo de historias (story circle) en el que los participantes presentan de manera oral sus experiencias, en un proceso de escucha compartida que permite la retroalimentación y la elaboración de los guiones que organizan la producción audiovisual. En el taller también se comparten técnicas digitales de grabación de audio, fotos, video y edición, con el objetivo de que los participantes puedan crear de manera autónoma narrativas de entre dos y cinco minutos.Al terminar la producción, tras varias sesiones de trabajo, las narrativas digitales se proyectan al grupo para generar otro círculo de historias, en el que el diálogo, el intercambio de experiencias sobre el proceso y la reflexión personal, acompañan y cierran lo planteado en las narraciones.

El diseño de los talleres incentiva en todo momento la retroalimentación y la discusión, promoviendo la escucha colectiva y la autonomía narrativa (Lambert, 2013, p. 11) que permiten a los participantes tomar posición confirmando, disputando o negociando las narrativas que reproducen la opresión y las desigualdades. En cuanto al acceso técnico a los medios digitales, la práctica se encuentra vinculada al activismo de los medios (media activism), y a la justicia mediática (media justice), anclada en los movimientos Open Source y de Software Libre surgidos a principios de 1990, interesados en la apertura democrática, crítica y libre de los medios de comunicación digitales (Lambert, 2017, p. 22). Otra característica clave de los talleres es que con ellos se construye una comunidad de prácticas (Wenger, 1999, citado en Alexandra, 2008) que promueve y difunde la organización de espacios de aprendizaje basados en el intercambio de saberes.

Al respecto de la utilización de las narrativas digitales para la investigación cualitativa, Jaeger et al (2017) revisan de manera sistemática cómo han sido empleadas en proyectos de investigación basados en las artes (art-based research). Para ello analizan artículos en los que se reporta el uso de las narrativas digitales (en algunos casos acompañadas de métodos complementarios) en proyectos de investigación, poniendo atención en los diversos modos de implementar los talleres, los beneficios y desventajas reportados por los participantes, y las posibilidades de difusión del conocimiento a través de las narrativas digitales creadas.

Revisando bases de datos de revistas indexadas, las autoras conformaron una muestra final de 23 artículos, dos relacionados con proyectos de desarrollo profesional (Stacey & Hardy, 2011; Gachago et al, 2013) y el resto dirigidos a la investigación con grupos vulnerables por motivos étnicos (Burgess et al, 2010; Gubrium, Krause & Jerningan 2014), de estatus migratorio (McGinnis & Garcia, 2012; Brushwood Rose & Granger, 2013), de salud (Paiewonsky, 2011; Spector et al, 2011; Mnisi, 2015) y económicos (Walsh et al, 2010). Entre los principales hallazgos destaca que los talleres permitieron un espacio de escucha profunda entre los participantes y la obtención de datos sensoriales, emocionales y visuales más ricos que los que se habrían obtenido con entrevistas tradicionales. Además, el enfoque participativo permitió generar relaciones profundas entre investigadores y participantes. Entre los beneficios reportados por los colaboradores se encuentra el bienestar emocional derivado del proceso de narrar historias personales en un medio audiovisual, y el fortalecimiento del vínculo entre participantes que compartieron experiencias de cambio comunitario; en contraste se hizo notar que el revivir traumas del pasado a través de las narrativas puede resultar perjudicial para algunos participantes, a lo que se sumó la opinión de que la difusión de las narrativas podía profundizar el estigma hacia los grupos vulnerables. Un límite mencionado por los investigadores, fue el referente a la dependencia tecnológica de los talleres, lo que dificulta su implementación en ciertos contextos. Al respecto de las posibilidades de difusión de las narrativas y del conocimiento generado con ellas, estas se han centrado en la presentación a través de Internet y mediante proyecciones comunitarias.

Además de la atención puesta al proceso de facilitación de talleres, también resulta importarte acercarse a las narrativas digitales en cuanto objetos producidos (crafted objects). Brushwood Rose y Low (2014) comentan que en la elaboración de estos objetos coinciden los conocimientos técnicos con la negociación de las representaciones entre los participantes, los investigadores y las narrativas que producen. En consecuencia, el objeto audiovisual organiza la dimensión descriptiva y afectiva de los diversos modos de narrar y representar las experiencias, al conjugar la intención estética de los realizadores, el montaje como estrategia de presentación y las implicaciones estéticas, éticas y políticas del contenido de la historia presentada.

