No. 25 | julio-diciembre 2019
Cultura y desigualdades: miradas teóricas-metodológicas


Miradas universales a las desigualdades en Cuba

Title: Universal Analysis of Inequalities in Cuba

Lic. Rubén Padrón Garriga

(PDF)


Resumen:

Palabras Clave: Desigualdades, indicadores, políticas públicas.

Abstract:

Keywords: Inequalities, indicators, public policies.

Entrevistado(s):

Jorge Alberto López Arévalo: Es economista por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en economía por la Universidad de La Habana y Doctor en economía aplicada por la Universidad de Santiago de Compostela, España. Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha sido profesor-investigador visitante en universidades de México, España y América Latina. Ha publicado artículos científicos en revistas o libros de Alemania, Argentina, España, Venezuela, Japón, Estados Unidos, India, Rusia, Colombia y Chile. Fue ganador de la cátedra extraordinaria de economía “Tomás de Mercado” de la Universidad de Salamanca en 2009 y del proyecto de investigación de la Fundación Unión Europea-América Latina y el Caribe en 2015.  Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 2.

Michelle Jones: Tiene un bachillerato en Antropología y una maestría en Geografía ambas de la Universidad de Costa Rica. Es además activista con la comunidad LGBTIQ, datos abiertos, grupos de trabajo en tecnología y docente universitaria. En este momento está concluyendo una participación de dos años en un proyecto del Fondo Mundial de la prevención de VIH y Malaria en hombres que tienen sexo con hombres y mujeres trans.

Raúl Ruiz Soler: Máster en Estudios Culturales de El Colegio de la Frontera Norte (COLEF) y graduado en Antropología Social y Cultural por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Especializado en investigaciones de las tradiciones culturales (en Catalunya y México), observándolas como mecanismos de respuesta frente a la desigualdad social y la violencia que recae, históricamente, sobre ciertas capas de la población. Investigación con comunidades indígenas P´urhépecha en sus comunidades de origen y con las diásporas asentadas en la frontera México-Estados Unidos. Ha analizado nuevas estrategias de subsistencia y nichos laborales de parte de la población migrante africana en Barcelona y ha impartido talleres metodológicos de Storytelling de la mano de organizaciones no gubernamentales con comunidades haitianas recién llegadas a Tijuana, Baja California.

Arturo Montoya: Licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Maestro en Estudios Culturales por El Colegio de la Frontera Norte (COLEF). Participa como investigador asociado del Centro de Estudios Genealógicos para la Investigación de la Cultura en México y América Latina (CEGE) a través del seminario permanente “Imágenes e Imaginación de la Cultura”, y es colaborador de la organización no gubernamental Espacio Migrante en la ciudad de Tijuana, Baja California.

Renata Duarte: pesquisadora associada da Cátedra UNESCO de Políticas Culturais e Gestão, mestranda em Ciência Política na Universidade Federal Fluminense (UFF), especialista em Gestão e Produção Cultural com Ênfase em Economia Criativa pela Fundação Getúlio Vargas (FGV) e bacharel em História pela Universidade do Estado do Rio de Janeiro (UERJ). Integra a Rede COMUM - Comunidade de Estudos de Teoria da História da UERJ e desenvolve pesquisas sobre os seguintes temas: políticas culturais; leis de incentivo à cultura; economia da cultura; gestão pública e história da administração pública.


El evento organizado en diciembre de 2018 en el Icic Juan Marinello puso en común múltiples miradas al tema de las desigualdades en el contexto cubano y latinoamericano. Varios estudiosos del tema coincidieron para compartir resultados de investigaciones que ponen su mira sobre esta aguda temática; esta vez, haciendo énfasis en la necesidad de generar indicadores y propuestas metodológicas que transciendan la visión puramente economicista de las desigualdades para tomar en cuenta otros factores sociales y culturales que funcionan como importantes mediadores de esta problemática.

Perfiles se acerca a varios de los estudiosos extranjeros intentando pulsar sus experiencias para enriquecer las propuestas investigativas cubanas con una visión foránea. No pretendemos imponer fórmulas, sino explorar cómo podemos aprovechar aquellas experiencias y propuestas metodológicas que ya se han generado en otros países. Además de tomar en cuenta el criterio de estos expertos para el caso Cuba, en la búsqueda de un abordaje holístico de una condición que no puede analizarse de forma fragmentada.