De acuerdo con Alexandra (2017) la importancia de las narrativas como objetos producidos radica en su capacidad de manifestar los puntos de vista de los grupos minorizados, lo cual puede impulsar cambios en las políticas públicas y sociales. Esto se hace posible gracias a que las narrativas digitales, en cuanto objetos que dan cuerpo (embodied) a las representaciones personales y grupales de los participantes, funcionan como objetos de pensamiento (objects of tought) y objetos de compromiso (objects of engagement), que permiten compartir ideas y narrativas en entornos públicos, abriendo el debate en términos sociales, políticos, sensoriales, emocionales y culturales.

Difundiendo las narrativas digitales: medios y representaciones

Al momento de dar difusión a los objetos audiovisuales producidos en los talleres de narrativas audiovisuales, el recurrir a prácticas mediáticas críticas y participativas es fundamental para mantener el balance entre la libre circulación y el control que los realizadores tienen de sus narraciones (Spurgeon, 2017). Entre los recursos existentes se encuentran las licencias Creative Commons, que atribuyen la propiedad intelectual al tiempo que definen los parámetros de difusión y uso. Si bien la disponibilidad no es garantía de que las narrativas repercutan en la transformación de realidades sociales más extendidas, al estar accesibles pueden llegar a tener un efecto positivo en la construcción colectiva de conocimiento (Stahl et al, 2006, p. 418, citado en Greenhow y Jiahang, 2013, p. 130) y en la configuración de compromiso comunitario en torno a temas sociales (Bennett Freelon y Wells, 2010, citado en Greenhow y Jiahang, 2013, p. 130).

La importancia de Internet en la formación y fortalecimiento de prácticas políticas se encuentra en su capacidad de enriquecer la ecología de los medios (media ecology), aportando nuevas posibilidades (affordances) a la circulación mediática, con las herramientas y plataformas disponibles en las redes digitales (Bode y Vraga, 2018). Las narrativas y representaciones que circulan en entornos digitales tienen la capacidad de contraponerse a los enmarcados mediáticos (media framing) dominantes y a los marcos inferenciales de sentido (Cottle, 2008), a través de su participación en la acción conectiva (connective action), la cual forma puentes entre individuos sin necesidad de apelar a una identidad colectiva ni a organizaciones institucionales. Este tipo de acciones basadas en el adelgazamiento de la distinción entre lo público y lo privado motivado por las redes sociales digitales apela al intercambio de ideas, contenidos y recursos, como expresión política digital que permite la expresión personal y la autovalidación de quienes participan en ella (Benkler, 2006, citado en Benett y Segerberg, 2012, p. 752) compartiendo imágenes, reflexionando sobre un trendig topic, o intercambiando posturas teóricas, libros digitales, documentales.

Los límites de la acción conectiva dirigida a escenarios de coyuntura y a acciones de corto plazo se encuentran en que funciona bajo las lógicas del consumo (persuasión, entretenimiento, sorpresa, novedad), aportando soluciones biográficas (Bauman, 2000 citado en Fenton, 2008, p. 242) a problemas que requieren un compromiso social y político más profundo. De acuerdo con Fenton (2008), para materializar una práctica política sostenida, más allá de la autonomía, horizontalidad y espontaneidad de los medios digitales, sería necesario acompañar la acción conectiva con la acción de organizaciones de base local, que promuevan la solidaridad, la inclusión mediática, la participación y la representación políticas.

El uso de las narrativas digitales en los estudios de migración

Al respecto de la utilización de narrativas en las investigaciones sobre migración, De Fina y Tseng (2017) identifican dos tendencias principales, la primera comprende estudios acerca de las representaciones que los migrantes construyen sobre sus identidades, experiencias, valores y relaciones intergrupales, la segunda se concentra en la práctica de contar historias, tal como esta se produce entre los migrantes y las instituciones que trabajan con ellos. La piscología narrativa (Vassilieva, 2016) aporta elementos interesantes para comprender la importancia de la construcción de estos relatos. De acuerdo con McAdams (1993, citado en Vassilieva, 2016, pp. 59-60), las personas formulan un mito personal que produce un modelo narrativo de identidad en el que se organiza temporal y estéticamente la experiencia. Desde este mito las vivencias se integran a un nivel individual, grupal y cultural, que aporta coherencia y sentido (McAdams, 2006, citado en Vassilieva, 2016, pp. 64-65). Por tanto, la investigación narrativa en torno a las experiencias de los migrantes permite conocer de manera situada las características cualitativas de sus diversos tránsitos.