En el evento, uno de los temas que versaba sobre los indicadores para medir la desigualdad en los diferentes países (qué, terminar idea) ¿cómo pudieran funcionar estos medidores internacionales para el caso Cuba?

Jorge Alberto López Arévalo: En Cuba hay un mercado regulado que funciona con otras características y da un piso social básico. Mucha gente hace la conversión literal de «tanto ganó, mi salario es de tanto», pero no toma en consideración otras características de la economía cubana como son los precios subsidiados del mercado regulado y otros aspectos. Yo creo que se tienen que generar indicadores ad hoc para entender este funcionamiento de la economía cubana que tenga que ver con los ingresos reales de la población. No nada más con el salario monetario y con el mercado de bienes regulados. Tendrán que crear algún tipo de metodología especial.

Raúl Ruiz Soler: Los indicadores para la desigualdad social tienen que aterrizar en la realidad social de la gente. Operacionalizar los conceptos para poder ver esa realidad social, siempre ficticia porque son constructos socioculturales de quien la está midiendo.

Por tanto, creo que se deben potenciar primero aspectos micro en muestras pequeñas y después poco a poco, como en círculos culturales, ir mapeando si esos indicadores están reflejando la realidad social, y, a partir de esos microindicadores, irlos haciendo macro, más o menos, a ciertas poblaciones.

El evento también pulsó por metodologías que entendieran la desigualdad, más allá de lo puramente relacionado con el ingreso, o acceso a bienes, sino como un fenómeno social y cultural. ¿Qué nos pudiera comentar al respecto?

Arturo Montoya Hernández: Creo que uno de los principales problemas con los indicadores que miden desde una perspectiva cuantitativa de las desigualdades, es que no incorporan elementos de la experiencia subjetiva que permiten encontrar lo que las personas consideran como una buena vida o tener necesidades satisfechas u oportunidades en otros ámbitos.

Por ejemplo, allá en Tijuana, como es una ciudad fronteriza, había ciertos indicadores que distaban de todo el país, debido a que mucha gente generaba más ingresos, porque en la mañana cruzaba la frontera a Estados Unidos para trabajar y volvía con dólares. La disparidad que generaban desde esa perspectiva era que, mientras en México el salario mínimo es de 80 pesos al día —que equivale a tres o cuatro cuc—, en Estados Unidos el salario mínimo es de 15 dólares la hora. Entonces en solo una jornada laboral podían regresar 1 800 pesos mexicanos.

Pero ese ingreso no se traduce necesariamente en que las condiciones de vida son mejores, porque se gasta el dinero en otros consumos, como acumular objetos o comprar más cosas, y no necesariamente en un mejor acceso a los servicios públicos o a las ofertas culturales que permitan mejores opciones de vida. Por tanto acercarse a esta concepción más cualitativa da mejor medida de lo que sería el bienestar.

Hay muchas situaciones que están más arraigadas en cómo están construidos los imaginarios, desde otra perspectiva y más allá de lo que serían meramente las desigualdades sociales, cuando hay condiciones de vida y flujos culturales que generan sentidos de vida distintos. Eso genera otras expectativas con respecto a las personas y el medio en que viven; y es muy importante para poder afrontar los retos que externalizan los costos de producción de la industrialización, en efectos ambientales, y que no están viendo otro modo de relacionarnos con el mundo y la vida que son fundamentales para seguir aprendiendo como seres humanos.

Raúl Ruiz Soler: Los indicadores para las desigualdades sociales, en mi opinión, tienen un problema que radica en medidores muy macros que se piensan generalizables y oscurecen muchas cosas entonces. Quiero pensar, también por formación antropológica, que casi los conceptos se tienen que crear ad hoc para la sociedad o para parte de la sociedad que se va a investigar. Porque, como hemos visto, marcadores de desigualdad social de grandes encuestas, o de otros países, no vislumbran la realidad social de Cuba.

¿Pudiera hacer un breve análisis de cuáles pueden ser los puntos en común y los puntos divergentes entre las desigualdades en Cuba y en su país? ¿Cuáles son los retos que se avizoran en ambos espacios?

Jorge Alberto López Arévalo: En el caso concreto de México se trata de uno de los países más inequitativos de América Latina junto con Brasil, tanto a nivel nacional como nivel regional; o sea hay una gran diferencia entre una entidad como Chiapas en relación con otras de mayor nivel de desarrollo. Esto te da cómo la desigualdad adquiere un carácter regional y territorial. Las desigualdades sociales son muy grandes, en el caso nuestro (Chiapas), es el Estado que tiene mayor pobreza en el país; se puede considerar que casi y tres cuartas partes de la población son pobres, y de estas, la tercera parte es pobreza extrema.

Entonces me parece que son cosas distintas, pues también tiene que ver con las desigualdades en el acceso a la educación, a la salud, en la esperanza de vida, que es menor en la gente pobre. Es diferente, independientemente de todas las contradicciones y los problemas que pueden ustedes atravesar, como una economía de escasez, no son comparables. Las personas se pueden quejar de los ingresos monetarios que son muy bajos y las carencias, pero hay un piso social mínimo: las desigualdades quizás pueden ser reversibles y manejables en el futuro.

El problema es que la economía cubana tiene que crecer a tasas superiores de las que ha venido creciendo y tener políticas distributivas que, de alguna manera, vayan disminuyendo estas desigualdades que se han dado en los últimos años a partir del inicio del Período Especial.

Raúl Ruiz Soler: Uno de los marcadores tiene que ver con la raza. En Europa el término está obsoleto, porque después del holocausto nazi muchos antropólogos desmintieron en la Unesco que las razas existían; desde el punto de vista biológico se desmontó el darwinismo social y esa categoría casi desaparece.

Sin embargo, está claro que las desigualdades se estudian según su contexto, pues existe desigualdad por la pobreza, por etnia —en el caso de España está muy vigente con el tema de los gitanos.

Para mermar las desigualdades creo que hay dos pilares: uno es el cultural y el otro es la política. Una cosa son las políticas públicas que se van a aplicar para intentar disminuir esas desigualdades sociales, y la otra cosa es cómo la gente actúa. Estas actitudes son históricas, están ancladas a un pasado lejano. Esas formas de actuar no las corrigen muchas veces las políticas públicas; eso habla de un cambio en la manera de actuar, en la manera de significar el mundo y en la manera de significar al otro. En eso no hay receta, ni aquí ni en España. Es casi una prueba de ensayo-error teniendo siempre en mente que trabajamos desde las ciencias sociales con personas de carne y hueso; no estamos en el laboratorio.

Arturo Montoya Hernández: Yo pensaría, por lo que hemos escuchado aquí, tiene que ver con lo que se provee desde la estructura social para establecer otras necesidades básicas como salud y educación. Desde ahí se genera también como un acercamiento a estos elementos culturales que permiten que se distribuyan los recursos de manera más equitativa.

En México hay organizaciones públicas que financian proyectos relacionados con la educación, pero es muy poco en comparación con la población que querría seguir estudiando. Muchas de las ofertas de educación superior se centran en opciones que tiene que ver más con satisfacer necesidades del mercado. Ven la educación como otro negocio para ganar dinero desde esas opciones y no como formación desde una perspectiva más amplia.

Más allá de experiencias concretas, ¿qué es lo que ha permitido un modelo de desarrollo como los implementados al otro lado del mundo? ¿Cuáles son los límites que están marcando? ¿Cuáles son las problemáticas que se han estado topando continuamente? Son como esas recetas que aplican en lugares estratégicos para experimentar y ver qué pasa. Esto a veces ha creado más inequidades de las que pretenden resolver.

Según sus investigaciones, ¿cómo, en términos metodológicos, se puede medir la desigualdad en aspectos relacionados con el género y la orientación sexual?

Michelle Jones: He identificado los problemas básicos, el principal es que las personas no ponen denuncias, entonces no hay una manera de ligar el acto con algún tipo de aspecto legal. Entonces dicen que no saben cuáles son sus derechos y hasta que no los conozcan no podemos documentar los problemas.

Crear un índice de desigualdad es muy difícil porque, como con cualquier tipo de análisis estadístico, se necesita conocer el universo y en este momento no tenemos la menor idea de cuantas personas son LGBT. Parte del problema también es que no existe una manera de conocer el número exacto, porque la orientación sexual es algo fluido y las personas pueden cambiar según los momentos que están pasando. Entonces, quizá no es encuadrarlo, sino determinar demandas y así ver cómo se puede ayudar a las diferentes poblaciones y las vulnerabilidades que estaban padeciendo.