Un ejemplo de la implementación metodológica de las narrativas digitales en torno a temas de migración se encuentra en la investigación realizada por Darcy Alexandra (2008) entre migrantes con estatus irregular en Irlanda. A lo largo de cinco meses, beneficiarios de la Bridging Visa Campaign, iniciativa que otorgaba seis meses de prórroga a personas que habían superado su tiempo legal de estancia en el país, participaron en sesiones de trabajo de elaboración de narrativas en las que reflexionaron en torno a su experiencia como migrantes en Dublín. Mediante el análisis de dos narrativas, Alexandra da cuenta de las interacciones activadas en su realización, tales como la negociación con los tropos sobre los migrantes y la disputa por las representaciones, observable en la falta de identificación que sentían los participando hacia los bancos de imágenes online, y en el deseo de dar a su experiencia privada un significado público.

Un proyecto que ha implementado las narrativas digitales como método de investigación y como mediación para incentivar la acción conectiva es Humanizando la Deportación, corpus de historias en línea que da cuenta de las experiencias por las que pasan las personas sujetas a remoción de Estados Unidos hacia México. El proyecto, dirigido por investigadores de la Universidad de California en Davis y el Colegio de la Frontera Norte, se inició en 2017 con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil de la ciudad de Tijuana, Baja California. Entre los objetivos del proyecto se encuentra el incidir en la forma en que se representa a las personas deportadas, con la construcción de una plataforma que da difusión a las narrativas (UC Davis; El Colegio de la Frontera Norte, 2017). A partir del acervo, los estudiantes e investigadores que participaron en el proyecto están trabajando en un volumen de artículos académicos que parte del análisis de las narrativas desde disciplinas como los estudios culturales, las letras, la antropología, la sociología, la lingüística y el análisis estético.

Una revisión atenta de las posibilidades y límites de la utilización de Internet y las narrativas audiovisuales para enunciar la experiencia de personas vulnerables por motivos migratorios se encuentra en la investigación de Bishop (2017), realizada a través de entrevistas a profundidad y análisis de los objetos audiovisuales producidos por 25 jóvenes en situación migratoria irregular en Estados Unidos. En ella se analizan los motivos y consecuencias de la decisión de los participantes por narrar sus experiencias migratorias a través de las redes sociales. De acuerdo con los informantes, con esa práctica buscaban combatir los efectos del aislamiento, disminuir la falta de información y de recursos disponibles sobre su situación, y compartir narrativas que se posicionaran frente a los discursos antinmigrantes en Estados Unidos. Las narrativas, producidas desde el profesionalismo amateur (Leadbeater & Miller, 2004 citado por Bishop, 2017, p. 420), también fueron utilizadas para organizar una identidad colectiva en resistencia.

Al respecto de esta estrategia, Bishop identifica cuatro límites. Primero, a pesar de la diversidad en los relatos, el medio favorece las historias de éxito laboral y educativo, mostrando como ilegítimas las narrativas originadas desde otras experiencias. Un segundo punto de reflexión es el que corresponde al medio de distribución de los objetos digitales, el cual, sin ofrecer una remuneración económica, se apropia del trabajo de los productores-consumidores de contenido digital (Toffler, 1980 citado por Bishop, 2017, p. 420). El tercer punto corresponde a la naturaleza de las redes digitales, ya que el anonimato que permite la interacción a través de ellas, incentiva el surgimiento de expresiones xenófobas. Por último, los algoritmos funcionales de la arquitectura de las redes hacen de la circulación de contenidos presa de la llamada falacia de confirmación, que los dirige de antemano al público que simpatiza con ellos, limitando el acceso de aquellos que sostienen otros puntos de vista.

Conclusiones

Partiendo de una revisión del uso de las artes en la investigación cualitativa, ha sido posible reflexionar sobre su utilización como herramienta de investigación, como técnica para abordar el trabajo de campo, y como recurso para difundir la información generada durante la investigación. En particular, se ha abordado el caso de las narrativas digitales, en cuanto proceso colaborativo de producción de narrativas audiovisuales. Con ello se han presentado las ventajas y las bases teóricas de su incorporación al repertorio de la investigación cualitativa interesada en el estudio de las desigualdades y en los procesos de cambio social. Entre las ventajas está que su implementación permite obtener información rica en elementos visuales, emotivos y reflexivos, al tiempo que se ofrece a los colaboradores capacitación en habilidades técnicas para producir objetos audiovisuales, se incentiva en ellos la escucha colectiva, y se generan narraciones que organizan significados compartidos. En última instancia es importante aclarar que cada contexto de investigación demanda adaptar los métodos implementados, por lo que es la práctica la que permitirá conocer más en profundidad las posibilidades y límites de cada arte que dialoga con la investigación. Los índices para esa exploración son varios, y en este texto se ha pretendido dar un pequeño vistazo a uno de esos caminos.

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