La definición básica discriminación es un trato desigual hacia los demás, o entre personas. Si no te preguntan tu orientación sexual, puede omitirse un dato importante para que usted reciba el apoyo que necesita. Por ejemplo, en salud si no saben esto posiblemente no puedan atenderte como es debido. Por ejemplo, a los hombres gays, hay que monitorearles su estado, su estatus serológico; a las mujeres lesbianas, cuando van al ginecólogo, hay que brindarles un cuidado diferenciado para no lastimarlas en el momento de los exámenes; a las mujeres trans hay que mandarlas al urólogo, a los hombres trans hay que mandarlos al ginecólogo.

Uno de los puntos que se abordó en el evento como posible estrategia para contrarrestar las desigualdades o inequidades, es el tema de la imposición de cuotas de personas que pertenecen a grupos sociales desfavorecidos para ocupar determinados cargos o acceder a un grupo de oportunidades. ¿Qué opinión pudiera darnos sobre este aspecto?

Michelle Jones: La desigualdad no se elimina teniendo una cuota, sino que la cuota está ahí porque existen formas de discriminación dentro de la sociedad que lo amerita hacer. En política, ¿por qué hay menos mujeres?, por el patriarcado, porque se les imponen determinados roles para lo que tienen que hacer, porque una vez que son madres no pueden salir a trabajar.

Entonces hay que ver cómo se va luchando en contra de esos tipos de discriminaciones para crear una sociedad más representativa, porque hay muchos vacíos en cuanto a las necesidades de las diferentes poblaciones; entonces ahora hay que tratar de incluir las voces.

Con la población LGBT, la verdad, yo no he visto tantas cuotas, pero para los latinos existen muchas para ir a estudiar. Es importante tener en cuenta esas poblaciones que están recibiendo apoyo, para que luego regresen a sus países con ideas de cómo aplicarlo a la realidad de donde son. Así es cómo vamos creando un mundo más parejo en cuanto a conocimientos. Las cuotas se tienen que aplicar, mientras existan tantas desigualdades.

Renata Duarte: En Brasil la discusión de las cuotas fue muy grande. Trabajo en la primera universidad brasileña en tener cuotas para los negros, y eso fue un gran debate. Lo que nosotros vimos, luego de diez años, es que resulta una política necesaria. Son un paso inicial para la abundancia cultural, a medida de que hay más negros o mujeres en la política se va creando una conciencia nacional que con el tiempo puede significar la eliminación de las cuotas. Por ejemplo, en Brasil se hizo un estudio con niñas. Luego de la ascendencia de Dilma, muchas niñas se piensan como presidentas. Ahí entonces hablamos, más allá de las desigualdades culturales, en una desigualdad de los deseos que implica ¿qué papel social yo puedo jugar en la sociedad?

Uno de las principales críticas que enfrentan los gobiernos de izquierda en América Latina es la supuesta visión paternalista del Estado y sus políticas públicas. ¿Considera que una política pública que busca eliminar las inequidades tiene que tener un carácter paternalista? ¿Cuáles son los elementos que deben tener estas políticas para que tengan éxito?

Renata Duarte: En Brasil ahora mismo tenemos un discurso de derechas que quiere acabar con el papel del Estado. Esto es muy negativo, pues el Estado debe trazar políticas sociales. Solamente en el último momento del comunismo se eliminaría este poder, por ahora es necesario.

Algunas políticas tienen que ser paternalistas y otras no. Lo que yo planteé con mi ponencia es un modo de hacer una política que ayude a la sociedad hasta el punto que necesite. O sea, yo te ayudo con el presupuesto, con la técnica, con la burocracia y usted crea su proyecto. Esta medida de ¿hasta dónde es del Estado y hasta dónde es de la sociedad? es algo muy complicado.

Es muy útil escuchar las personas atendidas por la política. En el caso del programa que yo presenté en mi ponencia, los propios jóvenes escribieron la ley. Se creó una nueva modalidad dentro del programa, se inscribió, se puso en la agenda y los políticos votaron. Unido a esto es necesario tener una buena academia detrás que siempre esté investigando y retroalimentando con datos para actualizar las estrategias de gobierno a lo que pasa en la realidad.

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